«Has estado esforzándote mucho últimamente. Este es un buen momento para descansar. Estarás bien campeón».
Escucho una serie de pitidos, uno tras otro: bip, bip. También escucho varias voces, una hablando tras otra, pero no parecen estar conversando entre sí. Más bien parece que todas tienen algo que decir. ¡Mi cabeza! Parecía que alguien la había abierto y la llenó con ladrillos para después volverla a cerrar.
Estoy en una habitación color menta suave. Las voces provienen del televisor. No necesito reconocer el lugar, ya me había acostumbrado a despertar en una habitación diferente cada día. Pero por lo menos me gustaba saber dónde me encontraba.
«¿Ness? ¡Señorita, él ya despertó!».
Jeff estaba en una segunda cama a lado de la mía. Él estaba lleno de vendajes. Estábamos en un hospital. Ahora lo recordaba; habíamos estado luchando con un extraterrestre en las oficinas de una Tienda Departamental.
«Hola. ¿Cómo te sientes? me alegro que despertaras» dice una enfermera.
No tenía ganas de hablar con desconocidos. Prefería terminar de acomodar mis recuerdos. Habíamos llegado a esa tienda buscando a…
«¡Paula!».
La enfermera se pone a un lado de mi cama intentando calmarme. «¿Quién es Paula?» preguntó ella.
La enfermera no llevaba un broche "M", lo que me bastaba para confiar en ella.
«Mi amiga, la secuestraron los Extra… Unos extraños».
«Los mismos que encendieron aquel incendio» medio-susurró Jeff.
«Veremos qué podemos hacer para ayudar ―dijo ella―. Le presté un celular a tu amigo para que levantara una denuncia. Lo más importante ahora es tu recuperación, platica con tu amigo, yo vuelvo enseguida».
La enfermera sale de la habitación.
«¿Hiciste la denuncia?» le pregunto a Jeff.
«Claro que no. ―Jeff habla de forma discreta―. La policía nos tiene como principales sospechosos del incendio en la Tienda Departamental. De alguna manera tienen nuestros rostros y nombres, estamos en todos los noticieros».
«Eso es porque de seguro la policía trabaja para Monotoli. Ayúdame a quitarme esto (algunos electrodos pegados a mi cuerpo, además de una delgada manguera que salía desde debajo de mi bata: Puras cosas que evitaban que me levantara)».
«¡¿Qué haces?! al parecer nadie sabe que estamos aquí, lo mejor es no levantar sospechas».
«¿Y si ellos se lo informan a la policía?».
«No tienes idea de cómo llegamos aquí, ¿cierto?».
Alguien abre la puerta de la habitación: Un hombre negro con bata blanca y una tabla portapapeles. Era el doctor.
«Hola, me informaron que despertaste. Tienes el sueño pesado. Soy Theodor, tu doctor; pero puedes decirme Ted. ¿Tú eres?».
Pienso en cualquier nombre falso. «Lennon».
El doctor le regala una mirada burlona a Jeff. «Okay, Lennon, ¿sabes qué día es hoy?».
«¿Lunes?».
El doctor jala una silla que había en el lugar y se sienta en ella, junto a mi cama. «Chico, ya estamos en martes. Dormiste toda la tarde y noche del día anterior. Tu amigo estaba muy preocupado por ti».
«¡Eso no es posible! ¡perdimos mucho tiempo!» dije mientras me quitaba aquellos electrodos.
«¡Ness!» reprende Jeff.
«No, no, está bien, ya íbamos a quitárselos de todas formas ―dice el doctor―. Entiendo que tengas prisa por salir, pero antes necesito hacerte algunas preguntas para ver si todo en tu mente está en orden, ¿okay?».
«¿Qué clase de preguntas?» contesté a la defensiva.
«¿Recuerdas como llegaste aquí?».
No tenía ni idea, hasta donde recordaba me había desmayado en medio de un incendio y al despertar estaba en ese hospital. Según cuenta Jeff, una vez que nos enteramos que la puerta estaba cerrada, él se puso a buscar entre sus cosas la máquina que abre puertas.
«[…] Abrí la puerta, Te llamé para que me siguieras, pero ya habías colapsado. Regresé para auxiliarte, pero en ese momento cayeron los explosivos del aire».
El doctor toma la palabra: «Rachel alcanzó a ver el incendio, sabía que ustedes dos estaban en ese lugar, por lo que corrió a sacarlos de ahí».
«¿Quién es Rachel?» pregunté.
«Mi esposa, está afuera, si quieres la llamo para que la conozcas».
Rachel, la esposa del doctor, resultó ser la misma señora que nos habíamos encontrado en el cuarto piso de los grandes almacenes.
«Ella los trajo personalmente aquí».
«¿Y por qué no solo llamaste a una ambulancia?» pregunté aun con un poco de desconfianza.
«Para evitarles el espectáculo mediático ―dijo ella―. Los noticieros y la policía están sobre los testigos del accidente, y es lo que menos necesitan ustedes. El incendio fue orquestado, el detector de humo fue retirado del lugar, pero por alguna razón todos parecen creer que dos niños fueron los…».
«Rachel, por favor, ese no es nuestro asunto».
«En la tienda dijiste que ese fenómeno ya había ocurrido antes».
«Sí ―respondió en un tono casual―, hace algunos años, fue una locura, los animales se volvían locos, objetos inanimados cobraban vida, creímos en un principio que se trataba de fantasmas, pero entonces se empezaron a oír informes de OVNIS y abducciones por toda la región, casualmente una masa de monstruosas nubes se había asentado en la cumbre del Monte Itoi».
«Como las de Threed» dijo Jeff.
«Muchas historias se han contado de lo que realmente pasó, pero la verdad sigue siendo un misterio. Lo importante es que con el tiempo todo volvió a la normalidad, las personas desaparecidas regresaron sanas y salvas, y yo confío que lo mismo volverá a ocurrir».
«¿Y si no? ¿y si esos alienígenas no se retiraron por voluntad propia, sino que hubo algo que los hizo retroceder? ¿y si ahora buscan venganza?».
Rachel y el doctor guardaron silencio por unos segundos, el doctor concluye diciendo. «Creo que mejor los dejo descansar». Con eso salen ambos de la habitación.
Ahora la enfermera se acerca con un teléfono celular. «Espero que no te moleste que hayamos hablado al número de tu mochila. Hay alguien que quiere hablar contigo».
«¿Hola?» digo al altavoz.
«¡Hijo! ―exclamó una voz angustiada―, ¿cómo te encuentras?».
Era mamá. Le habían informado que estaba en el hospital y prometieron llamarle cuando yo despertara.
«Estoy bien, solo sufrí algunas quemaduras».
«Lamento no poder estar a tu lado ahora».
«Descuida, no quisiera ponerlas a ustedes dos en peligro».
La voz de mamá se tranquiliza. «Estás creciendo rápido hijo».
Le sonrío al teléfono sin decir una sola palabra.
Antes de que terminara de hablar con mamá, Jeff me hizo la siguiente pregunta: «Ness ¿ese no es tu vecino?».
Efectivamente, era él. Aparecía en la televisión junto con su padre hablando con la prensa sobre el "incidente", anunciando una rebaja especial como compensación por lo ocurrido. No me sorprendía que aquel puerco saliera a dar la cara. Era un maestro del chantaje y las mentiras. De tan solo verlo, aunque fuera en pantalla sentía rabia.
Mientras Jeff y yo arreglábamos nuestras cosas para dejar la clínica, de un rincón de la habitación apareció Mousketson, quien había entrado de contrabando al lugar. Hizo bien en no llamar la atención, después de todo "ratón" y "hospital" no son palabras que se escuchen bien juntas en una oración. Agarré la piedra sonora, que, para mi sorpresa, estaba brillando de forma tenue, aunque ahora eso me importaba poco; lo único que me interesaba era arreglar mi error.
Por cierto, la atención medica no fue de cortesía; qué más da, se veía que de una u otra manera estaban luchando por no ceder ante la huella de Monotoli. De no haber sido por ellos quien sabe si seguiríamos vivos después de ese día.
Rachel, que estaba sentada en la sala de espera nos aborda: «Chicos. ¿A dónde van?».
«A rescatar a nuestra amiga» respondo sin parar el paso.
«¿Pero siquiera saben dónde puede estar?».
Me detengo en las afueras del edificio.
«Escuchen, quiero ayudarlos, pero no puedo hacerlo si no me explican que sucede, ¿por qué la Policía los está buscando? ¿Quién quisiera lastimar a dos niños hasta el punto de dejarlos encerrados en una habitación en llamas?».
«Escucha Rachel, agradecemos lo que hiciste por nosotros, pero esto tengo que resolverlo yo solo».
«¡¿Tienes?!» exclamó Jeff.
«Sí, tengo, este es mi error y voy a solucionarlo, no voy a seguir poniendo en peligro a mi equipo».
«A ver ―exclamó Jeff con la voz más firme que tenía, pero no conocía―. Todo esto comenzó cuando nos dividimos, sí, yo también me separé del grupo, así que la culpa no es solo tuya. Ahora cúrame estas heridas y pongámonos en marcha».
«No puedo» digo sin fuerza en mi voz.
«No, claro que puedes, vi como curaste tus heridas estando aún inconsciente…».
«¡No puedo hacerlo sin Paula!» contesté con firmeza. Curo las heridas de Jeff y después de quitarme la Medalla Franklin de mi pecho para apreciarla mejor prosigo. «Si fallo, y sé que lo haré, al menos podré decir que lo intenté».
Jeff pone una de sus manos sobre mi hombro. «Fallar no tiene que ser una opción. Idearemos un plan».
«Oigan, ¿ese es un mono?» preguntó Rachel.
Así era, había un mono pelirrojo paseándose libre por la ciudad de Fourside y se dirigía hacia nosotros.
«Hip, hip (¿Eres tú Ness?)». El mono le estaba hablando a mi mente.
Extrañado asenté con la cabeza.
«Ah, ah (Necesito que me acompañes al desierto, Talah Rama quiere hablar contigo)».
«¿El desierto? No puedo acompañarte al desierto, eso está muy lejos».
El mono se trepa sobre Jeff y luego salta a uno de mis hombros, entonces me quita la Medalla Franklin de mis manos.
«¡Oye!».
El mono se trepa a una farola y se pone a huir de nosotros.
Jeff y yo salimos persiguiéndolo.
«¡Chicos, esperen!» gritó Rachel quien intentó seguirnos, pero los años la traicionaron.
El mono se queda sentado arriba de un semáforo contemplando la medalla.
Lancé una descarga de PSI Rockin α para tirarlo. ¿Qué? Se trataba de un animal que por alguna razón podía usar telepatía y que además era un ladrón, no iba a sentirme mal por eso.
Una burbuja rosa semitransparente protege al desgraciado.
El mono se burla de mí.
Doy un salto PSI para alcanzarlo, pero el mono escapa saltando por encima de los autos.
Después de varios intentos fallidos tratando de atraparlo lo seguimos hasta un estacionamiento techado. Estaba parado bajo la luz de una lampara esperándonos.
«Ahora sí no te escapas».
El mono sale corriendo en línea recta y yo detrás de él, finalmente estoy a punto de alcanzarlo, me aviento sobre él y entonces, un hoyo de luz se abre frente a mí.
Tengo las piernas, el pecho y la cara llenos de arena y a Jeff tirado sobre mi espalda. Esperen. ¿Arena?
Veo por mi alrededor y solo veo arena y matorrales chamuscados por el sol.
«¿En dónde estamos?» me pregunté en voz alta.
«Ness, ¿esa no es la farmacia en la que nos abastecimos el día del embotellamiento?» preguntó Jeff señalando a la distancia.
Bien, al menos ya reconocía el lugar.
«¡Ese maldito mono nos trajo al desierto!».
Hablando del rey de Roma, estaba a cierta distancia de nosotros, burlándose.
«¡Me las vas a pagar!» grité mientras lo perseguía.
Jeff me pidió que lo esperara pero ni siquiera voltee a verlo, yo solo quería atrapar a ese mono.
El mono saltó a una especie de poso u alcantarilla que había por delante de nosotros, construido ahí, en medio de la nada.
Podía tratarse de una trampa, ¿cómo podía saber que había allá abajo? ¡Qué más da! Quería mi medalla de regreso.
Bajé por una escalera de mano puesta en el agujero. En el fondo me encontré con un túnel que llegaba a una gran cúpula en donde conectaban más túneles, el lugar estaba iluminado con lámparas de aceite, pero lo más importante y para peor, estaba lleno de monos.
¿Y ahora como voy a encontrar a ese mono? me preguntaba.
«Cielos, aquí huele peor que un establo» dijo Jeff llegando detrás de mí.
«Eso es, Mousketson, intenta rastrar el olor del mono ladrón, Jeff se impregnó con su aroma».
«¡Oye!».
Mousketson nos guío a través de uno de los túneles.
Nuestros pies se detuvieron al encontrar a un anciano sentado con las piernas cruzadas en la cámara al final del túnel.
«Buen guía el que tienes».
Su cabello y su ropa eran como el azúcar y su piel se parecía a la canela. Su barba parecía un manojo de algodón.
«Te estaba esperando Ness» dijo el anciano con voz serena.
«¿Cómo sabe mi nombre?».
«Se lo que el libro quiere que sepa».
«Oh, así que esta es la parte en donde me encuentro con el sabio. Escuche, debe ser interesante escuchar lo que tiene que decirme pero, yo ni siquiera debería aquí en este momento, nuestra amiga está perdida en Fourside».
«¿Y por qué viniste entonces?».
«¡Ness, allá!» exclamó Jeff.
El mono ladrón se asoma desde una plataforma que había en la habitación y salta a los hombros del anciano.
«¡Por él! ―dije señalando al culpable―. Ese mono, se robó algo nuestro y lo seguimos hasta acá».
«Uki, ¿hiciste eso?» preguntó el anciano manteniendo su serenidad.
El mono chilla.
«Pues muchas gracias, ahora devuélvele lo que le quitaste». El viejo poseía telepatía.
El mono se acerca con cierta vergüenza a nosotros y me devuelve la Medalla Franklin.
«Bien, ahora devuélvenos a Fourside» le dije al mono después de haber colocado la medalla sobre mi pecho.
«La prisa injustificada viene de la falta de paciencia ―dijo el viejo―, y la falta de paciencia termina en fracaso».
«¿Lo dice en serio? ―le reproché al anciano― Mi amiga fue secuestrada y cada segundo que pasa las posibilidades de encontrarla disminuyen, y por culpa de su mono ahora estamos a tres días de la ciudad, ¡tres días!».
«¿Y cuáles son las posibilidades de encontrarla si ni siquiera te detienes a pensar donde buscarla?» cuestionó el anciano. «Cometiste el error de escuchar a tus enemigos, se te dio una segunda oportunidad ¿y quieres volver a tropezar con la misma piedra? Esa no es la forma en la que un héroe se comporta».
«Pues lamento decepcionarlo, pero no soy un héroe, solo soy un idiota que quiere arreglar su error».
«Pues lamento decepcionarte, pero los idiotas no son capaces de arreglar ni sus propios errores».
Lo que el anciano dijo me caló hondo.
«Entonces el enemigo tiene razón…».
«¡Papapa!» interrumpió el anciano.
«Sin Paula…».
Él me interrumpe imitando el sonido de un mono.
«Sin Paula…».
Una vez más fui interrumpido.
«… Estamos vulnerables y a la merced de ellos».
El viejo frunció el ceño hacia nosotros. «¡Deja de arrojar toda la responsabilidad sobre tu amiga! ¿Quién rescató a Paula del culto Feliz-felicista?».
«Yo, pero…».
«¿Quién los rescató a ti y a Paula de la cripta en Threed y derrotó a Eructo metiéndole un cohete en la boca?».
«Fue Jeff».
«Entonces no es Paula el punto fuerte del equipo como piensa tu enemigo, sino la amistad que han llegado a construir ustedes tres a lo largo de su viaje. Y eso ningún enemigo se los podrá quitar».
«Sí, y en un instante aventé mi amistad por la borda al dejarla sola».
«Pero conseguiste algo que te hacía falta».
«¿Qué cosa?».
«Digamos que es algo que aun te falta para reparar tu error».
«Pero dijo que ya lo había conseguido».
El anciano se levanta y sin decirnos una palabra pasa por delante de nosotros hacia el túnel por el que llegamos. «Acompáñame Uki» le dijo al mono. Ambos salieron de la cámara.
«¿Deberíamos seguirlo?» preguntó Jeff.
«A lo mejor quiere que lo esperemos».
«Si su respuesta puede darnos lo que necesitamos para rescatar a Paula vale la pena esperarlo».
Tal como sugirió Jeff nos sentamos en el piso a esperar. Pasa el tiempo y el anciano no regresa, pensamos en retirarnos, pero la mera verdad no teníamos a donde ir, estábamos en medio del desierto.
«¿Crees que Paula esté bien?» le pregunté a Jeff.
«Calculando las posibilidades… sí… si ella pudo encargarse del Monstruo de Chatarra por sí misma podrá hacerse cargo de esta situación».
Las palabras de Jeff lograron tranquilizarme.
El anciano regresó con una taza de barro en la mano. El olor era agradable y se me hacía familiar. Pero ese no era el caso, estaba molesto con él por haber tardado tanto.
«¿Dónde ha estado?» le preguntamos.
«Oigan no he comido en bastante tiempo. ―sorbe de su tasa―. Dijeron que cada segundo que pasa disminuye la posibilidad de encontrar a su amiga, así que no les quitaré más tiempo».
«¡Pero no ha contestado nuestra pregunta!»
«Ustedes mismos dijeron que no tenían tiempo».
«¡Pue sí! pero eso fue antes de que nos hiciera creer que nos diría qué nos hace falta para reparar nuestro error».
«¿Y cuánto tiempo vale una respuesta?».
«Pues si nos puede ayudar a reparar un error, mucho».
El anciano me sonrío. «Entonces ya lo tienes. ―Cambia su tono de voz a uno más firme―. Tres cosas se necesitan para derrotar a Giygas: Amistad, valor y sabiduría. Ahora mismo tienen una amistad a su lado, el valor lo demostraron al salir de lo conocido y no echarse para atrás ante la incertidumbre, pero la sabiduría no corre tan rápido como ustedes y no la pueden dejar atrás si quieren hacer las cosas bien.
»Paula es fuerte en espíritu, tú Ness eres fuerte físicamente pero tu corazón te traiciona constantemente, y en cuanto a ti Jeff, tu fuerza es la inteligencia, pero sigues reprimiendo a tus fantasmas internos. Les falta un largo camino por recorrer, pero cuando los cuatro elegidos: Ness, Paula, Jeff y Poo se unan, sus fuerzas se equilibrarán».
»Déjenme recompensar su paciencia. Acompáñenme».
El anciano nos guio a un cuarto lleno de artículos: Había juguetes, collares, casets, aparatos electrónicos, entre otras muchas cosas. Incluso encontramos la maquina dispensadora de yogurt que Manzanito había creado.
«Se sorprenderán al saber cuántas cosas se dejan olvidadas en la carretera» dijo el anciano.
«Uki wuki (Como nadie las reclama nos las quedamos nosotros)» agregó el mono en sus hombros.
«Normalmente llamamos a los servicios de entrega. Pero a la mayoría les da pereza regresar a recogerlos. Pueden tomar lo que quieran para su viaje».
Como niños a las puertas de una juguetería entramos corriendo a revisar que encontrábamos. Nuestras mochilas no estaban precisamente vacías, así que no podríamos llevarnos todo lo que queríamos.
«Elijan bien, que su decisión no se convierta en una carga innecesaria».
«Elijo esos» dijo Jeff mientras señalaba un paquete de fuegos artificiales. «El alienígena ese me dejó sin municiones y creo que es buen momento de recargar».
«Bien. Ness, tu turno».
Yo ya tenía mi elección en la mira, un brillante bate de aluminio esperando a ser levantado. Me acerqué a él y entonces me detuve a pensarlo una segunda vez.
Ya tenía un bate de aluminio, relativamente nuevo, ¿por qué cambiarlo? Quizá ―a diferencia de lo que parecía― el dispensador de yogurt podía sernos útil más tarde. Tenía correas protectoras para usarlo como mochila, pero ponérmelo significaba dejar atrás mis otras pertenencias.
Cerré los ojos y me dije a mi mismo: «Espera la respuesta correcta».
Reconocí el olor del té que estaba bebiendo el anciano.
«¿Ese té tiene hierba refrescante?».
«Sí, es buena para purgar…
«Los pulmones» acompañé en respuesta. «¿Y cree que me pueda dar un poco?».
El anciano me sonrió, mostrando que le agradó mi respuesta. Nos llevó a un pequeño huerto subterráneo en el que se entraban dos rayos de sol a través de una gruta.
«¿Algo más en lo que les pueda ayudar?» nos preguntó.
«Nada, gracias por habernos invitado a su cueva, señooor…»
«Talah Rama».
«Gracias señor Talah Rama» dije haciendo una pequeña reverencia. «Bueno, lo dejamos porque, como dijo, aún tenemos un largo camino que recorrer».
Talah Rama se dirige al mono en sus hombros: «Uki, envía a nuestros invitados de regreso a Fourside».
El mono chilló en acuerdo con su maestro y saltó de sus hombros.
«No, espera. Mejooor… ¿Por qué no les enseñas como hacerlo?».
La idea le agradó al mono «Hip, hip (Sigan al maestro)» nos dijo.
Salimos del agujero de la misma manera que llegamos. Es decir, siguiendo a ese mono.
Ya a un lado de la carretera nos quedamos a ver lo que Uki tenía por enseñarnos.
«(Esta técnica es fácil de aprender para los monos, aunque no veo porqué un humano no podría aprenderla)».
«Sí sí, ahórrate las fanfarronerías».
«Uki wuki (Es sencillo, te concentras en un lugar específico en el que ya hayas estado y entonces corres lo más rápido que puedas sin perder de vista el objetivo. Déjame mostrarte».
El mono corrió hasta un portal que se abrió en el aire. Al cabo de unos minutos regresó.
«Ah, Ah (¿Vieron? Fui a Fourside de ida y regreso en un instante). Hip, hip (Ahora les toca a ustedes, solo recuerda no visualizar un lugar cerrado porque podrían estrellarse y explotar).
«¿¡Explotar!?».
«¡Aah! (¡Solo inténtenlo!)».
Muy bien, antes de comenzar a correr decidimos pensar a que lugar queríamos llegar. Un portal que aparece de la nada no pasaría inadvertido si lo abrimos en una zona transitada, y teniendo en cuenta que nos estaba buscando la policía, es justo eso lo que queríamos evitar.
«Lo tengo».
Comencé a correr, y tal como en el caso de Uki un portal se abrió delante de nosotros.
