Nota de autor

¡Hola de nuevo mis estimados lectores! Después de varios meses finalmente logré acabar éste, aunque he de admitir que ya lo había acabado hace dos semanas, pero esperé para escribir con calma el siguiente.

También quiero informarles que he corregido todos los capítulos previos, por si alguien gusta darle una releída al fanfic. Cosas que corregí fueron el uso del guion largo para los diálogos, usar acentos para palabras en pasado, errores topográficos, etc. Sin embargo, no reescribí los capítulos, aunque cambié algunas cosillas.

Y me disculpo por la actualización de junio, pues actualizó la fecha pero no subí nuevo capítulo, sino que reemplacé los anteriores.


Elsa y su séquito avanzan por los pisos de la Torre del Circulo, combatiendo con abominaciones, demonios y magos de sangre. En su camino descubrieron que Uldred lidera a los maleficars y Niall, un joven mago, intentó detenerlo junto a otros magos. Sin embargo, tras el enfrentamiento con un demonio de la pereza, todos quedaron inconscientes.

En Risco Rojo, Ser Kai, Gerda y los hermanos elfos se mantienen al cuidado del niño-demonio, Connor. El Arl Eamon sigue enfermo y su hermano menor, Teagan Guerrin, gobierna en su lugar. Teagan hace planes y maquinaciones, esperando hacer alianzas lo más pronto posible, para poder enfrentar al Teyrn Loghain.


Elsa

Abrió los ojos con pesadez, sintiendo una extraña calidez en su pecho. Despertó en una suave cama de plumas. Se levantó con precaución, sin comprender en dónde estaba exactamente. Una tenue luz blanca deslumbró sus ojos. Se encontraba en una habitación, pero no era una habitación cualquiera, era su alcoba, la que recordaba de su niñez en Pináculo, incluso sus viejos dibujos estaban pegados en las paredes.

"¿Qué ocurre?"

—¡Hasta que despiertas!—. Exclamó una voz. Elsa giró la cabeza hasta enfocar al dueño de aquella voz familiar: era Jowan, su examigo—. ¡Ven, te estamos esperando!

—¿Jowan?—. Preguntó confundida—. ¿Acaso no estabas en Risco Rojo…?

—No tengo idea de lo que hablas, Elsi—. El apodo envió escalofríos a través de su espalda.

Un segundo hombre ingresó a la sala.

—¡¿Duncan?!—. Vociferó la platinada, cada vez más confundida. Recordó que Duncan había caído en Ostagar junto al Rey Cailan—. ¿No estabas muerto?

—¿Muerto? ¡Ja! En absoluto—. Dijo Duncan jovialmente—. He estado cerca de la muerte innumerables veces, más nunca me ha alcanzado. Ahora levántate, todos te estamos esperando.

Elsa hizo lo indicado y siguió a ambos hombres por un corredor. Cuando se dio cuenta, su vestimenta había cambiado y ahora vestía un lujoso vestido de encaje orlesiano con zafiros incrustados en el corpiño, hecho de tela fereldeana azul. Seguía sin entender qué ocurría, ¿acaso no estaba en la Torre del Círculo?

Finalmente llegaron al Gran Salón, donde una multitud numerosa los aguardaba. La masa de personas, debajo de un candelabro plateado, aplaudió y coreó su nombre. ¡Elsa! ¡Elsa!

—Por fin llegas, amor—. La dulce voz de Anna provocó que girara la cabeza en dirección a ella. Ahí estaba, su bella hermana, vestida con una regia armadura dorada que acentuaba la coloración de sus mejillas—. Todos esperan a su reina.

¿Reina? Ella no era ninguna reina, ni nada parecido. Ella solo era Elsa Arendelle, una simple maga. Si embargo, se dejó llevar por esta ilusión tan perfecta. Todos sus amigos estaban allí, incluso su padre y el rostro anhelante de su madre.

—Mírate nada más, amiga—. Vociferó Aline, su amiga del Círculo—. Reina y señora de Ferelden.

—Aguarda un momento—. Enunció Elsa con suspicacia—. Aline tú… estabas herida en la Torre, ¿cómo llegamos a Pináculo? ¿Qué hay de Howe? ¿Y Loghain? ¿Los engendros tenebrosos?

—¡No hagas tantas preguntas, cariño!—. Anna se rio entre dientes tomando sus manos y dándoles un tierno beso—. Solo disfruta tu sueño.

La pelirroja la llevó hasta donde se encontraban lord y lady Cousland, ambos sentados en frente de la larga mesa llena de alimentos apetecibles.

—Madre, padre—. Comenzó a decir Anna jovialmente—. Ella es Elsa, la mejor maga del mundo y mi prometida.

—¡¿Prometida?!—. La voz de la platinada se ahogó en su tráquea con un chillido.

—Encantados de conocerla, su majestad—. Respondió Agdar Cousland, levantándose de su asiento junto a su esposa—. Es todo un honor estar en presencia de nuestra salvadora.

—En nuestro viaje escuchamos historias de vuestra belleza, Reina Elsa—. Comentó Idun alegremente—. No obstante, ningún cuento le hace justicia.

Elsa se quedó mirando el rostro de Idun, recordando con increíble detalle la noche en que fue separada de ella por los templarios. Todo lo que quería era abrazarla, llamarla mamá otra vez y dejar que cepille su cabello tal como solía hacer. Sin embargo, la hechicera se mantuvo parada estoicamente en su lugar, sin mover un solo musculo.

Antes de que pudiera decir otra palabra, Duncan entró en la conversación.

—Veo que su Majestad se esta divirtiendo. Me alegro—. Declaró el guarda gris—. Creo que nuestra heroína se merece todo el descanso posible de sus deberes como regente de esta gran nación.

—¿Heroína? ¿Yo?—. Atinó a decir la ojiazul.

—¡Por supuesto!—. Profirió Anna con una sonrisa dentuda—. Tú, hermosa Elsi, derrotaste al poderoso dragón que nos tenía bajo el yugo de la esclavitud y recuperaste todos los tesoros que se robó.

—¿Dragón? ¿Te refieres al Archidemonio?

—¿Archi… qué? No sé que sea eso—. Dijo Anna con total sinceridad.

—¿Cómo que no sabes del Archidemonio?—. Quiso saber Elsa—. ¡Exijo que alguien me explique que esta pasando! ¿Qué hay de la Ruina?

—Eso ha quedado en el pasado, su Majestad—. Respondió Duncan con una sonrisa de oreja a oreja—. Ahora disfrute vuestra fiesta.

Elsa sabía que algo andaba mal, para empezar Duncan era un hombre solmene quien casi nunca sonreía, no porque fuera un hombre amargado ni mucho menos.

—Deténganse ahora, ¿bien?—. Pronunció la maga dando un paso atrás—. Sé que esto no es real, no puede serlo. No puedo estar comprometida con Anna. "Aunque no me importaría estarlo, si no fuera mi sangre"—agregó en su mente—. ¡Ella es mi hermana!

La expresión en los rostros de los presentes se quedó congelada por un instante antes de recobrar las sonrisas.

—¡Oh eso es aún mejor!—. Chilló Anna emocionada—. ¡Aparte de ser mi esposa también eres mi hermana!

—¿Q-qué?—. Se atragantó sintiendo las mejillas enrojecer.

—Supongo que eso ya te hace parte de la familia, hija—. Agdar Cousland expresó con orgullo, levantó su copa y gritó:—¡Por mis hijas! ¡Elsa y Anna!

Todos en el salón se rieron y brindaron en honor a las prometidas. Anna la abrazó mientras Elsa seguía inmóvil, completamente incrédula ante lo ocurrido.

Ese no era su padre, al menos no el que recordaba durante su último año de vida en Pináculo. No era el hombre que la miraba con desprecio y decepción en cada ocasión, aquel hombre que la desheredó y declaró indigna del apellido Cousland por el hecho de poseer habilidades mágicas. No, este hombre la llamó hija y se veía orgulloso de ella.

Miró a las personas en el Salón, todos la miraban con aprobación, orgullo y amor, tres sentimientos que deseó disfrutar con plenitud durante su niñez. Por un momento Elsa sonrió.

—Disfruta tu sueño, mi amor—. Susurró Anna en su oído.

Disfruta tu sueño… ¡Eso es! Todo era un sueño, una ilusión creada por el demonio de la pereza que enfrentó antes de perder la conciencia. ¡Todo tenía sentido ahora!

Se apartó de Anna con violencia, empujándola con todas sus fuerzas. El perfecto rostro de su hermana se contrajo en un ceño fruncido.

—¡Aléjate, demonio!—. Exclamó Elsa retrocediendo dos pasos.

—¡Idiota!—. Exclamó la sombra y al instante una pequeña explosión envolvió la sala en una nube de polvo.

Cuando el polvo se esfumó, Elsa pudo ver con claridad el lugar en el que se encontraba. El suelo estaba marchito y tenía una coloración marrón, mientras el cielo lucía un verde apagado. Estaba dentro del Velo. El vestido desapareció, así como la multitud de personas. Lo que parecía ser el salón de Pináculo resultó ser un valle desolado, con millas y millas de terreno.

Un gruñido la alertó y esquivó una garra flamante que rozó la manga de su túnica. Vio entonces al demonio de la cólera frente a ella, acompañado de dos sombras.

Elsa buscó a tientas su bastón y lo visualizó a tres metros detrás de ella. Los seres del Velo se abalanzaron sobre ella, pero Elsa fue más rápida y conjuró un glifo de parálisis el cual detuvo a los tres por un breve momento, dándole tiempo para arrojarse hacia su bastón mágico. Una vez que tuvo el arma en sus manos, comenzó a cargar un hechizo de electricidad que golpeó al demonio quien rugió de dolor.

Continuó lanzando hechizos hasta que los tres cayeron derrotados. La platinada respiraba entrecortada, recuperando el aire perdido. Solo entonces se preguntó cómo podía respirar en un lugar como el Velo.

Entonces un extraño portal violeta se presentó ante ella. Elsa pasó saliva y entró.


Teagan

Sorbiendo su segunda copa de vino, Teagan Guerrin se frotó la sien. Estaba cansado, llevaba más de tres días sin descansar adecuadamente. Podía sentir las ojeras acumulándose, y el sueño que intentaba vencerlo. Tuvo que prepararse una elipsis especial con la gracia de Andraste, una flor color lila muy común en las zonas de Ferelden, para mantenerse despierto.

El escritorio era un completo desastre. Montones de cartas, documentos y demás cosas yacían regados a lo largo de la madera. Con paciencia colocó la copa a un lado, asegurándose de mantenerla a una distancia prudente de los papeles.

Remojó la pluma otra vez en tinta negra, procediendo a escribir sobre el papel blanco. Delineando cada curva y cada línea con perfecta precisión, tal y cómo aprendió de niño.

A la Bannesa Alftanna Eremon, Señora del Bannorn Mar del Despertar:

Agradezco de antemano y con completa sinceridad el apoyo que ha mostrado vuestro Bannorn a nuestra causa.

Lamento informarle que mi hermano continúa en profundo sueño. Temo lo peor. Sin embargo, no todo está perdido. Recientemente hemos recibido apoyo de los guardas grises. Y, como sospechábamos, lo que el Teyrn Mc Tir dice sobre la traición de los guardas al Rey, son sucias mentiras.

Asimismo, me alegra ser fuente de buenas noticias.

Vuestra sobrina Anna está sana y salva. Acompaña a los guardas grises en su misión contra la Ruina. Y estoy seguro de que también desea venganza contra los Howe. Esto nos pone en una mejor posición, si logramos convencer a los señores y terratenientes de Pináculo que aún queda una Cousland con vida, se unirán a nosotros.

Sin embargo, es crucial mantener esta información en secreto. De lo contrario la vida de Lady Anna, futura Teyrna de Pináculo, podría peligrar.

También me veo en la necesidad de pedir ayuda de vuestra flota. El Bann Loren Oswin ha pedido recursos y alimentos, pues los caminos de Caer Oswin han sido bloqueados por soldados leales a Loghain, para evitar el comercio o la salida del Bann. Si usted pudiera enviar un pequeño barco hasta el Lago Calenhad, seguramente la ayuda llegaría a nuestro aliado.

Continuaré haciendo planes para el futuro de la guerra. No podemos permitir que Loghain prosiga con su locura nacionalista. Y con la Ruina tocando a nuestras puertas, debemos preparar las tropas y los recursos antes de que Ferelden sea destruido. Gracias nuevamente. Vuestra ayuda no será olvidada.

Vuestro aliado,

Bann Teagan Guerrin,

Señor de Rainesfere, y temporal regente de Risco Rojo.

Colocó la pluma de vuelta en el frasco de tinta, siempre cuidando que nada quedara manchado. Tomó la cera caliente y, con precisión, derramó un poco sobre la carta, al extremo inferior derecho. Rápidamente, presionó el sello de Risco Rojo sobre la cera roja, imprimiendo la firma legítima del Arlingo.

El juego había comenzado, desde el momento en que Loghain decidió apropiarse del trono y asumir la regencia del reino. Ahora Teagan debía mover sus piezas con cuidado, cualquier error podría significar el fin de su casa, de sus aliados y de su familia.

Estaba consciente de que su mejor pieza eran los guardas grises, pero sobre todo Anna Cousland. Ella era el último miembro de su familia con vida, y el nombre Cousland era de los más antiguos y respetados de Ferelden. Tal vez ella y Teagan podrían casarse, para aliar el norte con el suroeste, y así juntar dos de las casas más relevantes del reino.

Con Anna Cousland de su lado, podrían darle la vuelta a la guerra. Ella era la clave para la victoria.

Se mantuvo observando la carta por un largo tiempo, sin saber si era mejor mantener el secreto de lady Cousland en las sombras o revelarlo a su tía.

Un golpe en la puerta llamó su atención.

—Adelante—.

Un hombre vestido con cota de malla ingresó en el estudio.

—¿Deseaba verme, Bann Teagan?—. Cuestionó el caballero.

—Sí, Ser Kai. Hay asuntos que deben atenderse—.

El lord le hizo una invitación para que se sentara. El viejo caballero se sentó en la silla frente al escritorio y lo miró expectante. Teagan se aclaró la garganta.

—Pues bien, como usted sabe, estamos en guerra. Debemos movernos con rapidez para lograr ganar el favor de todos los señores posibles. Por ende, Ser, necesito que cumpláis con una misión crucial. Necesito que viaje hacia el norte. Navegaréis hasta el otro lado del lago Calenhad, pasando de largo la Torre del Circulo. Una vez haya llegado hasta los muelles, deberá viajar en caballo hasta el Bannorn Mar del Despertar y, personalmente, debéis entregar una carta a la Bannesa Alftanna Eremon.

—Pero, mi señor. La Guarda Gris me dejó aquí para resguardar a lord Connor—. Protestó el caballero.

—Le aseguro, ser Kai, que mi sobrino estará a salvo aquí—. Replicó Teagan, tomando la jarra de vino y sirviéndole al caballero en una segunda copa, se la entregó con movimientos calculados—. Yo mismo me encargaré de su seguridad—. Sonrió cálidamente—. No tiene de que preocuparse.

Connor había estado encerrado en su habitación desde que los guardas grises partieron a la Torre. Gracias a un poco de leche de amapola, que le dieron mientras dormía, lograron hacer que el pequeño lord se durmiera por un día entero, alimentándolo únicamente con agua y pan en trozos.

—Lo siento, mi señor, pero no puedo confiar en nadie para esta tarea—. El hombre mayor cruzó los brazos, testarudo.

—Entiendo su negativa, caballero—. Dijo, juntando sus manos y erigiendo la espalda—. Pero entiéndame a mí. Todos los caballeros del Arl salieron en busca de la Urna Sagrada de Andraste, para la recuperación de mi hermano. Solo quedan un puñado de doce caballeros en Risco Rojo. No puedo prescindir de ellos. Además, si lady Anna llegara antes que usted, yo mismo me encargaría de explicarle la situación. Estoy seguro de que a lady Cousland no le importará, sobre todo si es a su tía a quien contactamos.

—No pienso dejar solo al niño. Mi señora Elsa me encomendó…

—¿Vuestra señora Elsa?—. Cuestionó Teagan, astutamente—. Creí que lady Cousland era vuestra señora.

El caballero palideció, se tensó y apretó la mandíbula con fuerza. Teagan notó cada anomalía en su postura

—Lady Anna juró servir a la guarda gris. Mi obligación y deber es hacer lo mismo.

—Permítame ponerlo en contexto, ser Kai—. La postura del Bann cambió a una amenazante, sus ojos se fijaron en el rostro del caballero, inexpresivamente. Era una postura que aprendió de su hermano Eamon. No era una actitud que le gustara usar, pero era necesaria—. La guerra contra Loghain ha iniciado y llevamos todas las de perder. ¿Usted cree que mis intereses están con los suyos, cuando tengo a una docena de caballeros jurados al Arl protegiendo a mi sobrino día y noche?

—No sé donde estén sus intereses, lord Guerrin—. Respondió el mayor con cortesía fría—. Después de todo lord Connor es el heredero de Risco Rojo, una vez que el Arl Eamon fallezca. Y si algo le llegara a pasar a Connor, ¿Quién sería, sino usted, el heredero? Por cierto, ¿dónde está el Arl ahora? Enfermo y en estado crucial. ¿No le parecen demasiadas casualidades?

Teagan se sintió enfermo. ¿Cómo se atrevía a insinuar que él tuvo que ver con la conspiración para asesinar a su familia? Además, fue Teagan quien se opuso a Loghain durante la Gran Asamblea, sin el apoyo de ningún otro señor o señora. Sin perder la compostura ni la neutralidad, el señor de Rainesfere respondió.

—Muy bien, ser. Me ha vencido en esta partida. Le permitiré quedarse en el castillo—. El Bann se llevó la copa de vino a los labios, no estaba preocupado, este juego ya lo había ganado en otras circunstancias, y en condiciones más desventajosas—. Sin embargo, es mi deber informarle que, al no contar con nadie de confianza, me veré en la penosa necesidad de enviar un cuervo a lady Eremon. Cuervo que contiene información valiosa sobre lady Cousland. Un cuervo que puede ser interceptado por bandidos, templarios, o partidarios de Loghain. Peor aún, gente de Howe.

El sonido de los dientes rechinando era audible, el caballero apretó los puños a los braceros de la silla y lo miró profunda e impasiblemente.

—¿Cuándo sale el barco?

Teagan recobró su actitud dócil y amable con una sonrisa satisfactoria.

—La embarcación "Lady Isolda" lo está esperando en este momento—. Informó Teagan sonriente—. Es una galera pequeña pero rápida, importada desde Orlais. El viaje será de un solo día de aquí a la Torre. Y otro a caballo hasta las costas de Mar del Despertar.

—¿Cómo pretende que consiga una montura?—. La cara se ser Kai era tosca.

—No os preocupéis por ello—. Relajó el Bann—. Como recompensa para usted y sus compañeros, me he encargado de conseguir caballos adecuados para vuestros viajes. Puede elegir el que guste en los establos.

—Así será, mi señor—. Farfulló el caballero—. Considere esa carta en manos de lady Eremon.

El Bann le entregó la carta, doblada dentro de un sobre rojo y el caballero la agarró con vacilación. Ser Kai se levantó y procedió a caminar fuera del estudio.

—Una cosa más, ser—. Expresó Teagan—. Si es posible, le pido amablemente que intente pasar por Colina Occidental. El Bann Franderel es un hombre compresivo y, seguramente se unirá a nuestra causa si un caballero de vuestro rango se lo solicita.

Ser Kai no volvió la mirada y salió echando humo.

Teagan ahogó un suspiro y bebió todo el vino de su copa. Oraba al Hacedor para que el caballero de Pináculo tuviera éxito en ambas tareas.

Si los Hill se unían a ellos, entonces también lo harían los Veith, de Campo Zafiro, además de los Ulley, de Aliento Invernal, gracias a las alianzas entre las tres familias.

El Bann Loren Oswin ya había declarado a favor de Teagan, así que podría contar con eso. Sin embargo, el Bann de Rainesfere sabía que no debía confiar completamente en "Loren el cambiante"; aunque con su familia asesinada por los Howe en Pináculo, sería muy difícil que se cambiase de bando.

Decidiendo tomarse un descanso, el hermano del Arl se levantó de su silla acolchada y salió de la oficina. Caminó por los silenciosos pasillos, incluso a la luz del día el castillo parecía desolado.

Teagan deseó que el castillo estuviese lleno de ruido, otra vez, como hace algunas lunas, con los criados por doquier, los guardias vigilantes, los caballeros siempre fieles y su pequeño sobrino corriendo por todo el lugar. Ahora esos recuerdos parecían una ilusión.

Llegó hasta las escaleras que daban al segundo piso, una serie de rampas escalonadas con dos varas de ancho. Únicamente, dos militantes las resguardaban, Teagan los saludó y continuó la subida. En otros tiempos, habrían sido muchos más soldados los que resguardaran la subida a los aposentos y recamaras de los señores del Risco.

El segundo piso era más estrecho que el primero, pero más amplio que las mazmorras. Llegó hasta el cuarto de su hermano, donde tres—de los doce caballeros—resguardaban la entrada. Los caballeros juramentados le dejaron pasar.

Dentro se encontraba su hermano, postrado en la cama; sus facciones habían envejecido por la enfermedad, o hechizo. Teagan recordaba haberlo visto seis lunas atrás, antes de irse a Rainesfere y posteriormente a Denerim. En ese entonces todavía lucía algunos cabellos negros, la barba la tenía bien afeitada—resaltando su mandíbula cuadrada—su salud era tan buena como la de cualquier hombre, e incluso las arrugas parecían sentarle bien. Y ahora parecía a punto de morir, con todas las hebras de su cabello de un tono grisáceo muy opaco, la barba le había crecido hasta el cuello del mismo tono que el cabello, y su rostro parecía haber envejecido quince años de los cuarenta y siete que realmente tenía.

—Bann Teagan, mi señor—. Saludó uno de los dos caballeros que estaban allí.

Teagan respondió el saludo con un asentimiento. Se aproximó hasta la cama y miró con pesar el rostro de su hermano.

—Recupérate pronto, Eamon—. Susurró al aire—. Ferelden necesita de un líder fuerte y capaz. Risco Rojo necesita a su Arl. Tu familia te necesita más que nunca. Tu hermano te necesita. No puedes dejarnos, Eamon. No puedes ni debes.

Teagan puso su mano en el hombro de su hermano, perdiéndose en sus recuerdos, conteniendo las lágrimas.

Recordó cuando era un niño de cuatro años, solía correr a la cama de su hermano o a la de su hermana cuando tenía miedo. Recordó cuando Eamon y Rowan lo defendían. La infancia de los tres fue dura, teniendo que viajar de un lado a otro sin parar, entrenándose en el arte de la guerra y la política.

Eamon y Teagan tuvieron que abandonar Risco Rojo, su hogar ancestral, por seguridad, siendo enviados a las Marcas Libres. Pero Rowan, la mayor, se quedó con su padre, convirtiéndose en una guerrera.

Vivieron en las Marcas Libres hasta que se enteraron de que Risco Rojo había sido ocupado por los orlesianos.

Así que regresaron, Eamon se reunió con Rowan dispuestos a recuperar su casa. Pero entonces su padre murió durante la batalla de Colina Occidental en el 8:98 de la Bendita; Teagan se sentía tan solo y triste en aquellos tiempos. Él tenía solamente 9 años, Eamon tenía 14 y Rowan, 17.

Esas lunas fueron las más difíciles para los tres hermanos Guerrin. Luego de algunos meses, tanto Eamon como Rowan fueron a la guerra, reuniendo todo el poder de Risco Rojo a escondidas de los orlesianos. Lograron expulsarlos del castillo y marcharon junto al príncipe Maric, dejando a Teagan a cargo del castillo y el Arlingo. Teagan tenía tan solo diez días de cumpleaños.

Todas las noches, Teagan oraba al Hacedor y a la bendita Andraste que sus hermanos regresaran con vida y bien a casa. Y cada día sus oraciones parecían ser en vano. No tenía idea de cómo iba la guerra, el castillo no recibía ningún cuervo y los viajeros no sabían nada. Historias de batallas ganadas, otras perdidas, masacres, y ninguna hablaba de sus hermanos.

Cuando los orlesianos atacaron Risco Rojo en el 9:02 del Dragón, cuatro años después de la partida de sus hermanos, Teagan casi había perdido toda esperanza. Seis meses pasaron, el castillo asediado y la comida agotada, pero Teagan no rindió el castillo. "Somos Guerrin, hermanito, nunca nos doblamos, duros como la roca", solían decir Eamon y Rowan.

Entonces fue cuando un cuerno retumbó en el risco, los cascos de los caballos hacían estremecer el suelo y los sonidos de batalla eran audibles.

Al anochecer todas las carpas, todos los estandartes morados y todos los soldados orlesianos se habían esfumado. En su lugar ondeaban las banderas rojas de Risco Rojo, su hermano finalmente había llegado. Eamon lo abrazó y Teagan se sentía en una alucinación causada por el hambre, el cansancio o la propia muerte. Eamon le contó de la guerra, de las batallas y que Rowan había vencido en el Río Dane junto a Loghain, la batalla decisiva. Luego el príncipe Maric había marchado a Denerim, expulsando a lo que quedaba del Imperio. Ferelden finalmente era libre.

Seis años después, en el 9:08 del Dragón, la reina Rowan cayó enferma. Nunca logró recuperarse y murió en la cama, con exactamente el mismo aspecto de Eamon. ¿Era acaso una maldición familiar? Tal vez a Teagan le esperaba el mismo destino de sus hermanos.

Cerró los ojos y se alejó.

"Oraré por tu salud, hermano. Que el Hacedor guíe con sabiduría a la Guarda Gris. Y que provea fuerza a los caballeros para encontrar la Urna Sagrada de Andraste. Que proteja a nuestra familia. Y… si todo sale mal, te prometo que haré lo posible por ganar todas las batallas venideras y mantener a salvo a tu hijo y esposa. Pero no debes rendirte, hermano. Todavía no. Se lo debes a Rowan y a su hijo, Cailan, el joven rey. Porque somos Guerrin, nosotros nunca nos doblamos, duros como la roca. Recuérdalo, Eamon. Recuérdalo"


Elsa

Cuando salió, fue arrojada con tal fuerza que casi cae al firmamento. Atravesar el portal fue una sensación indescriptible para ella. Fue como si su alma hubiese sido arrancada por un instante, para luego reaparecer en un nuevo sitio. No obstante, no se sentía mareada ni enferma, de hecho, estaba completamente normal.

Con sus ojos recorrió el nuevo paisaje y se dio cuenta de que se encontraba en un templo destruido. No parecía fereldeano y era muy tosco para ser orlesiano. "Ni si quiera se asemejan a las viejas estructuras tevinters". Recordó la primera vez que entró al Velo e intentó encontrar semejanza con este nuevo lugar, pero no pudo encontrar alguna.

El cielo seguía teniendo la misma coloración verdusca acompañada de nubes negras y grises; el mismo suelo desierto y áspero; y la soledad presente en un endemoniado silencio seguía igual de aterradora. Sin embargo, había algo, además de las ruinas, que la confundía.

A su mente vinieron palabras leídas en viejos libros acerca del Velo. De cómo cada parte de éste se siente diferente y que, quien tiene la desgracia de quedar atrapado por algún pasaje, pierde su alma para siempre.

Un par de rocas crujieron a su izquierda y Elsa se tensó, apuntando con su bastón. Un joven con la túnica amarilla del Circulo hizo acto de presencia.

—Calmada, no voy a hacerte daño—. Informó el desconocido.

—Grr, ya conozco este truco demonio—. Amenazó Elsa—. En mi Angustia, otro como tú intentó engañarme…—. La rubia se detuvo, mirando mejor el rostro del joven—. ¿Niall? ¿Eres tú?

El mago sonrió tristemente. —Sí, soy yo.

—Pruébalo—. Retó la platinada—. Dime algo que un demonio no sabría.

—Cuando teníamos once,—. Relató el hechicero—. Jowan convenció a todos los aprendices para que le jugáramos una broma al Caballero Comandante—. Sonrió—. Todavía recuerdo muy bien que Greagoir no pudo quitarse el olor a ajo por una semana.

Elsa quedó estupefacta. Incluso ella había olvidado esa anécdota.

—¿Pero cómo…? Se suponía que seguías en la Torre, intentando detener a Uldred—. Dijo Elsa confundida—. ¿Qué te pasó?

El rostro de Niall se contrajo, abatido.

—Fallé—. Murmuró decaído—. Planeé usar la letanía de Adralla para protegernos de los magos de sangre. Pero cuando llegamos a esa maldita habitación, el demonio de la pereza nos encaró y asesinó a mis camaradas, Darcy y Arin. Sólo yo fui capaz de enfrentarlo lo suficiente para cansarlo. Entonces me trajo aquí.

—Lo siento—. Elsa lo miró con empatía—. Pero debemos salir de aquí, cada minuto que pasa es un regalo para Uldred. Además, no puedo irme sin mis compañeros.

—¿Compañeros?—. Frunció la nariz—. ¿Entonces hay más aquí? Mhm, probablemente también están atrapados en uno de los sueños. El demonio atrapa a todos los que vienen, en un sueño que ellos mismos crean o quieren creer.

Elsa se mordió el labio al recordar su sueño.

—Pero tu y yo logramos salir—. Replicó intentando persuadirlo—. Seguramente podemos acabar con el demonio.

Niall negó con la cabeza. —Tú pudiste librarte de tu sueño gracias a tu voluntad. Siempre supe que eras la más poderosa de nuestra generación—. La miró con orgullo para luego entristecerse—. Yo, por otro lado, permanecí demasiado tiempo en el sueño y solo pude liberarme gracias a ti. Sentí un poderoso maná fluyendo al otro lado de esta isla y así recobré la conciencia. Ya no hay nada que yo pueda hacer.

—Aun hay esperanza—. Objetó tercamente—. Acompáñame, Niall. Salvaremos a mis compañeros, mataremos al demonio y escaparemos de aquí para enfrentar a Uldred.

—Mmh, como te dije, pasé mucho tiempo en el sueño—. Niall se miró los pies—. Ahora mi alma se quedará aquí para siempre, el demonio ha consumido demasiado de mi energía. Además, no hay forma alguna de salir, créeme ya lo he intentado.

—Tiene que haber una forma, no puedo simplemente tirar la toalla—. Elsa debatió dudosa—. Soy una guarda gris, mi deber es todo lo que importa.

—Puedes intentarlo—. Respondió Niall sin esperanza—. ¿Ves esa puerta de ahí?—. Indicó un portón con runas grabadas—. Representan las islas que Pereza controla—. Explicó señalando al cielo.

A lo lejos, Elsa alcanzó a distinguir más estructuras flotantes, algunas eran castillos, otras torres, etc. "Entonces el Velo es un reino flotante", comprendió.

—Ahora mismo estamos en una isla muy pequeña, dentro de los dominios de Pereza—. Indicó Niall. — Sin embargo, su reino abarca cinco islas más grandes. Y una sexta isla central, rodeada por las otras cinco. Pereza se encentra allí, pero no puedes pasar. Fui a cada isla con la esperanza de encontrar una forma de levantar ese escudo, pero siempre hay un obstáculo que te impide pasar. Me volví loco y me rendí.

—¿Podrían estar mis compañeros en alguna de esas islas?—. Cuestionó Elsa expectante.

—Puede ser—. Asintió Niall—. Hay muchos soñadores aquí. ¿Recuerdas las lecciones del Encantador Andrés?

Elsa asintió. —"Los demonios de la pereza más poderosos tienen su propio ejidal que usan para mantener atrapadas a sus víctimas, mientras extraen su fuerza vital"—. Citó la hechicera—. ¿Pero cómo saber dónde buscar?

—Supongo que tu voluntad te indicará el lugar correcto—. Planteó el mago—. Podrías encontrar una manera de cruzar entre las islas y derrotar a Pereza.

—¿No vienes conmigo?—. Preguntó una última vez.

—Me temo que no—. Negó resignado—. Mi tiempo ya ha pasado, pero puede que tú todavía logres tener éxito donde yo fallé. Siento que me queda poco tiempo, pronto el resto de mi alma se fusionará con el Velo y me perderé para siempre.

—Fue un honor volver a verte, Niall—. Dijo Elsa con sinceridad.

—¿Honor?—. Su cara se contrajo confundida—. Nunca nadie me consideró digno de semejante elogio. Así que gracias, Elsa. Y lamento todas esas veces en que te molesté junto a Darcy y los demás.

—No hay problema—. Sonrió—. Me marcho, adiós Niall.

—Adiós, Elsa Arendelle, guarda gris, heroína y protectora del mundo…

El rostro pecoso de Niall comenzó a desvanecerse junto a su cuerpo sin que Elsa pudiera hacer algo para evitarlo. Un nudo se acentuó en su garganta y apretó los puños con impotencia cuando Niall desapareció sin dejar rastro alguno.

—No me considero una heroína, Niall—. Murmuró para sí misma—. Pero haré todo lo posible para vengar tu muerte y no decepcionarte.

La platinada caminó hacia la puerta grabada con runas y ésta comenzó a brillar en un tono celeste a medida que se acercaba.

"Aguanten ya voy por ustedes".


Nota de autor

¿Qué les pareció?

Espero leer sus comentarios y los leo en el próximo capítulo (que se publicará sin falta en dos semanas).

Saludos :D