Nota de autor

Agradezco mucho sus comentarios chicos, hacen sentir que vale la pena :')

Aquí está el segundo capítulo, espero sea de su agrado. Todos los derechos de autor pertenecen a Disney y BioWare.


Capítulo 2—Fiesta

La pequeña rubia se dirigió hacia su cuarto para tratar de matar el tiempo lo mejor posible sin tener que cruzarse con su tan "apreciado" pelirrojo.

Esto no significaba problema alguno para la heredera Cousland, pues había pasado los últimos años en su confiable cuarto y rara vez salía de ahí.

Sin embargo, sí que podría resultar desalentador debido a que esperaba pasar todo el día con Anna, pero ahora parecía imposible.

Y no era la primera vez que esto sucedía, pues cada vez que el Arl Howe visitaba Pináculo, siempre traía a su odioso hijo menor. Y su hermana parecía hechizada por él ya que apenas y se despegaba de su lado. Caso contrario a Elsa quien no volvería a caer en el juego del niño y de ninguna otra persona, manteniendo siempre su distancia preferiblemente en su habitación.

Al llegar a su cuarto, sacó un viejo libro de historias fantásticas, el cual tomó de la biblioteca hace un par de días, pero no había podido disfrutar debido al preparativo de la fiesta. Una vez con el libro en su poder, Elsa prosiguió a acostarse en su cama y comenzar la lectura.

Estaba ansiosa por empezarlo debido a que desde muy pequeña había tenido intereses por las historias de héroes y grandes aventuras donde los protagonistas se enfrentasen a enormes criaturas, demonios y malvados reinos o imperios.

Sus historias favoritas era cuando los héroes principales utilizaban magia para acabar con la maldad. Pero en caso contrario, detestaba cuando el antagonista era un mago, aunque tenía sentido ya que en muchos casos estos eran abducidos por el poder y se volvían malvados, además era común que las personas de Thedas temiesen la magia. Pero otro tipo de historia que competía para tomar el primer puesto entre todas sus favoritas era cuando había dragones; en la mayoría este era malvado, pero prefería cuando era bondadoso y ayudaba al desarrollo en la trama, sobre todo cuando eran los protagonistas.

Le resultaba increíble el hecho de que fuese ella quien prefería las historias de épicas aventuras en lugar de su hermana Anna ya que esta tenía todas las actitudes para esos gustos: le encantaba jugar con espadas de madera, adoraba montar a caballo, odiaba todas las clases de política, historia y sobre todo de etiqueta. En cambio, Elsa hallaba placer en actividades más simples como la lectura, costura y hasta bailar.

Sin embargo, su hermana menor prefería las historias románticas en donde el príncipe encantador siempre salva a una doncella, en lugar de cientos de personas. Prefería cuando el malvado dragón era asesinado y el príncipe (quien decidía siempre salvar a una sola persona, además de que siempre superaba todas las pruebas soloy sin ayuda) rescataba a la princesa y ambos se enamoraban para vivir felices por siempre.

Demasiado empalagoso para Elsa. Quien sí que parecía una de esas típicas doncellas que esperan casarse y vivir felices para siempre; nuevamente las apariencias engañan. En fin, sin duda la rubia y la pelirroja tenían tantas diferencias, pero similitudes a la vez que las hacían únicas pero estas mismas las unían.

Regresando al libro, este parecía ser diferente a todos los que había leído anteriormente. En primer lugar, lucía mucho más viejo que los demás. También era más grande y grueso además de tener una imagen espectacular-pensó la platinada-de un emblema de lo que parecían ser dos grifos en la pasta del libro (esto fue lo que le llamo la atención desde un inicio), además de que no tenía título o autor.

Al abrir el libro se encontró con un pequeño lema en la primera página:

"En Guerra, Victoria. En Paz, Vigilancia. En Muerte, Sacrificio"

Después de leerlo, supuso inmediatamente que sería una historia espectacular por lo que prosiguió a cambiar de página, donde encontró una especie de índice, pero sin número de página.

Elsa nunca había escuchado hablar sobre la Ruina o cualquier cosa relacionada a esta, por lo que palabras como "engendros tenebrosos", "Archidemonio" o "guardas grises" le resultaba de lo más interesantes.

"Capítulo 1- Primera Ruina"

"La Primera Ruina se extendió por toda la región de lo que en un futuro se convertiría en la actual Ferelden, hasta llegar a cubrir casi todo Thedas. Los engendros tenebrosos se expandieron con una velocidad innata para cualquier ejército. La plaga diezmó a gran parte de la población y algunos se unieron a la temible Horda de engendros.

Durante décadas el Archidemonio lidero a los engendros en la invasión al mundo pero para entender ¿Qué es una Ruina? Primero se tienen que explicar distintas cosas. Comenzado por…"

La niña no pudo continuar con su lectura ya que alguien la interrumpió al tocar la puerta de su alcoba.

—Lady Elsa—. Llamó su criada, Gerda—. Tiene que arreglarse lo mejor posible para la fiesta que comenzara en unas horas, los demás criados ya han preparado su baño para que pueda asearse como se debe. No demore mucho, por favor-después de decir esto, la criada se retiró.

Elsa no tuvo más remedio que guardar el libro, aunque algo molesta, para poder ir a bañarse.

Cuando finalmente estuvo en el cuarto de baño, pidió a sus doncellas que se retirasen ya que detestaba que los demás hicieran las cosas por ella y bañarla definitivamente no era una excepción. Además, no soportaba las miradas asustadas de algunas de ellas, enviándole una punzada al corazón.

Mientras se encontraba en la tina comenzó a imaginare de que trataba el libro, pues sin duda no era sobre narraciones o cuentos sino un libro histórico y tenía ganas de saber más sobre él. Aunque por lo que parecía, no podría disfrutarlo, otra vez, durante ese día.

Sin embargo, sus pensamientos fueron cambiando poco a poco hasta llegar su hermana Anna, recordando a su tierna hermanita mientras una ligera sonrisa adornaba su rostro, hasta que recordó con quien se encontraba.

No era la primera vez que Anna se cruzaba con el niño de Amaranthine, pues hace alrededor de un año y medio fue que ambos se conocieron y fue solamente porque el Arl Rendon Howe obligó a su tercer hijo a acompañarlo hasta Pináculo, puesto que este no quería saber nada más sobre los Cousland por el resto de su vida y se negaba a ir. Lo cual era obviamente imposible dada la relación entre su padre y el Teyrn.

En un principio Hans se había mantenido alejado de las dos hermanas, pero con la imperativa personalidad de la menor, se fueron acercando poco a poco hasta hacerse "buenos amigos" a la vista de todos menos de Elsa quien sabía mejor que nadie cómo era realmente el chico.

Por su puesto que le advirtió a su inocente hermana sobre las verdaderas intenciones de Hans, pero al parecer la pelirroja se encariñó con el niño y solamente se habían conocido durante unas cuantas horas, ni siquiera fue un día entero para que en verdad pudieran formar una amistad sólida. Elsa le recriminó a Anna y esta le respondió que, seguramente, tenía celos porque no había jugado con ella; la platinada contestó furiosa argumentando que Hans era un idiota y que Anna también lo era por confiar en él.

Anna se enfadó bastante con ella y la ignoro durante todo el día, además de que paso todo ese tiempo con Hans; aunque no terminó ahí ya que la pequeña pelirroja la confrontó al llegar la noche. Aún recuerda con bastante claridad la pelea que tuvo con Anna…

Flashback

Después de que el Arl y su familia se fueran del castillo en dirección a Amaranthine y ambas hermanas se retirasen a sus respectivas habitaciones, la mayor no podía dejar de pensar en porqué su hermana no había hecho caso a su advertencia y había preferido elegir a Hans antes que ella.

Claro que los argumentos que le dio no eran muy convincentes para poder persuadirla, sumando el hecho de que Hans era prácticamente lo que Anna deseaba en todo el mundo: un encantador príncipe azul quien la salvaría de algún malvado dragón. Y, por supuesto, Anna era demasiado terca.

Finalmente, Elsa llego a su habitación solo para llevarse la sorpresa de que su hermana se encontraba sentada en su cama.

¿Anna?—. Preguntó con ligera sorpresa—. ¿Cómo entras…?—. Su pregunta fue interrumpida por la pelirroja.

¡Quiero saber porque no quieres que juegue con Hans!—. Gritó alterada Anna al notar la presencia de la platinada.

¿Qué?—. Preguntó sin comprender del todo.

Que por que odias a Hans—. Dijo un poco más calmada, aunque aún enfadada.

Elsa frunció el ceño, pues en verdad esperaba que su hermana quisiera arreglar las cosas con ella y compensar el hecho de que todo el día la estuvo ignorando, en lugar de hablar sobre esa persona tan desagradable.

No puedo creer que pasaste todo el día con él, me ignoraste y encima todavía tienes la dignidad para reclamarme—. Protestó acusatoriamente.

¿Pero de que hablas?, si tú fuiste la que se puso de berrinchuda solo porque quería jugar con Hans y además me dijiste que era una tonta—. Reclamo indignada haciendo un pequeño puchero con las manos.

Es que no te das cuenta de que solo te está usando, Anna.

¡No es cierto!

Por favor Anna—. Suplicó Elsa—. Tienes que creerme.

¡No! ¡No te creo!— Exclamó sin querer creer en nada de lo que le decía su hermana—. Tu solo quieres que ya no juegue con él.

No, no es eso herma...

¡Dije que no es cierto!

¡Por el Hacedor Anna!—. Gritó cansada de que la menor no hiciera caso—. ¡Entiende que solo te está usando! ¡¿Acaso eres tonta?!—. Elsa nuevamente la insultó pero se arrepintió inmediatamente de sus palabras cuando vio lágrimas fluir a través del pequeño rostro de su hermana.

Lo sien…siento An…Anna—. Se disculpó tratando de abrazar a la pelirroja.

¡Déjame!— gritó entre sollozos—. Eres mala, ya no te quiero—. Tras estas palabras salió corriendo de la habitación. Mientras Elsa la veía alejare con pequeñas lágrimas queriendo salir de sus ojos.

Luego de unos segundos, la rubia salió en busca de su hermana para tratar de disculparse y arreglar este asunto.

Llegó hasta su cuarto y prosiguió a tocar la puerta una vez, después dos, tres, cuatro, prosiguió tocando y entendió que Anna no se encontraba en su alcoba ya que ni siquiera se escuchaba sonido alguno que indicara que hubiese alguien dentro de esta.

Así que siguió buscando por absolutamente todo el castillo: la cocina, el salón principal, el comedor, buscó en el sótano, el estudio de su padre e incluso en los calabozos, pero Anna no se encontraba por ningún lado.

La angustia dentro de su pecho proliferaba a cada segundo de no encontrarla, cuando en el jardín, cerca de unos matorrales escucho un leve llanto que incrementaba con cada paso que daba hacia los arbustos, los rodeó y su corazón sintió un enorme alivio, pues finalmente la había encontrado.

Anna yo quería decirte que lo siento—. Comenzó con su disculpa lo mejor que pudo, pero siendo incapaz de acercarse para poder abrazarla—. No debí de haberte gritado. Por favor perdóname.

Anna levantó el rostro hacia su hermana e inmediatamente se lanzó contra esta, abrazándola y sollozando en su cuello.

Fin de Flashback

Esa había sido la peor pelea que habían tenido las hermanas Cousland y sin duda no querían repetir una pelea de esa magnitud.

Después de lo ocurrido ambas se perdonaron y la platinada le prometió a la menor que cuando fueran más grandes, le explicaría el porqué de su odio al hijo del Arl. Mientras que la pelirroja le juró que no la trataría de forma diferente cuando se encontrara el niño, además de que le prometió que sería más cautelosa con este.

No era lo que Elsa estaba esperando, pero sin duda era mejor a que su hermana pequeña la odiara o confiara plenamente en el pelirrojo.

En las visitas posteriores del niño pelirrojo, ambas cumplieron su parte del trato; mientras Anna trataba de no poner por delante al niño de su hermana, esta intentaba ser más tolerante con él, pero siempre manteniendo su distancia.

Finalmente termino de bañarse, por lo que prosiguió a secarse con su toalla y salir del cuarto de baño, dirigiéndose hacia su propia recamara para poder vestirse.


Mientras tanto, en la recamara de los Teyrns Cousland, se encontraban los padres de las hermanas discutiendo.

—Ya te lo dije Idun—. Dijo el hombre a su esposa—. Tenemos que hacerlo, no tenemos alternativa.

—¡Claro que la hay!—. Respondió Idun negándose a la propuesta de su conyugue—. Siempre hay más maneras de resolver las cosas, la más fácil no siempre es la efectiva y tú lo sabes mejor que nadie, Agdar.

—Tienes razón en ese punto—. Reconoció el Teyrn—. Pero en este caso ya no quedan alternativas, si no logramos resolver el problema…

—¡Pero no es como si fuese algo que puedas arreglar como si estuviera roto!—. Interrumpió sintiéndose completamente indignada por las palabras del noble—. Te recuerdo que es nuestra hija de quien estamos hablando.

—Esa…esa cosa ya no es mi hija. Entiende. Si no te hubiera prohibido verla, estoy seguro de que estarías muerta en este momento.

—No puedo creer que digas esa clase de barbaries. ¡Nunca imaginé que serías capaz pensar mínimamente en algo así!—. Gruñó Idun, esta vez mas decepcionada y triste que enojada.

—Mira Idun, no es fácil para mí tomar una decisión de este calibre, pero es lo mejor, es lo correcto. Si no lo hago podríamos resultar heridos, Anna podría ser lastimada incluso de muerte. Por mucho que le prohibamos ver a Elsa, siempre encuentran una manera de acercarse.

—Pues porque son hermanas, no podemos sepáralas, así como así, ninguna lo soportaría.

—Cuando logre controla sus poderes podría volver, lo sabes—. Sugirió, tratando de convencerla—. También podría lograr que tú y Anna la visiten cada mes… Soy el Teyrn de Pináculo, seguro que llego a un acuerdo con la Capilla.

—No sería lo mismo—. Se negó nuevamente.

—¿Entonces que sugieres?—. Preguntó con fastidio—. ¿Acaso quieres que esperemos hasta que mate a alguien? ¿Acaso quieres esperar hasta que algún demonio la posea y se vuelva una abominación? Es eso lo que quieres—. La cara de su esposa destellaba la respuesta.

—Solo dale una última oportunidad, por favor…—Suplicó como única esperanza.

—Bien—. Exhaló asumiendo la derrota—. Pero un signo, una señal, por lo más mínimo que sea de magia y entonces no tendré otra elección que enviar los cuervos.

—Gracias, Agdar—. Suspiró aliviada de prolongar la estancia de su hija mayor en el castillo. Sabía muy bien que necesitaba aprovechar al máximo a Elsa, antes de que le fuese arrebatada por los templarios y llevada al Círculo de los Hechiceros.


Después de unas cuantas horas, la fiesta finalmente daría inicio. Desde todas las entradas al teyrnir de Pináculo, llegaban carruajes de todos los lugares de Ferelden, incluso el rey Maric Theirin fue uno de los presentes junto a su reina Rowan Theirin y el príncipe de ocho años, Cailan Theirin. Además, el legendario héroe del Río Dane, el Teyrn Loghain Mc Tir también hizo acto de presencia junto a su hija Anora de siete años.

Ambas niñas habían sido debidamente preparadas y vestidas para la ocasión, sobre toda la mayor de ambas, de quien era el cumpleaños.

El Teyrn y la Teyrna de Pináculo se dirigieron hacia el salón principal donde recibieron a todos los invitados. La pequeña Anna ya se encontraba junto con sus padres, a pesar de que deseaba poder ir con Hans e incluso poder conocer a al príncipe o a lady Anora, pero le resultó imposible ya que sus padres se lo prohibieron al menos hasta que todos los invitados estuvieran en el salón y también su hermana.

Una vez que todos fuesen presentados y se encontraron en el salón principal, la llegada de la pequeña noble fue anunciada poco después, y entonces lady Elsa Cousland2 llego desde la gran puerta que se encontraba al comienzo del enorme salón.

Como siempre, caminaba con elegancia y clase, a pesar de ser tan solo una niña, se comportaba con más madurez que muchos adultos.

Todos los presentes se levantaron de sus asientos, dejaron de conversar entre sí y volvieron su atención hacia la pequeña que acababa de hacer acto de presencia.

Elsa se dirigió hacia el centro del salón, donde comenzaría el vals dentro de unos instantes. Todos los presentes se prepararon para poder iniciar el baile, el padre de la niña sería el primero en bailar con ella para después ir pasando cada hombre joven y niño conforme a su posición y rango tanto social como político.

El Teyrn y su hija hicieron una ligera reverencia antes de que la música comenzara a sonar, para después comenzar con el vals mientras todos los observaban en un círculo formado alrededor de ellos.

Sin duda era una situación algo incómoda para la pequeña rubia, quien casi no le dirigía la palabra a su progenitor y este hacia lo mismo. Solo se hablaban para pequeñas cosas como pedir algún alimento en el comedor o incluso darse los buenos días y noches.

Elsa trataba de mirar hacia otro lugar que no fuera la cara de su padre, quien parecía hacer lo mismo. Pero a cada lugar que miraba, había alguien mirándola también así que no tenía muchas opciones, pero lo más incómodo fue cuando su padre intentó entablar una conversación decente:

—Entonces…—. Comenzó nervioso—. ¿Cómo has estado, Elsa?

—Bien—. Respondió-"supongo"-pensó esto último, mientras le oraba al Hacedor que el hombre no intentara seguir con la incómoda platica. Otra vez sus suplicas no fueron escuchadas o simplemente fueron ignoradas.

—¿Y cómo lo llevas con…? ya sabes—. Intentó formular la pregunta, pero fallando torpemente.

—¿Con qué?—. Preguntó la platinada sin comprender del todo lo que su progenitor intentaba decirle.

—Lo de la… magia—. Pronunció susurrando la última palabra como si se tratase de un sacrilegio, aunque no estaba muy lejos de la realidad.

—Oh—. Respondió simplemente—. Pues bastante bien, a decir verdad. No he tenido signos de ella en mucho tiempo. Creo que se ha ido—. Mintió, pues sabía que la magia dentro de ella no disminuía al pasar el tiempo sino todo lo contrario.

—Me alegra escuchar eso— Dijo no muy convencido—. espero que continúe así…

Finalmente, el baile había finalizado, dando la señal de que era el turno del rey Maric para poder danzar con la niña Cousland. Por lo que su padre le dio una última reverencia para después entregarla con el rey. Lord Cousland por su parte comenzó un baile con la reina Rowan. Mientras los demás invitados comenzaban a tomar a su pareja y bailar alrededor.

—Lady Elsa—. Pronunció el rey—. ¿me permite esta pieza?

—Sería un honor majestad—. Contestó cortésmente la rubia mientras tomaba la mano del rey de Ferelden y comenzaban con el baile.

Maric Theirin era todo lo que Elsa había imaginado: alto, fornido y con una larga cabellera dorada descendiendo hasta sus hombros.

—Dígame lady Elsa—. Comenzó Maric—. ¿Se está sintiendo a gusto en su fiesta?

—Por su puesto majestad—. Mintió nuevamente—. ¿Por qué no lo estaría?

—Me pareció notar algo de tristeza en vuestra mirada, pero he de suponer que debieron ser alucinaciones mías—. Dijo con una pequeña risa discreta. Cambiando de tema, me gustaría saber que tanto sabe sobre la historia de Ferelden, si no es demasiada molestia.

—Por supuesto que no, su majestad—. Respondió la menor—. Bueno sé que usted fue quien liberó a Ferelden de la invasión Orlesiana que usurpó el trono de su familia.

—Tienes razón—. Asintió con una ligera sonrisa—. Pero no lo logré solo, tuve la ayuda de mi fiel amigo Loghain Mac Tir. Si no hubiese sido por él, probablemente los orlesianos seguirían dominando Ferelden. Y por supuesto con el apoyo de mi bella esposa Rowan.

Elsa comenzaba a entretenerse con el relato del rey, pues le fascinaba esta historia en donde el heredero al trono: Maric Theirin y algunos pocos aliados lograron expulsar al imperio de Orlais y restaurar el linaje real en el trono fereldeano- "¡Y qué mejor que escucharlo del propio rey!"-pensó emocionada.

Lastimosamente, el cambio en la tonada de la música indicaba que ya era tiempo de cambiar de pareja. Ambos hicieron una última reverencia y el rey prosiguió a llevarla con su hijo, el príncipe.


Mientras tanto, la pequeña Anna se encontraba intentado bailar con uno de los nobles que asistieron a la fiesta, pero en realidad no le prestó demasiada atención. Cuando finalmente pensó que tendría la oportunidad de bailar con su amigo Hans, tuvo que bailar con su padre el Arl Howe-"por lo menos es alguien que conozco"-pensó la pelirroja.

—¿Qué tal ha estado, lady Anna?— Preguntó cortésmente el Arl.

—Muy bien, lord Howe—. Respondió la niña recordando sus tediosas clases de etiqueta.

—Me alegro, estoy seguro de que también Hans—. Dijo mencionando a su hijo, provocando que la niña se sonrojase—. Veo que ambos se han vuelto muy cercanos lo cual me pone más que feliz. Espero que algún día ambos puedan ser algo más que simples amigo, ¿no lo cree lady Anna?

—S…sí—. Respondió balbuceante mientras se apenaba cada vez más.

—Y eso reforzaría los lazos entre sus padres y mi familia—. Dijo haciendo unos cuantos ademanes con una mano—. Incluso tú y Hans podrían vivir en Amaranthine.

—¿Ust…usted lo cree?

—Pero por supuesto que sí, eres una niña encantadora y estoy seguro de que Hans le encantaría hacerte su esposa.

Anna no sabía que decir, pues prácticamente ese era su sueño: casarse con un apuesto príncipe o señor y poder viajar por todo Thedas, puliendo sus habilidades de lucha. El cambio de música dio inicio por lo que el Arl la llevó con el susodicho niño para que estos pudieran bailar.

Vio de lejos a su hermana, tomando la mano del príncipe para poder empezar con su propio baile, mientras este besaba la pequeña mano de su hermana cubierta por un guante azul. Sin razón aparente, Anna frunció el ceño.

Cuando llegó hasta donde se encontraba Hans, no pudo deshacerse de su ceño fruncido a pesar de que intentó borrar esa horrible imagen de su mente, no pudo hacerlo. El Arl Howe se alejó sin mirarlos ni dirigirles una palabra más.

—¿Anna? ¡¿Anna?!

—¿Qué? ¿Qué ocurre?—. Preguntó confundida.

—Te pregunté si deseabas bailar conmigo—. Repitió el pelirrojo con una risa.

—¡Ah! ¡Sí!— Dijo un poco fuerte—. Lo siento, quiero decir: sí me encantaría, Hans, yo-

—Mi hermanito, todo un galán—. Un nuevo niño hizo acto de presencia junto a otra niña, ambos eran mayores que Hans.

—¿Qué quieren, Nathaniel, Delia?—. Gruñó Hans entre dientes.

—Solo veníamos a ver a nuestro pequeño Hansi—. Se burló el niño más grande.

—Bueno, ya me vieron, ahora largo—. Espetó el pelirrojo poniendo a Anna detrás de él.

—No seas tan grosero, hermanito—. Habló la niña Delia—. ¿No nos merecemos un abrazo al menos? Ya sabes cuanto te queremos, dulce y tierno hermano.

Hans frunció el ceño y se alejó junto con Anna, dejando a Nathaniel y Delia riéndose a sus espaldas.

—¿Qué pasó? ¿Quiénes eran ellos?—. Preguntó Anna completamente confundida.

—Mis molestos hermanos mayores—. Respondió el niño con exasperación—. Créeme, no quieres conocerlos. Mejor hablemos de ti. ¿Qué es lo que tienes, Anna? ¿Por qué tan molesta?—. Preguntó el chico tratando de olvidar el bochornoso momento con sus hermanos.

—Nada, nada—. Dijo Anna de manera apresurada—. Es solo que vi a Elsa tomar la mano del príncipe Cailan y pues no sé, me sentí rara.

—Ah, era eso—. Respondió groseramente al recordar a la hermana de Anna—. Bueno no veo cual es el problema, probablemente "Elsita" ignore todas sus acciones. Ya sebes que siempre lo hace—. Dijo con fastidio, primero sus hermanos y luego la problemática Elsa.

—Sí, tienes razón—. Sonrió—. No debo preocuparme.

—Mejor dime, Anna—. Comentó tratando de desviar el asunto—. ¿Qué te gustaría hacer de grande?

—Mhm—. Pensó por un momento.

—¡Auch!—. Masculló Hans—. ¡Me pisaste!

—Upsi, lo siento—. Murmuró apenada.

—Está bien—. Declaró conteniendo una lágrima—. Mejor responde a mi pregunta.

—Bueno, pues siempre quise ser una exploradora y viajar por todo el mundo—. Respondió con excitación—. ¡Y casarme! Eso también.

—¿No eres muy pequeña para pensar en eso?—. Cuestionó con una ceja arqueada—. Yo a tu edad detestaba todo lo que tuviera que ver con el matrimonio.

Anna frunció las cejas—. Nopsi, de hecho, estoy segura de que lo haré.

Hans se movió incómodo, giró los ojos y vio a su padre mirándolo severamente. El pelirrojo tragó saliva y entendió lo que tenía que hacer.

—En ese caso, tengo algo que debo decirte…


El baile entre Elsa Cousland y Cailan Theirin acababa de comenzar y parecía que todos tenían los ojos puestos en ellos, sobre todo la hija del Teyrn Loghain-"bastante extraño"- pensó la niña.

—Elsa, ¿verdad?—. Preguntó el príncipe interrumpiendo sus reflexiones.

—¿Disculpe?

—Tu nombre, me refería a tu nombre.

—Ah sí—. Respondió torpemente—. Así me llamo.

—Es un nombre muy hermoso—. Comentó a lo que Elsa se puso a la defensiva, pues recordaba lo ocurrido en Amaranthine con el menor de los hermanos Howe.

—Pero no hablemos de tu nombre, eso sería aburrido ¿no crees? Mejor dime que es lo que te gusta hacer.

—Pues me gusta leer…

—¿Y qué es lo que lees?—. Preguntó descaradamente sin dejar que la rubia terminara de hablar.

-"Vaya que es grosero, bueno por lo menos no trata de ocultarlo como alguien más…"-pensó nuevamente en el pelirrojo—. Pues adoro leer historias fantásticas, donde un grupo de héroes salven "el día".

—¿En serio?—. Pregunto con incredulidad—. ¡A mí también!

—Vaya quien lo diría—. comento Elsa sin penar en la cortesía.

—Lo sé es súper raro no crees—. Cailan se rio entre dientes—. Un príncipe y una doncella que les encantan las historias y relatos heroicos. ¡Qué loco!

Elsa estaba más que sorprendida con la personalidad del heredero del trono fereldeano. Había escuchado rumores de que el príncipe no era muy cortes o educado al momento de hablar o incluso actuar, pero no creía que fuesen ciertos. Aunque le agradaba, ya que la personalidad del príncipe, comparable a la de su hermana, le resultaba de lo más entretenida.

—Sí, lo sé—. Asintió—. No creí que a alguien más le gustasen y mucho menos a usted majestad.

—No me llames así por favor, me hace sentir viejo—. Dijo con una sonrisa contagiosa.

—De acuerdo…

—¿Y cuáles son tus favoritas?—. Formuló otra pregunta—. Me refiero a las historias.

—Mmmh—. Pensó durante un momento—. Pues adoro cuando hay algún tipo de magia involucrada o los protagonistas salvan enormes grupos de personas, pero sin duda mis favoritas son cuando hay dragones.

—¡Eso es genial! A mí también me fascinan los dragones, pero me gustan más los grifos.

—Recién tome un libro de la biblioteca con un emblema de dos grifos.

—Oh eso es interesante—comentó Cailan—¿y de que trata?

—Pues apenas comencé con él, ni siquiera he empezado el primer capítulo, pero en él hablaba sobre personas llamadas "guardas grises" y unos monstruos llamados "engendros tenebrosos".

—¡Yo adoro esas historias!—. Exclamó emocionado—. Sobre todo cuando los guardas grises vuelan montados en grifos a combatir en contra de las tinieblas y hordas de engendros tenebrosos… ¿En serio no habías escuchado de ellos?

—No, ni un poco—. Respondió con sinceridad.

—Pues de lo que te pierdes, porque las historias de como acabaron con las cuatro Ruinas que han existido en Thedas, son más que geniales. ¡No hay nasa mejor que los guardas grises!

Elsa habría querido seguir conversando con el príncipe pero el cambio de tonada indico que ya debía cambiar su pareja.

—Oh que mal—. Comentó el niño mayor—. Me estaba divirtiendo mucho contigo, supongo que hablaremos en otra ocasión—. Dijo con una sonrisa sincera para después reverenciarse e ir a buscar a lady Anora Mc Tir.

Elsa estaba a punto de bailar con un noble de los que se encontraban alrededor, pero unas pequeñas manos se lo prohibieron y estas la jalaron a través de la multitud hasta llegar a una de las puertas que se encontraban en los extremos del gran salón.

—¿Pe…pero qué?—. Preguntó confusa al viento.

—¡Elsa!—. Su "captor" le dijo—. Ven conmigo Elsa, tenemos que hablar de algo muy, muy importante—. La rubia reconoció a su "secuestrador" como su hermanita, que por cierto tenía una enorme sonrisa en el rostro.

—¿Anna? ¿Qué crees que haces?—. Preguntó confundida, a lo que su hermana contesto con un:

—Ya verás—. Para después arrástrala por la puerta hasta llegar a los jardines del castillo.

—¿Anna que estamos haciendo aquí?

—¡Hans me pidió matrimonio!

—¿Q…que?—. Pregunto incrédula, no sabiendo si en verdad quería escuchar la respuesta o no.

—¡Que Hans me pidió que fuera su esposa!—. Chilló alegremente, dando saltitos por todo el lugar—. Bueno, en realidad fueron papá y el señor Rendon quienes hicieron el acuerdo, Hans solo me dio la noticia.

Elsa quedó pasmada, sin saber que hacer o decir ante la revelación de su hermana menor.

—¿No estás tan feliz como yo?—. Preguntó sin ver directamente a la platinada—. Si me caso con Hans entonces podré cumplir mi sueño de viajar por el mundo. ¡Él mismo me lo prometió! Además, mama dice que es mejor casarse con alguien que conoces y confías. El pastel será de chocolate, ¿crees que papa y mama quieran que la fiesta sea en la playa? ¡¿No es grandioso?!

No…—. Murmuró la mayor chirriando los dientes.

—¿Qué dijiste hermana?—. Preguntó tratando de escuchar a la rubia.

—Dije que no—. Habló esta vez más fuerte y decidida.

—¿Cómo que no ?—. Cuestionó sin entender a lo que se refería Elsa.

—Que no es grandioso, Anna. Es una terrible noticia, no puedo creer que hayas aceptado tal compromiso tan… tan… malo. No entiendo porque padre haría algo así.

—¡¿Por qué dices esas cosas tan horribles?!

—Porque no puedes casarte con él.

—¡¿Quién lo dice?!—. Gritó enfadada.

—Yo lo digo. Anna ese niño no es de fiar, entiéndelo.

—No es cierto—. Se defendió—. Él es un niño súper genial y divertido, ¡y es mi mejor amigo!

—¿Y cuantos amigos tienes?—. Preguntó retadoramente la mayor.

—Pues… ¡Ese no es el punto!

—Pero si solamente tienes cuatro años, Anna—. Dijo tratando de hacer entrar en razón a la pelirroja—. Eres muy pequeña.

—Ahora piensas que soy sola una niña ¿no? Estoy harta de que todos piensen eso, solo Hans me trata como si fuera adulta.

—Pero eso no está bien Anna.

—¡Solo estas celosa de él!

—¿QUE?—. Chilló indignada.

—¡Sí! Solo estas celosa de Hans. Como a ti nadie te quiere….

—¡No digas eso!—. Gritó furiosa la mayor de amabas.

—Ah se me olvidaba que ya tienes a tu príncipe.

—¡¿A qué te refieres?!

—Tú y el príncipe—. Le recriminó su hermanita—. Yo claramente vi cómo se la pasaron muy bien en el baile.

—¡Pero si lo acabo de conocer!—. Protestó Elsa.

—Solo son excusas, no sé porque te pones así. De cualquier forma, ahora serás la próxima reina de Ferelden y seguramente quieres que me quede sola mientras tu sí te casas—. Dijo señalándola con su dedo índice de manera acusatoria.

—¡Eso no es cierto!—. Intentó protestar la rubia.

—Claro que sí lo es—contrataco la más chica—, pero no lo vas a lograr y me casaré con Han…

—¡No digas su nombre!—. Dijo exaltada la pequeña rubia—. Por favor, no quiero hablar más de él, te lo ruego.

—¡Lo ves! ¡Lo estás haciendo de nuevo!—. Dijo nuevamente exaltada.

—¿Haciendo qué?

—Culpar a Hans de tu miseria—. Respondió, dándole la espalda, sin pensar en las consecuencias de sus palabras, mientras se volteaba y le daba a espalda a su hermana.

—¿Qu…que?—. Trató de procesar lo que su hermana había dicho; una sola palabra le retumbaba en la cabeza una y otra vez: "miseria"—. ¿Tu…tú crees que soy miserable?—. pregunto con lágrimas en los ojos, mientras comenzaba a hacer cada vez más frio en el jardín y además de las plantas y flores comenzaban a congelarse.

Anna quien había dejado de mirarla de mirarla y no noto el estado de su hermana mayor, respondió:

—¡Sí, sí lo eres!—. Anna estaba muy enfadada de que Elsa no admitiera su error, sobre todo cuando había sido ella quien le dijo que siempre debía afrontar la responsabilidad de sus actos—. Y quieres culpar a Hans que no te ha hecho nada. ¡Solo esta celosa de que él mucho mejor de lo que tu jamás serás!

—¡CALLATE!—. Rugió Elsa sacando una enorme explosión de hielo de su propio cuerpo, provocando que esta alcanzase a su hermana. Cuando vio que la menor caía inconsciente en el suelo, se apresuró a ir con ella.

—¡Anna! ¡Anna! ¡Anna!—. Gritaba desconsolada mientras un mar de lágrimas le escurría por todo el rostro—. ¡Mama! ¡Papa! ¡Vengan por favor! ¡Ayuda!

Dentro del castillo, ambos Teyrns comenzaban a preguntarse en donde se habían metido sus hijas debido a que no las veían por ninguna parte.

Les pidieron a los guardias que mantuvieran los ojos abiertos dentro del salón mientras ellos buscaban fuera de este. Además de que ordenaron a los sirvientes, que atendieran en todo lo posible a los invitados mientras ellos estuviesen ausentes.

Ambos padres salieron por la puerta trasera del salón, para poder comenzar con la búsqueda de sus hijas, cuando los gritos de la mayor provenientes del jardín los alarmaron y procedieron a acelerar el paso.

Cuando llegaron al lugar, ambos quedaron petrificados pues no esperaban ver a una de sus hijas inconsciente, mientras que la otra la abrazaba y sollozaba por ella.

Cuando Elsa noto la presencia de sus padres, rápidamente los llamó para que ayudaran a Anna.

—¡Mama! ¡Papa! ¡Vengan rápido!—. Les gritaba la platinada para que estos reaccionaran y fueran a socorrer a la pelirroja.

Luego de unos segundos, ambos reaccionaron y se acercaron rápidamente a donde se encontraban sus dos hijas.

—¡¿Qué fue lo que sucedió Elsa?!—. Preguntó Agdar Cousland con exaltación mientras se aproximaba a Anna y la cargaba en sus brazos.

—Fue mi culpa—. Respondió entre sollozos—. Si tan solo lo hubiera controlado mejor esto no habría pasado. Soy un monstruo. Es mi culpa yo….

—Cariño trata de tranquilizarte, ¿de acuerdo?—. Le dijo su madre tratando de consolarla—. Ahora dinos con calma que sucedió.

—Anna y yo discutimos—. Dijo tratando de hablar con claridad y recordar lo sucedido—. Ella me dijo que era… que…—. No pudo terminar ya que el llanto regresó y esta vez con más fuerza.

—Ya querida, ya pasó—. Decía su madre acariciándole el cabello y abrazándola para poder tranquilizarla.

—Y… y luego yo me enojé y saqué…—. Dudó por un momento sus palabras—. Hice magia y golpeó a Ann-

—¡¿Qué?!—. Exigió el hombre completamente enfadado—. No hay tiempo para explicaciones, tenemos que llevar a Anna con un médico o curandero lo más pronto posible—. Dijo mientras se levantaba y se dirigía a los aposentos del mago del castillo. Su esposa e hija lo siguieron, tratando de mantener el paso del Teyrn.

Cuando finalmente llegaron a la habitación del mago, llamaron a la puerta decenas de veces, pero este no salía.

—Puede que esté en la biblioteca—. Sugirió con temor la pequeña Elsa.

—Más te vale, Elsa—. Gruñó su padre con un tono atemorizante que nunca antes había escuchado, provocando que un escalofrió le recorriese todo en cuerpo por lo que se apegó más a su madre, quien la abrazo con mucha más fuerza.

Por fin llegaron a la biblioteca, donde afortunadamente el mago se encontraba leyendo un libro antiguo.

—¡Grand Pabbie! ¡Grand Pabbie!-—. Llegó el padre de las niñas gritando—. ¡Por favor revise a Anna!

—¿Qué le ocurre a la pequeña?—. Preguntó el viejo mago, levantándose de donde estaba hasta acercarse a la pelirroja.

—¡Algo de magia la golpeó y ahora está demasiado fría!—. Respondió preocupado.

El mago reviso a la pequeña y encontró el lugar donde había sido herida: la cabeza. Pues tenía un gran mechón blanco en su cabello rojizo que nadie había visto hasta ese momento.

—No será un gran problema—. Dijo el mago solemnemente—. Por suerte solo golpeó su cabeza y no el corazón…—. Después prosiguió a curar con su propia magia a la niña—. Por cierto creo que lo mejor es bórrale este mal recuerdo para que no tenga traumas en el futuro.

—Haga lo que sea mejor—. Respondió el Teyrn de Pináculo—. Pero también quiero que le borre la memoria de algo más.

—¿Y que sería eso?

—Quiero que borre todos los recuerdos de su hermana…

—¡¿Qué?!—. Exclamaron madre e hija que se encontraban detrás, esperando a que Anna se recuperase. El hombre simplemente las ignoro y le ordeno al mago que lo hiciera.

—¿Esta seguro?—. Preguntó dudoso por última vez el mago—. Podría ser algo irreversible e incluso tener efectos secundarios…

—¡Si, hágalo!—. Contestó firmemente, mientras recostaba a Anna sobre un pequeño sofá.

—De acuerdo—. Murmuró con pesadez, entonces procedió a borrar todos los recuerdos de la pequeña Anna sobre su hermana mayor. Aunque las dos Cousland que estaban presentes trataron de impedirlo, el hombre se los prohibió, sujetando a ambas hasta que el mago terminara su tarea.

—Ya está—. Dijo el anciano—. Ahora no recuerda nada sobre Elsa.

—¡Por qué lo hiciste!—. chilló la niña platinada.

—No puedo creer que hayas hecho algo así Agdar…

—¡Silencio!—. Sentenció lord Cousland—. A partir de este momento Elsa… ya no es parte de esta familia.

—¡No, por favor padre!

—¡No me llames así!—. Replicó tomándola de la muñeca para después arrástrala por todo el castillo, seguido por su esposa quien intentaba detenerlo.

Los gritos resonaban por todos los rincones del castillo de Pináculo, con excepción al gran salón, donde la música y festejos opacaban los ecos de gritos y sollozos provenientes de afuera.

El hombre llevó a su ahora desconocida hija hasta la parte trasera del castillo, donde se encontraban tres caballeros con armaduras extrañas esperando algo o alguien.

—Escuchen templarios—. Habló fríamente el Teyrn a los tres hombres que se encontraban junto a sus caballos—. Llévense a esta criatura, no me importa a donde, solo la quiero fuera de mi castillo y mis tierras—. Dijo mientras entregaba a la niña a uno de ellos, lo que provocó que el llanto de la pequeña aumentara debido al miedo que sentía.

—¡No lo hagas Agdar!—. Suplicó Idun mientras intentaba recuperar a su hija, pero fue detenida por uno de los tres hombres—. No se acerque, mi lady. Esta niña ha presentado signos de talento mágico, por lo que es responsabilidad de la Capilla ahora. Nosotros, los templarios, nos encargaremos de llevarla a un lugar donde pueda aprender a dominar su magia para no lastimar a más personas.

—¡No les creo! Seguramente Agdar les dio órdenes de ejecutarla ¡No lo permitiré!

—No es así mi lady—. Dijo el tercer caballero—. Solo la ejecutaremos en caso de que descubramos que se haya convertido en una abominación. Pero si le sirve de consuelo, no siento ninguna presencia maligna dentro de esta niña-

—¡Pero no puedo dejar que se la lleven!—. Rogó poniéndose de rodillas como última esperanza—. ¡Por favor se los suplico no se la lleven!

—Idun levántate—. Le ordenó su marido—. Esa no es la actitud de una noble y menos de la Dama de Pináculo.

—Lo siento, señora Cousland pero tenemos que hacer lo correcto—. Dijo el templario que sostenía a Elsa mientras la subía a su caballo.

—¡No dejes que me lleven mama!—. Gritaba la desconsolada la rubia—. ¡Por favor mami! ¡Ayúdame!

La mujer intentó nuevamente llegar hasta su hija, pero los brazos de su esposo la retuvieron, mientras todos los templarios procedían a subir a sus monturas para después desaparecer por la puerta trasera del castillo.

Los gritos de las dos Cousland fueron apagándose mientras la noche parecía consumirlos. Idun vio a su pequeña alejarse cada vez más en la oscuridad del bosque. Mientras que la platinada intentaba zafarse de sus captores sin éxito, incluso trató de usar magia para escapar, pero algo parecía estarla bloqueando.

Elsa despareció a la mitad de la noche, adentrándose en el frío bosque en contra de su voluntad. La voz de su madre que la mantenía calmada era cada vez más distante; hasta que se perdió entre los ecos de los árboles. Entonces entendió que jamás volvería a ver ni a su madre ni a Anna…


Nota de autor

Me sería muy útil que dejasen saber su opinión y si no me conformo con un follow.

¡Hasta la próxima! :D