Nota de autor
Hola de nuevo, agradezco los comentarios, los follows y los favoritos. Espero que les guste el nuevo capítulo.
Los personajes de Frozen no me pertenecen sino a Disney. El mundo de Dragon Age y sus personajes son propiedad de Bioware. Más notas al final del capítulo.
Capítulo 5—Angustia
En un acantilado que domina las oscuras aguas del lago Calenhad se alza la torre que sirve como sede al Círculo de los Hechiceros. Esta torre es el único lugar de Ferelden donde los magos pueden estudiar sus artes con otros de su clase. Tras esos elevados muros de piedra, el Círculo practica su magia e instruye a sus aprendices en el correcto uso de sus poderes. Se les proporciona refugio, comida, protección y conocimiento por el resto de su vida.
Pero la torre es a la vez prisión y refugio; los siempre vigilantes templarios de la Capilla velan por todos los magos, en constante alerta al mínimo indicio de corrupción.
Es en esta jaula de oro donde la legítima heredera al teyrnir de Pináculo reside y habita; fue separada de su familia desde una edad muy temprana, para ingresar como aprendiz. Desde entonces, la mayor parte de personas en Ferelden se han olvidado de ella.
Elsa Arendelle, antes Cousland, camina por las largas escaleras de caracol que llevan hasta su destino… pues su aprendizaje casi estaba concluido y no queda más que la prueba final: la Angustia.
Vestida con la típica vestimenta de los aprendices: una túnica de color azul marino con algunos bordados de color negro, blanco y rojo oscuro; esta extraña túnica no solo era por mero capricho pues potenciaba la magia del usuario ¿Cómo? Ni Elsa misma se lo explicaba, probablemente haya sido encantada dedujo la rubia. Complementado con un par de botas de cuero sin nada en especial más que su color celeste.
La rubia, escoltada por dos templarios, finalmente llegó hasta la habitación donde se volvería una maga oficial. Al llegar visualizó a tres templarios más, además de que se encontraban el Caballero Comandante y el Primer Encantador.
—"La magia existe para servir al hombre, nunca para dominarlo"—. Citó el Caballero Comandante mientras avanzaba hacia la chica—. Así habló la profetisa Andraste cuando batió al imperio de Tevinter, gobernado por magos que habían llevado el mundo al borde del desastre—. El caballero giró para encarar a la aprendiz—. Vuestra magia es un don, pero también una maldición, porque ustedes atraen a los demonios del reino de los sueños: el Velo.
—Es por ello que existe la Angustia—. Explicó el Primer Encantador—. El ritual que os enviará al Velo y ahí os enfrentaréis a un demonio, armada solo con vuestra voluntad.
—¿Hay alguna otra opción?—. Preguntó la platinada intentando controlar su nerviosismo.
—Esta la Tranquilidad…—. Sugirió Greagoir.
—¿Es una opción perder toda tu magia?—. Cuestionó el mago—. No, tengo fe en que lo conseguirás.
—Has de saber que, si fallas, los templarios haremos lo que debamos hacer. Morirás—. Indicó el líder caballero—. Esto es Lirio: pura esencia de magia y el modo de acceder al Velo.
Greagoir señaló un grupo de estalactitas que brillaban en un tenue azul cielo.
—Todo mago debe superar esta prueba de fuego—. Le comentó Irving—. Tal como hicimos nosotros, lo lograras. No pierdas la cabeza, recuerda que el Velo es un reino onírico. Así que está dominado por espíritus, tu propia voluntad es real—. Aconsejó.
—Los aprendices deben superar la prueba por sus propios medios—. Interrumpió el templario—. Preparada—. Le dijo señalando nuevamente el Lirio.
Elsa camino hasta el extraño objeto de color celeste, cuando llego a este, prosiguió a tocarlo y cuando lo hizo su mano comenzó a brillar en tono azul el cual dio un enorme destello, dejándola inconsciente…
El Velo
Cuando recuperó el conocimiento se dio cuenta de que ya no se encontraba en la Torre, sino que ahora estaba en un mundo completamente extraño. Se levantó y, al ver mejor el paisaje, quedó sorprendida, mas no maravillada.
El piso era una especie de tierra bastante dura y en algunas partes había pedazos que parecían estar hechos de cimentación. El cielo era de color verde con tonalidades grisáceas. No podía distinguir el panorama más allá de los veinte pasos, debido a la densa capa de neblina. Había algo que parecían ser árboles, pero estaban completamente secos, además por todo el lugar sobresalían picos que parecían estar hechos de hueso, pero de un color negro.
Estaba muy dejos del lugar que Elsa imaginó en sus sueños.
La desolación del lugar le daba escalofríos, lo más aterrador era el silencio.
Caminó un poco hasta llegar a una estatua bastante inquietante ya que parecía tener la forma de un soldado, pero sus brazos eran un par de largos tentáculos y en su cabeza tenía dos enormes cuernos.
Se alejó de la estatua hasta llegar un jarrón que se parecía tener algo dentro, al acercarse se encontró con tres cataplasmas de curación, conocidas como una especie de cura para cualquier herida. Era una pomada, la cual al untarse sobre el cuerpo sanaba todas las heridas que tuviese. Agarró todas sin pensarlo dos veces.
Caminando un poco más se encontró con un desnivel, camino por ahí y después vio a lo lejos una pequeña luz resplandeciente. Cuando se acercó, la extraña luz comenzó a atacarla con pequeños rayos de electricidad. Había leído acerca de estas cosas, llamada volutas espectrales, las cuales eran demonios que han perdido su poder, por lo que con un rápido movimiento de sus manos lanzó un hechizo, congelándola en el lugar.
La platinada decidió que era mejor apresurar el paso así que comenzó a correr. En su camino por el oscuro sendero se encontró con más volutas, aunque no era algo realmente peligroso, podían llegar a ser molestas.
Continuó el recorrido hasta que se encontró con una criatura peculiar, era un ratón y aparentemente le estaba hablando.
—Otro más que han tirado a los lobos—. Escupió el animal con cierto desprecio—. Inocente y desprevenido, como siempre. No está bien que los templarios hagan esto. Ni a ti, ni a mí, ni a nadie.
—¿Eres un ratón… y hablas?—. Preguntó sumamente confundida, a lo que el ratón soltó una risa sarcástica.
—¿Crees que de verdad estas aquí? ¿En ese cuerpo? ¡Tienes ese aspecto porque crees que lo tienes!—. Luego de un momento se calmó y suspiró—. Siempre es igual. Pero no es culpa tuya. Estas en el mismo barco en el que yo estuve, ¿verdad?
En ese momento, el roedor irradió un brillo cegador, mientras toma forma humana, era un hombre un poco mayor que Elsa con el cabello de color café claro.
—Permíteme darte la bienvenida al Velo. Puedes llamarme…—. Pensó durante un instante, curvando su boca—. Bueno, Ratón.
—¿Puedes cambiar de forma?—. Preguntó más interesada en la habilidad que en saber quién era, alimentada por su hambre de conocimiento.
—Como ya he dicho, en este lugar eres lo que percibes ser. Creo que yo antes era como tu… Los templarios te matan si tardas demasiado, ya ves. Suponen que has fracasado y no quieren que salga… algo—. Se estremeció mientras hablaba—. Creo que es lo que me hicieron. No tengo cuerpo que reclamar. Y tú no tienes tiempo, si no quieres acabar igual.
—¿Sabes dónde se encuentra el demonio que debo enfrentar?—. Cuestionó consiente de los peligros que corría de no superar su Angustia.
Ratón asintió. —Aquí hay algo contenido para un aprendiz como tú. Debes enfrentarte al demonio, y resistir… si puedes. Esa es tu salida. O la de tu rival, si los templarios no te matan… Una prueba para ti y un juego para las criaturas del Velo.
—¿Me dirás o tengo que buscarlo yo misma?—. Gruñó Elsa cansada de las vagancias de Ratón.
—Oh, no seas tan desesperada, amiga. Tu demonio no va a irse a ninguna parte. Además, hay otros espíritus aquí. Te dirán más cosas y quizás te ayuden. Si es que puedes creer lo que vas a ver. Yo te seguiré, si te parece bien. Mi oportunidad pasó hace mucho tiempo… pero tu puede que consigas salir—. El hombre regresó a su forma de ratón sin decirle dónde se encontraba el demonio.
"Genial, tendré que hacerlo yo misma"
Elsa decidió que era mejor guardar silencio y proseguir su camino. Por fin salió del estrecho corredor y llegó hasta un lugar más abierto, aunque había fuego por todas partes.
—Aquí es donde se realizará la prueba—. Advirtió Ratón con voz chillona—. Creo que el demonio este cerca.
Al no encontrar al demonio y dado que su tiempo se estaba agotando, la joven decidió buscarlo por las cercanías así que siguió caminando. Se encontró con más volutas las cuales no fueron mayor problema para la aprendiz, congelando a la mayoría con un ataque que le gustaba llamar "cono de frío", el cual consistía en sacar una gran cantidad de viento helado por sus manos y este congelaba a quien tuviese en frente. Siguió caminado hasta que visualizó un espíritu con forma de caballero por lo que se acercó cuidadosamente.
—Otro mortal arrojado a las llamas para que arda, ya veo—. Comentó con voz fantasmal—. Vuestros magos han ideado una cobarde prueba. Sería mejor que os enfrentarais entre vosotros para demostrar vuestro temple con habilidad.
—¿Quién eres?—. Preguntó la rubia al ver que el "fantasma" no era hostil.
—Soy Valor, un espíritu guerrero. Pulo mis armas en busca de la perfecta expresión del combate.
—Necesito tu ayuda, Por favor—. Pidió amablemente la mujer, siempre recordando su cortesía.
—Por supuesto—. Aceptó el espíritu—. No eres el primer mortal que busca mi ayuda. No obstante, no estoy aquí para ayudarte. Mi propósito es buscar la perfección y crear el arma definitiva para la búsqueda del valor.
—¿Afectaría alguna de estas armas al demonio?
—Sin duda—. Reconoció con orgullo—. En este reino, todo lo que existe es expresión de un pensamiento. Un arma es una clara necesidad en un combate y mi voluntad convierte esa necesidad en realidad ¿De verdad deseas mis armas? Te daré una… si aceptas batirte antes en duelo conmigo. Valor pondrá a prueba tu temple como es debido.
—Acepto el desafío, Valor—. Afirmó Elsa mientras retrocedía un poco y alzaba sus manos en posición defensiva con las palmas extendidas.
—Como desees, mortal. Lucharemos hasta que quede convencido de que eres lo bastante fuerte como para vencer a tu demonio. Sino logras convencerme, te mataré. ¡Lucha con valor!—. Gritó mientras sacaba su espada y escudo.
Elsa lanzó un hechizo de congelamiento, inmovilizando al espíritu, para después lanzarle una habilidad arcana la cual consistía en un pequeño rayo de color morado, este dio de lleno en el pecho del espíritu y, aunque no mostraba ningún signo de dolor, la chica pudo deducir que sí le había causado daño.
El guerreo logró zafarse del hielo que lo cubría, rompiéndolo con su voluntad para después lanzar un ataque con su espada a la chica, él casi la golpea de no ser porque ella se movió a tiempo, aventándose en contra del piso, rodó hacia un lado y se levantó.
La joven lanzó un conjuro espiritual el cual desoriento a su oponente, para después lanzarle nuevamente el hechizo arcano.
—Basta—. Enunció Valor—. Tu fuerza es suficiente para la tarea que te aguarda. El bastón es tuyo—. Informó mientras le extendía un extraño bastón de madera, con una forma circular en el extremo del palo.
—Gracias—. Agradeció Elsa mientras se retiraba del lugar, jadeando para recuperar el aliento.
—Te deseo suerte en tu tarea, mortal.
La chica y el ratón continuaron su caminata hasta que visualizaron una especie de oso con picos sobresalientes de su lomo además de que parecía estar hecho de piedra volcánica y tejido muscular, con un olor putrefacto.
—Mhmmm—. Suspiró el tétrico animal—. ¿Así que tú eres el mortal a quien están dando caza? Y el pequeño… ¿es un aperitivo para mí?
—Esto no me gusta—. Murmuró Ratón mientras cambiaba de vuelta a su forma humana—. No va a ayudarnos. Deberíamos irnos…
—No importa—. Interrumpe el oso—. El demonio acabara atrapándote y a lo mejor incluso deja alguna sobra-comento mientras se levantaba ligeramente.
—¿Qué clase de espíritu eres?—. Elsa adoptó una postura defensiva, vigilando cada movimiento de la criatura.
—Es un demonio-le habló Ratón—. Quizás hasta es más poderoso que el que te persigue.
—¡Márchate!—. Exigió el demonio—. Seguro que tienes cosas mejores que hacer que molestar a Pereza, mortal. Ya me estas cansando…—. El oso se recostó nuevamente.
—¿Por qué te llamas Pereza, que eres?—. Preguntó con intriga, pero sin soltar las manos de su bastón.
—Soy un espíritu de la Pereza—. Respondió simplemente—. Una criatura del Velo… A diferencia de ti. Los mortales no están más que de visita por aquí. Yo mismo podría sentirme tentado por un mortal como tú. Sería interesante ver el mundo mortal a través de tus ojos, habitar tu forma… pero no me siento con ganas de semejante lucha. Ahora deja de fastidiar.
—Necesito tu ayuda para vencer a mi demonio.
-Ya tienes un buen bastón—. Bostezó mirándola con pequeños ojos rojos—. ¿Para qué me necesitas?
—Parece poderoso—. Dijo Ratón—. Quizás podría enseñarte a ser como él.
—¿Cómo yo? ¿Quieres que enseñe al mortal a asumir esta forma? ¿Por qué? La mayoría de los mortales están demasiado apegados a su forma para aprender a cambiar. Tú por otro lado, pequeñajo, podrías se mejor estudiante, Dejaste tu forma humana hace años.
—Yo… no creo que fuera un buen oso—. Dijo con poca confianza en sí mismo.
—Podrías ayudarme a enfrentar al demonio—. Sugirió dándole ánimos la rubia—. Dijiste que tu tiempo ya pasó, pero puedes darme una mano.
—Cierto—. Apoyó Pereza—. En esta forma soy muy poderoso… cuando así lo deseo.
—Bien….—. Aceptó Ratón— Intentaré ser un oso. Si me enseñas.
—Eso está muy bien, pero enseñar resulta muyagotador—. Se quejó el demonio—. Déjenme paz.
—Mmm—. Suspiró el hombre—. Ya sabía que no iba a ayudarnos.
—Ratón quiere aprender—. Declaró la joven al demonio—. Enséñale.
—No estaís en condiciones de hacer amenazas—. Gruñó atemorizantes, Elsa pasó saliva—. ¿Deseas aprende mi forma, pequeñajo?—. Preguntó intimidante—. Entonces tengo un desafío para tu amiga: responde correctamente a tres acertijos y le enseñaré. Si fallas, os devoraré a ambos. La decisión es tuya.
La platinada pensó durante un momento, siendo francos era bastante buena para los acertijos y en caso de fallar tendría que enfrentar al demonio y confiaba en sus habilidades.
—Acepto tu desafío, Pereza.
—¿De veras? Esto se pone prometedor. Mi primer acertijo es el siguiente: tengo costas sin arena, mares sin corriente, montes sin tierra y ciudades sin gente. ¿Qué soy?
—Un mapa—. Respondió la chica con confianza.
—Mmph Correcto. Prosigamos. Segundo acertijo: rara vez me tocan, pero me contiene a menudo. Si me usas con ingenio, serás agudo. ¿Qué soy?
Esta vez Elsa tardó un poco más en responder, después de unos segundos se atrevió a preguntar:
—¿Mi lengua?—. Dudó en su respuesta.
—Sí, tu afilada lengua. Muy bien—. Felicitó el demonio. Un último intento, ¿de acuerdo? A menudo invento historias, aunque sin cobrar. Amenizo veladas completas, que no podrás recordar ¿Qué soy?
La rubia pensó un momento sus opciones: podría ser un mentiroso ya que dice que inventa historias, podría ser un sueño. Finalmente respondió:
-Creo que es… ¿un sueño?
—Mmmm—. Murmuró pesadamente Pereza—. Correcto. Muy a propósito aquí en el Velo, ¿no? Pero has ganado mi desafío y has demostrado ser una divertida distracción. Así pues, te enseñare mi forma. Presta mucha atención….—. Dijo mientras se levantaba e irradiaba una enorme luz oscura.
Cuando el lugar fue visible, Ratón finalmente se había convertido en un oso negro.
—¿Así? ¿Tan fácil? ¿Soy un oso?—. Preguntó un poco incrédulo—. Me siento… pesado.
—Mmm. Suficiente. Adelante, vayan y derroten a su demonio… o lo que sea que pretendan hacer. Su presencia mortal ya me harta—. Bufó con desprecio mientras volvía a recostarse para volver a dormir.
Elsa y Ratón regresaron hasta el lugar donde sería el enfrentamiento contra el demonio.
Cuando finalmente regresaron al lugar del enfrentamiento, el oso volvió a tomar la forma humana que había estado utilizando.
—Nunca me había sentido de esta forma. Es… extraño.
—Pero te sientes bien, ¿no?—. Preguntó la rubia un poco preocupada.
—Sí desde luego, nunca me había sentido mejor de hecho….—. No pudo seguir hablando porque una risa macabra los alertó.
—Jajaajaja Por fin ha llegado—. Graznó una criatura completamente envuelto en llamas y con una forma bizarra—. Pronto veré las tierras de los vivos a través de tus ojos, criatura. Serás mía, en cuerpo y alma.
—Aunque pierda los templarios acabaran contigo—. Elsa puso su basto en una posición defensiva.
—¡Pueden intentarlo!—. Rugió con arrogancia—. ¿Esta criatura es tu ofrenda, Ratón? ¿Otro juguete, tal como acordamos?—. Le dijo al hombre, mientras este se cubría la cara con las manos, señal de vergüenza.
—¡No pienso ofrecerte nada! ¡No tengo por qué seguir ayudándote!
—Vaya. ¿Después de todos aquellos maravillosos almuerzos que hemos compartido? Y ahora, de repente, el ratón ha cambiado las reglas…
—¡Ya no soy un ratón!—. Replicó—. ¡Y pronto no tendré que esconderme! ¡No tengo por qué hacer negocios contigo!
—Ya veremos…—Murmuró el demonio mientras le lanzaba un golpe con sus grandes garras, el mago se convirtió nuevamente en oso y logró resistir el ataque mientras daba un rugido de dolor.
Elsa rápidamente tomo su bastón y lo apuntó en contra del demonio lanzando un rayo eléctrico, el cual golpeó al monstruo en la cabeza, esta se ladeó hacia la derecha provocando que su cuerpo se moviese con ella.
El demonio le arrojó una bola de fuego, la chica se cubrió con un muro de hielo el cual, a pesar del gran calor, no se derritió ni destruyó. El oso acertó un zarpazo al demonio causando que cayese al piso mientras daba un murmullo de dolor.
El oso quiso abalanzarse en contra de la criatura, pero un grupo de volutas lo atacó por la espalda, lanzándole varios rayos de luz entonces el animal se dirigió a atacar a las molestas cosas flotantes.
La joven platinada lanzó su ataque cono de frío, esta vez con el bastón haciendo que la ventisca fuese más potente. El hielo logró congelar parte del demonio pero este hizo que todas las llamas de su cuerpo creciesen, provocando que el hielo se derritiera.
El demonio se levantó y le dio un golpe a Elsa en el abdomen con sus garras, haciendo que la chica se retorciera de dolor mientras caía de sentón al suelo y soltaba el bastón. El monstruo se abalanzó contra la joven, pero ella se cubrió el rostro con sus manos haciendo que el demonio no lograra atacarla directamente; con sus manos agarró las garras de la criatura y comenzó a abrir sus emociones, dirigiendo su odio y temor al demonio. Mientras más pensaba en hacerle daño al demonio, más se congelaban los brazos de este.
El demonio retrocedió en señal de dolor mientras intentaba descongelar sus extremidades ya que el hielo se extendía por todo su cuerpo, mientras se retorcía por todo el lugar intentando que el fuego acabase con el hielo, al hacer esto bajó su guardia.
La rubia quien se levantó y apuntó sus manos en dirección al demonio, con un rápido movimiento una lanza helada viajó rápidamente hasta atravesarlo de lado a lado.
El demonio rugió de dolor cayendo al suelo. La lanza se rompió al tocar el piso, pero el demonio ya estaba muerto, poco después un gran fuego cubrió al demonio y cuando desapareció, su cuerpo ya no estaba.
Elsa jadeó, inclinándose ligeramente, recuperando el aliento mientras tomaba su bastón con su mano derecha.
—Lo has conseguido. Sin duda lo has conseguido—. Felicitó Ratón quien ya había acabado con las molestas volutas, cambiando nuevamente a la forma humana con una gran sonrisa de satisfacción en el rostro—. Cuando viniste, esperaba que quizás pudieras… Pero la verdad es que nunca pensé que alguno de ustedes fuese digno.
—¿Cómo se llamaban aquellos a los que traicionaste antes que a mí?—. Cuestionó a la defensiva y un poco agresiva la platinada.
—¿Qué?—. Se encogió de hombros— No eran tan prometedores como tú. Fue hace mucho tiempo—. La manera en que lo dijo hizo que a Elsa se le erizaran los vellos—. No… recuerdo sus nombres—. Farfulló con indiferencia—. Ni siquiera recuerdo el mío. Es el Velo y los templarios matándome, como intentaron hacer contigo.
—¿Qué crees que puedes obtener de mí?—. Elsa retrocedió con desconfianza.
—Has derrotado a un demonio, has completado tu prueba. Con el tiempo, serás una hechicera sin par. Y quizás en ello haya una esperanza para alguien tan pequeño y olvidado como yo. Si quieres ayudar. Puede que exista una forma de que salga de aquí, de llegar afuera. Vería el mundo con tus ojos, seríamos uno. Solo necesitas querer dejarme entrar…
Ya está, lo descubrió esa era la verdadera prueba, la chica decidió actuar con cautela.
—Tal vez podría encontrar ayuda de algunos magos fuera del Velo…
—¡No! No hay tiempo—. Exclamó con agresividad—. ¡¿NO sientes la espada en tu garganta?! Creen que toda la magia es malvada, que el Velo es malvado. Cuando estás aquí, te conviertes en aquello a lo que le temen.
—Como tú. ¿De verdad fuiste alguna vez un aprendiz?—. Le espetó frunciendo el ceño.
—¿Qué? ¡Sí! ¡Por supuesto! Bueno, creo que lo fuí ¿No basta con eso? ¡Debería bastarte!—. Su mirada se oscureció—. Bueno quizás tengan razón sobre ti—. Esta vez su voz fue demoníaca—. La simple matanza es cosa de guerreros. Los auténticos peligros del Velo son los prejuicios, los deseos, la pereza, el exceso de confianza… el orgullo—. Murmuró oscuramente para después cambiar de forma, esta vez creció el doble de alto y se veía igual que el demonio anterior pero más poderoso y temible.
-No te confíes, maga. Las pruebas auténticas no terminan nunca—. Gruñó aterradoramente, desapareciendo en una explosión de fuego.
Elsa comenzó a sentir el aire muy pesado mientras se mareaba, se tambaleó por un momento para caer inconsciente unos segundos después.
Anna caminaba por los pasillos del castillo preguntándose la razón de por qué su padre la quería ver en ese preciso momento. ¡Rayos! Había arruinado el momento clímax de su combate, pudo haber acabado con la vida del hombre de una manera tan genial… Pero, en fin, no se pudo y lo preferible era dejarlo ir, después de todo tendría que ejecutarlo más tarde.
También se preguntaba la razón por la cual casi todos los soldados de Pináculo estaban siendo reunidos desde hacía tres días. Pues todos los hombres del ejército de su padre habían llegado al castillo, como si se estuviesen preparando para algo, como si fuese a haber una guerra…
Aunque no estaba segura, lo más probable es que fuesen simples entrenamientos o incluso simulacros para alguna situación futura. Nada que mereciese su atención. No obstante, la idea de una guerra venidera le subió la emoción un poco.
Finalmente llegó al estudio de su padre y al no encontrarlo allí comenzó a frustrarse, debió poner más atención a lo que dijo el criado… ¡Cierto! Era en el gran salón, ¿cómo pudo olvidarlo?
Era uno de sus defectos más grandes, olvidar las cosas. Y lo peor es que no era una o dos veces por día, sino que eran demasiadas, por eso muchos la denominaban como distraída y era un poco cierto por lo que no le afectaba mucho. Tampoco era como si le importara mucho los chismes de la corte.
Finalmente llegó al gran salón donde ya se encontraba su padre acompañado del Arl Rendon Howe; además de algunos guardias en los laterales y detrás de ambos.
—¿Entonces puedo contar con tus tropas aquí esta noche?—. Peguntó el Teyrn de Pináculo a su mejor amigo, el Arl.
—Confió en que empiecen a llegar esta noche, para que podamos partir mañana. Te pido mis disculpas por la tardanza, mi señor—. Se disculpó el Arl bajando la cabeza—. La culpa es toda mía.
—No tienes por qué preocuparte Rendon—. Sonrió Agdar—. Enviaré a mi sobrino con mis tropas. ¡Tú y yo cabalgaremos juntos como antaño, amigo mío!
Su sobrino, Fergus o más bien sobrino de su esposa, ya que la hermana de Idun, Alftanna, llevó al chico diez años atrás como pupilo de lord Cousland, para aprender a cómo gobernar correctamente pues Fergus era el heredero al bannorn Mar del Despertar.
—Cierto. Aunque los dos teníamos menos canas en la cabeza—. Bromeó el hombre de Amaranthine— Y luchábamos contra los orlesianos, no contra… esos monstruos.
—Al menos el olor será el mismo—. Comentó el Teyrn con una sonrisa.
En ese momento Anna entró por una de las puertas laterales del salón.
—Perdona hija mía, no te había visto. Howe ¿te acuerdas de mi hija?—. Preguntó a pesar de que se habían visto apenas hace medio año
—Veo que se ha convertido en una bella jovencita. Encantado de volver a verte, querida.
—¿Esta tu familia aquí, Arl Howe?—. Cuestionó la pelirroja al ya haberse acercado lo suficiente a los dos hombres.
—No, los he dejado en Amaranthine, lejos de la guerra. Te envían saludos. En especial mi hijo Hans, está ansioso por vuestro compromiso. Tal vez puedas visitarnos pronto.
—Por supuesto, me encantaría—. Dijo Anna con una gran sonrisa en el rostro, aunque una palabra captó su atención: guerra.
—¡Bien! Mi hijo está fascinado por la boda, incluso ya ha decidido la mayoría de los preparativos para que sea la mejor de la historia—. Comentó el Howe con cierto titubeo en la voz, cosa que ningún presente notó.
—En cualquier caso, hija mía, te he hecho llamar por una razón. Mientras tu primo y yo estamos lejos, voy a dejar el castillo a tu cargo.
—¿Cómo? ¿Por qué no puedo acompañar a Fergus y a ti?—. Preguntó un poco molesta, aun sin saber a dónde se irían.
—A dónde vamos, es un lugar aterrador, es mejor que te quedes a cargo con tu madre. Estoy seguro de que estas sobradamente capacitada para ello, pero no quiero tener una pelea con tu madre por tu causa. Me matara si dejo que vayas. Esta fuera de si desde que supo que Fergus me acompañaría… Sabes que tu tía se lo dejó a cargo.
—¡No es justo!—. Reclamó la joven alzando la voz—. ¡Yo también quiero ir!
—Pronto tendrás la ocasión de viajar—. Dijo para intentar tranquilizarla—. Además tu boda se acerca, hija mía. Y no se trata de ninguna menudencia; lo que te pido supone una gran responsabilidad.
—¡Pero ni siquiera me has dicho a donde van!
—Ya te dije que es mejor que no lo sepas….
—¡No me importa!
—Te pido que no me levantes la voz—. Gruñó fríamente.
Anna solo frunció el ceño, pero sin disculparse.
—No es justo siempre me tratas como una niña—. Chilló mientras unas pequeñas lagrimas comenzaban a hacerse presentes en sus ojos.
—Está bien te contaré, pero no quiero que hagas tus dramas—. Suspiró cediendo para evitar pasar vergüenza enfrente de su amigo y futuro consuegro—. En el sur se están congregado un gran grupo de engendros tenebrosos y el rey ha solicitado que todas nuestras fuerzas sean enviadas inmediatamente a Ostagar, donde todo el ejército real está reunido además de un pequeño puñado de guardas grises.
Anna escuchó historias sobre los engendros tenebrosos cuando era niña, pues su niñera solía contárselas en las noches. A Anna le gustaban las historias de terror, aunque solía preferir los cuentos de hadas. Como fuera, ella siempre creyó que los engendros tenebrosos eran una simple leyenda y que, si en verdad existieron, nunca más volverían a aparecer. Un escalofrío recorrió su espalda al imaginar aquellas criaturas que solían invadir sus pesadillas cuando niña.
Aún así, la idea de salir de Pináculo y enfrascarse en la guerra era terriblemente atractiva, disipando todos sus miedos.
—Yo quiero ir, mis habilidades en combate son mejores que las de todo tu ejército junto, y lo sabes—. Expresó desafiante la joven.
—Ya te he dicho que no, y esa es mi última palabra sobre el tema, no insistas o todas tus clases de combate y equitación quedaran suspendidas.
Anna no respondió y se limitó a refunfuñar entre dientes y maldiciendo en su cabeza.
—Hija mía, mientras estoy fuera, ¿puedes encargarte de los problemas en el teyrnir?—. Le preguntó su progenitor más relajado.
—No pongas a prueba mis habilidades—. Rezongó, nuevamente desafiante y grosera.
—Y tú no pongas a prueba mi paciencia—. Frunció el ceño exasperado—. Entretanto, quiero que busques a Fergus y le digas que parta hacia Ostagar con las tropas.
—¿Estas tratando de librarte de mí?
—Tenemos que discutir los planes de batalla. Sé buena chica y haz lo que digo, luego hablaremos.
La pelirroja no tuvo más remedio que hacer lo que le ordenaron y prefirió guardar todas sus maldiciones y malas palabras para sí misma. Caminó fuera del salón, en dirección a ninguna parte en especial, solo en buscar a su primo, aunque lo más probable es que se distrajese en el camino.
Nota de autor
En verdad espero que les guste la historia ya que casi se viene lo bueno, prácticamente el siguiente capítulo será el final de lo que podría llamar "primer acto" o el inicio para poder comenzar con la verdadera aventura.
