Descargo de responsabilidad: Twilight y todos sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, esta espectacular historia es de fanficsR4nerds, yo solamente la traduzco al español con permiso de la autora. ¡Muchas gracias, Ariel, por permitirme traducir al español esta historia XOXO!

Disclaimer: Twilight and all its characters belong to Stephenie Meyer, this spectacular story was written by fanficsR4nerds, I only translate it into Spanish with the author's permission. Thank you so much, Ariel, for allowing me to translate this story into Spanish XOXO!


No encuentro palabras para agradecer el apoyo y ayuda que recibo de Larosaderosas y Sullyfunes01 para que estas traducciones sean coherentes. Sin embargo, todos los errores son míos.


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—¿Eso es...— A Seth se le cortó la voz y levantó las manos para persignarse.

Bella metió la mano en la pila de artefactos, empujando con los dedos los montones de anillos, pulseras, broches y collares enredados. Hizo una pausa y se le revolvió el estómago cuando apareció un pequeño bulto arrugado, con un anillo de oro todavía unido al dedo.

Detrás de ella, Bella oyó que uno de los chicos se daba la vuelta y jadeaba.

Ella ignoró el dedo, con el cuerpo ardiendo de rabia y asco. No por el cadáver, que claramente había sido mutilado, sino por la idea de que docenas de cadáveres habían sido ultrajados.

¿Esos ladrones no tenían humanidad?

Bella reconoció algunos de los objetos, y supo que procedían de ataúdes que había fabricado su marido, compartimentos ocultos que ella había diseñado.

Su confusión no hizo más que aumentar.

—¿Señora?— La voz de Jasper era áspera, y ella lo miró, erguida una vez más. —No deberíamos quedarnos aquí. ¿Y si vuelve quienquiera que haya estado acampando aquí?

Bella dejó escapar un suspiro apretado. —Que vuelvan esos canallas—, gruñó.

Jasper hizo una mueca de dolor. No serviría de nada dejarla aquí para enfrentarse a lo que inevitablemente sería una pelea, pero tampoco estaba seguro de cómo convencerla para que se marchara.

—¿Ve alguna prueba de su marido, señora?

Bella observó la cañada, su belleza ahora empañada por el secreto que se veía obligada a guardar. Sentía el corazón apretado, asustado, porque la verdad era que, aparte de los artículos que sabía que habían pasado por las manos de su marido en el momento de su entierro, no había nada más aquí que sugiriera que había estado allí.

Sus pistas eran escasas, dispersas y poco fiables.

Pero en su corazón, sabía que había algo más. Había algún tipo de rastro de él, invisible a los ojos, sólo detectable por sus instintos. No podía explicarle a los chicos por qué sabía que Edward había estado aquí; simplemente lo sabía.

—No deberíamos estar aquí cuando vuelvan—, añadió Seth. —Seguro que nos superan en número.

Era un argumento justo, que Bella aceptó a regañadientes. Inspeccionó el terreno una vez más antes de volverse hacia los muchachos que la observaban y esperaban.

—Nos escabulliremos entre los árboles—, decidió. —Seth, cuando viste pasar a la bruja, ¿vino a esta cañada? ¿Estás seguro?

Seth estaba pálido y asintió. —Sí, señora. Estoy seguro.

Había algo allí, algún tipo de pensamiento que ella no podía captar. Se estaba perdiendo algo que tenía delante de sus narices.

—Sólo se ha dejado ver por la noche—, murmuró. —Quizás si volvemos esta noche.

Ambos muchachos parecían petrificados ante la idea, pero ninguno se opuso.

Bella se paseó, rodeando el campamento una vez más, con la esperanza de descubrir cualquier tipo de pistas.

Esta noche, le dijo su mente. Todo se aclarará esta noche.