Nota de autor

Hola de nuevo chicos. Aquí está el quinceavo capitulo, cada vez va tomando forma esta historia xD. Gracias por sus comentarios y espero que les guste este capi.

Anteriormente Elsa y sus compañeros lograron defender con éxito a la ciudad de Risco Rojo pero con grandes bajas. Ahora el bann Teagan tiene un plan para infiltrarse dentro de la fortaleza…

Todos los derechos de autor son para Disney y BioWare.


Capítulo 15—La Arlesa y el prisionero

Elsa y sus compañeros siguieron al Bann Teagan hasta el molino, a pesar de que estaban cansados su sentido del deber les hizo continuar, excepto a Morrigan quien no le importaba en lo más mínimo demostrar su descontento e irritación; los hermanos Amarïe y Eärendil también los siguieron, solo Gerda se quedó en el pueblo.

Subieron por el acantilado hasta llegar al molino donde el noble se encontraba encorvado, observando el horizonte, directo al castillo. Al pasar, Elsa bajo la mirada en memoria del caballero caído, Ser Perth. Se acercaron lo más que pudieron hasta el hermano del arl.

—Es curioso, lo silencioso que parece el castillo desde aquí—. Murmuró el Bann con voz solemne al escuchar los pasos tras de él—. Como si no hubiera nadie en su interior…

Un sentimiento de tristeza e impotencia inundo a Elsa, al imaginarse que los cadáveres que masacraron anoche hubiesen sido las personas del castillo, y tal vez el Arl Eamon estuviese entre ellos.

—Pero no nos demoremos más—. Habló otra vez el noble—. Había planeado entrar… entrar en el castillo una vez que la ciudad estuviera a salvo—. Dio media vuelta, encarando a la maga—. Hay un pasadizo secreto aquí, en el molino, conocido solo por mi familia, los Guerrin.

—¿Y por qué no entró en el castillo antes?—. Cuestionó la platinada con respeto, aunque sonó un poco acusatoria.

—¡No sabía lo que acechaba en su interior!—. Objetó el noble—. ¡No podía abandonar a la gente del pueblo! ¿O si…?

Por un momento contuvo el aliento y Elsa se preocupó, pero después exclamo:

—¡Por el halito del Hacedor!—. Corrió rodeando a la hechicera.

Cuando Elsa y todos sus compañeros giraron, vieron a una mujer mayor pero igualmente hermosa con un vestido noble y demasiado costoso correr por la ladera que conduce al castillo, directamente hacia ellos, con un caballero acompañándola. El Bann y la mujer se abrazaron amistosamente para después separarse.

—¡Teagan!—. Exclamó la mujer de cabellos castaños claros, casi rubios, y delicado rostro—. ¡Estas vivo, gracias al Hacedor!

—¡Isolda!—. Profirió con sorpresa aliviada el Bann—. ¡Estas viva! ¿Cómo has…? ¿Qué ha pasado?

—¡No tengo mucho tiempo! Me he escapado del castillo nada más terminar la batalla y debo regresar cuanto antes—. Explicó la mujer con sus facciones entristecidas—. Y… necesito que vuelvas conmigo, Teagan. Sólo.

—Cuidado, podría ser una trampa—. Advirtió Elsa, que hasta ahora no comprendía nada de lo que sucedía ante sus ojos.

—¿Qué?—. Preguntó la mujer volviéndose hacia Elsa, frunciendo el ceño, además hablaba con aire de superioridad y un acento muy delicado—. ¿Quién es esta mujer, Teagan?

—Me recordáis—. Kristoff dio un paso al frente—. ¿Verdad, mi dama Isolda?

Ahora Elsa comprendía mejor, esta mujer era Isolda la esposa del Arl Eamon y Arlesa de Risco Rojo, además de ser orlesiana y, por lo que había oído en rumores, ella había envenenado al Arl. Además, Kristoff les contó que esa mujer fue la responsable de que lo enviasen a la capilla, al creer que era hijo bastardo de Eamon y no de Maric.

—¿Alistair?—. Isolda frunció el ceño—. Precisamente tú… ¿Qué haces aquí?

—Mejor cuide su tono, señora—. Advirtió Anna con un gruñido.

—¿Y quién eres para darme ordenes, jovencita?—. Cuestionó enojada la Arlesa.

—Mi nombre es Anna, Anna Cousland—. Sonrió amenazante—. Hija del Teyrn Agdar y legítima heredera al teyrnir de Pináculo—. Dijo con orgullo.

De inmediato, el rostro de la orlesiana cambió. —M…mil perdones, mi señora. Es solo que…—. La Arlesa parecía preocuparse cada vez más, además de desesperada.

—Son guardas grises, Isolda—. Explicó el Bann—. Les debo la vida.

—Disculpad mi brusquedad—. Se disculpó nuevamente la orlesiana—. Normalmente soy más educada, pero en las actuales circunstancias…

—Por favor, lady Isolda—. Habló Alistair—. Creíamos que no quedaba nadie con vida en el castillo. Necesitamos respuestas.

—Sé que necesitan una explicación pero no… no sé qué puedo revelaros sin peligro—. Dijo con voz débil—. Teagan, se ha desencadenado una terrible mal sobre el castillo. Los muertos están despertando y atacan a los vivos. Atrapamos al mago responsable, pero no sirvió de nada. Y creo… que Connor está volviéndose loco. Hemos sobrevivido, pero no quiere abandonar el castillo. Ha visto tanta muerte…

Elsa sintió lástima y a la vez empatía con la Arlesa, pero no podía dejar de lado sus sospechas sobre ella.

—¡Tienes que ayudarlo Teagan!—. Suplicó la mujer—. Eres su tío. Tal vez tú puedas hacerle entrar en razón. ¡No sé qué más hacer!

—¿Y el Arl Eamon?—. Preguntó Elsa—. ¿Sigue vivo?

—Sí, lo está—. Respondió la Arlesa—. De momento le ha perdonado la vida, gracias al Hacedor.

—¿Qué le ha perdonado la vida?—. Cuestionó Teagan tan confundido como preocupado—. ¿Quién?

—El ente al que libero ese mago—. Explicó Isolda con ira en su voz y Elsa supo de inmediato que era un demonio—. Hasta el momento nos ha mantenido con vida a Eamon, a Connor y a mí. Los demás… no han tenido tanta suerte. ¡Han matado a muchísimos y ha convertido sus cuerpos en monstruos! ¡Y después de acabar con el castillo, ha atacado la ciudad! Me ha permitido venir a buscarte, Teagan, porque yo se lo he suplicado, ¡se lo suplique Teagan, yo, de entre todas las personas! porque le he dicho que Connor necesitaba ayuda.

—¿Porque tengo la sensación de que no nos lo está contando todo?—. Comentó Elsa aun con dudas en su mente, a pesar de sospechar que un demonio era el causante.

—Por… ¡por favor!—. Apeló la noble—. ¡Esa es una acusación sumamente impertinente!

—Lo siento—. Se disculpó la rubia—. No pretendía haceros sentir así.

—N…no, soy yo la que debe disculparse—. Balbuceó Isolda—. Tenéis razones de sobra para sospechar… ¡pero no sé qué más hacer! ¡Un mal que apenas alcanzo a comprender tiene presos a mi marido y a mi hijo! ¡He venido en busca de ayuda! ¿Qué más queréis de mí?—. Luego de esas palabras, volvió a centrar su atención en su yerno—. ¡Teagan, no tengo mucho tiempo! ¡¿Y si piensa que lo estoy traicionando?! ¡Podría matar a Connor! Por favor, vuelve conmigo… ¿Debo suplicártelo?

—Basta de preguntas—. Sentenció Anna—. Debemos de tomar una decisión ya.

Teagan dio un paso al frente. —El rey ha muerto y necesitamos a mi hermano más que nunca. Estamos al borde de la guerra civil, no podemos permitir que Loghain se salga con la suya. Volveré contigo al castillo, Isolda.

—¡Oh, gracias al Hacedor!—. Exclamó la Arlesa aliviada—. ¡Bendito seas, Teagan! ¡Bendito seas!

Elsa enarcó las cejas. —¿Y de que servirá eso?—. Cuestionó aun sin convencerse de dejar ir solo al noble, aunque no tenía muchas opciones. De hecho, el Bann podría convertirse en nuevo Arl de Risco Rojo y así no expondrían más vidas inocentes, sin arriesgarse mucho.

—No estoy seguro, para serte sincero—. Respondió Teagan secamente—. Sin embargo, no puedo dejar que Isolda vuelva sola. Tal vez pueda ayudar a Connor y a Eamon, o tal vez sea una trampa y muera, pero se trata de mi familia. Debo intentarlo. ¿Acaso tu no harías los mismo por tus semejantes, tu familia?

Elsa solo se quedó callada, sabía que el Bann tenía razón; incluso ella haría cualquier cosa con tal de mantener a salvo a Anna. Por más que le pesase aceptar, debía aceptar. Por lo que se tragó todo su orgullo y sensatez.

—No me hago ilusiones de ser el héroe—. Continuó el hermano del Arl—. No creo que pueda acabar solo con este mal. Pero tú, en cambio, has demostrado ser formidable—. Le dijo con una mirada solemne para después mirar a la Arlesa—. Isolda, ¿puedes disculparnos un momento? Debemos hablar en privado antes de volver al castillo.

—¡No tardes, por favor! Te esperare junto al puente—. Dijo la esposa del Arl Eamon para después regresar por donde había venido, junto al caballero que le escoltaba.

Una vez que la Arlesa Isolda estuvo fuera de vista, Teagan comenzó a hablar.

—Te propongo esto: yo entro en el castillo con Isolda y tú lo haces por el pasadizo secreto. Mi sello abre la puerta—. Explicó mientras sacaba un pequeño sello de su bolsillo y se lo entregaba—. Puede que consiga… distraer al mal que acecha ahí adentro. Así que tendrás más probabilidades de pasar inadvertida. ¿Qué dices?

—¡Es una locura!—. Expresó Anna—.¡Morirás!

—Si es el precio que debo pagar para proteger a mi familia, que así sea—. Contestó Teagan honorablemente y Elsa pensó que este era un hombre que no merecía morir, un hombre al que podría seguir hasta la muerte.

—Con todo respeto, Bann Teagan, mi lord—. Comenzó respetuosamente Eärendil—. Mi señora Anna tiene razón, es un suicidio entrar allí, por lo que sabemos el castillo está plagado con esos monstruos.

—¿Y qué otra opción nos queda?—. Gruñó irritado—. ¡Todo lo que hemos conseguido hasta aquí no habrá servido de nada!

—Tiene razón, mi señor—. Susurró el guarda gris más viejo—. Sin el Arl Eamon, nunca conseguiremos el apoyo que necesitamos.

Anna bajo, la cabeza, sabiendo que su compañero y segundo al mando tenía razón. Además, era una Cousland y los Cousland hacen lo que deben, no lo que quieren.

—En ese caso…—. Dijo Elsa resignada—. Sigamos ese plan.

—Muy bien—. Asintió Teagan—. Aquí tienes mi sello. Abre la cerradura la puerta del molino. Decidas lo que decidas, Eamon es nuestra prioridad. Debes sacarlo de allí a toda costa. Isolda, yo mismo y todos los demás somos… prescindibles. Recuérdalo, mantén la cabeza fría.

—Lo… lo entiendo—. Aceptó la rubia, sabiendo que al final del día tendría que tomar nuevas decisiones que afectarían no solo a la familia Guerrin sino a todo Ferelden, y tal vez todo Thedas—. Haré lo que pueda, tiene mi palabra.

—Eres tan valiente como honorable—. Sonrió el Bann—. Ojala nos hubiéramos conocido en otras circunstancias… Espero volver a ver un nuevo amanecer tras esta lúgubre noche opaca que nos atormenta.

—¿De modo que vas a enviarlo ahí dentro con esa mujer?—. Fue Leliana quien cuestionó esta vez—. ¡Es muy peligroso!

—Un plan estúpido tas otro—. Gruñó Sten quien rara vez decía algo.

—Aunque admito que no tiene muchas opciones…—. Dijo la hija de Flemeth—. Está claro que ese es un plan mediocre que solo llevara a que nos maten. Por mucho que me desagrade estar de acuerdo con ellos…

Elsa se mordió el labio comenzó a dudar si sus decisiones eran las correctas pues la mayoría de sus compañeros estaban en desacuerdo con ella; incluso Ser Kai parecía molesto e incómodo. Tal vez ella no era la líder que guiaría este grupo en su cruzada contra la Ruina, tal vez seguía siendo solo una niña tonta y asustadiza que se escondía de sus problemas.

—No puedo demorarme más—. Indicó Teagan—. Permíteme que te diga adiós… y buena suerte.

El Bann de Rainesfere salió corriendo, subiendo por el acantilado por el cual la Arlesa llegó, hasta llegar al gran puente de piedra.

—C…creo que lo mejor es apresurarnos a ingresar al castillo—. Murmuró la rubia insegura de sí misma y sin esperar la respuesta de sus compañeros, se apresuró a ingresar al molino abriendo la puerta de madera.

Una vez dentro no vio ningún pasadizo, pero al buscar detrás de algunos costales y montones de trigo, encontró una pequeña rendija, el pasadizo que conducía al castillo.

—¿Y bien?—. Escuchó la voz de Anna tras ella—. Es hora de infiltrarnos en el castillo… Para serte sincera siempre quise hacer algo así-comento con una ligera sonrisa.

—Mhm. No creo que todos quepamos por allí—. Dijo Kristoff—. Es un espacio muy reducido.

—Tienes razón—. Reconoció Elsa en un suspiro cansado—. Bien creo que ni Ser Kai Ni Sten podrán pasar. Menos Olaf. Kristoff…

—¡De ninguna manera me quedare fuera de esto!—. Exclamó el guarda gris—. ¡No me importa que me quede atorado!

—¡Ni a mí!—. Se unió Anna.

—Nosotros tampoco nos quedaremos atrás—. Aseguró entusiastamente Amarïe, aunque su hermano no parecía muy convencido— ¿No es así, Eärendil?

—Yo… mejor me quedo aquí—. Contestó dudoso el elfo ante la mirada fruncida de su hermana—. Es… que yo no soy muy bueno con dagas y espadas, prefiero un buen arco pero mi brazo se duerme y cansa fácilmente, además estaremos en un lugar muy cerrado—. Su hermana no objetó su decisión.

—Definitivamente iré yo—. Expresó Leliana—. No se puede dejar pasar la oportunidad de entrar a la legendaria fortaleza de Risco Rojo.

—Pues como no hay mucho que hacer aquí—. Murmuró la bruja—…y seguramente todos ustedes fracasen. Tendré que ir. Pero no esperen que les esté cuidando cual niñera.

—Entonces, vamos—. Pronunció Elsa—. No debemos ni podemos perder tiempo. Los demás regresen a la ciudad y reúnanse con Murdock, tal vez esté planeando recuperar la fortaleza desde fuera.

Y todos entraron por la escotilla. Primero fue Elsa, seguida de Anna. Leliana permitió a Amarïe ir por delante de ella, Morrigan se negó rotundamente a mantenerse cerca tanto de la monja como del templario así que sin opciones tuvo que entrar detrás de la elfa. Kristoff fue el último en entrar debido a su pesado armadura y cuerpo ancho, pues si se llegaba a quedar atascado por el túnel no detendría el ritmo de sus compañeras.

Tanto Elsa como Morrigan usaron sus bastones para crear una especie de luz artificial, aunque la de la rubia era azul blanquecina y la de la bruja era verde oscuro, aun así, ambas luces cumplieron su cometido.

Descendieron por unas escalinatas demasiado largas, procurando poner sus pies y manos en los lugares correctos. Sin embargo, parecía que el camino era inacabable, aunque Elsa imagino que sería grande pues el pasadizo debería atravesar el lago y llegar hasta el otro lado, donde el castillo estaba situado, pues no lograba pensar en algún otro camino que el estrecho túnel recorriese.

Ignoró por completo las gotas de agua que comenzaban a caer, temiendo que en cualquier momento toda el agua del lago los sepultaría sin dejar rastro de ellos. Debía mantener su cabeza fría, sin emociones "Como un tranquilo lo haría" pensó triste e irónicamente.

Por fin puso su pie sobre piso sólido y lentamente bajo hasta estar pecho-tierra y continuar con el camino, los otros hicieron lo mismo. Sorprendentemente, mientras se arrastraba por el túnel, en ningún momento se encontró con alguna clase de insecto o roedor, para su alivio.

—Pareciese que este camino es infinito—. Escuchó la voz de su compañero guarda hasta el fondo del pasadizo, y no pudo evitar estar de acuerdo con él.

De pronto comenzó a ver una nueva luz, pero esta vez al final del oscuro pasaje. Junto a los sonidos de una voz gritando desesperada, pero a pesar de que no eran sus compañeros, esa voz se oía vagamente familiar.

—¡Ayuda! ¡Alguien!—. Gritaba la voz y Elsa comenzó a arrastrarse más rápido.

Finalmente llegó hasta una especie de escotilla y comenzó a golpear fuertemente, hasta que pudo abrirla ligeramente como para pasar su mano y abrir por el otro lado. Cuando salió, estiro ligeramente sus músculos, entrecerró los ojos y miro a su alrededor; era un cuarto completamente sucio y sin nada en especial, solo con algunas pequeñas cajas, los gritos seguían incesantes tras una puerta de metal y sin pensarlo la atravesó.

Al otro lado se encontraban las mazmorras de castillo, lúgubres y oscuras con rejillas por cualquier rincón y telarañas en los muros. Gruñidos resonaron en los muros y los gritos eran más claros, una voz que la llamaba, una voz que ella conocía. Corrió, giro por la derecha y atravesó otra puerta.

Dentro dos cadáveres se encontraban intentando entrar en una celda. Al escucharla, se giraron y rápidamente cargaron a ella con la intención de atacarla. Ella estaba a punto de comenzar un hechizo cuando Alistair y Anna le pasaron de largo y ellos terminaron con ambos cadáveres. Las integrantes restantes del grupo también ayudaron, una vez que estuvieron reunidos, Elsa se lanzó directo a la celda.

—¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-pregunto una voz tímida. Ella conocía esa voz y sus vellos se erizaron.

Cuando vio quien estaba dentro su respiración se cortó y la piel le palideció más de lo que ya era.

—¡¿Jowan?!


Ser Kai y los otros fueron directo al pueblo donde encontraron a toda la milicia restante reuniéndose para retomar el castillo, junto a los tres caballeros. Entonces pensó que sería una buena idea unírseles y así podrían ser una distracción mayor para que Elsa y Anna lograran cumplir la misión.

Una vez que estuvieron reunidos comenzaron a planear la toma de la fortaleza, una tarea nada fácil si estaba llena de monstruos, pero indispensable para la supervivencia de la ciudad. Además, necesitaba darle todo el tiempo posible a Elsa…

Elsa, la persona que nunca imaginó volver a ver. Gerda ya le había explicado algo sobre el pasado de la chica y definitivamente cambio toda su forma de ver al Teyrn Agdar. Tenía la sensación de querer protegerla, después de todo también era una Cousland y durante un buen tiempo convivió con ella, además, Anna estaba allí dentro también.

—Entonces atacaremos con todo por la puerta—. Dijo Murdock—. Pero no podremos pasar así de fácil, después de todo es Risco Rojo del que estamos hablando. Necesitamos que alguien nos abra desde dentro.

—Yo me encargo de eso, señor—. Aseguro el caballero de Pináculo—. Ustedes estén preparados.

—Téngalo por seguro, ser—. Respondió el alcalde mientras los compañeros de Elsa se alejaban.

—Mandemos al pequeño—. Gruñó el qunari sonando más como una orden que una sugerencia.

—P…pero yo ¿por qué?—. Protestó tímido el elfo.

—Hazlo Eärendil—. Dijo el Ser—. Eres el indicado para esa tarea. Depende de ti avisarle a nuestra líder que abra las puertas del castillo. ¿Acaso no eras el joven mozo que jugaba a ser un gran caballero que defendiese a la familia Cousland? Pues esta es tu oportunidad para demostrar tu valía. Tal vez, si lo logras, pueda armarte caballero.

—P…pero si solo soy un humilde sirviente, un vasallo—. Murmuró el chico con emoción y decepción a la vez—. Además de ser elfo, no merezco tal honor, ser; ni siquiera soy de alta cuna: nací entre los establos de una Elfería con mi hermana. Y usted ya no es caballero de Pináculo.

—Oficialmente no—. Explicó—. Pero no he abandonado mis votos. Y vuestra condición élfica no es razón alguna para menospreciarte, ¿no te gustaría combatir como los elfos de antaño? ¿Ser un gran guerrero que honre a su pueblo? Tienes la oportunidad de hacer grandes cosas, Eärendil, la cuestión está en que la tomes.

Olaf ladró de acuerdo con el caballero y el qunari asintió fríamente. Eärendil salió corriendo directo al molino.


—¡Tu! No… puedo creerlo…—. Jowan murmuró sentado en el suelo y, cuando la vio, se levantó en un instante. Su túnica azul de aprendiz estaba completamente negra de mugre y algo rasgada, su rostro reflejaba diversas cicatrices de azotes y torturas además de que tenía sangre seca por toda la cara y vestimenta.

Elsa se quedó completamente paralizada y sin palabras, ¿era real la persona frente a ella? ¿o solo era la ilusión del demonio para confundirla? A pesar de todo el dolor contenido durante semanas, no logro sentir rabia o repugnancia alguna por su antiguo amigo, todo lo que sentía era más dolor y sufrimiento.

—¿Jowan?—. Atinó a formular unas cuantas palabras, aunque sonaron más débiles de lo que quería.

—¡Por el halito del Hacedor!—. Exclamó el apostata con una expresión de alegría, alivio y culpa—. ¿Cómo has llegado hasta aquí? De todas las personas del mundo, eres la última que esperaba ver… pero me alegro de que así haya sido…

—Jowan… ¿Qué te han hecho?—. Su voz quebradiza sonaba preocupada pues no pudo pensar en algo más. El rostro de su examigo se contrajo en una expresión triste y melancólica.

—Lo que se les hace a los traidores y asesinos. No me sorprendería que te hubieran mandado para terminar el trabajo—. Comentó dolido y resignado.

—Yo… no puedo matarte, Jowan—. Declaró Elsa manteniéndose alejada de la celda, al no poder moverse. Sintió cuando Anna y Kristoff se ponían a cada lado suyo.

—Puede que cambies de idea cuando te cuente lo que he hecho—. Expresó el mago con la cabeza baja y avergonzada—. Yo...yo envenene al Arl. Hasta donde yo sé, ya debería estar muerto.

—¡¿Qué?! ¡Tú… envenenaste al Arl! ¡Mereces la muerte!—. Carraspeó Alistair en furia, desenfundando su espada y dispuesto a matar al mago, pero Anna se lo impidió y dejó que Elsa continuase hablando con ese extraño mago, deseosa de conocer la historia detrás de él y Elsa.

—Jowan—. Dijo Elsa con una voz fría esta vez, demasiado fría haciendo incapaz de demostrar cualquier tipo de emoción, sin duda la noticia le impactó—. Has envenenado al Arl Eamon, y encima de eso, desataste un mal sobre el castillo. No veo razón para seguir deteniendo a mi compañero…

—¡Espera! ¡Por favor, no!—. Suplicó su antiguo camarada—. ¡Sé que así lo parece! Envenene al Arl y… es un crimen terrible. ¡Pero no hice todo lo demás, lo juro!

—¿Por qué habría de creerte, mago de sangre?—. Escupió Elsa.

—¡Necesito que confíes en mí! ¡Te lo ruego! Por todos los años que compartimos, ¡te lo pido por la sangre de Andraste!

—¡No confíes en él!—. Gruñó Kristoff.

—¡Espera!—. Solicitó Jowan—. Antes de que digas algo, tengo que hacerte una pregunta. Luego… luego puedes hacer lo que quieras conmigo—. Murmuró resignado y avergonzado—. Pero necesito saber esto… ¿Qué fue de Lily? ¿Greagoir le hizo algo? ¡Hacedor, y si la llevaron a Aenoar! La sola idea de que haya pagado por mis crímenes…

Elsa comenzaba a sentir algo de pena por su antiguo amigo. El amigo que le mintió. El amigo que la traicionó. El amigo que era su nueva familia. El mago de sangre. No, no debía sentir pena por ese maleficar ni mucho menos cariño, así que se empeñó en mantener su fortaleza helada dentro de su corazón.

—Aunque lo supiera, no mereces saber lo que le sucedió, ella y muchos otros han sufrido por tu culpa—. Acusó Elsa cerrando los ojos para intentar mantener su muro de hielo.

—Supongo… supongo que no puedo culparte por eso—. Murmuró decepcionado con algunas lágrimas corriendo por sus ojos—. Espero que, éste donde éste, no me odie por lo que he hecho... y pueda perdonarme…—. Limpió su rostro y se claro la garganta—. Bueno, aquí estamos otra vez, los dos juntos, como al principio—. Sonrió triste al recordar su primer encuentro.

—¿Cómo terminaste aquí?—. Exigió Anna.

—Yo me escapé de la Torre del Circulo—. Explicó el castaño—. Durante días los templarios me persiguieron, hasta acorralarme y atraparme. Entonces, un grupo de soldados me… "rescató" y mataron a los templarios, aunque creo que capturaron a uno, y su líder era… era el Teyrn Loghain. Él… me ordenó envenenar al Arl.

Al escuchar eso, Kristoff enfureció aún más y Morrigan tuvo que paralizarlo con un hechizo para evitar que atacase al joven.

—Y yo que siempre me lo imagine más alto—. Murmuró Jowan a Elsa, haciendo alusión a las horas que pasaban en la biblioteca leyendo historias cuando niños—. Me dijo que el Arl Eamon era una amenaza para Ferelden que, si hacia lo que él quería, arreglaría las cosas con el Circulo. Y todo lo que quería era volver. Pero me ha abandonado aquí, ¿no?-dijo con sarcasmo-. Soy idiota ¡Nunca pensé que acabaría así! Hacedor, he cometido tantos errores… He decepcionado a tanta gente… incluyéndote.

—Pero ya no puedes arreglar las cosas, Jowan—. Dijo Elsa manteniendo su frío tono.

—Lo sé… todo lo que puedo hacer es vivir con eso. Y lo de la magia de sangre…—. Suspiró—. Empecé con ella porque pensé que era el único modo para que Lily y yo escapáramos, el único modo de impedir que me convirtieran en un tranquilo. Si tan solo pudiera enderezar las cosas…

—Eres un mago de sangre, no hay nada que puedas hacer—. Carraspeó Elsa, hiriéndolo más de lo que ya estaba.

—Oh, te lo agradezco, al menos eso me hace sentir mejor—. Jowan frunció el ceño enojado pero culpable—. Al menos deja que te cuente lo sucedido aquí. Connor había empezado a mostrar… síntomas, tú sabes, síntomas "mágicos". A la señora Isolda le aterraba la idea de que el Circulo de hechiceros se lo llevara.

—¿Connor?—. Pregunto Kristoff una vez que se liberó de la parálisis y luchando por no atacar al prisionero—. ¿Un… un mago? ¡No puedo creerlo!

—Sí, así es—. Dijo el mago—. Ella pensó que un apostata, un mago ajeno al Círculo podría enseñar en secreto a su hijo para que aprendiera a ocultar su talento. Ahí es cuando yo entro en escena, el Teyrn Loghain tenía espías aquí y se enteró de todo así que me mando como un viajero errante—. Explicó el mago—. Su marido no lo sabía.

—Entonces ese niño pudo haber desgarrado el Velo—. Supuso la bruja—. Toda clase de espíritus y demonios podrían infiltrarse en el castillo.

—Yo también he pensado en eso—. Concordó Jowan—. No soy responsable de la aparición de esas criaturas ni de las muertes, ¡lo juro! Me descubrieron envenenado al Arl e hicieron prisionero antes de que empezara todo. Cuando lady Isolda vino con sus hombres, me pidió que deshiciera lo que había hecho. Ella pensó que yo había convocado al demonio. Me… me torturaron y no había nada que pudiera decirle, así que me dejaron aquí para que me pudriera.

—Ya veo, creo que lo entiendo—. Dijo Elsa intentando no sentir pena por él—. ¿Qué piensas hacer ahora?

—Estoy harto de esconderme y ocultar lo que he hecho. Voy a arreglarlo, sea como sea—. Enunció el apostata decidido—. Antes éramos amigos. Sé que no merezco llamarte así después de lo que hice… Si alguna vez te he importado, por favor… ayúdame.

—Ya te ayudé una vez en nombre de la amistad, ¿recuerdas?—. Gruñó la platinada.

Jowan bajó la mirada impidiendo ver su dolor en ella.

—Y yo te traicioné—. Su voz quebró—. Y a Lily. ¡Lo siento, lo siento mucho! P…por favor, ayúdame a hacer una cosa bien en la vida.

—Creo que este chico puede sernos de ayuda—. Dijo Morrigan sin la menor pena o sentimiento por él, solo con la intención de usarlo para su beneficio—. Pero si no, déjalo libre. ¿Para qué mantenerlo encerrado aquí?

—¡Eh, eh!—. Exclamó el hijo bastardo de Maric—. ¡No olvidemos que es un mago de sangre! No puedes… ¡no puedes dejar suelto a un mago de sangre, así como así!

—¿Y matarlo sí?—. Objetó la bruja—. ¿Y castigarlo por las decisiones que ha tomado sí? ¿Quién habla ahora, Kristoff el tonto o Alistair el templario?

—Yo diría que es cuestión de sentido común—. Se defendió el guarda gris—. Aun no conocemos toda la historia.

—Desea redimirse…—. Habló Leliana—. ¿No merece al menos una oportunidad? Todo el mundo merece una oportunidad de redimirse a los ojos del Hacedor y este hombre tanto como cualquier otro.

—No me parece lo mejor matarlo—. Expresó Anna, compadeciéndose del hombre—. Pero tampoco puede andar libre por el mundo. Ha cometido muchos crímenes, merece ser juzgado por ellos, pero no aquí, aunque… podría redimirse.

—Pues…—. Amarïe murmuró—. Usted es su amigo. Usted lo conoce mejor…

—¡Dame una oportunidad, por favor!—. Rogó Jowan por última vez—. Prometo que me quedare aquí e intentare ayudar, si es posible.

Elsa cerró los ojos y suspiró, insegura de la decisión que tomase no fuera la correcta. No quería seguir siendo una niña asustadiza ante los ojos de sus compañeros así que debía hablar sin titubear ni dudar. Pero no podía simplemente decidir el destino de una persona, de un amigo…


Nota de autor

¿Qué les pareció? ¿Creen que Jowan merece otra oportunidad? ¿Creen que merezca el perdón de Elsa?

Espero que les haya gustado, nuevamente agradezco todo su apoyo y hasta la próxima :D