Nota de autor

Este capitulo se centre únicamente en Elsa.

Agradezco infinitamente sus comentarios, favoritos y follows.


Capítulo 7—Filacteria sangrienta

Cuando sus ojos finalmente se abrieron, escuchó una voz a lo lejos, al no reconocerla atacó.

—Muere demonio!—. Gritó mientras se incorporaba, lista para lanzar cualquier hechizo.

—¡Soy yo, Jowan! ¡Cálmate! Solo… intenta relajarte—. El castaño le acercó un vaso con agua, cosa que la rubia inmediatamente tomo—. Me alegra que estés bien. Te han traído esta mañana. Ni me había dado cuenta de que llevabas fuera toda la noche. He oído de aprendices que nunca vuelven de la Angustia. ¿Realmente es tan peligrosa? ¿Cómo es?

—Es… angustiante…—. Susurró recordando el miedo que sintió al estar allí.

—¿Es por eso que no nos dicen de que va? Se supone que no debo saberlo… pero somos amigos. Solo una pista y dejare de preguntar, lo juró—. Suplicó el joven.

—La verdad, no debería—. Dijo Elsa aun con un poco de dolor en su cabeza.

—Mhm—. Murmuró decepcionado—. ¿Demasiado pedir para una amistad?—. Suspiró dramáticamente—. Y ahora tú iras a los bonitos aposentos de los magos, arriba. Y yo me quedo aquí colgado y ni siquiera sé cuándo me harán llamar para mi Angustia.

—No seas tan dramático, estarás con Aline—. Dijo tratando de animarlo—. Debería ser yo quien este triste de no tener a mis amigos conmigo…. Además, estoy segura que te harán llamar cuando estés listo.

—Llevo más tiempo aquí que tú…. A veces creo que no quieren hacerme la prueba.

—Estas paranoico—. Se rio la rubia.

—No, me huelo lo que pasara conmigo. Haces la Angustia, el rito de la Tranquilidad…. O mueres. Eso es lo que pasa—. Comentó estremeciéndose.

—No van a matarte, Jowan—. Elsa le sonrió para tranquilizarlo.

—Puede que no, pero el rito de la Tranquilidad es igual de malo… puede que peor. Habrás visto algunos tranquilos por la torre. Como Owain, el que lleva el almacén. Es tan frío. No, ni eso. No hay nada… en él. Es como si estuviera muerto, pero aun camina. Su voz, sus ojos no tienen vida.

—Creo que estás viendo más de lo que hay—. Elsa seguía incrédula pues ya sabía lo paranoico que podría llegar a ser su amigo.

Jowan suspiró derrotado. —No debería estar haciéndote perder el tiempo con esto. Se suponía que debía decirte que fueras a ver a Irving en cuanto despertaras.

—Entonces debería ir con él inmediatamente—. Dijo mientras se ponía en pie.

—Es lo mejor. Podemos hablar más tarde—. Jowan se retiró del lugar.

Ahora tenía que ir con el primer encantador así que se puso en marcha. Estaba en el primer piso, los aposentos de los aprendices y aparentemente la habían llevado hasta su cama. La misma cama que eligió desde el primer día en que llegó.

La rubia se levantó y se dirigió a la puerta, cuando salió fue hacia la derecha para poder ir hasta las escaleras que llevaban hasta la segunda planta. En el pasillo circular había algunas estatuas de guerreros y del techo colgaban unos cuantos candelabros iluminados con velas.

Cuando salió del pasillo se encontró con la puerta que se dirigía al sótano. Pasando este lugar había un pequeño corredor antes de llegar hasta la biblioteca de la torre. Caminó por los grandes pasillos de las inmensas estanterías, esa biblioteca era enorme de hecho, había leído cientos de libros desde que llego a ese lugar pero aún estaba lejos de terminarlos todos.

En la parte central de la biblioteca se encontraba una encantadora enseñándoles lecciones históricas y morales a tres niños, le recordaban a ella, Jowan y Aline.

Flashback

El pequeño grupo conformado por seis niños se encontraban en una lección sobre la magia arcana.

Recuerden que para lograr controlar este tipo de magia es necesario dominar primero su voluntad. Si no tiene confianzas en sí mismos, nunca lograrán un buen dominio en las artes arcanas. Primero fortalezcan su voluntad y después intenten un hechizo…—. Eran algunas de las lecciones que su maestro les daba a los niños—. Vamos inténtenlo.

Elsa aun no confiaba del todo en sus habilidades y dado a sus poderes "especiales" temía no lograr controlar el hechizo y que este dañase a alguno de los presentes.

Todos sus demás compañeros consiguieron estabilizar sus hechizos, incluso Aline que era la más pequeña del grupo. Sin duda la rubia no quería quedarse atrás por lo que levantó sus manos a la altura de su pecho y se concentró en hacer el hechizo.

Poco a poco una pequeña luz morada comenzó a formarse entre sus manos, Elsa miro asombrada como la lucecita aumentaba su tamaño. Todos la felicitaron, pero cuando alzó la mirada y su rostro se encontró con el de Aline, recordó a su pequeña hermana Anna y el momento en el que sucedió el peor momento de su vida.

Rápidamente pegó sus manos a su cuerpo de manera protectora, haciendo que el hechizo se esfumara. Todos la miraron confusos y Elsa ya se preparaba para soportar las carcajadas y burlas de los otros niños, pero en lugar de eso, obtuvo algunos abrazos y consejos de los niños. Todos le decían que no debía tener miedo y que lo intentara nuevamente. Por fortuna con ninguno de ellos tuvo problemas anteriormente.

Vamos Elsa—. Animó Jowan—. Yo sé que tú puedes hacerlo, eres la más talentosa de todos nosotros, ¡tú puedes!—. Los ánimos de su amigo fueron seguidos por otros "vamos" "hazlo" "eres la mejor" de los demás niños-. Tan solo concentra tu magia y verás que es muy fácil—. Aconsejó el castaño.

La platinada sonrió ante los ánimos de sus amigos y se dispuso a intentarlo nuevamente, al final no solamente pudo hacerlo, sino que también fue el más poderoso y hermoso de todos.

Fin de flashback

Elsa sonrió ante el recuerdo, gracias al apoyo moral de sus amigos lo había conseguido, en especial Jowan, quien fue el primer amigo que tuvo desde que llego a la torre y lo consideraba su hermano mayor. Si no fuese por sus amigos, aun seguiría con miedo e inseguridades.

Continuó su camino y, al final de la biblioteca, un encantador y un aprendiz se encontraban entrenando. El aprendiz tenía alrededor de diecisiete años y su maestro le enseñaba hechizos para bloquear y repeler conjuros mágicos. El encantador lanzó una bola de fuego con sus manos y el aprendiz apenas pudo crear un pequeño escudo que parecía una burbuja azul.

—¡Penoso!—. Exclamó el encantador—. Si hubiera puesto todo mi poder en ese ataque, te habría aniquilado. No soy tu enemigo, pero necesitas fortalecer tu voluntad. Si te enfrentases con un demonio tu voluntad vacilaría y el demonio te destruiría muy fácilmente. Ponte derecho y que sepas a confiar en ti y tu voluntad. ¡De nuevo!

Elsa siguió su camino y llegó a las escaleras que conducían al segundo piso: los aposentos de los magos, que era donde se encontraba el estudio del primer encantador.

Cuando terminó de subir los escalones, se encontró con el tranquilo Owain y decidió acercarse para verificar lo que afirmaba su amigo Jowan sobre la Tranquilidad.

—Que tal, buen día Owain—. Saludó cortésmente la platinada.

—Bienvenida al almacén de la Torre del Circulo, ¿necesitas algo?—. Su voz era completamente neutra, sin emoción alguna.

—No, no realmente solo me preguntaba… Si en verdad eres un mago tranquilo.

—Me presenté voluntario al Rito de la Tranquilidad. No deseaba atravesar la Angustia. Encuentro ese estado desagradable—. Explicó con ojos aburridos.

—¿No crees que fue cruel lo que te hicieron?—. Preguntó, después de todo ni siquiera ella podría imaginarse como sería vivir sin emociones…

—La tranquilidad tiene sus ventajas—. Respondió con simpleza—. Veo el mundo con claridad. Recuerdo los días en que mi mente rebosaba de emociones inconvenientes y ardientes. Ahora las cosas son sencillas.

—Pero… ya no eres una persona.

—Mi cuerpo es parecido al tuyo, tiene igual número de extremidades, apéndices y órganos internos. Realizo las mismas funciones físicas ¿Y se me ha de negar el ser una persona solo porque no siento lo mismo que tú?

—Lo siento—. Se disculpó apenada—. No quise decir eso, es solo que una persona es más que sus partes físicas.

—Tengo pensamientos y recuerdos—. Dijo sin expresión —. Recuerdo mi pasado, mi infancia en la Torre y mi aprendizaje. Estas emociones me definen. Mi falta de emociones simplemente se añade a lo que ya está ahí.

—Lo que he dicho fue descortés—. Reconoció la rubia—. Te pido perdón.

—No tengo la capacidad de ofenderme—. Comentó con su misma expresión facial—. Aun así, me considero una persona.

—¿Qué ocurrió durante el rito de la tranquilidad?—. Cuestionó Elsa cambiando de tema.

—Me ordenaron que jamás hablara de ello. No puedo ir en contra de los deseos del Círculo.

Elsa se movió incomoda. —Gracias por la plática pero debo irme, hasta pronto Owain-

—Muy bien. Adiós—. Se despidió igualmente el tranquilo.

Elsa se dirigió hacia un nuevo corredor circular, llego a una nueva biblioteca aunque más pequeña que la anterior. A pesar del enorme deseo que sintió por ver los nuevos libros, decidió mejor apurarse a ir con Irving, ya habría tiempo para leer.

Salió de la biblioteca y camino por otro pasillo circular, cerca de los dormitorios de los magos, en su trayecto se encontró con su amigo templario el cual parecía observarla muy fijamente.

—Oh, ejem, ho-hola. Es… estoy encantado de ver que tu Angustia ha ido como la seda—. Expresó con nerviosismo el templario.

—¿Por qué tartamudeas, Fenrril?—. Preguntó la rubia al no comprender el porqué de su nerviosismo.

—¿Qué? E…estoy bien. Yo…. Estoy contento de que estés bien. Ya ves. Lo que pasa es que yo era el templario encargado de... matarte.

—Oh—. Su voz se ahogó en la tráquea—. Ya veo, no tienes por qué preocuparte, después de todo supere mi Angustia.

Ella le sonrió tranquilizadoramente, pero Fenrril no se mostró aliviado.

—Pero aun así… si no lo hubieras logrado…. Entonces ¿qué? Habría tenido que… acabar con… tu vida…—. Susurró con tristeza y culpa.

—Pero eso no ocurrió—. Tranquilizó Elsa—. Recuerda que es mejor dejar esas memorias en el pasado, solo traen malos momentos.

—Me… me hubiera sentido fatal, no tienes idea de cuánto… Habría tenido que hacerlo, pertenezco a la Capilla, tengo que obedecer sin importar qué—. Denotó abatido.

—Ese es tu deber, tu obligación… Pero no tu decisión, Fenrril. Sé que tú nunca decidirías algo así—. Elsa extendió la mano para agarrar su hombro—. A veces tenemos que tomar decisiones difíciles para proteger a quienes amamos.

—Yo… necesito pensar más, creo que necesito un descanso—. Trató de forzar una sonrisa en sus labios, sin éxito—. Gracias Elsa, me fue de gran ayuda hablar contigo pero en serio necesito estar solo en este momento.

—No te preocupes, lo entiendo—. Expresó jovialmente—. Te veré luego, hasta pronto Fenrril—. Se despidió con un ademan.

Elsa se quedó pensando en el asunto, sin duda no era nada fácil para Fenrril tratar de superar eso. A pesar de que no le paso nada aún se mantenía en la conciencia del templario… Ella conocía el sentimiento, la culpa, al fin y al cabo sintió la misma angustia cuando hirió a su hermanita, solo meses después fue que se enteró que Anna estaba sana y salva. Aun no lo superaba. Prefirió ocultar y resguardar esos malos recuerdos en lo más profundo de su mente, como siempre hacía.

Siguió caminado por el largo corredor y finalmente llegó a los aposentos del Primer Encantador, donde Irving, Greagoir el Caballero Comandante y un hombre completamente desconocido se encontraban charlando.

El extraño vestía una especie de túnica de la cintura a los pies, muy similar a la de los templarios, pero de color blanco y con toques naranjas. De la cintura para arriba vestía una armadura ligera, brillante como la plata, y en su pecho tenía rocas azules que dibujaban un grifo alado. Sus brazos se cubrían por más del brillante metal y sus manos estaban resguardadas con guantes de cuero negro. Además, en su espalda portaba dos armas: una espada y una daga. Su larga cabellera negra descendía hasta sus hombros en una coleta y una barba opulenta cubría parte de su rostro.

—… Muchos ya se han ido a Ostagar: Wynne, Uldred y casi todos los magos superiores—. Gruñó el comandante de los templarios—. Ya hemos comprometido a bastantes de los nuestros en este esfuerzo bélico. ¡No podemos comprometer a más!

—¿De los nuestros? ¿Desde cuando tienes tanta afinidad con los magos, Greagoir?—. Replicó el encantador—. ¿O es que temes que escapen de la supervisión de la Capilla, para que puedan usar realmente los poderes que les dio el Hacedor?

—¿Cómo osas sugerir eso…?—. Acusó frunciendo el ceño hacía Irving.

—Caballeros—. Intervino el desconocido con una voz profunda y solemne—. Irving, ha venido alguien a verte—. Comentó mirando a la joven rubia.

—¿Me ha hecho venir, Primer Encantador?—. Entonó Elsa acercándose hasta el trío.

—Ah, sí es nuestra nueva maga—. Alabó el hechicero—. Pasa, hija.

—¿Se trata de…?—. Dijo el desconocido.

—Sí, se trata de ella—. Respondió con orgullo.

—Bueno, Irving. Es obvio que estás ocupado. Ya hablaremos de esto más tarde—. Expresó el Caballero Comandante, mientras se retiraba ceñudo del lugar.

—Por supuesto. Bueno, pues… ¿por dónde iba? Ah sí. Él es Duncan, de los guardas grises—. Indicó el Primer Encantador a la joven maga.

—Encantada de conocerte—. Saludó Elsa lo más cortes que pudo. Sabía, por sus clases de historia, que los guardas grises eran una orden sumamente respetada en todo Thedas. Momentáneamente recordó las historias sobre los engendros tenebrosos y un escalofrío pasó por su mente.

—Espero que hayas oído hablar de la guerra que se gesta en el sur—. Declaró Irving—. Duncan está reclutando magos para que se unan al ejército del rey en Ostagar.

—¿Contra quién luchamos?—. Cuestionó mordiéndose el labio.

—La amenaza de los engendros tenebrosos crece en el sur—. Explicó Duncan—. Necesitamos toda la ayuda posible.

—¿Y requerís ayuda de nosotros?—. Preguntó sin entender el por qué una orden tan importante reclutaría magos. Después de todo, los magos no estaban lejos de ser queridos en la sociedad.

—El poder que tenéis los magos es un recurso para cualquier ejército—. Explicó el guarda gris—. Vuestros conjuros son muy eficaces contra los grandes grupos de engendros tenebrosos. Me temo que, si no los rechazamos, veremos otra Ruina.

—Duncan, estas agobiando a la pobre chica hablándole de Ruinas y engendros tenebrosos—. Interrumpió Irving con una sonrisa—. Hoy es un día feliz para ella.

—Vivimos tiempos difíciles, amigo mío—. Le recordó el guarda.

—Lo sé pero deberíamos acariciar estos momentos de frivolidad, especialmente en los tiempos difíciles—. Comentó el viejo mago. Irving giró los ojos enfocando a Elsa—. Has dejado atrás la Angustia. Se ha enviado tu filacteria a Denerim. Oficialmente, ya eres una maga del Círculo de Magos.

—¿Mi filacteria?—. Cuestionó dudosa.

—Puede que no lo recuerdes, pero se te sacó sangre cuando llegaste aquí por primera vez. Esa sangre se conserva en una filacteria.

—Para poder cazarte si te conviertes en un apostata—. Habló el guarda gris.

—Debemos hacerlo, la magia es una gran responsabilidad que depende de un dominio completo—. Le explicó Irving—. Y tú lo has logrado—. Felicitó a Elsa—. Te ofrezco tu túnica, tu bastón y un anillo con el sello del Círculo. Llévalos con orgullo, porque te los has ganado—. Dijo mientras le extendía dichos objetos que tenía en su escritorio.

—Gracias—. Agradeció la joven tomando lo que le fue entregado.

—Por cierto, no podrás hablar de la Angustia con aquellos que aún no hayan pasado el rito—. Advirtió—. Bueno, ahora tomate tu tiempo para descansar o estudiar en la biblioteca, Este es tu día.

—Gracias, lo hare—. Sonrió agradecida, haciendo una pequeña reverencia en señal de respeto.

—Será mejor que me retire a mis aposentos—. Pronunció el guarda.

—¿Serías tan amable de acompañar a Duncan a su habitación, querida?—. Solicitó el Primer Encantador.

—Será un placer—. Declaró nerviosa al saber que escoltaría a un guarda gris—. Por aquí, ser Duncan.

—No soy un caballero, niña—. Explicó el guarda gris mientas la seguía—. Llámame simplemente Duncan.

Ambos recorrieron el pasillo circular en completo silencio. Cuando finamente llegaron, Elsa le señaló la habitación y el hombre le agradeció, entrando en esta. Elsa sintió la necesidad de preguntarle al hombre sobre lo qué ocurría en Ostagar.

—Disculpe ser Duncan, quiero decir, Duncan—. Comenzó torpemente—. Estoy interesada en saber ¿Cuántos magos se han unido al ejército del rey?

—Mhm—. Murmuró pensativo—. Cuando el rey hizo el llamamiento, el Circulo de Ferelden envió solo siete magos a Ostagar—. Farfulló con frustración e impotencia, debido al poco apoyo que recibía—. He solicitado permiso al rey para venir a pedirle un mayor compromiso al Círculo.

—¿Luchará al lado del rey?—. Preguntó intrigada.

—Por supuesto—. Asintió el guarda gris—. Pero no soy un mago. Los magos pueden curar. Pueden hacer llover fuego y hielo sobre el enemigo. Y muchas cosas más. A veces me pregunto si las reglas de la Capilla son realmente necesarias…

—El Circulo solo quiere mantenernos a salvo—. Opinó la platinada, defendiendo a la institución que le dio una nueva oportunidad para empezar de cero.

—Por supuesto—. Resopló el moreno sin creerle—. Pero en ocasiones sus reglas son excesivas.

Elsa hizo una mueca, pero dejó pasar la discusión.

—¿Podría hablarme sobre los guardas grises y engendros tenebrosos?—. Cuestionó, cambiando de tema.

—Sin duda. Al fin, estoy familiarizado con estos temas—. Sonrió confiado— Nuestro deber es combatir a los engendros tenebrosos en cuanto aparezcan. Somos elfos, humanos y enanos, todos unidos por este objetivo común. Hacemos un juramento de por vida, por ende, hemos de renunciar a nuestra vida pasada. Los engendros tenebrosos son nuestra única preocupación.

—¿Ha habido muchos ataques de engendros tenebrosos?—. Preguntó la rubia. Elsa nunca imaginó que aquellos monstruos resurgirían ya que la última Ruina fue hace cuatro siglos.

—Se ha formado una horda en la espesura de Korcari, al sur—. Explicó con la mirada en blanco—. Si no los páramos, atacarán hacia el norte, hasta llegar a Risco Rojo. Los guardas grises creemos que un Archidemonio lidera la horda.

—¿Archidemonio? ¿En serio?—. Preguntó escéptica. Recordó que el último Archidemonio fue conocido con el nombre de Andoral, el cual murió a manos del elfo Garahel durante la batalla de Ayesleigh en el 5:24 de la Exaltada.

—Me temo que sí—. Murmuró inquieto—. Los engendros atacan la superficie en bandas organizadas, pero un Archidemonio es capaz de unirlos y convertirlos en una fuente imparable. Una horda de engendros tenebrosos… un verdadero ejército. Una nueva Ruina. Son terribles noticias. Me temo a esto tendremos que enfrentarnos.

—¿Cuantas fuerzas ha reunido el rey?—. Elsa también comenzaba a preocuparse pues si las palabras de Duncan eran ciertas, entonces no solo Ferelden estaba en peligro, sino todo Thedas.

—Ha reunido un ejército formidable, es de reconocer—. Duncan se frotó la sien—. La mitad de los señores, han aportado tropas, pero la otra mitad sigue sin responder al llamado. Las fuerzas de Gwaren son las más numerosas y pronto Risco Rojo y Pináculo se unirán—. Duncan la miró fijamente y Elsa se movió incomoda—. Calculo que hay unos 3000 hombres en este momento. Puede que baste… si jugamos muy bien nuestras cartas. Me encantaría seguir con nuestra charla, pero mi viaje ha sido largo… ¿Te importaría si descanso un momento?

—Eh… no, en absoluto, lamento haberlo molestado, Duncan—. Se disculpó la rubia con amabilidad.

—No tienes por qué disculparte, al fin y al cabo para eso estoy—. Sonrió sin humor.

—Aun así sería mejor que me retire. Hasta luego.

Elsa salió de la habitación y decidió que era mejor ir a buscar la suya, pues ahora viviría en los aposentos de los magos superiores por lo que necesitaba guardar sus cosas y probarse su nueva túnica.

Mientras caminaba por los circulares pasillos, se encontró nuevamente con Jowan.

—Me alegro de haberte alcanzado. ¿Ya has terminado de hablar con Irving?—. Jowan parecía agitado pero Elsa se molestó debido a su falta de cortesía.

—Hola de nuevo, Jowan—. Saludó con sarcasmo.

—Necesito hablar contigo. ¿Recuerdas de qué hemos hablado esta mañana?—. Expresó sin notar su molestia.

—Pues claro—. Asintió la rubia.

—Deberíamos ir a otro sitio. Hablando aquí no me siento seguro—. Murmuró mirando a todos lados con sospecha.

—Empiezas a preocuparme, Jowan.

El susodicho la miró desesperado. —Tengo un problema… Te lo explicaré. Ven conmigo, por favor.

Elsa quiso cuestionar los motivos de la preocupación de su amigo, pero dado a que él ya se estaba moviendo, prefirió guardar silencio y seguirlo. Jowan la llevó hasta la capilla de la torre, situada en ese mismo piso.

Cuando llegaron se encontraron con una mujer, sacerdotisa, supuso la rubia por la túnica que llevaba pues esta era la típica de la Capilla: color amarillo con un ojo en el centro y decoraciones en color vino. La mujer tenía el pelo de color castaño claro además de tenerlo corto, también era joven, probablemente de su edad.

—¿En la capilla?—. Cuestionó con recelo la platinada—. ¿El lugar favorito de los templarios?

—Desde aquí podemos ver la puerta—. Dijo la sacerdotisa acercándose a ambos—. Si viene alguien, cambiaremos de tema.

—¿Tú quién eres?—. Le cuestionó Elsa con desconfianza.

—Hace unos meses, te dije que… conocí a una chica—. Respondió Jowan, con un leve sonrojo—. Se trata de Lily.

Elsa alzó las cejas —¡¿Una iniciada?!—. Exclamó con asombro—. Sabes que eso está prohibido.

—Lo sé—. Musitó angustiado—ya entiendes que queramos mantenerlo en secreto. Han destinado a Lily a la Capilla—. Explicó su amigo—. No se le permite tener… relaciones con hombres o mujeres. Si alguien nos descubre… los dos tendremos un gran problema.

—Puedes confiar en mí. No se lo diré a nadie—. Le dijo Elsa, aunque no muy convencida de sí misma.

—¡Gracias! Sabía que me apoyarías—. Exclamó feliz su amigo.

—¿Y de que va todo esto?—. Inquirió Elsa pues se imaginaba que Jowan no la había llamado solo para presentarle a su pareja.

—¿Recuerdas que te dije que no creía que quisieran darme mi Angustia?—. Informó con expresión preocupada—. Ya sé por qué. Van a… convertirme en un tranquilo—. Frunció el ceño—. Me arrebatarán todo lo que es mío: mis sueños, esperanzas, temores… mi amor por Lily. Todo fuera. ¡No es justo!

—Eso es terrible, pero es mejor que la muerte…

—¿Lo es? ¡Por favor!—. Graznó con desagrado—. Me parece otra clase de muerte. Apagaran mi humanidad—. Su voz se rompió—. Solo seré un cascaron que respira y existe, pero que no vive de verdad.

—Todo saldrá bien, te lo aseguro—. Respondió la rubia intentado calmar los nervios de su amigo.

—Yo… no lo creo. Corre un rumor acerca de mi—. Explicó Jowan sentándose en una silla que estaba cerca de ahí, seguido por Lily y Elsa—. La gente cree que soy un mago de sangre. ¡¿Puedes creerlo?! Creen que si me convierto en mago del Círculo pondré en peligro a todos…

Magia de sangre, lo que en los cuentos e historias se trata como "magia negra" en realidad su nombre adecuado sería magia de sangre, y no es de la manera en que describen las historias, sino que es mucho peor. Los magos utilizan el poder de la sangre de otros o de ellos mismos para potenciar y crear nuevos hechizos, además del poder único de controlar la mente de otros. Una magia totalmente prohibida no solo por el Círculo y la Capilla sino también por todo Thedas, pues va en contra de la enseñanza del Hacedor.

—¿Y están en lo cierto?—. Preguntó sin querer creer en los rumores, después de todo eran simples rumores.

—¡Claro que no! Probablemente alguien me vio hacer cosas a escondidas… pero estaba viendo a Lily, debieron mal interpretarlo.

—He visto el documento en la mesa de Greagoir—. Lilly se unió a la conversación, sus rasgos faciales denotaban preocupación—. En él se autorizaba el rito con Jowan, e iba firmado por Irving.

—¿Qué piensas hacer, Jowan?—. Le habló a su amigo, afligida y decepcionada por lo que escuchaba. "No puedo creer que Irving esté haciendo esto", pensó.

—Tengo que escapar. Tengo que destruir mi filacteria. Sin ella, no podrán rastrearme—. Respondió el castaño desesperado—. Necesitamos tu ayuda. Lily y yo no podemos hacer esto solos.

—Prométenos que nos ayudaras y te diremos que planeamos hacer—. Continuó Lily.

Elsa no sabía qué hacer, después de todo tenía que pensar meticulosamente la decisión. Su amigo siempre la apoyó, sin importar qué. Le dio una nueva familia y ayudo a hacer menos dolorosos los recuerdos de su vida pasada. Incluso la defendió en numerosas ocasiones de otros niños. Vio la preocupación en el rostro de su amigo, pero también vio algo de esperanza en él. Entonces Elsa supo que siempre apoyaría a Jowan.

—Tienen mi palabra Lily, Jowan—. Prometió Elsa con una sonrisa tranquilizadora.

—Gracias. Nunca lo olvidaremos—. Jowan suspiró aliviadp, mientras una gran sonrisa se adornaba en el rostro de ambos castaños.

—Bien, ahora cuéntenme su plan y rápido—. Comentó Elsa, vigilando por si alguien estuviese cerca.

—Puedo colarnos en el depósito, en el sótano de la Torre, es ahí donde guardan las filacterias de todos los magos y aprendices—. Respondió Lily—. Pero hay un problema. Hay dos cerraduras en la puerta de la cámara de las filacterias. El Primer Encantador y el Caballero Comandante tienen las llaves… Pero si solo es una puerta, en ese caso podríamos destruirlas ¿Qué es una puerta para un mago?

—Pero si es una puerta mágica…—. Sugirió la rubia.

—En ese caso tendrás que sacar una varita de fuego del almacén, una vez vi a un mago abrir una puerta con eso, quemó la cerradura y ¡pum! la puerta se abrió—. Intervino Jowan—. El problema es que no les dan esas cosas a los aprendices…

—¿Olvidas que ya no soy una aprendiz?—. Elsa sonrió con orgullo, señalando las cosas que aún no había tenido tiempo de probarse—. En ese caso tendré que ir al almacén y conseguir la varita. Es mejor que se queden aquí, no tardaré mucho.

—¡Oh, mi heroína!—. Exhaló Jowan dramáticamente mientras sus labios se curvaban.

—¿Quién lo sería sino yo?—. Elsa le devolvió la sonrisa y se marchó.

Se dirigió primero a su nueva habitación, pues aún tenía que cambiar su vestimenta. Al llegar cerró la puerta y coloco las cosas en la suave cama. Se quitó su túnica y procedió a ponerse la nueva.

La nueva túnica era igual que la otra, pero con la diferencia de que era de un color naranja amarilloso y bordados rojos con azul marino. Además, el poder mágico que emanaba se sentía superior a la vieja prenda. Cuando terminó, se puso el anillo en su dedo índice derecho; era un anillo hermoso con viejos grabados y lo más probable es que también fuese mágico. Tomo su bastón el cual era similar al que Valor le dio en el Velo y se dirigió al almacén.

En el camino vio el estudio de Irving y, por un momento, pensó en contarle la situación. Al fin y al cabo, el primer encantador era un hombre razonable, quien probablemente comprendería la situación de su amigo y trataría de ayudar. Pero había dado su palabra y sabía que una promesa no debía romperse bajo ninguna circunstancia. Elsa siguió su camino.

Llegó nuevamente al almacén y, gracias a un favor que una encantadora le debía, pudo acceder sin dificultades.

Cuando obtuvo la varita, decidió que lo mejor era apresurarse a ir con su Jowan y Lily. Regresó a la capilla de la torre donde encontró ambos sentados en una de las bancas que había en el lugar. Los tres se dirigieron hacia el sótano. Bajaron las escaleras hasta el primer piso y llegaron al corredor que conducía al nivel inferior.

Dos templarios custodiaban la entrada.

—Esperen aquí—. Dijo Lily—. Yo me encargo de esto.

Elsa vio desde la distancia cómo Lily seducía a ambos hombres, quienes seguramente no habían tenido una sola mujer en toda su vida. Lily y los caballeros bajaron por las escaleras. La ojiazul giró para ver a su amigo, quien tenía la cara roja de coraje.

—Tranquilo, Jowan. Pronto tu y ella estarán lejos y podrán construir una nueva vida—. Susurró mientras avanzaban al sótano. Una vez termiandos los escalones, Elsa y Jowan atacaron a los templarios distraídos.

Elsa lanzó un hechizo, aturdiendo a ambos caballeros mientras Jowan les arrojaba una bola de fuego. Ambos murieron carbonizados.

—¡No tenías que matarlos!—. Le gritó Elsa a Jowan.

El mago se encogió de hombros —Piensa, si los dejamos vivos podrían alertar a Greagoir.

—Empieza a pensar si esto fue una buena idea—. Murmuró con culpabilidad.

Los tres caminaron por un oscuro recoveco que los llevó hasta una gran sala. Esta era bastante peculiar pues tenía toda la pinta de ser una especie de santuario antiguo: estatuas por todas partes, las paredes adornadas con extraños grabados, etc. Una enorme puerta en el centro bloqueaba el camino.

—La Capilla llama a esta entrada "puerta de las víctimas"—. Comentó Lily—. Está hecha con 267 tablas, una por cada templario original.

—¿Y cómo pasaremos la puerta?—. Le preguntó Elsa.

—Únicamente un templario y un mago que tengan las llaves pueden hacerlo. El mago debe de decir la contraseña para poder entrar, pero debe de ser alguien que ya haya pasado por su Angustia. Primero, la contraseña…—. Explicó Lily mirándola fijamente, para después voltear hacia la enorme puerta.

—"Espada del hacedor, Lagrimas del Velo. Escuchad mi llamado. Abrid."—. Cuando terminó la frase un extraño sonido se escuchó detrás de la puerta—. Ahora la puerta debe sentir el maná del mago, date prisa, cualquier hechizo servirá. Pero usa la varita

El maná era el poder vital de un mago, aunque es muy difícil de explicar normalmente todos los magos lo describen como una fuerza interna que es liberada al momento de lanzar cualquier hechizo.

Elsa lanzó un rayo eléctrico con la varita hacia la gran puerta y, entonces, esta se abrió. Siguieron caminando y encontraron un portón de hierro, que debía de abrirse con la vara de fuego.

—Aquí es, usa la varita de fuego para quemar la cerradura—. Pidió Lily a la joven hechicera.

La joven Arendelle uso la vara, pero la puerta no se movió, la usó nuevamente pero tampoco ocurría nada.

—No, ¡no puede ser!—. Expresó Lily aterrada—. Es por eso por lo que Irving y Greagoir usan llaves: es porque esta es una puerta mágica que impide cualquier hechizo…

—No podemos darnos por vencido ¡Hemos llegado muy lejos!—. Animó Jowan—. ¿Qué hay de aquella puerta?—. Preguntó señalando otra puerta que se encontraba hacia la derecha—Puede que nos lleve a otra entrada.

—No tenemos opción—. Dijo Elsa—. Tenemos que arriesgarnos.

Jowan rompió la madera con una bola de fuego. En el camino se encontraron con varios centinelas, en un principio creyeron que eran guardias humanos, pero conforme los derrotaban se dieron cuenta de que eran simples armaduras encantadas, o eso parecían ya que carecían de razonamiento propio.

El trio llego hasta una extraña habitación en donde habían cosas de todo tipo; estatuas del antiguo imperio de Tevinter, pociones, libros, bastones, piedras extrañas y demás cosas probablemente mágicas. Se acercaron hasta una estatua de un extraño perro mabari el cual señalaba hacia una estantería.

—Miren pareciese como si fuera una especie de mecanismo secreto…—. Susurró el aprendiz mientras tocaba la extraña figura, al hacerlo el sonido de un muro derribándose hizo eco en la habitación, exactamente detrás de la estantería por lo que decidieron moverla.

Cuando el mueble fue quitado descubrieron que el muro se había derrumbado y abría paso hasta un pasillo. Los tres entraron y al hacerlo llegaron hasta otra puerta la cual se abrió sin dificultad alguna y dentro estaba lo que buscaban, las filacterias.

Pero un grupo de centinelas fue alertado y rápidamente los atacaron. Jowan lanzó un hechizo de fuego, haciendo que uno de ellos se incendiase y tratara de apagar el fuego.

Otro de los centinelas intentó atacar a Jowan, pero fue detenido por Lily quien portaba un par de dagas largas en cada mano y apuñaló al extraño ser en la espalda, haciendo que este cayese al suelo derrotado.

Elsa lanzó un hechizo para aturdir a todos los enemigos que se encontrasen cerca y después congelo a otro. Alzó su bastón en dirección al que parecía ser el jefe y conjuró un hechizo llamado bomba andante, el cual consistía en hacer daño espiritual al oponente y después provocarle una gran explosión matándolo pro dañando a quien se encuentre cerca. Pero el hechizo no fue efectivo pues al parecer el extraño ser no poseía espíritu que pudiese ser dañado.

Elsa le lanzó un rayo, el centinela fue derribado y después trató de congelarlo con cono de frío, pero fue derribada por el escudo de otro centinela. Este estuvo a punto de clavarle su espada, pero fue destrozado por Jowan quien utilizo una bola de fuego para acabar rápido con él.

Lily trató de combatir con el líder, quien ya se había levantado, pero fue rápidamente superada por este y casi muere, pero Elsa atravesó al centinela con un pico de hielo permitiendo que Jowan le diese el golpe final con otra bola de fuego la cual destruyo por completo a la armadura.

Al no haber enemigos cerca decidieron buscar la filacteria lo más rápido posible y no fue muy difícil ya que estaban acomodadas en orden alfabético. Finalmente encontraron lo que buscaban.

—¡Es mi filacteria! ¡Por fin!—. Exclamó ansioso el castaño—. ¡La encontraste! Cuesta creer que este frasquito se interpone entre la libertad y yo—. Cogió cuidadosamente el pequeño frasco lleno de sangre—. Es tan frágil, tan fácil librarse de él… y poner fin al dominio que ejerce sobre mi…-Susurró mientras dejaba caer el pequeño frasco provocando que toda la sangre escurriera por el piso—…Y así quedo libre.

Una sonrisa apareció en el rostro de Jowan, acompañada de una mirada jactanciosa.

Elsa sonrió ante la felicidad de su amigo, si bien rompió las reglas al ayudarlo en su escape, sabía que valió la pena. Era como un hermano para ella y sabía que nunca haría nada para traicionarla o causarle mal.

—Cuanto antes salgamos de aquí, mejor—. Interrumpió Elsa.

Los tres regresaron por donde llegaron a paso forzado. Cuando subieron al primer piso, suspiraron con alivio.

—¡Lo hemos hecho! ¡No me lo puedo creer! Gracias…—. Jowan exclamó agradecido—. Nunca habríamos podido…

No pudo terminar ya que en ese momento llegaron el Caballero Comandante y el Primer Encantador acompañados, por tres templarios.

—Así que lo que decías era cierto, Irving—. Dijo Greagoir mientras caminaba con el ceño fruncido.

—Sabía que esto acabaría mal…—. Susurró la rubia.

—Gr…Greagoir—. Tartamudeó Lily.

—Una iniciada conspirando con un mago de sangre—. Resopló el comandante—. Estoy decepcionado de ti. Pareces sorprendida, pero tienes completo control de tu mente. No es una sierva del mago de sangre—. Aclaró a sus subordinados, para después centrar su atención en el mago más anciano—. Tenias razón, Irving. La iniciada nos ha traicionado. La Capilla no dejara esto sin castigo.

El Caballero Comandante señaló entonces a Elsa—. ¿Y esta? Se acaba de hacer maga y ya está desobedeciendo las reglas del Círculo.

—Estoy muy decepcionado contigo—. Irving expresó amargamente—. Me podías haber contado lo que sabias de su plan y no lo has hecho.

—¡A ti no te importan los magos!—. Proclamó Jowan acusando al Primer Encantador—. ¡Solo queires plagarte a los antojos de la Capilla!

—Jowan cálmate, no empeores las cosas por favor—. Elsa pusó una mano sobre el hombro de su amigo para intentar tranquilizarlo.

—¡BASTA!—. Rugió Greagoir—. Como Caballero Comandante de los templarios aquí reunidos, condeno a muerte a este mago de sangre. Y esta iniciada ha mancillado la Capilla y sus votos. Llevadla a Aeonar—. Ordenó a uno de los templarios que lo acompañaban y este procedió a arrestar a la iniciada.

—La… prisión de los magos—. Balbuceó Lily retrocediendo con miedo—. No… por favor, no ¡Ahí no!

—¡NO!—. Gritó Jowan poniéndose enfrente de su amada—. ¡No permitiré que la toquen!

Jowan sacó un cuchillo de su túnica y lo clavó en su mano, provocando que su sangre salpicase todo el lugar. Comenzó a cubrirse con una gran aura roja procedente de su sangre. Jowan hizo un ademán con sus manos y lanzó un poderoso hechizo en dirección a los templarios. Greagoi, Irving y los templarios fueron lanzados hacia atrás. Entonces el castaño se volvió hacia Lily.

—Por el hacedor… ¡magia de sangre!—. Lily exclamó asustada mientras retrocedía lentamente—. ¿Cómo has podido? Dijiste que nunca…—. Su voz se rompió mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

—¡Lo confieso caí en la tentación!—. Rogó Jowan tratando de acercársele—. ¡Creí que me convertiría en un mago mejor!

—La magia de sangre es maligna, Jowan. Corrompe a la gente… los cambia…

—Voy a dejarla. Toda la magia. ¡Lo prometo! Solo quiero estar contigo, Lily por favor, ven conmigo…—. Suplicó afligido.

—Confiaba en ti. Estaba dispuesta a sacrificarlo todo por ti. Yo… ya no sé quién eres, mago de sangre—. Escupió mirándolo con desprecio— ¡Aléjate de mí!

—¡No, por favor! Dame una oportunidad—. Imploró extendiendo su mano sangrante para intentar tocarla.

Elsa estaba en shock, incapaz de procesar lo sucedido. Su mejor amigo, el primero en mucho tiempo, era un mago de sangre y no solo eso pues también le mintió. ¡Le dijo que no era un maldito mago de sangre! Que tonta fue, confió en él, con toda su alma y él la traicionó. Traicionó a todo el Circulo, a toda su familia. Probablemente solo quería escapar. Sintió su garganta cerrarse mientras un dolor agudo atormentaba su pecho.

—No, Jowan—. Dijo Elsa con frialdad—. Solo vete de aquí y nunca más regreses. Si lo haces, te mataré.

Su amigo la miró con un profundo dolor en sus ojos, mientras las lágrimas amenazaban con salir. Jowan bajó su mano y corrió directo a la salida. Antes de escapar, la vio una última vez. Ambos cruzaron miradas, ambos con el dolor de la traición presente en sus ojos. Jowan giró y salió por el portón.

Elsa cerró fuertemente los ojos, apretando sus puños intentando ocultar sus emociones. Jowan, su mejor amigo la había traicionado. Una pequeña lágrima recorrió el rostro de la rubia hasta tocar el piso, el cual se congeló.

Elsa se dirigió rápidamente con el primer encantador quien yacía en el suelo.

—¿Se encuentra bien, Primer Encantador?—. Preguntó preocupada y avergonzada.

—S…sí—. Contestó con dolor—. ¿Dónde está Greagoir?

—Lo sabía…—. Gruñó el mencionado mientras se levantaba—. Magia de sangre. Aunque, dominar a tantos… nunca imaginé que gozara de semejante poder…

—No… no puedo creer que lo hiciera—. Confesó Elsa, aun lamentándose por la traición de su amigo. Mientras ayudaba a Irving a levantarse.

—Ninguno de nosotros esperábamos algo así—. Tranquilizó Irving—. ¿Estas bien, Greagoir?

—¡Tan bien como cabe esperar dadas las circunstancias! ¡Si me hubieras dejado actuar antes, esto pudo haberse evitado! ¡Ahora tenemos un mago de sangre suelto y ningún modo de localizarlo!—. Exclamó completamente enfadado, para después tranquilizarse un poco-¿Dónde está la chica?

—Estoy… estoy aquí, ser—. Contestó Lily, mientras se acercaba desde una esquina.

—¡Has ayudado a un mago de sangre! ¡Mira a cuanta buena gente ha hecho daño!

—Lily no sabía nada de esto—. La defendió Elsa, pues sabía que ella no era culpable de los errores y traiciones de Jowan.

—Has sido buena amiga—. Dijo Lily abatida, con sus ojos rojos por el llanto—. Pero no hace falta que me sigas defendiendo. Caballero Comandante… me… me equivoqué. He sido cómplice de un…—. Se rompió—mago de sangre. Aceptaré cualquier castigo que estimes conveniente. Incluso… incluso Aeonar—. Susurró cabizbaja, acercándose al templario.

—Apartadla de mi vista—. Ordenó a otro templario, quien se llevó a Lily. La rubia miro impotente como la joven chica era arrestada y llevada por un caballero, aunque quería intervenir sabía que solo empeoraría la situación. Y todo por ser tan confiada…

—Y tú—. Señaló a Elsa—. Sabes por qué existe el repositorio. ¡Hay artefactos, objetos mágicos, que están guardados allí con un buen motivo! ¡Tus ridículos actos han dejado en entredicho a este Círculo! ¿Qué vamos a hacer contigo?

—Yo… hagan lo que les parezca—. Reconoció la rubia bajando la cabeza, mientras cerraba los ojos—. Me atengo a mi decisión de ayudar a Jowan y las consecuencias de esa decisión.

—Has ayudado a escapar a un mago de sangre. Todas nuestras medidas de prevención han sido en vano… ¡Por tu culpa!—. Acusó el caballero comandante.

En ese momento, Duncan hizo acto de presencia en el lugar, caminando tranquilamente.

—Caballero Comandante, si me permites…—. Comenzó a hablar—. No solo busco magos para el ejercito del rey. También estoy reclutando para los guardas grises—. Comentó al ya haberse acercado lo suficiente—. Irving me habló muy bien de esta maga y me gustaría que ingresará en las filas de los guardas.

—Duncan—. Interrumpió el Primer Encantador—. Esta persona ha ayudado a un maleficar y ha mostrado una falta total de consideración por las reglas del Circulo.

—Es un peligro—. Apoyó el líder templario—. Para todos nosotros y todo Ferelden.

—Muy pocas personas lo arriesgan todo por un amigo necesitado—. Defendió el guarda a la joven hechicera—. Me atengo a mi decisión, yo reclutaré a esta maga.

—¡No!—. Objetó Greagoir—.¡Me niego a que esto quede sin castigo!—

—Greagoir tiene razón—. Declaró la rubia—. Debería afrontar las consecuencias—. Reconoció, después de todo le fue inculcado el sentido de la justicia y responsabilidad antes que su propio bien.

—Mmph—. Resopló el templario—. Quizá no todas nuestras lecciones hayan caído en fondo vacío. ¡Sabe qué lugar le corresponde!

—No seas insensata—. Reprochó el guarda gris—. Has ayudado a un maleficar y debes saber lo que el Circulo te depara.

—Estoy dispuesta a afrontar mi destino—. Insistió la platinada "no es la primera vez que hago daño a inocentes, por mis idioteces", pensó con tristeza—. Incluso si es la muerte o la Tranquilidad…

—Un desperdicio de tu don—. Duncan increpó—. Yo te ofrezco algo más. No solo te redimirás, sino que también ayudaras a muchas más personas. Puedes marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Entre la destrucción y el florecimiento. Entre la Ruina y la supervivencia.

—¿Qué hace?—. Gruñó furioso el líder de los templarios—. ¡Detenedlo! ¡No te llevaras a esta maga!

—Ya sabes que Duncan puede invocar el derecho de llamamiento si lo desea—. Le recordó el viejo mago— Debemos acceder.

—¿Por qué?—. Preguntó la rubia.

—Si los guardas grises desean reclutar a alguien, ningún señor ni rey puede negárselo—. Explicó el encantador—. Es un viejo tratado de todo Thedas que debe ser acatado por absolutamente cualquier persona, ya sea humano, elfo o enano.

—En ese caso dejaré que decidan mi destino, mis errores me impiden hacerlo—. Murmuró Elsa decaída.

—Greagoir, necesitamos a los magos—. Insistió Duncan—. Necesitamos a esta maga. Peores cosas asolan este mundo que los magos de sangre, ya lo sabes—. El guarda entonó con persuasión, a lo que el templario solo apretó la mandíbula y asintió—. Acojo a esta joven maga bajo mi tutela y asumo plena responsabilidad por sus actos.

—Un mago de sangre escapa y su cómplice no solo queda impune, sino que se convierten guarda gris como recompensa—. Dijo aun molesto el templario—. ¿Es que nuestras reglas no significan nada? ¿Hemos perdido toda autoridad sobre nuestros magos? Esto no augura nada bueno, Irving.

—Ya basta. Reprendió el mago—. No tenemos más que decir en este asunto.

—¿He de abandonar el Circulo para siempre?. Cuestionó Elsa con desolación puesto que temía no volver a ver a sus amigos, su nueva familia. Todo el ciclo se repetiría y nuevamente por sus errores.

—El Círculo jamás olvida a sus aprendices, pero los guardas grises serán ahora tu familia—. Explicó con tristeza el viejo hechicero—. Fue un placer tenerte con nosotros, Elsa Arendelle.

—Yo… gracias por todo Primer Encantador, nunca olvidaré sus enseñanzas. Ni tampoco las suyas Caballero Comandante, ustedes me acogieron y brindaron de un hogar, una nueva familia después de mi desgracia. Solo lamento no haber sido la maga que esperaban de mí—. Expresó Elsa, limpiándose las lágrimas de sus ojos, probablemente ni siquiera tendera tiempo de despedirse.

—Ven—. Dijo el guarda gris—. Te aguarda tu nueva vida…


Nota de autor

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