Final imaginario del siglo XIX

En estos tiempos, las personas que poseen extraños poderes provenientes de su cuerpo o incluso de misteriosas y poderosas armas, son conocidas como ladrones, escoria de la humanidad que roba hermosas y valiosas obras de arte, estatuas o joyas de diversos museos de todo el mundo, con la esperanza de reunir los 108 trozos de inocencia perdidos.

OOOOO

FFFFF

-InuYasha, ¿Por qué siempre llevas ese pañuelo en la cabeza? – lo interrogó Allen, mirándolo con su ceño fruncido.

En aquel entonces, habían sido abandonados en la India, gracias a los descuidos del cazador Cross Marian. Quien; aprovechando que habían juntado entre los dos, bastante dinero para poder gastar bien en alcohol y mujeres, no dudó en golpear a cada uno en la cabeza con un martillo y marcharse.

Como InuYasha ya había pasado antes por una experiencia similar; siendo abandonado en Polonia, sabía que los estaba poniendo a prueba para ver si se habían aprendido con exactitud, el camino hacia la orden oscura. Y que, por razones desconocidas, no quería volver.

-Mira, enano... - comentó, pelando una manzana mientras viajaba cómodamente sobre unos paquetes de heno, detrás de la carreta que los llevaría a otra ciudad.

-¡Ya te dije que mi nombre es Allen! – exclamó enojado, con una vena punzante en la cabeza.

-¡JA! – cortando un pedazo de la manzana, se lo aventó a su frente con una sonrisa. - ¡Yo puedo llamarte como se me pegue la gana, tonto!

Al escucharlo decir eso, le gruñó y lo amenazó con su puño derecho.

-Y volviendo a tu pregunta... - el Hanyou cortó otro pedazo de manzana y se lo llevó a la boca. - Digamos que estoy jugando a "las escondidas permanentes".

FFFFF

-¡Finalmente pagarás por lo que hiciste...! – bramó InuYasha, moviendo su imponente colmillo de acero de un lado a otro. - ¡...Sesshomaru!

El mencionado, sin inmutarse, soltó el cadáver que llevaba en su brazo derecho y saltó hacia el techo de otro edificio para esquivar su ataque. Justo en ese momento, Lenalee Lee apareció delante de él, moviéndose a la misma velocidad que el sonido.

-Enbu... - murmuró, habiendo brillar sus botas oscuras. - ¡...Kirikaze!

Al dar un par de patadas en el aire, expulsó de su calzado un par de torbellinos que pusieron en aprietos al demonio. Si bien, el viento no conseguía derrumbar las casas y edificios del pueblo, si era lo suficientemente fuerte como para no permitirle moverse. De pronto, sintió como una gigantesca garra plateada trataba de tomarlo, por lo que se agachó, deslizándose por el techo del edificio hasta caer de pie.

-¡InuYasha! ¡Se dirige al bosque! – exclamó Allen, viendo junto a Lenalee el trayecto que estaba tomando.

El Hanyou corrió en la misma dirección, deteniéndose a unos metros de distancia para volver a mover su espada.

-¡Viento...! – gritó, pero antes de que la técnica pudiera manifestarse de nuevo, la espada regresó a su forma original.

Sesshomaru, al girarse y ver aquello, recordó la visita que tuvo hace 2 años, por parte de Cross Marian.

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-El conjuro que mantuvo a InuYasha cautivo por 47 años, empeoró la maldición que habita en su interior. Si antes no podía transformar a colmillo de acero por su apariencia humana, ahora solo puede hacerlo para moverla unas tres veces o para activar el portal hacia la orden oscura.

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-Si lo que Cross me contó es cierto... - pensó seriamente. – ...significa que InuYasha aún puede convertirse en una marioneta de Menomaru. – de los dedos índice y medio en su mano derecha, apareció un brillante látigo de color amarillo. – Aunque haya recuperado su verdadera apariencia, una gran parte de su energía sobrenatural permanece sellada. Algo que tarde o temprano, lo hará perder el control.

-Vamos, vamos... - decía el muchacho, agitando su espada para transformarla de nuevo, sin éxito alguno.

De pronto, un látigo apareció ante él, arrebatándole su arma, para que luego, esta cayera en la mano derecha de su hermanastro. Al tenerla en su poder, Sesshomaru fue capaz de cambiarla sin problema, asombrando a los presentes.

-Alguien tan estúpido como tú... - dijo enojado, bajando la hoja con un solo movimiento. - ¡...no merece usar esta espada!

El tan anhelado viento cortante que InuYasha quería hacer, ahora estaba a punto de cobrar su vida. No obstante, unos segundos antes de que la técnica consiguiera tocarlo, una flecha blanca se clavó frente a él, protegiéndolo y dividiendo el ataque en dos.

Sesshomaru volteó a la dirección en la que fue lanzada. Frente al grupo de aldeanos, una joven de largo cabello negro y ojos castaños, sostenía en su mano izquierda un arco negro, al mismo tiempo que jadeaba.

-¿Kikyo...? – susurró atónito.

De repente, la palma de su mano derecha comenzó a arder, obligándolo a soltar a colmillo de acero. Al verla, se percató de que la empuñadura lo había quemado. Pero no pudo apreciarla por tanto tiempo, ya que, en ese instante, InuYasha volvió a saltar sobre él, golpeándolo con su puño en su mejilla derecha y tirándolo al suelo.

-¡Imbécil! – exclamó enojado. - ¡¿Ya se te olvidó que nuestro padre puso una barrera en MI espada para que no la tocaras?!

Sesshomaru, con los rastros del golpe en su cara, lo miró inexpresivo.

-¡InuYasha! – Allen y Lenalee bajaron del techo donde se encontraban y corrieron hacia él.

-¡Tontos, no se acerquen! – les pidió molesto, deteniéndolos de golpe. - ¡¿Y tú que...?!

Antes de seguir gritándole a su hermanastro, vio con horror que él ya no se encontraba arrodillado en el piso.
Con temor, volteó hacia su derecha. Estaba parado muy cerca de Kagome. Tanto como para ser capaz de tomar uno de sus mechones de cabello y pasarlo lentamente entre sus dedos.

Ante eso, la joven no era capaz de moverse. Por lo mismo, tampoco se sentía con la confianza suficiente para disparar otra flecha invocada de su arco. Simplemente dejó que le acariciara el cabello... aunque tenía el presentimiento de que sucedía algo más. La miraba con tristeza. Tal y como InuYasha lo había hecho la primera vez que se encontraron. De pronto, sus ojos castaños quedaron embelesados con un brillo proveniente de su corazón.

-¿Qué es eso? – se preguntó, confundida por el resplandor verde que traspasaba su kimono negro.

-¿Por qué no me disparas? – interrogó, sacándola de sus pensamientos. - Eres una Exorcista, ¿No? – retiró su mano de su cabello y dio un par de pasos atrás. - Si eres tú, dejaré que acabes conmigo.

Ella no sabía cómo interpretar sus palabras. Y justo cuando quiso preguntarle más al respecto, InuYasha se interpuso entre ambos.

-¡Kagome, retrocede! – pidió, apuntando al Youkai con su espada oxidada.

Lenalee y Allen se unieron a sus costados, dispuestos a seguir combatiendo. El viento sopló, levantando los cabellos de los presentes.

-Qué torpe. – dijo Sesshomaru con cansancio, llevándose una mano a su frente. - Mi amada murió hace mucho tiempo, pero sigo buscándola en ojos ajenos.

Entonces, envolviéndose a sí mismo en energía sobrenatural, se transformó en una gran bestia de ojos rojos y pelaje blanco, la cual, corrió y saltó a lo profundo del bosque.

InuYasha, al verlo tan lejos, bajó su espada. Detrás de él, sus compañeros suspiraron aliviados.

-¿Todos están bien, alcalde? – preguntó el joven de cabello blanco.

-Ese hombre sí que era extraño. – dijo el mayor, llamando la atención de los ladrones. - Pudo habernos matado, pero en su lugar, quedó fascinado con la belleza de la jovencita.

-¿Será porque se parece a la señorita Sara? – cuestionó un hombre detrás de él.

-¿Se refiere a la sacerdotisa que murió hace 5 años? – interrogó Lenalee.

El individuo asintió.

-Todos en el pueblo sabíamos que eran muy unidos, ya que ella siempre entraba al bosque para ir a buscarlo. – explicó el alcalde. - Seguramente, debió sentirse muy solo cuando falleció.

-¡Pero eso no justifica que haya cazado a nuestros amigos como si fueran animales! – exclamó otro aldeano.

-¡Era un monstruo, un monstruo!

-¡Ojalá se haya largado para siempre!

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-¿Por qué no me disparas? Eres una Exorcista, ¿No? Si eres tú, dejaré que acabes conmigo.

FFFFF

-La mirada que tenía no era la de un asesino. – pensó Kagome. - Más bien... parecía atormentado por algo que vivió hace mucho tiempo. – preocupada, volteó sus ojos castaños hacia InuYasha. - Me pregunto si eso estará conectado con Kikyo.

PPPPP

Habiendo creado un portal, el grupo regresó con bien a la orden oscura, caminando en silencio hasta las enormes puertas de la torre. De pronto, escucharon varios gritos y sonidos estruendosos... hasta que un ladrón salió volando por una ventana, cayendo y rodando sobre la hierba. Sorprendidos, corrieron hacia el muchacho y se agacharon a su altura.

-¡¿Qué pasó?! – preguntó InuYasha.

-R-Revivió... - fue lo único que pudo decir, antes de desmayarse.

Fin del capítulo.