Balas perdidas

Por Nochedeinvierno13


Disclaimer: Todo el universo de Canción de Hielo y Fuego es propiedad de George R. R. Martin.

Esta historia participa en el "[Multifandom] Casa de Blanco y Negro 4.0" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".


8

Alicent Hightower

3 horas antes del disparo.

Alicent Hightower hubiera preferido que Rhaenyra y sus hijos arribaran a la Fortaleza Roja la noche anterior a la boda, pero la invitación había sido rechazada con la falsa cortesía habitual que esgrimía la hija de su esposo.

¿Qué iba a decirle de todas formas?

Por más que Viserys hubiera condicionado la herencia a la unión entre sus familias, no podía borrar de un plumazo lo que había sucedido tanto tiempo atrás: la verdadera razón por la cual Rhaenyra se había marchado en primer lugar.

Así que se conformó con ultimar los preparativos en soledad: dispuso mesas a lo largo del jardín ―aunque la tierra siguiera mojada por la leve llovizna del día anterior―, sillas alrededor de éstas y un ramo de flores encima para darle un poco de color al sombrío paisaje, ya que ese día había amanecido parcialmente nublado. Hacia el final, muy cerca del arciano, se encontraba un arco de hierro para que los novios pronunciaran los votos.

No se esforzó en buscar a sus hijos. Hacía tiempo que había desistido de ellos.

Aegon era un desastre andante, pasaba más borracho que sobrio; Aemond, quien había sido el más cercano a ella en su adolescencia por el incidente del ojo, ahora era un adulto solitario, que rodaba por el mundo sin darle ningún tipo de explicación; a Helaena nunca la había comprendido del todo, su hija viraba de la más absoluta felicidad a episodios donde no quería que nadie se le acercara; y Daeron, su hijo menor, era una página completamente en blanco, mudo desde su niñez, incapaz de estrechar lazos significativos con los demás.

Supuso que en algún momento aparecerían. Mientras que Helaena no huyera, se conformaba. De todas formas, su padre había apostado soldatos en puntos estratégicos de la propiedad para que eso no sucediera.

Escuchó que la verja de hierro se abría y que tres autos pasaban por la arcada.

Del primero descendió Jacaerys Strong con su hermano Lucerys. Todo rizos alborotados, piel bronceada y boca firme. Los dos vestían trajes negros con una rosa roja en el ojal. Del segundo, que estacionó con un chirrido de neumáticos, bajó quien debía ser Joffrey Strong: chaqueta negra, camisa de una banda de rock y botas militares. «El rebelde de la familia», dedujo. Del último automóvil salió Rhaenyra del brazo de su esposo, Harwin Strong. Lo que le sorprendió a Alicent fue la niña que los acompañaba. Sabía que Rhaenyra la había alumbrado siete años atrás, pero imaginó que la niña, al igual que sus hermanos, poseería los rasgos típicos de su progenitor. Pero Visenya Strong era tan Targaryen como su madre.

Ella se dispuso a cumplir con su rol impuesto de anfitriona.

―No te esfuerces tanto, querida ―susurró Criston Cole muy cerca de ella. Alicent esperó que no lo hubieran escuchado―. Esta boda será más breve de lo que piensas.

―¿Qué quieres decir, Criston?

―Lo que acabas de escuchar.

Alicent Hightower sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo.