Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
Capítulo 3
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Refugio de mariposas
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En cuanto terminó de dar las debidas explicaciones de los procesos y medidas de seguridad, Menma se retiró del negocio, esperaría a Tayuya en el auto o la dejaría por su cuenta en caso de que ésta se tardara más.
La Veena se quedaría al cuidado de Shino y Kiba, según recordaba, mientras Sakura arribaba. Prefería irse antes de que esa rosada, en compañía del estúpido de Naruto, llegara y comenzara una escena caótica de la cual gustosamente se apartaría.
Aun así no dejó ver estudiarla, tratar de pensar en cómo redactaría el reporte para dar a conocer su singular caso; Menma comprendía la situación así como la de muchas Veenas que, por azares del destino o voluntariamente, asistían a Paradise para obtener una especie de protección que les mantuviera a salvo de los abusos. Hinata era un caso más, cuya única diferencia radicaba que ella era deseada por Gato más allá que la lujuria que el cuerpo femenino podría ofrecerle.
Las Veenas eran un negocio jugoso en el país. A comparación de una mujer con un apetito sexual normalizado, aquellas que padecían del Síndrome de Exceso de Hormonas lidiaban frecuentemente con un voraz hambre de sexo sin siquiera fatigarse. Eran estimuladas fácilmente y manejadas al antojo de cualquier hijo de puta que estuviera dispuesto a pagar a los proxenetas por tener un rato divertido.
Gato era de las peores escorias en la zona. No era un pez gordo, pero sabía manejar bien el negocio y era casi dueño de todo el territorio y barrios bajos donde las Veenas salían a ofrecer sus servicios. Éste se aprovechaba de las pobres chicas para engañarlas y hacerlas trabajar sin descanso en su club nocturno que servía como prostíbulo.
Él sacó un reporte pendiente guardado en el pequeño compartimiento del auto, se trataba de un caso de drogas circulando por la zona; los principales consumidores eran hombres.
―Rouge Et Noir ―releyó el nombre dado por la gente para identificarlo.
La droga era una especie de fuerte afrodisiaco distribuido en las casas de placeres donde Veenas trabajaban; los proxenetas los vendían como un servicio plus para aumentar el deseo masculino y así lograr satisfacer las exigencias sobrehumanas de las Veenas. Los rumores contaban que podían durar días sin salir del cuarto.
Pero los efectos secundarios conducían del mareo, vomito, escalofríos, fiebre hasta convulsiones violentas. Dos casos fueron anexados al informe con los nombres de las víctimas después de las autopsias.
Tal asunto no formaba parte de las obligaciones de Paradise, ésta era una organización exclusiva para la protección de las Veenas y cualquier otro crimen relacionado a éstas. Seguridad Pública solía pedir los servicios de miembros certificadas para trabajar a modo de incognito y atrapar a sus objetivos a través de sus habilidades. Sin embargo era una participación limitada.
La única razón por la cual Kakashi repartió el informe y los detalles permitidos sobre aquel caso fue porque de algún modo estaba relacionado con Gato, quien presuntamente conocía al principal distribuidor de la droga, la cual se presumía provenía del extranjero. Y ya que Gato era quien lideraba uno de los principales negocios de prostitución de Veenas en la ciudad no se le hacía extraño a Menma tener tal información en sus manos.
Observó detrás del vidrio el negocio de Shino Aburame. Tenía la tarjeta de presentación de éste aun en el abrigo, se recordó hacer una investigación sobre el hombre, no era que él pensara que tuviera la intención de regresar nuevamente a la Veena a Gato, pero los sujetos más amables siempre terminaban siendo tentados por una mujer con exceso de hormonas.
Tayuya entró por el lado del copiloto. Soltó un suspiró de completo alivio y sin pudor alguno acomodaba sus pechos. A él no le dio importancia, estaba acostumbrado a los ademanes de la pelirroja.
―Mi alma descansó ―soltó ella, mirando a su compañero y superior, haciendo notoria su enorme felicidad de no orinarse encima ni tener que pagarle a Anko por la utilería―. De verdad estuve cerca.
―Omite los detalles, gracias ―gruñó Menma, regresando la carpeta del informe adentro del compartimiento. Cerró con llave.
―Hey, no soy una ladrona ―Tayuya se percató de todo e hizo una mueca―. Meses de camarería y me sigues guardando secretos, ¿piensas que voy a robarte, Menma?
―No, solo pongo límites ―encendió el auto sin responderle detalladamente a Tayuya sobre sus hábitos y costumbres―. Mientras te quedes en el asiento del copiloto, sin tocar nada y cerrando esa boca, estaremos bien.
Puso marcha para deslizar el auto por la avenida desocupada, dejando por un momento pensar en las conexiones que la cabeza en automático hilaba sobre Hinata, Gato y el Roug Et Noir.
Daría prioridad al caso de la mujer si con ello lograba matar a dos pájaros de un tiro.
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La vergüenza no la dejó tranquila cuando Shino la condujo hasta la parte superior del negocio; su casa. Quiso rechazar la invitación al considerar que estaría mejor quedándose en la sala de espera, después de todo Sakura no tardaría en llegar. No dudaba de que la médico se encontraba camino hacia el negocio del hombre de gafas oscuras, pero Shino quería hacerla sentir cómoda.
―Pronto este lugar se llenará de mis clientes ―le dijo―. No quiero que ninguno de ellos te incomode.
Hinata no tuvo más excusas para declinar y aceptó la invitación a pasar. Dijo apenas un Lamento las molestias al quitarse las zapatillas, más Shino la detuvo antes de poner un pie adentro.
―Olvidé sacar las pantunflas para invitados ―comentó, entrando él primero―. Espera un momento, iré a buscarlas.
―N-No tiene que tomarse la molestia ―Hinata le detuvo antes de verlo irse a otra habitación, sintiendo que ya estaba siendo una carga por todos los problemas que le estaba ocasionando. Primero le había salvado la vida llevándola con Sakura para curarla y después pagó todos sus gastos sin tener un compromiso con ella; ya había sido suficiente, no podía permitirse que siguiera comportándose tan atento, se sentía mal y presentía que no tendría tiempo ni vida para agradecerle por todo―. E-Estaré bien…
―El piso es frío ―se justificó Shino, mirando a la joven quien mantenía aun la pared de desconfianza; no era que buscara ganarse la plena confianza de ella en un par de horas, pero tampoco quería que se sintiera incómoda todo el tiempo.
Después del interesante suceso en el corredor halló a Hinata más tranquila a cuando ésta entró por primera vez a su negocio acompañada de Gaara; muchas dudas le asaltaron del cómo el pelirrojo se lío con la misma mujer a quien Kiba y él salvaron hacía unas semanas atrás. Imaginó que después de dejarla al cuidado de Sakura Haruno y pagar por sus atenciones nunca volvería a verla.
Pero ella volvió a presentarse. Lógicamente no había nada raro de ello, el mundo solía adoptar el tamaño necesario para que las personas volvieran a encontrarse, tal como a su madre le gustaba decir: el destino obra de maneras misteriosas, a pesar de que él era más de guiarse por la ciencia, la explicación analítica y la lógica, como su progenitor.
―La calefacción ha estado fallando con frecuencia ―dio un ajuste a sus gafas―, no me gustaría que atraparas un resfriado. La doctora Haruno no me lo perdonaría.
―P-Pero…
―No tomará mucho.
Ella se quedó con la boca abierta para decir algo más pero el alto hombre se marchó antes de siquiera idear qué decir. Suspiró sin tener otra alternativa que esperar en la entrada.
El departamento tenía un aroma a limpio. Similar a la sala de espera abajo, Shino-san tenía muchas plantas decorando sus paredes y rincones, hasta se permitió aspirar el aroma a fresco y eso la hizo sentir menos tensa de encontrarse en el lugar del dueño, a solas. Tenía sus sospechas sobre el funcionamiento del líquido que Gaara le aplicó abajo.
―Hasta ahora… No he presentado ningún comportamiento raro ―frotó la zona del brazo donde percibía aun el pinchazo de la aguja, soltando un quejido por sentir la piel sensible―. Puede que haya funcionado ―musitó, sorprendida.
Recordar lo sucedido en el baño nuevamente le hizo sentir toda la cara sonrojada. Estuvo a punto de tener sexo en el baño de uno de sus salvadores. ¡Pero, ¿qué pensaba?! Hinata no había tenido el tiempo para recriminarse por su débil voluntad ya que la pelirroja desconocida los interrumpió, ¡y estaba agradecida de que así hubiera sido!
Pero sobre todo lo estaba con el autocontrol de Gaara.
Saber que él también quedó afectado por sus feromonas la hizo sentir culpable; de verdad esperaba que su problema hubiera sido solucionado rápida y eficazmente.
―No te imagines nada ―detuvo a su mente de recrear escenarios del pelirrojo bajándose el pantalón y lidiando con su problema personal.
Hinata se brindó unas palmadas a sus propias mejillas para sacar de su creativa mente ese tipo de escenas protagonizadas por el pelirrojo de ojos delineados abajo. En todo el tiempo que estuvo en la sala, siendo entrevistada por el agente de Paradise, no vio a Gaara salir del baño y eso le hizo preocuparse un poco, pero después de recibir la llamada de Sakura y tener la certeza de que otra vez volverían a estar juntas disipó cualquier pensamientos dedicado al pelirrojo.
Más ahora, con el silencio que el departamento de Shino le ofrecía, todos esos pensamientos que quedaron pausados volvían a correr.
De verdad confió en un hombre; alguien con la altura y peso más que suficientes para tomarla a la fuerza, aprovechar su estado y someterla entre la puerta del baño y el cuerpo caliente del pelirrojo perdido en su esencia. Ese tipo de pensamientos jamás los consideraría como una buena idea, especialmente del lugar de donde provenía.
Gato y sus secuaces se encargaron de dejarla en una constante alerta ante cualquier movimiento, sobre todo si era de un hombre. Ya no confiaba tan fácilmente porque precisamente aquello fue la raíz de todos sus problemas y actual situación.
No solo se hallaba lejos de su hogar sin tener ninguna comunicación con sus seres queridos, sino también mendigando protección a terceros que no tenía ninguna obligación con ella.
Al menos con Sakura podía pagarle limpiando la cabeza y hacerse cargo de las tareas domésticas, ¿pero a Shino-san y a Kiba-san? Ellos habían pagado mucho por la atención médica que la Haruno le brindó en esas semanas, además de costear los tratamientos que los dos hombres, sin saberlo ella, también cubrían.
¿Cómo les devolvería el dinero con todo e intereses? Dudaba de que en la ciudad alguien quisiera ofrecerle trabajo. Nadie aceptaba a las Veenas para ejercer oficios ordinarios, sino servir como el atractivo perfecto para atraer a turistas a los centros de prostitución.
Todo el mundo sabía la finalidad de una Veena. No tenía utilidad ni función en un mundo exclusivo para personas normales, saludables y que no lidiaban con ningún síntoma que estimulara a su cuerpo por la presencia masculina de otros.
Cuando Kabuto-sensei le ofreció ayudarla para salir de su pueblo natal, como un medio de escape para huir del desprecio que la gente le daría a ella por su condición, Hinata tontamente creyó en cada una de las palabras del médico sin sospechar que éste mantenía negocios con varios proxenetas.
No dejaba de maldecirse por lo ingenuo y estúpida que fue, lo fácil que resultó engañarla, depositar su fe en una persona que solamente le mentía. Hasta ella ayudó a crear toda esa trampa para sí misma, dejando una carta de despedida a Neji-niisan, Hanabi-chan y su querido tío sobre buscar suerte en la capital para ayudar con los gastos del negocio familiar.
Si alguno de sus seres queridos se enteraba a lo que ha estado dedicándose en los últimos meses, estaba segura que estarían decepcionados y avergonzados. Solo agradecía que su progenitor no estuviera vivo para ver todo eso.
―Hinata.
Shino encontró las zapatillas interiores desde hace rato, iba a llamar a Hinata para anunciarlo pero verla tan ensimismada le hizo guardar la distancia. No le culpaba por estar tan pensativa, tenía razones más que suficientes para reflexionar, no obstante pudo ser testigo de los cambios en las expresiones de la mujer; desde el acalorado bochorno, la seriedad, la preocupación y después una tristeza mezclada con enojo.
La cara de Hinata era un espejo que no ocultaba sus pesares ni sentires; nada parecido a él que se escudaba detrás de una expresión calmada, seria y tranquila, incluso aburrida como Kiba gustaba llamarle ocasionalmente. Las gafas eran un mero accesorio pues creía fielmente que los ojos era el principal elemento para que el enemigo supiera sus próximos movimientos.
Tampoco era que Shino Aburame fuera un nombre conocido por esos lares, pero en ocasiones se presentaban un par de cretinos que podían ir a armar escándalo a su negocio y molestar a sus clientes; debía poner orden a veces.
No había sido su intención hacerse ganar cierta fama por poner a varios en su lugar, simplemente defendió lo suyo y la integridad de las personas que acudían a su lugar.
Pero en lo personal Shino no era afín a la violencia contra ningún ser; respetaba la vida de hasta una mosca. Sin embargo creía fielmente en el ideal de proteger a los más débiles.
Tal como Hinata.
Carraspeó un par de veces para hacerse notar pero los pensamientos de la mujer la habían engullido profundamente de ni siquiera notarle; ser ignorado era algo que anteriormente a Shino había herido sus sentimientos al no considerarse destacable para otros, pero con el tiempo había aprendido que aquella maldición se le daba un mejor uso para tomar por sorpresa a malhechores. Aunque no culpaba a Hinata por su ensimismamiento, sabía que no era a propósito.
No importaba que llevara poco tiempo de conocerla, podía intuir que era una buena persona que tuvo mala suerte. Nada más.
Como respuesta a los intentos de Shino atraer la atención de la dueña de orbes aperlados, ésta respingó en su sitio, luciendo desconcertada. A modo de respuesta él izó el par de zapatillas y ella asintió repetidas veces.
―L-Lo siento ―no paraba de disculparse con la pena marcada en su rostro―. N-No lo escuché…
―No hay problema ―Shino restó importancia y colocó las pantuflas cerca de Hinata pero guardando espacio―. Lamento la tardanza.
―Uhm ―negó, no queriendo hacerle sentir mal después de no responderle debidamente; seguramente lució como una tonta por quedarse tan dentro de su mente e ignorando lo que ocurría a sus alrededores―. P-Para nada, la que debe disculparse soy yo…
Entró más al lugar, y aunque en un principio quiso mantener la cabeza gacha para no indagar en la privacidad del tatuador sintió que la tarea se complicó pues el lugar era agradable y lindo. Le sorprendía el equilibrio de colores y las decoraciones; ninguna ocupaba el espacio incorrecto y todo daba la impresión de estar en el lugar que debía estar. No era un enorme departamento pero era el adecuado para que una persona viviera cómodamente e Hinata lo halló hogareño.
―Por favor, toma asiento ―le indicó Shino al apuntar la sala.
―H-Hai.
No había televisión pero si un tocadiscos de buena apariencia. Hinata nunca imaginó ver uno en tales condiciones, con la madera brillante y la impresión de que serviría. Tomó asiento en el lugar más alejado, casi arrinconada, esperando en una posición tensa lo que pasaría a continuación.
―Puedes relajarte, estarás a salvo. Nadie se atreverá a subir ―tranquilizó Shino sin tomar asiento o hacer el ademan de acercarse―. Solo dejaré que la doctora Haruno entre para que tengan un momento de privacidad y discutan que harán a continuación ―con un movimiento de la cabeza Shino señaló la cocineta detrás de él―. Puedes tomarte la libertad de prepararte cualquier bebida y comer lo que desees.
―L-Le agradezco pero insisto en que ya han sido suficientes molestias por hoy ―de inmediato Hinata negó―. N-No quisiera abusar…
―No lo haces ―dijo Shino con sinceridad―. Así que trata de relajarte y sentirte cómoda. Prometo que nada malo te ocurrirá aquí. Ve mi negocio como un refugio temporal.
Se dirigió a la ventana más próxima para abrirla y dejar que el aire fresco de fuera entrara y lograra ventilar no solo sus plantas, sino la caótica mente de la mujer sentada en su sala.
―Si presientes que algo sospechoso esté ocurriendo abajo, trata de saltar por la ventana.
―¿S-Saltar por la ventana?
―Así es ―Shino asintió sin afectarle la sorpresa en Hinata por el inesperado consejo―. Esto te conducirá a la avenida principal donde será más fácil que puedas escapar. Trata de correr cinco cuadras arriba, da vuelta a la derecha y llegarás a un pequeño parque. Cruza el parque y dile a los niños que juegan en los columpios que yo te he mandado, ellos sabrán a dónde llevarte.
Hinata parpadeaba sin entender completamente por qué las indicaciones de escape por parte de Shino, no era como si estuvieran atacándolos en esos momentos; si hasta él había dicho que podría considerar su negocio como un refugio.
―¿D-Debería preocuparme…?
―En lo absoluto, pero me gusta tomar rutas de escape por si las circunstancias lo ameritan ―otro ajuste de sus gafas―. Estar preparado para lo inesperado no viene mal.
Shino se retiró de la ventana y ella no se movió de su sitio, incluso apostaba a que no movería ni un solo músculo hasta que Sakura hiciera acto de presencia y la llevara con ella.
Empero lo dicho por el agente horas antes acerca de cambiar de vivienda la dejó pensando de nuevo. Los hombres de Gato seguramente ya sabían la dirección de Sakura y nada le aseguraba que no irían otra vez buscarla, o peor: a investigar más a fondo a Sakura.
Gato tenía a su mando gente con influencias en la zona para obtener la información de sus objetivos, ésa era una de las razones por las cuales nadie de podía escapar de él. Si veían a una Veena de Gato andar por las calles, éste sería de inmediato contactado.
Los territorios de Gato tenían ojos y oídos. Mucha gente trabajaba para él y así obtener unos cuantos privilegios o protección de otras mafias locales.
Si Gato lo quería, él podía obtener toda la información de la persona en cuestión con un chasquido de dedos. Aunque lo que realmente le asustaba eran esos dos hombres que por poco la llevan con el responsable de hacerle experimentar tan terribles experiencias; nunca les había visto en el club o ser de los que frecuentaban con los negocios de Gato, eran caras nuevas que esperaba nunca volver a toparse.
La manera en la que aquel sujeto de ojos amables pero amenazante aura le había tratado todavía la inquietaba de tan solo recordarle. No poseía la misma silueta amenazante que su compañero de ojos siniestros y aire asesino, más le daba la impresión que también llevaba un largo historial de crímenes si trabajaba para Gato.
―L-Lo tomaré en cuenta ―era lo más inteligente que Hinata tuvo para responder.
Shino pareció satisfecho.
―Eso está mejor ―dijo antes de emprender el camino hacia la salida del departamento―. Antes de retirarme quisiera pedirte un favor.
―¿Uh?
Hinata tembló en su sitio por esa sola frase que escuchó decenas de veces, dirigida a ella, para luego sentir unos brazos intrusos toquetearle a la voluntad del perpetrador del momento que le había pagado a Gato y tener su tiempo a solas con ella. De inmediato se sostuvo de la tela del asiento, rogando por equivocarse y que todo se trataba de su desconfianza. No quería pensar que Shino de verdad actuara como todos los hombres que habían abusado de ella solo por ser diferente al resto.
―Unas amigas suelen visitarme con frecuencia ―comentó él, colocándose los zapatos sin verla.
Ella se puso firme ante esa confesión. ¡Claro que alguien como él no iba a estar solo las 24 horas! Seguramente tenía compañía, era un hombre atractivo, amable y servicial, poniendo a otros por encima de él o sus necesidades.
Cualquier mujer encontraría esas cualidades fascinantes en un hombre.
Como ella.
Sintiéndose abochornada por la dirección de sus irracionales ideas con respecto al físico de Shino y parte de su personalidad que había descubierto en esas interacciones, Hinata decidió dejar para otro momento sus análisis y enfocarse en sus palabras.
―P-Por supuesto, me retiraré si halla mi presencia inadecuada para sus visitas ―era natural que cualquier hombre no se sintiera cómodo de tener a conocidas cerca de una Veena.
Ellas solo tenían importancia en el lugar secreto al que miles de clientes elegían para efectuar sus aventuras.
Más de una vez ella no dejaba de sentirse culpable por cada anillo de bodas que descansaba en el dedo anular del hombre que tenía encima embistiéndole sin descanso, sintiendo el aire de ellos respirarle y escuchar cómo gruñían cuando se venían en su interior, un privilegio para la clientela VIP de Gato que pagaba más por tener tal lujo.
―No me refería a eso ―continuó Shino su explicación con calma―. Sino a las mariposas que gustan descansar en mis macetas.
―¿M-Mariposas? ―cuestionó sorprendida de que en lugar de ser mujeres o amigas del azabache fueran unas simples mariposas.
―Mi negocio se halla en medio de su ruta de emigración, tengo la dicha de verlas cruzar por los cielos y después tomar un breve receso en mis plantas o en las macetas que tengo en el techo.
―¿T-Tiene plantas en su techo?
―Sí, me gusta practicar la jardinería y cultivar mis propios vegetales, suelo ser muy quisquilloso con lo que venden en los supermercados. Además, ahorro un poco ―señaló arriba de ellos, captando la atención de Hinata.
Desde que la vio admirar su Trompeta del Diablo en la recepción intuyó que a la morena le fascinaban las flores. Las veía cómo él lo hacía, así que Hinata seguramente tenía cierto conocimiento sobre jardinería, quizá ambos compartían el mismo pasatiempo.
Shino no era una persona social ni extrovertida como Kiba. Prefería quedarse al margen de la mayoría de las situaciones o ser él quien salvaba a Kiba de cometer una idiotez por impulsividad. Le costaba encontrar buenos camaradas. Seguía siendo un milagro que Kiba le soportara, pues no todo el mundo era tolerante a sus explicaciones detalladas sobre ciertos comportamientos o su escaso sentido del humor. O su extenso silencio en la mayoría de las conversaciones que siempre hacían exasperar a Kiba y hacerle sentir que estaba dialogando consigo mismo. Pero entre ambos había un equilibrio que les unía a pesar de sus enormes diferencias.
A Kiba le gustaba hablar demasiado y a él escuchar.
―Tiene muchos talentos ―expresó Hinata sin que Shino esperara aquel comentario.
Quedó ligeramente sorprendido por la elección de tan singulares palabras para describir sus pasatiempos; la mayoría hallaría su profesión actual y hobby como extraños. Incluso Kiba lo pensaba a veces.
Pero ella no.
―A-Ah, con respecto al favor que me pidió…
―Cierto ―Shino se obligó a regresar al presente, no a indagar en otros temas―. Solo procura mantener la ventana abierta para que ellas entren y se alimenten. Se irá solas, solo cuida que ninguna quede adentro, no me gustaría hacer a ninguna mariposa prisionera.
―H-Hai ―era extraña la petición pero seguramente lo que le parecía aún más extraño era la preocupación de Shino con respecto a las mariposas.
Shino no añadió más indicaciones al suponer que no eran difícil de seguir, por lo que tomó la perilla de la puerta para regresar a sus asuntos. Abajo seguramente ya le esperaban sus citas agendadas. Ya era más de mediodía, Konan ya debería estar en su puesto, ahora debía regresar él o levantaría sospechas.
―De verdad espero que te sientas protegida, Hinata ―le hizo saber a la joven sin siquiera voltearle a ver, dejándole espacio suficiente para que viera su casa como un refugio.
Y a él como una persona en quien confiar, al menos hasta que Sakura llegase.
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Después de escuchar la puerta ser cerrada y rodearse de otro momento de silencio, Hinata repitió nuevamente las últimas palabras que Shino le dijo antes de salir. Respiró con tranquilidad, tocándose el pecho para calmar el latir apresurado de su corazón. No era miedo, sino también nerviosismo de cómo se desarrollarían las cosas. Iba a esperar a Sakura como él se lo indicó e incluso repasó las instrucciones de escape si lo requería, aunque personalmente deseaba que aquello no llegase a ocurrir.
No quería ser perseguida por segunda vez en el día. Dudaba de que otra persona estuviera dispuesta a hacerle el favor de salvarla a cambio de un apretón gratis a uno de sus senos…
―¿En qué estaba pensando cuando dije eso?
Escondió la cabeza entre sus rodillas por el recuerdo tan vivido de su primer encuentro con Gaara; definitivamente una fuerte impresión que le dejaría de por vida al pelirrojo, aunque por la manera en que éste reaccionó, con tanta naturalidad, le decía a Hinata que quizá a él se le olvidaría más pronto de lo que a ella.
Siempre tenía el mal hábito de guardar los peores y más vergonzosos sucesos para siempre en su cajita personal, saliendo éstos al exterior en los momentos menos agradables que le hacían arrepentirse de muchas cosas.
Pero el instinto de supervivencia había guiado a Hinata a hacer tales cosas que ni cuerda haría. Era probar su suerte o quedarse resignada a volver a las garras de Gato.
Miró el reloj cercano. Ya era mediodía y el estómago le hizo ruido. Era cierto, no había probado bocado desde que la secuestraron. Observó la cocineta que Shino le dio permiso de explorar y de incluso tomar cualquier aperitivo que ella desease. Hinata lo hallaba grosero, especialmente si el dueño de la casa no se hallaba presente. Pero el hambre era más fuerte por lo que no pudo evitar encaminarse.
―Solo un vaso con agua ―se dijo, buscando no solo convencerse a sí misma sino también al hambre que padecía, sacando un vaso y abrir el grifo.
Por más vasos de agua que consumiera el apetito no desaparecía, orillándola a ver con deseo el refrigerador. Sí, tenía el permiso de Shino de servirse lo que quisiera pero seguía insistiendo que no era correcto. Podía ser fuerte y esperar a que Sakura llegara, pero desconocía cuánto tardaría la médico en llegar. Además todavía faltaba discutir varias cosas, como la posibilidad de tener que encontrar otro sitio donde vivir o que Sakura tendría que cambiar su consultorio a otro lado.
La idea de darle un giro tan drástico a la vida de Sakura, la primera amiga que tenía en meses, no le gustó. No quería que nadie se viera afectado por su culpa.
Escuchó algo caer al suelo cuando se abrazó para darse calor por el repentino frío que padeció, topándose con la tarjeta de presentación de Menma Uzumaki, el agente de Paradise.
―¿Paradise, eh?
No había mucha información salvo el nombre de lo que parecía ser una organización. En todo el tiempo que Hinata había estado en Tokio jamás escuchó sobre tal grupo. Le resultaba extraño que alguien quisiera proteger a las Veenas sin esperar un pago a cambio.
Aunque tampoco era como si ella hubiera tenido acceso a la libertad durante los meses que estuvo oculta en el sótano de Gato, dando felatios y gimiendo contra las almohadas.
―Puede que en el mundo aun haya gente buena que quiera ayudar ―se dijo después de pensar un poco.
Motas de colores fugaces se aparecieron en su campo de visión, encontrándose con ejemplares distintos de mariposas acomodándose en los pétalos de las flores que Shino tenía cerca. Eran muchas y tan coloridas. Nunca se había imaginado que pudieran existir tantas.
Luego se giró e Hinata abrió los ojos con sorpresa de no solo ver la mayoría de las macetas infestadas con mariposas aletear, sino también vislumbrar cerca de la ventana a un par de colibríes.
Eso le hizo recordar a la sensación de hallarse en el jardín de sus padres, el cómo el aire le acariciaba las mejillas, el pasto hacerle cosquillas en los pies y sentir los rayos cálidos y agradables del Sol rozarle la piel al acostarse en la hamaca que su padre y tío habían colgado para ellos…
Hinata sonrió un poco por el recuerdo, era el más dulce que había tenido recientemente.
―Esto es como un refugio… ―murmuró al observar la escena en frente de ella, la confianza de las mariposas de entrar a una habitación de la cual no sabían si saldrían vivas o serían convertidas en prisioneras para el deleite de otros.
Envidiaba eso, el confiar con tanta facilidad y dejarse cuidar sin preocuparse tanto de que alguien la traicionara y solo buscara el placer que su cuerpo prometía brindar.
