Un Border Collie nacido en Australia, pero con la sangre de nueva Zelanda recorriendo su cuerpo, despertaba con pesadez de su cama. Bostezó mientras no podía evitar la sensación de querer hurgar sus ojos.

Como todas las mañanas, se refresco la cara y miro por un largo rato el poster pegado a su pared.

"No te rindas" es lo que decía, la imagen una persona robusta y con musculatura marcada posaba en aquel papel. Era su ídolo.

Aquel sujeto, además de sus padres, lo acompañaron en aquella transición tan difícil de la escuela a la secundaria, ya que, Mackenzie no encontraba motivaciones, no tenía ideas claras, un objetivo claro, no sabía que iba a ser de él; Y eso, lo estresaba por dentro.

En aquel tiempo, la sensación de abandono volvió a él, pero no de la forma que muchos creerían. Él ya no iba a volver. Mackenzie sintió que él abandonó a sus amigos, y se culpó mucho por eso. El Border Collie no pensó que las cosas iban a cambiar de manera tan abrupta.

Por mucho tiempo, pensó, que estaría con sus amigos, que crecerían juntos y se graduarían, juntos. Sin ellos, que es lo que podría hacer él.

En el paso del tiempo, ese poster, de alguna manera, lo ayuda a encontrar un enfoque en lo que podría ser; Aquel poster lo había guiado también en el camino de la lucha, en donde no se rendiría por nada, porque eso nunca sería una opción, porque, al igual que todos, ha tenido sus propios desafíos, obstáculos y adversidades por enfrentar. Y, para él, la llegada de aquel labrador, era un desafío especial, uno al que le daría batalla por el amor de su vida.

Su cabeza parecía ser un censo de sus ideas por competir contra Jean Luc. Y esas ideas se intensificaba gracias a los nuevos recuerdos que ha creado a medida que avanzaban las semanas. Entre ellas, Bluey, quien no parecía despegarse de Jean y sonreír en cada momento. Con Honey, fue algo similar, porque, la Beagle empezaba a entablar una buena amistad con el labrador, y eso le generaba, celos.

Las alarmas parecían resonar con más fuerza que la última vez. Él temía ser desplazado, y, reemplazado por ese sujeto, tanto por Bluey, y, por alguna razón, Honey.

Los minutos pasaban, y las palabras del maestro se volvían insonoros ante los alumnos que tenían fijado su mirada en el reloj, tal y como animales salvajes esperando el momento preciso para atacar. Viendo pasar los cadáveres de los segundos hasta llegar aquel minuto deseado por muchos, el minuto de la salida.

La campana resonó por todo el edificio. Los alumnos no dudaron en tomar sus cosas, con rapidez, y abandonar el salón, a excepción de 2 alumnos.

—Y así, culminamos un día más de clase ¿No?

Bluey se recostó en el espaldar del asiento.

—Si... —Dijo con alivio— Por fin llegó el fin de semana.

Mackenzie tomó asiento en la mesa de al frente y apoyo sus brazos en el espaldar de su silla.

—¿Tienes algo pensado para este fin de semana? —Ella negó con la cabeza, lo que hiso sonreír al Border Collie. Sonrisa que solo le duraría un par de segundos.

—Pero, pensaba salir con Jean Luc. —Fruncia el ceño por el mero hecho de escuchar el nombre del labrador— Quizás a caminar o pasear.

—Claro… —Buscaba las palabras apropiadas para convencer a la Heleer, una búsqueda intensa entre un laberinto de libreros, que solo le generaron más dudas. Tenía que pensar rápido.

—Si quieres, puedes acompañarnos —Continuo Bluey, facilitándole el camino al Border Collie. Mackenzie sonrió y contesto.

—Y que tal, si, vamos los 2. —Bluey se incorporó en la silla mientras Mackenzie la señalaba con el dedo— Solo tu —Se señalo así mismo— Y yo.

Bluey suspiro y se mostró nerviosa ante la propuesta.

—No lo sé Mackenzie.

—Vamos Bluey. Hace mucho que no salimos tú y yo.

—¿Salida de amigos? —Pregunto con nervios, pues, aún tenía presente lo incomodo que podría llegar hacer la situación.

—De amigos —Confirmo, asintiendo con la cabeza.

Eso no era suficiente para la Heeler. Sus nervios eran originados por el pasado de estos 2, pues, hubo aquel momento, en aquella fiesta, en el que iban a unir sus labios. Iban a besarse y por fin dejar expuesto a la luz, aquel aprecio y amor que se tenían, pero, algo no cuadraba del todo para la Heeler.

Sus sentimientos no eran precisamente lo que pensaba, o sentía. Simplemente fue aquel instante en el que la Heeler azul dudo de Mackenzie, de sí misma y de sus emociones. Algo la perturbaba, algo que no le permitía amar o, quizás, no tenía todavía claro la definición de aquel término "Amor".

—No lo sé Mackenzie. —Respondió con la mano puesta en el brazo.

—Oh vamos. —Mackenzie era una persona muy persistente, ante sus decisiones y opiniones de otros. El luchaba. Entre sus tácticas, estaba la de la mirada tierna, la misma que le había enseñado Bluey, y con la que lograba enternecer y encantar, inconscientemente, al resto de las mujeres.

La Heeler no retuvo la carcajada, le pareció gracioso ver sus propias practicas siendo ejecutadas por otros, y, aplicarlas en ella.

—Ok, de acuerdo. Pero una salida de amigos.

—De amigos nada más.

Mackenzie pudiera dar saltos de alegría por eso, pero no era el momento, todavía no podía cantar victoria. Lo único que dejo expuesto fue su sonrisa, la que mostraba con orgullo y confianza en sí mismo, un peculiar rostro al que halagaban y que él ya se había acostumbrado a escuchar.

"¿Ese canadiense tiene eso? No" se preguntaba y se respondía así mismo. El no escuchar a nadie más hablando sobre aquel Labrador, le daba buena señal, pues, hacia entender que, a pesar de ser un extranjero, no tenía nada de especial, más que el acento. "Tal vez tenga oportunidad" pensó.

Sus pensamientos, sumidos en sus ideas, fueron interrumpidos por el aroma de Honey. Aquel aroma era una fragancia que era bienvenido por su olfato y, sin dudarlo, fue tras ella. Tenía varias razones para buscarla: charlar, pasar un rato con ella, vigilar que estuviese bien y que este alejada de Ruby y sus amigas, etc.

Sin darse cuenta, el Border Collie había empezado a sentir cierta atracción a aquella chica. Buscaba con esfuerzo apreciar todo de ella: su rostro, su cuerpo, sus cautivantes ojos que lo hacían perderse de vez en cuando, pero… Era una simple atracción, ya que, Bluey no se quedaba atrás, o, tal vez se está equivocando, tal vez, al estar tan enfocado en algo, no se toma su tiempo para pensar, que quizás, sus pensamientos estén cambiando. Según él, no tenía tiempo para averiguarlo, ya que su cabeza estaba enfocado en lo "primordial", vencer a Jean Luc.

—¿Se te perdió algo Mack? —Escucho. Su rostro dibujo una sonrisa antes de posar su mirada, y nuevamente, le iba a durar unos segundos.

Aquel labrador parecía ser un borrador de pizarra; Ya sea por mención o presencia, siempre lograba borrarle la sonrisa de la cara. Honey salía de su salón junto con Jean Luc.

—Hola Mackenzie —Saludo el labrador, intentando mantenerse amable y tratar de cortar aquella tensión que los rodeaba a los 2. A diferencia de Mackenzie, Jean Luc no lo veía como un rival o un competidor, solo como un amigo más de las Heelers.

Eran varias las veces en el que Jean había intentado llevarse bien con el Border collie, saludándolo con amabilidad y brindándole una sonrisa, muchas veces forzada, para calmar la tensión. Mackenzie no lo aceptaba.

—Hola, Jean Luc —Saludo sin interés. No veía la necesidad de fingir si las Heelers no estuvieran cerca. Su mirada se desvió a la Beagle, quien lo fulminaba con la mirada— ¿Qué?

Sus mejillas ardieron en ascuas al sentir, sin previo aviso, el jale de Honey desde su mano. La Beagle se despidió amablemente del labrador y se llevó al Border Collie a unos pasillos de distancia.

—Muy bien Mackenzie, esto es ridículo. —La Beagle fue directo al grano. Los ojos en blancos y el desvío que tomo el rostro del Border, fue la respuesta que dio Mackenzie— Jean no es malo, o bueno, espero que no lo sea. —Dijo con cierta inseguridad.

—¡Vez! —El Border respigo ante las palabras de Honey, fue como acertar a algo— Hasta tú tienes tus dudas.

Honey refunfuñó. Ella hacia su mejor esfuerzo para tolerar la postura que estaba tomando ante aquel Labrador. A pesar de dudar de Jean, sabía perfectamente que él no tenía la culpa que la Heeler se haya enamorado. Mackenzie le estaba dando un trato injusto al Labrador.

—Mack, puedes dejar de ver todo esto como una competencia.

—Como evitarlo, si ese sujeto está cariñoso con mi enamorada.

Honey se cruzó de brazos mientras desviaba la mirada. Había cosas que, en un punto, la Beagle se le hacían difícil de tolerar, y fue una palabra específica que le generó algo de agobio. Algo que calentaba su cabeza… ¿Celos?

—Y no crees que eso sería mejor.

—¿Por qué? —Pregunto sorprendido. Honey suspiro, antes de posar sus ojos en él.

—Porque... —Sus ojos se reprimieron — No tienes oportunidad Mackenzie.

La opinión le cayó como un balde de agua fría. Los músculos se tensaron al igual que se contraía el pecho. No era la primera vez que se lo decían, ya lo había escuchado antes.

—No Honey, tu no —Dijo con decepción mientras se retorcía rendido.

Honey sabía la reacción que iba a tener, lo había previsto, y se apresuró a tomarlo de los hombros. Con una mirada compresible, continuó.

—Ya habíamos discutido esto en el parque. Y no te lo digo para mal —Honey empezaba a sentirse preocupada—, enserio...

—No, no, no, no —Mackenzie continuaba con la negación—, por favor, yo sé que puedo lograrlo.

—Y lo harás, pero no con ella.

Mackenzie se giró para verla.

—Entiendo que no ha sido fácil estos años, pero estoy seguro que este será el año indicado.

—Mackenzie basta —Pidió Honey con tristeza— Ya no soporto verte sufrir así. Ella no te ama y créeme que no eres tú. —En un intento de consuelo, Honey acarició con suavidad la mejilla del Border Collie. Acaricio ese pelaje sedoso con sus dedos que la dejaron impresionada, mientras, le brindaba una tierna, pero honesta, mirada— Ella no sabe la gran oportunidad que tiene frente a sus ojos.

—No... —Por unos instantes, el alivio de Honey había enternecido su corazón, aquel órgano al que había endurecido por mucho tiempo, parecía ablandarse siempre que el Border Collie la acompañaba. Pero aquel alivio se iría al momento que Mackenzie abrió la boca—Se lo haré saber. Se lo demostraré.

En ese momento, Honey dejo de usar la cabeza y hablo con el pecho.

—¿Solo te atrae ella?

—Por supuesto. Ella es la única a quien amo y por quien luchare.

Y así, fue como el corazón de la Beagle se había desquebrajado un poco. Lo curioso, para ella, era el no poder entenderlo. No sabía el porqué del dolor, no entendía por qué empezó a importarle los deseos de Mackenzie, al punto de querer compararse con Bluey y estudiarla un poco para descubrir el motivo por la cual, era muy atractiva para los ojos de su amigo.

"¿Qué es lo que vé en ella?" Se preguntó.

La beagle suspiró pesadamente y, con los ojos en blanco, dijo.

—Has lo que quieras —Sintiéndose derrotada nuevamente contra Bluey, ella se marchó. Mackenzie notó el enojo, pero lo dejo para después, pues, su enfoque estaba en el premio y en su competencia.

Cayendo, ya el fin de semana. Mackenzie se preparó para comenzar el día, refrescando su rostro, perfumándose lo mejor posible y viendo por un largo rato aquel poster que le brindaba la confianza y fuerzas para no rendirse, y continuar luchando.

Se dirigió a la casa de la Heeler, quien abriría la puerta y le mostraría lo muy peinada y perfumada que estaba. "Lo hiso por mi" pensó.

—¿Lista para comenzar el día?

Bluey hecho un pequeño vistazo a su cuerpo.

—Lista.