Nota de autor

Hola otra vez chicos, lamento no haber podido actualizar ayer o más temprano pero las clases han iniciado nuevamente y pase a cuarto semestre lo que significa volver a la realidad :'( Al menos puedo mantenerme en mi mundo fantástico dentro de muchos fanfics xd.

Todos los derechos de autor son para Disney y BioWare.


Capítulo 12—Lothering

Gerda había estado conversando con el hombre de la cantina, Danal era su nombre. En poco tiempo se llevaron bien y el dueño del lugar le contó algunas noticias y rumores. Como que no hay muchos hombres de los que se pueda prescindir en todo el reino, pues el Teyrn Loghain había estado reclutando a cualquiera que pudiese.

—…según he escuchado—. Hablaba en cuchicheos—. Las fuerzas del Bann Lynus de Pico del Dragón se han movilizado a la capital. Al parecer, lord Loghain ha hecho un llamamiento para que Ferelden se levante en armas contra la Ruina.

—¿Por qué?—. Preguntó la mujer intrigada—. ¿Qué fue exactamente lo que ocurrió en Ostagar?

—Seguramente ya sabe que los guardas grises traicionaron al rey, señora—. Dijo el cantinero mientras limpiaba un vaso—. Así que el Teyrn ha ofrecido una gran recompensa por alguno. Aunque, aquí entre nos, no tengo problema alguno con los guardas. Mi abuelo fue un guarda gris y no me creo esos cuentos que nos dicen los soldados.

Gerda tampoco creía en los rumores.

—¡Ah, casi me olvido de hablarle sobre Orzammar!—. Exclamó el cantinero—. El rey enano murió recientemente, algunos afirman que fue envenenado, ¡por su propio hijo! No cabe duda que las intrigas de los enanos son peligrosas—. El hombre murmuró con un escalofrío—. Y en el Bosque de Brecilia también han estado pasando cosas interesantes. Hace una semana, tres viajeros pasaron por aquí con relatos sobre hombres lobos. ¿Puede creerlo? ¡Hombres lobo!—. Se carcajeó.

Luego de la gran charla, el cantinero le ofreció una mesa para ella y sus compañeros. También le dijo que buscaría una habitación para que descansaran pero que era casi imposible pues el lugar estaba atascado. La mesa estaba en la parte de arriba, sobre unas escaleras de madera no muy altas, como de dos metros a lo mucho y había bardos cantando canciones y tocando instrumentos, una pequeña muralla de madera la separaba de caer y así podía ver el resto de la taberna.

Estaba disfrutando de las canciones y los cuentos que los bardos cantaban cuando de pronto un grupo de tres personas irrumpió en el lugar. Al ver a la líder, se quedó sin aliento.

—¿Elsa…?


Elsa entró junto a sus dos compañeros a una taberna, que según Morrigan servía como un buen lugar para descansar antes de iniciar su viaje y de paso discutirían que dirección tomar primero. "El refugio de Dane" se nombraba.

Acababan de hacer algunas misiones del tablón del cantor que estaba fuera de la capilla y al lado un extraño hermano lo custodiaba. Acabaron con algunos bandidos a las afueras del pueblo y entregaron la nota de una mujer, cuyo cuerpo había sido encontrado por los viajeros, muerto a las orillas de un lago aparentemente un oso la había matado, además de que acabaron con los osos que habían matado a la mujer. Gracias a esto sumaron más monedas a sus bolsillos.

Al entrar en la taberna lo primero que visualizaron fue a un grupo de soldados con el wyvern de Gwaren en sus escudos acercarse a ellos.

—Bueno, chicos—. Bufó un soldado acercándose a ellos junto a cinco hombres más—. Miren a quien tenemos aquí. Creo que por fin ha llegado nuestro día de suerte.

—Oh no, hombres de Loghain—. Susurró Kristoff—. Esto no puede ser nada bueno.

—Qué curioso—. Dijo uno de los hombres—. Llevamos toda la mañana preguntando por una mujer igualita a ella y todo el mundo ha dicho que no había visto nada.

—Seguro que nos han mentido—. Aseguró el líder—. Pero de esta no se salvan.

En ese momento una hermana de la capilla se acercó. Su cabello era corto, llegando a sus hombros y era de un color rojo profundo. Vestía la típica túnica de la capilla: una túnica rosa y amarilla con un ojo en el centro. Además, era bastante hermosa y puede que tuviese la misma edad que Elsa, tal vez más. Sus ojos eran pequeños y azules, contrastando con el pálido amarillezco de su piel.

—Caballeros, seguro que no hay necesidad de crear problemas—. Habló tranquilamente al haberse acercado lo suficiente, su acento era distinto al fereldeano, pues era más delicado y pronunciaba las "s" con lentitud—. Probablemente no son más que otros pobres refugiados.

—Ni mucho menos—. Escupió el líder—. ¡Apártate de mi camino, hermana! Si proteges a estos traidores compartirás su destino.

—¿Qué te hace pensar que somos traidores?—. Preguntó Elsa con perspicacia, intentando mantener una fachada inocente e ignorante, cosa nada fácil por el hecho de que ella llevaba una túnica del Circulo, Kristoff su armadura y armas, y Morrigan una extraña vestimenta de la Espesura.

—El Teyrn Loghain afirma que los guardas grises han traicionado al rey, ¿o es que no te has enterado?—. Le contó la pelirroja.

—Pero no somos…

—¡Basta de charla!—. Expresó el líder de los soldados—. Capturen a los guardas y maten a la hermana y a todos los demás que se interpongan en nuestro camino.

Los soldados comenzaron a atacarlos, además varios arqueros salieron de atrás y disparaban flechas sin parar. La hermana sacó una daga larga que escondía en quién sabe dónde, Kristoff bloqueó el avance de las flechas con su escudo mientras atacaba con su espada, Morrigan lanzó hechizos a todo hombre armado que viera y Elsa, bueno Elsa se encontraba en el piso al haber sido derribada por el comandante quien estaba a punto de matarla con su gran espada.

Pero Elsa fue más rápida y conjuró un hechizo sobre ella misma, el cual consistía en hacer que su piel se endureciese como una roca, así que cuando el acero golpeó su brazo, se blandió hacia atrás en un sonoro crujido. Entonces la maga cogió una botella que encontró en el piso y la estrelló contra la cabeza del soldado. Pero, a pesar de su sangrado, el comandante siguió en pie por lo que la maga empleó su bastón para grabar un glifo en el suelo que paralizó al hombre.

Todos los clientes y refugiados del lugar ahora estaban arrinconados en una esquina viendo el combate. Algunas mesas estaban tiradas mientras unas sillas eran usadas por los guerreros para entorpecer los movimientos de los viajeros.

Los arqueros estaban siendo superados por la magia de Morrigan y Alistair ya estaba terminando con los guerreros de espadas y mazas, estocando y esquivando con gran facilidad y usando su temple para concentrarse en cada movimiento, aunque algunos intentaban arrojarle sillas. La monja había estado luchando con un soldado que llevaba una espada, pero con gran habilidad bloqueó todos sus movimientos y logró hacer que el hombre tropezase con una mesa.

La pelirroja observó al comandante con detenimiento y vio una abertura en su gruesa aradura de placas, por lo que lo apuñaló justo en ese lugar y el hombre soltó un quejido de dolor pues no se podía mover. Transcurridos unos segundos, todos los soldados habían sido derrotados, ahora ya solo quedaba el comandante quien había sido liberado del glifo y yacía en el suelo

—¡Muy bien! ¡Me rindo! ¡Ganaste!—. Suplicó el comandante en el suelo.

—Bien—. Expresó la hermana quien no se mostraba para nada cansada—. Han aprendido la lección, ya podemos dejar de pelear.

—Los guardas grises no traicionaron al rey Cailan—. Aseguró Elsa al comandante—. Fue Loghain quien lo hizo.

—¡Yo estaba allí!—. Protestó- ¡El Teyrn nos sacó de una trampa! ¡Los guardas condujeron al rey hasta su muerte! ¡El Teyrn no pudo hacer nada!

—Lárgate y no vuelvas a aparecerte por aquí—. dijo Elsa con los ojos entrecerrados causando que el hombre se encogiese.

—S-sí—. Masculló mientras se reincorporaba mal herido.

—Dile a todo el mundo que los guardas grises saben lo que sucedió en realidad—. Alistair gruño—. Y que vamos por Loghain.

Elsa lo fulminó con la mirada pues lo que dijo era muy impetuoso y peligroso, sobre todo si el Teyrn lo llegase a saber. De por sí ya tenían suficientes problemas al tener una recompensa sobre sus cabezas.

—Lo haré. ¡Gracias! —. El soldado se alejó cojeando hasta salir por la puerta de madera.

—Discúlpame por interferir, pero no podía quedarme sentada sin hacer nada—. Comentó la sacerdotisa una vez que el hombre se había ido.

—Te agradezco lo que has intentado hacer—. Sonrió la platinada—. ¿Quién eres, por cierto?

—Permíteme que me presente—. Dijo con ese elegante acento—. Soy Leliana, una de las hermanas seglares de la capilla de Lothering. O, al menos, antes lo era.

—Soy Elsa Arendelle. Es un placer.

—Esos hombres dijeron que eres una guarda gris—. Leliana sonrió astutamente—. Vas a luchar contra los engendros tenebrosos, ¿no? Es lo que hacen los guardas grises, ¿verdad? Sé que después de lo ocurrido, necesitarás toda la ayuda posible que puedas encontrar. Por eso voy a ir contigo.

—Voy a necesitar ayuda eso es cierto—. Dijo Elsa mientras se limpiaba con un pañuelo.

Leliana sonrió. —Y, además, el Hacedor quiere que vaya contigo—. Aseguró confiada.

—¿El… Hacedor?—. La platinada cuestionó confundida, gracias a esa pregunta la hermana bajó la mirada sonrojada.

—S…sé que parece una… completa locura—. Tartamudeó levantando el mentón—. ¡Pero es cierto! Tuve un sueño… ¡una visión!

—¿Mas dementes?—. Alistair susurró—. Pensaba que ya teníamos el cupo lleno.

—Mira a esta gente—. Señaló Leliana—. Están perdidos en su desesperación. Y este caos, esta oscuridad… se propagarán. El hacedor no quiere esto. Lo que haces, lo que debes hacer, es la obra del Hacedor. ¡Deja que te ayude!—. Suplicó.

Elsa pensó por un momento. "Necesitaré toda la ayuda posible, y parece que esta hermana puede cuidarse por sí sola".

—De acuerdo—. Aceptó no muy convencida—. No rechazaré la ayuda que se me ofrece.

Morrigan resopló. —Parece que el golpe que recibiste era más grande de lo que madre pensaba.

—¡Gracias! Te agradezco esta oportunidad—. Agradeció sonriente la pelirroja—. No te decepcionaré. Por cierto, pensaba tomar un té antes de que llegases, ¿gustan acompañarme? Yo invito.

Los tres aceptaron, aunque la bruja hizo una mueca, y se sentaron en una pequeña mesa redonda justo al centro de todos, aguardando por sus pedidos y esperando que no fuesen mirados raro por el pequeño "espectáculo" de hace unos momentos.

Comieron en respectivo silencio. Ninguno de los cuatro estaba completamente cómodo aún, pues apenas se conocían. Elsa decidió hablar para poner a Leliana al tanto de su misión, y también para discutir los planes futuros.

Entre los cuatro discutían el próximo destino con un mapa que Kristoff llevaba consigo.

—…Ya les dije que lo mejor es ir con el Arl Eamon—. Insistió Kristoff señalando con su dedo el punto donde se localiza Risco Rojo.

—Y dale… ¿acaso no entiendes que lo mejor es atacar cuanto antes? Templario mediocre, o tal vez debo agregar guarda gris incompetente—. Discutió la bruja a lo que el chico solo frunció visiblemente el ceño—. Denerim es la mejor opción y, de paso, entrar en el Bosque de Brecilia para buscar a esos elfos.

—Pues yo creo que podríamos ir con los enanos—. Sugirió la pelirroja con ojos soñadores señalando las Montañas de la Espalda Helada—. Visitar Orzammar debe ser una experiencia increíble.

—Y yo que creía que eras una monjita bien arraigada—. Comento sarcásticamente la pelinegra.

—¿Eh?—. Leliana atinó a decir, confundida.

—¿O es que acaso quieres ir a predicar tu adorado culto al Hacedor en una sociedad libre de esas estupideces?—. Siseó.

—¡Suficiente!—. Exclamó Elsa agobiada.

—Sí, tienes razón—. Dijo la bruja, indiferente—. Lo mejor es dejar la decisión en tus manos, después de todo eres la más lista en este grupo a parte de mí, claro. Y estos dos te seguirán sin chistar.

La rubia no supo cómo responder a eso, de hecho, no sabía en qué momento sus compañeros la convirtieron en la líder del equipo, pero poco importaba ya, pues debían actuar cuanto antes.

—Nos dirigiremos a Risco Rojo una vez que el Sol haya salido—. Expuso señalando en el mapa—. Una vez solucionados los problemas y arreglos con el Arl Eamon podremos ir al siguiente punto más cercano. En tal caso ese sería la Torre del Círculo. De ahí podríamos dirigirnos a Orzammar que es el lugar más cercano y al final viajar al Bosque de Brecilia. Una vez reunida toda la ayuda posible podremos ir a Denerim, antes no.

Sus demás compañeros no pusieron peros, en especial el otro guarda gris quien parecía bastante complacido por el plan, caso contrario a Morrigan quien parecía arder por dentro. Leliana asintió con una gran y extraña sonrisa.

—Entonces vamos a pasar la noche en este pueblo ¿no?—. Cuestionó el rubio—. Creo que debemos buscar un lugar para dormir.

—Pues lo mejor es usar las tiendas de lona y mantas que compramos—. Propuso la platinada—. Después de todo es mejor guardar el dinero para el viaje y no creo que queden cuartos en esta posada, o en alguna otra… y menos en la capilla. Lo bueno es que compramos cuatro carpas, y varias mantas, por lo que no será problema alguno.

Estaban a punto de levantarse de sus asientos para posteriormente salir de la taberna y buscar un sitio donde acampar, cuando una mujer mayor se les acerco.

—D…disculpen—. Farfulló la mujer con los nervios palpables en el rostro—. Pe-pero me preguntaba si lo que dijeron esos hombres era cierto.

—¿Qué?—. Preguntó cortante la bruja.

Leliana frunció el ceño. —Lamento el comportamiento de mi compañera es algo… indecorosa—. Se disculpó la monja ganando un bufido molesto de la pelinegra—. Adelante pregunte cualquier cosa con confianza—. La sonrisa cálida y acogedora de la chica le dio el valor necesario a la mujer.

—¿S…Si acaso… ustedes son guardas grises?—. Habló sin apartar la mirada de la chica rubia quien también mantenía los ojos en ella, pensativa.

—Así es amable señora—. Respondió Kristoff—. Aquí mi compañera Elsa y yo somos los guardas grises, a su servicio. Aunque espero no sea enviada de Loghain o algo así—. Dijo con una risita nerviosa.

—¿Elsa?—. Repitió la mujer mientras sus ojos se ponían llorosos—. ¿Es usted, mi señora?

Los ojos de la hechicera se abrieron como platos al caer en cuenta quien era la mujer frente a ella.

—¿G…Gerda?—. Susurró Elsa mientras su vista se nublaba. La mujer asintió levemente y la chica se levantó torpemente de su silla, ambas quedando enfrente sin saber que decir o hacer.

—¿Pu…puedo abrazarla, mi… señora?—. Murmuró, sintiéndose más extraña en toda su vida y la última palabra fue soltada casi como si mil pájaros revoloteasen a la vez mientras un gran peso se hundía en el pecho de ambas, después de catorce largos años.

La muchacha asintió levemente aun sin poder creer aun en lo que su vista le ofrecía. Sin embargo, la mujer mayor estaba aún más maravillada y estupefacta pues se suponía que la niña Elsa había muerto aquella noche a mano de maleficars. Gerda se acercó cuidadosamente hasta envolver en un tierno abrazo a Elsa, quien correspondió luego de unos segundos. Un sabor salado se posó sobre su boca y supo que eran lágrimas.

Los otros no entendían para nada que estaba pasando y miraban la extraña escena. Alistair solo se rascó la cabeza esperando una explicación, Leliana sonrió abiertamente y Morrigan gruñó apartando la vista molesta, acto que fue reprochado por la monja quien le lanzo una mirada la cual contratacó con un gran ceño fruncido obligando a la pelirroja a apartar la vista.

—¿C…cómo es posible?—. Balbuceó la mujer de cabellos grises aun con lágrimas en los ojos.

—No lo sé…—. Susurró la maga—. Pensé que nunca volvería a verte, nana.

—Hmrrrp arhmp—. El ruido sonoro de Kristoff aclarándose la garganta irrumpió el momento—. Lamento interrumpir pero creo que sería bueno una explicación.

—¡Ay ya arruinaste todo!—. Regañó Leliana—. Que no ves que era una hermosa reunión de madre e hija… o bueno nana y…

—Tienen razón—. Suspiró Elsa, apartándose de Gerda—. Creo que hay muchas cosas que tal vez deba explicarles, pero necesito hablar con Gerda… a solas—. Las miradas enojadas de sus compañeros le dijeron que no estaban contentos—. Por favor chicos, es que… hay tanto que quiero decirle y bueno, ha pasado bastante tiempo desde la última vez.

Los tres aceptaron a regañadientes, aunque Morrigan estaba feliz de no haberse quedado al "meloso" momento. Salieron de la taberna y se dirigieron a buscar un buen lugar para poner su campamento, el cual fue casi a la entrada del pueblo cera del camino Imperial por donde llegaron.

Ambas se quedaron solas dentro de la taberna en un incómodo silencio, por lo que Elsa tomó la iniciativa e invitó a sentarse a su antigua nana.

—Bueno… supongo que ha pasado un tiempo—. Comenzó Elsa con torpeza al no saber qué decir, tanto que quería contarle, pero nada llegaba a su lengua.

—Eso parece—. Murmuró la mujer mayor—. ¿Cómo es posible que… éste aquí?

Elsa le regaló una triste sonrisa mientras sus ojos se oscurecían.

—Les dijo que morí ¿cierto? Les mintió a todos para cubrir sus actos.

—¿A qué se refiere?-pregunto confundida Gerda.

—Mi padre—. Exhaló la rubia con desaliento—. Te mintió, engañó a todo el reino, incluso al rey Maric—. Antes de que la mujer pudiese preguntar algo, Elsa comenzó con su explicación—. Aquella noche, la de mi octavo cumpleaños, no fui atacada por maleficars como les hizo creer. No, esa noche fui entregada a los templarios por él…

Y así Elsa comenzó con su relato de lo que ocurrió esa trágica noche y los antecedentes por lo que también le contó sobre sus habilidades mágicas, sobre Hans y el accidente con Anna.

—…fue mi culpa, nana—. Repetía entre sollozos—. Yo la lastimé… yo causé todo, ella pudo morir. Por años me convencí de que había sido culpa de él… pero solo…

—No mi niña, no se culpe. Sabe muy bien que no fue su culpa—. Consoló su antigua nana extendiendo sus manos hasta tocar la de la chica—. Usted solo era una niña.

—Sí, pero yo… era la mayor. Nunca debí haber actuado así con ella… solo tenía cinco años, Gerda, cincoaños, no fue su culpa. Ni de él. Yo fui la causante de todo…

—No diga esas cosas. Usted también era una niña, acababa de cumplir siete años. Era el día de su cumpleaños, su padre debió entenderla y ayudarla. Ninguna de ustedes tuvo la culpa, solo eran niñas. Mi señora…

—No…

—¿Eh?

—No me hables de usted, por favor—. Dijo sonriendo amargamente—. Ya no soy tu señora ni de nadie. Pero… puede que tengas razón, tal vez no me fue del todo mi culpa, aunque no puedo evitar sentirme culpable—. "Como con Jowan" pensó suspirando la última parte.

—Me alegra ver que se ha… que te has convertido en una chica bastante responsable y capaz. Estoy segura de que a ella también le alegrará.

—¿A quién?—. Se quedó sin aliento—. Dime ¿acaso… ella está aquí?—. Preguntó mientras la emoción se formaba en su estómago, la sonrisa de Gerda respondió su pregunta. Rápidamente una gran sonrisa adorno su rostro, pero fue cayendo al recordar algo muy importante.

—Pe…pero ella no… me recuerda, ¿cierto? Seguramente ni siquiera sabe que existo—. Bajó la mirada y suspiró audiblemente—…Yo estuve ahí cuando le borraron la memoria.

—Así es, pero puede que recuerde algo. Aunque sea algo muy pequeño podría florecer nuevamente. Además, ambas se necesitan más que nunca… son todo lo que tienen—. Murmuró con pesadumbre.

—¿A… que te refieres?—. Preguntó confundida levantando nuevamente la mirada, Gerda le regló una triste sonrisa.

A continuación, Gerda procedió a contarle lo sucedido en Pináculo hace unos días. Elsa escucho con horror el relato mientras sentía un sentimiento de ira encenderse en desde lo más profundo de su corazón, preguntándose porqué el mejor amigo del Teyrn cometería tal tracción, de hecho aún recordaba lo bien que se llevaban. Pero cuando Gerda le habló sobre la muerte de su madre…

—Mi… madre ella está…—. Masculló con la vista perdida, una sensación de hundimiento la aplastó.

—Lo lamento tanto, querida—. Consoló su antigua nana.

Elsa no estaba del todo segura de llorar o gritar, escogió lo primero. Aunque su llanto no fue tan grande como esperaba, pues al haber pasado catorce años separada de su madre los lazos más fuertes se van aflojando, aun así no pudo evitar el dolor que oscurecía su pecho.

—¿Y… como esta… Anna?–. Preguntó una vez que pudo tranquilizarse—. ¿E…está bien?

—No lo creo, mi niña—. Gerda bajó la mirada—. Desde aquel día no ha sido la misma y… me preocupa que no vuelva en sí. Además, apenas estaba asimilándolo cuando nos enteramos de Ostagar y que… vuestro padre también pereció.

Elsa frunció levemente el ceño, confundida.

—Pero mi pad…el teyrn Agdar—se corrigió—no murió en la batalla. De hecho, él estaba con el Teyrn Loghain junto a sus mejores hombres, la mayor parte de sus tropas acompañaban al rey sí, pero él no estaba allí…

Ninguna de las dos supo que pensar.

—Tal vez… intentó intervenir y Lord Loghain lo arresto—. Planteó Gerda.

Elsa gimió internamente. —No lo sé, pero debemos llegar al fondo de esto…

—Al menos ya sé que mi señor Agdar no ha muerto, esto será un gran alivio para Anna—. Expresó con una sonrisa—. También para usted… para ti—. Se corrigió.

—No—. Contestó la maga—. C-creo que lo mejor es que…—. Cerró los ojos conteniendo el dolor que esas palabras le causaban— No sepa sobre mí.

—P…pero mi señ… Elsa. No creo que eso sea lo correcto, deberíamos decirle. Tú también la necesitas.

—Tal vez, pero al menos démosle algo de tiempo… para poder asimilar correctamente todo. Por ahora dejémoslo así. Además, no creo que por ahora tenga tiempo para esto… quiero decir, ahora soy una guarda gris y mi deber combatir a los engendros tenebrosos e impedir el avance de una nueva Ruina.

—Cierto—. Suspiró—. Ahora usted, tu, eres una guarda gris… Aun así, me parece que lo mejor es que te acompañemos.

—¿Quiénes?—. Preguntó sin pensar la rubia.

—Anna y los demás que la seguimos—respondió—la pobre Anna necesita un propósito que seguir, una familia de la cual depender… Todo lo que le importa ahora es la venganza, y ese camino no lleva a nada bueno. Déjanos seguirte, así podrás pasar tiempo con ella antes de decirle, podrás recuperar a tu hermana y les servirá a ambas.

—No… no lo sé, tengo que pensarlo—. Murmuró Elsa, una parte de ella quería aceptar, pero otra estaba indecisa y asustada de herirla nuevamente además de que la embarcaría en un viaje peligroso, aunque era preferible a que buscase a Howe por su cuenta.

—Está bien, sé que no es algo fácil de decidir—. Dijo Gerda comprensiva—. ¿Qué tal si lo hablamos mañana con más calma? El Sol se ha puesto y la Luna ocupa su lugar. Ahora debes ir con tus amigos y descansar. No te preocupes que yo haré que Anna se mantenga aquí sana y salva. También hay muchas cosas para hablar y ponernos al corriente.

—Gracias Gerda yo… supongo que tomaré tu consejo y tampoco te preocupes que prometo tener una respuesta para mañana—. Con esto Elsa se levantó y acercó hasta la mujer para abrazarle nuevamente.

—Una cosa más—. Dijo Gerda—. Anna no es la misma de hace catorce años, pronto lo descubrirás. Ahora ve y descansa.

Elsa salió de la taberna con una leve mueca similar a una sonrisa, aunque con múltiples emociones encontradas.


Anna caminaba junto a sus compañeros por todo el pueblo. Sten, el qunari, resultó ser bastante callado. No habían logrado encontrar alguien que vendiese una armadura de su tamaño, pero se conformaron con que el hombre llevase una gran cota de malla que le cubría hasta las rodillas, pero no tenía forma alguna, solo parecía una gran manta de metal.

Ella por su parte aun llevaba puesta su armadura de escamas de hierro, pero comenzaba a molestarle, por fortuna llevaba ropa debajo así que podría quitársela con confianza. Los elfos se habían puesto sus camisas de cota de malla por debajo de su ropa así que solo se veía en sus brazos y parte del pecho. Ser Kai también tenía su armadura de cota de malla fabricada con hierro, pero la suya sí estaba completa: una camisa de cota de malla por abajo y arriba un peto junto a grebas y guanteletes del mismo material. Y Olaf no necesitaba armas o armadura alguna.

En cuanto a las armas, Anna llevaba consigo a "Idun" y el escudo de acero triangular de Pináculo. El caballero llevaba su espada y escudo. Sten no llevaba armas, pero les aseguró que, por el momento, se bastaba con sus puños. Amarïe portaba una de las espadas largas al igual que su hermano, pero seguían sin saber manejarlas correctamente.

La noche ya había tomado lugar y ahora se debía caminar con cuidado para no tropezar pues las antorchas eran escasas a pesar del gran número de refugiados en el pueblo.

Estaban buscando algo de información sobre los guardas grises, aunque Sten no estaba del todo convencido con esa búsqueda. Cuando Anna visualizó al soldado quien les informo sobre lo ocurrido en Ostagar caminar torpemente con una mano en su abdomen, así que se acercó.

—Saludos de nuevo, buen soldado—. Dijo la chica—. Puedo preguntar quién ha hecho esta barbarie.

—¡Fueron los guardas grises!—. Exclamó aterrado.

Anna entornó las cejas. —¿Los guardas grises están aquí?

—¡Sí! ¡Son terribles! ¡Llevan dos brujas consigo! ¡Y un formidable guerrero!

—¿Podría describir cómo son? ¿Y dónde estaban?

—Uno es rubio y lleva una armadura de cota de malla. Otra, la bruja, tiene el cabello negro como cuervo y apenas tiene ropa ¡Y la líder… es la peor! Su cabello es blanco como la nieve al igual que su pálida piel ¡Y sus brujerías no tienen nombre! ¡No vallas joven aventurera! ¡Te harán pedazos! ¡Yo y mis hombres los enfrentamos, pero no fuimos rivales! ¡Están en el Refugio de Dane! Evítalos a toda costa.

Con esa afirmación el soldado salió caminando, perdiéndose entre la gente. Anna rápidamente comenzó a caminar a la taberna.

—¿Puedo preguntar qué haces?—. Cuestionó el qunari con su gruesa voz.

—Me dirijo a la taberna—. Respondió Anna cortante.

—¿Por qué?

—Porque allí están los guardas grises… y son ellos a quienes nos enfrentaremos hoy.

—No lo entiendo—. Murmuró Sten—. He escuchado historias de mi gente sobre los guardas grises y se dice que son héroes. ¿Por qué habrías de atacarlos?

—¿Por qué mataste a esos campesinos?—. Preguntó la chica sin esperar respuesta- Todos somos asesinos, Sten. La cuestión está en decidir a quién asesinamos… y traicionamos.

Anna caminó más rápido, hasta que visualizó la figura solitaria de una mujer con la misma descripción que el soldado le dio. Cousland se permitió una sonrisa depredadora.


Elsa había estado buscando a sus compañeros, hasta ahora había buscado por las cercanías de la taberna y se disponía a ir al otro extremo del pueblo, por donde había llegado. Sin embargo, sus pies dejaron de moverse cuando vio a la persona que se dirigía hacia ella. Elsa sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. "Anna" su susurro se perdió en la lejana brisa.

—¡Oye tú!—. Escuchó la melodiosa voz de esa chica, estaba segura de que era ella, podían pasar mil años, pero nunca olvidaría su rostro ni confundiría sus facciones—. ¡¿Eres un guarda gris?!

Elsa no sabía cómo responder, ni siquiera sabía si su mente estaba funcionando en ese momento lo único que comprendía era que enfrente de ella estaba su hermana.

—Te lo preguntaré una vez más—. Insistió la pelirroja—. ¿Eres una guarda gris? ¿Sí o no?

Su mente comenzó a trabajar a una velocidad impresionante, haciendo conjeturas por lo que inmediatamente entendió que esa chica estaría buscando venganza contra quienes creía habían traicionado a su padre, en este caso los guardas grises.

—N-no—. Atinó a decir, apenas audible para los presentes.

—¡No mientas!—. Espetó la pelirroja con rencor—. ¡Sé muy bien que eres una de ellos! ¡De los que traicionaron a mi padre! ¡Lo mataste!

—No fue así—. Habló Elsa con un poco más de claridad—. Los guardas grises no hicieron tal cosa… fue el Teyrn Loghain quien traicionó al Rey, no…

—¡Mientes!—. Gruñó la chica junto a su perro que se acercaba amenazante. La rubia retrocedió torpemente—. Tal vez si me hubieses dicho la verdad, hubiese tenido algo de misericordia y te habría matado rápidamente. Pero eso ya no será posible…—. Amenazó desenfundando su espada y escudo en cada mano, mientras el sabueso ladraba y sus compañeros también se preparaban para pelear.

—Por favor, escúchame—. Suplicó la maga, sujetando su bastón—. Tan solo déjame explicarte… el Teyrn Agdar ni si quiera estaba con el Rey…

—¡Esa es la prueba!—. Señaló acusante con su espada—. ¡No te había dado la identidad de mi padre, pero tú misma lo mencionaste! Traicionaste a tu Reino. ¡Y eso se paga con la muerte!

Antes de que Elsa pudiese apelar, el gran mabari se arrojó contra ella por lo que alcanzó a conjurar un escudo espiritual para contener al perro. No obstante, fue golpeada por un escudo de metal. Era Anna quien le había flanqueado la defensa y casi la derriba. Con un gruñido, la rubia grabó un glifo, el cual inmovilizó tanto a la chica como al animal e intentó huir del lugar.

Sin embargo, su camino fue bloqueado por un hombre y dos elfos, el hombre la atacó con su espada así que se protegió con su bastón, pero retrocedieron dos pasos. Al verlo mejor se dio cuenta de que era Ser Kai, el caballero jurado de la familia Cousland, aunque él no pareció reconocerla. Los elfos intentaron atacarla, pero eran novatos en combate así que pudo esquivar ambas espadas.

Esta vez usó un hechizo para aturdir la mente de sus enemigos y así pudo alejarse lo suficiente. Pero fue detenida por el gran hombre quien la sujetó con sus enormes brazos y arrojó al suelo, directo a la dirección de la pelirroja quien ya se había zafado del hechizo. Anna junto a sus demás compañeros la rodearon en un círculo.

—Estas acabada, bruja—. Escupió con odio la pelirroja—. ¡Ríndete!

Elsa no sabía qué hacer, percibía en su interior esa extraña magia la cual gritaba ser liberada, pero sabía muy bien que, si hacía esa explosión, su hermana saldría herida. Así que concentró toda su voluntad en mantener a raya esa magia por lo que sus reservas de maná comenzaban a agotarse hasta que solo le quedo un poco para algunos hechizos. Así que lanzó sobre sí misma un escudo protector que le protegía de cualquier daño, pero le impedía hacer algún movimiento.

Tanto Anna como los otros tres intentaban traspasar la barrera, pero les era imposible y sus armas solo rebotaban en el escudo. Elsa rezaba al Hacedor para que le diera una escapatoria celestial pues la barrera no sería eterna.


Anna había estado forcejeando para liberarse de esa extraña fuerza que paralizaba sus músculos. Sería una mentira decir que no estaba asombrada por las habilidades de la gurda gris porque lo estaba, de hecho, todo lo referente a la magia le gustaba desde niña, pero este no era el momento para halagar a la hechicera. Una vez que se liberó de la trampa se dirigió a la hechicera e intentó atacarla con Idun pero todos sus golpes rebotaban.

Entonces su mente comenzó a llenarse de horribles imágenes y sintió como todas sus extremidades dejaban de responderle, pero el agarre de sus armas aún se mantenía firme. Estaba en una especie de pesadilla, pero conscientemente pues sus ojos transmitían todo lo que estaba ocurriendo.

A lo lejos vio la figura de tres personas armadas acercarse rápida y peligrosamente. A pesar de la poca luz pudo visualizarlos perfectamente, uno llevaba armadura de cota de malla, otra una túnica de la capilla y la ultima una extraña vestimenta que apenas y cubría de la cintura para arriba. Eran los otros guardas grises.

El de espada y escudo comenzó a combatir contra Ser Kai y la monja llevaba dos dagas largas y estaba combatiendo contra Amarïe y Eärendil, mientras que la última era bruja e intentaba mantener a raya a Sten quien avanzaba a paso lento por algún conjuro de la bruja.

Cuando giró los ojos se dio cuenta de que la hechicera ya no estaba en ese extraño escudo y ahora se alejaba unos cuantos pasos, pero fue derribada por Olaf. Luego de unos segundos su mente volvió a la normalidad y recobró todos sus sentidos.

Mientras tanto, el resto de sus compañeros estaban teniendo una difícil contienda. Los hermanos elfos pensaron que al enfrentarse a una hermana de la capilla su victoria sería segura, pero fue todo lo contrario pues esa pelirroja se movía como una autentica profesional bloqueando todos sus ataques y dando estocadas casi mortales, además de usar técnica de batalla no muy "limpias" pues en ocasiones les arrojó tierra a los ojos o lanzó golpes bajos.

Ser Kai no creyó volver a tener un rival tan difícil desde que se enfrentó a Anna, pero estaba equivocado, pues ese joven se movía con total experiencia y tranquilidad como si todos sus sentidos los tuviese finamente controlados, no importaba que técnicas usase, el chico bloqueaba todo y ni siquiera parecía cansado o agitado, solo había visto ese tipo de combatientes en el mundo: templarios.

El qunari, Sten, intentaba forzar a sus pies para que se moviesen, pero era inútil pues la bruja era poderosa, por eso los qunari despreciaban la magia y mataban a cualquiera con signos de ella. Pero cuando sus fuertes piernas respondieron, ya no vio a la mujer sino a una araña gigante del tamaño de un gran mabari frente a él. La araña se abalanzó contra él, derribándole e intentando morderlo con sus fauces, pero la gran fuerza física del qunari se lo impedía, tomándola de sus patas para frenar su avance.


Elsa suspiró aliviada cuando vio a sus compañeros acercarse para apoyarla, pero su miedo creció nuevamente al darse cuenta de que esta batalla podría ser mortal para cualquiera de los implicados en ella.

Leliana ya había dejado de luchar contra los elfos y, definitivamente, ella había obtenido la victoria, aunque solo desarmó a ambos y se quedó vigilándolos. Kristoff estaba a punto de derrotar al viejo caballero y Morrigan, o lo que fuese esa cosa, tenía a raya al gran hombre por lo que decidió era hora de terminar esta absurda batalla.

No obstante, el mabari la derribó e intentó atacar directo a su rostro, soltó su bastón y utilizó su mana restante para conjurar sobre sí misma un modo que le permitía tener la piel tan dura como una roca. Puso sus brazos protegiendo su rostro y el mabari los mordió, aunque su "armadura" era fuerte el perro también lo era, así que, al cabo de un rato, esos filosos colmillos comenzaron a doler. Con su mano derecha sujetó la pata del perro y se concentró, el animal comenzó a retroceder levemente para después simplemente sentarse.

No comprendía porque el perro había dejado de atacarla y ahora movía la cola frente a ella.

—¡Olaf!—. Vociferó Anna—. ¡¿Qué haces?! ¡Atácala!

El perro no hizo caso a su ama y se quedó allí, sentado, observando a la maga directo a los ojos. "Olaf" pensó la rubia y un deja vu le vino a la mente, pero se alejó cuando Anna cargó directo a ella con una mirada amenazante.

Elsa se levantó lo más rápido que pudo, solo para ser atacada por la espada de su hermana, pero gracias a su hechizo el golpe no fue mortal, pero sin duda dolió, los ataques de la chica continuaron a un ritmo alarmantemente rápido y apenas podía esquivarlos. Lentamente sentía como su "armadura" era destrozada por los fuertes golpes de la chica, por lo que volvió a conjurar un hechizo sobre ella, el cual le permitía esquivar más fácilmente los ataques cuerpo a cuerpo además de desviarlos.

La hechicera pudo esquivar la mayoría de los ataques de la pelirroja hasta que su compañero guarda fue en su ayuda y derribó a la chica con un barrido de su escudo.

Elsa suspiró agotada y miró el campo de batalla. Leliana mantenía cautivos a los elfos, Ser Kai yacía en el suelo sin armas, el gran hombre estaba envuelto en una telaraña con Morrigan a su lado, el mabari seguía sentado y Anna estaba en el firmamento mientras Kristoff confiscaba su espada.

—¡Devuélvela cara de cebo!—. Gruñó Anna amenazante. Elsa pensó que al menos seguía igual de obstinada, mientras una leve sonrisa adornaba su boca—. ¡¿Y tú de que te ríes?!—. Exigió a la maga quien de inmediato dejó de sonreír.

—¿Qué hiciste para que nos quiera matar?—. Le susurró Alistair, aunque no fue muy discreto pues Anna lo escuchó.

—¡Son guardas grises!—. Resopló resentida—. ¡Asesinaron al Rey! ¡Y a mi padre!

—Los guardas grises no hicimos tal cosa—. Aseguró Elsa con calma—. Fue Loghain quien abandonó al Rey a su suerte… Y tu padre no estaba junto a él…

—¡MIENTES!—. Rugió la chica.

—No, no es así, créeme por favor—. Elsa la miró compasiva—. En la taberna hablé con una de tus acompañantes, Gerda es su nombre—. Explicó Elsa para intentar persuadir a la pelirroja—. Ella me contó quién eres y quien es tu padre, por eso lo sé. Y te aseguro que el Teyrn Cousland no estaba junto al Rey en el abismo. Lord Cousland estaba con el Teyrn Loghain aguardando la señal para atacar… pero una vez que la señal fue encendida, Loghain abandonó el campo de batalla, aunque no sé qué sucedió con nue… con tu padre—. Terminó nerviosa pues casi se le escapa algo muy importante.

Anna se quedó allí, pensativa sin saber si lo que esa mujer afirmaba era cierto. Si decía la verdad entonces significaba que su padre estaba posiblemente vivo y que ese tal Loghain ocultaba algo, y tal vez podría rescatarlo yendo a Denerim. Después de todo no se había puesto a meditar las palabras del soldado, aun había esperanza.

—¿Y por qué habría de creerte?—. Cuestionó desconfiada mientras se levantaba.

—Piénsalo, ¿Qué ganarían los guardas grises traicionado al rey Cailan?—. Entonó Elsa persuasivamente—. Los guardas grises se dedican a combatir la Ruina y para ello necesitan al Rey. Pero… ¿Qué gana Loghain traicionando al Rey? Pues ya se ha titulado como regente del reino y su hija, la reina, ha sido destituida de su cargo. Entonces dime, ¿Quién traicionaría al rey? ¿Los guardas quienes combaten a la Ruina? ¿O un hombre que ahora está en el poder?

Anna no supo que contestar, esa chica tenía razón pues los guardas grises seguían siendo héroes y aunque el Teyrn también lo era, tal vez su hambre de poder le nublo el juicio. Cuanto odiaba la política. Pero antes de que pudiese responder los compañeros de la guarda se acercaron con sus propios compañeros apresados.

—Piénsalo bien, chica—. Dijo Leliana con astucia—. Los guardas grises solo desean seguir el camino del Hacedor y purificar Thedas de la Ruina.

—Otra vez con tu dichoso Hacedor…—. Refunfuñó la pelinegra rodando los ojos, pero la sacerdotisa solo la ignoró.

Mientras tanto, Elsa luchaba internamente para decidir si lo mejor era alejarse de su hermana o acercarla y llevarla consigo. Y la intensa mirada que la pelirroja le daba no ayudaba en lo absoluto, teniendo que apartar los ojos, sonrojada.

Anna había estado pensado en lo que la rubia le dijo manteniendo su mirada en ella, aunque lentamente sus pensamientos cambiaron y recordó el extraño dibujo de la niña rubia junto a su familia, aunque, mientras la observaba, se perdió en esos ojos azules y serenos como el hielo.

—Mira—. Dijo la rubia—. Te propongo algo: únete a mí en contra de la Ruina y te prometo que al final llegaremos al fondo del asunto con tu padre y Loghain… Además de que podrás hacer justicia por lo que le hicieron a tu familia—. Le prometió con una sonrisa que Anna no pudo descifrar, pero le daba una sensación cálida y reconfortante.

—¿Cómo sabes…?—. Preguntó a medias aun perdida en los ojos de la maga quien siguió sonriéndole.

—Te dije que había hablado con tu compañera y me puso al tanto de lo que el Arl Howe hizo. Te juro por el Hacedor y por mi vida que se lo haré pagar… conocí a tu familia y sé que no se merecían ese destino…

—¡¿Qué?!—. El otro guarda gris expresó incrédulo—. ¡Ellos intentaron matarte! ¡¿Y tú les ofreces que se unan a nosotros?!

—Ponte en su lugar, Kristoff—. Respondió Elsa con un tono de voz increíblemente roto—. Lo único que debes saber es que esta chica frente a ti es Anna Cousland, hija del Teyrn de Pináculo. Y su familia le fue arrebatada en una cruel traición por parte del Arl de Amaranthine. Pensó que nosotros habíamos traicionado a su padre… el único miembro de su familia que le queda…

Kristoff no respondió y solo frunció el ceño.

—Así es—. Anna resopló molesta—. Y te agradecería que me devolvieses mi espada—. Alistair miro a Elsa y la mirada que le dio fue positiva por lo que obedeció a regañadientes—. Creo que necesitas mejorar tus modales, tengo sangre noble y como tal debes mostrarme respeto, plebeyo.

—Pues yo soy un guarda gris—. Replicó el chico—. Y no nos inclinamos ante nadie—. Ambos se miraron con una mirada asesina, pero la otra guarda gris ignoró esto.

—¿Y qué dices?—. Le preguntó Elsa a Anna—. ¿Se unirán a nosotros en nuestro juramento para defender Ferelden de la Ruina?

—Yo…

No pudo responder porque el qunari habló primero.

—Me uniré a ti, guarda gris—. Dijo con franqueza.

—¿Qué?—. Peguntó la pelirroja—. Pero si estás conmigo.

Estaba—. Murmuró el qunari secamente—. Tu cometido es vengarte de quienes mataron a tu familia, y esa misión egoísta no recobrara mi honor. Por eso te serviré, guarda gris.

—Mmh—. Inhaló la hija de Flemeth—. Una criatura cuyo único propósito es recobrar su honor, tal vez nos sea útil.

—No hay necesidad de ser tan grosera—. Regañó Leliana ya la pelinegra solo bufó—. Serás bienvenido en nuestro grupo y te redimirás de tus pecados ante los ojos del Hacedor, se lo que hiciste, pero creo que todos merecemos la redención, ¿verdad Elsa?

Elsa asintió levemente para después mirar al resto de los que acompañaban a su hermana.

—Nosotros estaremos donde nuestra señora se dirija—. Dijo Amarïe hablando por ambos hermanos—. No tenemos otro lugar a donde ir, toda nuestra vida hemos servido a nuestra señora.

Ser Kai había estado mirando a Elsa, hasta que abrió los ojos enormemente sorprendió y la rubia trago¿ó saliva audiblemente: la había reconocido, sin embargo no mencionó nada.

—Mi deber es cuidar a los Cousland y seguiré a mi señora hasta el final…—. Aseguró.

—En ese caso creo que…—. Suspiró Anna bajando la mirada y meditando sus opciones—. Me uniré a ti, guarda gris…


Nota de autor

Espero que les haya gustado, de todos los posibles escenarios que se me ocurrieron para el reencuentro este fue el que más me gusto y se apegaba a lo que establecí en capítulos previos. Ahora si s vienen las interaciones entre Anna y Elsa :3 yo mismo estoy ansioso, ademas de interacciones con otros pesronajes.

Si se dieron cuenta los personajes ya han establecido una ruta que seguirán pero eso puede cambiar conforme vayan descubriendo cosas y realizando sus viajes. Aun así me gustaría saber qué lugar les llama más la atención para ser visitado y así pueda tener una visión más amplia delo que ustedes prefieren.

Hasta la próxima :D