Nota de autor
Hola otra vez, sí como ven no estoy muerto. Lamento el enorme tiempo que paso para poder terminar este. Definitivamente un bloqueo de autor y procrastinar durante demasiado tiempo no son buenas combinaciones.
Espero que les guste este nuevo capítulo, largo para compensar la ausencia de dos meses. Este es más un capítulo de "transición" pero ocurren muchas cosas importantes que estoy seguro les gustaran (guiño guiño).
Gracias por seguir esperando el fic :)
No tengo nada, todos los derechos de autor son para Disney y BioWare.
Capítulo 17—El Lago
Anna
La intensidad de la lluvia los obligó a buscar un refugio lo más pronto posible, un pequeño refugio natural con varios pinos les proporciono el lugar perfecto para acampar. Anna maldijo internamente, odiaba el lodo en sus grebas y deseó haberse cambiado la plateada armadura de escamas por una más ligera. Además, el agua probablemente arruinaría gran parte del hierro y sin alguien que repare armaduras, tendría que aguantar todo el camino que parecía eterno.
Llevaban medio día caminando y, convenientemente, las nubes habían decidido hacer acto de aparición. El Sol se había ocultado desde hace una hora, por lo que decidieron acampar.
Por lo menos fueron llevados en barco desde Risco Rojo hasta el otro lado del lago Calenhad, en la desembocadura del Río Dane, porque si no… Anna no quería ni imaginarse el infinito camino que hubiesen tenido delante. Se suponía que ahora deberían de haberse movido con más velocidad pues los enanos y su carro mercante se quedaron en el Risco, al igual que algunos miembros de su grupo.
Actualmente solo viajaban siete: ella, Elsa, Olaf, Kristoff, Leliana, Morrigan y Sten. El resto se quedaron custodiando el castillo mientras ellos completaban la misión. Por supuesto que Ser Kai había sido reacio a dejarla, pero era necesario pues necesitaban a alguien de confianza cuidando al niño-demonio, aunque se preguntó por qué Elsa confiaría en él como si lo conociera de años, tanto como para dejarlo a cargo; los elfos también se quedaron como escuderos del viejo caballero; y el apostata Jowan se mantuvo bajo custodia del Bann Teagan hasta que regresaran y se decidiera que hacer con él.
Una vez que el campamento estuvo acomodado y la bruja Morrigan hizo una fogata con fuego mágico, decidieron turnarse para hacer guardia y ella fue la primera. Se quedó sentada sobre una roca que cubrió con una manta para evitar mojarse, cerca de la fogata.
El golpeteo del aguacero contra el firmamento fue tan constante que Anna no tardó en acostumbrarse. Recordó algunas lluvias en Pináculo, que eran mucho más frías debido a estar al norte del reino, incluso en invierno nevaba con frecuencia. Extrañaba su hogar, a su familia, la nieve… A ella siempre le gustó la nieve, aunque no entendía su rara fascinación por dicha cosa. Se le hizo un nudo en la garganta al recordar.
A pesar de que siempre fue una persona muy positiva, eso no impedía que hubiera momentos en los que Anna se sintiera perdida, sola y sin nadie para amarla. A Anna siempre le aterró la idea de estar sola, de no ser amada.
Hubo un tiempo en el que todo era felicidad y despreocupación, después sus padres no le dieran la misma atención que antes (su padre ocupado y su madre melancólica), y los sirvientes se volvieron indiferentes hacia ella. Tal vez era demasiado fastidiosa con esa actitud alegre y la gente se cansaba de eso, así que decidió cambiar. Y se volvió más arrogante y sarcástica, algo de esto fue gracias a Hans, pues él fue su principal compañero y amigo por tanto tiempo. Con Hans a su lado no se sentía tan sola y el miedo disminuía.
Oh Hans...
El hombre que creyó amar alguna vez cuando aún era una niña tonta y llena de ilusiones, con la cabeza en canciones e historias sobre héroes rescatando doncellas de monstruos malvados y viajes épicos por el mundo. Su "héroe" la traicionó y el padre de este clavó una flecha en su madre, destruyendo lo poco que quedaba de aquella niña.
Apretó los dientes con una rabia impotente. No. No volvería a ser esa niña tonta y esta vez se aseguraría que todos los que la hayan lastimado paguen, empezando por el traidor Hans y su rata de padre.
La lluvia continuó golpeteando. El canto de un grillo se mezcló con el soplar del viento. Las ramas y hojas de los arboles crujían con intensidad.
Ahí estaba ella, con su más grande pesadilla consumiéndola. Estaba sola. Esta vez no tenía a Gerda para consolarla, ni Ser Kai para aconsejarla. Su "amado" la había traicionado. Su madre había muerto. Su padre seguía desaparecido, tal vez incluso muerto al igual que su primo y su sobrino.
Se había quedado sola.
Con ese pensamiento se abrazó las rodillas buscando consuelo. Algo rasposo y húmedo acaricio su mano, era Olaf. Al menos lo tenía a él. No sabía que sería de ella si llegase perder a Olaf, Gerda y al viejo caballero. Tal vez su corazón se llenaría de odio y venganza, si no lo estaba ya.
Dejó escapar un suspiro afligido. Al menos el asunto del niño Connor todavía se podía resolver sin matar a ningún inocente. Anna no pudo evitar que una sonrisa se formara al recordarlo.
Flashback
Había pasado un tiempo considerable desde que Elsa se había ido con la supuesta arma encantada, así que sin poder contener más su ansiedad se escabullo hasta la habitación de Connor, sin saber que escena encontraría. ¿La maga lo había hecho? ¿Acaso Anna se equivocó cuando se permitió confiar en la mujer rubia? Aunque algo en su interior guardaba la esperanza de que esas dudas fueran erróneas.
Al llegar hasta la habitación abrió la puerta de golpe. Esperaba encontrar a la hechicera dispuesta a matar al niño y ella estaba lista para evitarlo, o vengarlo en caso de que fuera demasiado tarde. Pero, en cambio, vio a la rubia arrojar la daga por la ventana. Elsa giro alarmada, encarándola con una expresión asustadiza y de poca seguridad.
Se quedaron allí, mirándose simplemente. Parecía que la otra chica había estado sollozando, pero no se necesitaron palabras para ese momento. Anna le sonrió ligeramente y Elsa devolvió la sonrisa.
Al final, Anna no había estado tan equivocada en confiar en la platinada.
Fin Flashback
Sí, era un buen recuerdo. Lentamente los sentimientos de soledad y tristeza desaparecieron y, por un momento, se sintió en paz al recordar la hermosa sonrisa de la maga. Tal vez todavía podía sentir algo a parte del odio y la venganza. Quería creer que eso era posible.
—¿Disfrutando del paisaje?—. La voz de un hombre la alertó. Era Kristoff que se sentó frente a ella, recordó que él era el siguiente en hacer guardia.
—Solo un poco—. Contestó indiferente, rasgo adquirido por la costumbre.
—Deberías ir a descansar, por la mañana nos espera un largo camino. Yo me encargo de mantener el campamento libre de bandidos. Seguramente mi olor e ingenio los espantará—. Bromeó como siempre hacía, pero la diversión no llegó a Anna.
—No estoy cansada—. Mintió. Ella estaba agotada, pero temía que, si cerraba los ojos, regresaría a la tristeza y el miedo, a la soledad. Odiaba sentirse así.
—Pero al menos estarías más caliente en tu tienda—. El rubio aconsejó y ella lo miró fijamente—. O puedes quedarte si lo deseas, no me importaría compartir mi guardia con una chica tan hermosa—. Dijo burlonamente, pero Anna nuevamente optó por ignorarlo.
El silencio continuó haciéndose cada vez más incómodo, y Anna deseó haberse ido antes. El guarda gris carraspeó rompiendo el silencio.
—Y... bueno, ejem—. Se notaba claramente nervioso—. Tal vez deberíamos intentar conocernos, después de todo viajaremos juntos por un largo, largo tiempo.
—¿Qué hay que saber?—. Se encogió de hombros—. Eres hijo bastardo del rey Maric y un guarda gris, sin mencionar que solías ser templario. Yo soy, probablemente, la última de mi familia—. Respondió fríamente.
Su cara se afligió. —Lo siento por eso... ya sabes, lo de tu familia—. Dijo con empatía, pero a Anna no le importó, el rostro del chico se volvió sombrío—. Yo también perdí a alguien que amaba recientemente. Duncan fue... como un padre para mí. Y los guardas grises eran mi familia—. Exhaló derrotado—. Ahora solo somos dos.
Anna no respondió y se limitó a mirar las llamas de la fogata.
—Pero no hay que hablar de cosas tristes—. Dijo recobrando su humor y sonrisa—. Por qué no hablamos de... ehmm por ejemplo... ¿lo que ocurrió en Risco Rojo?
Anna lo miró sin emociones—. Querías que Connor muriera.
Por lo menos tuvo la decencia de verse avergonzado y algo culpable—. ¡Lo siento! Sabes que en ese momento era la mejor opción. Usar magia de sangre para resolver el problema solo traería más maldad. Incluso no había seguridad de que el ritual funcionaría. No podía permitirlo.
—Así que optaste por seguir tus ideales templarios—. Asumió sin dudar tomando una postura amenazante—. ¿Y matar a un niño inocente es tu definición de bondad?
—Él ya no es un niño, es una abominación—. Contratacó frunciendo el ceño.
—Ni siquiera tuviste el valor de intentar hacerlo tú mismo—. Arremetió con dureza la pelirroja—. Fue Elsa quien lo haría, solo le diste la herramienta y un par de consejos—. Anna cerró los ojos, calmándose—. Y, aun así, ella no lo hizo.
—¡Oye, no sabía que había otra manera! De haberlo sabido no hubiera insistido en, en… la otra forma—. Se rascó el cuello con una mueca.
"Asesinato" terminó Anna mentalmente.
De hecho, Elsa había tenido una idea brillante al sugerir una tercera alternativa. Viajar hasta la Torre del Círculo para solicitar la ayuda de los magos.
Según lo que entendió, utilizarían el poder combinado de varios magos más el lirio para lograr ingresar en el Velo sin la necesidad de un sacrificio de sangre como fuente de poder. Tenía sus riegos, por supuesto, debían arriesgarse a la posibilidad de que no llegaran a tiempo y el niño fuera consumido completamente por el demonio. Aun así, fue lo mejor, pensó Anna. Además, aprovecharían el viaje para reclamar la ayuda el Círculo y unirlo a su ejército que por el momento solo era hipotético.
La pelirroja se estremeció al pensar en el pequeño Connor sin vida. Recordó a su sobrinito Oren y una sensación de hundimiento le cayó encima.
—Eso no cambia lo que quisiste hacer, lo que querías hacer—. Continuó la pelirroja pasando una mano por el pelaje blanco de Olaf.
El guarda gris no respondió, parecía que no tenía mucha confianza en sí mismo a la hora de defender sus propias ideas. Sería muy difícil convertirlo en un rey adecuado, pero eso aun podía esperar.
—Me alegra que no tuviéramos que llegar a eso—. La voz del hombre era sincera—. Mira, el hecho de que a veces se necesitan medidas extremas para defender el mundo de los demonios, no significa que me agraden. Ni siquiera soy capaz de hacerlo yo mismo. Es por eso que renuncie a mi entrenamiento para ser templario—. El rubio respiró exasperado frotándose el cuello—. Y así quieren que sea rey.
—Serás un gran rey algún día—. Dijo Anna—. Solo necesitas la guía adecuada y consejeros confiables. Algo que haces bien es escuchar a quienes te rodean. Cailan no solía hacerlo. Supongo que eso lo llevó a la tumba.
Kristoff soltó una carcajada.
—Esperemos que la corona no me quede grande, Cailan tenía la costumbre de querer eh… superar en todo a muchos gobernantes—. Dijo haciendo referencia a rumores de que el difunto rey tuvo más mujeres en su adolescencia que todos los reyes que le precedieron, ganándose el apodo de Cailan el prominente. El rubio se divirtió a carcajadas y Anna se rio con él.
Sí. Alistair podría ser un rey mucho mejor que su medio hermano, pues recordaba una reunión con el joven monarca hace un año y, a su parecer, había sido muy tonto e ingenuo, siempre con sus ideas de salvar al mundo sin prestarle atención a asuntos más importantes como la política y la vida cortesana. En ese aspecto su esposa, Anora Mc Tir era mucho más competente. De hecho, Anna sospechaba que sin Anora, el gobierno de Cailan se hubiese desmoronado nada más empezar.
"Tampoco es que lo juzgue, yo solía ser igual. Siempre huyendo de mis deberes como dama".
Alistair necesitaba ser un buen rey. Pero primero tendrían que lidiar con Howe, Hans, Anora, Loghain y por su puesto la Ruina. Comenzar por reunir un ejército sería lo primordial.
—Al menos tendremos la seguridad de que no mantendrás a muchas mujeres en la corte, ese aroma tuyo sin duda las espantará—. La broma salió de manera natural haciendo que Anna se sintiera más relajada que en todo el tiempo desde que salieron de Risco Rojo. La risa de ambos se perdió entre la penumbra de la noche.
La lluvia siguió sin descanso cuando Anna finalmente se fue a acostar tras algunas bromas y conversaciones más ligeras con el guarda gris, al final concluyó que Kristoff no era tan tonto e inútil como creía al principio, tal vez podría ser un buen amigo. Anna realmente esperaba no quedarse hundida en la soledad. Pero fue con el pensamiento de cierta rubia platinada que finalmente cerró los ojos.
Elsa
Cuando los primeros rayos del sol atravesaron las hojas de los árboles, Elsa ya había comenzado a recoger su tienda y sus sabanas. De hecho, sus ojos se mantuvieron en vigilia gran parte de la noche, pues tras terminar su turno de guardia no logró conciliar el sueño de nuevo. Al menos ese tiempo sirvió para reflexionar.
A ella siempre le gustó pensar entre la tranquilidad de la noche.
Sinceramente, Elsa creía haber elegido el camino correcto, aunque al principio no había estado tan segura, pero tras haber escuchado la opinión de sus compañeros terminó por creer que era lo correcto. Solo Morrigan y Sten no estuvieron especialmente felices con el rumbo de la misión, la primera creía que era una pérdida de tiempo y apoyaba la idea del ritual, mientras que el segundo era un qunari por lo que despreciaba cualquier tipo de magia y también creía que el viaje era un completo desperdicio.
Pero fueron las lágrimas de alivio de lady Isolda que finalmente terminaron por convencerla de que estaba haciendo lo correcto, sin mencionar la aprobación absoluta de su hermana. Tal vez los riegos a correr eran muy grandes pero las recompensas también lo eran.
Eso la llevó a pensar en Jowan, aún le dolía recordar como la usó para conseguir lo que quería y al final la traicionó. No obstante, no pudo impedir cuestionarse si en verdad se había enamorado de Lily, tal vez sus palabras eran sinceras y temía ser convertido en un tranquilo, pero Elsa había sido herida tantas veces que tenía miedo de confiar y ser nuevamente apuñalada.
Sin embargo, Jowan salvó a Anna, la última familia que le quedaba (aunque la pelirroja no lo sabía), además de intentar ayudar con el asunto de Connor. No tenía idea de qué hacer con él, de momento seguía en Risco Rojo. pero sabía que llegaría el momento de decidir el destino del apostata.
Detestaba ser ella quien tomara las decisiones, sentía que en cualquier momento haría algo mal y finalmente terminaría por decepcionar a todos. Nunca le gustó ser una constante decepción para sus padres y para el mundo en general, ¿a quién le gustaría eso?
Tras un desayuno rápido y nada en especial, Elsa procedió a revisar con cuidado su mapa. Se encontraban cerca del Río Dane. Si los cálculos no le fallaban, faltaban alrededor de dos días a pie y sin descanso para llegar a la Torre del Círculo.
Tuvieron la suerte de ser transportados en barco desde el pueblo de R.R. hasta la desembocadura del Río Dane, en el lago Calenhad, ya que de lo contrario su viaje habría durado hasta tres semanas solo en el camino de ida. A este ritmo tardarían dos días en llegar. Pero, al seguir su caminata hacia el norte, el clima se hacía cada vez más frío. No es que a Elsa le molestara.
En una nota mental, la rubia repasó su misión actual. Necesitaban la ayuda del Arl Eamon para unir a Risco Rojo a su ejército, pero primero debían levantar la maldición del lugar y para ello necesitaba matar al demonio que controlaba a Connor. El viaje a la Torre no solo serviría como ayuda para el niño, sino también para usar el tratado de los Guardas Grises y reclamar la ayuda del Circulo contra la Ruina.
En ese momento vio a Morrigan que, como siempre, se colocaba lo más lejos posible del resto. La bruja era un misterio para Elsa, no entendía muy bien sus motivaciones para acompañarlos, es verdad que su madre le dijo que fuera, pero en realidad no era como si estuviera atada de pies y manos. Ella le había dicho que su compañía no era del todo desagradable, pero aun así... Además, su manera de ver el mundo era tan diferente al de Elsa, sin embargo, sentía que tenían mucho más en común de lo que dejaba entrever.
Si bien Morrigan vivió toda su vida en la Espesura de Korcari y por ende en libertad, mientras que Elsa vivió encerrada en la Torre, ambas estuvieron solas gran parte de su vida. La platinada se movió sin pensar a saludarla, no entendía por qué se esforzaba en seguir intentando hacer amigos si ya muchos la habían traicionado, tal vez su deseo de ser aceptada y amada nunca murió realmente.
—Buenos días, Morrigan—. Saludó cortésmente a la mujer de cabello negro.
—¿Qué deseas?—. Contestó con su constante agresividad.
—Solo deseaba hacer algunas preguntas—. Mintió Elsa, pues en realidad quería mejorar su relación con ella.
—Pues bien, pregunta—. Respondió sin interés.
—Creciste en la espesura, ¿no? Quiero saber cómo es, me refiero a vivir lejos de la civilización.
—¿Por qué haces esas preguntas?—. Arremetió a la defensiva—. ¿Acaso te molesto yo para sacarte información?
Elsa se mordió el labio—. Podrías si quisieras.
La mujer, extrañamente, sonrió divertida—. Vaya, que suerte. Pues bien veamos… durante muchos años fuimos solo Flemeth y yo. La espesura y sus criaturas eran más reales para mí que los cuentos que Flemeth me contaba de los humanos. Solía correr cerca de la choza en busca de cosas que descubrir, o simplemente escondiéndome de mi madre—. Se encogió de hombros—. Con el tiempo crecí y me aventuré a salir y explorar el mundo. Algunas veces me encontraba con miembros de las tribus chasind, pero con la experiencia logré aprender a manipular sus miedos y supersticiones para mi conveniencia.
Elsa se resistió el impulso de sonreír ante la idea de una joven Morrigan explorando la espesura por su cuenta y asustando gente.
—Mhm, parece muy propio de ti. Actuaciones muy osadas.
Morrigan realmente se rio esta vez—. Osada e insensata a partes iguales, quizás. Lo cierto es que hay cosas para las que Flemeth no me preparó. Muchas costumbres humanas que me desagradaron una vez que las conocí. Como los toques.
Elsa frunció la nariz. —¿Toques? ¿Te refieres a tocar físicamente, como un saludo?
—Sí, eso. No me gusta que me toquen. Y hay muchas otras cosas que aun no comprendo, como la forma de actuar en una mesa o como saludar correctamente a cada tipo de persona. Es muy exasperante.
Elsa se preguntó qué clase de vida llevo la bruja si no le gustaba que la tocasen, ella recordaba que siempre le gustó que la abrazaran, le hacía sentir especial y menos sola. Sintiendo una empatía por la bruja, se preguntó si nunca había recibido siquiera un poco de cariño o muestra de afecto.
—No podría imaginar un mundo sin contacto físico—. Comentó la chica sin pensar.
—¿Así? Fácil para ti decirlo, has vivido bajo sus reglas toda la vida—. Dijo sin maldad.
—¿Nunca te ha perseguido la Capilla?—. Preguntó esta vez un poco más seria.
—No, no realmente. Aunque no puedo decir lo mismo de Flemeth—. Respondió pensativa—. Cuando los templarios llegaban a nuestras tierras, Flemeth lo convertía en una especie de juego. Ella me miraba, sonreía y decía que la diversión iba a empezar. Flemeth solía usarme de cebo. Una niñita que gritara y huyera para atraerlos a las profundidades de la espesura y a su perdición. Todos los que se adentraban, nunca volvían. A veces Flemeth me llevaba con ella para… ver como terminaba el juego.
—¿Te parecía divertido?—. Preguntó algo horrorizada por lo que la vieja bruja podría haber hecho y más porque una niña era parte de eso.
—Era una niña, si no jugaba, ella se habría molestado—. Comentó sin mostrar alguna emoción, aunque Elsa notó que le resultaba incómodo y tal vez traumatizante pensar en ello—. Pero no puedo decir que me enfurezca el hecho de que hagan lo que creen que es correcto. Muchos templarios hacen lo que les dicen que hagan, como un montón de corderitos. Pero a mí, y muchos otros, no les gustan sus ideas de mantener a cualquier mago en un claustro, como hicieron contigo. Prefiero la libertad.
Libertad, la sola palabra era un concepto tan desconocido para Elsa que se moría por cuestionarle que significaba realmente. Se preguntó que se sentía se libre, sin nadie que te cuestione ni juzgue. Ella siempre había estado retenida por reglas o personas, primero su padre y después el Circulo; antes solía soñar en ser un pájaro y volar lejos de su jaula, pero estaba tan acostumbrada a ser encerrada y retenida que había olvidado tales deseos. Incluso ahora se sentía en una prisión, encadenada a una misión para salvar el mundo y encadenada a sus propias emociones, encadenada a sí misma.
Que patética era.
Antes de que la pregunta se formulara en sus labios, Elsa decidió morderse la lengua y dejar pasar el momento. Ya había preguntado bastante. No quería presionar demasiado a Morrigan a hablar sobre cosas personales, además le había contado parte de su vida o experiencias, seguir insistiendo solo ocasionaría que la bruja se distanciara. Tal vez la próxima.
—Oh, mmh, bueno creo que sería mejor si nos apresuramos, hay un lago cerca de aquí y sería bueno si nos damos un baño rápido. Pronto todos estarán despiertos. Puedes ir primero, si lo deseas—. Sugirió un tanto incomoda, Elsa siempre creyó que era muy mala para hablar.
—Si ese es tu deseo. Te veo luego, guarda gris—. Se despidió secamente la bruja, siguiendo un sendero de rocas que llevaba al lago.
Elsa la vio irse y se preguntó si la bruja era capaz de abrirse, ella deseaba que sí porque quería hacerse amiga de la sarcástica mujer. Podría ser que con un amigo la pelinegra no fuera tan amargada.
—X—
Anna
Cuando se dispuso a darse un baño en el pequeño lago que todos habían estado visitando esa mañana, Anna no esperaba encontrar a alguien ahí. Mucho menos esperaba encontrarla a ella.
De hecho, la pelirroja espero hasta que todos se hubiesen bañado para evitar esa situación, pues al haber levantado tarde no pudo adelantarse. Definitivamente Anna no contaba con que la guarda gris decidiera bañarse en ese preciso momento.
La maga se encontraba de espaldas a ella, por lo que Anna no corría el riesgo de ser vista además de estar oculta entre los árboles y un par de arbustos. Anna debía salir lo más pronto posible de allí pero no encontraba fuerza alguna para moverse, ni siquiera estaba segura de querer irse.
"Maldición, vamos Anna, te va a ver y probablemente pensara que eres una pervertida. ¡Muévanse piernas!".
Pero sus pies se mantuvieron pegados al suelo y Anna volvió a maldecir. Ella no acostumbraba a espiar gente. Aun así, permitió que su armadura se desprendiera por un momento y se comportó igual que una niña tonta otra vez.
La vista era magnifica. Desde su escondite Anna podía ver claramente todo el lago y sus alrededores, sin embargo, no era el paisaje lo que la tenía hechizada. Elsa era magnifica. Su cabello descendía hasta la cintura perdiéndose en el agua, igual a una tormenta de nieve en pleno invierno. Su piel lechosa brillaba contra la luz del sol y el agua escurría por los pequeños lunares que Anna apenas alcanzaba a ver.
Se frotó un pequeño jabón, primero por su brazo, luego el otro brazo, el rostro, abdomen, una pierna… Anna no pudo evitar exhalar un suspiro. Hasta bañándose Elsa se movía tan elegante y cuidadosa, incluso pensó que era seductora.
Elsa sumergió su cabeza y, tras unos segundos, volvió a salir, el agua escurriendo por todo su cuerpo. Su cabello suelto lucía mucho más hermoso que atado, quería pasar sus manos por esos platinados cabellos. El agua sobrepasaba su cintura, pero era suficiente vista para Anna.
Entonces la platinada comenzó a girar su cuerpo. Anna entró en pánico. Intentó moverse nuevamente pero no pudo. El miedo se mezcló con la emoción y pasó a excitación. ¡La vería desnuda! Anna ya no podía ocultar el calor que se alojaba entre sus piernas y simplemente se escondió mejor entre la maleza.
Su corazón latía tan rápido que parecía salirse de su pecho. Su respiración se volvió más rápida. Todo su cuerpo temblaba de la emoción. Tan solo un poco más…
Una rama crujió detrás y fue demasiado tarde. Un borrón blanco fue todo lo que vio antes de caer de cara al agua. La furia comenzó a hervir dentro de ella cuando Olaf se arrojó contra ella hundiéndola nuevamente. El agua estaba fría y ella solo tenía puesto una camisa de lino azul y unos pantalones cortos, además de sus ropas pequeñas.
Cuando volvió a respirar, la ira cambio rápidamente a vergüenza, ¡había sido delatada!
Sin perder tiempo giró su cabeza buscando desesperadamente a la hechicera. Elsa estaba claramente asustada y sumergida hasta la cabeza para cubrir su cuerpo. Anna se maldijo por haberla asustado, dispuesta a reparar la situación se armó de valor para hablar.
—Ehh… yo… ejem hola, supongo—. "¿Hola? ¿en serio eso fue lo mejor que se te ocurrió cerebro?", Anna se sentía como una idiota sin palabras y se forzó a vocalizar—. Este, mhp lamento haberte asustado.
Los ojos de la rubia se relajaron un poco y ya no parecía a punto de congelar lo primero que viera.
—Está bien, solo me alteré un poco, no pasa nada—. Dijo manteniendo su compostura como siempre—. ¿Te vas a bañar? Lamento haber tardado demasiado, ya casi había terminado. Me retiraré en breve.
Anna sabía que no era cierto, pues todavía tenía jabón en el cabello.
—¡No!—. Gritó la pelirroja sin pensar—. Quiero decir, no te apures. Tomate tu tiempo. Puedo esperar—. Pero Anna sabía que la platinada se iría sin importar lo que dijera, pero ella no estaba dispuesta a dejarla ir, quería mantenerla ahí todo el tiempo posible por muy extraño que perezca.
—Oye, en verdad debería irme. Necesitamos prepararnos para el viaje—. Expresó Elsa frotándose incómodamente la parte trasera del cuello y muriéndose el labio.
Una idea cruzó por la mente de Anna y una sonrisa interna se originó.
—¿Te duele el cuello?
—Ehh, sí, un poco. No es nada realmente—. Respondió la maga incomoda.
Anna estaba decidida y no iba a dejar pasar esta oportunidad. Aunque ni siquiera sabía que la impulsaba a hacerlo, era como si una extraña fuerza la atrajera a esa hermosa mujer y Anna la seguía encantada. Era tan confuso, ¡Ni siquiera la conocía!
—¿Te gustaría que te ayudara con eso?—. Cuestionó con una confianza que no sabía de donde salía. Elsa la miró confundida y Anna se movió audazmente hasta llegar a una distancia prudente de la rubia—. Puedo darte un masaje, soy bastante buena en eso ¿sabes?, a veces Olaf tiene los músculos bastante rígidos y… Bueno sé que hemos pasado por muchas cosas en los últimos días, como en Risco Rojo que fue bastante admirable lo que hiciste, y no hiciste, y bueno debes estar muy estresada… jeje.
Anna cerró la boca a sabiendas que, si continuaba hablando, solo la asustaría y se iría, necesitaba hacer esto. La tensión era palpable en el aire y, sin embargo, tenía una extraña comodidad. Anna comenzó a reírse incapaz de continuar con el silencio, pero la risa solo la hacía parecer una idiota.
"Contrólate Anna, pareces una psicópata. Ya no eres una niña. Puedes hacer esto, vamos".
Olaf continuaba chapoteando alrededor de todo el lago, pero Anna se concentró en el rostro mojado de la chica. La piel blanca de Elsa parecía un tomate maduro y eso le pareció adorable. ¿Adorable? No recordaba la última vez que había tenido pensamientos tan tontos como ese. Se suponía que ya no era aquella chiquilla, sin embargo...
—No es necesario que hagas eso, eres muy amable pero-
Su angelical voz se apagó en un chillido sofocado cuando Anna se movió hasta ponerse detrás de ella. Anna estaba casi segura de que, si continuaba siendo tan atrevida, moriría congelada. Era como si estuviese poseída. Estaba segura que la Anna actual no se comportaría así, la Anna de hace tres años en cambio…
—Solo relájate—. Dijo la heredera de Pináculo al tiempo en que ponía sus manos en los hombros húmedos de la rubia. Anna pensó que podría estar tocando una tabla por lo rígida que estaba la mujer.
Elsa se movió nerviosa—. Oh. E…es amable de tu parte, pero en verdad no tienes que...
—¿Elsa?—. Ella interrumpió bruscamente.
—¿Si?
—Cállate—. Ordenó la pelirroja y la platinada obedeció.
Anna comenzó a frotar los hombros de la rubia y, lentamente, esta comenzó a relajase ante su toque. En verdad ella había aprendido esto de masajear a su perro, y le alegraba que le fuera útil ahora. No tenía idea de por qué hizo lo que hizo, solo se dejó llevar además de que siempre fue muy impulsiva. Sin embargo, no se arrepentía, en absoluto.
Sintió que Elsa cerraba los ojos cuando sus hombros ya estaban lo suficientemente suaves que parecían arcilla. Anna sonrió. No tenía idea de cómo era posible sentir que conocía a esta mujer de toda su vida, ¡se acababan de conocer hace dos meses! Aun así, ya sentía que la conocía desde antes. Tal vez por eso fue tan atrevida.
Sentía que cuando estaba con Elsa podía despojarse de todas sus armaduras y máscaras para siempre y solo ser ella misma, la Anna que hacía años no aparecía. Por una vez en tanto tiempo Anna no se sintió sola, como si una parte de ella hubiese regresado. No estaba segura de que significaba, pero estaba segura de que no quería perder esa sensación. Quería quedarse junto a Elsa.
Quería a Elsa.
Su perro continuaba nadando y divirtiéndose, pero ella se perdió en el momento. La piel de Elsa era tan suave, y nuevamente le recordó a la nieve, sus platinados cabellos se veían aún más impresionantes de cerca y el corazón de Anna se desbordaba. Ella vio sus pequeños lunares en la espalda y pensó que eran muy bonitos. Y su olor… oh Hacedor su olor era tan dulce.
Era definitivo, ella había perdido la cabeza. Y…y no le importó, tal cual como si fuese una niña de quince otra vez.
Era tan insólito como hace solo unos meses, Anna había tratado de matarla y ahora estaba tan embobada con ella, ¿cómo era posible que casi matara a esta hermosa mujer?
Quería seguir bajando, sentir sus pechos perfectos, pero estaba segura de que, si lo hacía, solo terminaría por asustarla, así que se obligó a mantener las manos arriba. Anna notó que sus propios pezones se habían endurecido debajo de la tela mojada.
Pero sus impulsos cambiaron rápidamente y ahora quería poner sus labios en esa piel de porcelana. Con su mano derecha, comenzó a acariciar su cabello y Elsa dejo escapar un suave suspiro. Sin poder resistir más, Anna se movió lentamente, con su pulgar izquierdo acaricio un lunar en su hombro y con ternura lo besó.
Inmediatamente la rubia se puso tan rígida como una roca y se apartó incomoda. Anna, alarmada y asustada, trató de detenerla.
—Anna, solo… detente, por favor, detente—. Dijo su líder fríamente.
Se sintió como si le congelaran hasta la médula.
—Fue… fue muy bueno, muy amable—. La rubia retrocedía lentamente—. Te lo agradezco infinitamente, pero… y-ya es muy tarde. Me temo que debo irme. Y… gracias por la ayuda.
La hechicera prácticamente salió corriendo del lago, tomando una toalla en un tronco junto con su ropa y Anna se obligó a no mirar mientras la maga se cambiaba a una velocidad increíble. El agua continuó su chapoteo incluso después de que Elsa se fuera. Otra vez se sentía sola.
¡Pero que tonta había sido! Se dejó llevar y eso le costó muy caro.
Y, sin embargo, no se arrepentía de sus acciones más bien estaba avergonzada de haber llegado tan lejos como para besarla. Anna inhaló y exhaló mientras se dejaba acomodar de espaldas entre la manta de agua cristalina, mirando al cielo. Las nubes eran blancas y cubrían gran parte del azul, pero no lo suficiente como para cubrir el sol. El sol estaba a medio cielo. Era tarde.
Anna maldijo y se cuestionó que le había pasado hace unos momentos. Anna sabía que ya no era una niña tonta y enamoradiza, sin embargo, con Elsa…
Con Elsa se sintió nuevamente como una niña y esta no era la primera vez. Recordó cuando estuvieron luchando por defender el pueblo de Risco Rojo y sus ojos se encontraron, en ese momento solo habían sido ellas y Anna se perdió en el azul de sus ojos. O cuando hablaron en el almacén del pueblo, había sido un momento tan natural, todo alrededor de Elsa se sentía tan natural. Como si pudiera contarle cualquier cosa.
Anna no mentiría, estaba aterrada. Tenía miedo de esos nuevos sentimientos por la maga. Le asustaba pensar que, si abría otra vez su corazón, este terminaría roto. Pero al recordar la sonrisa de Elsa todos sus temores desaparecían.
Anna estaba tan confundida.
Y apenas la había conocido hace alrededor de dos meses, pero ya sentía que había vivido con ella toda su vida. Casi estaba dispuesta a confiar en Elsa con su vida. El pensamiento le resultaba inquietante.
No quería volver a confiar, pero no podía evitarlo. Ella había confiado en Hans y él le pago con una flecha en el corazón de su madre. Pero Elsa no era Hans y lo había demostrado. Elsa tuvo la oportunidad de tomar la salida fácil y matar a Connor o usar el ritual de sangre, pero no lo hizo y prefirió arriesgarse, era de admirar. Incluso en el corto tiempo que llevaban viajando juntas, Elsa se preocupó por el bienestar de todas las personas que conocía y siempre intentó de hacer lo que ella creía correcto.
Aun así, Anna no sabía si actuar en favor o en contra de sus crecientes afectos a la platinada. Anna evaluó los hechos y sus sentimientos.
Cada vez que estaba cerca de Elsa era como si sus heridas sanasen mágicamente, en más de una forma. Cuando veía a través de sus ojos, se veía a si misma: una chica tratando de aparentar algo que no es y con más dolor del que aparenta. Cuando pensaba en ella, su dolor desaparecía. Cuando hablaba con ella, no se sentía sola nunca más. No le agradaba cuando otros intentaban acercarse de más a ella. Quería pasar todo el tiempo posible junto a ella.
Al parecer la niña tonta nunca murió, solo estaba esperando el momento ideal y la persona correcta para salir nuevamente. Y a Anna no le molestó.
Ya no podía negarlo más, Anna se estaba enamorando de Elsa Arendelle. Y en tan solo dos meses de conocerla, se preguntó qué hechizo había puesto en ella para lograr semejante cosa. Sonrió ante la idea. Ella, la indomable Anna Cousland, loca de amor por un hechizo de la hermosa maga blanca.
Se quitó la ropa y esta vez sí que comenzó a bañarse, un baño rápido teniendo en cuenta que ya había gastado demasiado tiempo. Dejó la ropa mojada en una roca al sol y, cuando salió, estaba medio húmeda, pero era suficiente como para regresar al campamento.
En su camino de regreso, su inseparable mabari la miraba fijamente.
—¿Crees que ella sienta lo mismo, chico?—. Le preguntó sin esperar respuesta alguna, pero el perro ladró positivamente y Anna rio—. Bueno, yo no estoy tan segura. Supongo que solo hay una manera de averiguarlo. Aunque, a decir verdad, no tengo idea de cómo cortejar a una guarda gris.
Elsa
Huyó lo más rápido que pudo. Casi olvidaba su toalla y su ropa, por suerte estaban en el lugar por donde había optado huir. Se vistió con sorprendente rapidez y simplemente corrió. No tenía idea de lo que acababa de pasar. Su corazón latía más rápido que nunca, de eso estaba segura.
Con la respiración agitada, el corazón loco, el cuerpo confundido y la mente en blanco se sentó en un tronco para organizar sus ideas y alma. Decidió que lo mejor era repasar lo sucedido desde el principio.
Había ido a darse un baño una vez que estuvo segura de que todos ya habían ido. Al permitirle a Morrigan ir primero, perdió la tranquilidad de la mañana y el resto de sus compañeros se despertaron. No esperaba encontrar a su hermana en ese lugar.
Cuando Anna cayó al agua, se alarmó y estaba dispuesta a lanzar cualquier hechizo para su protección, hundiéndose hasta la cabeza para evitar ser vista. Pero cuando se dio cuenta de era su hermana se relajó un poco, aunque la vergüenza no tardó en hacerse notar. Sintió que la sangre se le subía hasta las orejas y todo lo que quería era meter la cabeza en el agua.
Pero cuando Anna se acercó a ella y comenzó a divagar no pudo contener su diversión, la pequeña que recordaba todavía estaba en una parte escondida entre todo ese montón de sarcasmo y egocentrismo. Elsa estaba tan feliz. Pero luego Anna se movió tan rápido y de un momento a otro, estaba detrás de ella.
Antes de reaccionar, las manos de Anna se movieron tan suavemente que Elsa no pudo evitar perderse en su toque. Era verdad que estaba tan estresada y cansada de todo, por lo que el masaje de Anna fue una bendición. Sus manos se movieron y Elsa simplemente cerró los ojos dejándose llevar por el momento.
No tenía idea de cuando comenzó el problema, pero sabía que fue después de perderse. La sensación fue tan placentera que no notó el aumento del ritmo de su corazón, un dulce hormigueo recorrió su cuerpo cada vez que los dedos de su hermana hacían su trabajo. Fue tan maravilloso.
Y Elsa tenía que arruinar el momento con sus malos instintos.
Cuando comenzó a sentir un extraño calor en el pecho, se asustó. Nunca había sentido algo así y estar tan cerca de su hermana aumentaba su pánico. Lo que fuera esa sensación, podría haber sido peligroso para Anna pues sus poderes pudieron haberse salido de control. Elsa no se habría perdonado por eso.
Sus pezones se habían puesto rígidos y tuvo que reprimir un gemido varias veces. Pero luego sintió el mismo calor entre sus piernas y el cuerpo de Elsa ansió el toque de su hermana. Que asquerosa era ella. En verdad era un monstruo lleno de lujuria y malos pensamientos. Sin embargo, no lograba encontrar su voluntad para liberarse.
Elsa se odiaba tanto en ese momento.
¿Cómo podría ella pensar en su hermana de esa forma? Y lo peor era que no se arrepintió en ese momento. Quizá ni siquiera se arrepentía ahora mismo. No cabía dudas de que ella era un ser despreciable. ¡Anna ni siquiera sabía que eran hermanas!
Pero recordaba las manos suaves de su hermanita y todo lo que deseaba era regresar en el tiempo, para permanecer en el agua con Anna por toda la eternidad. Sintiendo sus manos entre su cabello, bajando lentamente acariciando cada parte de su cuerpo… Sofocó un sollozo y ocultó su rostro entre sus piernas.
Deseaba a Anna, su hermana.
No podía negarlo. Y no estaba segura de querer hacerlo. Sin embargo, la culpa inundó su mente y corazón. Recordó el último momento, el acto que rompió el hechizo y la regresó a la realidad.
Anna la había besado. Si bien solo había sido un simple beso en el hombro, para Elsa eso había significado más que cualquier cosa en toda su vida. Aun podía sentir los tiernos labios de la pelirroja en su piel, la sensación que envió a través de todo su cuerpo fue tan placentera que Elsa casi se desmaya de la emoción. En ese momento supo que, si continuaba así, no podría ocultar sus deseos pecaminosos y terminaría realmente besando a su Anna.
¿Su Anna? Elsa sabía que no era verdad, Anna nunca había sido suya por mucho que le doliera admitirlo. Y ahora la merecía menos que antes. No entendía esos sentimientos y deseos recién descubiertos hacia su hermana. Elsa siempre odio todo lo que no podía entender o mantener en su control, a ella le gustaba mantener todo organizado para que nada se le escapara.
¿Cómo pudo suceder esto? ¿Acaso Elsa tuvo la culpa por no detener los avances de la chica? ¿Su padre había tenido razón en alejarla definitivamente de la vida de Anna? ¿Anna sentiría lo mismo por ella?
Elsa sentía que su cabeza se rompía a pedazos con cada nueva pregunta. Al menos sabía que Anna no podría sentir lo mismo que ella. ¿Cómo podría? Elsa solo era una chica rota con miedo al pasado y a ella misma, era ilógico que sintiera algo. Pero lo que sucedió en el lago…
No.
Elsa no podía permitir que sus deseos indecorosos y malvados se interpusieran entre ella y Anna. Después de todo, llegaría un momento en el que Anna descubriría la verdad, y si supiera los pensamientos de Elsa… La rubia se estremecía tan solo de pensarlo.
Elsa sabía que debía ocultar esos deseos y mantenerse lo más alejada de su hermana, al menos hasta que su lujuria pasajera fuera olvidada en lo más recóndito de sus sentimientos enterrados. Sí, eso sería lo mejor.
A pesar de su propia miseria, no pudo evitar sentirse esperanzada de recuperar la relación con su hermana pues la interacción entre ambas fue tan… natural. Era como si nunca se hubieran separado y, a la vez, nunca se hubiesen conocido. Era muy extraño. Tal vez los lazos de sangre eran más fuertes de lo que Elsa creía y eso hacia la atracción, quitando de la ecuación los pensamientos indecorosos de Elsa.
Sin embargo, una teoría un tanto loca comenzó a picar su mente. Había leído que en algunos hechizos borra memorias era posible aplicar un contra-hechizo que, sin importar las veces que una mente fuese borrada, el corazón nunca olvidaría sus sentimientos verdaderos y siempre se pegaría a los recuerdos perdidos como un imán, a pesar de no recordar nada.
Se preguntó si acaso Grand Pabbie, el viejo mago de Pináculo había sido más listo y piadoso de lo que ella creía y aplicó uno es estos contra-hechizos. Por un lado, le gustaba la idea porque quería decir que el mago estaba de su lado y que, además, estaría atada a Anna por toda la vida sin importar nada, a menos que alguien de poder superior revirtiera todo el hechizo desde el principio.
Pero, por otro lado, eso quería decir que los lazos de sangre no significaban mucho al final y eso le angustiaba, pues quería creer que significó algo más que una molestia para sus padres; además también significaba que Anna bien podría haberla rechazado y matado cuando se reencontraron, en caso de que no hubiese contra-hechizo.
Ambas eran posibilidades decepcionantes y apremiantes al mismo tiempo.
De cualquier forma, lo importante ahora es que deseaba a su hermana y eso estaba mal. No podía permitir que esos malos deseos florecieran y por eso decidió que lo mejor era mantenerse alejada de Anna. A Elsa le dolió decidir esto, pues había pasado catorce años sin ver a su hermanita y ahora se tendría que alejar nuevamente por su bien. Elsa realmente se odiaba a sí misma.
Pero seguir aquí lamentándose por toda la vida no resolvería sus problemas y aún tenía mucho por hacer, así que decidió regresar al campamento. En el camino se reforzó la decisión de alejarse de Anna lo más posible, hasta que dejara de anhelarla.
Cuando llegó al campamento, todos la estaban esperando a ella y a Anna que llegó tan solo un poco después que ella. Curiosamente por el mismo camino por el que vino la rubia, cosa que desató algunas miradas curiosas en las caras de sus compañeros. Elsa sintió que la sangre se le subía a las mejillas.
Sin querer, su mirada se encontró con la de Anna nuevamente y sintió sus rodillas tambalearse hasta que aparto los ojos.
—Creo que ya es hora de nos movamos—. Dijo agarrando su mochila que previamente había acomodado y alistado. Sin esperar respuesta, se puso a caminar directo al sendero que llevaba hasta el camino occidental.
Durante un par de horas, su estrategia de mantener la mirada al frente y sin hablar dio frutos, pero no duró mucho tiempo. Tras alejarse lo suficiente como para no ser escuchada por el resto del grupo, Elsa se encontró con que cierta pelirroja la había alcanzado. Ahora lo menos que deseaba era hablar con ella.
—Y… ¿Cuánto falta para llegar?—. Preguntó con su dichosa voz alegre y acento orlesiano.
—No lo sé, Leliana. Calculo que dos o tres días—. Respondió neutralmente, intentando mantener su compostura lo mejor posible, pero engañar a la bardo era difícil ya que era muy buena leyendo a las personas. La mujer se quedó mirándola con una gran sonrisa, incomodando a Elsa.
—¿Y bien, no tienes nada que contarme?—. Pregunto ansiosa y Elsa la miró confundida.
—¿A qué te refieres?-. Preguntó sin comprender. Leliana la miró con una sonrisa traviesa, con los ojos entrecerrados de manera sospechosa y finalmente dijo:
—¡Oh, vamos no te hagas la tonta! Sabes muy bien de lo que hablo—. Exclamó con los brazos extendidos. Pero Elsa siguió sin entender—. ¡Tú y Anna! ¿Qué está pasando entre ustedes?
Elsa sintió que su sangre otra vez le llegaba a las orejas, a veces era bastante malo tener la piel tan clara.
—No sé de lo que me hablas—. Respondió lo más fríamente que pudo.
—¡Ah, pero claro que sabes!—. Señaló acusatoriamente pero aun de manera juguetona—. Si hasta roja te pusiste nada más lo mencioné. Así que ya cuenta, suelta detalles, ¡quiero saberlo todo!
—No hay nada que decir, así que ya puedes dejar de hablar sobre… eso—. Elsa tropezó con sus propias palabras y Leliana sonrió triunfante.
—Está bien, si no quieres contarme, respeto tus deseos. Pero ambas sabemos que hay algo entre ustedes dos, y no me detendré hasta averiguarlo. ¡Oh que romántico! Creo que es un buen momento para cantar, ¡en festejo al amor joven!
Si Elsa se viera en un espejo, estaba segura de que estaría hirviendo en el rojo más profundo que hubiese visto en toda su vida.
Las horas pasaban y el grupo se conocía cada vez más, Anna había comenzado a dejar de lado su actitud egocéntrica y se parecía cada vez más a la niña que Elsa recordaba. Al menos Anna, Leliana y Kristoff se habían hecho muy cercanos, Elsa prefería mantener sus distancias por temor a sus sentimientos y, por supuesto, también estaba Olaf que socializaba con todos. Incluso Morrigan parecía bajar sus defensas cuando el enorme mabari se le acercaba. Y Sten el qunari parecía tener un gran respeto por el animal.
La siguiente noche mientras acampaban, Sten se le acercó, acción que sin duda le sorprendió.
—No lo entiendo—. Murmuró con su ronca voz—. Pareces una mujer.
—Pues yo soy una mujer ¿Qué tiene de extraño?—. Contestó desconcertada por el comentario.
—Que eres una guarda gris—. Respondió secamente—. De lo que se deduce que no puedes ser una mujer
—¿Qué los guardas grises no pueden ser mujeres?—. Preguntó confundida, recordó que en su tiempo de noble muchos hombres desaprobaban que las mujeres fueran iguales a los varones.
—Las mujeres son sacerdotisas, artesanas, tendederas o granjeras. No luchan—. Afirmó el qunari como si fuera obvio.
—Esa no es una verdad universal, Sten. Algunas mujeres luchan—. Dijo Elsa intentando sonar lo más comprensiva posible. Se preguntó qué diría Anna en tal situación y casi sonrió por la idea, su hermana seguramente insultaría al guerrero y terminaría en una pelea, Anna siempre fue muy impulsiva. Se hundió al recordar la situación con la cobriza.
—¿Y para que iban a querer las mujeres ser hombres? Eso no tiene sentido—. Apeló tercamente el qunari.
—No desean ser hombres. Desean ser mujeres que luchan—. Explicó Elsa, de hecho le parecía raro ese tipo de ideas, pues en Ferelden las mujeres eran iguales a los hombres, pero recordó que los qunari tenían otro tipo de ideologías.
—¿Y también desean vivir en la luna?—. Frunció el ceño—. Pues es imposible.
—Yo soy una mujer y lucho—. Dijo la rubia algo divertida por la terquedad del enorme qunari.
—Una de las dos afirmaciones no puede ser cierta—. Continuó debatiendo con el rostro sombrío de siempre—. Las personas nacen como son: qunari, humanos, elfos o enanos, Eso no se elige. El tamaño de sus manos, su inteligencia o estupidez, la tierra de la que proceden, el color de su cabello. Todas esas cosas escapan de su control. No elegimos. Simplemente somos.
—Pero una persona puede elegir lo que hace.
—¿Puede?—. Gruñó escéptico-. Ya veremos.
Y el qunari se alejó tan rápido como llego. Elsa se preguntó qué clase de persona era, no hablaba mucho y era algo atemorizante, además de tener una mente muy cerrada. Quería ser aceptada por el gigantesco hombre y estaba decidida a lograrlo. Elsa siempre deseó ser aceptada.
Se movió a otra sección del campamento y vio a Leliana observando suavemente las estrellas. Se acercó a ella. Aunque aún estaba un poco enfadada por la constante burla de la pelirroja hacia ella, a Elsa le caía realmente bien.
—Bonita noche, ¿no?—. Preguntó la rubia al tiempo en que se sentaba a lado de su ¿amiga? Elsa en verdad esperaba que así fuera.
—Sí, lo es—. Estuvo de acuerdo la chica de la Capilla—. ¿Sabes? Cuando necesito pensar suelo acostarme en las noches para ver las estrellas brillar. Me encanta la tranquilidad de la noche. Tal vez te parezca una tontería, sobre todo por los tiempos que estamos viviendo últimamente.
—No creo que sea una tontería—. Comentó Elsa con sinceridad mientras veía las estrellas—. A mí también me gusta pensar en la noche. Es todo más tranquilo. Además, siempre tenemos a Sten y Olaf haciendo guardia por si se nos acercan los engendros tenebrosos—. Bromeó tímidamente y Leliana soltó una risita.
—Tienes razón. Y Kris siempre puede arrojarles sus calcetines—. Dijo uniéndose a su humor y ambas se rieron.
—¿Tú crees que podamos con todo?—. Suspiró Elsa tras unos momentos de silencio—. Quiero decir, hay un largo camino por recorrer y no sé si realmente logremos llegar hasta el final.
Leliana sonrió con melancolía.
—Como te dije hace un tiempo, supongo que todos los grandes héroes se sintieron así alguna vez—. Dijo poniéndose más seria y su sonrisa fue remplazada por una triste expresión—. Es posible que la razón de recorrer un gran camino, no se trate solo ir del punto A al punto B, sino de la forma en que se recorre ese camino, ¿sabes? Las pruebas que deben ser superadas, los baches que nos harán caer constantemente, el peligro que enfrentamos. Al final no somos los mismos que empezaron el camino, pero perseveramos y ganamos. Al final, lo que realmente cuenta es que nunca, nunca nos rendimos y seguimos adelante. Yo creo que no hay mejor enseñanza que esa—. Leliana miró las estrellas con tristeza.
Elsa la miró maravillada. De repente era como si Leliana fuera mucho más sabia de lo que su fachada de alegre devota a la fe dejaba ver. La platinada se cuestionó que viaje habría hecho Leliana para llegar hasta este punto, y qué lecciones debió aprender para que alguien tan alegre pareciera tan triste de repente.
Definitivamente ella no era la única con secretos e historias tristes detrás del telón. Sin embargo, no estaba segura si Leliana o ella misma estarían dispuestas a abrirse para contar su pasado.
—Bueno, cambiando de tema—. Dijo la bardo recobrando su buen humor—. ¿Cómo vas con tu enamorada, eh?
—Otra vez con eso—. Resopló Elsa rodando los ojos con fastidio. Desde ese día la mujer no había dejado de fastidiarla para que le contase cualquier cosa.
Leliana se encogió de hombros. —¿Qué? Sabes que no dejare de molestar hasta que me cuentes.
—Mira, no tengo tiempo para esas cosas. Soy una guarda gris. De hecho, la comandante de los guardas grises en Ferelden por lo que parece, aunque solo somos dos guardas aquí. Cumplir con mi deber es todo lo que me importa—. Expuso Elsa repitiendo las palabras que había estado ensayando por horas.
—No veo razones para negarte a algo tan bello como el amor—. Comentó la orlesiana, anhelante—. A veces es mejor amar y haber perdido que no haber amado nunca. La experiencia es algo inolvidable y ayuda a fortalecerte como persona. Es cierto que tienes responsabilidades, pero eso no te impide entregarte a la pasión de un romance. Sobe todo ahora que estas en la flor de tu juventud. No te retengas tu misma.
—No es eso… es solo que… e-está mal—. Susurró Elsa, incapaz de formular la oración.
—¿Por qué? ¿Porque ambas son mujeres?—. Leliana arqueó las cejas.
—¡No! No es eso—. Dijo Elsa rápidamente—. Es que… tú… no entenderías.
—Oh, pero claro que entiendo que sucede aquí—. Expresó Leliana seriamente y Elsa entró en pánico. ¿Se había enterado? Por supuesto, ella y Anna eran muy parecidas y Leliana era muy perspicaz, debió haber notado algo. Hacedor, ahora ella la odiaría por ser una maga incestuosa…
—Tienes miedo de salir herida—. Explicó simplemente y Elsa suspiró aliviada—. Pero no veo por qué tener miedo de un sentimiento tan hermoso. El Hacedor nos hizo a su parecer para amar y ser amados. Todos y todas merecen amor. Cualquier tipo de amor, no importa con quien sea. Después de todo, el amor es lo más bello del mundo. No te niegues la oportunidad de amar, Elsa.
Elsa se quedó pensando en sus palabras luego de que la bardo se fuera a su tienda. Seguramente que el Hacedor no la trajo al mundo para ser una pecaminosa que desea a su hermana. Pero solo tal vez… No, Elsa estaba segura de que debía cerrar esos sentimientos.
Anna
En otra parte del campamento, otro guarda gis y otra pelirroja también se encontraban hablando amistosamente. Estaban frente al fuego en la fogata, igual hace una noche pero ahora no llovía. El rubio estaba molestando al perro de la chica, pero un mabari de guerra no es ningún cachorrito inofensivo así que…
—¡Ah! Ese chucho me mordió—. Chilló sobándose la mano que había recibido un mordisco de advertencia.
—Ese "chucho" no es ningún juguete. Es un bravo perro de guerra—. Dijo Anna acariciando a su amado sabueso—. Muy bien hecho Olaf, ese tonto de Alistair se la pensara dos veces antes de molestarte otra vez.
—¡Hey! ¡Estoy aquí!—. Reclamó el chico con falsa indignación.
—Ya te veo, no eres difícil de perder con semejante cara de reno que tienes—. Bromeó Anna y ambos se rieron.
—Ya enserio, me dolió—. Berreó el guarda poniéndose una cataplasma curativa en la herida.
—Olaf, discúlpate—. Exigió Anna así que el perro gimió bajando la cabeza. Satisfecha, decidió cambiar de tema—. Y también, hablando en serio, donde diablos aprendiste a cocinar. Esto sabe horrible—. Dijo haciendo una mueca a la olla de metal que estaba colgando a través de dos ramas sobre el fuego.
—¡Oye, mi estofado es legendario! Yo solía ser el mejor cocinero entre los guardas grises—. Exclamó con orgullo.
—Pues si eras el mejor, no quiero ni pensar en peor—. Comentó Anna sacando un trozo de pan de su mochila para después llevárselo a la boca.
—Mhm—. Murmuró indignado—. Es que no tengo mi ingrediente secreto.
—Por supuesto…
—Esta es una receta clásica de los Guardas Grises-. Replicó, tomando un sorbo de la olla con una cuchara—. Tomas todo lo que encuentres que sea comestible y lo revuelves hasta que hierva el caldo. ¡En la Espesura no encontrarás mejor estofado!
—En la Espesura tal vez, pero aquí… uff prefiero este pan tieso—. La guerrera hizo una mueca de asco mientras acomodaba a Idun junto a ella.
—Argh, eres imposible Anna Cousland—. Le espetó con diversión el rubio—. Bueno, dejando de lado los estofados y sabuesos sanguinarios, creo que es mejor pasar a temas más interesantes.
—¿Así, como cuál?—. La pelirroja levantó una ceja, curiosa.
Alistair torció una sonrisa malvada—. Como tu reciente, ehh… acercamiento con nuestra hermosa líder.
Anna se puso roja y agradeció que fuera de noche y estuviera frente al fuego, podía disimular que eran las llamas lo que coloraba su piel.
—No tengo idea de lo que estás hablando—. Dijo tratando de sonar lo más indiferente posible.
—Claro que sabes—. Expresó abriendo los brazos en señal de obviedad—. De hecho, todos en el campamento lo saben.
—¡¿Qué?!—. Anna se atragantó con el pan y se obligó a tragar, tomando un sorbo de agua.
—Sí, bueno. No me sorprende que incluso ya lo sepan en Risco Rojo teniendo en cuenta que Leliana le gusta cantar todo lo que ve.
Anna se quedó estupefacta. Por supuesto que había notado las miradas traviesas que Kristoff y Leliana le daban, Morrigan era indiferente como siempre y Sten solo gruñía. ¿Cómo fue eso posible? ¿Acaso las habían visto? Tal vez por eso Elsa había estado tan distante. Sí, tenía que ser eso. Se avergonzaba de Anna la ingenua, tenía que volver a ser la nueva Anna.
—Aunque, a decir verdad, yo no tenía ni idea—. Comentó el antiguo templario—. Leliana fue la que comenzó a hacer sus especulaciones y teorías, después me lo contó. Si no me hubiera dicho, ni cuenta me habría dado—. Terminó con una risa.
—¿Cómo? ¿Solo son chismes de Leliana?—. Preguntó esperanzada.
—Podríamos decirlo. Ya ves, ella comenzó a notar ciertas… er, cosas e hizo sus propias conclusiones. No soy muy bueno en eso, ¿sabes? Pero, en fin, creo que tus problemas románticos pueden esperar, al menos para mí. Tenemos suficientes problemas, como para matarme en pensar que rayos haces con nuestra comandante.
Anna lo fulminó con la mirada y el rubio simplemente rompió a carcajadas. Al menos no las habían visto y aun podía continuar con su fachada agresiva, aunque cada vez se agrietaba más dicha actitud.
—Bueno, me paso a retirar. Necesito dormir para mantenerme en forma—. Dijo en broma—. Ya tendremos tiempo de ponernos al día tú y yo—. Le guiñó un ojo y se fue llevándose su olla con él.
Anna repasó los dos últimos días. Tras el día del lago, ella y Elsa prácticamente no habían hablado y eso le molestaba. Ella había tratado de acercarse a la platinada, pero esta parecía huir a la primera señal de verla. Anna no la culpaba, tras semejante actuación tan atrevida en el lago, Anna estaba sorprendida de que todavía no haya sido congelada o echada del grupo.
Durante ese tiempo, ella y Kristoff se hicieron muy cercanos. Era como el amigo que siempre quiso. Anna no creía que le fuera a gustar tanto estar con el templario, pero así fue. También ella y Leliana se acercaron un poco, no tanto como con el rubio, pero sí lo suficiente como para considerarla una candidata a amiga. No obstante, seguía sin gustarle que la otra pelirroja fuera tan cercana a Elsa.
También durante los días que pasaron, Anna se sentía más cómoda que nunca. Le resultó extraño pues tan solo llevaba meses de conocer a sus compañeros, pero ya estaba como en casa. Era esa rara fuerza, estaba segura. Tal vez estaban destinados a juntarse. Anna negó con la cabeza. Se suponía que ya no creía en el destino, ahora creía en acciones.
Durante su tiempo con el grupo, Anna volvía a ser la de antes. Ella no quería volver a ser esa tonta, pero al mismo tiempo ansiaba serla. Todo era tan confuso, sus dos partes estaban en guerra y Anna temía cual ganaría. Quizá no tendría que ser solamente una, quizá podría ser ambas y descubrir quién era realmente.
Anna se retiró a su propia tienda. Pero, cuando casi entra, vio a Elsa pasar de largo y no pudo evitar la tentación de hablarle. Sin pensar, la agarró de la manga de su túnica azul, que había comprado esta mañana, y la rubia casi pierde el equilibrio.
—Lo siento—. Se disculpó Anna—. Solo quería hablar contigo.
—¿Qué necesita, lady Cousland?—. Preguntó fríamente pero Anna no se iba a acobardar tan fácilmente.
—Hablar por supuesto, aunque al parecer ciertas personas no saben lo que eso significa—. Arremetió ella, molesta por la actitud distante de la hechicera. Pero de inmediato se arrepintió—. Lo siento, no debí decir eso.
—Está bien—. Asintió la maga con pocas palabras, mirando a todos lados menos a Anna—. Ahora si no hay nada más…
—Quería pedirte disculpas por lo que ocurrió hace unos días—. Explicó Anna jugueteando con una de sus trenzas, no estaba acostumbrada a pedir disculpas—. Creo que me sobrepasé y no quise incomodarte.
Elsa se movió incómodamente y se mordió el labio inferior. Anna reprimió un suspiro. Solo entonces se dieron cuenta de que Anna todavía la estaba sujetando del brazo, la pelirroja se apartó rápidamente con una risita tonta. Definitivamente Elsa la tenía hechizada.
—Está bien, disculpas aceptadas. Continuemos como si nunca haya pasado nada—. Expresó la rubia y Anna se sintió decepcionada, pero aún no estaba derrotada.
—De acuerdo. Y umh, ¿estamos bien?—. Preguntó intentando hacer una sonrisa que no pareciera demasiado ansiosa o decepcionada.
Elsa devolvió la sonrisa—. Estamos bien—. La rubia parecía igual de nerviosa que ella, pero lo ocultaba mejor.
Ambas se despidieron deseándose una buena noche y se fueron a dormir. Cuando Anna recostó su cabeza en la suave almohada de plumas, que compró un día antes a un mercader, tuvo la sensación de que todo comenzaría a ir bien esta vez. Solo deseaba que, si llegara una tormenta antes de la paz, no fuese tan dura y terrible como la última.
Elsa
Al siguiente día, Elsa finalmente sintió que el viaje llegaba a su término. El sombrío ambiente que caracterizaba a la Torre era cada vez más palpable, además de que la niebla comenzaba a hacerse muy presente por todo el camino, así como los molestos mosquitos.
Elsa caminó una subida bastante familiar. Era un lugar que recorrió cuando Duncan la condujo hasta Ostagar. Estaban cerca. Alzó la vista hacia el cielo y se quedó sin aliento. La Torre por fin era visible. Desde aquí podía verla perfectamente, era tan lúgubre y solitaria como recordaba, igual a muchos magos dentro de ella.
El mabari Olaf se posó a su izquierda y después comenzó a correr, al parecer había visto una ardilla. Elsa sonrió divertida. Otra persona se puso a su derecha y Elsa supo instintivamente quien era. La noche anterior requirió de toda su voluntad para no ceder ante sus impulsos.
—Vaya, así que esa es la Torre del Círculo—. Comentó su hermana asombrada por el tamaño de la Torre.
—Sí, esa es—. Asintió Elsa un poco orgullosa—. Ahí es donde viví toda mi vida. Por fin conocerán mi "hogar".
—Estoy ansiosa—. Dijo Anna con una sonrisa sincera y Elsa se mordió el labio.
—Pues vamos allá—. Elsa comenzó nuevamente su andar, aunque tenía unas ganas enormes de tomar la mano de Anna entre sus dedos, pero resistió el impulso. Elsa era muy buena escondiendo sus deseos y sentimientos.
Ambas descendieron al tiempo en que el resto de sus compañeros terminaban de subir la pequeña colina en el camino.
—La Torre del Círculo—. Señaló Kristoff—es bastante uhm… imponente.
—Sí, tan imponente como tú y tus maravillosos estofados—. Bufó Morrigan sarcásticamente—. Yo no le veo nada de especial a esa torre. Solo es una jaula de oro para muchos magos. En persona luce mucho más espantosa, no me extraña que muchos decidan escaparse, yo lo haría sin pensar.
Alistair estaba dispuesto a contratacar su comentario, prevalente con palabras que la Capilla le inculcó por bastante tiempo y también dispuesto a defender su amado estofado, pero Leliana interrumpió.
—Oh, pero que magnifica estructura—. Farfulló positiva como siempre—. Me pregunto qué secretos guardara un lugar como este. ¡Oh, creen que haya alguna canción sobre ella! En lo personal me gustaría que alguien hiciese una balada para tal magnificencia. ¡Incluso podría ser yo quien la haga! ¿Tú qué opinas Sten?
El gran qunari simplemente gruñó en respuesta y Leliana se rio.
—Mhp, veamos la letra podría comenzar en algo como "Lúgubre aquella Torre, Oh tan majestuosa…
—Oh no, aquí vamos de nuevo—. Morrigan puso los ojos en blanco y e convirtió en cuervo para evitar escuchar la voz de la bardo mientras Kristoff se unía a la canción y Sten se relajaba con la música.
Elsa se rio internamente pensando que realmente no podría pedir mejores compañeros. Tal vez podrían ser todos amigos, incluso una especie de familia, una nueva familia. Elsa realmente lo esperaba. Todo estaría bien, siempre y cuando encerrara sus sentimientos pecaminosos hacia su hermana. Sin embargo, un mal presentimiento se instaló en su pecho con cada paso que daba hacia la Torre.
De momento sus problemas sentimentales podrían esperar, pues tenía un niño que rescatar, un ejército que reunir, una guerra civil que ganar y todo un reino por salvar.
Nota de autor
Espero que les haya gustado. Como podrán ver, tanto Elsa como Anna ya descubrieron su atracción una a la otra, pero la han interpretado de diferente /manera al igual que ha decidido actuar diferente con respecto a sus sentimientos. ¿Ustedes que creen que sea la causa de su atracción? ¿Podría ser la sangre o la magia? ¿Tal vez algo más?
Y Anna está volviendo a ser la chica que todos conocemos y amamos. Todo gracias a Elsa :3
Gracias por leer, espero sus comentarios y nos vemos en la próxima :D
