Nota de autor

Hola de nuevo chicos. Tal como prometí publique en Lunes, aunque ahora mismo son las 22:10 (hora central de México) No tengo nada, todos los derechos de autor son para Disney y BioWare.

Espero que el apéndice haya sido una buena guía tanto para este capitulo (donde se mencionan señores y señoras) y para el futuro.


Capítulo 18—El Círculo Roto

Elsa

Cuando marcharon bajo el arco que forman las ruinas del camino Imperial, Elsa sintió cierta nostalgia al ver la enorme Torre en medio del lago al otro lado. Incluso a la luz del día, los muelles del lago Calenhad seguían luciendo oscuros, con una extraña neblina que rara vez desaparecía. Las nubes se arremolinaban alrededor de la Torre, por lo que la punta de esta no era visible.

Bajaron a través de una colina hasta llegar a las orillas del lago. A la izquierda se encontraba una posada llamada La Princesa Mimada (Elsa y Duncan habían pasado por provisiones hace meses) y junto a esta, una pequeña choza, hogar del barquero Krester.

—Me pregunto cómo se sentirá el agua. Debe estar helada, con lo profundo que es—. Dijo Leliana—. Es una lástima que esté prohibido nadar allí.

—Siempre me pareció curioso eso—. Fue Anna quien habló esta vez—. Digo, ya sé que el lago tiene múltiples leyendas y es una maravilla histórica, pero condenar a muerte a quien entre me parece una tontería. Además, los barcos sí que pueden pasar. ¿Y si te caes por accidente?

—Reglas son reglas—. Comentó Kristoff ajustándose la vaina de la espada.

—A lo mejor si tú entras suceda algo mágico—. Le dijo Morrigan sin mirarlo—. Después de todo tienes sangre Theirin, aunque seas bastardo. No sé, quizá se te quite la estupidez.

—Ja-ja, muy graciosa—. Agregó el ex templario sarcástico.

A Elsa siempre le gustó el lago. Pues era verdad que el lago Calenhad estaba lleno de misterio, leyendas y folclor histórico. Incluso se percibía un aura mágica en él. Algunas leyendas databan incluso antes de la aparición del Imperio Tevinter.

Los tevinters también tenían su propia historia sobre el lago, pues creían que las aguas estaban bendecidas por Razikale, dios de los misterios, y aquellos que bebían de ellas les era concedida una visión especial. Es por ello que construyeron la gran torre en una isla en medio del lago, con esperanza de que los poderes mágicos de este los ayudaran en sus artes mágicas.

Sin embargo, la leyenda más conocida y preferida de Elsa era la del rey Calenhad "el grande", que da nombre al lago. Se dice que Calenhad Theirin pasó un año y un día en la torre de los hechiceros. Cada día, cogía una coa de agua del lago y se la llevaba a los formari que había en lo alto de la Torre. Mediante magia, cada copa de agua fue forjada para convertirse en una anilla de la cota de malla que el Círculo le dio a Calenhad. Con esa legendaria armadura plateada, hecha de la savia de la propia tierra, ningún filo podría cortarlo ni ninguna flecha atravesarlo mientras caminara por suelo fereldeano. De niña solía soñar con la armadura.

—Lo cierto es que nadie ha estado dentro de estas aguas en siglos—. Explicó Elsa con emoción—. Mágico o no, el lago es una maravilla histórica.

Finalmente llegaron hasta el muelle donde el barquero Krester debería estar para llevarlos a la Torre, pero, en su lugar ,había un templario. Era muy extraño que un templario custodiase los muelles.

—¡Eh ustedes!—. Exclamó el templario cuando se acercaron—. No pretenden cruzar hasta la torre, ¿verdad? ¡Porque tengo ordenes estricta de no dejar pasar a nadie!

—Soy una guarda gris y necesito la ayuda de los magos—. Declaró Elsa firmemente.

—Oh, así que eres una guarda gris, ¿eh? Demuéstralo—. Habló el templario desconfiado pero arrogante.

—¿Quién te crees que eres?—. Cuestionó Anna enfadada—. Mira pedazo de…

Elsa la detuvo antes de que terminase su frase, lanzándole una mirada. No sería bueno insultar al caballero y eso solo lograría que no pudieran pasar. Necesitaban darse prisa.

—Tengo aquí unos documentos…—. Dijo la platinada sacando de su mochila los tratados de los guardas grises y enseñándoselos al templario.

—¿Sí? Déjame ver… Oh, un sello de guarda gris. Aja. Así que dices que eres una de esos—. Comentó con un sarcasmo irritante—. Pues dicen que soy la reina de Antiva. ¿Qué te parece?

—¿Las reinas no sueles ser mujeres?—. Preguntó Kristoff sonriente. Elsa casi deja escapa un bufido, no era momento de hacer bromas.

—¡No cuestiones a la realeza!—. Exclamó el templario sin sonreír—. En cualquier caso, ha sido un placer charlar contigo. Ahora sigue tu camino. Vamos. Vete—. Exigió mientras le devolvía los tratados.

"Esto no está funcionando" pensó Elsa. —A tu superior no va a agradarle que me hayas molestado. Créeme, conozco al Caballero Comandante Gregoir

—¿Así? ¿En serio crees que Greagoir va a decirme algo por no dejarte pasar? Espera un momento…—. Dijo mientras examinaba mejor su rostro—. Te conozco, tu cara… ¡Oh ya recuerdo! Eres la maga que se fue hace cinco meses, ¿no? Maldición. Lamento las molestias. Pero aun así no puedo dejarte pasar.

—¿Por qué?—. Exigió saber la guarda gris. Su mal presentimiento se hacía cada vez más grande. Lo que fuese que estuviese pasando, no podría ser bueno.

—Como dije, ordenes de arriba. Greagoir dejó muy claro que nadie cruzaría este lago. Nadie. ¿Entiendes? Estamos teniendo ciertas… eh, dificultades en la Torre.

A Elsa no le agradó nada como sonaba eso. Pero no había tiempo, debían cruzar cuanto antes para reclamar la ayuda del Círculo y salvar a Connor. Tomando una postura más intimidatoria, Elsa habló con voz helada.

—Somos más que tú. Puedes llevarnos o podemos matarte y tomar esos barcos—. Sonrió oscuramente.

Perfecto, la amenaza salió mucho mejor de lo que pensó. El templario se puso pálido y, a regañadientes, accedió a llevarlos hasta la Torre.

Las aguas del lago se veían cada vez más oscuras a medida que se adentraban. La isla donde la Torre fue construida, se hizo más visible. Las filosas rocas de la bahía estaban cubiertas por una clara arena. Una vez que llegaron hasta la isla, el templario se alejó a remos de ahí sin decir palabra.

—Bien, aquí estamos. El Circulo de los Hechiceros—. Exhaló Elsa mirando hacia arriba. Desde ese punto la Torre se alzaba y parecía que tocaba el cielo. Recuerdos llegaron a su mente, la vez que salió por primera vez junto con Duncan y vio por primera vez la Torre. Todavía se sentía diminuta en comparación a la poderosa estructura.

Condujo a sus compañeros a través de un camino de piedras redondas, hasta llegar a la entrada escalonada. El enorme portón estaba siendo custodiado por cinco templarios erguidos con la mirada al frente.

Elsa explicó que eran guardas grises y que, además, ella era maga del Circulo. Los dejaron pasar sin problemas, siendo escoltados por uno de ellos. Los condujo a través de un gran pasillo hasta llegar a la puerta principal, la cual se abrió desde dentro. Cuando llegaron a la Sala Principal, una docena de templarios se movían alarmados y atracaban la puerta que llevaba al resto de la Torre. Lo que fuese que estuviera pasando no era nada bueno.

Elsa vio que el Caballero Comandante se encontraba en el centro de la sala. Llevaba la misma armadura grisácea que cuando Elsa le conoció hace catorce años.

—… y quiero alguien a la vista de la puerta en todo momento—. Ordenaba el viejo caballero a su segundo al mando—. Las puertas no se abren sin mi consentimiento expreso. ¿Está claro?

—Sí, ser—. El templario hizo una reverencia y se alejó.

—Han atrancado las puertas—. Susurró Alistair—. ¿Para impedir que entremos… o que salgan?

Greagoir lo escuchó y dio media vuelta—. Esperaremos y rezaremos. No tenemos tiempo para lidiar con viajeros… Vaya, mira quien ha vuelto. Y convertida en toda una guarda gris, por lo que veo. Me alegro de que sigas con vida—. Le dijo a Elsa, quien no sabía si el templario era sincero.

—¿De verdad te alegra?—. Preguntó Elsa insegura. Greagoir fue un buen mentor para ella, si bien no estaba muy cerca del templario sin duda ella le tomó un cariño considerable junto al Primer Encantador. Eran lo más cercano que tuvo a figuras paternas.

—Tal vez—. Murmuró con una media sonrisa. El templario exhaló un suspiro de cansancio—. Nos enfrentamos a una… situación que no te concierne, guarda gris.

—Esta torre era mi hogar. Quiero sabe que ha pasado—. Dijo Elsa con incertidumbre.

—Te lo diré sin rodeos—. El comandante templario señaló a la puerta—. La torre ya no está bajo nuestro control. Las abominaciones y los demonios deambulan por sus pasillos. Hemos sido demasiado complacientes. Primero Jowan y ahora esto. No creas que he olvidado el papel que desempeñaste en la fuga de Jowan.

Elsa se encogió internamente, pensar en ello todavía le causaba dolor. Pero el hecho de que la torre se hubiese salido de control era un asunto mucho más importante en este momento. Temía por sus antiguos compañeros.

—No tenemos tiempo para esto. ¿Qué puedo hacer para ayudar?—. Pidió Elsa intentando mantener su postura y no revelar nada facialmente.

—He enviado mensajeros a Denerim para pedir refuerzos y solicitar el Derecho de Anulación—. Contestó el templario. La cara de Elsa palideció más de lo normal.

—¿Qué? ¡¿Cómo puedes si quiera pensar en anular el Círculo entero?!—. Exclamó la hechicera aterrada por la idea.

—¿Derecho de anulación?—. Preguntó Anna sin comprender—. ¿Qué significa eso?

Fue Kristoff quien lo explicó: —Lo más probable es que los magos del interior ya estén muertos. Debemos acabar con cualquier abominación que quede. A cualquier precio. El Derecho de Anulación es un medio, una orden, que solicitan los templarios a la suma sacerdotisa de la Capilla en Denerim para permitir que todo el Círculo sea… bueno, anulado.

—Una solución adecuada—. Asintió el qunari.

—¡¿Piensan matar a todos ahí dentro?! ¡Pero pueden quedar personas con vida!—. Gritó Leliana horrorizada. Incluso Morrigan parecía molesta.

—La situación es desesperada—. Dijo Greagoir sin inmutarse—. No tenemos alternativa. Debemos destruir todo cuanto contiene la torre para conjurar el peligro.

—Seguro que todavía quedan sobrevivientes dentro. No puedes abandonarlos—. Replicó Elsa obstinada, no estaba dispuesta a dejar que las personas con quienes vivió toda su vida muriesen sin más.

—Los que están dentro ya no son los que recuerdas—. Explicó el viejo caballero con pesar—. Son abominaciones. Para salvar sus almas debes endurecer tu corazón. Quien más importa es la gente inocente de Ferelden. Daría la vida por protegerlos. Y la de cualquier mago. Ninguna abominación debe cruzar el umbral.

¿Acaso tenía razón? ¿Quiénes seguían con vida allí dentro debían morir para el bien mayor? Además, esto significaba que el Círculo no podría responder a la llamada de los guardas grises y necesitaban a los magos para salvar a Connor. Elsa sabía que no podía echarse para atrás, había llegado demasiado lejos y arriesgado tanto. Intentar salvar a todos era lo menos que ella podía hacer, lo que estaba segura que era correcto.

—Voy a entrar—. Declaró Elsa con voz firme, ya había decidido y nadie la haría cambiar de opinión—. Debo intentar salvarlos. Es lo justo.

—Niña obstinada—. Gruñó Greagoir—. Lo único que vas a conseguir es que te maten. ¿Acaso no has aprendido nada? La justicia no existe en este mundo. Tu más que nadie debería de saberlo.

—Greagoir, recuerdo que hace mucho tiempo, había una niña enfadada porque la vida no era justa, esa niña no quería escuchar a nadie y se volvía más difícil. Entonces, un día, un sabio comandante le dijo que la justicia no existía. Tienes razón. Pero también le dijo que debíamos buscar la justicia por nosotros mismos, porque nadie más lo hará. ¿Has olvidado, Greagoir?

El Caballero Comandante sonrió tristemente negando con la cabeza—. Niña, has crecido bastante desde la primera vez que te vi. Eres obstinada cuando quieres. Y, en este momento, no hay nada que pueda hacer yo para hacerte cambiar de idea. Pues bien te deseo suerte en tu cruzada.

Elsa dio media vuelta encarando a sus compañeros.

—No tienen que seguirme si no quieren. Puedo hacer esto yo sola. Es mi deber pero no el suyo, si es su deseo pueden regresar a Risco Rojo para vigilar a Connor—. Ella sabía que no podía pedirles que hicieran esto, ella no era nadie para obligarlos.

—¿Tan rápido quieres deshacerte de nosotros?—. Le preguntó su compañero guarda—. Pues yo no me voy. Somos un equipo, ¿recuerdas? Somos los últimos guardas grises en Ferelden. ¿Y quién va protegerte las espaldas cuando las abominaciones te rodeen? Tengo habilidades de templario, ¿recuerdas? ¡Por supuesto que me apunto!

—¡Y yo!—. Exclamó Leliana dando un paso al frente.

—¿Entrar en un lugar lleno de peligro que seguramente signifique la muerte? No sé por qué no me atrae mucho la idea—. Comento irónicamente la bruja—. Pero elijo unirme a ti, es mejor a quedarse aquí.

—Un qunari nunca abandona un combate—. Gruñó Sten balanceando su espadón con una mano.

Finalmente fue el turno de su hermana quien le lanzó una sonrisa y Elsa tuvo que apartar la mirada.

—Estoy contigo. Ahora y siempre—. La voz de Anna hizo que sus rodillas tambalearan pero Elsa también sonrió. Olaf ladró positivamente dando volteretas en el piso. Dando una mirada general a sus compañeros, Elsa asintió y giró nuevamente comenzando a caminar hacia la puerta que un par de templarios comenzaban a abrir.

—¡Elsa! Una advertencia…—. Escuchó a Greagoir detrás. La rubia sonrió, el caballero rara vez la llamaba por su nombre—. Una vez que cruces el umbral, no habrá vuelta atrás. Las puertas deben permanecer cerradas a cal y canto. No te abriremos hasta que tengamos pruebas de que no hay peligro. Solo estaré seguro de cancelar el Derecho de Anulación si el Primer Encantador Irving se presenta ante mí, de lo contrario… no tendré mas remedo que destruir este Círculo.

Elsa asintió internamente. Estaba segura de los peligros que implicaban su decisión, sin embargo no los enfrentaría sola. Tal vez nunca más tendría que enfrentarlos sola.


Hans

La comida era horrible, el vino sabía amargo y la música era detestable. Siempre le disgustó la capital, sobre todo el ruido, era demasiado delicado para Hans. Por lo menos se encontraba en la casa del Arl de Denerim, por lo que se podía ahorrar las molestias de la ciudad. Siempre prefirió Amaranthine, con el olor a sal y la brisa marina.

Cuando era niño solía pasar tiempo en los puertos, escondiéndose de su padre. Ojala también pudiera hacerlo ahora.

Su padre nunca fue del tipo cariñoso. Una vez, a sus cuatro años y medio, para convertirlo en hombre, Rendon lo llevó al bosque donde le ordenó que capturara un conejo. Luego de cinco horas Hans tuvo éxito. Estaba tan orgulloso de sí mismo. Aun recordaba al dichoso conejo, era gris y esponjoso y Hans amaba a la criaturita, incluso le nombró lord esponjoso. Lo cuidó y amó durante medio año. Entonces en un día lluvioso, antes de su quinto cumpleaños, su padre le obligó a matar al conejo.

Hans había suplicado, se arrodilló, lloró, pero nada le sirvió. Incluso amenazó con escaparse junto a su conejo. Al final acabo con la vida de su mascota. Para Hans fue como matar una parte de su corazón. Durante muchas lunas tuvo pesadillas de la sangrienta imagen.

¡¿Por qué me haces esto!?—. Le había exigido a su padre—. Ni Nathaniel ni Delia tuvieron que hacer algo así…

Porque desde el momento en que naciste, supe que serías débil. Es por eso que me encargo de endurecerte para que no avergüences el apellido Howe—. Había respondido su padre y Hans no volvió a hablar del tema. Y se propuso a nunca ser débil otra vez. El amor era una debilidad y él no sería débil.

Cuando Hans montó su primer caballo adulto, apenas tenía siete años, pero se esforzó para recibir la aprobación de su padre, aquel día todos los capitanes de Amaranthine irían hasta el castillo para tratar asuntos bélicos. Era la oportunidad perfecta para ganarse el respeto y admiración de toda Amaranthine. Hans fue hasta el pueblo cuando los capitanes llegaron y se subió al caballo de guerra, logró dominar al semental pero Nathaniel, su odioso hermano mayor, arrojó una piedra que golpeó al caballo y, en consecuencia, el animal lo derribó. El golpe fue tan severo que Hans tuvo que ser llevado con el curandero. Su brazo izquierdo se rompió y Hans quedó como un tonto ante los capitanes del Arl. Por un mes, su padre ni siquiera lo miró.

Desde entonces a Hans se le comenzó a llamar en toda la ciudad "la vergüenza de Amaranthine", "Hans el torpe" o "el tercero al suelo". Ya no podía salir del castillo sin recibir miradas de decepción, burlas de otros niños y risas a sus espaldas. Ni siquiera ser hijo del Arl de la ciudad le sirvió para detener las humillaciones. Y dentro de la fortaleza era lo mismo, solo que las personas eran más discretas. Incluso los elfos se burlaban de él.

Pero Hans se encargó personalmente que muchos de los que se burlaron, ahora ya ni siquiera pudieran sonreír. Incluso a veces él mismo se sorprendía con lo cruel y rencoroso que podría llegar a ser. Sin embargo, todo el odio, rencor y amargura que guardó desde niño le nublaban el juicio. El Hans bueno se acabó. Muchos se encargaron de que muriera y quedara enterrado en un profundo abismo.

Nathaniel y Delia siempre fueron los favoritos de su padre, pero nunca Hans. No importara lo que hiciera, Hans siempre fue el último en todo. Sin embargo, Hans estaba seguro que los momentos que significaron el completo desprecio de su padre fueron su nacimiento y su quinto cumpleaños.

Cuando nació, su madre murió a falta de un curandero. Hans nunca tuvo una madre, solía soñar con una mujer pelirroja que le acariciaba el rostro pero hace tiempo que dejó de soñar. Él nunca conoció ese amor que tantos guardaban con cariño y que otros no apreciaban.

A veces se escabullía para mirar los barcos y soñaba con que su madre llegaría en uno y ya nunca más estaría solo, que ella lo abrazaría, lo amaría, le cantaría por las noches y le diría que estaba orgullosa de él. Nada de eso paso, ella nunca llegó. A medida que crecía, Hans dejó de ir a los muelles y en cambio se resignó a su mísera vida. Tanto Nathaniel como Delia lo odiaron por matar a su madre y procuraron hacer de su vida un infierno. Y ni hablar de su padre.

Y la segunda fue en su cuarto cumpleaños, su padre le había encomendado una misión: comprometerse con Elsa Cousland para asegurar Pináculo. Hans estaba tan emocionado, finalmente sería aceptado por su familia, pero las cosas no salieron como él esperaba. Hans odiaba tanto a Elsa por lo que le hizo pasar, no solo la humillación si no también los castigos que recibió de su padre durante meses.

Y luego estaba Anna…

Pero Elsa Cousland estaba muerta y era delito Real hablar de ella en suelo fereldeano. Anna probablemente también estaba muerta y Hans prefería no pensar en ella. Un sentimiento desconocido le martillaba el alma al recordarla y, con todas sus fuerzas, se negaba a creer que era culpa. Hans Howe no sentía amor ni remordimiento, solo rencor y odio.

Los Cousland se habían extinto. Y Hans ya no era un niño débil, soñador y estúpido, ahora era todo un hombre que estaba próximo a convertirse en un poderoso señor. No valía la pena pensar en fantasmas del pasado. Lo mejor era concentrarse en el futuro.

—Todo está saliendo mejor de lo que pensé—. La voz de su padre era severa y arrogante como siempre. El sonido de los cubiertos moviéndose se mezclaba con la música de los bardos.

—Creí que apenas estábamos comenzando—. Murmuró Hans llevándose un pedazo de cordero a la boca. Al menos le gustaba el cordero asado.

—Un buen inicio siempre debe ser celebrado. A este ritmo, mi familia será la más poderosa en todo Ferelden. Y yo seré el líder—. Sonrió—. Lord Rendon Howe, Arl de Denerim y el señor más poderoso de todo reino—. La copa de vino hizo contacto con los labios de Rendon Howe.

—Aún no has atado todos los cabos. Queda mucho por hacer—. Señaló Hans cortando la carne de su plato—. Dime, ¿Qué vas a hacer con Anora? Supongo que ya has pensado en algo para la reina.

—Por supuesto—. Sonrió sombrío—. Pero de momento se quedará en esta casa como una invitada. Nuestra bellísima reina no podrá mover sus piezas en la corte. Todos sus espías ya han sido delatados y ahora mismo están abajo decorando mis mazmorras. La reina es nuestra invitada de honor, mientras su padre se baña en el palacio. Quiero que entienda que en este juego solo habrá un ganador, y no será ella.

—No esperaba que fueras tan atrevido como para torturar gente en la capital—. Dijo el pelirrojo. En ese momento recordó cuando su padre lo llevaba a las mazmorras de Amaranthine para enseñarle como tratar a los enemigos. Se estremeció con el recuerdo—. Mucho menos en la misma ciudad que Loghain Mc Tir. Espero que no tengas planeado hacer lo mismo con Anora…

Rendon resopló. —Por supuesto que no. No soy un idiota—. Su padre cogió un pedazo de pan y lo partió—. Loghain se volvería loco si se llegara a enterar que toque a su amada hija. Y en cuanto a las torturas… bueno, necesito algo de distracción en esta porquería de ciudad, ¿no?

—La guerra llama a nuestras puertas—. Hans estaba ansioso por probar su valía en la batalla acabando con algunas fuerzas rebeldes, no tendría piedad—. En mi camino a Denerim, escuché rumores de que algunos nobles y señores del Bannorn están reuniendo sus fuerzas.

—Los rumores son rumores—. Bufó su padre—. Aun así, ya he tomado las medidas necesarias. Lo único que debes saber es que no todos los Señores del Bannorn piensan rebelarse. Algunos se han mostrado muy… cooperativos con los términos que he ofrecido.

—Oí que el hijo del Señor de Pico del Dragón desapareció mientras viajaba por las tierras de Amaranthine. ¿Acaso está en una visita turística en nuestras mazmorras?—. Hans no lamentaría a ese pobre diablo, tenía mejores cosas en las que gastar sus preocupaciones. Sin embargo, si su padre lo mantenía cautivo eso aseguraría la lealtad de lord Lynus Farrae y, junto a él, la de sus ejércitos.

—Un invitado político, nada más. El viejo Lynus debería estar agradecido por el excelente trato que recibe su hijo en Amaranthine. Aunque mandaré traerlo aquí. Después de todo es un joven de alta cuna y merece tener el favor de su anfitrión. Que mejor anfitrión que el Arl de Denerim y Amaranthine. Me asegurare de que el joven Rynos reciba lo que se merece.

Hans casi, casi compadece al muchacho. Su padre y lord Lynus Farrae se odiaban a muerte y probablemente usaría a su único hijo como medio de venganza. Hace cinco años, el Bann de Pico del Dragón humilló al Arl de Amaranthine cuando hizo que le cayeran diez costales de miga. La razón de semejante acto fue que lord Howe se negó a casar a Delia con Rynos y, además, escupió en los pies de lord Lynus, alegando que su hija no se casaría con ningún 'dragoncito manso'. Ni Rendon ni Lynus olvidaron.

—Pero no todo se gana con amenazas—. Su padre dijo—. Muchos señores y señoras son orgullosos y ambiciosos. Sobre todo, los Banns. Con algunos cuervos, promesas, papel y tinta he conseguido asegurar la lealtad de algunos. La Bannesa Shiera Hirol, Señora del Bannorn de Kal Hirol fue la primera en aceptar mis propuestas, al parecer no le basta con todo el oro que extrae de las minas. Lord Ceorlic, Señor del Bannorn del Sur ya ha aportado sus tropas, después de todo tiene una lealtad enfermiza hacia Loghain. Como odio a esa víbora.

—"Ambos son tan desgraciados y detestables como tú, querido padre" ¿Y el tío Leonas? ¿A respondido a tus cuervos?—. Hans amaba a su tío, cuando era niño, él era el único quien le trataba como un ser humano. Le llevaba regalos y lo dejaba visitar Linde Sur cuantas veces quisiera. Y a veces solía contarle historias sobre su madre. Esperaba luchar junto a él en la guerra venidera.

—Se mantendrá neutral—. Dijo lord Howe con una mueca de desprecio mientras se servía vino—. Estúpido mestizo. Es un maldito cobarde, pero me encargare de regresarle esta ofensa cuando los rebeldes sean neutralizados.

"Él es cien veces más hombre que tu", Hans siempre procuró defender a su tío Leonas de todos quienes le insultaban por su sangre orlesiana, igual que su tío le defendió tantas veces antes. Pero prefirió mantener la boca cerrada, debía jugar con cuidado y mantener un perfil bajo para lograr triunfar.

—¿Quiénes eran los que se marcharon a casa? No alcancé a ver sus estandartes—. Cuestionó el pelirrojo al recordar las tropas que vio salir furiosos esa mañana.

—Los de West Hill—. Escupió el pelinegro, probando otra copa de vino—. Al parecer se sienten ultrajados porque Loghain les prohibió quedarse durante las sesiones del concilio. Ese imbécil aun no olvida que gracias al descuido del Bann Teoric Hill, los orlesianos descubrieron que ahí se refugiaban las tropas. Es un viejo necio y paranoico. Intenté convencerlo de que necesitamos sus fuerzas para ganar la guerra, pero no hizo caso. Ansío el momento de su muerte.

—Y yo que creía que te gustaba gobernar—. "El poder es todo lo que te ha importado ¿no viejo? Eso y tus preciosos Delia y Nathaniel" pensó Hans con amargura. Al menos él se convertiría en teyrn de Pináculo, mientras que Nathaniel se quedaba con Amaranthine y Delia con El Alcázar de la Vigilia. Al final él sería más poderoso que sus hermanos. Hans se lo merecía mucho más que ellos.

—Mhm, No te equivoques. ¿Quién ascenderá como regente del reino cuando el héroe del Río Dane fallezca en un trágico accidente? Con el viejo Eamon Guerrin muerto, nadie se opondrá a mi regla. Teagan Guerrin es un inepto honorable y Rainesfere no es más que un puñado de tierras menores con quinientos soldados. El verdadero poder está en Risco Rojo el cual planeo invadir lo más pronto posible. Ya tengo espías allí. Gwaren me juraría lealtad si es el último decreto de Loghain. El resto de lords se postrarán ante mí sin chistar.

—¿Y quién gobernara en Risco Rojo, si puedo saber?—. Hans ya sospechaba a quien nombraría su padre, pero se negaba a creerlo, "Si te atreves a decir ese nombre…"

—Nathaniel, por supuesto, él será Señor de Risco Rojo y el Arl más poderoso del reino, y Rainesfere serán unas tierras perfectas para que expanda nuestro imperio. Delia se convertirá en Arlesa de Amaranthine y Bannesa de Alcázar de la Vigilia, tal vez también pueda darle Pico del Dragón una vez que acabe con los Farrae. El nombre Howe se elevará más alto que el de cualquier Theirin, Guerrin o Cousland. Y yo pasaré a la historia como el gobernante más poderoso de todo Ferelden.

La sangre de Hans se calentó, apretó sus mandíbulas y empuñó sus manos con rabia. Sus hermanos obtendrían grandes recompensas y ellos nunca se ensuciaron las manos como Hans. Ellos no mataron a su mascota de niños, ellos no se rompieron el brazo al caer de un caballo, ellos no tuvieron que soportar lo que él sí, ellos nunca bajaron a ver que había en las mazmorras, ellos no traicionaron a su prometida y ellos no conquistaron Pináculo.

Siempre fue Hans quien hacía lo peor y terminaba siendo visto como un monstruo.

—¿Y la Ruina qué, ya te has olvidado de eso?—. Preguntó entre dientes. La rabia fluía en recuerdos de tormentos, bromas y comentarios crueles de sus hermanos mayores, siempre consentidos por su padre. Oh, pero la venganza llegaría algún día y Hans se encargaría de devolverle a su amada familia todo con intereses. La venganza sería tan dulce…

—¿Por qué crees que Loghain y Anora siguen vivos? Aun los necesito—. Su padre se levantó de la lujosa silla, se acomodó el saco blanco y habló sin mirarle—. Quiero que cabalgues de regreso a Amaranthine lo más pronto posible. Allí reunirás un nuevo ejército y marcharas hasta Kal Hirol para reunirte con las fuerzas de lady Hirol. Una vez tengas las tropas suficientes, dirígete hacia las tierras del Bannorn. Ve al castillo Caer Oswin. Aparentemente, el Bann Loren Oswin fue el primero en declarar a favor de Teagan y su patética rebelión. Según parece, su esposa e hijo visitaron Pináculo cuando atacamos: murieron, yo mismo vi los cuerpos. No podremos negociar una alianza con él. Asegúrate de que su rebelión sea aniquilada.

—¿Y cómo piensas que reúna un ejército en Amaranthine?—. Gruñó el pelirrojo tratando de manejar su ira—. Te recuerdo que te llevaste todo lo que había.

—Ese es tu problema—. Su padre lo miró despectivo—. Hay oro, ¿no? Pues búscate soldados de cualquier lado. No me importa si son de los peores barrios y bares. Los mercenarios y caza recompensas siempre están donde hay oro. Arrasa con las tierras de Oswin, que sea un ejemplo para el resto de señores, de lo que les pasa a los rebeldes, viola, mata, extermínalo todo. Procura dejar los sobrevivientes necesarios para esparcir las noticias. No me decepciones. Guardias.

Cuatro soldados con el oso de Amaranthine decorando sus escudos aparecieron.

Hans seguía sentado, incapaz de contener su ira. Otra vez él iría a hacer el trabajo sucio, destruyendo otra familia noble. Él sería visto como el monstruo en los libros de historia, mientras que sus hermanos siempre serían los nobles señores perfectos, pero esta vez se aseguraría de que el nombre Howe fuera el principal responsable de la masacre. Si su padre quería tener un futuro poderoso para él y sus dos hijos, Hans se encargaría de oscurecerlo tanto como fuera posible.

—Ustedes dos—. Les dijo Rendon a los bardos—. Creo que escucharon demasiado. Guardias llévenselos a dar un paseo por las mazmorras—. Ambos trovadores intentaron luchar cuando fueron arrestados, pero no eran rivales para los soldados. Hans estaba seguro de que nunca volvería a ver a esos bardos, al menos no completos. Hans no les compadeció en lo mas mínimo.

Antes de salir por la puerta de la habitación de Hans, lord Howe dio media vuelta y le miró con desprecio, lo típico.

—No quiero decepciones, Hans—. Y entonces el nuevo Arl de Denerim se marchó cerrando la puerta tras de sí.

"No te preocupes, querido padre. Me asegurare de que tanto Nathaniel como Delia sean parte de la gloria cuando destruya a los Oswin. Solo puede haber un ganador en este juego. Al final, yo seré el verdadero vencedor, te dejaré sin nada. Todo el poder que ansías y construyes, será mío y a mis hermanos les tendré una gratificante recompensa. Disfruta del poder mientras aun sigas con vida. Loghain no es el único que puede sufrir un pequeño accidente."


Anna

La Torre era enorme por dentro y por fuera, los salones y pasillos medían alrededor de cuatro metros o más. El piso era uniforme, las habitaciones parejas y Anna se volvía loca. Cuando vio la Torre por fuera, estaba ansiosa por entrar, pero ahora se arrepentía enormemente. Siempre odió todo lo que se veía tan… igual. No tenía idea de cómo Elsa pudo vivir así durante toda su vida. Todo era circular, todo el maldito tiempo era caminar en círculos. Las habitaciones y dormitorios eran todos iguales, incluso las camas eran uniformes.

Aunque en muchos lugares había libros, ropa y demás artilugios regados por todo el lugar. Incluso vio un cuerpo muerto en una esquina. Elsa explicó que esa área era donde los 'nuevos' dormían y aprendían sobre lo más básico de la magia y el Círculo. En pocas palabras, eran niños los que vivían allí. Anna en verdad esperaba que estuvieran bien.

Cuando supo lo que significaba una 'anulación' casi se atraganta por la idea. Prácticamente matarían a cualquiera que estuviera dentro de la Torre, y ¿por qué? simplemente porque esos templarios no hicieron bien su trabajo. Anna no podía creer que ese tipo de leyes existiesen en Ferelden, no deberían existir en ninguna parte del mundo conocido y por conocer. ¿Cómo podría la Capilla hacer algo tan indulgente?

Sin embargo, Anna pensó que si le hubiesen explicado eso hace seis meses, probablemente hubiera estado de acuerdo. Se avergonzó con tan solo pensarlo. Lamentablemente Anna no podía hacer mucho para ayudar, solo dar su mejor esfuerzo y procurar salvar a cualquiera que siguiera con vida en esta gigantesca jaula dorada.

Elsa, de nuevo, demostró porque ella era quien dirigía el grupo. Anna no podría hacer un trabajo tan excelso como el de la rubia, ella siempre fue mejor para llevar a cabo tareas que para dirigirlas. No era la mejor estratega ni la más lista, tampoco era muy paciente pero sabía escuchar. Y Anna seguiría escuchando a Elsa.

Algo crujió cuando Anna dio un paso, al bajar la mirada se encontró con pergamino manchado de un líquido azul, probablemente Lirio. Curiosa, la pelirroja se agachó y lo recogió. Estaba escrito en un lenguaje extraño, nada era legible para ella. Dar vellam assai ollum, dar vetrhaa… las palabras resonaban con eco en su mente, era algo realmente extraño, como si alguien le hablase…

—No leas eso—. Elsa le arrebató el extraño pergamino—. Déjame ver… está escrito en antiguo dalishano. Es un viejo hechizo muy poderoso, se supone que sirve para invocar a los viejos dioses élficos. Como Arlathan, Eluviar etc. Pero cuando yo lo conjuré, nunca ocurrió nada, ni con nadie que yo conozca y todos los magos aquí leyeron esto. Sin embargo no deberías leer cualquier cosa que encuentres aquí… o tocar algo. Nunca se sabe cómo la magia actuará en un humano normal.

—Mhm, De acuerdo…—. A Anna no le gustó la forma en que Elsa se refería a los magos y a sí misma, como si fueran diferentes al resto de personas. Pero sus ideas no estaban muy claras. Esa extraña voz se repetía en su cabeza, era casi… divina.

Elsa colocó el pergamino en un estante a su derecha y continuó caminando.

Todos le pasaron de largo, pero Anna no podía apartar su vista del papel. Al final decidió tomarlo y esconderlo en su mochila. Anna siguió a sus compañeros. Más tarde tendría tiempo para reflexionar en el extraño escrito élfico.

De repente, un fuerte rugido sacudió las paredes. Una lucha estaba ocurriendo más adelante. Anna aceleró hasta comenzar a correr y alcanzar a su equipo. Corrieron a través de un pasillo medio circular hasta llegar a una nueva cámara. La escena fue impresionante.

Un enorme monstruo de color rojizo, la cosa más grande que Anna había visto en toda su vida, se alzaba a tres metros del suelo en contra de una mujer de avanzada edad con una túnica similar a la de Elsa, pero de color rojo con amarillo y un bastón curvo de abeto. Al fondo, un grupo de aproximadamente veinte niños se refugiaban detrás de dos jóvenes.

Anna desenvainó a Idun y se preparó para atacar. Sin embargo, en un parpadeo, la mujer hizo un además con el bastón, y un gran rayo azul golpeó a la criatura que se retorció en dolor y cayó, abriendo una especie de agujero en el piso por donde desapareció. Todo fue tan rápido que Anna apenas había dado medio paso.

La mujer dio media vuelta, encarándolos.

—¿Tú? ¿Tú has vuelto a la torre?—. Preguntó la mujer mirando a Elsa—. ¿Por qué te han dejado pasar los templarios? ¿Has venido a avisarnos?

—¿Avisaros de qué?—. Elsa cuestionó.

—Los templarios han atrancado las puertas—. Explicó la mujer mayor—. Solo las abrirán si intentan atacarnos. ¿Es eso lo que sucedió?

—Uh, no, están esperando refuerzos—. La voz de Elsa sonaba pesada.

—Así que Greagoir cree que el Círculo está perdido—. La mirada de la maga se oscureció y algunos niños contuvieron el aliento—. Probablemente, supone que hemos muerto todos. Nos abandonaron a nuestra suerte pero, pese a encontrarnos atrapados, hemos sobrevivido. No obstante, si invocan el derecho, no podremos hacerles frente.

—¿Ha sobrevivido Irving también?—. La platinada cuestionó con incertidumbre.

—Si alguien ha podido sobrevivir a esto, ese es el Primer Encantador. Fue él quien me dijo que cuidara de los niños… Es… una larga historia. Levanté una barrera en una puerta que lleva al resto de la torre, para que nada pudiera salir y atacar a los niños—. Explicó señalando tras de sí, donde había una barrera espiritual azul protegiendo una puerta—. No podrás entrar en la torre mientras la barrera se mantenga, pero la disiparé si me ayudas a salvar este Círculo.

—Para eso estoy aquí, no puedo permitir que todos aquí sean aniquilados. Debemos evitar las matanzas innecesarias—. Informó la guarda gris.

—Sí, puede que no logremos acabar con todas las abominaciones que haya dentro, pero salvaremos a los sobrevivientes—. Asintió la mujer—. Cuando Greagoir vea que hemos asegurado a los sobrevivientes, confío en que mandara a sus tropas para ayudar y posteriormente los retirará. Él es bastante razonable. Yo iré contigo.

—Tenemos que encontrar a Irving. Greagoir solo aceptará si se lo dice el Primer Encantador—. Elsa dijo—. ¿Los niños estarán a salvo aquí?

—Petra y Kinnon velaran por ellos—. Señaló a dos jóvenes—. Si matamos a todos los monstruos que encontremos por el camino, ninguno llegara a poner en peligro a los niños.

—Está bien—. Aceptó Elsa no muy convencida. Anna tampoco estaba muy segura de dejar a los niños ahí, sin embargo una idea se le ocurrió para que los infantes estuvieran mejor protegidos.

—Olaf aquí, chico—. Llamó a su mabari el cual se acercó—. Olaf, necesito que te quedes aquí, debes proteger a esos niños. No me pongas esa cara, por favor sé que quieres cuidarme pero esto es importante—. Anna acaricio a su sabueso, rascándole la oreja derecha.

—Debemos movernos—. Declaró Elsa caminando hacia la barrera junto a Wynne. Todos la siguieron. La mujer mayor se posicionó frente a la barreara mágica y, de un momento a otro, esta se desvaneció.

—No tengo idea de que criaturas nos encontraremos dentro de la Torre—. Advirtió Elsa—. Espero que todos estén preparados.

"Vaya que estoy lista. A matar demonios."


Nota de autor

Espero que les haya gustado el capitulo. Sinceramente me gusto mucho escribir y explorar algo del pasado de Hans para comprender por que es tan malo xd.

Agradezco todo su apoyo y hasta la próxima.