Prólogo

"La capilla nos enseña que la magia debe servir al hombre y no controlarlo, pues hace cientos de años, cuando los dragones aun dominaban la tierra, un grupo de magos inducidos hacia el poder y la corrupción intentaron apoderarse de la ciudad dorada del Hacedor pero fracasaron y fueron expulsados, se corrompieron y regresaron convertidos en monstruos: los primeros engendros tenebrosos…

Los engendros tenebrosos, criaturas horripilantes incapaces de razonar y con el único propósito de destruir este mundo.

Y la ciudad dorada se convirtió en el paraíso de los demonios. Fue así como la primera Ruina comenzó. Fue el propio orgullo del hombre lo que trajo esas monstruosidades.

Se dice que surgieron del subsuelo, de los caminos de las profundidades y los reinos enanos fueron los primeros en caer. Después salieron a la superficie donde quemaron aldeas, destruyeron granjas, arrasaron bosques y redujeron a cenizas las ciudades.

Humanos, enanos, elfos, hombres, mujeres, niños... a los engendros no les importó ninguna distinción de razas o edades y destruyeron todo lo que se les interponía.

Un dios se había levantado, perverso y corrompido por los engendros tenebrosos: el Archidemonio. Los demás dioses permanecían callados, escondidos. El Archidemonio lideró con fuerza y maldad a los engendros.

Nos atacaron, otra vez y otra vez, hasta que casi nos llevaron al borde de la aniquilación. El mundo se sumió bajo la oscuridad y parecía que no había salvación, la oscuridad gobernó durante décadas y décadas…

Hartos de la maldad que los azotaba, todos los reyes y reinas de Thedas marcharon al frente con todos sus ejércitos para combatir la horda imparable. Fue entre dos montañas donde ambas huestes se enfrentarían. Los defensores se plantaron y esperaron durante un día y una noche.

De repente un rayo del sol atravesó la oscura neblina, iluminó el horizonte y una horda entera de engendros tenebrosos se visualizó. Miles y miles que superaban en gran número a los ejércitos humanos, enanos y élficos. Y al frente, el Archidemonio liderándolos.

Los corazones de los hombres y mujeres presentes se encogieron, templaban y suplicaban por la retirada. Pero los reyes se mantuvieron firmes, dispuestos a enfrentar el grueso ejército que tenían delante. Todos estaban preparados para morir aquel día, para sacrificarlo todo por el bien de la humanidad. La última resistencia en contra de la oscuridad.

Fue entonces cuando los Guardas Grises aparecieron. Hombres y mujeres de todas las razas; nobles y plebeyos; bárbaros y reyes.

De entre los cielos se escucharon los rugidos y aleteos de las bestias que montaban, enormes y majestuosas. Y cuando el Alba iluminó los campos, la luz de la esperanza volvió a florecer. Los Guardas Grises cargaron con todo ante la horda de engendros tenebrosos, combatiendo con veinte cada uno. Sus bestias aladas masacraban sin piedad a los monstruos.

Con sus propios cuerpos crearon una barrera y ahí resistieron, atrincherados, matando a todo engendro que se pusiera en su camino hasta que el Archidemonio cayó derrotado, con un rugido tan fuerte que estremeció la tierra, y el último engendro tenebroso se arrastró intentando regresar al subsuelo.

Y entonces los Guardas tomaron a sus bestias aladas y volaron al horizonte, sin pedir nada a cambio por su gran sacrificio. Al mirar, los reyes y reinas se dieron cuenta de que no perdieron ni un solo hombre o mujer durante la batalla.

Y el Hacedor sonríe con tristeza a los Guardas Grises, dice la Capilla, pues no hay sacrificio más grande que el de ellos. Un sacrificio que con el tiempo se ha quedado en la memoria de todos como simples historias.

Ahora la orden de los Guardas Grises es escasa y no cuentan con los recursos necesarios para combatir una nueva Ruina.

Han pasado cuatro siglos desde la primera Ruina y los Guardas Grises se han mantenido vigilantes a la espera del regreso de los engendros tenebrosos…

Pues esto aún no ha terminado, cuatro de los siete dioses antiguos se han levantado corrompidos: Dumat, el Dragón del Silencio fue el primero. El segundo fue Zazikel, el Dragón del Caos. Siguio Toth, el Dragón del Fuego. Y por último Andoral, el Dragón de los Esclavos. Ahora los Guardas se preparan para el despertar de Urthemiel, el Dragón de la Belleza…"

-Fragmento de "Historia General de Thedas. Volumen I"