Despertando de un sueño (One-Shot).
Sinopsis.
El sueño de toda chica enamorada siempre es estar junto a la persona que ama, y el inconveniente más grande que puede existir es el factor distancia que impide que este deseo se haga realidad. Cuando se piensa en ello, viene la pregunta del millón: ¿será posible que un sueño que parece tan distante pueda cumplirse? La manera más fácil de averiguarlo es creer en la posibilidad de un reencuentro con el chico amado.
P.N.: Los personajes de Pokémon no me pertenecen, más bien son propiedad de Satoshi Tajiri. Yo solamente los tomé prestados para protagonizar esta historia de mi total invención.
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Hola, hola, ¿cómo han estado?
Me presento con este nuevo fanfic, el cual es un aporte para el amourcanonweek 2023, perteneciente al anime de Pokemon. Espero sea del agrado de todos.
Saludos. :)
Lady Sigh.
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Despertando de un sueño (One-Shot).
Un nuevo día da inicio en Pueblo Paleta, con una mañana fresca y el sol asomando por la ventana de la habitación de un chico de cabello azabache que aún duerme. En dicho dormitorio se puede apreciar un mueble sobre el que hay varios trofeos y medallas, perfectamente colocados. Asimismo, un reloj despertador que marcaba la hora del día se hallaba a la cabecera de la cama donde dormían un entrenador y su Pikachu. El mismo sonó repentinamente, y Pikachu se acercó medio despierto al objeto para intentar desactivarlo, no obstante, un adormilado Ash, entre sueños, agarró dicho despertador en forma de PokeBall, lo arrojó, estrellándose de esa manera, contra la pared. Un día más que nuestro héroe destruye su despertador, y se vuelve a quedar profundamente dormido.
Son embargo, gracias al estruendo del despertador que se estrelló contra la pared, Pikachu logró despertarse completamente, de ese modo, el pokemon hizo todo lo posible para conseguir que su entrenador abriera los ojos. Una tarea que llevó minutos, pero que, considerando sus esfuerzos, resultó un éxito al utilizar su ataque de descargas eléctricas. Como era de esperarse, Ash se despertó instantáneamente al sentir la electricidad.
—Mmm, buenos días, Pikachu —saludó Ash, un poco adolorido
—Pika, pika —el pokemon sintió algo de pena al verlo así, pero considerando que siempre era lo mismo, ya estaba acostumbrado.
Ash miró hacia la ventana, sintiendo pánico repentinamente, lo que terminó por despertarlo por completo. El sol ya estaba por demás en lo alto, lo que le recordaba que una vez más se le hacía tarde para todo.
—¡Oh, no! ¿Qué hora es? —miró su despertador hecho pedazos en el piso, y prácticamente, salto de la cama —¡Ya es tarde! ¿Por qué no me despertaste antes, Pikachu?
—Pika, pika —el pokemon simplemente suspiró, negando sutilmente, mientras lo observaba ir de un lado a otro, preparándose para salir.
Era obvio que Ash no comprendía que Pikachu hizo de todo para despertarlo, hasta que decidió usar su attack trueno. Fue de esa manera que consiguió que se levantara, de otro modo, quién sabe. Soltó otro suspiro, bajando de la cama también para seguir a su entrenador. Ya llevaban retrasados por mucho, así que lo mejor era ir de una vez.
—¡Nos vemos después! —anunció Ash, saliendo de casa
—¡Pikachu!
—¡Tengan cuidado! —sugirió la mamá de Ash, pero él ya estaba yendo muy lejos con Pikachu como para escucharla.
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Una caminata en las mañanas son de lo más agradables para las personas y los pokemon, o al menos eso creía una chica de ojos azules y cortos cabellos de un color cercano a la miel. La misma, avanzaba por aquel sinuoso camino sin pavimento, en busca de completar un sueño que traía desde tiempo atrás. Había viajado por varias ciudades de la región Hoenn, tratando de perfeccionarse como artista, y así un día, regresar a su hogar, y volver a competir para convertirse en la reina de Kalos, objetivo que finalmente había conseguido. Aprendió de todo, mejoró sus habilidades como entrenadora y artista, hizo nuevos amigos y conoció muchos pokemon. No obstante, ahora que había adquirido todas esas experiencias, tenía algo más que quería alcanzar.
Observó el despejado cielo azul, evocando el recuerdo de un suceso especial para ella, justo el día en que dejó Kalos, hace tiempo atrás. Un beso. Se lo había dado al chico que le gustaba desde que era una niña pequeña, mismo con el que se había cruzado tiempo después, en Hoenn, durante su entrenamiento para perfeccionarse como artista; un encuentro relativamente corto para ser precisos. Llevaba recordando ese momento todo ese tiempo, pero aún más las últimas semanas. Fue por esta razón, que tras una breve estadía en Kalos, al culminar la competencia para reina de la región, le informó a su madre, que su siguiente viaje sería rumbo a Kanto, la región donde vivía ese chico. Le había confesado a su mamá que planeaba ir de visita a Pueblo Paleta, y era justamente eso lo que estaba haciendo en ese instante. Se detuvo un momento, admirando su alrededor. La última vez que estuvo en Kanto, fue en el campamento de verano pokemon del profesor Oak, cuando era pequeña. Desde entonces no volvió a ir, pero finalmente, el día de su visita, llegó.
—Kanto —dijo al aire, con una sonrisa —Me pregunto si Ash recuerda aquel día.
Soltó un profundo suspiro, continuando su camino. Según la guía que le dieron en el centro Pokemon, el sendero que seguía, la llevaría a casa del profesor Oak. Sólo no debía desviarse de él, y llegaría muy bien. La ansiedad de encontrarse con ese chico era muy grande, que no quería detenerse a perder el tiempo. Después de todo, el sueño real de toda chica enamorada, es permanecer junto al chico que ama toda su vida, y eso era exactamente lo que Serena se había propuesto en cuanto decidió ir a la región Kanto.
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Una vez más, Ash llegó tarde al laboratorio del profesor Oak, quien le había pedido que viniera temprano. Sin duda, ese jovencito no cambiaba, ni aún habiéndose convertido en un Maestro Pokemon. Se preguntaba si existía la posibilidad de que un día se despertara más temprano. Pikachu sólo soltó un suspiro al ver a su entrenador en una típica escena que ya se le hacía habitual.
—Discúlpeme, profesor —dijo por milésima vez, y quizás se oiga exagerado, pero considerando la actitud de Ash, es indudable que se disculpe un sinfín de veces.
El profesor Oak, cansado de repetir que se despierte más temprano la próxima vez, prefirió ignorarlo. Era mejor llevar a cabo lo que se había propuesto desde que le pidió ir allí.
—Olvídalo, Ash —dijo el viejo profesor
—¿Para qué me pidió que viniera? —preguntó de repente el entrenador
—Tengo un favor que pedirte —respondió, y seguido a esto, le entregó un sobre grande en color arena —Me preguntaba si podrías llevar estas investigaciones al laboratorio de la profesora Ivy, en las Islas Naranja
—¿Las Islas Naranja? —preguntó Ash, sorprendido
—Sí —asintió el profesor Oak —Ya las revisé todas, y he dado mi opinión respecto a ellas, por lo que ahora debo enviarlas, ¿lo harás?
—Hace tiempo que no voy a las Islas Naranja —razonó Ash —De acuerdo —guardó el sobre en su mochila
—Te lo encargo mucho
—Descuide, profesor Oak, la profesora lo recibirá sin problemas
—Muchas gracias, Ash
—Nos vemos pronto, profesor —el entrenador salió casi corriendo rumbo a la región Johto, en compañía de su Pikachu.
—¡Pikachu!
Definitivamente, ese chico seguía siendo en extremo, enérgico.
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Después de salir del laboratorio del profesor Oak, Ash se dirigió junto con Pikachu a Pueblo Primavera, en las Islas Naranja. En esta ocasión, eran ellos dos solos, sólo que ahora, Ash ya no era el chico novato que inició su viaje atrapando pokemon. Él se había convertido en un Maestro Pokemon, cumpliendo así su gran sueño. Ganó los Campeonatos Oficiales de la Liga Pokémon en las regiones de Alola, y posteriormente, en la región Galar, llevándose aquel título correspondiente. Por esta razón, la nueva aventura a la que se dirigía, sería una experiencia muy distinta. Aunque, probablemente, ni él mismo lo sabía aún. Solamente, corría con la intención de llegar al lugar que el profesor Oak le indicó, para cumplir con el encargo.
Y como era de esperarse, a causa de su tan afamada distracción, no advirtió que en su dirección, venía una persona, tan distraída como él; por lo que, no pudieron evitar chocar, cayendo de bruces al suelo; Ash sobre la víctima de su descuido. Tal vez este fuese el denominado "encuentro del destino", no obstante, el dolor de la caída impidió que se fijaran en la importancia del momento. Sobre todo para quien fue prácticamente aplastada por el azabache.
—¡Pikachu! —llamó el pokemon, preocupado
—Ay... —Ash se quejó un poco ante el dolor del impacto, incorporándose lentamente
—Mmm... qué dolor... —una voz suave y afable, aunque quejumbrosa, se coló entre los sonidos del ambiente, llamando la atención del chico
—¡Discúlpame! —exclamó Ash, levantándose apresuradamente, para así ayudar a la viajera.
No obstante, al hacerlo, pudo percatarse de la identidad de la chica. Se sorprendió muchísimo al reconocer aquellos ojos azules como el cielo, y los cabellos con una tonalidad semejantes a la miel. No podía ser otra más que su amiga...
—Serena —dijo Ash, completamente asombrado de encontrarla allí, en Pueblo Paleta.
La chica no estaba menos impresionada que el muchacho. Aunque esperaba volver a verlo, no creyó que fuera a encontrarlo de camino al laboratorio del profesor Oak. Ese fue un imprevisto, porque su objetivo era llegar a casa de Ash para darle la sorpresa.
—Ash —mencionó ella, y en el momento, sintió su cuerpo estremecerse al traer a su mente lo último que había recordado en ese transcurso de minutos
—¿Estás bien? ¿No te lastimaste al caer? —preguntó preocupado al sentir las manos de la chica temblar mientras la sostenía
—Eh... sí... estoy bien... no te preocupes —respondió nerviosamente, apartándose con rapidez, aunque disimuladamente, del chico
—¿Segura? —la vio asentir —Perdóname por no prestar atención —hizo una leve reverencia, disculpándose nuevamente
—Tranquilo, no te disculpes —dijo rápidamente Serena —Yo tampoco estaba poniendo atención a mi camino
—¿Ah sí?
—Pikachu —el pokemon le alcanzó la gorra que había volado a un lado, en el incidente
—Gracias, amigo —expresó sosteniendo su gorra para después colocársela
—Te ves bien, Pikachu —comentó Serena dirigiéndose al pequeño pokemon
—¡Pika! —exclamó alegre, causando una sonrisa alegre en la pelimiel, así como en el azabache
—¿Y qué te trae por Kanto, Serena? —preguntó Ash de repente, dirigiendo su mirada a la nombrada, quien al oírlo, se sonrojó bastante, sin saber qué responderle
—Bueno, yo... —lo pensó detenidamente, antes de responder —Vine de paseo desde Kalos, ya que ha pasado tiempo desde la última vez que estuve aquí —fue lo primero que se le ocurrió
—Ya veo —Ash sonrió, dándole a entender que se creyó aquella vaga explicación, aunque en parte, era verídica, pero no era a lo único que ella fue a esa región
—¿Y tú a dónde vas con tanta prisa, Ash? —se atrevió a preguntar, dejando de lado su bochorno
—Pikachu y yo nos dirigimos al laboratorio de la profesora Ivy, en las Islas Naranja —respondió con entusiasmo —Es un encargo del profesor Oak
—¿En serio? ¿Las Islas Naranja? —Serena pareció meditar en ello, sintiendo un poco de decepción al saber que el azabache estaría de viaje de nuevo —¿Ustedes dos solos? —agregó al final
—Sí —asintió sin dudar —Mis amigos están muy ocupados como líderes de gimnasio, Gary está en Alola en estos momentos, haciendo investigaciones sobre los pokemon ultraentes, y pues... decidimos ir sólo Pikachu y yo
—Ya veo —su voz denotaba un poco de tristeza —Entonces, les deseo buen viaje —se dispuso a continuar su camino, pero la voz de Ash la dejó paralizada en cuanto lo oyó hablar
—¿Por qué no vienes con nosotros? —propuso —Será divertido —la pelimiel le dirigió la mirada
—¿Seguro? —preguntó con duda
—Claro, y así me cuentas lo que has hecho desde nuestro último encuentro —asintió con una sonrisa.
El vago recuerdo de cuando la invitó a viajar con él y sus amigos en Kalos, vino a su mente, y una sonrisa apareció en su rostro, sintiendo adrenalina y emoción desbordando su alma. Viajar una vez más con Ash, esta vez ya no más como una novata, sino como la Reina de Kalos, sería una experiencia única y maravillosa.
—Sí, ¿por qué no? —asintió feliz —Puede que sea una experiencia parecida a esos viejos tiempos
—Sí, aunque ahora, ya no soy sólo un entrenador —afirmó, tocando con su dedo índice la punta de su nariz, como solía hacer cuando estaba nervioso —Finalmente me convertí en un Maestro Pokemon
—Es verdad —recordó Serena —y ahora también yo —corrió un poco al frente, siendo observada por el muchacho y Pikachu, e hizo una pose con una gran sonrisa —me he convertido en la Reina de Kalos, después de entrenar en Hoenn por mucho tiempo
—Sí, ambos cumplimos nuestros sueños —asintió Ash, correspondiendo la sonrisa.
Se quedaron así, sonriéndose mutuamente en un extenso silencio, pensando lejanamente. La última vez que se habían visto, fue en la región Hoenn, cuando Ash estuvo de visita allí junto a un amigo. Su encuentro resultó ser muy corto, pues acababa de abordar un barco para regresar a Galar junto a sus amigos. Aquella vez, ambos se propusieron ser los mejores algún día, y precisamente, tras el transcurso de los días, lograron sus metas. Ahora, eran muy reconocidos en sus respectivas regiones, y quizás en las demás. Sin embargo, a pesar de su alegría al reencontrarse y con la decisión de viajar juntos de nuevo, algo no estaba encajando entre ellos.
—¿Nos vamos? —propuso Ash al sentir que el ambiente se volvió tenso —Es un largo camino, y creo que debemos ir de una vez
—Sí, claro —asintió, parpadeando y sintiendo que los nervios la traicionaron.
Lado a lado, Ash y Serena, avanzaron en una regulada caminata, por el sendero del que vino la chica con rumbo a las Islas Naranja. Hacía bastante tiempo que no viajaban juntos, aunque ahora todo era diferente. Estaban los dos solos. No había más compañeros que sus pokemon, por lo tanto, el trayecto resultó ser un poco incómodo. Ya al atardecer de aquel día, decidieron acampar a unos pocos kilómetros de la villa, donde abordarían un dirigible en el que viajarían más a prisa. Estaban sumergidos en un tenso silencio, pues no podían decir alguna cosa con la cual romperlo. Tanto tiempo separados, y ahora que estaban solos, no tenían idea de cómo actuar o qué decir. Serena se hallaba perdida en parte de sus recuerdos, mientras Ash trataba de encontrar algo para decir. Los pokemon simplemente se limitaban a observar.
—¿Pikachu? —la duda acerca del comportamiento de sus amigos inquietaba al pokemon amarillo
—No te preocupes, todo está bien —aseguró Ash dándole una cálida sonrisa, y acariciando su cabeza
—Chu... —Pikachu reaccionó gustoso ante el delicado gesto.
Mientras tanto, Serena contemplaba la fogata distraídamente, sentada frente a su amigo y el pokemon. La oscuridad había emergido, y el frío colmó un poco ese anochecer. La pelimiel se debatía internamente, en si decirle o no lo que había planeado desde que salió de Kalos. Esta era la oportunidad, sin embargo, ella dudaba demasiado. No era fácil poner en palabras sus sentimientos, mucho menos cuando se trataba de alguien que vivió prácticamente enfocado en sus metas, antes que cualquier cosa. Tomó una bocanada de aire, decidiéndose a hablar, aprovechando que sus pokemon ya se durmieron tras terminar la cena.
—Ash —llamó Serena, el nombrado le dirigió la mirada
—¿Qué sucede? —preguntó el azabache
—Recuerdas... —intentó decirle algo, pero se quedó sin voz antes de poder continuar.
Seguía costándole trabajo evitar su nerviosismo frente a Ash. Volvió a respirar profundo, mirando al azabache que la contemplaba interrogante. Pikachu finalmente se quedó dormido como los demás pokemon. Así que, era ahora o nunca.
—¿Qué ocurre, Serena? —preguntó Ash al verla como si algo le atemorizaba
—¿Recuerdas cuando nos separamos en el aeropuerto de Ciudad Luminalia, en Kalos? —se animó a preguntar, el chico pareció pensarlo detenidamente, tratando de recordarlo —aquel día —continuó —te dije que eras mi objetivo —Ash volvió toda su atención a la chica —pero nunca te aclaré a qué me refería
—¿Eh? —el chico seguía confundido
—Lo pensé mucho estando en Hoenn, y después de nuestro corto encuentro, pude comprenderlo bien —expresó, mirando fijamente la fogata —Quizás no lo entiendas aún, pero mi verdadero sueño en realidad es —levantó la vista hacia él, sorprendiéndolo —estar a tu lado, Ash
—Serena...
—Regresé a Kalos tras ver tu batalla en el torneo de la Liga Pokémon de Galar —continuó —Volví a competir en las presentaciones de artistas, ganándome todas las llaves de princesa y me convertí en la Reina de Kalos —bajó la mirada —pero sentí que al lograrlo, me faltaba algo, y fue cuando decidí venir aquí, a buscarte
—¿Buscarme? —preguntó sorprendido
—Sí —asintió —porque debía decírtelo todo de una vez, aunque no me esperaba encontrarte en el camino —admitió —Lo más seguro es que no lo comprendas, y lo entiendo, ya que siempre has mantenido tu atención en tus sueños; pero ahora, creo que es la oportunidad ideal para que pienses un poco en esto —volvió a mirarlo —Desde niña, siempre me habías gustado, una razón que me llevó a ir a encontrarte en Ciudad Luminalia —confesó para su total asombro —Entonces me pediste viajar contigo y tus amigos, y al permanecer más tiempo a tu lado, fui descubriendo tu personalidad, la que me enamoraba poco a poco, y el día de separarnos, te lo manifesté de una manera
—¿Por eso fue el beso? —cuestionó Ash asombrado
—Así es
—Yo pensé que sólo era porque éramos amigos y me agradecías por algo que ni yo entendía —admitió, poniéndose algo nervioso al comprender toda la situación —pero entonces, tú...
—No sé qué pienses de mí ahora, pero yo sigo creyendo que eres cada vez más importante para mí, Ash —declaró —No te estoy pidiendo una respuesta, sólo te estoy diciendo lo que siento, para poder regresar a casa libre
—Serena...
—Estaré bien, aún si me rechazas, Ash —concluyó con una sonrisa débil.
Ante esto último, Ash se quedó pensando largamente, sin saber con exactitud qué responderle, mientras miraba hacia el fuego. Ciertamente, ella había sido su amiga, compartieron muchas aventuras y experiencias juntos. Además, fue la única de entre todas sus compañeras de viaje, con la que rara vez discutía, y en el momento en que lo hizo, sólo fue para hacerlo reaccionar y así darse cuenta de lo perdido que había estado. Jamás imaginó que ella sintiera algo más que amistad por él, y ahora que lo descubrió todo, algo le causaba revuelo en el corazón; una extraña mezcla de emociones que le causaba alegría, vergüenza y otro sinfín de sensaciones nunca antes vividas.
Le dirigió la mirada nuevamente, encontrándola con la vista perdida en la llameante fogata. ¿Qué pensaba él mismo de ella, además de todo lo que recordaba? En realidad, nunca se había fijado mucho en una chica, y ahora que no tenía otra cosa en la mente, se propuso a hacerlo con plena libertad. Fue así que descubrió que Serena no sólo tenía una personalidad agradable, sino que también contaba con una apariencia muy bella. Sin mencionar sus habilidades como entrenadora, artista y en la gastronomía. Realmente, podría calificarla como su tipo de chica. Lo había escuchado tanto de Brock cuando viajaban, sin entenderlo del todo, que finalmente lo aceptaba en estos momentos. Esto sólo significaba el comienzo de su admiración por Serena, una que durmió por mucho tiempo, y que ahora despertaba. Una cosa le quedaba claro: Serena le gustaba, y mucho, no sólo su personalidad, cómo lucía y sus habilidades, sino hasta lo que ella decía o hacía. ¿Sería este el nuevo rumbo que necesitaba en su vida? Sólo había una manera de descubrirlo.
—Serena —llamó de pronto
—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó ella saliendo de sus pensamientos
—¿Está bien si te digo que tú me gustas? —cuestionó con un tono de voz avergonzado, ella lo miró con asombro —Es cierto que nos conocemos por haber viajado juntos, compartimos muchas aventuras y fue divertido; pero ahora, sé que hay algo diferente, y precisamente eso es lo que sucedía cuando nos reencontramos el día de hoy, sólo que yo... no lo entendía hasta ahora
—¿No lo dices sólo para consolarme?
—¡Claro que no! —se apresuró a negar —Es cierto que al principio no me di el tiempo para pensar en esto, pero ahora, logré mi objetivo de ser un Maestro Pokemon, y por eso, mi mente es más clara —expresó —Lo pensé un poco, sí, y comprendí que eras la única de todas mis compañeras de viaje con la que me llevé bastante bien; casi nunca tuvimos desacuerdos y la única vez que sucedió, fue para darme cuenta de que no estaba siendo yo mismo; en realidad, tú siempre me apoyabas, parara lo que pasara y por eso...
—Lo sé... —asintió Serena al entender su punto.
Se levantó para acercarse a él, y sentarse a su lado, viéndolo con una gran sonrisa en su rostro.
—Si eso es lo que piensas y sientes, yo te creo, Ash —dijo ella —Muchas gracias.
Seguido a esto, le dio un abrazo, dejando escapar las lágrimas de emoción que había retenido por un instante.
—Hoy, finalmente, mi verdadero sueño, se hizo realidad —afirmó, mirándolo
—Serena...
—Te quiero, Ash —se acercó y le dio un casto y delicado beso, como fuera años atrás.
Ash se sorprendió un poco, antes de corresponderle cerrando los ojos. Cuando se apartaron, se sonrieron mutuamente, para luego terminar abrazándose, transmitiendo de ese modo el afecto que sentían el uno por el otro. Ahora el viaje que iniciaban tenía exactamente lo que ellos buscaban: despertar de un sueño en el que sumergieron tiempo atrás.
~Fin~
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