Libros de mecánica por aquí, libros de matemáticas por allá. Hay formulas y ecuaciones escritas en un pizarrón tan complejas e ilegibles que incluso podría tratarse de escritura cuneiforme. Una pequeño robot se paseaba por el lugar aspirando boronas de donas regadas por todas partes. Los muebles y el piso eran todos de colores fríos y claros, también las paredes. A estas las adornaban títulos, doctorados y fotografías a blanco y negro en donde aparecían jóvenes de batas blancas, las fotografías a color eran exclusivamente de paisajes y animales en distintas partes del mundo. Así era el lugar de trabajo del Doctor Andonuts.
Un excéntrico y viejo doctor termina de arreglar la nave en la que llegamos mientras bebe un café acompañado de algunas donas, de pronto la puerta se abre dejando entrar a tres niños que caen tendidos al suelo.
«¿Cómo les fue?» preguntó el doctor.
«¿Saben, chicos? Se supone que después de pisar un santuario me siento refrescado y renovado, pero con la que acabamos de pasar hoy creo que debimos quedarnos un poco más de tiempo».
«Sí, bueno, creo que después de casi convertirnos en zombis ese lugar no pareció tan relajante al final».
«Pueden utilizar mi revitalizador instantáneo si necesitan descansar» dijo el Doctor Andonuts.
«¿Nos está ofreciendo descanso en una cama?» pregunté.
Era evidente que este era un lugar de trabajo, pero por lo general los lugares de trabajo no cuentan con camas, por lo que este laboratorio también debía ser el lugar de descanso del doctor, no importa, me sentía apenado de pedir la cama de alguien prácticamente desconocido.
«Está hablando de uno de sus inventos locos» aclaró Jeff.
No me gustaba ser utilizado como conejillo de indias; al menos los inventos de Manzanito no experimentaban con mi cuerpo.
«Gracias, pero lo único que necesitamos es una almohada y un sueño reparador».
El doctor sonrío con astucia. «Confíen en mí, esto es mejor».
El revitalizador instantáneo era un tanque en forma de un cilindro parado, tenía una compuerta de cristal en la parte de enfrente. Aunque se veía seguro, tanto Paula como yo no estábamos convencidos de entrar en él.
«Si gustan, yo voy primero» dijo Jeff.
Jeff entró en la máquina, donde comenzó a ser escaneado por varias luces.
«Tal vez usted no lo crea, pero Jeff ha sido de bastante ayuda en nuestro viaje, él es un chico brillante».
Sin dejar de mirar un monitor en el que se evaluaba la condición de Jeff el doctor contestó tras un suspiro: «Yo lo sé, y estoy orgulloso de que los esté ayudando a salvar el mundo, no cualquiera se lanza a lo desconocido así de la nada, y menos si eso implica cruzar el océano en un vehículo poco convencional».
«¿Entonces por qué es tan duro con él?».
Ahora el doctor me miró a los ojos a través de esos fondos de botella. «¿Qué habrían hecho si la maquina fallaba en el camino?».
«Pero, no pasó».
La cabina se abre dejando salir a Jeff.
«¿Cómo te sientes?» le pregunté.
«Mucho mejor, ¿quién sigue?».
Entró Paula y después de salir ella entré yo. Antes de entrar pedí ayuda para quitarme el abrigo amarillo, me había salvado la vida, pero ahora no veía la hora de quitármelo.
«¿Qué les pareció?» preguntó el doctor.
Estábamos impresionados, un minuto en ese tanque fue cómo ocho largas horas de sueño.
Como había prometido le ofrecí unos billetes al doctor por haber arreglado el correcielos, sin embargo, él los rechazó.
«Déjenme ayudarlos en lo que pueda, después de todo el destino de la tierra no es poca cosa, si necesitan que les repare otro aparato en el futuro pueden llamarme».
El doctor escribió su número de teléfono en una hojita de papel y se la entregó a Jeff.
«Gracias, pero creo que yo puedo hacerme cargo» dijo Jeff evitando mirar de frente a su padre. Aun así, no pude evitar notar como él guardó cuidadosamente la hojita de papel en su saco.
El doctor Andonuts agacha la cabeza de la misma forma que lo hacía Jeff y respondió: «Entiendo, hem, bueno, les deseo suerte».
Tantos pensamientos pasaron por mi cabeza, aunque Jeff era mi amigo podía ver que, a pesar de todo, el doctor quería estar más en comunicación con su hijo, pero ¿justificaba eso que lo hubiera dejado a vivir en un internado? Mi papá estaba constantemente viajando, por lo que pasaba mucho tiempo fuera de casa, aun así, se encargaba de hacer que el tiempo que estuviera en casa fuera especial. Y a pesar de todo lo que hacía para compensarlo, no podía evitar sentir su ausencia cuando este se iba.
Casi lo olvidaba, estaba a punto de irme y ni siquiera había hablado con mi familia.
Me retiré a un cuarto privado del laboratorio y me llevé un teléfono inalámbrico.
Mamá quedó impactada al saber que me encontraba al otro lado del mar, preferí no contarle cómo habíamos llegado hasta acá. En el caso de papá, él no pudo evitar soltar una risa al altavoz del teléfono, le conté también que ahora teníamos dinero de sobra y que podía dejar descansar su cuenta bancaria en paz.
«Ese es mi hijo ―dijo él―, todo un joven independiente, aun así, te seguiré apoyando en lo que pueda».
Paula también decidió aprovechar la ocasión para hablar a su hogar.
«¿Ya le contaste cómo nos ayudaste a salvar a todo un pueblo que estaba bajo el control de zombis?» le pregunto a mi compañero mientras tengo la boca llena de trozos de dona.
«¿En serio? ¿Cómo está esa historia Jeff?» pregunta el doctor Andonuts desde su asiento.
«Estoy lista» expresa Paula después de salir de la habitación privada.
Con la cabeza gacha Jeff comenta mientras se levanta de su asiento: «Si quieres después te la puedo contar».
Intenté contar la versión más corta de aquella historia antes de levantarme de mi lugar.
El doctor Andonuts más que impresionado reaccionó un poco indiferente al asunto, más bien algo decepcionado. Su respuesta fue un, «Ah, es bueno saberlo. Bien hecho». Sin embargo, su actitud no parecía decir lo mismo.
Con un tono medio amargo Jeff tomó su mochila y dijo «Bien, es hora de irnos».
«Soy un idiota» dije para mí.
«¿Ahora qué hiciste?» preguntó Paula con intriga.
Apreté la boca mientras soltaba un fuerte resoplido por mi nariz sin saber exactamente cómo explicarlo en instancia, pero sabía que yo tenía la culpa.
El doctor Andonuts no estaba decepcionado de Jeff, más bien esperaba que fuese Jeff que le hubiera contado la historia, el deseo de escuchar a su hijo, por más torpe que fuera su habla, tal vez eso valía más que el que la historia fuese interesante o no. Después de todo, un padre no siempre se sorprenderá de las hazañas de su hijo, porque lo conoce y sabe de lo que es capaz, por eso mi papá se rio en el teléfono cuando se enteró que estaba en Winters, no porque se estuviera burlando, sino porque se daba cuenta que la confianza que depositó en su hijo estaba dando frutos. Tal vez Jeff no quería hablar en ese momento, pero podía ser en otra ocasión y con otra oportunidad, pero yo le eché a perder esa oportunidad, todo por querer que el doctor se sintiera orgulloso de su hijo cuando en el fondo yo sabía que ya lo estaba.
Pero al parecer Jeff no interpretó eso.
Nos despedimos del doctor Andonuts y en fila entramos al correcielos. Jeff hasta delante y yo hasta atrás.
Antes de que Jeff entrara, el doctor Andonuts le dijo unas últimas palabras a su hijo: «Jeff, los inventores estamos para apoyarnos mutuamente, nunca lo olvides».
Jeff asintió con la cabeza, después de eso cruzó la escotilla.
Ring, ring.
«Hola Mazanito, ¿Qué cuentas?».
«Oh, nada, solo que soy un genio». Su voz se escuchaba emocionada, parecía que se detenía de hablar más rápido de lo que quería. «Acabo de descubrir al enemigo con el que pareces estar luchando, Un poderoso extraterrestre que ataca desde las sombras».
«¿¡Así que ya descubriste lo de Giygas!?».
«Así es, si quieres enfrentarlo no vas a poder llegar a él tan fácilmente. En este momento estoy estudiando la teoría del Doctor Andonuts para crear un distorsionador de fase, el que nos permitiría llegar hasta donde se oculta Giygas y enfrentarlo antes de que sea demasiado tarde».
«¡Oye, eso es excelente! Solo una pregunta ¿Qué es un distorsionador de fase?».
«Bueno, en teoría es una nave capaz de abrir un agujero en cierta fase del espacio-tiempo para cruzarlo y permitirle llegar a otra».
«O sea una máquina del tiempo».
«… Vaya, no lo había visto de esa forma, pero sí, puede ser catalogada como tal».
«¿Y crees que puedas construirla?».
«No creo tener los medios para construirlo yo solo, pero sería un placer trabajar con el doctor Andonuts para construirlo, aunque no sé si sea de la clase de personas que le guste trabajar en compañía».
«No te lo vas a creer, pero acabamos de hablar con él, y algo que nos dijo es que los inventores están para apoyarse».
«¿Cómo?, ¡¿Acabas de hablar con él?! ¿Está en Fourside en estos momentos?» preguntaba Manzanito casi gritándome al oído.
«En realidad tanto él como nosotros estamos en Brumocia, en Winters… ―Esperé su respuesta― ¿Hola?».
Mientras todavía estaba hablando con Manzanito Jeff subió a la escotilla.
«Chicos, no quiero alarmarlos, pero esto es malo» dijo Jeff justo antes de volver a cerrar la escotilla.
La nave fue violentamente agitada. Decidí terminar la llamada por teléfono y prestarle más atención a lo que estaba pasando. Como se lo imaginarán, estábamos bajo ataque.
«¿Cuantos platillos son?» preguntó Paula mientras miraba por una de las ventanas.
«No lo sé, pero aunque solo fuera uno esta cosa no tiene sistema de defensa».
¡Pooom!
Las luces empezaron a parpadear.
«Entonces iré allá arriba a encargarme por mi cuenta» dije mientras empezaba a subir la escalera a la escotilla.
Jeff me jaló de una pierna. «¡¿Qué crees que haces?! Allá arriba estás expuesto, además, una de estas sacudidas y la inercia te podría sacar volando».
«¿Alguna otra idea?».
¡Proow!
Los motores se apagan, de pronto estábamos en caída libre.
«¿Que les parece intentar no morir?».
«Buena idea».
¡Buaaaaah!
Nadando en el aire Jeff se dirigió hacia los controles.
«Enderézalo» le dije a Jeff.
«¡¿Enderezar qué? si no es un avión!».
Paula y yo nos miramos sin saber qué decir.
«20 segundos para el impacto, nuestra única esperanza es caer en el mar».
¡Boooom!
