ECRUTEAK
Es otoño en Johto y se encuentran en Ciudad Ecruteak. Serena observa casi petrificada el bonito taxi del que se baja Ash, que la mira de la misma forma, pero preso de una ilusión incrédula. Su rostro se ilumina con una gran sonrisa mientras corre hacia ella.
—¡Serena, me alegra verte! ¡No sabía que estabas en Johto!
Se ríen un poco al ver que ambos llevan ropas color beige, tratando de combinar con el ambiente. Serena no termina de salir de su asombro.
—¡Ha pasado mucho tiempo! ¿En dónde está Pikachu? —le pregunta al no ver al pokémon, Ash le sonríe como si jamás se hubieran separado.
—Se quedó en el teatro, le gusta que le llenen de atenciones mientras que a mí me mandan a la tienda. ¿Puedes creerlo?
Ash ríe, es agradable oírlo. Se siente bien, tan bien que no debería. Serena se aclara la garganta antes de preguntar:
—¿Estabas en el teatro? ¿Has retado a las Chicas Kimono?
—No. Ellas son amigas mías. Me invitaron para que las ayudara en una obra. Estamos en el descanso de los ensayos. Soy el villano de la historia, ¿no es increíble? Creen que tengo talento para esto y a mí me está divirtiendo. Estoy bastante entusiasmado por la fecha de estreno, todavía no sabemos cuándo será.
Ash siempre está probando algo nuevo, destacándose en algo nuevo. Serena ha admirado desde niña ese lado suyo y no puede evitar que una sonrisa adornara su rostro de forma automática. Él siempre tiene algo que decir.
—¿Y tú? ¿Estás de pasada o vienes a quedarte?
Ninguna de ellas. Serena se envuelve mejor en su chal oscuro, mirando hacia abajo. No puede manejar el hecho de sentirse feliz de ver a Ash mientras le oprimen el pecho muchas cosas que no puede decir, no quiere arruinar ese maravilloso encuentro con su situación.
Ash no necesita saber nada.
—Estoy recorriendo la ciudad— Aunque sonríe, su voz se oye débil cuando le contesta. Ash no logra diferenciar si es timidez o si Serena se siente un poco triste. Si es lo primero, se le ocurre que podría animar las cosas entre ambos.
—Creo que la última vez que nos vimos fue hace un año o un poco más. ¿Por qué no te acompaño un momento?
—Uhm…, ¿no pasa nada si te ven así?
—¿Cómo así? —Ash frunce el ceño por la confusión.
—Conmigo. Ya sabes…
Han habido rumores extraños, las típicas fotos y descripciones supuestas que normalmente no gustan a los involucrados (a menos que se beneficiaran de ello). Ash se ha metido en varios de esos rumores por accidente, ganándose en cierto sector un sobrenombre no muy agradable. Una amiga suya llamada Dawn se había convertido en su compañera favorita para las noticias y no había temporada que no crearan rumores de ellos estando juntos. Al entrenador y a la coordinadora no les costó restarle importancia, pero Serena está pensando, de nuevo, demasiado en él.
—No pasa nada con estar con mi amiga charlando un rato —Ash la mira de forma tranquilizadora—. Ecruteak tiene demasiados lugares para visitar que nadie presta atención a las personas, aunque conozco un buen sitio al que podemos ir para evitar eso, si quieres.
—Sí, sí, supongo que sí —el tono indeciso de Serena le hace sonreír enternecido.
—Gracias por preocuparte por mí, pero no necesito niñera —Ash se encuentra demasiado animado como para perder esa oportunidad—. Entonces, ¿quedamos?
—Pero, ¿no tenías que comprar algo para las chicas?
—No es nada urgente, solo unas golosinas que vamos a compartir después del ensayo. Pikachu tampoco me extraña por ahora con los treinta minutos que le va a durar el masaje. Puedo usar mi descanso como quiera.
La joven entrenadora trata de sonreír, de mostrarse contenta, pero todo lo que está sintiendo y pensando se la comen viva. Al fin consigue esbozar una sonrisa bastante creíble.
—Está bien, Ecruteak es un lugar muy bonito y no lo conozco bien.
Es en ese corto tiempo caminando juntos que Ash nota el agotamiento en el que Serena se encuentra. Al principio lo pasa por alto, pensando en su nerviosismo por evitar meterlo en otra noticia fuera de contexto, pero termina contagiándole la idea y pronto se encuentra a sí mismo bajando la visera de su gorra para ocultar su rostro. Se sintió estúpido.
—Serena, ¿estás bien? Te prometo que no pasará nada.
—Lo siento, creo que me siento un poco cansada —explica con pena, sin borrar su sonrisa, pero esta vez no le transmite alegría o alguna emoción parecida. Ash comienza a preocuparse.
—Te aseguro que no pasa nada. Yo… Dime, ¿sigues en Kalos?
—Ya no, estuve en Unova una temporada y hace poco comencé a trabajar con una compañía, viajo a donde el trabajo me lleve.
—Ah, igual que yo.
Ash la mira divertido, esperando ayudarla a calmarse.
—¿Continúas con el profesor Cerise, Ash?
—A veces, me ayuda a pasar el rato. Me gusta hacer varias cosas para salir de la rutina. Nunca se me ocurrió que tener en exceso lo que te gusta puede llegar a cansarte. Por eso me encontraste aquí, cuando me dijeron para ayudarlas, no tuve que pensarlo.
Serena asiente y se repite mentalmente que dejara de pensar y se concentrara en su compañero, tan inusual de poder tenerlo cerca. Sin embargo, se siente demasiado tensa, enredada en esa telaraña de competencia entre ambos que ella misma había creado, impidiéndole disfrutar del camino. Le punzaba la culpa y la vergüenza al verlo esperar que ella diera el siguiente paso en la conversación, pero siendo incapaz de hacerlo, hasta que lo ve fruncir el ceño, evidencia de su confusión.
—¿En serio estás bien? Porque no lo parece.
Ambos se miran de repente, deteniéndose, impresionados de la franqueza de aquellas palabras. Ash retrocede un paso y trata de sonreír, pero su rostro no coopera en absoluto, solo refleja dudas.
—No quería hacerte sentir incómodo—Serena baja la vista por la vergüenza—. Me alegra mucho verte aquí, de verdad.
—A mí también, pero estás haciendo que me pregunte si te encuentras bien. ¿Algo anda mal? Porque puedo ayudarte.
—En realidad…, no ocurre nada. Cansancio, nada más. Han sido fechas muy duras. Hoy solo quise escaparme un momento.
—¿Y te estoy interrumpiendo?
—¡No, no! Eso no.
—¿Entonces? No recuerdo que te molestara tanto.
Los ojos azules de ella se dilatan por la fuerte impresión. Ash se limita a llevar ambas manos detrás de la cabeza, con la expresión desorientada que le hace ver como si fuera un niño al que le acaban de regañar y no sabe qué ha hecho.
—Me... ¿Crees que me incomodas? —La actitud de Serena es tan lánguida ahora que ya no puede sentirse tranquilo al verla. Ash comienza a impacientarse, desea saber cómo ayudarla.
—Sí. ¿Es o no?
—¡Para nada!
—Pues me estás tratando como si no quisieras verme. Serena, no tienes que forzarte a estar conmigo si no quieres.
Hay algo en su comprensión que la molesta y la agobia todavía más, pero logra disimularlo. Se disculpa con él otra vez antes de detenerse en una parada. Es un pequeño mirador apartado de la bulla de Ecruteak y funcionaba como punto de descanso antes de ingresar a la siguiente ruta. Ash logra ver alivio en el rostro de su amiga y la acompaña hasta verla apoyarse en la baranda de metal, fijando su vista en el paisaje. Serena cierra los ojos y por fin deja de pensar, aunque Ash siga detrás suyo. Se siente mejor, como si la ausencia de gente la ayudara a respirar. El entrenador retrocede unos pasos.
—Creo que mejor te dejo aquí, ya me tengo que ir. ¿Vendrás al estreno?
—Por supuesto —ella le responde mientras sigue de espaldas—. Solo avísame la fecha.
Cuando Serena gira para despedirlo adecuadamente, Ash se acerca con rapidez y la atrapa entre sus brazos sujetando la baranda mientras su mirada demandante se clava directo en sus ojos. En el pasado, aquel acercamiento la hubiera desbaratado y hecho divagar entre todas las cosas que le gustaría declararle, los clásicos versos románticos que una chica como ella pudiera soltar. Pero Serena siente algo parecido al espanto, sin saber qué hacer más que llevar las manos al pecho y apretarlas, como si aquel gesto la ayudara a detener sus latidos descontrolados. Le asusta ese rostro de determinación exigente.
—¡Por fin te tengo!
—¿¡Qué estás haciendo!?
—Tengo que ser sincero contigo: Creo que no quieres verme.
Serena aprieta los labios de impotencia. ¿Cómo iba a responder eso, cuando lo que realmente sentía la avergonzaba lo suficiente como para decirlo?
—Si has tenido un mal día, no me gusta que te desquites conmigo. ¿Qué culpa tengo yo? Si necesitabas ayuda tambien te la daba. No sabía que estarías aquí.
Serena niega con efusividad y trata de sonreírle, pero todo lo que consigue es parecer abrumada. ¿Sería adecuado decirle cómo se está sintiendo? Una parte de ella le dice que lo haga, pero la otra le recrimina su pésimo manejo de sí misma y la innecesaria preocupación e incomodidad que le produciría. Lo había estado haciendo muy bien, excelente, ¿por qué tenía que verlo en estas circunstancias donde estaba lidiando consigo misma?
Ash la mira durante largo rato, como si notara —de alguna manera—, que su forma de verlo ha cambiado. Ella sabe que su amigo no es muy observador, pero ¿qué estaría concluyendo?
Finalmente, Ash se aparta y sonríe, abriendo los brazos es un ademán de impotencia.
—En otra ocasión será mejor.
—Yo también espero que sea mejor.
El entrenador la mira con sorpresa, esperando saber a qué venían esas palabras. Esta vez Serena no le rehúye la mirada, sino que tantea terreno antes de decir algo más. Quiere explicarle un poco para evitar que se vaya así, como si no pudiese tener ningún secreto para él. No le gusta molestarlo, él siempre ha sido bastante considerado como para dejarlo sin saber qué pensar.
—Verás, te contaré un poco —inicia su explicación con calma—. Antes de encontrarnos, estaba pensando en mi situación actual y me sentía un poco triste. Creo que me he desviado de mi meta original y pienso que estoy desperdiciando el tiempo otra vez, igual a cuando era niña.
—Ya sabes que nunca he creído que hacer algo es una pérdida de tiempo. ¿Por qué piensas así? Estoy seguro de que eres muy buena en lo que haces porque escucho tu nombre en cada lugar al que voy.
Serena siente el corazón cálido al escucharlo hablar con voz calmada, intentando animarla.
—Lo sé… creo que es muy ambicioso de mi parte mirar lo que he hecho y sentir que no es suficiente. Debería sentirme orgullosa, pero en lugar de eso termino regañándome.
—¿Ya no disfrutas lo que haces? No puedes trabajar duro para cumplir algo que no te gusta.
Ash intenta decir algo más, pero una sonrisa tímida se asoma entre sus labios y se peina el pelo con los dedos, llevando los mechones azabaches hacia atrás.
—Creo que entiendo. Si no has parado desde que comenzaste, creo que entiendo que te sientas así. Deberías tomarte unas vacaciones. A mí me gusta regresar con mi mamá cuando quiero descansar unos días, sus guisos son mejores que mil energizantes.
Ella sonríe y vuelve a negar con la cabeza, pero de manera amable, mirándolo de forma afectuosa.
—Gracias por preocuparte. Estaba pensando en eso, aunque me sentiría intranquila abandonando mis avances.
—No me escuchas, Serena —su insistencia lo lleva a cruzar los brazos sobre el pecho—. Nadie te va a quitar tus avances. Regresarías mejor y más segura.
La deja sopesar sus opciones, aunque no entiende a qué le temía tanto. Ash decide continuar con sus ideas al verla apretar los labios.
—Te aseguro que no conozco a nadie en Hoenn, Sinnoh y Kalos que no sepa quién eres tú, has trabajado muy duro con Lisia y esos son los resultados.
—A veces extraño mucho a Lisia, me sentía segura a su lado.
—¡Bueno! Es parte de los cambios, ¿no?
—Sí..., eso verdad…
Aturdida, es la única palabra que puede usar para describir a Serena, y no sabe a qué se debe.
—No sé qué más hiciste estos últimos años, pero hasta donde me enteré, tienes una buena lista. No te estoy diciendo que lo dejes, sino que te tomes un descanso. Me dejaste sorprendido, es la primera vez que te veo así.
«Primera vez», para él sí que lo es, pero ya antes ha tenido que lidiar con esos pensamientos durante largos periodos de tiempo y al final siempre se recuperaba. Sin embargo, en ninguna de aquellas temporadas estuvo él delante suyo.
El corazón le está doliendo.
Serena parece algo abrumada cuando lo mira a los ojos. Su querido amigo… qué mala podía ser ella cuando se encerraba en sí misma. Él no sabe nada y, todavía así, se preocupa de forma real. Sabe que no existe para nadie el cariño que ella le tiene.
—Serena, ¿lo harás? ¿Vas a descansar? No hagas que me preocupe.
Ash levanta una mano para tocarla en el hombro en cuanto ella se echó hacia atrás, triste por ambos, preguntándose por qué él no se ha ido antes de decepcionarse terriblemente de ella. Ash no tenía que escuchar sus tonterías de autocrítica. Pero es verlo ahí, ya sin saber qué hacer, que suelta las palabras que han querido salir desde el principio.
—¡No puedo descansar! ¡Yo solo... solo necesito que...! ¿Por qué estás tan lejos? Estás demasiado lejos, siempre has estado lejos. ¿Cómo se supone que voy a estar a la par contigo si me quedo quieta?
Serena se cubre la boca con rapidez, abriendo de golpe los ojos, consciente de lo que acaba de decir. Ash siente los músculos contraerse y separa los labios por la fuerte impresión. Se le amontonan palabras en la lengua, todavía procesando lo que acaba de oír.
—¿Tú estás...? ¿Estás compitiendo conmigo?
Serena cierra los ojos y asiente sin apartar las manos de su boca, sintiendo que el rostro le ardía horrores. Los pensamientos de derrota que ocultaba desde sus recurrentes encuentros salen a la luz y la invade una fuerte culpabilidad.
—¿Por qué? ¿De qué forma?
—Yo… yo comencé a verte como un rival y me sentía impotente al ver cómo me atrasaba en comparación a ti. Ash, de verdad te admiro, no pienses que te tengo envidia. Cada vez que logras algo siento que te respeto más y más y luego me doy cuenta de mi posición y solo me siento muy frustrada. No me ha ido bien estos últimos meses y yo solo quería… no lo sé, sin darme cuenta terminé aquí. Me subió los ánimos volver a verte, pero siempre regresa esto y tenía que regresar justo hoy…
El corto silencio que siguieron a sus palabras se siente pesado, casi asfixiante.
—No sé qué decirte, creo que no debí regañarte —su expresión arrepentida lo empeora todo para ella.
Serena logra hacerse espacio para inclinarse delante de él a modo de disculpa.
—¡Lo siento! ¡Yo no quería que de todas las personas, tú me vieras así! No quería hacerte oír mis tonterías ni hacerte sentir que me molestabas. Nunca he hablado de esto y se siente extraño decírtelo a ti. Te prometo que tomaré un descanso cuando vea que tengo un avance.
—¿Avance? ¿Y cómo se supone que verás eso?
—Cuando la gente me vea como te ve a ti.
Por fin lo deja sin habla. Aquello parece una noticia nueva para él, una que no esperaba y por lo tanto demora en digerirla. ¿En serio Ash no era capaz de notarlo? De ser así, ella estaba gustosa de decírselo, siendo también una forma de recordarse a sí misma lo que estaba buscando.
—Ash... No tienes idea, ¿no? Eres... Eres capaz de hacer lo mismo que Aria, pero mucho más profundo y duradero. No pensaba en ella o en Lisia cuando quería rendirme, sino en ti. Siempre encuentras la manera de estar a la altura de todo y das alegría con solo verte. No es la misma alegría que causa Lisia en sus fans, es mucho menos momentánea, como si entregaras un motivo real para sentirse así. ¿Lo entiendes ahora? Yo quiero causar lo mismo en las personas y veo que no lo estoy logrando de esa manera. Cuando pueda ver que la gente me mira de la misma forma que te mira a ti, entonces haré lo que me dices, te lo prometo.
Ash mantiene junto los labios, volviendo a llevarse varios mechones oscuros hacia atrás. ¿Qué debía decir a eso? No hay respuesta clara. Una duda enorme se apodera de su cabeza cuando entiende que su presencia significa mucho más de lo que alguna vez pensó.
—¿Cómo puedes verlo?
—Lo sabré.
Por fin la invaden las lágrimas por sentirse patética y se disculpa otra vez mientras intenta no llorar. Ash siempre ha sido la representación de lo que buscaba desde un inicio, una meta muy difícil, pero que cumpliría. Deseaba con todas sus fuerzas regalar alegría y hacer feliz a quien lo necesitara, no le importaba buscar las formas y sobre exigirse cuando las encontraba.
—No me odies, por favor.
—No te odio —Ash sonríe de nuevo, pero no dura mucho. Ambos lo notan.
Serena baja el rostro enrojecido y se va sin despedirse.
