Nota de autor

¡Hola, querido lector! Te agradezco de antemano que le hayas dado una oportunidad a mi historia.

Esta será una especie de crossover con el mundo del videojuego Dragon Age: Origins. Así que si eres una persona a la cual le gustan las historias medievales y de fantasía: con criaturas fantásticas, espadas, magia, elfos, enanos, dragones, brujas, héroes, tracciones y un mal ancestral a punto de destruir el mundo puedo asegurarte que esta es tú historia.

Todos los derechos de autor son para Disney y BioWare.


El invierno se encontraba en pleno apogeo, los fríos vientos soplaban con intensidad por todo el continente de Thedas. La blanca nívea había cubierto todo el continente, en el norte, desde Los Anderfels hasta Antiva, y en el sur, desde Orlais hasta Ferelden. Este era uno de los inviernos más duros hasta ahora, incluso algunos eruditos predecían una edad helada próxima, pero eso es decir demasiado; otros afirmaban que el invierno fue mágico, causado por magia oscura. Sea como sea, las gentes de Thedas se mantuvieron en sus hogares.

La historia aquí narrada nos lleva hasta el reino ubicado al sureste de Thedas, Ferelden. Se dice que Ferelden es la nación civilizada más meridional de Thedas, puesto que al sur se encuentran las tierra salvajes e inexploradas. Al norte de Ferelden, en las tierras del teyrnir de Pináculo, una fiera tormenta de nieve azotaba el lugar.

Dentro del castillo de Pináculo, se proliferaba con más intensidad el llanto del recién nacido de una pareja de nobles, mejor conocidos como los Cousland, señores supremos del teyrnir, quienes llevaban tiempo esperando a su primogénito.

—Es una niña—. Dijo una criada con una sonrisa—. Es una preciosa niña del norte.

—Déjame verla—. Pidió el padre de la recién nacida, mejor conocido como el Teyrn Agdar Cousland, Señor del teyrnir de Pináculo, por lo que la sirvienta procedió a entregarle a la bebe—. Sin duda eres precisa, mi pequeña hija.

—Querido dame a mi hija, por favor—. Pidió la madre, de nombre Idun de la casa Eremon.

—Por supuesto, cariño.

La joven madre miró a su recién nacida y de inmediato supo que era hermosa, pues su piel era tan blanca y pálida como la nieve, que solo era rivalizaba con su cabello, el cual era el más platinado que hubiera visto en toda su vida, además de que sus ojos eran de un hermoso color azul.

—Disculpe mi intromisión, mi Dama— Interrumpió la criada—pero ¿ya han pensado en un nombre para la pequeñina?

—Por supuesto, Gerda—. Sonrió la nueva madre—. Su nombre será Elsa, Elsa Cousland heredera al teyrnir de Pináculo.

—Que el Hacedor bendiga tu camino mi preciosa niña.

Y así transcurrieron dos años, todo parecía perfecto para la familia. Pero ambos padres, al igual que los criados, comenzaron a notar ciertas rarezas desde el nacimiento de la hermosa niña. Puesto que, desde su llegada, el invierno parecía ser más duro que cualquier otro; sumándole el hecho de que la bebe nació en un duro invierno, aunque la mayoría lo tomó como mera coincidencia e inclusive bromeaban sobre eso. Sin embargo, algunos susurraban sobre vieja leyenda de la magia helada.

Además, en el primer cumpleaños del nuevo miembro de la familia, una de las criadas juró haber visto a la niña hacer una especie de magia con sus manos. Los Cousland no creyeron en la criada pero, por miedo a que fuese real su afirmación, la mandaron a encerrar.

En otra ocasión fue la misma lady Cousland quien creyó haber visto lo que la sirvienta describió, pero nuevamente por miedo y orgullo, se convenció a si misma de que no había sido real, simplemente su imaginación.

Posterior a este incidente, lo criados veían o creían ver a la pequeña crear nieve con sus propias manos, pero preferían guardárselo para sí mismos, debido al temor que sentían con el recuerdo de la sirvienta que fue confinada a los calabozos por informar de esto. Todos se mantenían lo más lejos posible de la niña, después de todo, la magia era una de las peores cosas que el hombre pudo descubrir; aunque el hombre no descubrió la magia, sino que la aprendió de los elfos, y eso era aún peor ante los ojos de la Capilla.

Sin embargo, Elsa era una niña con un intelecto sorprendente. A sus dos años ya pronunciaba frases complejas, y a los tres podía hablar fluidamente, además de que leía algunos párrafos largos.

No obstante, todos los incidentes relacionados con Elsa se olvidaron muy rápidamente, debido a que llegó la noticia de que la Teyrna estaba nuevamente embarazada, por lo que todos en el castillo de Pináculo se preparaban para recibir al nuevo integrante de la familia.

Fue en el verano posterior al tercer cumpleaños de la pequeña Elsa cuando el nuevo bebe llegó al mundo.

—Es otra niña, igual de preciosa que Elsa—. Sonrió Gerda, la criada quien recibió igualmente a la mayor de las niñas. Y su afirmación no era para nada exagerada, pues la recién nacida tenía un hermoso cabello rubio fresa casi llegando a pelirrojo, además de que sus ojos eran entre un tono azul y verde.

—Esperaba que fuese un varón, pero supongo que no importa—. Suspiró con un toque dramático el Teyrn.

—Eres imposible Agdar—. Habló entre risas su esposa.

—Bueno como tu elegiste el nombre la última vez, supongo que esta vez me toca a mí.

En ese momento llegó corriendo la pequeña Elsa de tres años y medio, ansiosa por ver a su nueva hermanita— ¿Y cuál será papi?

—Bueno, pensaba en Joanna o Annabelle pero creo que ninguno me convence mucho...

—¿Y por qué no solo se llama Anna?, ¿Eh papi?—. Sugirió la mayor de ambas niñas.

—Por supuesto, ¿cómo no se me ocurrió antes? ¡Qué gran idea, querida!—. Felicitó su padre con una sonrisa.

—Entonces pequeñina, ahora te llamarás Anna Cousland.

Cuatro semanas después de que Anna naciera, su hermana se encontraba en el cuarto de ambas tratando de descubrir que era lo que salía de sus pequeñas manos cada vez que se encontraba feliz, triste enojada... en fin cada vez que sentía alguna emoción parecía que brotaba nieve de sus manos, o comenzaba a nevar aún en pleno verano.

Cuando de repente, el llanto de su hermanita, que se encontraba en la cuna al otro lado de la habitación, interrumpió sus pensamientos, por lo que decidió averiguar lo que le sucedía a la menor e intentar calmarla.

—¿Qué tienes Anna?—. Preguntó inocentemente la platinada. ¿No sabes que las damas como nosotras no deben llorar?—. La única respuesta que obtuvo fue un llanto más fuerte que el anterior.

—No llores por favor hermanita, mira esto—. Exclamó Elsa y entonces con sus manos creó varios copos de nieve, la bebe dejo de llorar y comenzó a tratar de atrapar cada uno de los copos, pero sin éxito.

—Creo que te gusta mucho que haga esto, ¿verdad?—. La pelirroja soltó una pequeña risita—. Bueno en ese caso creo que continuare haciéndolo.

En ese instante ambos Teyrns llegaron a la habitación de las niñas, alarmados por el llanto de su recién nacida, y al llegar se sorprendieron de lo que la mayor de ambas estaba haciendo.

—El...Elsa que rayos es lo que estás haciendo—. Tartamudeó el padre aterrado.

—Consolando a Anna que estaba llorando, ¿no la escucharon?—. Preguntó inocentemente mientras volteaba hacia donde se encontraban sus progenitores.

—No me refiera a eso, ¿Cómo es que puedes hacer eso con tus manos?—. Dijo el hombre mientras señalaba acusatoriamente las manos de su hija.

—Oh, ¿esto?—. Con sus manos formó varios copos de nieve—. No estoy muy segura pero siempre he podido hacerlo, ¿quieres que te enseñe papi?

—¡No!—. Gritó de manera exaltada el Teyrn, causando que la bebe volviese a llorar y esta vez con mayor intensidad.

—No grites porque Anna se asusta—. Reprendió la pequeña Elsa. Pero su padre la ignoró y simplemente le dio la mirada que siempre le daba cuando hacía alguna travesura o se comportaba de manera indebida.

—Escúchame muy bien Elsa, no quiero que por ninguna razón del mundo vuelvas a hacer eso, ¿me has entendido?

—Pero por qué no puedo—. Preguntó la pequeña de tres años sin entender el actuar de su padre.

—Porque es peligroso, ¿no te das cuentas Elsa? Díselo Idun—. Se refirió a su esposa quien hasta ese momento había estado callada.

—Tu padre tiene razón cariño, la magia es algo hermoso, pero a la vez peligroso para quien no sabe controlarla. Es mejor mantenerla ocultarla.

—Exacto, y de no controlarla podrías convertirte en una abominación—. Dijo su progenitor.

—¡No quiero ser eso!—. Gritó asustada—. No quiero ser un monstruo—. Empezaba a llorar. La habitación comenzó a enfriarse.

—No asustes así a la pequeña, Agdar. No te preocupes Elsa no te convertirás en ninguna abominación—. Le sonrió de manera tranquilizadora a su hija para posteriormente abrazarla.

—Por ende, no debes nunca mostrar eso, me has entendido Elsa—. Preguntó su padre con severidad.

—S...sí, padre—. Contestó atemorizada.

—Muy bien, eso espero, porque de lo contrario tendré que entregarte a los templarios.

—¡No!, yo no quiero ir con esos señores—. Exclamó más alarmada que antes por temor a que hombres que no conocía se la llevaran a algún lugar desconocido.

—Ya te dije que no la asustes—. Volvió a reprender la mujer—. Nadie te llevara con los templarios, oh mi pequeña Elsa... Solo mantén eso fuera de ti, ¿está bien?

Ambos padres procedieron a consolar a su otra hija, mientras Elsa trataba de entender por qué no debía hacer más magia. Pero estaba segura de que no lo haría pues según su padre, de lo contrario, la llevaría con hombres desconocidos los cuales no sonaban muy amistosos.

Después de lo ocurrido, la platinada se veía cada vez más triste y decaída. Ya no jugaba alrededor del castillo como antes; ahora trataba de aprender a leer rápidamente para así poder investigar en la biblioteca más sobre la magia y los templarios, por lo que había escuchado de soldados y criados elfos, eran los encargados de vigilar a todo aquel con talento mágico en su cuerpo y en caso de que se volvieran "malos", los templarios los mataban.

Además, sentía que sus padres se distanciaban más de ella, pues ya no la abrazaban como antes y no le decían cosas cariñosas en ninguna parte del día. Era lo mismo con los criados e inclusive soldados, pues estos se negaban a jugar con ella cuando lo pedía, diciendo excusas como: "lo siento lady Elsa, pero estoy trabajando" o "si me distraigo sus padres me reprenderán", aunque Elsa no era tonta y sentía que era por miedo, debido a que antes casi nadie se negaba a jugar con ella.

Y así continuó la vida de la pequeña Elsa, cada vez más solitaria y triste. Los meses que pasaron se volvieron tan opacos para la rubia que prefería no salir de su habitación. Solo salía para sus clases y la cena, actividades en las que Elsa se mantenía en silencio. También se aventuraba ocasionalmente a la biblioteca.

Un año después de que sus poderes fueran descubiertos, en un día como cualquier otro, Elsa decidió ir con el mago del castillo, aunque no estuviese muy segura de lo que hacía, pues solamente lo había visto dando lecciones de historia o simplemente pasearse por la biblioteca.

Fue en ese lugar donde lo encontró; era un hombre bastante mayor, tenía arrugas por toda su cara y una gran barba blanca, además de vestir una extraña túnica de color amarillento y portaba en su cabeza un sombrero bastante chistoso, pensó la niña, puesto que tenía una forma de cono y cubría toda su cabeza excepto su cara. A pesar de la curiosa y divertida vestimenta del hombre, Elsa mantuvo su compostura ya que sabía que era una falta de respeto y decoro reírse de alguien más, sobre todo por su apariencia.

—Disculpe—. Habló cortésmente la niña—. Usted es el mago del castillo, ¿verdad?

—Sí, así es pequeñina—. Le dijo el mago anciano con una pequeña sonrisa—. Puedes llamarme Grand Pabbie. Y tú debes ser la pequeña Elsa Cousland ¿no es así?

—Así es señor mago, quiero decir Grand Pabbie.

—Bueno pequeña, dime qué es lo que se te ofrece.

—En realidad me gustaría saber más cosas sobre la magia, si no es mucho problema—. Dijo con timidez

—Ah, que encantadora niña—. Exclamó con sorpresa el viejo mago—, en estos días ya ni los adultos se interesan en saber más cosas sobre la magia, y prefieren temerle a indagar sobre ella. Es más fácil vivir en ignorancia que con conocimiento sobre las cosas que les aterran. Pero dime exactamente qué es lo quieres que te diga.

—Pues...—. La verdad es que Elsa no había pensado en que preguntar con exactitud así que dijo lo primero que se le vino a la mente—. ¿De dónde viene?

—Mmmhhh, es una buena pregunta, aunque es bastante difícil de responder. Para empezar, puedo decirte que no todas las personas tienen el don y talento para ella, pues se obtiene desde nacimiento.

—Pero ¿por qué? ¿Acaso son elegidos?—"O maldecidos"—pensó.

El mago se rio entre dientes—. Bueno niña para explicarlo, primero tengo que hablarte sobre el Velo, ¿dime, sabes algo sobre él?

—Solo sé que es donde viven los demonios y creo que los elfos le dicen el más allá—. Confesó Elsa recordando una conversación de unos elfos criados que escuchó por pura casualidad.

—Es algo cercano a eso, pero no es exactamente toda la verdad. Veras, el Velo es un mundo espiritual, es un reino metafísico que está ligado a Thedas y están separados por un "Velo" o "barrera mágica". De ahí el nombre.

La boca de Elsa se abrió en una pequeña 'o', fascinada por lo que acababa de escuchar, aunque no comprendió por completo lo que el mago explicó.

—Podría decirme más acerca de este Velo, señor Grand Pabbie. ¿Por favor?

—Por su puesto, pequeña. Cada ser vivo en Thedas entra en el Velo cuando su espíritu abandona su cuerpo después de la muerte, o mentalmente cuando sueña. La única excepción son los enanos, que no sueñan. La mayoría de la gente no recuerda su tiempo en El Velo. Los magos son una excepción distinta, ya que son capaces de permanecer normalmente "conscientes" al viajar allí. Eso se debe al poder que poseen, es casi como si una parte del Velo viviera en ellos y les otorga el poder. Como dije, la magia se obtiene de nacimiento y todo gracias a esta especie de mundo espiritual.

—¿Y cómo se llega allí sin morir o soñar?

—Solo los magos del Círculo pueden hacerlo ya que visitan con frecuencia el Velo con ayuda del Lirio, en particular durante el rito de la Angustia. Pero no tengo permitido hablar sobre ello.

Elsa exhaló decepcionada, pero continuó sus preguntas. —¿Entonces es cierto que solo habitan demonios ahí?—. Preguntó algo frustrada al no haber recibido la respuesta de su pregunta anterior.

—No solamente demonios, ya que también habitan espíritus bondadosos como la Justicia o la Generosidad, quienes en ocasiones tratan de ayudar a quienes estén dentro del Velo para que no sean corrompidos por demonios.

—¿Dónde viven los mago?

—Vaya, no creí que una niña pudiera tener tantas preguntas—. Comentó asombrado Grand Pabbie—. En el Círculo de los Hechiceros, por supuesto. Es la organización predominante en cuanto a instrucción y formación de magos dentro de las naciones de Thedas. Y suele estar gobernado por la Capilla. Normalmente es en torres o lugares muy alejados de las demás personas, adema de que son de difícil acceso. Aquí en Ferelden existe una torre de magos, cerca del lago Calenhad. Seguramente has oído hablar de ella, aunque la torre fue construida incluso antes de la fundación de la Capilla. Son resguardados por los templarios.

—¿Templarios?—. Preguntó recordando las palabras de su padre.

—Son los encargados de vigilar a los magos. Algo así como sus guardianes—. Explicó solemnemente—. Además, son quienes cazan y capturan a los magos fuera del Circulo.

Elsa se estremeció al pensar en un templario cazándola para llevársela a aquella misteriosa torre.

—Mhm—. Murmuró pensativa, ocultando su miedo—. Es muy interesante. Gracias, señor Grand Pabbie

—Me alegra que alguien tan pequeña como tú quiera indagar más en la historia y no quedarte en meras supersticiones como muchos otros.

—No hay de que, fue un gusto serle de ayuda, lady Elsa.

Después de esa conversación, Elsa trató de ocultar con mucha más fuerza sus poderes mágicos, pues no quería que los templarios se la llevaran y tuviera que enfrentar demonios malvados en el Velo, y que estos se apoderaran de su cuerpo. Y sin duda alguna no quería morir.

Todo parecía un infierno para la pequeña niña y a lo largo de los días parecía empeorar...

Lo único que mantenía a Elsa feliz era su pequeña hermana que cada día era más grande, por lo que jugaba con ella, pero tratando de contenerse para no generar magia.

A pesar de todo, la sonrisa de la pelirroja siempre le alegraba el día y le hacía sentir que ya no estaba sola y nunca más lo estaría. Anna era su pequeño rayo de luz en su mundo de sombras, su única esperanza de que la vida mejoraría y que no tendría nada que temer.

Así transcurrieron otros cuatro años más sin imprevisto alguno. Se acercaba el octavo cumpleaños de la pequeña Elsa y todo parecía haberse olvidado, como si se hubiese tratado de un mal sueño; pero para la pobre niña no era así, pues cada día le costaba más contenerse, sumando el hecho de que parecía que su magia no disminuía, sino que crecía. Y cuando soñaba, era mucho más fuerte aún.

El día del cumpleaños todo parecía ir normal, los preparativos habían sido hechos con semanas de anticipación y todos parecían alegres en el castillo. Era como si el Hacedor finalmente hubiese escuchado las tantas oraciones de la pequeña Elsa y finalmente le haya dado un día feliz y armonioso.

Elsa se dirigió hacia el patio central con un trozo de chocolate, el cual acababa de hurtar de la cocina, para compartirlo con su queridísima hermana Anna. Todos los criados elfos miraban con asombro que la niña tenía una enorme sonrisa plasmada en su rostro y se alegraron, pues hacía mucho que no veían a la pequeña Cousland sonreír de esa manera tan despreocupada y sincera.

Pero una vez que la platinada llegó hasta el patio, su sonrisa se desvaneció y fue reemplazada por un enorme ceño fruncido al ver con quien jugaba su hermana menor.

Y no era para menos pues dicha persona era la responsable de que su hermana y ella discutieran la mayoría de las veces, esa persona que le hacía la vida mucho más miserable de lo que ya era. Esa persona que deseaba tener la mano de su amada hermana y llevársela para siempre de su lado...

—Hans...—. Gruñó entre dientes la niña, recordando el día en que lo conoció.

Flashback

La pequeña Elsa tenía alrededor de cuatro años y medio, y estaba siendo preparada para conocer al hijo menor del mejor amigo de su padre, el Arl de la ciudad de Amaranthine: Rendon Howe.

Según sabia, el niño se llamaba Hans Howe y por lo que sus padres le habían contado, supuso que debía ser un niño muy bien educado y bastante simpático por lo que estaba ansiosa de poder jugar con alguien casi de su misma edad.

El motivo de que lo conociera era que sería el quinto cumpleaños del niño, por lo que ella y su familia viajaron hasta la ciudad de Amaranthine. Como nunca había salido de Pináculo, asomaba la cabeza fuera del carruaje cada vez que podía.

Cuando finalmente llegaron a la ciudad, quedó totalmente sorprendida, pues sin duda era una ciudad bastante grande y hermosa. En la entrada se encontraban unos hermosos campos de cultivo y casas de campesinos igualmente bonitas: hechas con piedra y madera, con algo de paja.

En las murallas de la ciudad, el estandarte del oso pardo en un escudo cuádruple de la familia Howe ondeaba por doquier. Junto a la bandera de los Howe, el estandarte de su propia familia, los Cousland, hacía juego; una gota verde sobre una torre grisácea.

La gente salía de sus hogares para verlos y saludarlos, Elsa estaba encantada.

Después entraron directo en el barrio comercial y para Elsa era todo un espectáculo ver a tantas personas en un solo lugar, todos vitoreando su caravana. Las casas eran enormes y muy bien decoradas para el gusto de la joven Cousland.

Cuando finalmente llegaron a la casa del señor de la ciudad, también quedó sorprendida pues, aunque no era tan grande como su castillo aun así era bastante acogedora.

Fueron recibidos por un par de criados elfos quienes los llevaron hasta el salón principal de la casa del Arl, y posteriormente fueron recibidos por este.

Agdar, viejo amigo, cuánto tiempo sin vernos, ¿eh?—. Habló el Arl de la ciudad con mucho entusiasmo de ver a su padre.

Vaya Rendon, veo que has envejecido bastante desde la última vez que nos vimos—. Bromeó su padre.

Pero si tú no te quedas atrás ¿no es así?—. Ambos rieron e inclusive su madre lo hizo, Elsa solamente suprimió una pequeña risita pues no muchas personas hablaban tan en confianza con su padre y esa situación era un digno espectáculo de admirar.

Dime Idun—. El hombre se refirió a su madre—. ¿Cómo has logrado domar durante tanto tiempo a mi buen Agdar?

Pues ya ves Rendon, no es nada fácil pero una vez que cae, ya no sale—. Dijo la Teyrna entre risas.

Mhh, que graciosa Idun—. Gruñó su esposo fingiendo molestia.

Por cierto, veo que están esperando un nuevo bebe, ¿cierto?—. Cuestionó el Arl Rendon Howe, mirando el vientre de la Teyrna.

Así es, suponemos que llegara alrededor de cuatro a cinco meses.

Mmh, me alegro por ambos. Son señores de las tierras más poderosas del reino y, además, las llenarán con niños Cousland—. Dijo de una manera que la niña no logro descifrar, casi como molestia. ¿Envidia? No. Eso no era posible. Elsa solo lo dejó pasar.

Y tú tienes que ser la pequeña Elsa, ¿verdad?—. Dijo refiriéndose a la niña de cabellos platinados—. Mírate nada más, estas enorme, recuerdo que la primera vez que te vi eras tan solo una bebe—. Dijo, provocando que la pequeña se sonrojase apenada, puesto que no le gustaba mucho ser el centro de atención—. Estoy seguro de que mis hijos, sobre todo Hans estarán encantados de verte.

En ese momento llegaron tres niños. El primero y mayor de ellos, debía ser Nathaniel Howe, de cabellos negros como su padre y una postura recta, digna del Arl de Amaranthine; la segunda era una niña, dos años mayor que Elsa, igual con el cabello oscuro del Arl Howe; el tercero era un pelirrojo muy bien vestido, y parecía que tenía muy buena educación, pues caminaba con mucha elegancia a pesar de su corta edad.

Ahh, mira Hans, quiero presentarse a la hija de los Teyrns de Pináculo y su heredera, Elsa Cousland—. Dijo el Arl a su hijo, a lo que este solo esbozó una sonrisa amigable.

Encantado de conocerla, lady Cousland.

Fin flashback

"No, porque tenía que estar el justamente hoy", pensó Elsa molesta y procedió a darse la vuelta para poder huir de vuelta a la seguridad de su habitación, la cual fue cambiada debido al descubrimiento de sus poderes, por lo que ahora dormía sola.

Pero justamente cuando estaba por emprender su elegante retirada, su hermana menor la divisó y no pudo resistir el impulso de llamar a su hermana mayor para que jugara con ella y Hans.

—¡Elsa! ¡Elsa!—. Gritó la menor de las hermanas—. ¡Ven a jugar con nosotros!—. En un flash, corrió hacia su hermana y la abrazó por detrás.

La mayor solamente se sonrojó ante el acto tan cariñoso de su hermanita y sabía que estaba perdida pues nunca había podido resistirse a cualquier petición de su hermana, y sin duda esta no sería la primera.

—Anda Elsa ven a jugar con nosotros—. Suplicó la pelirroja—. Además, hoy es tu cumpleaños y tienes que divertirte mucho.

—No lo sé Anna, sabes que no me cae nada bien Hans...

—Pero ¿por qué Elsa?—. Protestó la menor—, si es educado, caballeroso, amable ¡y es muy bueno jugando con espadas!-. Dijo con ojos soñadores la pequeña Anna, a lo que la rubia solo rodo los ojos, recordando el porqué de su odio al chico.

Flashback

La verdad es que a Elsa no le había caído nada bien Hans desde el momento en que se conocieron, y aunque trató de que le agradara no logro tener ningún afecto por su anfitrión.

Sobre todo, cuando vio con sus propios ojos como trataba a los criados elfos, creyéndose superior en todo sentido a estos, llamándolos "orejones", "oreja-de-cuchillo" "duendes" o simplemente "esclavos".

Y no solo eso, sino que en todo el tiempo que convivieron antes de la fiesta, el hijo del Arl se la pasaba hostigándola y diciéndole muchos halagos; algo que la rubia odiaba completamente. No entendía porqué Hans la trataba de esa manera, además Elsa podía ver que el niño no estaba completamente a gusto con ella. Era como si se sintiera obligado a conocerla.

Pero eso no era todo, puesto que sus padres lo trataban como si fuese la octava maravilla del mundo, cosa que muy bien sabía, no era cierta. Era como si nadie más que ella notase que ese niño con facha de "principito" fuera solamente eso, una fachada para cubrir su fealdad como persona.

Una verdadera lástima pensó Elsa, ya que ella esperaba obtener un amigo. Y si esa era su actitud con tan solo cinco años, no se imaginaba como sería de adulto.

Es enserio Elsa, eres la niña más bonita que haya visto—. Dijo Hans nuevamente adulándola, pero la platinada sintió que sus palabras eran falsas.

Sí, creo que ya lo ha dicho muchas veces—. Dijo Elsa de la manera más amable y cortés que pudo para que no se notara el desprecio que sentía por el niño a tan solo unas horas de conocerse.

Bueno pues seguiré diciéndotelo—. Halagó monótonamente—. Ven quiero mostrarte algo—. Exclamó el pelirrojo, jalándola de la mano fuera del salón.

Elsa no tuvo más remedio que ceder pues él era mayor y más fuerte que ella, así que decidió que esto no podía ponerse peor.

Fin flashback

—¡Elsa! ¡Elsa!—. Los gritos de su hermana irrumpieron sus recuerdos.

—¿Eh? ¿Qué decías Anna?

—Te decía que si vas a jugar o no con nosotros—. Dijo con tono suplicante.

—Ya te dije que no tengo ganas de jugar Anna.

—¡Por favor Elsa! Te prometo que si juegas no te robare de tu porción de chocolate otra vez—. Rogó con mucha más fuerza y con la cara más tierna que pudo hacer.

—Está bien...— Accedió la mayor—...espera ¿dijiste que te comías parte de mi chocolate?

—¡No! No dije eso jejeje—. Rio nerviosa—. Eh, hablando de chocolate, ¿no traes ahí en tu mano?—. Preguntó señalando la mano de Elsa en que traía el pedazo de chocolate.

La rubia suspiró dramáticamente—. Creo que sí, pero como te robas parte de mi chocolate de la cena, no creo que te lo merezcas.

—Dame un poquito ¿sí?—. Volvió a suplicar la pelirroja—. Aunque sea solo un cachito chiquitito ¿Si?—. En ese momento se le ocurrió una idea fantástica a la rubia para poder zafarse de convivir con el odioso de Hans.

—Está bien te daré todo este chocolate pero con una condición—. Dijo persuasiva.

—¿Cuál?

—Que no tenga que jugar con ustedes, que dices Anna, ¿tenemos un trato?

La menor pensó por un momento ambas opciones. Si decía que no, tendría a su hermana y al "genial" Hans jugando con ella. Por otro lado, si aceptaba tendría todo el chocolate para ella sola e incluso podría darle de este al niño y así poder impresionarlo.

—Muy bien acepto tu trato, pero solo si vas y saludas a Hans.

—Está bien—. Se rindió Elsa—. Por lo menos solo será un saludo rápido, sin contratiempos"—Pensó la platinada.

Ambas hermanas se aproximaron hasta donde se encontraba el susodicho niño, quien se sentó, aburrido de esperar tanto tiempo.

—Hola Hans—. Dijo ente dientes la rubia, extendiéndole la mano.

—Hola Elsa—. Dijo con una sonrisa burlona el niño de Amaranthine, extendiendo igualmente su mano.

Flashback

Hans la llevó por los pasillos de la casa de la familia Howe, hasta que llegaron a un invernadero, donde había un tragaluz en el pleno techo, el cual permitía que la luz de la luna se filtrase y le diera un toque más hermoso al lugar. Sumando las hermosas flores que se encontraban alrededor. Sin duda sería un lugar excelente para relajarse, pensó la niña, de no ser por cierta compañía indeseada.

Mira Elsa, ¿no es un lugar bellísimo? Lo mandé a decorar cuando me enteré de que vendrías a Amaranthine—. El niño la miró con expectación, como si esperara su aprobación.

Gracias, uhm, supongo—. Murmuró la rubia.

Hans hizo una mueca—. Los criados dicen que este era el lugar favorito de mi madre—. Suspiró—. Papá no me deja venir aquí, pero a veces logro colarme a escondidas.

El rostro de Hans se torció en una fachada melancólica, casi anhelante y Elsa no supo qué decir. Por un momento se sintió culpable de menospreciar el lugar, pues sabía que la madre de Hans murió dándolo a luz. Ella, a sus cinco años, no podía imaginarse una vida sin su madre.

Lady Elsa—. Comenzó Hans rascándose el cuello y tomando aire—. Quiero que seas mi esposa.

¡¿Qué?!—. Preguntó incrédula, el arrepentimiento se disolvió al instante.

Que seas mi esposa—. Respondió a regañadientes, el pelirrojo se había volteado, dándole la espalda.

Por supuesto que no—. Exclamó indignada la heredera Cousland.

Hans no respondió y, en cambio, soltó un suspiro hastiado. Elsa se preguntó qué rayos pasaba con este niño. Pero antes de poder hacer cualquier pregunta, Hans se volvió para encararla.

No tenemos elección—. Le dijo con una expresión abatida—. Seguramente mi padre y los tuyos ya hicieron el pacto matrimonial.

¡Claro que no! Mis padres nunca harían algo así—. Replicó contrariada.

Ante estas palabras, el rostro del niño se frunció en un feo ceño.

¡Pues eres muy tonta por no creerme!—. Expresó acusadoramente.

Elsa no lo podía creer, apenas hace unos minutos Hans Howe se había comportado muy "amable" con ella, aunque a ella le fastidiara esa actitud, y ahora la insultaba.

¡Eres un... un insolente!—. Espetó Elsa sin moderarse—. Yo soy la legítima heredera de Pináculo y tu solo eres el tercer hijo del Arl.

Escúchame bien "princesita"—. Gruñó enojado—, ya he tenido demasiada paciencia contigo y tu actitud de niña consentida. ¿Crees que me gustaría casarme contigo? Ni siquiera quiero estar cerca de ti.

¿Consentida?—. Cuestionó indignada la pequeña dama—. Pero si tu eres el malcriado consentido. ¡Te crees mejor que todos y solo eres un tercer hijo! Y nunca me casaré contigo.

Entonces Hans la agarró del brazo y la miró con ojos asesinos.

¡¿Tu que sabes de mí?! ¡No sabes nada!

Sin poder resistir más, la platinada lo empujó con todas sus fuerzas, liberándose de su agarre y provocando que el pelirrojo cayese sobre un huerto de rosas blancas. El rostro de Hans se contrajo en una expresión herida con lágrimas en los ojos.

Inmediatamente Elsa salió del lugar y se dirigió lo más rápido posible con sus padres a quienes les contó todo lo sucedido, pero estos no creyeron en las palabras de su hija y para evitar cualquier escándalo, decidieron retirase temprano de la fiesta. Regresaron a Pináculo donde reprendieron severamente a su primogénita. Afortunadamente, cualquier posible compromiso matrimonial quedó en el olvido.

Desde ese día Elsa y Hans no soportan verse ni en pintura...

Fin flashback

Ambos se soltaron lo más rápido posible y la primogénita de los Teyrn, prosiguió a salir del lugar cuanto antes, dirigiéndose hacia el castillo. Pero antes de que pudiese llegar, escucho la molesta voz del pelirrojo.

—¡Fue bueno volver a verte Elsita!—. Siseó sarcásticamente a lo que la nombrada solo apretó los puños y caminó más rápido.

"Este día sin duda será muy, muy largo"


Nota de autor

En serio me gustaría saber si les agrada el fic por lo que no olviden dejar su review, en verdad ayuda mucho para inspirarme a escribir.

¡Hasta la próxima! :D