Disclaimer: el programa de Miraculous: Tales of Ladybug & Cat Noir no es de mi propiedad. Todo crédito a su creador Thomas Astruc.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Capítulo 4: Cuarto Susto.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Lila abrió los ojos con dificultad y se encontró en una habitación blanca y fría. Un pitido constante le indicaba que estaba conectada a una máquina que medía sus signos vitales. Intentó moverse, pero un dolor agudo le recorrió el cuello y la hizo gemir.

-Bonjour, mademoiselle Rossi. Le pido que se mantenga tranquila y no se esfuerce -escuchó una voz suave y femenina a su lado. Era una enfermera que vestía un uniforme azul y una cofia blanca. Tenía el cabello negro recogido en una cola de caballo y unos ojos azul cielo que transmitían bondad-. Ha tenido un accidente muy grave, pero está a salvo ahora.

La enfermera le acomodó la almohada y le acercó un vaso de agua con una pajita. Lila bebió con avidez, sintiendo cómo el líquido aliviaba su garganta seca y rasposa. Quiso hablar, pero solo pudo emitir un sonido ronco y débil.

-No se preocupe, es normal que tenga la voz así después de lo que le ha pasado -dijo la enfermera con una sonrisa comprensiva-. Le han hecho unas pruebas y no tiene ninguna lesión interna, solo unos rasguños en el brazo poco profundos y unas marcas en el cuello.

-¿Q-qué... me ha pasado? -cuestionó a duras penas con la voz ronca la joven Italiana.

La enfermera hizo una mueca de incomodidad ante la pregunta y después de suspirar le respondió: -Parece que alguien intentó estrangularla, pero por suerte, justo en ese momento su madre fue a verificar cómo estaba y se la encontró inconsciente en su habitación, y sin perder tiempo, llamó a la ambulancia. Ha estado inconsciente durante dos días -concluyó la mujer.

-No... no lo recuerdo... -mintió Lila, temiendo que nadie le creyera si contaba la verdad.

-Bueno, no se preocupe. Es normal que tenga amnesia después de un trauma tan fuerte. Solo tiene que descansar y recuperarse -le dijo la enfermera con una sonrisa.

-¿Y mi... madre? -logró preguntar Lila con voz débil.

-Está hablando con los policías que están investigando quién la atacó anoche -le informó la enfermera-. No se preocupe, pronto vendrá a verla.

-Gracias -murmuró la joven Rossi, fingiendo gratitud.

-No hay de qué, mademoiselle Rossi. Es mi trabajo. Ahora voy a dejarla descansar un poco. Si necesita algo, solo tiene que pulsar el botón. Estaré cerca -le dijo la enfermera, mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.

Lila asintió con la cabeza y vio cómo la enfermera salía de la habitación y cerraba la puerta tras de sí. Se quedó sola, en silencio, con sus pensamientos.

De repente, sintió una ráfaga de aire frío que le erizó la piel. Se estremeció y miró hacia la ventana. Ella se encontraba en una habitación ubicada en el primer piso. No había nadie en la calle, solo unos árboles que se movían con el viento.

-Ciao, Lila -dijo el fantasma de Orlena, apareciendo frente a ella, a los pies de la cama-. ¿Qué tal tu sueño?

Lila abrió los ojos de par en par y se alejó de ella, aterrada. Orlena la miraba con desprecio, con sus ojos grises y su cabello café claro que contrastaban con su piel pálida y su cuello amoratado.

-¡Por favor, Orlena, déjame en paz! ¡Fue un error. Lo siento. Lo siento mucho! -suplicó la chica, retrocediendo hasta tocar la pared.

-No. No lo sientes. Nunca lo sentiste. Solo te importas tú. Siempre te importaste solo tú. Eres una egoísta, maliciosa y mentirosa. Finjes ser una buena persona, pero no lo eres. Eres una asesina. Y vas a pagar por ello -siseó con desprecio Orlena, levantando la mano y mostrando sus uñas afiladas como cuchillas.

-¡NO, ORLENA! ¡NO! ¡POR FAVOR NO ME MATES! ¡POR FAVOR! -gritó Lila, cerrando los ojos y esperando sentir las afiladas uñas desgarrando su piel.

Pero el ataque no llegó. En su lugar, se oyó un golpe en la puerta y la voz de la enfermera.

-Mademoiselle Rossi, ¿está bien? He oído un grito. ¿Le pasa algo? -preguntó la mujer, entrando en la habitación.

Lila abrió los ojos y vio que el fantasma de Orlena había desaparecido. Solo estaba ella y la enfermera, que la miraba con preocupación.

-No, no me pasa nada. Solo he tenido una pesadilla. Lo siento -mintió Lila, tratando de calmarse.

-Vaya, qué susto. Bueno, no se preocupe, es normal tener pesadillas después de un trauma. Le voy a poner algo para que se relaje y pueda dormir. Ya verá como mañana se siente mejor -le dijo la enfermera, mientras le inyectaba un sedante en el brazo.

Lila sintió cómo el sueño la invadía y se dejó caer en la almohada. Antes de perder la conciencia, escuchó la voz de Orlena en su cabeza.

-No creas que te vas a librar tan fácilmente, Lila. Esto no ha hecho más que empezar. Voy a buscar la manera de desenmascarar tus mentiras de una vez por todas. Y cuando lo haga, todos sabrán quién eres realmente. Y entonces, te arrepentirás de haberme conocido -le dijo, con una risa malévola.

Lila quiso responder, pero no pudo. Se sumió en un sueño profundo, lleno de pesadillas.

La italiana se despertó unas horas más tarde. En ese momento, la puerta se abrió y entró su madre. Tenía el rostro preocupado y los ojos llorosos. Se acercó a la cama y la abrazó.

-Ma bella, ¿cómo estás? ¿Te duele mucho? -le preguntó tocando levemente su brazo y echándole un vistazo a su cuello.

-No, mamma. Estoy bien -le dijo ésta.

-Me alegro, tesoro. Te he traído unas flores. Son tus favoritas -le dijo su madre, colocando un ramo de rosas rojas en la mesita de noche.

-Grazie, mamma. Son muy bonitas. -dijo Lila, forzando una sonrisa.

-¿Y qué te han dicho los policías? -preguntó Lila con curiosidad.

-No mucho, la verdad -respondió Cedrina-. Dicen que no tienen ninguna pista sobre quién pudo atacarte, ni por qué. No hay huellas, ni testigos, ni cámaras. Es como si tu agresor fuera invisible y eso me preocupa mucho, ma bella.

Nina se mordió el labio. Sabía que los policías no encontrarían ninguna pista, ninguna huella, ninguna evidencia. Nadie sabía que el fantasma de Olenna existía, excepto ella. Y aunque Nina lo sabía, también estaba consciente de que nadie le creería. ¿Cómo iba a explicar que el fantasma de Orlena había vuelto del más allá para vengarse de ella? Se sentía atrapada en una pesadilla de la que no podía escapar.

-No te preocupes, ma bella. Estoy aquí contigo. Mañana te darán el alta y nos iremos a casa. Los policías seguirán investigando y encontrarán al culpable. Todo va a salir bien.

La madre de Lila le acarició el pelo y le besó la frente. Nina se aferró a ella, buscando consuelo. Pero en el fondo, sabía que su madre estaba equivocada. Nada iba a salir bien. Orlena no iba a parar hasta destruirla. Y Lila no tenía forma de detenerla.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Tal y como dijo la señora Rossi, Lila salió del hospital tras ser dada de alta alrededor del medio día. Ella iba acompañada de la antes mencionada, plasmando una sonrisa falsa, tratando de ocultar el miedo que sentía por la amenaza de Orlena. La joven se subió al coche de su madre y se dirigió a su casa, esperando que todo fuera normal, no obstante, eso no sería posible, porque desde unas horas atrás, Orlena ha estado en el colegio Françoise Dupont, poniendo en marcha su venganza.

A la fantasma le cayó como anillo al dedo que la policía italiana estuviese investigando el caso de su muerte. Orlena les había dejado pistas sobre los implicados, en especial sobre Lila. El día anterior dos inspectores de Florencia, Italia habían viajado a París, colaborando con la policía francesa para arrestar a Lila.

Ese mismo día minutos después de que iniciaran las clases, los dos inspectores, acompañados del oficial Roger Raincomprix habían llegado para hablar con el director Damoclès.

Mientras los inspectores, el oficial Raincomprix y el director Damoclès hablaban, los aparatos eléctricos comenzaron a actuar de forma extraña, desconcertando a los cuatro hombres.

Orlena había entrado en la oficina del director Damoclès y estaba alterando el funcionamiento de los aparatos eléctricos, a fin de transmitir varios videos que mostrarían el verdadero rostro de Lila Rossi.

Por medio de la computadora del director, Orlena activó los videos que habían gravado las cámaras y que el director nunca se había molestado en verificar.

Mostró todo lo que pudo con respecto a la gran torre de mentiras de Lila. Cómo Lila colocó el examen en el bolso de Marinette para que fuese culpada de robar las respuestas de dicho examen, cómo ella bajó por las escaleras tranquilamente cuando se dirigía junto a Marinette a la oficina del director y, seguidamente les hizo creer a todos que la azabache la había empujado por las escaleras, también cuando la joven mitómana plantó su valioso collar, el cual dijo que era una reliquia familiar en el casillero de la joven franco-china para luego culparla de robarlo y una serie de mentiras tras mentiras dichas a los demás estudiantes, sobre todo a sus compañeros de clases.

-¿Qué es esto? -preguntó el director Damoclès, pasmado por los videos que se reproducían en su pantalla.

-Videos que exponen a la verdadera signorina Rossi -dijo uno de los inspectores serio sin quitar sus ojos de la pantalla.

A los cuatro hombres se les congeló la sangre cuando observaron como en uno de esos videos la morena alcanzaba ansiosa un akuma y se dejaba akumatizar por voluntad propia y se enfurecieron al ver otros videos donde la chica se colgaba del brazo del joven modelo Adrien Agreste, notándose claramente la incomodidad del rubio, al ésta no respetar su espacio personal.

Finalmente el último video se empezó a reproducir. Éste se transmitió por los altavoces del colegio, y todos los alumnos y profesores lo escucharon con horror. De igual forma, Orlena le envió los anteriores videos a todos los estudiantes y profesores en sus celulares, para que nadie pudiera ignorarlos.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Fin del Capítulo.