Nota de autor

¡Hola otra vez! Como verán, sigo vivo. Lamento el enorme retraso para este nuevo capítulo (casi medio año, por el Hacedor). Lo sé, no tengo excusas, yo mismo solía sentarme a intentar escribir sin éxito alguno, y pensaba "¿por qué diablos no puedo hacer esto?"; las ideas simplemente no fluían, sumando el tiempo consumido por la escuela el trabajo y la flojera.

¡Pero ya estoy de regreso y listo para continuar!

Además, me gusta pensar que, durante el tiempo ausente, mejoré mis habilidades de escritura y narración. Pero no crean que durante todo este tiempo no hice nada para el fic, pues me la he pasado mejorando el apéndice y agregando información, que espero sea de su agrado.

Por cierto, que pasen una feliz navidad.

Sin más por agregar, ¡vamos a la historia!


Capítulo 19—Abominaciones

Anna

Al traspasar la puerta, anteriormente protegida por la barrera mágica, se encontraron con una enorme biblioteca.

Era gigantesca, libros y libros repartidos por anaqueles y repisas. Arriba, en cada muro, había ventanales cónicos por los que traspasaba la luz, generando una vista dorada con plata impresionante. Estatuas de guerreros con báculos y un enorme candelabro platino decoraban el salón. No obstante, la biblioteca era un desastre: libros tirados por doquier, estanterías derribadas, estatuas destruidas, charcos de sangre…

Anna no pudo dejar de lado su mal presentimiento. Sentía un ambiente muy tenso y pesado, era como si alguien o algo la observase desde las sombras. Nadie dijo una sola palabra.

Cruzaron el primer anaquel y entraron en un pequeño pasillo con estantes en cada lado. Cuando salieron, un círculo de repisas los aguardaba, parecía que los libros nunca se acababan.

Al inspeccionar mejor, Anna divisó cuatro cuerpos en el piso, uno tras otro. Su piel se erizó y agarró con fuerza el pomo de su espada. Tres eran caballeros templarios mientras el último era un mago, atravesado con una espada. Caminaron sin detenerse y llegaron a un área de escritorios. El olor a muerte era claro nada más llegar. Pero había algo más, un hedor tan repulsivo que la pelirroja tuvo que taparse la nariz y boca.

Un rugido sonó detrás de una estantería, y en un parpadeo cinco abominaciones derribaron el mueble. De la cintura para arriba eran una masa de carne asquerosa y voluminosa, mientras que en las piernas se distinguían partes de las túnicas del Círculo. Chorros de sangre les escurría por pequeños poros humeantes.

Anna se movió con agilidad, enterró la punta de la espada en la primera criatura que vio. Al sacarla, la espada estaba empapada de sangre viscosa, con gusanos negros y apestaba a podrido. Anna casi vomita ahí mismo. El zarpazo del monstruo fue lo que evitó que volviera el desayuno. Alzó el escudo en brazo izquierdo y arremetió con un empuje. Continuó dando tajos a diestra y siniestra con la espada, pero parecía que la abominación absorbía todos los cortes.

Viendo una abertura, Anna cortó sus piernas y la cosa perdió el equilibrio. La chica empujó con el escudo y la abominación chocó con una repisa. Los libros cayeron ante el golpe y Anna le incrustó de lado a lado su espada. Por fin pareció que el monstruo fue derrotado. A su derecha, Alistair también derrotaba a una abominación, con ayuda del qunari que, con su espadón, partió a la abominación en dos con una fuerza inhumana.

El resto de las criaturas ya habían sido neutralizadas por las tres magas. "Vaya que la magia es útil, no entiendo por qué todos la consideran un peligro", meditó. En verdad no lograba comprender la razón por la que tantas personas consideraban a la magia como un sacrilegio, incluso una herejía. A Anna le hubiera encantado tener esos poderes, eran increíbles, además de útiles.

—Abominaciones—. Kristoff se tapó la nariz con asco—. Parece que llegamos tarde. Estos magos ya han sido corrompidos.

—Tan solo es el inicio de la Torre—. Interpuso Elsa, tomando un extraño liquido azul de un cilindro. "Lirio, los magos lo beben como fuente de poder"—. Aún quedan tres pisos por subir, no podemos darnos por vencidos.

"Así se habla, Elsa. El pequeño Connor nos necesita", Anna pensó con satisfacción, mientras limpiaba su espada con un viejo trapo que traía en la mochila, al acabar, lo arrojó al suelo.

—O sí, maravilloso—. Dijo la voz sarcástica de Morrigan al ritmo de sus caderas—. Continuaremos subiendo por tres pisos más, llenos de demonios y abominaciones, en busca de sobrevivientes—. Siseó—. Eso, si queda alguno.

—No importa—. La fría voz de la platinada cortó el ambiente de tajo—. Puede que aun queden personas con vida; además necesitamos limpiar la Torre de cuantas aberraciones nos topemos. Sigamos avanzando, discutir no nos hará más rápidos.

—¿Sabes que nos haría más veloces?—. Preguntó Kristoff con su sonrisa, una vez que ya se movían—. Un hechizo de velocidad, eso sin duda serviría. ¿No tendrán alguno entre sus mangas mágicas, cualquiera de las tres?—. Les dijo a Elsa, Wynne y Morrigan.

—Lo que te daré, bastardo, será una maldición, como sigas molestando...—. Amenazó la pelinegra.

—Ya, ya. Yo solo decía—. Murmuró con una mueca. Se acercó a Anna y le susurró al oído—. Vaya carácter tiene ésta.

A la pelirroja casi se le escapa una risita. Morrigan los fulminó con la mirada, pero en especial al templario. Elsa también la miró de reojo, pero de inmediato apartó la mirada. Continuaron el camino en silencio. Por lo menos la densidad en el ambiente se redujo un poco. Aun así, Anna no pudo dejar de sostener con fuerza la empuñadura de su espada.

Más adelante, aun dentro de la biblioteca, se enfrentaron a otras tres abominaciones. Pero no fueron desafío, gracias a las habilidades de tres poderosas hechiceras. "En especial una", Anna refutó en su mente, mirando a su líder, quien se encontraba de espaldas a ella. "Por el Hacedor, incluso cuando usa esa fea túnica se ve hermosa", pensó al analizar mejor a la platinada.

Su mente viajó a la escena del lago. Cerró los ojos y estaba otra vez ahí. El caluroso Sol golpeando en el agua inmaculada, la leve brisa sacudiendo su cabello y una diosa blanca robando por completo su corazón; la suave piel de Elsa se sintió como la seda, sus largas y aterciopeladas hebras platinadas se sintieron tan bien, tan natural entre sus dedos; sus pequeños lunares eran tan seductores que Anna no pudo resistir besar uno…

Sintió la mirada de Kristoff en ella, su amigo la miraba con una sonrisa burlona. Anna apartó los ojos de Elsa, sintiendo su rostro calentarse. "¡Concéntrate Anna! No es tiempo de pensar en esas cosas". El rubio se le acercó para susurrarle algo, pero Anna aceleró el paso, dejándolo atrás.

—Oh no creas que puedes huir de mi por siempre, lady Cousland—. Escuchó la voz divertida del templario. Anna no pudo evitar formar una ligera sonrisa.

Por fin llegaron a las escaleras que conducían al segundo piso de la Torre.

Sin embargo, algo no andaba bien, los escalones estaban manchados de sangre fresca, además de un extraño liquido espeso de tonalidad verdosa. Anna se sintió mareada. "Es solo sangre, has visto sangre muchas veces". Pero esa sangre no era normal, al verla Anna sintió recuerdos llegar a su cabeza, revivió la noche de la traición. El emblema del oso pardo en los soldados de Howe, los gritos, el frío en el viento, el rostro ensangrentado de su madre, el pequeño Oren... Tuvo que contener las lágrimas y morderse el labio para no sollozar. Una sensación de caída se alojó en su estómago, y cayó en el abismo…

Alguien la sujetó de la cintura, evitando que cayese. Anna saltó. Se encontró con ojos azules de hielo, ojos fríos pero que le transmitían un reconfortante calor. Elsa la soltó en un segundo, apartando la vista.

—No mires directamente, ninguno lo haga. La sangre mágica mezclada con sustancias desconocidas del Velo puede causar alucinaciones—. Explicó, alejándose de ella.

Anna asintió y continuaron con el recorrido.

—Grrr, incluso la sangre está mal con este lugar—. Gruñó Sten, claramente molesto y algo… ¿nervioso? Anna no estaba segura, pero era obvio que la magia disgustaba al qunari.

Subieron los escalones, evitando a toda costa mirar hacia abajo. Las escaleras eran de caracol, con una única antorcha para iluminar el camino. Tan solo en un instante el lugar cambió de dorado a gris. La maga Wynne hizo brillar su bastón, iluminando el oscuro camino. "Sí, la magia es muy útil. Tal vez pueda convencer a Sten de ello. Tengo ganas de aprender más sobre eso… y no nos olvidemos de ese extraño escrito élfico…", recordó el pedazo de hoja antigua que había escondido en su mochila.

Al llegar a la cima, cruzaron un umbral, y una puerta de plata con la heráldica de los templarios—un sol blanco de ocho puntas envuelto en llamas doradas—cerraba el paso, parecía entreabierta. Anna avanzó al frente, junto a Kristoff y Sten, seguidos de las magas y la bardo.

Llegaron a una sala amplia, uniformemente circular con cuatro pilares de al menos un pino de altura, que sostenían el techo. Una persona estaba parada al centro; llevaba una túnica igual a la de los hechiceros, pero de color gris. Anna atacó sin pensarlo dos veces. Sin embargo, su cuerpo se entumió a centímetros del hombre, intentó zafarse, pero parecía estar congelada. Estaba a punto de lanzar un insulto, no obstante, alguien habló primero.

—¿Owain?—. Elsa preguntó, parándose al lado de Anna con el resto del grupo a sus espaldas.

Anna estaba confundida, ¿Elsa conocía a ese extraño hombre? "Duh. Obvio lo conoce, ella vivió aquí toda su vida, ¿recuerdas?" Sintió sus músculos relajarse, hasta ser capaz de moverse. La rubia le lanzó una mirada de disculpa.

—Hola. Veo que te acuerdas de mí—. Dijo inexpresivamente el hombre, parecía no tener vida—. No vayas al almacén, por favor. No he tenido tiempo de limpiarlo.

—¿Qué estás haciendo aquí, no deberías estar afuera?—. La guarda gris cuestionó confundida. Anna también quería averiguar qué estaba pasando, y quien era ese extraño hombre.

—Intenté pasar por la puerta de los dormitorios, pero me encontré con la barrera, así que vine aquí—. Dijo como si fuera algo sin importancia. Anna nunca había conocido a alguien así, tan seco y sin vida, casi como si no fuera humano.

—Oh, lo siento mucho Owain—. Se disculpó Wynne—. No sabía que estabas aquí, de lo contrario habría quitado la barrera.

—Está bien—. Afirmó mirándola con ojos neutros, casi en blanco únicamente con un pequeño iris gris, era… escalofriante—. Me alegra seguir con vida. No quiero morir, no creo que me convenga mucho. Aún no he terminado de limpiar el almacén. Y quiero que el Círculo vuelva a su estado original. Quizá Niall tenga éxito y nos salve a todos.

—¿Niall?—. Elsa preguntó—. ¿Qué está haciendo aquí?

—Él y un grupo numeroso llegaron, y tomaron la letanía de Adralla—. Explicó.

—¿La letanía de Adralla?—. Elsa formuló la pregunta para sí misma—. Sirve para proteger la mente del dominio mágico. Eso quiere decir que hay…

—Magia de sangre—. Wynne susurró oscuramente—. Lo que me temía, significa que hay magos de sangre en la Torre. Seguramente ellos trajeron a los demonios.

—¡Entonces debemos apresurarnos y encontrar a Irving!—. La platinada exclamó—. Owain, deberías buscar un lugar seguro para resguardarte.

Anna mantuvo su mirada fija en el rostro del hombre, cosa que él notó. Owain movió los ojos mirando a los de Anna, dándole a la Cousland una mejor perspectiva.

—¿Qué eres?—. Preguntó antes de pensar en la discreción. "Eso fue grosero", se dio cuenta arrepentida—. Lo siento, no quise decir…

—Soy un Tranquilo—. Explicó sin rodeos. Anna continuó sin entender.

—Quiere decir que le han despojado de toda humanidad—. Morrigan bufó con desprecio—. El Rito de la Tranquilidad es la idea perversa de la Capilla sobre la "misericordia". Los magos estamos conectados al Velo más que nadie, eso es lo que atrae a los demonios. La tranquilidad es un ritual mediante el cual, el mago es alejado para siempre del Velo: por lo que la persona está a salvo de la posesión. Pero… a costa de todo su ser; pierde su magia y con esta su capacidad de soñar. Todo lo que queda es una cascara vacía. Están vivos, pero tampoco lo están realmente.

Anna se horrorizó por lo que escuchaba. ¿Los despojaban de sus sueños y emociones? ¿Los dejaban sin vida, como muertos vivientes? Cada cosa nueva que descubría acerca del Círculo, la convencía de que era de las peores cosas en Thedas.

—¡Eso es una barbarie!—. Exclamó indignada—. ¿La Capilla aprueba esto? Convertir a las personas en… en… ¡esto!—. Hizo un gesto hacia el tranquilo quien solo se limitó a mirar.

—Cálmate, Anna—. Dijo Kristoff—. Es más complicado de lo que crees.

—Tampoco se utiliza a la ligera—. La maga más vieja habló—. Solo en casos extremos en el que el mago decide entre esto o la muerte. Es la decisión de cada mago, no es un castigo.

—Aun así, es una calamidad. Deberían prohibirlo—. Dijo un poco más calmada, aunque todavía seguía molesta—. Cuando sea Teyrna de Pináculo apelaré en la corte para prohibir esto.

—No es tan sencillo—. Replicó la platinada—. Estas leyes pertenecen a la Capilla, por lo que ningún gobierno puede interferir en estos asuntos, sin importar su poder. Tendrías más suerte siendo la Emperatriz de Orlais, o convirtiéndote en la Divina, para intentar cambiar las reglas.

—No hay porque enfadarse—. Owain dijo—. Yo elegí este camino, y estoy satisfecho con mi rol—. El extraño sujeto hizo una reverencia y dio media vuelta, encerrándose en el almacén que se encontraba a sus espaldas. Una vez que Owain desapareció a través de las puertas del almacén, Elsa se volvió ante todos y explicó su plan.

—Debemos encontrar a Niall. Necesitamos la letanía de Adralla para combatir a los magos de sangre; y el Hacedor no lo quiera, cualquier demonio que haya traspasado el Velo. De lo contrario Wynne, Morrigan y yo podríamos terminar como abominaciones. La letanía bloqueará cualquier intento de control desde el Velo. Y también evitará que los demás no puedan ser controlados por la magia de sangre.

Anna se estremeció tan solo de pensar en Elsa convertida en una de esas cosas; o a ella misma siendo controlada por magos de sangre. Era mejor no pensar en eso.

—Vamos—. Ordenó Elsa autoritariamente; cada vez más tenía pinta de líder—. Debemos encontrar a Niall y su grupo.

Caminaron hacia la izquierda, nuevamente por otro tedioso pasillo circular. Anna podría volverse loca si esta maldita torre no cambiaba de forma y decoración, lo cual parecía muy poco probable.

Fue entonces cuando escucharon gritos.

—Shhh—. Cuchicheó la maga con túnica azul. Todos se detuvieron al instante—. Leliana, adelántate e investiga lo que ocurre—. La bardo asintió y comenzó a moverse sigilosamente.

—¡Oye, yo también puedo ser sigilosa! —. Anna susurró a Elsa, molesta de que no hubiera sido elegida para la tarea.

—No, claro que no—. Elsa la miró con una mueca extraña, casi nostálgica. A pesar de esto, Anna se enfureció y la miró enfadada, ¿Cómo se atrevía a afirmar tal cosa? ¡Ni si quiera la conocía! Anna estuvo a punto de discutir, pero Elsa la calló—. Está bien, está bien, acércate con cuidado. Pero mantente detrás de Leliana para cubrirla.

—Yo también voy—. Susurró Kristoff con seguridad, todos lo miraron con fastidio—. ¿Qué?, ¿magos y demonios, recuerdan? Y resulta que cierto chico posee habilidades de templario.

Anna sonrió y siguió a la otra pelirroja con el rubio siguiéndolas a unos pasos. Se movieron cuidadosamente, un paso a la vez, por fortuna las botas de Anna no eran demasiado ruidosas. Llegaron hasta un arco que daba a una habitación, se asomaron con cuidado para ver lo que había dentro.

Tres personas rodeaban a una joven con túnica amarilla del circulo; la chica tenía la piel morena y su oscuro cabello caía sobre su rostro agonizante. Los magos la tenían retenida en una extraña rueda roja, probablemente un artefacto de tortura.

Los ojos de Anna se enfriaron a la vez que su sangre se calentaba

—Deberíamos llevarla con Uldred—. Dijo el primero, con una sonrisa sínica, este llevaba una túnica rojo sangre.

—Esa cosa ya no es realmente Uldred—. Comentó el segundo, este tenía la túnica de color negro—. Además ¿por qué él debe divertirse tanto? Mejor retengámosla aquí, yo también quiero mi dosis de sangre.

—No me parece que esto sea divertido—. Dijo la tercera, era una chica, y llevaba la túnica azul de los aprendices—. Solo matémosla y robemos su poder vital, no hay necesidad de torturarla.

—Debes de aprender a disfrutar de lo que te regalan—. Dijo el primero, sombríamente—. La magia de sangre es un don, un...

Nunca tuvo la oportunidad de terminar. Una flecha le había atravesado la yugular. Anna miró a Leliana quien ya estaba cargando una segunda flecha.

Los dos magos restantes se giraron y, alertados, levantaron sus bastones. La sangre comenzó a subir del suelo, desde el cuerpo del apostata caído, era un espectáculo asombroso y a la vez escalofriante de admirar.

Alistair hizo un ademan con sus manos y un extraño glifo se grabó donde los apostatas estaban parados; inmediatamente ambos salieron disparados hacia atrás, provocando que cayesen al suelo.

Sin perder tiempo, la Cousland se arrojó a la batalla con un grito. Se movió con tal rapidez que en cinco zancadas ya estaba sobre el segundo mago, e incrustó su espada en su abdomen, dejándolo agonizante. Se movió para encarar a la mujer, pero ella había arrojado su bastón y rogaba por piedad.

—No te muevas—. Siseó Leliana apuntándole una flecha cargada en el arco. Ella y Kristoff ahora se encontraban a cada lado de Anna.

—No me maten, por favor. Piedad. ¡PIEDAD!—. Lloró la chica.

—¡Tanya cobarde!—. Escupió con sangre el maleficarium moribundo desde el suelo—. ¡Uldred vencerá y gobernaremos Ferelden! ¡Vamos a destruir la Capilla...!

No terminó de maldecir porque Alistair le puso fin a su vida. Entonces el resto del grupo llegó.

—¡ALINE!—. Gritó Elsa quien de inmediato corrió a socorrer a la maga que había sido torturada. Con cuidado la ayudó a bajar de la rueda, apoyada por Kristoff. Wynne comenzó a sanar sus heridas con magia—. ¿Qué ocurrió, te encuentras bien Aline?

—E…Elsa… estas… viva—. Susurró adolorida, pero con una sonrisa—. Les dije a todos… sabía que no… habías muerto—. De pronto, sus ojos se abrieron aterrados—. ¡Fenril! ¡Se lo llevaron, Elsa! ¡Tienes que salvarlo!

—Está bien, bien, lo salvaré. Te lo prometo—. Susurró la rubia, entonces los ojos de la morena se cerraron y cayó desmayada.

Elsa volvió la mirada, y Anna vio en sus ojos algo que nunca había visto en ellos: furia pura. Esos ojos de hielo reflejaban una rabia congelada, tan profunda que parecía ser capaz de traspasar las paredes y romper murallas; el ambiente comenzó a enfriarse terriblemente, incluso pequeños copos de nieve comenzaron a caer. La hechicera fijó su mirada en la apostata caída.

—¡No, espera! ¡Puedo explicarlo! ¡Elsa, por favor!—. Chilló, desesperada, pero la guarda gris parecía poseída por la ira. Colocó a la otra mujer con cuidado en el suelo, sin apartar la mirada, y se levantó muy lentamente. Como un lobo cazando a su presa.

En un parpadeo, una enorme explosión gélida de escarcha estalló a través de la habitación. El frío le recorrió hasta la médula. La explosión la cegó temporalmente. Todo pareció detenerse, como si el tiempo se hubiese congelado. El silencio llenó el ambiente, la nieve cubría por completo el lugar, no había un solo hueco sin esa capa blanca; y desde el techo colgaban finas y puntiagudas estalactitas de hielo.

Anna se frotó los ojos, confundida. Finalmente, su vista se aclaró y mantuvo los ojos fijos en una escena aterradora: donde anteriormente había estado la apostata, ahora había una estatua de hielo sólido, el rostro lleno de pánico en la mujer quedó para siempre grabado. Un escalofrío le recorrió desde la nuca hasta los pies. El frío parecía congelarla hasta la medula, Anna comenzó a tiritar, instintivamente se abrazó a sí misma, intentando entrar en calor.

Tenía la sensación de haber vivido esto, pero su mente dolía con tan solo tratar de recordar. Era como si una cortina de humo negro bloqueara sus recuerdos. Se sentía como si una parte de ella faltara, como si hubiese algo que debía estar ahí, pero Anna no podía recordar. Así que simplemente dejo de intentar.

El mundo parecía haberse detenido. Nadie habló, prolongando el lúgubre silencio por todo el lugar. La hechicera respiraba con dificultad, mientras el resto de sus compañeros temblaban por el frío. Pero todos la miraban asombrados, e incluso con algo de miedo.

La furia desapareció del iris azulado de Elsa, siendo reemplazada por el temor e inseguridad familiares en ella.

—Yo…—. Su voz se ahuecó en la tráquea. La guarda gris miró a todos y por último a Anna. Se veía aterrada, más que en cualquier otra ocasión.

Anna no estaba segura de que hacer, de que decir. Acababa de ver como Elsa Arendelle congelaba a una mujer indefensa, una mujer que había suplicado por piedad. Pero, por otro lado, esta apostata también había torturado a la otra chica, a pesar de que Anna escuchó claramente cuando ella estuvo en desacuerdo con sus compañeros maleficars. Tal vez esa mujer de nombre Aline y Elsa eran cercanas, entonces Anna podría entender lo que la guarda gris sintió al ver a su amiga en aquel estado. Recordó su propia furia al ver el cuerpo de su sobrino, el pequeño Oren, sangrante al igual que ver a su madre ser asesinada.

Aun así, no pudo evitar sentir pena por la apostata, y cierta repulsión hacia la guarda gris. Su mente estaba en conflicto. Anna finalmente se aclaró la garganta e intentó hablar.

—Elsa… tu... —. Su lengua tropezó con las palabras.

La rubia respiraba agitadamente, giró la cabeza y vio a la mujer congelada. Anna logró distinguir la culpa en sus facciones, parecía que el remordimiento carcomía su cuerpo; además de que aparentaba estar luchando consigo misma, pues sus músculos se contrajeron con fuerza e hizo una mueca de dolor. De poco en poco, la nieve comenzó a dejar de caer y el frío ya no era tan extremo.

Antes de que alguien pudiera decir algo, Elsa recuperó la compostura y habló.

—Sten, lleva a Aline hasta el almacén y pídele a Owain que te abra la puerta—. Su voz fue autoritaria, cualquier pizca de inseguridad se había ido, como si hubiera enterrado todo rastro de emociones en ella.

El qunari gruñó molesto. —¿Cómo osas pedirme que lleve a esa cosa, humana?—. La voz del qunari era profunda, atemorizante y llena de fuego. Elsa lo miró sin inmutarse, levantó la barbilla y aceptó el desafío. Anna apretó con fuerza el pomo de Idun, lista para defender a su líder.

—No fue una solicitud, eso fue una orden—. Dijo Elsa fríamente—. ¿O es que estas desafiando mis ordenes? Espero que no sea necesario recordarte cuál es tu lugar, qunari.

Sten miró con dureza a Elsa, dio un paso al frente y, con su brazo derecho, movió su espadón. Anna no tuvo tiempo de reaccionar y el miedo explotó en ella, contuvo el aire, anticipando el golpe. La enorme espada de metro y medio de largo giró en el aire, hasta regresar a espaldas del qunari. El gigantesco hombre no atacó a la guarda gris, sino que enfundó el arma en la vaina que llevaba colgada en la espalda.

Anna dejó de contener el aire, soltando un suspiro de alivio, miró al resto del grupo quienes hicieron lo mismo, a excepción de Morrigan que parecía divertida con la situación.

—Como digas, guarda gris—. La voz del qunari seguía siendo profunda, pero había sido despojada de la rabia. Cruzó la habitación, pasó de largo a Elsa y recogió entre sus musculosos brazos a la maga inconsciente. Se alejó a un ritmo tranquilo. Anna creyó ver cierta satisfacción en las facciones del qunari, ¿acaso estaba poniendo a prueba a Elsa? Era posible. La chica Cousland recordó que los Qunaris eran una raza muy orgullosa.

Una vez que Sten desapareció por el arco, Elsa exhaló aliviada. Fue un suspiro apenas audible, pero Anna lo escuchó a la perfección. La guarda gris dio media vuelta y observó a la apostata congelada.

—Lo siento, Tanya—. Susurró, acercándose a la estatua helada. Se hincó a la altura y rezó una oración al Hacedor. Momentos después se puso en pie y habló.

—Llorar por los muertos no nos hará más rápidos—. Comentó mirando a todos con una expresión similar a la de un cachorrito regañado. La Elsa fría se había vuelto a esconder.

Wynne era quien la veía con más desaprobación, mientras Morrigan parecía satisfecha con lo ocurrido; Leliana y Alistair se miraron, ambos parecían no aprobar lo que Elsa hizo, pero tampoco la condenaban; Anna tenía sentimientos encontrados, una parte de ella le gritaba que despreciara a esta mujer, que ella era igual que quienes la traicionaron, mientras la otra parte decía que no había sido su intención, y que la platinada merecía la redención.

—Tienes razón, Elsa—. Expresó Wynne—. Ya tendremos tiempo para hablar y lamentar. Debemos enfocarnos en encontrar a Niall y salvar al Primer Encantador, Irving.

—Si a mí me lo preguntan—. Morrigan comenzó a hablar—. Eso fue genuinamente asombroso. No tenía idea de que poseyeras semejante poder; deberías sacarle todo el potencial… Pero, como nadie preguntó, mejor me quedo callada.

Siguieron avanzando. Al pasar junto a Elsa, Anna se dio cuenta de algo: el remordimiento nunca dejó de estar presente en sus ojos zafiros. La parte que quería creer en Elsa se hizo más fuerte.


Elsa

Continuaron el recorrido por el ala sureste, Elsa conocía la Torre, mas no en su totalidad, pues prácticamente pasó la mayor parte de su vida en los aposentos de los aprendices. Y los aposentos de los magos eran casi desconocidos para ella, debido a que cuando finalmente se convirtió en una maga oficial, tuvo que abandonar la Torre. En cualquier caso, Wynne podría ayudar. Sin embargo, Elsa dudaba que se llegara a perder.

Comenzaron por revisar las habitaciones, en busca de supervivientes. Hasta ahora solo habían encontrado abominaciones y muertos vivientes.

Elsa intentó concentrarse en su objetivo: encontrar a Niall y salvar al Primer Encantador, para posteriormente regresar a Risco Rojo y rescatar a Connor. Sin embargo, la culpa no dejaba de picar en su mente; ¿Cómo pudo perder el control de semejante manera? La ira la consumió por completo, y sus poderes tomaron el control. Sus compañeros pudieron salir heridos.

El pavor en el rostro de Tanya clavó otra daga en su corazón. Si tan solo tuviera el poder de regresar el tiempo, tantas cosas serían tan distintas… "No importa cuánto entrenamiento tengas, ni cuanto control poseas. Siempre seguirás siendo una niña asustada, incapaz de proteger a sus amigos. Siempre serás un monstruo", susurró oscuramente la voz de Agdar Cousland en su cabeza.

Recordó a Aline, torturada y sangrante; su sangre volvió a enfriarse. Aline había sido su mejor amiga, desde que ambas se conocieron hace tantos años en la Torre. Ellas, junto a Jowan, solían ser inseparables. Ni si quiera había tenido tiempo para despedirse de ella cuando se fue de la Torre. Aline le dijo que se habían llevado a Fenril, su amigo templario que la había alejado de su familia, y a quien ella salvó de un Draco hace tantos años. Debía rescatarlo, debía rescatar a todos. No podía decepcionar a nadie, sin importar lo que le costara.

Al recordar a sus viejos amigos, Aline, Jowan y Fenril sintió la nostalgia mezclada con anhelo venir a ella. Convertirse en guarda gris le había costado lo más cercano que había tenido a una familia, después de la noche trágica. Aunque ella había decidido unirse a la orden para enmendar su error al haber ayudado a Jowan a escapar. El dolor de la traición regresó en forma de lanza.

—Oye, Elsa—. Una voz la regresó a la realidad.

Leliana se encontraba frente a ella. El resto de sus compañeros estaban revisando una habitación, en busca de artilugios que pudieran ser útiles.

—Sí, ¿Qué ocurre, Leliana?—. Cuestionó recobrando la postura recta.

—¿Segura que te encuentras bien?—. Preguntó preocupada—. Si necesitas hablar sobre lo que pasó… allá atrás, no dudes en decirme, ¿vale?

Elsa asintió, incapaz de formular palabra alguna. La vergüenza, la culpa y el remordimiento eran demasiado fuertes como para permitirle si quiera mirar a su compañera a los ojos. Ambas esperaron a que sus acompañantes salieran de la habitación, una vez estuvieron reunidos, siguieron avanzando por el corredor circular. Sten aún no había regresado del almacén.

Elsa no estaba segura de si el qunari seguiría acatando sus órdenes tras lo ocurrido. "Tal vez ni siquiera regrese" pensó amargamente, "¿y por qué lo haría? ¿por qué seguiría a una chica insegura y sin talento para ser líder?"

En ese momento, recordó la conversación que había tenido con Sten noches atrás. El qunari había puesto en duda su habilidad para pelear, simple y sencillamente por el hecho de ser mujer, pues según él, nadie puede elegir lo que es; la maga debatió diciendo que cualquier persona puede elegir lo que hace. Sin embargo, ahora se preguntó si era capaz de ser líder del equipo, a pesar de ella no eligió esto; lo sucedido hace unos minutos dejaba entrever que ella no era digna de tal cargo y honor.

Ya veremos…—. Había dicho Sten aquella noche. Elsa seguramente lo había decepcionado, como decepciona a todo el mundo.

Dentro de la siguiente habitación que examinaron, un grupo de ocho cadáveres vivientes les esperaba. Los muertos atacaron sin el menor aviso, abalanzándose sobre ellos. Elsa paralizó al primero, evitando que este atacara a Alistair. Sin perder tiempo, cargó un rayo eléctrico y lo lanzó al segundo cadáver.

Todos atacaron a los monstruos, Anna y Alistair con sus espadas, Leliana con sus flechas, mientras las magas lanzaban toda clase de hechizos. Cuando por fin acabaron con los muertos, procedieron a revisar el cuarto. Elsa encontró un tótem de piedra, parecía una cabra, con cuernos sobresaliendo de la punta; la platinada lo guardó, pues pensó que tal vez podría agradarle al qunari. Desde hace algunas noches, Elsa había estado pensando en regalar diversos objetos a sus compañeros para mejorar las relaciones con ellos.

Salieron de la habitación y entraron a la siguiente. En esta, seis abominaciones los atacaron. A Elsa ya se le estaba volviendo molesto enfrentar estas cosas; podrían pasar de largo las habitaciones para avanzar más rápido, pero debían erradicar a todas las aberraciones que hubiera en la Torre, además de buscar sobrevivientes.

Elsa caminó por el pasillo circular. De repente, un par de voces se escucharon al fondo, justo en la siguiente habitación. La maga se acercó con cautela.

—Debemos salir de aquí—. Dijo un hombre, su voz temblaba—. Necesitamos seguir buscando. Debe quedar algo de oro por aquí.

—Cierra el pico, Uldred ha dicho que nos quedemos—. Respondió una mujer.

—¿Ves a Uldred por aquí?—. Contradijo el hombre—. Si nos quedamos, ¡moriremos!

—¡Que te calles!—. Exclamó la mujer—. Empiezo a pensar que no mereces entrar a nuestra orden.

Elsa escuchó pasos tras de sí, por lo que alzó el brazo con la palma abierta, los pasos se detuvieron. Con sus dedos contó hasta tres e hizo una señal para que Anna y Kristoff atacasen. Sin embargo, alguien atacó primero.

—¡Ahí están! ¡Pequeños magos!… Que bocados más deliciosos. Creo que iré primero por el más blandito…

La voz demoníaca apareció de la nada. Elsa se estremeció y, abandonando la estrategia sorpresa, corrió hacia la habitación. El objetivo también era salvar a todos cuantos pudieran, sin importar si fueran magos de sangre o no, y ella no estaba dispuesta a permitir que más magos fueran poseídos.

Los dos magos comenzaron a atacar al demonio de la cólera. La criatura derribó a uno con sus garras, enviándolo varios metros lejos, mientras la otra conjuraba un glifo para encarcelarlo. Sin embargo, el monstruo fue más rápido y consiguió atravesarle el abdomen con ambas zarpas.

Elsa apenas tuvo tiempo de congelar al demonio, Anna se lanzó al frente junto a Kristoff e intentaron golpear con sus espadas al cuerpo congelado del ente. No obstante, Morrigan conjuró un hechizo que, sin esfuerzo alguno, hizo explotar en millares de fragmentos al solidificado organismo del Velo.

—¡Hey! Pudiste avisarnos—. Reclamó Anna quien había sido cubierta por escarcha.

—Ustedes tuvieron la culpa—. La bruja se encogió de hombros—. ¿Para qué se lanzan como locos?

Anna gruñó y Elsa pensó que se veía muy linda así, cubierta de rocío níveo y con el ceño fruncido, haciendo esa cosa con su nariz. La rubia se sonrojó y apartó la mirada. "No es tiempo para tus pensamientos indecorosos, concéntrate", se dijo a sí misma, "Oh, sabes que la quieres. Mira ese cuerpo, ese rostro, esos labios. La deseas. Deseas a tu hermana, sucio monstruo" la voz nuevamente hizo eco en su cabeza. Elsa agitó la cabeza, debía concentrarse.

—Alistair, arresta a estos dos apostatas—. Ordenó, mientras Leliana aplicaba un poco de cataplasma curativa en el abdomen de la maga herida.

—Espera… ¿No vamos a matarlos? —. Cuestionó el segundo guarda gris—. Son magos de sangre…

—Magos de sangre o no, son personas. Merecen un juicio, no es nuestro deber decidir por sus vidas—. Elsa argumentó. La verdad es que se sentía culpable por lo que le pasó a Tanya, tal vez esta misericordia era solo para sentirse menos culpable… Elsa no estaba segura.

—Tiene razón—. Concordó Leliana—. No es nuestro deber juzgar a estas personas. Eso es trabajo del Hacedor.

Todos parecieron satisfechos con su decisión, a excepción de la mujer herida.

—¿Crees que dejarme vivir es misericordia?—. Gruñó adolorida, un hilo de sangre salía de su boca—. ¡No necesito tu piedad! ¡Prefiero morir antes que pudrirme en Aeonar!

Sacó una daga de su pantorrilla y se la clavó en la herida. La sangre brotó a chorros, pero al parecer, suicidarse no era su intención. Una explosión de sangre los arrojó a todos con una fuerza tremenda, Elsa sintió la dureza de la piedra cuando chocó con el muro y luego rebotó cayendo al piso. "Es el mismo hechizo que usó Jowan cuando escapó", recordó alarmada y adolorida.

La mujer se levantó, revitalizada por el poder de su propia sangre, volteó a ver a su compañero indefenso, con ojos depredadores.

—¡Espera!—. Clamó el mago desde el suelo—. ¡Puedo ayudarte! ¡Por favor, no lo hagas Rahena!

La maleficar le cortó la garganta de un tajo y comenzó a absorber la sangre que manó de él. Elsa se levantó con dificultad, la explosión también había drenado su poder. No pudo resistir mantenerse en pie, cayendo torpemente sobre su rodilla con un quejido.

Sin embargo, Anna se levantó, con una mirada asesina. La pelirroja se arrojó sobre la apostata, lanzó una estocada, pero la maga fue capaz de esquivarlo, con una velocidad sobrehumana. "No solo aumentó su poder, también su velocidad", la platinada se dio cuenta, "seguramente agudizó todas sus habilidades".

Su hermana continuó intentando dar un golpe certero, sin éxito alguno, la hechicera realizó otra explosión que envió a Anna varios metros atrás. Kristoff atacó desde la espalda de Rahena, quien lo detuvo con un maleficio que le hizo perder el equilibrio, para después paralizarlo. Leliana apuntó una flecha desde el otro lado de la sala, pero la hereje le lanzó un rayo y la pelirroja se estremeció, soltando su arco. Elsa gruñó e intentó lanzar un hechizo, "Nos está ganando y ella es solo una", en ese momento comprendió el verdadero peligro que significaba la magia de sangre.

Miró a Wynne y Morrigan, cada una a su izquierda y derecha. Ellas también jadeaban intentando recuperar su maná.

—Me pregunto quién de ustedes será mi marioneta personal—. Rahena se carcajeó malévolamente—. Será tan divertido controlar vuestras patéticas mentes…

—¡Debimos dejar que ese demonio acabara contigo!—. Escupió Anna ante los pies de la maleficar, quien solo rio más fuerte.

—Sí, debieron hacerlo. Pero no lo hicieron—. Rahena se inclinó—. Creo que está será la primera. Tu, preciosa, tendrás el honor de servir al gran Uldred.

Elsa finalmente se levantó, impulsada por el miedo de perder otra vez a Anna.

—¡DÉJALA EN PAZ!—. Rugió.

—Oh, ¿pero que veo? Pero si es la pequeña guarda gris—. Se burló con desdén—. Creo que Uldred me recompensará mejor si te llevo a él con vida—. Su boca se torció en una sonrisa perversa—. Incluso nosotros hemos escuchado rumores acerca de tu poder.

Elsa la miró con ojos asesinos, no estaba dispuesta dejar que esta maga de sangre se metiera en la mente de sus amigos, mucho menos la de Anna. La explosión de ira contra Tanya había reducido drásticamente sus poderes. Elsa bebió con rapidez el frasco de lirio que sacó de su mochila, y al instante sintió como su algo de maná regresaba.

La apostata le lanzó un rayo rojo, energizado por la sangre; la guarda gris contratacó con un rayo azul, potenciado por su bastón. Las dos ráfagas chocaron, generando una chispa eléctrica que iluminó toda la sala; rojo y azul se batieron en duelo de destellos mortales. El choque de poderes comenzó parejo, sin embargo, Elsa comenzó a sentir que su energía lentamente disminuía, mientras que la de Rahena parecía ir en aumento: el relámpago rojo empezó a ganar terreno.

Sus rodillas comenzaron a temblar, pronto no tendría más fuerza.

—¡JAJAJAJA! yo he vencido—. Se jactó con altanería la maleficar.

De repente, Elsa sintió todo su poder mágico regenerarse de golpe, sin haber consumido lirio. Giró la cabeza y Wynne la miró asintiendo, Elsa le sonrió agradecida. La chispa azul volvió a ganar terreno.

—¡Bah! No importa que hayas recuperado tu fuerza—. Rahena expresó con confianza—. Sigo siendo más poderosa que tú.

—Pero yo tengo algo que tú no—. Elsa sonrió triunfante—. Amigos.

Una tercera descarga violeta golpeó de llenó a Rahena, quien se estremeció y perdió el duelo contra Elsa; el rayo azul también la alcanzó. Elsa miró a Morrigan, quien le devolvió la mirada con complicidad.

La apostata finalmente cayó derrotada, de espalda al piso y sus ojos se tornaron negros. A pesar de tener una herida abierta en el abdomen, la sangre que manó fue mínima. "Utilizó casi toda su sangre para ganarme", comprendió. Se acercó con cuidado, apoyándose en su bastón.

—Sí, está bien muerta—. Dijo Morrigan quien también se había acercado. La bruja tocó el cuerpo inerte de la maleficar, con su propio bastón retorcido y frunció el ceño—. Creo que debemos discutir los planes de ataque. No basta con lanzarse como idiotas a un precipicio.

Morrigan miró de reojo a Cousland y al templario, quienes ya se encontraban en pie y con sus sentidos despiertos.

—¡Oye más respeto, por favor!—. Se quejó Kristoff. Su boca se curvó en una sonrisa divertida—. Este idiota tiene nombre.

—Por supuesto, como se me pudo olvidar—. La bruja sonrió con sarcasmo—. Bastardo.

—¡Suficiente!—. Elsa decidió poner fin a la discusión—. Kristoff, Anna. Morrigan tiene razón, no pueden simplemente atacar, así como así, necesitan mantenerse al margen de la batalla—. Elsa regañó. Las caras de ambos se fruncieron, mientras la de Morrigan se alzaba con una sonrisa triunfante—. Y tú, Morrigan. No debes ser tan grosera, deberás cuidar más esa lengua.

La sonrisa de Morrigan murió y fue reemplazada por su habitual expresión de molestia. Anna y Alistair asintieron en comprensión, aunque molestos por el regaño.

"Si sobrevivimos a la Torre, deberé hablar con todos para llegar a un acuerdo táctico de batalla", suspiró agotada, "y mejorar las relaciones entre todos".

—¿Se encuentran todos bien?—. Preguntó con preocupación.

Anna y Kristoff se veían bien, no habían resultado heridos más que por algunos moretones, productos de las explosiones. Morrigan y Wynne parecían estar bien, además de que la Encantadora tenía habilidades curativas. Leliana se acercó a ellos.

—Solo tengo entumecida la mano—. Comentó la bardo. Elsa vio que era la mano con la que tensaba la cuerda del arco. Wynne tomó la mano de Leliana y un breve resplandor verde apareció—. Ya está bien. Muchas gracias, Wynne.

En general, nadie recibió una lesión grave, aunque todos estaban manchados de sangre. Revisaron los cadáveres y algunos muebles. El grupo salió de ahí con una moneda de oro y cinco de plata, continuaron el recorrido circular.

"Sten aún no ha regresado", pensó la rubia con culpa y se preguntó si regresaría para ayudarlos o se había hartado de su ineptitud para dirigir. "Tiene que regresar, los qunaris son guerreros orgullosos, no abandonan una pelea"

La siguiente habitación debía ser el gran comedor, una gran sala donde sería probable que muchos enemigos les esperasen, y estos tendrían un enorme terreno a su favor.

—Aguarden—. Dijo a sus compañeros antes de abrir la puerta—. Anna, Kristoff, vayan al frente. Leliana, una vez que la puerta este abierta, corre hasta el otro lado y sitúate en un buen lugar para atacar. Wynne, tu mantente cerca de la puerta. Morrigan, tú y yo nos situaremos al centro de la habitación, y cubriremos a los demás.

Todos estuvieron de acuerdo con el plan. Anna abrió la puerta de un puntapié, ella y el guarda gris corrieron para atacar lo que hubiese dentro. Leliana se movió en un segundo, dando volteretas para llegar al otro lado, se posicionó detrás de una larga mesa tumbada. Elsa y Morrigan entraron a toda prisa.

Un demonio de la cólera menor rugió. Dos abominaciones lo acompañaban. Elsa de inmediato congeló al demonio, su cuerpo envuelto en llamas se detuvo, aunque el hielo comenzó a derretirse casi al instante. Los guerreros atacaron con sus espadas y escudos a las abominaciones, mientras la arquera lanzaba flechas a ambas. Morrigan conjuró un hechizo que hizo perder el equilibrio a una, mientras lanzaba pequeñas ráfagas negras. Elsa grabó un glifo que aprisionó a la segunda abominación. Wynne realizó un hechizo que revitalizó a todo el equipo.

"Así es como trabaja un equipo" pensó con satisfacción.

Tras varios tajos y cortes de espadas, sumados a las flechas y ráfagas mágicas, las dos abominaciones cayeron derrotadas en una explosión de fuego. Elsa apenas tuvo tiempo de crear una barrera invisible para proteger a Anna y Alistair.

El demonio por fin se liberó del hielo, lanzó una bola de fuego hacia Elsa y Morrigan, pero la platinada logró detenerla gracias a un escudo hecho con picos de hielo, aunque la fuerza del impacto la hizo caer. La bruja contratacó con una gran esfera lumínica negra, potenciada por su bastón, cuando el hechizo golpeó al demonio, este pareció perder toda orientación, se movió de un lado a otro, atacando con sus zarpas incendiarias, pero no a un objetivo en específico. Leliana lanzó una flecha cubierta por hielo, cortesía de Elsa, la cual se incrustó en el cuello del demonio.

El ente cayó derrotado con un chillido infernal, abriendo un agujero en el suelo para después desaparecer.

—Eso estuvo fenomenal—. Comentó Anna—. Trabajamos mejor en conjunto.

—Ya lo has dicho—. Leliana estuvo de acuerdo.

Revisaron toda la habitación, en busca de supervivientes; pero todo lo que encontraron fueron dos frascos de lirio, una capucha encantada, un cuadro de pintura y varios libros tirados. Sin embargo, en el gran portón que conducía al sótano tenía una pequeña nota pegada.

Seguimos subiendo la Torre. La situación es peor de lo que creí. Ya hemos perdido a tres compañeros, a manos de demonios y magos de sangre. No hemos encontrado señal alguna del Primer Encantador. Como me temía, Uldred se ha cambiado de bando y ahora esta con los magos de sangre, sino lo detenemos todo estará perdido.

-Niall, Encantador del Circulo de Ferelden.

—Esto no se ve bien—. Habló Wynne tras leer la nota en voz alta—. Si Niall y su grupo no han tenido éxito, significa que han llevado a Irving hasta el último piso, y Uldred lidera a los magos de sangre.

—Tan solo una pregunta—. Anna dijo. ¿Quién es ese tal Uldred, del que tanto hablan?

Elsa fue quien lo explicó. —Es un Encantador Menor del Círculo, pero no crean que por eso es débil; de hecho, es uno de los magos más poderosos en Ferelden, y el Primer Encantador ha expresado su admiración por la eficacia de Uldred al acabar con magos de sangre. Recuerdo haberlo visto en Ostagar, durante el consejo de guerra del Rey Cailan, Uldred sugirió enviar magos en lugar de guardas grises a encender el faro de la torre de Ishal.

—Probablemente era una trampa—. Murmuró Wynne—. Cuando regresé de Ostagar junto con Uldred a la Torre, él intentó convencernos de aportar apoyo a Loghain. Sin embargo, yo relaté la traición de Loghain, por lo que nadie escuchó a Uldred, poco después salió de la Torre…

—¡Y recuerdo que Jowan nos contó que los hombres del Teyrn Loghain habían matado a los templarios que le perseguían!—. Exclamó la platinada—. Eso quiere decir que Loghain y Uldred tienen una alianza.

—Parece que ese tal Loghain intenta reunir apoyo en todo lugar posible—. Morrigan comentó—. Incluso para hacer tratos con magos de sangre; una estrategia muy inteligente en mi opinión.

—Esto es muy malo para nosotros—. Elsa comprendió enseguida—. Seguramente Uldred ya llevaba tiempo trabajando con la magia de sangre, además de conspirar junto a Loghain. Y cuando el Circulo se negó a escucharlo, decidió tomar el control por la fuerza. Si logra controlar a los magos más poderosos de la Torre no tendremos posibilidad alguna.

—¿Y qué hacemos aquí parados?—. Anna cuestionó retóricamente—. ¡Hay que movernos y encontrar a ese tal Uldred!

Salieron corriendo del gran comedor, el corazón de Elsa latía con fervor, pero esta vez no fue por felicidad, o placer como en el encuentro con Anna en el lago, ahora era miedo lo que la hacía vibrar. El Teyrn Loghain parecía estar siempre un paso delante de ellos, y junto a él tramaba el maldito Arl Rendon Howe.

"Si Uldred tiene éxito, todos estaremos perdidos".


Nota de autor

Me despido de este capítulo, disculpándome nuevamente con ustedes, pues son quienes me dan fuerza para continuar y no se merecen esperar tanto por un solo capitulo. Yo mismo me he quedado esperando por meses, incluso años, en la espera de cualquier actualización de muchos fanfics.

No puedo prometer que el próximo año sea mejor, pues pronto ingresaré a la universidad, y mi tiempo libre será mucho más corto. Aun así, puedo prometer que no pienso abandonar el fanfic.

¡Nos leemos en el próximo capitulo! Donde nuestros héroes se enfrentarán a los demonios del orgullo, del deseo y de la pereza…