Nota de autor
Hola de nuevo mis guardas grises, aquí me presento con nuevo capítulo que espero les guste.
En verdad aprecio mucho sus comentarios, cuando me desánimo y no tengo ganas de hacer nada leo lo que comentan y eso me da fuerza y ánimos no solo para escribir el fanfic. En serio se los agradezco con toda el alma.
Todos los derechos de autor son para Disney y BioWare.
Capítulo 11—Últimos guardas grises
Después de cinco días de intensa caminata, finalmente se acercaban al pequeño pero acogedor pueblo de Lothering, lograron avanzar tan rápido gracias a que habían desviado su camino cuando llegaron a mitad del Rio Dane entrando a la zona del Bannorn y como la mayoría de soldados, habían partido a la guerra, fue muy fácil burlar a los pocos guardias que custodiaban las tierras de los Osiwn, los Rester y los Veith .
En el camino tanto Anna como ser Kai les enseñaron a los hermanos elfos a como empuñar una espada y algunos movimientos, por surte los elfos aprendían rápido por lo que lograron dominar lo básico para el combate con espadas largas, aunque si se enfrentasen a un guerrero más experimentado seguro que perderían, además solo tenían las espadas de Anna y ser Kai.
Entraron por un arco de madera oscura y traspasaron los cultivos del pueblo, al entrar al pueblo vieron a un enorme hombre enjaulado quien aparentemente dormitaba de pie. Mientras seguían caminando notaban que las personas del lugar estaban aterrorizadas y muchos empacaban maletas para irse del pueblo. Susurros como "¡La Ruina nos consumirá a todos!", "¡Este es el fin! "Los engendros vendrán" "¡Hay que huir!", podían escucharse de los lugareños.
Una vez allí decidieron que sería buena idea reabastecerse por lo que fueron a una taberna en la cual vendieron sus mercancías, ganando en total sesenta y cinco monedas de plata y dos de cobre, aunque Anna pensó que el anillo de oro debía valer mucho más, por lo que ahora tenían en total 1 soberano, 17 monedas de plata y 22 de cobre, juntaron todo en una bolsa que Anna guardó. También decidieron que sería buena idea buscar algo de información.
Pero antes pidieron algo de comer pues durante el camino sólo habían logrado capturar un pez en el Río Dane y cazar un pequeño cervatillo con un arco rudimentario que fabricaron usando palos y una cuerda de caña. Cuando terminaron su alimento, se acercaron hasta la barra.
—Disculpe, señor—. Comenzó Gerda a un hombre sentado en un rincón—. ¿Sería tan amable de decirnos que está pasando en el pueblo?
—Oh ¿no lo saben? Es terrible…—. Su rostro reflejaba terror puro—…las fuerzas del Rey fueron derrotadas… ¡Ahora la Ruina nos consumirá a todos! ¡Este es el fin!
—¿Cómo que las fuerzas del Rey fueron derrotadas?—. Preguntó Anna con escepticismo.
—Así es, señorita—. Respondió un soldado que estaba al lado—. El Rey fue traicionado, por nada menos que los supuestos héroes: "los guardas grises". Pero gracias al esfuerzo de nuestro verdadero héroe, el Teyrn Loghain, muchos logramos salvarnos. Yo mismo estuve ahí y soy miembro de la élite del Teyrn. Estuve allí, los guardas grises engañaron a nuestro rey para hacerle creer que obtendría la victoria, de no ser por el Teyrn… todo estaría perdido.
La chica no sabía que contestar, si bien todo lo que sabía acerca de los guardas grises eran los viejos cuentos, resultaba difícil de creer que una orden la cual se dedica a combatir la Ruina traicionase al Rey, además algo en ese hombre resultaba extraño.
—¿Y… sabe si el Teyrn de Pináculo… también… cayó?—. Habló cautelosamente, ocultando su expresión.
—Lamentablemente sí—. Contestó el soldado—. Se encontraba junto al resto de las tropas donde los engendros tenebrosos los masacraron. Como ya le dije, de no ser por nuestro verdadero héroe, todos habríamos muerto esa noche. Estamos aquí para difundir las terribles noticias y, en caso de que haya guardas supervivientes, capturarlos o matarlos por alta traición.
Anna estaba pasmada. No era posible, simplemente era una locura. Su padre también estaba muerto. No sabía qué hacer, ni decir cuando sintió que era arrastrada por sus compañeros fuera de la taberna hasta que llegaron cerca de un corral.
—¿Anna estas bien?—. Escuchó una voz, pero su cabeza se negaba a escuchar.
—Lo que dijo ese hombre puede no ser cierto—. Nuevamente alguien le habló, pero incluso sus oídos se negaban a dejar pasar el mínimo ruido.
Una única cosa le martilleaba los pensamientos y esa era venganza. Había perdido todo y ahora lo único que podría impulsarla a seguir sería la venganza, contra Howe y contra los asesinos de su padre los guardas grises si lograba encontrar alguno. Otra voz le preguntó si estaba bien.
—Sí, estoy bien—. Respondió con una calma anormal y aterradora—. Escuchen debemos de ir por comida y armas, además de algunas armaduras para los elfos. Ahora más que nunca debemos estar preparados y reunir a los miembros posibles para nuestra cruzada. Si vamos a vengarnos, lo haremos de la mejor forma posible—. Cogió su dinero y, sin preguntar, comenzó a caminar en dirección a un mercader.
Gerda miró con tristeza y empatía a la chica, lo había perdido todo, ya no tenía a nadie en el mundo y todo lo que le quedaba era seguir un camino lleno de dolor y sufrimiento. Pero ella no lo permitiría, ahora más que nunca debía estar al lado de la niña y los demás miembros del pequeño equipo también, pues estaba claro que ahora ellos eran su única familia, y como tal le darían el cariño que tanto merecía y necesitaba. Esa tranquilidad solo era una fachada, estaba regresando a la primera fase del "duelo" cuando apenas lo estaba superando.
Los cuatro siguieron a su "líder" y, cuando llegaron vieron, que ya había comparado 3 camisas de cota de malla, 2 pares de botas de hierro y 2 pares de guanteletes de cuero. Además de dos espadas de hierro. Ahora tenían 50 monedas de plata y 22 de cobre.
—Muy bien tomen esto y repártanselo, mientras yo debo buscar más miembros para el equipo—. Dijo comenzando a caminar nuevamente—. Ser Kai usted viene conmigo, Gerda tu quédate en la taberna y ustedes dos busquen información acerca de esta Ruina y esos Guardas Grises. Nos reuniremos en 3 horas en la taberna para descansar y posteriormente veremos a donde ir.
Lentamente sus ojos se abrieron, revelando un techo de paja y madera. Su cabeza dolía enormemente y todo su cuerpo estaba entumecido, aparentemente estaba en una especie de cama pues era algo cómoda y unas pieles de animales le cubrían el cuerpo como sabanas. Sintió que no tenía ropa por lo que entro en pánico, donde fuese que estuviese necesitaba estar alerta. Lo último que recordaba era la voz de Kristoff y después nada, según ella aun debía de seguir en la Torre, pero no era así. ¿Acaso había muerto y ahora su alma se encontraba con el Hacedor o en alguna parte del Velo?
—Ahh, por fin abres los ojos. Madre estará complacida—. Escuchó una voz extrañamente familiar a su derecha—. Comenzaba a sospechar que no lo conseguirías—. La dueña de la voz era una mujer y aparentemente era la misma que había encontrado en la espesura.
—Yo…—. Sintió su voz quebrarse por la falta de agua—. ¿Dónde estoy?
—En la Espesura, claro. Soy Morrigan, por si lo has olvidado. Acabo de vendarte las heridas—. La mujer asintió—. De nada, por cierto. ¿Cómo anda tu memoria? ¿Recuerdas el rescate de mi madre?
—Espera… ¿Qué ha pasado con el ejército? ¿Con los engendros? ¿Con el Rey?
—El hombre que debía actuar a vuestra señal abandono el campo de batalla. Los engendros tenebrosos han vencido—. Explicó indiferente—. Todos los demás fueron masacrados. Tu amigo… no se lo ha tomado bien.
Esa noticia terminó por destrozar la poca esperanza que la platinada tuviese
¿Pero cómo era eso posible? ¿Por qué el Teyrn Loghain traicionaría al rey Cailan? Eso no tenía sentido, el Teyrn era un héroe consumado además del mejor amigo del padre de Cailan: Maric quien ahora estaba muerto, y también era el padre de la Reina Anora. No podía ser él, no podía ser el héroe del Río Dane que Elsa tanto admiraba, el hombre que expulsó a los orlesianos de Ferelden junto a Maric.
—¡Yo tampoco! ¡Esto es horrible!—. Exclamó lo más que pudo por su seca garganta.
—Sin duda. Tu amigo ha estado llorando desde que madre le dio la noticia. Esta afuera, junto al fuego. Madre ha dicho que quería verte en cuanto despertases.
Elsa dejó escapar un suspiro de alivio al caer en cuenta de que Kristoff estaba bien.
—Yo… tengo algunas preguntas si no tienes problema alguno—.Elsa intentó incorporarse en la cama y recobrar su compostura aunque aún estaba sin habla.
—Ninguno en absoluto.
—¿Por qué nos salvó tu madre?
—Yo misma me lo he preguntado, pero ella nunca me cuenta nada. Tal vez solo pudo alcanzaros a ustedes. Yo habría rescatado a vuestro rey. Un rey valdría un rescate mucho mayor.
—Pero… ¿Cómo ha conseguido rescatarnos, exactamente?
—Se convirtió en un pájaro gigante y remontó el vuelo desde lo alto de la torre, con uno de ustedes en cada garra—. Expresó aburrida.
La maga la miró algo incrédula pues eso era bastante fantasioso.
—¿Un pájaro?—. Cuestionó.
—Si no das crédito a mis palabras, te recomiendo que se lo preguntes tu misma a madre. Hasta puede que te lo cuente.
—¿Ha habido alguno otro superviviente?—. Cuestionó mientras comenzaba a ponerse nuevamente su ropa que aparentemente estaba en una mesita, limpia y doblada.
—Solo algunos rezagados que se marcharon hace tiempo. No creo que quieran ver que está pasando en el valle ahora mismo.
—¿Por qué? ¿Qué está pasando?
—¿Segura que quieres que te lo cuente?—. La mirada decidida de Elsa le dio la respuesta—. Pude asistir a la batalla desde una posición muy privilegiada. Es una escena atroz, Hay cadáveres por todas partes y los engendros tenebrosos se amontonan a su alrededor… devorándolos, creo… Además, buscan sobrevivientes y, cuando los encuentran, se los llevan a rastras bajo tierra, no sé para qué.
—Creo que ya he hecho demasiadas preguntas—. Comentó una vez que estaba vestida—. Gracias, por todo, Morrigan.
—Por… por nada—. Se movió incomoda—. Debes marcharte, madre está esperando afuera.
Elsa siguió las indicaciones de la pelinegra y se dirigió a la puerta, aunque aún con algo de dolor en su cuerpo abrió la puerta y salió al encuentro de la extraña mujer. Cerca del pequeño lago estaba tanto su compañero guarda como la anciana.
—¿Ves?—. Le cuestionó la mujer al joven quien estaba de espaldas—. Ahí está la otra guarda gris. Te preocupas demasiado, jovencito—.
Kristoff se volteó y vio a Elsa. —¡Estas viva! Pensaba que… habías muerto—. Dijo casi susurrando la última parte, aunque en su rostro se veía felicidad y alivio reflejados.
—Pues no, gracias a la madre de Morrigan. Pero gracias por preocuparte—. Le respondió la hechicera con una leve sonrisa.
—Parece una pesadilla. De no ser por la madre de Morrigan, estaríamos muertos en lo alto de esa torre—. Expresó agitado.
—No hables de mí como si no estuviera presente, joven—. Se unió la anciana a la conversación.
—No pretendía…—. Tartamudeó apenado—. ¿Pero cómo quieres que te llamemos? Aun no nos has dicho tu nombre.
—Los nombres son cosas bonitas, pero inútiles—. Se encogió de hombros—. El pueblo chasind me llama Flemeth. Supongo que con eso bastara.
A Elsa se le hizo conocido ese nombre, aunque no podía recordar con exactitud de donde pues su cabeza aún estaba algo adormilada.
—¿LaFlemeth de las leyendas?—. Kris habló asombrado—. Deveth tenía razón… Eres la bruja de la espesura, ¿verdad?
Ahí estaba, ahora lo recordaba: Flemeth era una leyenda, que normalmente se usaba para asustar a los niños antes de dormir. Según cuentan los bardos y juglares, era una mujer increíblemente hermosa que por azares del destino se corrompió por demonios hace siglos y ahora es una de las más poderosas brujas que hayan existido o existen. Según los cuentos, la Capilla no perseguía un melificar o apostata, sino de una verdadera abominación que vendió su alma a los demonios.
—¿Y eso que quiere decir? Poseo nociones de magia y esa magia os ha ayudado, ¿no es así?
—¿Qué más da quien sea?— Cuestionó la chica platinada, pues por más que sus ansias por saber sobre la Flemeth de las leyendas era más importante centrarse en los engendros y el Teyrn—. Tenemos que hacer algo.
—¡Hay que llevar a Loghain ante la justicia!—. Propuso el otro guarda—. ¿Por qué lo ha hecho? Se supone que es un héroe, todo Ferelden lo admira.
—Esa sí que es una buena pregunta—. Sonrió Flemeth misteriosamente—. Los corazones de los hombres albergan sombras más negras que cualquier criatura de la oscuridad. Quizás pensó que hacia lo correcto. Quizás cree que la Ruina es un ejército al que puede derrotar con una estrategia. Quizá no comprende que la verdadera amenaza es el mal que se oculta detrás de ella.
—¡El Archidemonio!—. Comprendió Kristoff.
—¿Qué es exactamente un Archidemonio?—. Preguntó Elsa una vez que su curiosidad gano, pues desde niña había escuchado esa palabra, pero aún no encontraba su significado.
—Se dice que, hace mucho tiempo—. Comenzó a narrar la bruja—. El Hacedor encarcelo a los dioses primigenios del imperio de Tevinter en prisiones subterráneas, donde dormitan desde entonces. Un Archidemonio es uno de estos dioses, despertado y pervertido por los engendros tenebrosos. Lo creas o no, la historia dice que es una criatura terrible e inmortal. Y solo los necios desoyen la historia.
—Entonces tenemos que encontrar a ese Archidemonio—. Planteó la ex maga del Círculo, aunque no sabía cómo lo derrotaría pues si sus teorías eran correctas, el dragón que vio después de su Iniciación era el Archidemonio.
—¿Solos?—. Exclamó Kristoff desanimado—. Ningún guarda gris ha vencido jamás a una Ruina sin un ejército formado por media docena de naciones. Por no decir que no sé cómo íbamos a hacerlo—. Bajó la cabeza, decepcionado.
—¿Cómo matar al Archidemonio, o cómo conseguir ese ejercito?—. Cuestionó la madre de Morrigan—. A mi modo de ver son dos preguntas diferentes, ¿No? ¿Es que los guardas no tienen aliados en esta época?
—Yo…yo no lo sé—. Murmuró el rubio—. Duncan dijo que había convocado a los guardas grises de Orlais. Y no creo que el Arl Eamon se quede de brazos cruzados.
—¿El Arl Eamon? ¿El Arl de Risco Rojo?—. Habló la platinada.
—Sí, él… No estaba en Ostagar cuando todo ocurrió; aun cuenta con todos sus hombres—. La emoción en su voz se elevaba—. Y Cailan era su sobrino. Lo conozco. Es un buen hombre, muy respetado en la gran asamblea. ¡Claro! ¡Podríamos ir a Risco Rojo y pedirle ayuda!
—Me parece una idea excelente—. Sonrió Elsa mientras su esperanza florecía nuevamente.
-Pero… aún no sé si bastara con la ayuda del Arl Eamon—. Dijo Kristoff mientras sus ánimos morían nuevamente—. ¡No podrá derrotar solo a la horda de los engendros tenebrosos!
—Necesitamos al resto de los guardas grises—. Espusó Elsa—. Tengo entendido que hay más sedes en otras naciones como Orlais, Antiva, Nevarra, Jader, Las Marcas Libres e incluso lo que queda del imperio Tevinter.
—No sé cómo encontrarlos—. Respondió Alistair desesperado—. Es más, ni siquiera sé si están en camino. ¡Pero tenemos que hacer algo ya!
—Cuentan con más recursos de lo que ambos creen—. Irrumpió la bruja.
—¡Pues claro! ¡Están los tratados!—. Exclamó emocionado—. ¡Podemos pedir ayuda a los enanos, a los elfos, los magos y otros! ¡Están obligados a ayudarnos en tiempos de Ruina! ¡Y los documentos me los entregó Duncan antes de la batalla!
—Puede que solo sea una vieja, pero entre los enanos, los elfos, ese Arl Eamn, y quien sabe que más… Eso sí que es un verdadero ejército—. La bruja sonrió astutamente.
—¿Crees que podemos hacerlo?—. Cuestionó Alistair a Elsa con duda en su voz—. ¿Ir a Risco Rojo y a los demás lugares y… reclutar todo un ejército?
—Dudo mucho que sea tan fácil pero… ¿Por qué no? ¿No es lo que hacen los guardas grises?—. Respondió Elsa, ambos guardas asintieron complacidos por su plan, al menos ya no navegaban a la deriva pues ya tenían un plan.
—¿Entonces están preparados?—. La vieja bruja los miró con dureza—. ¿Preparados para ser guardas grises?
—Sí. Gracias por todo, Flemeth—. Agradecieron ambos guardas.
—No, no, gracias a ustedes. Sois los guardas grises, no yo. Ahora, antes de que os vayáis, aun puedo ofrecerles otra cosa—. La anciana los miró divertida. En ese momento Morrigan salió de la choza y se acercó hasta ellos.
—La comida ya está preparada, querida madre—. Habló sin emoción—. ¿Tenemos dos invitados a cenar o ninguno?
—Los guardas grises partirán en breve, chica—. Contestó la mujer—. Y tú iras con ellos.
—Qué pena…—. Dijo sarcásticamente antes de comprender lo que dijo su madre—. ¡¿Cómo?!
—Ya me has oído, chica. ¡La última vez que te mire tenías orejas!
—Gracias, pero si Morrigan no quiere venir con nosotros…—. Esla comenzó.
—Su magia sería útil—. Interrumpió Flemeth—. Y lo que es mejor, conoce la espesura y sabe cómo burlar a la horda.
—¿Mi opinión no importa?—. La susodicha frunció el ceño.
—Llevas años muriéndote por salir de la espesura—. Contratacó su madre—. Esta es tu oportunidad. Y en cuanto a ustedes, guardas, considerad que esto es el pago por salvarles la vida.
—Muy bien, la llevaremos con nosotros—. Murmuró la hechicera, después de todo tendieran mucho por hacer y entre más, mejor.
—No es por… mirarle el diente al caballo—. El otro guarda se rascó la nuca—. Pero ¿no será otro problema más? Fuera de la espesura, es una apostata—. Dijo con desconfianza.
—Si no desea ayuda de nosotros, los magos ilegales, jovencito, quizás debería haberte dejado en esa torre—. Reprendió Flemeth con dureza.
—Entendido—. Refunfuñó resignado.
—Madre… Esto no es lo que yo quería. Ni siquiera estoy preparada…
—Debes estarlo. Estos dos, solos, deben unir Ferelden contra los engendros tenebrosos y necesitarán toda la ayuda posible. Te necesitan, Morrigan. Sin ti, seguramente no lo conseguirán y todos pereceremos bajo la Ruina. Incluso yo— Flemeth la miró con una ojeada extraña.
—Ya… entiendo
—¿Y ustedes, guardas?—. La bruja los miró con franqueza—. ¿Lo entienden? Les doy lo que más aprecio en este mundo. Y lo hago porque debéis conseguirlo.
—Lo entendemos—. Respondieron ambos.
Morrigan, a regañadientes, entró nuevamente a la choza y cuando salió llevaba consigo una pequeña mochila cocida con cuero de animales.
—Estoy a tu disposición, guarda gris—. Morrigan le dijo a Elsa—. Sugiero como primer destino un pueblo que hay al norte de la Espesura. No estará lejos y allí encontrarás muchas cosas que puedes necesitar. No es un pueblo grande, de hecho, es muy pequeño y sin relevancia alguna, solo una parada del camino imperial para que los viajeros puedan descansar, su nombre es Lothering.
—En ese caso deberíamos partir ahora mismo—. Sugirió la maga.
Y con eso, los tres se marcharon por un oscuro sendero siendo guiados por Morrigan.
Así, una exmaga del Círculo, un ex templario y una apostata viajando juntos, cosas más raras se han visto en el mundo.
Pero de momento, todo lo que ocupaba los pensamientos de la joven hechicera era la Ruina. Pues una tarea monumental les aguardaba: reunir un ejército completo, unificar Ferelden contra la Ruina además de llevar a Loghain hacia la justicia y no olvidemos al Archidemonio.
Elsa se preguntó si en verdad podría conseguirlo, pero desistió rápidamente de sus dudas pues ahora eran los dos últimos guardas grises de Ferelden y como tal debían entregarse por completo a la orden si quieren salvar su país lo que significaba comprometerse con el lema.
"En paz, vigilancia. En guerra, victoria. En la muerte, sacrificio"
Denerim
Mientras tanto al noreste de Ferelden, dentro de la hermosa ciudad de Denerim, se encuentran todos los nobles reunidos en la gran asamblea dentro del castillo real. La gran asamblea, un concilio anual en el que se reúnen la mayoría de señores y damas para discutir los asuntos políticos de todo Ferelden. El asunto principal de este año: la Ruina.
El Teyrn Loghain se encuentra al frente de todos, sobre un balcón junto a su hija, la reina Anora.
—… y espero que todos vosotros aportéis vuestros hombres—. El Teyrn de Gwaren terminó de dar su discurso—. Debemos reconstruir lo perdido en Ostagar cuanto antes. Algunos querrán aprovecharse de nuestro estado de debilidad. ¡Debemos derrotar esta incursión de los engendros tenebrosos, actuando con prudencia y determinación!
—Su señoría—. Interrumpió Teagan Guerrin, Bann de Rainesfere, un hombre joven de veintiocho años, cabello rubio oscuro y vestido con una armadura de acero rojo—. ¿Me dais permiso para hablar?
El Teyrn le dio una señal con su mano que indicaba afirmación.
—Os habéis declarado regente de la reina Anora y afirmáis que debemos unirnos bajo vuestro estandarte por nuestro bien—. Habló el Bann—. Pero ¿y el ejercito que se perdió en Ostagar? Vuestra retirada fue… muy casual.
Gracias a esas palabras, jadeos y sonidos de indignación comenzaron a escucharse entre los nobles además de susurros.
—Todo lo que he hecho ha sido por la independencia de Ferelden—. Se defendió el señor de Gwaren y ahora regente del reino—. ¡Jamás he escatimado esfuerzos por su bien y no permitiré que vosotros lo hagáis!
—¡El Bannorn no se inclinará ante vos simplemente porque lo exijáis!—. Declinó Teagan.
Algunos nobles asintieron de acuerdo con Teagan.
—Ten esto por seguro—. Amenazó el regente—. No toleraré amenazas contra este reino… ¡tuyas ni de nadie!—. Exclamó, para después salir junto a su terrateniente.
—¡Bann Teagan, por favor!—. La reina Anora llamó al Bann quien ya comenzaba a retirarse junto a la demás nobleza. Teagan dio media vuelta, encarándola.
—Su majestad, vuestro padre nos coloca al borde de la guerra civil—. Expresó Teagan consternado—. Si Eamon estuviera aquí…
—¡Bann Teagan, mi padre está haciendo lo que debe, lo mejor para este reino!—. Expuso la hermosa mujer de cabellos dorados.
—¿Cómo hizo lo que debía por vuestro marido, su majestad?—. Replicó el señor de Rainesfere, para después retirarse del lugar.
La Reina no supo que responder así que solamente se alejó del lugar con la cabeza en alto pero una mirada perdida.
Anna y Ser Kai se dirigieron con varios hombres y mujeres que parecían saber algo en combates, pero ninguno aceptó su oferta para embarcarse en una aventura en busca de fortuna, argumento que usaron para cubrir el verdadero propósito. Estaban a punto de darse por vencidos, pero cuando llegaron a las afueras del pueblo, justo por donde llegaron, vieron nuevamente al gran hombre enjaulado y decidieron acercarse.
Era un hombre extremadamente grande con pies y medio de altura. Su piel era oscura, pero su cráneo era bastante extraño pues no se veía humano, al igual que algunos de sus rasgos faciales, tenía el cabello blanco y rizado. Aparentemente estaba durmiendo mientras susurraba algo.
—"Shok ebasit hissra. Meraad astaarit, meraad itwasit, aban aqun. Maraas shokra. Anaan esaam Qun"
—Hola—. Anna saludó con simpleza
—No eres uno de mis captores—. El prisionero abrió los ojos y habló con voz grave—. No estoy aquí para ser víctima de sus humillaciones, humanos. Déjenme en paz.
—¿Qué eres?—. Preguntó abiertamente la chica.
—Un prisionero—. Se encogió de hombros.
—Es un qunari—. Aseguró Ser Kai—. Los qunari son una raza de hombres y mujeres distinguidos por su gran tamaño corporal, pelo blanco y sus cuernos.
—Este no tiene cuernos—. Señaló con descaro.
—No todos los tenemos—. Gruñó el qunari irritado.
—¿Por qué estas encerrado?—. Curioseó Anna.
—La capilla me ha puesto aquí—. Murmuró.
—¿Por qué?
—Me han condenado por asesinato—. Respondió sin culpa—. Llevo aquí veinte días. No durare mucho más, una semana a lo mucho.
Anna y ser Kai se miraron sorprendidos.
—¿Por asesinato?—. El caballero inquirió con desconfianza.
—Maté a un grupo de granjeros, niños y mujeres incluidos—. El qunari enarcó las cejas con seriedad.
—¿Por… qué motivo lo hiciste?—. La pelirroja formuló.
–Qué más da el motivo—. Se encogió de hombros nuevamente—. He perdido el derecho a vivir y la sentencia ya está dictada.
Anna se acercó más a la cerradura, la cual estaba vieja y oxidada seguramente por la lluvia y el viento, podría romperse con un buen golpe del mango de su espada. No sabía la razón, pero sentía que en los ojos rojos del hombre no había maldad alguna, además necesitaba gente para su equipo y se notaba que este era un guerrero notable. Asimismo, incluso estaba dispuesta a contratar mercenarios. Puede que este qunari le saliera gratis.
—¿Qué te parece acompañarnos en nuestro viaje?—. Dijo Cousland con perspicacia.
—Mi señora—. Ser Kai se atragantó—. Con todo respeto, pero eso es una locura. Este hombre es un asesino.
—No podemos dejarlo aquí para que los monstruos se lo coman ¿verdad?—. Sonrió astutamente—. No sería mejor a lo que él hizo, ni mejor que Howe… Además, necesitamos reclutas para nuestra "aventura".
—Humana, he aceptado mi destino y no tienes derecho a decidir por mí—. Gruñó el qunari.
—Pero puedo darte otras opciones—. Anna levantó una ceja—. ¿No prefieres expiar tus pecados uniéndote a mí en contra de una de las mayores ratas del reino?
—¿Y eso de que me serviría?
—Pues lograrías recuperar tu honor y además expiar tus crímenes al ayudarme en mi cruzada.
—En tus ojos veo el espíritu de venganza—. El qunari frunció el ceño—. No hay honor alguno en la venganza. Persharak. Lárgate.
Anna pensó rápidamente y, finalmente, se le ocurrió una idea.
—Me has entendido mal, buen hombre—. La pecosa tenía una mirada de zorro—. Esa rata de la que te he hablado es nada más y nada menos que el mismísimo Archidemonio. Verás, mi aldea fue masacrada por los engendros tenebrosos, así que he jurado luchar contra la Ruina.
—Hmh—. Murmuró desconfiado—. Pero no sois guardas grises.
Cousland frunció el ceño ante la mención de los traicioneros guardas.
—¡En absoluto!—. Exclamó pasando los dedos por el pomo de Idun—. Pero aún así tengo planeado acabar con esos malditos monstruos. Entonces, ¿te unes?
—Está bien—. Accedió el hombre monótonamente—. De cualquier forma no tengo otra cosa que esperar.
—¡Muy bien! En ese caso…—. Dijo tomando su espada del filo y asestando un buen golpe al candado el cual no cedió ni un poco, por lo que continúo intentando hasta que finalmente la cerradura comenzó a aflojarse pero al parecer no era suficiente.
En ese momento llegaron los hermanos Eärendil y Amarïe quienes habían terminado de recolectar algunos relatos y explicaciones de las personas; cosa que no fue nada fácil por su condición de elfos y a menudo se encontraron con comentarios como "orejas de cuchilla" o burlas de los niños. Los elfos lograron abrir la cerradura gracias a un pequeño alambre, según ellos lo aprendieron hace mucho tiempo.
Anna se sintió satisfecha, pues ya tenía un miembro más a su equipo lo que le facilitaría su misión vengativa. Solo era cuestión de encontrar a Howe… y a los guardas grises.
Luego de seis largas horas de una caminata silenciosa y algo incomoda, los tres viajeros finalmente llegaron al pueblo de Lothering, gracias a que Morrigan les guio por una especie de atajo hacia el camino imperial y ahora estaban a punto de entrar al poblado. No obstante, un grupo de nueve hombres estaban justo en la entrada y desviación del camino imperial hacia Lothering.
Eran un grupo de bandidos que aparentemente cobraban peaje a los incautos que llegaban para refugiarse, así que los tres los echaron de ahí. Pero no sin antes hacer unas cuantas preguntas como por ejemplo que sucedía y algunos rumores.
Lo que pasaba era que la mayoría de las personas de los alrededores llegaban a refugiarse, además no había nadie al mando del pueblo pues la Bannesa se había ido junto a sus hombres al norte, con el Teyrn Loghain y nadie estaba a cargo, excepto unos pocos templarios de la capilla local.
Pero eso no era lo peor pues, aparentemente, todos decían que los guardas grises traicionaron al rey durante el combate contra los engendros. Lo tomaron y lo mataron ellos mismos. El Teyrn Loghain escapó justo a tiempo. Lo primero que hizo como regente fue ofrecer recompensas por los guardas grises.
—Maldición—. Gimió Kristoff al enterarse—. Ahora tendremos más problemas de los que preocuparnos.
—Al menos ya sabemos lo que Loghain ha estado haciendo—. Murmuró Elsa—. Aunque tendremos que mantener los ojos bien abiertos en nuestros viajes.
—Nadie nos va a creer—. Se quejó el rubio—. Loghain es un héroe consumado de guerra, tiene el apoyo de casi todos los nobles de Ferelden.
—No todos—. Murmuró Elsa al recordar a su antigua familia.
—¡Tienes razón!—. Exclamó—. Seguramente el Arl Eamon se opondrá a él ¡Y también el hermano de Eamon, Teagan!
—Si ya terminaron de parlotear—. Morrigan farfulló molesta—. ¿Por qué no revisamos lo que nos han dejado esos estúpidos bandidos?
Al lado de los objetos robados por los bandidos, el cuerpo de un templario muerto fue hallado por los tres viajeros. En la mano tenía una nota y un medallón, Elsa guardó la nota y el medallón en su mochila y continuaron su camino. Llegando a las puestas de la ciudad de Lothering, un pueblo por el cual corría un río y era rodeado por una gran pared de piedra. Varios corrales de animales se veían anexados a casas de madera y roca.
—Bueno aquí esta. Lothering. Bonita estampa—. Comentó Alistair con una sonrisa.
—Vaya, por fin has regresado—. Dijo Morrigan con sarcasmo—. ¿Acaso te has hartado de lloriquear? O es que arrojarte a tu propia espada era tan complicado, ¿no?
—¿Y qué harías tú, si alguien querido para ti muriese? ¿Qué tal tu madre, mh?—. Se defendió el templario.
—Antes o después de reírme.
—Oh… me das miedo, ¿sabes?... olvida lo que pregunté—. Alistair se estremeció apartando los ojos de la bruja—. Solo pensaba en algo…
—Ve directo al punto—. Intervino Elsa.
—Bueno… pensé que deberíamos hablar de nuestro próximo destino—. Dijo sin sonreír.
—Yo creo que debemos ir a Denerim y matar a ese hombre, Loghain—. Propuso la bruja—. Y así encargarnos de buscar al Arl con tranquilidad.
—¡¿Estás loca?!—. Cuestionó Kristoff—. No podemos derrotarlo solos. Y él tiene todo un ejército en Denerim.
Morrigan frunció el ceño. —Solo expresé mi opinión, templario de pacotilla…
—¡Basta!—. Elsa enmarcó—. Deberíamos usar los tratados. Ya los he leído—. Afirmó. Se trataban de antiguos tratados en tiempos de la primera Ruina donde se dictaba que todo aquel residente de Ferelden debía ayudar en una nueva Ruina.
—Existen tres grupos principales con los que tenemos tratados—. Explicó el otro guarda gris—. Los elfos dalishanos, los enanos de Orzammar y el Círculo de los hechiceros. Pero creo que deberíamos ir primero con el Arl Eamon.
—¿Por qué dejas la decisión en mis manos?—. Elsa cuestionó—. Tú eres el guarda con más experiencia de los dos.
—Bueno yo no sé a dónde debamos ir, por lo que dejo la decisión en tus manos—. Se encogió de hombros—. Así que iré donde tu decidas. Además, prefiero recibir órdenes que darlas, ¿sabes? Puedo darte indicaciones de dónde encontrar a cada uno.
—Está bien—. Murmuró Elsa—. El Arl Eamon debe estar en el castillo de Risco Rojo y los magos en la Torre del lago Calenhad, ambos al oeste del reino. Pero… ¿y los enanos y elfos dalishanos?
—Para los elfos, debemos tomar el camino del este en dirección al bosque de Brecilia, tal vez encontremos el rastro de uno de los clanes, que suele recorrer esa zona—. Indicó—. Y para los enanos, debemos hablar con su rey, en Orzammar lo que significa viajar al oeste hacia las montañas de la Espalda Helada, lo que no será fácil.
—Podríamos ir primero con el Arl Eamon—. Expuso confundida—. Pero no estoy segura, creo que deberíamos pensarlo en el camino.
Todos estuvieron de acuerdo en que se lo pensarían mejor pues tenían cuatro posibles rutas: la fortaleza de Risco Rojo, el bosque de Brecilia, las montañas de la Espalda Helada o el lago Calenhad. Y para esas cuatro rutas, aliados diferentes les esperaban.
—Deberíamos comprar suministros.
—Y tiendas de lona, a donde nos dirijamos seguramente será un largo viaje.
Los tres se acercaron hasta un mercader donde compraron cuatro tiendas de lona, una extra por si acaso, y algunas mantas. También decidieron vender algunos objetos innecesarios y un poco de comida. Una vez que tuvieron todo se encaminaron a la capilla del pueblo para buscar más información. Era una edificación grande y espaciosa, rodeada de templarios y refugiados que recitaban el "cántico de la luz"; se decía que era tan largo que para terminarlo se debía tomar una semana entera.
Una vez dentro hablaron con un templario quien les dio una recompensa por haber expulsado a los bandidos y les explico que el Teyrn Loghain había propuesto una recompensa por cualquier guarda gris, y que ahora era el regente del reino. Una vez que se separaron del templario, Kristoff visualizó a alguien.
—¡No es posible!—. Exclamó el joven—. ¿Ese es…?—. El guarda gris se separó de sus compañeras y se acercó a un soldado que se encontraba de espaldas, llevaba una lujosa armadura de acero rojo y un escudo que Elsa no pudo reconocer: era una torre sobre una colina roja.
—¡Ser Donall!—. Gritó con jubilo.
—¿Alistair, eres tú?—. El caballero sonrió al ver al muchacho—. ¡Por el Hacedor! Te daba por muerto.
—Aun no. Aunque no es gracias al Teyrn Loghain—. Gruñó resentido.
—Ese maldito—. Cuchicheó Ser Donall—. He oído que va a coronarse rey. Y el cadáver de Cailan aún no se ha enfriado, si hubiera uno, claro está.
—¿Rey?—. Elsa cuestionó, pues según los rumores solo era un regente temporal—. Loghain no tiene derecho legítimo al trono ¿El rey Cailan no tuvo descendencia?
—Ninguna que conozcamos—. Respondió ser Donall—. ¿Y tú eres…?
—Soy Elsa. Una guarda gris y compañera de Kristoff—. Dijo al ver que el caballero no era hostil.
—Me alegro de que no hayan desaparecido todos los guardas grises—. Suspiró con alivio—. Si el Arl Eamon estuviese bien, no tardaría en poner a Loghain en su lugar.
—¿Si estuviese bien?—. Kris habló con temor—. ¿Qué quieres decir?
La cara de ser Donell cayó. —El Arl padece de una enfermedad mortal de la cual no hemos encontrado cura alguna. Nuestra única esperanza es un milagro. Todos los caballeros de Risco Rojo han partido en busca de la Urna de las cenizas sagradas.
—Pero si no es más que una leyenda—. Replicó la platinada.
Era cierto, pues según los cuentos que juglares y bardos cantan y los libros narraban además de que la Capilla también recitaba: la profetisa Andraste, novia del Hacedor, fue incinerada frente a los maeses o magísteres (viejos magos del imperio Tevinter quienes eran sus líderes) y las cenizas de su cuerpo fueron recolectadas en una urna; según la leyenda esas cenizas pueden curar cualquier enfermedad.
—Sí, exacto—. Reconoció el caballero—. Pero hasta ahora no hemos recibido ningún tipo de información que corrobore la existencia de esas cenizas. Temo que no sean más que invenciones… Debo volver a Risco Rojo en cuanto ser Henric llegue a informar a la Arlesa.
—¿Ser Henric? Ese es el nombre del templario que firmaba la carta—. Susurró Elsa sacando la carta y el medallón, el caballero abrió los ojos y casi de un manotazo le arrebató el colgante.
—¡Este es el medallón de ser Henric! ¿De dónde lo has sacado?
—Lo entramos en el cuerpo de tu amigo a la entrada del pueblo, cerca del camino imperial—. Explicó Kristoff con pésame—. Lo habían matado unos bandidos.
—Oh, Hacedor… Bueno, gracias de no ser por vosotros nunca lo había sabido. Por favor aceptad estas monedas como agradecimiento. He de volver a Risco Rojo cuanto antes, gracias mi lady.
Elsa se estremeció ligeramente ante la partida del caballero. Nadie la había llamado "mi lady" en mucho tiempo. El caballero se alejó rápidamente.
—¿De dónde lo conoces?—. Preguntó Elsa a su compañero guarda.
—Emmmm, bueno, ejem—. Tartamudeó—. Como sabes, fui criado en los establos de Risco Rojo, ahí conocí a ser Donall. Pero no perdamos el tiempo, tal vez podamos ganar algo de dinero en las misiones que la capilla ofrece afuera en el tablón del cantor—. Propuso el chico cambiando de tema y los tres salieron de la capilla.
Nota de autor
Espero sus comentarios, sugerencias y críticas. ¡Hasta la próxima! ¡Feliz año nuevo!
