Nota de autor

¡Hola otra vez! Como prometí, este capítulo estuvo listo en dos semanitas. Agradezco a el apoyo y me alegra saber que todavía siguen pendientes de la historia.


Capítulo 22—Soñadores

Elsa

Al llegar a la siguiente isla, la platinada tuvo que enfrentarse con un demonio de la cólera, el cual no fue un gran, pues solo necesitó un movimiento de su bastón y el espectro llameante fue congelado en su totalidad para después ser destruido por un rayo eléctrico.

Este lugar era muy angosto, simulando una especie de bosque muerto, con troncos retorcidos y podridos dando una sensación pantanosa, aunque el suelo era firme. Mientras caminaba, Elsa escuchó una vocecita que la llamaba.

—¡Por aquí!—. Chilló alguien o algo.

La hechicera buscó a tientas con la mirada y enfocó un pequeño ratón que salía de una madriguera. Un recuerdo vino a su mente, durante su Angustia un ente llamado Ratón la guio por su prueba, pero en realidad era un demonio que esperaba poseer su cuerpo. Elsa se puso a la defensiva.

—¿Qué eres?—. Cuestionó apuntándole con el arma.

—¡Calma!—. Chilló el animal—. Soy un mortal, como tú. O al menos lo era.

—Ese cuento ya me lo sé.

—Es la verdad, aunque poco importa ya, si me crees o no—. Dijo con tristeza—. Mi tiempo se acaba. Mata a Yalena, la diablesa que domina estas tierras. Ella protege a su maestro… Pereza—. El animalito comenzaba a desvanecerse al igual que Niall—. Hay… una puerta que solo los demonios pueden ver… la llave debe estar en otro reino. Toma mi poder. Salva a cualquier otro atrapado en los malditos sueños. Acaba con todos los demonios que resguardan a Pereza.

Elsa sintió algo moverse en su interior, haciendo un choque con su propia magia. Cuando se detuvo, la platinada sintió que podía adoptar la forma de un ratón.

—Cumple mi…—. El ratón no pudo seguir hablando porque desapareció en un destello cegador.

Elsa sintió un poco de compasión por el ratón, pero continuó su camino. Un portal violeta se presentó ante ella al final del recorrido.

Cuando llegó al otro lado, se dio cuenta de que había regresado donde había conversado con Niall. Recordó las palabras del difunto mago.

"Fui a cada isla con la esperanza de encontrar una forma de levantar ese escudo, pero siempre hay un obstáculo que te impide pasar. Me volví loco y me rendí".

Quizá con esta nueva habilidad para cambiar de forma, pueda llegar a lugares que Niall no pudo alcanzar. Con este pensamiento, la guarda gris se dirigió nuevamente al portón rúnico y, con su fuerza de voluntad, hizo que fuera transportada hasta la siguiente isla.

Al llegar, cayó en cuenta que las paredes, de lo que parecía ser un castillo, estaban en llamas. Ella, al ser una maga especializada en el hielo y la electricidad, se sintió aprisionada por el fuego; sus fosas nasales se contrajeron con violencia, mientras sentía cómo su energía vital se reducía drásticamente. A pesar de sus jadeos, se obligó a continuar con el pensamiento de salvar a sus compañeros.

Abrió una puerta de hierro y avanzó con determinación.

Giró hacia la derecha, en una esquina, y dos templarios en llamas la atacaron. Elsa esquivó con elegancia sus espadas flamígeras, contraatacando con su magia helada. Por fortuna, los templarios cayeron derrotados con rapidez.

Se preguntó de dónde pudieron salir semejantes criaturas, pero recordó que eran producto de los soñadores que el demonio tenía aprisionados. "Espero que alguno de ustedes esté aquí".

Siguió avanzando por los pasillos , iluminados por el fuego rojo que abrigaba los muros. Cada vez le costaba más seguir caminando, el sudor salado recorría sus mejillas y el cansancio la consumía con lentitud.

Un templario llameante salió por un corredor y ella tuvo que paralizarlo para evitar ser atacada. No obstante, escuchó gruñidos detrás de ella, al dar media vuelta, visualizó dos mabaris envueltos en fuego naranja correr hacia ella.

Concentró su poder y una hilera de picos helado recorrió el caliente suelo hasta llegar a los perros. Los mabaris se encajaron en el hielo y sus llamas se extinguieron hasta morir. Finalmente, invocó un hechizo que dejó congelado al templario.

Elsa miró fascinada la nueva habilidad que acababa de descubrir. Nunca había hecho algo similar con su magia helada. Ni si quiera sabía si funcionaría, pues no recordaba haber leído sobre un hechizo similar. Entonces se preguntó si acaso había sido producto de sus poderes desconocidos.

"No tengo tiempo para reflexionar", se dijo y siguió su camino hasta llegar a una barrera de fuego enorme. Era como un poderoso muro flamígero, que intentó apagar con su hálito invernal, pero la escarcha se derritió apenas tocar las llamas. Luego trató de domar el fuego con un pico de hielo, pero este explotó al contacto.

"Así que estas son las barreras por las que Niall se rindió", comprendió frustrada, "debe de haber una manera…" Miró en todos lados, buscando algo que la ayudase a superar la barrera. Estaba a punto de darse por vencida hasta que deslumbró un pequeño hueco en el suelo, a unos metros de la barrera.

Al acercarse intuyó que, si usara la forma de ratón, podría entrar fácilmente. "No hay opción, debo arriesgarme".

Todo lo que hizo fue pensar en ser un ratón y ¡puff! Su cuerpo fue reducido una centésima parte de su tamaño original. Su vista perdió la tonalidad de los colores y solo vio naranja, pero su olfato se volvió mucho más agudo. "Así que esto se siente ser un ratón".

Sin esperar un segundo más, entró en la pequeña madriguera y comenzó a correr. El hoyo era demasiado estrecho y Elsa comenzaba a angustiarse. Nunca le gustaron los espacios pequeños. Podía sentir su corazón latiendo más rápido que nunca. Finalmente observó una pequeña luz y llegó a la salida.

El lugar lucía similar al anterior, pero con cuatro demonios de la cólera reunidos, rodeando al alguien quien intentaba, inútilmente, mantenerlos a raya. Por un momento pensó que podría ser uno de sus compañeros, pero rápidamente se dio cuenta de su error.

El sujeto allí presente era un templario, sin embargo, éste no estaba cubierto de fuego como los anteriores.

Elsa regresó a su forma original y se dispuso a atacar a los demonios. Lanzó rayos eléctricos y relámpagos zigzagueantes que rebotaron a través de cada demonio. Después utilizó su cono de frío para esparcir una escarcha helada que congeló a dos de ellos. Inmediatamente les lanzó un puño pétreo que destruyó a ambos demonios.

Mientras tanto, el templario terminó de ejecutar a los otros dos. Una vez que acabaron, Elsa se acercó al templario.

—La rabia… se disipa—. Susurró el templario—. Soy libre. Toma el poder de Rhagos, el demonio que controla esta isla, y úsalo para QUEMARLO… para quemarlos a todos. Él protege a Pereza. Debes… destruir la puerta—. Comenzó a desaparecer—. Otros soñadores… otros poderes… es el único camino.

Una vez que desapareció, Elsa se dispuso a usar su nueva forma para probarla. Se transformó y sintió todo su cuerpo arder en llamas. Se miró las manos y vio que su carne se había ido, siendo reemplazada por huesos negros flamígeros. Se sentía aprisionada, como si su alma hubiese sido encarcelada en una jaula de fuego, martilleando por resurgir.

No se sentía bien. Ella nunca fue buena para la magia de fuego y esta nueva forma la ponía inquieta. Como si algo dentro de ella buscase salir para apagar las llamas. Regresó a su forma original y la angustia se detuvo.

Esperaba no tener que pasar demasiado tiempo en aquella forma de fuego.

Al fondo de la habitación visualizó un enorme portón de acero. Al acercarse, intentó abrirlo con todos sus hechizos posibles, pero fue inútil pues no cedió. Recordó las palabras del templario, "Debes… destruir la puerta… Otros soñadores… otros poderes…"

"Pero no tengo la fuerza necesaria para eso"

Elsa regresó al portal para dirigirse a la siguiente isla.


Terminó de subir los escalones, fatigada. Esta nueva isla era una replica exacta de la torre del Circulo, pero más oscura. A lo largo de estos circulares pasillos tuvo que enfrentar a magos, hechiceros y encantadores. Lo pero era que algunos rostros eran reconocibles para Elsa. Era muy difícil terminar con la existencia de estos espectros, a pesar de saber que no eran personas reales, solo ilusiones creadas por Pereza para hacerla fallar. Además, también se topó con sirvientes y clérigos de la Capilla.

No obstante, sin duda alguna, lo más sorpréndete fueron los golems. Enormes masas de piedra con una forma robusta, piernas cortas y brazos gruesos, su cabeza constaba de dos pequeños ojos rojos y asemejaba un yelmo pesado. Se erguían sobre ella, superándola en el doble de altura. Por fortuna, la electricidad parecía afectar mucho a estas criaturas.

Estaba a punto de llegar con el demonio que asola estas tierras, estaba segura, podía sentirlo. Sin embargo, una enorme barrera de fuego le bloqueaba el paso Ella sabía lo que debía hacer.

"Por favor Hacedor, que funcione", pensó al tiempo en que el fuego abrazaba la totalidad de su cuerpo. Cruzó la barrera y suspiró aliviada. Cuatro demonios de la cólera aparecieron en una explosión de fuego, pero ella fue inmune a sus ataques gracias a su forma llameante.

Regresó a ser humana y congeló a los demonios, con su cono de frío para después terminarlos con rayos arcanos y eléctricos. Atravesó una nueva habitación donde combatió con tres magos más.

Finalmente llegó a una cámara donde un mago iba acompañado de tres golems. Al verla, el hechicero la atacó con magia entrópica, haciendo que su mente diera vuelta. Elsa contratacó encerrándolo en un glifo, para después lanzarle un relámpago. Un golem trató de golpearla, pero ella retrocedió, siendo más rápida que las enormes criaturas.

A los golems los agredió con rayos eléctrico, congelando los pies de uno para mantenerlo lejos. El mago estaba a punto de liberarse, así que extendió su brazo izquierdo y arrojó una chispa azul, igual a la que uso contra la maleficar Rahena.

El mago se retorció de dolor y murió, desapareciendo. Entonces sintió su cómo ganaba una nueva forma. Sin pensarlo, se concentró y transformó su cuerpo en un poderoso golem.

Se sentía más pesada que nunca, pero también fuerte, extremadamente fuerte. Uno de los golems la golpeó, pero ella apenas se inmutó y le devolvió el golpe. El golem se tambaleó hacia atrás y ella conectó un nuevo puño, destruyendo al golem. Los otros golems tampoco significaron un reto difícil, pues cayeron con algunos de sus demoledores puñetazos.

"Es como si mi poder mágico se tradujera a la fuerza bruta en esta forma".

Se acercó lenta y ruidosamente al portón y, arrancando un gran trozo de piedra del suelo, lo arrojó y la puerta cayó. Cambió de forma otra vez para avanzar más rápido. Por fin llegó a la habitación final, donde encaró al maestro de esta región.

Era una abominación, Elsa creyó escuchar su nombre susurrado en un horrible gruñido. Slavern.

Dos demonios aparecieron a su lado y la atacaron, ella congeló a ambos demonios y atrapó en un glifo a la abominación. Cambió a su forma de golem y, con cinco golpes, el suelo se estremeció en un pequeño temblor. El hielo se fracturó y los demonios fueron destruidos.

Regresó a ser humana y lanzó múltiples ráfagas arcanas a la abominación, pues esta magia era la que más le dañaba. Finalmente, Slavern fue derrotado cuando se consumió en llamas verdes.

Entonces, dos puertas brillantes aparecieron delante de ella, podía sentir que detrás de éstas, había personas soñando. Elsa eligió entrar primero en la de la izquierda.

Al entrar, descubrió que se encontraba en la Capilla de la torre, con decoraciones ornamentales en las paredes y una iluminación amarillenta. En el centro, un grupo de cinco templarios rezaban.

—…te pedimos, Hacedor, que bendigas nuestro camino para la próxima Marcha Exaltada—. Murmuraba una pelinegra. Elsa se dio cuenta de que era Enni, la templaria que conocieron en la torre.

Al acercarse, Elsa se aclaró la garganta. —Enni, saludos—. Dijo con torpeza pues apenas la conocía

—Er, saludos viajera—. La caballeriza entonó—. ¿Vienes a unirte a nuestra cruzada? Marcharemos contra los herejes tevinters como la Capilla hizo hace siglos.

—Enni, sé que apenas nos conocemos—. Comenzó Elsa persuasiva—. Pero tienes que creerme, ¡esto no es real

La templaria frunció las cejas. —¿Qué no es real? Pero si estamos aquí.

—Recuerda, ser Enni—. Insistió—. Uldred tomó el control de la torre y asesinó a todos. Estos templarios son sólo imaginaciones tuyas. Estamos dentro del Velo, el demonio de la pereza nos atrapó.

—Dices tonterías, maga—. Refunfuñó—. Aquí están mis amigos. Una maga como tú nunca podría entender el compañerismo.

Ese comentario envió una punzada de aflicción en su corazón.

—Puede que sea una maga—. Dijo Elsa fríamente—. No soy normal como el resto de las personas en Ferelden. Pero aun así, conozco los lazos de amistad entre mis compañeros. ¿Recuerdas a ser Fenril? Pues él fue uno de mis más cercanos amigos mientras crecía en la Torre, y ahora se encuentra aprisionado por Uldred y sus maleficars.

—Yo… recuerdo… la torre, la sangre—. Murmuró agitando la cabeza—. T-todos estaban m-muertos…

—No le hagas caso, Enni—. Uno de los templarios habló—. ¡Estamos aquí!

—¡No!—. Chilló Enni—. Aparta, demonio. Mis amigos están muertos—. Dijo y, con un sollozo ahogado, desenvainó su espadón y lo mató.

Los otros caballeros sacaron sus armas, pero Elsa los comenzó a atacar con magia. Cuando fueron derrotados, la caballeriza se acercó a ella.

—Lamento lo que dije, guarda gris—. Se disculpó la templaria—. No fue mi intención. Es solo que…—. Suspiró sin terminar su oración.

—Está bien—. Asintió la platinada—. Comprendo por lo que estás pasando.

—Gracias—. Dijo simplemente, su expresión abatida comenzó a desvanecerse—. ¿Qué está pasando? Juro por Andraste que si es otro truco de Pereza…

Ser Enni desapareció y Elsa rezó que hubiera despertado ya, aunque con Pereza todavía vivo era una posibilidad muy remota. Regresó por la puerta y entró a la siguiente.

Este nuevo lugar era la biblioteca de la torre del Circulo. Elsa solía pasar gran parte de su tiempo aquí, ya fuera en sus clases o aprendiendo por su cuenta. Al observar mejor, visualizó a Wynne rodeada de tres aprendices muertos. Elsa se acercó con precaución.

—¿Wynne?—. Cuestionó con vacilación a la vieja encantadora, vestida con su túnica roja—. ¿Qué está pasando?

—Muerte, muerte en todas partes—. Susurró oscuramente—. Todos han muerto.

—No te lo creas, Wynne—. Advirtió Elsa.

—¿Creer qué? ¿Esto?—. Wynne señaló los cuerpos—. Pero, ¿cómo no creer algo que puedo ver y sentir?

—No es real, Wynne lo sabes—. Declaró la guarda gris—. Estamos en el Velo.

La expresión de la encantadora superiora se contrajo en una mueca arrepentida.

—Les fallé. Fui yo quien les falló a estos muchachos—. Se lamentó mirando al piso.

Elsa negó con la cabeza. —Fue Uldred quien traicionó al Circulo. Intentaste proteger a todos los que pudiste.

—¿Cómo puedo seguir con mi vida ahora que he fallado?—. Cuestionó sin mirarla—. Mi deber era proteger a mis aprendices, pero todos murieron…—. Cuanto más se hundía en su dolor, su jaula se volvía más fuerte—. Déjame aquí. Deja que entierre sus huesos, esparcir sus cenizas a los cuatro vientos y llorar su ida hasta que muera.

Elsa frunció el ceño, a sabiendas que debía ser más firme con sus palabras para lograr despertar a Wynne.

—Me resulta difícil sentir simpatía por los demonios—. Expresó con frialdad. Wynne la miró con enojo.

—Pues a mí me parece inadecuado tu falta de respeto por las almas muertas.

—¡No son reales!—. Insistió—. Es un truco creado por Pereza. ¡Soy la única aquí que es real! Despierta a través de la niebla, usa tu voluntad.

Wynne se llevó las manos a la cabeza. Ella se estaba liberando.

—No puedo concentrarme…—. Murmuró—. Se siente… como si algo me impidiese concentrarme… Nunca me había costado tanto trabajo. Quizás un tiempo fuera de este lugar me ayude a concentrarme.

Elsa sonrió. —Me parece una idea excelente.

Entonces el panorama cambió en un parpadeo y ya no se encontraban en la biblioteca, en cambio, el desierto paisaje del Velo iluminó a los aprendices vueltos cadáveres.

—No, Wynne—. Gruñó uno—. Quédate con nosotros, por favor. Necesitamos cuidado.

—No queremos estar solos—. Musitó otro.

—¡Santo Hacedor!—. Exclamó Wynne—. ¡Apártate de mí, criatura infernal!

Elsa y Wynne se pusieron codo con codo y atacaron a los cadáveres con magia.

—Mi tarea aun no esta terminada—. Expuso la hechicera más vieja—. Todavía tengo viejas deudas que pagar.

Dos cadáveres más salieron del suelo, pero ellas lo tenían todo controlado. Aunque la ilusión de Pereza era poderosa, los demonios encargados de protegerla eran debiles y sucumbieron rápidamente ante ellas.

—Te agradezco por mostrarme el camino, guarda—. Expresó Wynne, al tiempo en que comenzaba a desaparecer—. ¿Qué ocurre? Me siento… ligera…

La encantadora superiora desapareció ante sus ojos y Elsa nuevamente oró para que Wynne hubiese despertado.

Regresó al portal y se dirigió al nuevo dominio.


Atravesó por cuarta vez el mismo portal violeta y regresó al principio, justo igual que las otras veces. Elsa sofocó un grito de frustración y se dejó caer en una de las paredes.

Esta nueva isla era completamente diferente a las otras, cuando llegó luchó contra algunos demonios y cadáveres remanentes. No obstante, estas habitaciones similares a la torre constaban de tres portales, los cuales ella atravesó y siempre regresaba al mismo lugar.

"No hay forma de salir, maldición", apretó los puños, impotente, y observó el corredor del otro lado, el portal la miraba con burla. Elsa gruñó y disparó un relámpago. La ráfaga chocó con un barril, tirándolo al piso. Al acercarse, se dio cuenta de que una ratonera había sido descubierta.

Con una sonrisa satisfecha, la platinada retomó su forma de ratón e ingresó por el hoyo. Al salir, intuyó la presencia de enemigos, por lo que se ocultó detrás de una repisa con libros.

Un cadáver remanente gruñó, su olor putrefacto intoxicó su sensible olfato. No obstante, su pelaje blanco se erizó cuando un horror arcano pasó flotando al lado de ella. Por fortuna, el espíritu no la vio así que siguió su camino, al fondo otra ratonera la esperaba.

Llegó a una nueva habitación, donde el fuego avanzaba violentamente hacia ella. Sin pensarlo, cambió a su forma ardiente y el fuego no le hizo daño alguno. Traspasó una puerta y combatió contra dos abominaciones y un horror arcano. Arrojó una bola de fuego que destruyó a las abominaciones y debilitó al espíritu, para después regresar a su forma original y lanzarle un relámpago.

Cuando terminó, siguió avanzando hasta abrir otra puerta donde un templario muerto yacía ante los pies de un demonio del deseo.

—Atrápame si puedes, mortal—. El demonio rio juguetonamente—. Sé que lo estás deseando.

Entonces el demonio con forma femenina se transformó en un ratón y se fue por un hoyo. Elsa hizo lo mismo y la siguió., suponiendo que era el demonio que controlaba esta isla. Al llegar al otro lado, regresó a ser humana y el demonio la estaba esperando.

—Veamos si puedes derrotarme, mortal—. Sonrió con esos labios apetecibles—. Mi nombre es Vereveel.

Dicho esto, el demonio le lanzó una maldición que la debilitó. Intentó mover sus piernas, pero se sentía mareada y no podía coordinar bien sus movimientos. El demonio realizó varios ademanes con sus gráciles manos y un terremoto la hizo caer al suelo.

Elsa perdió su bastón, pero logró cargar una esfera arcana en su mano que golpeó a Vereveel, haciéndola retroceder. Desde el suelo, la platinada juntó ambas manos cargando una ráfaga azul que sacudió al demonio. Finalmente, invocó su magia elemental para congelar temporalmente al demonio.

Buscó su bastón, lo recogió con rapidez y cargó una poderosa roca. El proyectil salió disparado con una velocidad tremenda hasta impactar con el hielo, destruyendo para siempre a Vereveel.

Cuando el demonio fue derrotado, dos nuevas puertas aparecieron frente a ella, similares a cuando venció a Slavern. Con determinación, ingresó a la puerta derecha.

Se encontraba en una capilla, pero no en una que ella reconociera. Además, algunos adornos de encaje orlesiano decoraban la roja alfombra. Las butacas se formaban en hilera hasta llegar al sitio donde una reverenda madre y una hermana rezaban.

—Bienaventurado seas tú que existes a los ojos del Hacedor. Bienaventurado eres tú que buscas su perdón…

Era Leliana, vestida con una túnica amarilla de la capilla.

—Leliana—. Nombró Elsa atrayendo su atención—. Despierta esto no es real.

La pelirroja frunció el ceño confundida. —Revenda madre, no conozco a esta persona.

—Eres más fuerte que esto, Leliana—. Expuso la maga—. El Velo esta jugando con tu mente. ¡Combátelo!

—No se de lo que me hablas, lo siento.

—Por favor, no la molestes—. Reprendió la reverenda madre—. Ella necesita tranquilidad para curar su alma y sanar su corazón. Nosotros le mostramos el camino de la sanación luego de encontrarla sola y traicionada por quien amaba. Ahora es una de nosotros.

—Estoy feliz aquí—. Expresó Leliana—. Es lo que siempre quise.

—No, no lo es—. Negó Elsa—. ¿No recuerdas tu visión?

—¿Mi… visión?—. Leliana se agarró la cabeza—. Ya… ya recuerdo algo.

—Leliana—. La reverenda madre frunció las cejas—. Ya hemos hablado de esta "visón" tuya. Al Hacedor no le inmiscuyen los asuntos de los mortales. Debió de haber dio producto de demonios.

—Leliana, recuerda las estrellas—. Insistió la platinada—. Todavía hay belleza en este mundo.

—El Hacedor se preocupa por nosotros—. Reflexionó la orlesiana—. Creo que extraña a sus hijos olvidados tanto como nosotros a él. Es posible que mi visión no sea suya, pero me guía para hacer lo correcto. Me reverenda madre lo sabía y tú… no sé quien seas, pero no eres ella… vete.

La reverenda madre chilló en un grito espantoso y se dispuso a atacarla, pero Elsa fue más rápida y la congeló en seco para después rematarla con un rayo arcano. Leliana se desvaneció y Elsa salió para entrar en la siguiente puerta.

Esta vez entró en un paisaje agradable, una pequeña casa estaba situada al lado de un lago y, al fondo, un grupo de árboles estaban apilados bajo el cielo azul. Una mujer de cabellos castaños y rostro amigable conversaba con Kristoff, que iba vestido con una camisa de lana gris y unos pantalones cafés.

—¿Alistair?—. Preguntó acercándose con cautela.

—¡Ah, eres tú!—. Exclamó el rubio con una sonrisa—. Justo estaba pensando en ti, ¿Qué coincidencia, no?—. Dos niños pasaron corriendo delante de él, jugando con espadas—. ¿No son adorables? Y todavía hay más por alguna parte—. Se rio entre dientes.

—¿Quién es ella, Kris?—. Preguntó la mujer arqueando una ceja.

—Elsa Arendelle, una buena amiga mía—. Dijo y luego miró a la rubia—. Ven, déjame presentarte a Goldanna—. Señaló a la castaña—. Ella es mi hermana y ellos son sus hijos. ¡Somos una gran familia feliz, por fin!

Elsa miró con fascinación el rostro de su compañero guarda. No lo había visto así de feliz desde la tragedia de Ostagar y la muerte de los guardas grises. Además, no sabía que tenía una hermana, aunque nunca hablaban mucho de sus vidas antes de unirse a la orden.

—Te ves… muy feliz—. Comentó.

—¡Oh jojo!—. Se rio con libertad—. Por supuesto que estoy feliz. ¡Soy más feliz que en toda mi vida! ¿No es extraño?—. Sonrió con ironía—. Creía que ser un guarda gris me hacía feliz, pero no era verdad. Esto es lo que siempre quise.

—Me encanta tener a mi hermanito de vuelta—. Expresó Goldanna cariñosamente—. No volveré a perderlo de vista nunca más. Bueno, Alistair, ¿tu amiga se queda a cenar?

—¡Quédate!—. Le dijo con ojos suplicantes—. Goldanna es una excelente cocinera. Puede que prepare su pastel de frutas.

—No puedo quedarme, Kristoff. Ni tu tampoco—. Dijo Elsa con firmeza.

—Estas actuando muy extraño—. El rubio movió la nariz confundido—. Creo que tu extraño comportamiento se debe al hambre. Ven a tomar un poco de pastel, te prometo que te sentirás mejor.

—Piensa en cómo has llegado hasta aquí—. Persuadió Elsa—. ¿Cómo has conocido a tu hermana?

—Uhm, bueno ahora que lo pienso…—. Se llevó una mano a la cabeza—. No me acuerdo bien, todo esta… borroso. No… espera… Recuerdo una… torre. El Circulo, eso es. Lo habían atacado… Había demonios. Es todo lo que recuerdo en realidad.

—Así es, cuando quedamos atrapados en el Velo—. Explicó—. Que es donde estamos ahora.

Alistair frunció el ceño. —¿Estás… diciendo que esto es un sueño? Pero es tan real…

—¡Por supuesto que es real!—. Replicó Goldanna—. Y ahora lávate antes de la cena y…

—Tengo una sensación extraña—. Expresó el rubio—. Creo… creo que es mejor marcharme.

—Ven conmigo entonces—. Planteó Elsa sintiendo su triunfo.

—¡NO!—. Protestó Goldanna con voz demoniaca—. ¡Ahora es nuestro y prefiero verlo muerto antes que libre!

Entonces la mujer se transformó en una sombra y los niños en cadáveres remanentes. Elsa comenzó a lanzarles hechizos, paralizó a un cadáver y congeló a la sombra con su brazo invernal, para después electrificarla. Kristoff recuperó su armadura de cota de malla, así como su espada y escudo, y ahora combatía con el segundo cadáver.

Otros dos cadáveres salieron de una esquina y Elsa los congeló con su cono de frío. Cuando terminaron con los enemigos, Alistair miró la sombra congelada.

—¿G-Goldanna?—. Cuestionó confundido, abatido y traicionado—. No… no puedo creerlo. ¿Cómo es que no lo he visto antes?

—El demonio de la pereza te hizo creer que re real—. Explicó Elsa comprensiva.

—Ah, sí, no les digas a los demás que me he dejado engañar—. Suplicó, comenzando a desaparecer—. Espera, ¿adónde vas? ¿Qué me está pasando? ¡Eh!

Y así, el rostro de su compañero desapareció.


En su forma de ratón, Elsa atravesó los oscuros pasillos llenos de engendros tenebrosos. Las paredes estaban cubiertas por esa extraña carne rojiza, casi palpitante, señales de la plaga. Afortunadamente, en esta torre había muchos huecos, recovecos y madrigueras por las cuales pudo pasar desapercibida. Solo en ocasiones tenía que transformarse en su forma ardiente para atravesar hileras de llamas.

Salió de una ratonera y vio a un mago enfrentándose con seis engendros tenebrosos. Ella cambió a su forma de golem y aplastó a los genlocks, mientras golpeaba a los hurlocks. Cuando terminaron, Elsa regresó a ser humana.

—Los aplastaste—. Dijo maravillado el mago—. Puede… puede que logres derrotar a Uthkiel el aplastador. Me desvanezco, pero te daré mi poder. Tendrás la visión para ver cosas que otros no pueden…

El mago desapareció y Elsa sintió nuevamente algo en su interior. Cambió de forma y vio el mundo en tonalidades negativas. Además, su cuerpo se sentía muy ligero, como si apenas existiera. Miró sus pies y se dio cuenta de que flotaba sobre el piso. Se había convertido en un espíritu.

Se acercó lentamente a un enorme portón, comprendió que necesitaría más fuerza así que se transformó en golem. Rompió la puerta y se enfrentó a un grupo de engendros tenebrosos.

Cuando la zona quedó despejada, siguió avanzando hasta toparse con otro portón que derribó con su enorme fuerza. Dentro, un enorme ogro rugió furioso y se encaminó hacia ella.

Era Uthkiel, el demonio que controla este dominio. El golem Elsa arrancó una piedra del suelo y se la lanzó al ogro, quien se tambaleó. Ella procedió a golpearlo con toda su fuerza en la mandíbula. El ogro escupió sangre negra y la embistió con su poderosa cornamenta. Elsa fue derribada y le resultó imposible levantarse, así que regresó a su forma humana.

Le congeló los pies y lanzó un relámpago, seguido de un rayo arcano. El ogro se retorció de dolor, dándole la oportunidad para rodar y reincorporarse. Adoptó la forma de golem y conectó un poderoso golpe en el abdomen del demonio. Finalmente cayó agonizante y se consumió en flamas oscuras.

Dos nuevas puertas se abrieron ante ella por lo que entró a la primera.

Esta vez, el lugar lucía el típico paisaje del Velo: firmamento desértico, árboles secos y cielo verde. En el centro, distinguió la figura de Morrigan discutiendo con Flemeth, su madre.

—¡Fuera!—. Espetó Morrigan irritada—. ¡No quiero nada que ver contigo!

—Yo soy tu madre—. Replicó Flemeth con cariño—. ¿No me amas?

—Eres mi madre tanto como mi dedo meñique aquí presente es reina de Ferelden—. Gruñó—. Sé qué eres, espíritu del Velo. No podrás engañarme.

Flemeth enarcó una ceja—. ¿Eres más lista que tu propia y querida madre?—. Preguntó con falsedad—. ¡Seguramente tu orgullo debe ser castigado!

Y, en un pestañeo, Flemeth abofeteó a Morrigan quien se limitó a apretar los puños.

—Mhm, eso es mucho más parecido—. Murmuró la pelinegra—. Pero no lo suficiente, espíritu—. En ese momento Elsa se aceró—. ¡Ahí estás! ¿Porqué has tardado demasiado? Ven y deshazte de este espíritu fastidioso.

—No estás hechizada por la ilusión de Pereza—. Admiró Elsa—. Pero ¿por qué no te has liberado?

—¿En serio preguntas eso?—. Farfulló la bruja—. Apenas puedo concentrarme lo suficiente para mantenerme despierta. No logro leer mi mente lo suficiente para recordar bien a madre. ¡Ni siquiera la Flemeth real era tan molesta como ésta!

Elsa asintió y procedió a atacar al espíritu con forma de Flemeth. Cuando terminó el trabajo, Morrigan suspiró aliviada.

—¡Al fin! Me estaba cansando de esa cosa—. Expresó cuando comenzaba a desaparecer—. ¿Qué es esto? ¡Oh no otra vez! Me niego a…

La pelinegra se desvaneció y Elsa salió para entrar en la siguiente puerta.

Aquí la luz de la luna iluminaba un pequeño lago y, a un lado, una fogata con tres personas alrededor. Al acercarse, la platinada se percató de que eran tres qunaris, dos de ellos tenían cuernos mientras el tercero no.

—Shanedan—. Sten, vestido en una gruesa armadura de placas negras inclinó la cabeza.

—¿Con quien hablas?—. Preguntó uno de los qunaris.

—No molestes al sten—. Murmuró el otro—. ¿No era tu turno para cocinar?

—¿Cocinar qué?—. Gruñó—. No hay comida para cocinar en este miserable país congelado.

—Parshaara—. Indicó Sten autoritariamente—. Tenemos una invitada.

—¿Por qué te llaman "el sten"?—. Cuestionó intrigada.

—Por la misma razón que te llaman "la guarda"—. Explicó con simpleza.

—¿Qué hacéis?

—La cena, obviamente. Aunque te sugiero que no comas lo que los karashok cocinan.

—A menos que quieras pasar un tiempo en la letrina—. Agregó uno de los qunaris.

—Quizá mi memoria está fallando—. Murmuró Sten consternado—. Juro que ya les he dicho a ambos que se callen.

—¿Quiénes son?—. Preguntó la maga, ansiosa por conocer un poco más acerca del pasado del qunari, pues cada vez que le preguntaba sobre eso en el mundo real, contestaba desviando el tema.

—Son Bereesad, por su puesto. Mis hermanos.

—¡Gah!—. Murmuró el otro qunari—. Llevamos aquí días, no hemos visto rastro de engendros tenebrosos. El reporte del Arishok estaba mal. ¿Podemos irnos a casa?

—No—. Respondió Sten.

—No tenemos tiempo para esto, Sten—. Dijo Elsa—. Nada de esto es real, el demonio nos trajo al Velo.

Sten se puso en pie y la miró con recelo. —¿Crees que no sé que esto es un sueño? No soy un tonto, guarda. Recuerdo haber visto al karashok ser decapitado. Es un sueño, pero es un buen sueño.

El corazón de Elsa se derritió por un momento al ver la expresión anhelante en el inexpresivo rostro de Sten. Nunca lo había visto mostrar alguna emoción y estaba claro que estas personas eran importantes para él. Pero no tenían tiempo, necesitaban salir de allí.

—¿Así que no piensas venir conmigo?—. Preguntó inquieta.

Sten asintió. —Así es. Fuera no me espera nada. Muerte. Deshonor. Exilio. No hay nada por lo que luchar.

Elsa se preguntó que le habría pasado al qunari, quizá su tristeza se deba al crimen que cometió en Lothering, pero este no era el momento ni el lugar para hacer preguntas.

—Eso no es cierto, Sten—. Replicó con una mueca comprensiva—. Si te quedas aquí, significa que ellos murieron por nada. Luchamos contra la Ruina, ¿recuerdas? Hay un Archidemonio al cual matar.

El qunari se debatió por un momento hasta que, finalmente, su expresión se volvió decidida.

—Tienes razón, guarda—. Expresó con solemnidad—. Les debo una victoria.

—No puedes abandonar tu puesto—. Gruñó uno de los qunaris mientras se levantaba.

—Quédense atrás, odiaría verlos morir otra vez—. Respondió Sten.

—¡No!—. Contestó el otro qunari desenfundando su hacha—. ¡No permitiremos que nos dejes de nuevo!

Sten cogió su propio espadón y atacó a los qunaris. Elsa lo ayudó con su magia, así que terminaron relativamente rápido. Entonces Sten también comenzó a desaparecer, dejando a la platinada completamente sola con sus pensamientos.

"Solo me falta alguien", pensó al tiempo que su corazón se aceleraba por ver nuevamente a Anna, aunque un atisbo de preocupación la acompañó.


Nota de autor

Agradezco que hayan llegado hasta aquí y, por supuesto, les mando un enorme saludo donde sea que se encuentren, jeje.

Me temo que el próximo capítulo no podrá ser subido con la misma rapidez que éste. La razón principal es que todavía no lo termino, apenas llevo una tercera parte de él y un poquito del siguiente. Además, mi tiempo para escribir es limitado con el trabajo y la escuela, pero mi meta es acabarlo para octubre, en el aniversario de dos años desde que publiqué esta historia.

Espero que comprendan y hasta la próxima :D