-Bluey-

Estaba atontada con su presencia en este lugar, las orillas del río Brisbane, sitio que me deleitó con su contenido, ya sea por los senderos cubiertas de hermosas rosas, hasta las pequeñas oleadas que llegan a la pequeña playa que embellecían al lugar. Y estaba contenta, emocionada por compartirlo con Jean Luc. Esa tarde, nuestra cita, a la que más ansiaba y me hacía sacudir la cola de la desesperación para que los minutos llegaran a la hora concordada, inició, y no tarde en guiarlo y arrastrarlo a cada rincón de ese lugar.

Él no paraba de maravillarse con todo lo que le presentaba, era igual que ver a un niño visitando un parque; Lo que me pareció muy tierno.

Lo mejor del día, sin duda era su presencia, pues, a pesar de mostrarse algo tímido ante algunas de mis tonterías, el me vio a los ojos, y me acompañó sin importar lo absurdo que podría sonar o ser mis acciones. Éramos una clase de complemento necesario para el otro, yo necesitaba de él para sentirme libre, y él necesitaba de mi para desenvolverse, al igual que en aquella noche.

Pronto, estábamos en aquella playa, pequeña. Había terminado de enterrarlo en arena y de haberle dado aquella forma de sirena que tanto nos hizo reír a carcajadas.

—Este lugar... Es increíble. —Dijo. Encontré la sinceridad en sus palabras, lo percibí y era más que claro. Desvié mi mirada a la suya, solo para encontrarme con la misma expresión melancólica de la anterior vez; Pero, en vez de enfadarme o gruñirle, tome su mano, a lo que él me vio con un sonrojo, y le brinde mi mejor sonrisa.

No necesite palabras para decirle que está bien, que es normal extrañar ciertas cosas de su hogar y que no está haciendo nada malo... Al fin entendí eso. Su cola se agito con delicadeza mientras correspondía a mi mano.

—¿A qué te recuerda este lugar? —Pregunte con una voz serena.

Él se tomó unos segundos antes de responder.

—A la playa de Vancouver.

—¿Son muy similares?

—No... Pero, se siente así. —Respondió asintiendo con su cabeza. Por un momento, lo vi perderse en sus recuerdos, y la expresión que puso después, me acaloro el corazón y me hiso sonreír como nunca. La melancolía se había ido por completo, como si volviera a vivir aquellos años que tanto añoraba. Él, se vio feliz. Y regreso a verme— Se siente igual que en casa.

Nuestras miradas se perdieron en el otro; Yo me perdí en aquellos ojos sinceros que apreciaban mi ser, al igual que él a mí.

—Pues. Bienvenue à la maison, Jean Luc

Jean ahogo una carcajada antes de volver a posar su vista en el mar. Mis deseos por besarlo, de poder saborear sus carnosos labios, no hicieron más que crecer a medida que lo observaba. Tenía tantas ganas de hacerlo, de hecho, todo mi ser me lo pedía a gritos, pero... No podía, pues, había un detalle que me hacía sentir mal, muy culpable, y que me impedían hacerlo.

Yo no sé cómo él me ve realmente ante sus ojos, pero sé, que él desconoce por completo lo que he sido por tantos años y lo que podría llegar hacer. Lo que quiero decir, es que, él me ve a través de ojos inocentes que solo ven a una chica amable, cuando, la realidad, es otra... Y sé que sucederá si se entera de como soy en verdad, pero...

"El descubrirá la verdadera naturaleza de Bluey Heeler"

Las consecuencias de aquello me acechaban. Deseaba encontrar un refugio en donde ocultarme de esas acciones que he cometido a lo largo de la secundaria, pero no importa lo mucho que lo intente, no puedo ocultarme por siempre. Las consecuencias vendrán a por mí y, de alguna manera, deberé afrontarlas.

"Un gran cambio" Era un susurro que me brindaban mi dulce madre desde mi cabeza.

Fue entonces que me armé de valor y determinación, y me mostré sincera ante aquel labrador, quien observaba con una amable sonrisa, aquel río que lo llenaba de recuerdos.

—Jean —Interrumpí su viaje por los recuerdos. El labrador volteó a verme, y con sus ojos clavados en mí, comencé— Yo... —¡Demonios! El arrepentimiento volvió a atacar y no me permitió continuar con normalidad.

—¿Sucede algo? —Pregunto al ver mi semblante.

La duda me generó nervios, y me hiso cambiar de opinión respecto a lo que iba hacer. Pensé que tenía mucho valor, pero, parece que la eh ido perdiendo a lo largo de los años.

El miedo a perderlo parecía ganar la lucha dentro de mi cabeza.

—Olvídalo.

Quise mostrarme serena, para no levantar sospecha, pero mi pierna se sacudía como un tick que reflejaba lo nerviosa y angustiada que estaba. Simplemente no podía mantener guardado esto en mi sistema, ese miedo incesante por saber que él podría ser el próximo en abandonarme, era intenso.

No fue hasta sentir su pierna, ensuciada por la arena, chocando contra la mía. Acción que me obligó a verlo y encontrarme con una sonrisa amable que me susurraba al oído "Todo está bien"

Aquel labrador sabía cómo hacerme sentir segura.

—Puedes contarme todo. —Dijo.

—Es que no te agradará lo que escucharás.

—Yo, prometo no juzgarte, solo escucharte.

Abracé mis piernas, y con la duda en mi garganta, empecé a soltar todas mis acciones desde que ingresé a la secundaria, las burlas de mis amigas y yo; Pasando por lo ocurrido con Honey y terminando con lo ocurrido con Mackenzie en aquella salida. En todo ese tiempo, nunca voltee a ver a Jean. Temía que me viera con esa misma mirada que todos, alguna vez, me la dirigieron; indignación u odio. Aun así, su silencio lograba agobiarme, me hace suponer que me dejó en ese lugar, sola, abandonada.

—Guau —Alcanzo a decir mientras tomaba algo de aire.

—Suena a qué es la primera vez que escuchas algo así.

—No, ni de chiste, es solo que me sorprende que venga de ti... Es algo, que no me lo esperaba... —Respondió. Realmente sonaba sorprendido— ¿Por qué me lo cuentas ahora?

Abracé fuerte mis piernas.

—Porque no tenía claro lo que hacía y... Pensé, que, si te lo decía o alguien te lo contaba, pues, terminarías alejándote de mí... —Parecía estudiar mi rostro— Pero, tampoco podría ocultártelo por siempre, y es por eso, que, si debías saber que soy una persona horrible, debía ser yo misma quien te lo dijera.

Rendida y sabiendo perfectamente lo que sucedería, desvíe la mirada, y continúe.

—Entiendo si quieres irte...

—Tampoco exageres Bluey. No eres una persona horrible. —Voltee a verlo lentamente con mi mirada desconcertada.

—¡No escuchaste lo que dije! Soy mala Jean... Mala. —Le recalque, en un intento de dejarle en claro la situación, y, aunque me duela, no quiero que él también salga lastimado por mi culpa... No me lo perdonaría.

—Claro que no. —Repitió, pero esta vez lo dijo con tal firmeza que me dejó algo desconcertada— Fuistes influenciada.

—Y yo tenía la opción de decir "no" a eso. —Eso me hacía sentir peor, porque tenía la solución al frente, pero me cuesta mucho tomarlo.

Jean me vio con pena.

Mira, te equivocaste, y a lo grande, como toda persona y el simple hecho de reconocerlo, de estar arrepentido por ello y tratar de arreglarlo dice cosas muy buenas de ti. —Dijo intentando animarme.

—Aunque intente arreglarlas, el daño está hecho. —Respondí, mientras se presentaba el rostro de aquella Beagle a mi mente— Honey no me quiere cerca y Mackenzie no quiere verme ni a los ojos.

De pronto, nos sumergimos en aquel silencio que se mezclaba con la atmosfera, algo deprimente. El sonido de las olas chocando, junto con el de algunos insectos, eran expectantes de nuestra conversación.

—Si... No siempre las cosas saldrán bien. —Perdió su vista a las pequeñas oleadas del mar que se convierte en un pequeño espectáculo para nuestros ojos—Pero no dejes que eso te impida seguir. Si te disculpas y ellos no lo aceptan, no hay de otra, el punto, es que realmente lo sientes, y lo intentaste. Son cosas que no muchos se atreven hacer.

Ruby nuevamente apareció en mi mente, reproduciendo otras escenas que no recordaba, en las que sus novios rompían con ella, y esta, siempre llegaba con nosotras a hablarnos de su desgracia y el cómo era la "victima".

Voltee a ver sus ojos del labrador, aquellos ojos bondadosos que volvían a susurrarme "todo está bien".

—¿Cómo puedes aguantarme? —Pregunte, y él me vio extrañado—Fue egoísta contigo cuando llegaste a Brisbane, he bajado la autoestima de varias personas, y participado en varios abusos. ¿Por qué no me odias como los demás?

—Bueno. Primero que nada. —Estaba poniéndome tensa por lo que sucedería— Dijiste que solo seguías a tus amigas ¿Cómo te sientes cuando estas con ella?

Indague entre aquella marea de recuerdos, que se acoplan y se desordenan cada vez que los intento recordar por mi cuenta.

—Mal... Siempre intento quedarme expectante para no participar en eso, pero, aun se siente mal... Me siento culpable, y no importa lo que haga. —"Nosotras somos mejores que ellas"— Ella no para de repetírnoslo.

—Y ¿Sientes eso cuando estás conmigo? —El me mostraba verdadera preocupación, demostrándome una vez más lo importante que era para él mi estado.

—No... Contigo, me siento bien. —Antes, los recuerdos venían impactando contra mí, lastimándome cada que los veía como navajas cortándome la piel, pero, ahora, apareció como una acaricia de un pétalo que roso por mi cabeza, y me mostro con ternura esos 3 días en la que nos lo pasamos bien— Fue genial volverte a ver. —"No creí que iba a ser rosa" aún recuerdo la mirada que puso ese día— Me sentí bien al tener al alguien que me escuchara, y estar hablando de tonterías. – "Ok, ok, siguiente pregunta" Se me escapaba una sonrisa recordar aquel día— Por mucho tiempo, siempre creí que iba a ser una persona rara, pero... —"Eres muy creativa" — Realmente me hiciste sentir como si encajara en todo esto, como si fuera una persona normal.

Aquellos días se reproducían como una película en mi cabeza, y cada escena me hacía sonreír, hacia que emergiera aquel sonrojo que se me hacía difícil ocultar con el pelaje. Lo voltee a ver con una mirada esperanzadora y acaricie su mano, su cálida y acogedora mano.

—Gracias por hacerme sentir así. —Le dije.

—Pero Bluey, no lo somos—Su respuesta me dejo desconcertada— Todos somos raros de algún modo Bluey.

—Oye, si quieres animarme, pues, creo que no es una buena forma. —Dije.

—Es que es verdad, nadie es normal, por ejemplo... —Indago un poco en su cabeza— el segundo insecto favorito de mi madre eran los escorpiones.

—No inventes. —Conteste incrédula.

—Es cierto. Si tan solo la escucharás perderse en sus palabras... —Volvía a mirar el mar con melancolía. Fue cuando la duda golpeó nuevamente mi cabeza, pues, desde su llegada, me eh preguntado sobre la ausencia de su madre, y no eh querido preguntárselo... No desde que vi lo sucedido en el campamento con su padre, realmente se vieron deprimidos después de la comida— Sabrías lo mucho que le fascinaba esas criaturas.

—¿Extrañas mucho a tu madre? —Él se vio sorprendido, como si se le hubiera erizado el pelaje.

—Am... Si.

—¿Cuándo volverá? —Jean parecía relajarse después de la pregunta, y con la otra mano puesta en el cuello, dijo.

—No lo sé...

Sentía que debía decir algo, pero no sabía exactamente qué.

—Pero ese no es el punto. —Empezó hablar— El punto, es que tú eres una persona increíble, una que ha cometido errores y trata de remediarlo. YO, conocí a la verdadera Bluey Heeler.

—¿Lo dices enserio? —Pregunte con los ojos humedecidos. Ya estaba tan acostumbrada a escuchar todo lo malo de mí, que, pensé que esa era yo. Una persona mala.

De a poco, empezaba a dibujarse una sonrisa, mientras volvía a sentir esa acogedora flama que llenaba mi pecho de amor.

—Oui, para mí, eres una persona increíble, creativa, de vez en cuando espontanea, y a veces algo complicada. —Dijo con una sonrisa. Mis mejillas volvieron a calentarse, al punto que enganche la mirada a la arena para ocultar mi vergüenza. Jean parecía estudiarme de pies a cabeza, fue cuando note que él también tenía ganas de algo, y parecía tener el mismo problema que yo— Exhibe a la verdadera Bluey Heeler, y que te de igual lo que piensen tus "amigas". Ellos podrían perderse de una gran persona.

Aquella mirada que me brindaba seguridad, era la misma que me incentivaba a cambiar y mostrar lo que realmente puedo llegar hacer. Solté un suspiro antes de ahogar una pequeña carcajada, mientras el corazón se me aceleraba.

—Que cliché Jean. —Dije con las mejillas acalorada. El labrador sonrió.

—Mira quien habla, el personaje con problemas de confianza.

—Me lo dice el que se disfrazó de princesa para impresionar a una chica. —Dije antes de echarme a reír y prepararme para correr. Jean Luc se vio apenada y sorprendido.

—¡¿Que?! —Pregunto— ¿Père te lo conto?

Me heche a correr entre las pequeñas oleadas del mar, siendo perseguida por él. Pude sentir como aquellas olas acariciaban mis piernas, me congelaban un poco, pero eso no evitaba que continuara riendo, de sonreír. Con el aroma salado en el aire, empecé a chapotear un poco, logrando que Jean se mojara en el proceso y me dé más tiempo para escapar. No fue hasta que el agua atrapaba mis pies y me impedían poder continuar corriendo, fue entonces que volví a sentir sus brazos acorralando mis caderas y cargarme con fuerza para retenerme.

El mar nos salpicaba con sus gotas frías, pero nuestros cuerpos eran más fuertes, y la calidez que necesitábamos, lo encontrábamos en el otro. Pude demostrarlo, al ejercer peso en él hasta lograr caer sobre el mar, en el que las olas arremetieron con fuerza y nosotros persistíamos ante ellas.

Parte de mi cuerpo estaba siendo cubierto por el mar, mientras Jean estaba con medio cuerpo en el agua, y la otra mitad inclinada sobre mí, perfecto para apreciar nuestras miradas inundadas en carcajadas. Llegamos a un punto en el que nos perdimos en el ojo del otro. Yo los estaba estudiando, y mi felicidad se agrando al notar las mismas ganas mías, dentro de él.

Él también tenía esos deseos por besarme, de saborear mis labios y exhibir de una vez por todas lo que sentía por mí. Al igual que yo. Pero parecía dudar al respecto, tal vez, se preguntaba de como reaccionaria yo, y es entonces que le hice una pregunta.

—¿Qué es lo que te detiene?

La pregunta entro a su cabeza, y lo hiso pensar en varias cosas. No sé qué recordó, o que pensó, pero si como concluyo. Y es que el me volvió a ver con esa hermosa sonrisa, mientras su cola se meneaba de un lado a otra. Se prepararse para decirme las palabras que acorralarían mi pecho, que me harían sonreír aún más, que me harían olvidar lo que es estar sola.

—Me gustas... —Tenia el corazón en la garganta— Te amo Bluey Heeler.

No esperamos más, y tan pronto escuche esas palabras, lo tome de las mejillas y juntamos nuestros labios en un acalorado, excitante, y apasionante beso. Podía sentir esa adrenalina pasando por mis venas, el cómo mi cabeza se fundía por el calor, y siendo hipnotizada por aquellos labios a los que al fin pude saborear.

Varios recuerdos y sentimientos, pasaron por mi cabeza. Eran emociones que me hacían ilusionar y que mejoraba aún más el beso.

Ahora puedo besarlo sin dudar, porque, ahora él conocía quien era yo, y estaba dispuesto a darme los ánimos para que yo pueda volver al camino.

Y yo... Estaba dispuesta a cambiar.

—Je t'aime Jean Luc.