-Muy bien. -Senkuu comentó, ordenando sus papeles por quinta vez, mientras mantenía la vista fija en la tecla de la letra "T", pensando que quizás, mirándola, podría controlar su nerviosismo.

-Muy bien. -Kohaku repitió, sentada en diagonal a él en la pequeña mesa de la cocina, con un vaso de coca cola en su mano izquierda.

-Te contaré en qué consiste el proyecto. -enunció el peliverde, sabiendo que era la segunda vez que lo decía.

Kohaku, obviamente, se veía confundida. Había estado varios minutos sentada en la misma posición luego de que Senkuu le pidiese ayuda; cruzando y descruzando las piernas mientras esperaba a que su amigo le dijese algo.

-¿Estás bien, Senkuu? -preguntó, en el momento en que el aludido ordenó sus papeles una sexta vez.

-Perfecto.

Senkuu inhaló profundamente. Kohaku acababa de salir de la ducha del departamento que compartían y que ella le arrendaba a Byakuya para ahorrar gastos en la universidad, por lo que aún se sentía el olor a mandarina del jabón y a arándanos del shampoo que ella usaba. Estaba vestida en una camiseta grande y pantalones cortos, descalza, ignorando completamente lo que Senkuu le estaba por preguntar.

-Bueno, el proyecto que me asignaron sin que tuviese posibilidad de pedir un cambio consta en el desarrollo de una aplicación, que funcione como una especie de red social también, en la que estarían interactuando los estudiantes de la Universidad…

-Senkuu… -Kohaku lo interrumpió, rodando los ojos. -Dime, ¿ya? ¿Qué tan terrible puede ser?

La rubia le regaló esa mirada al peliverde que transmitía que todo estaría bien, y que siempre podría confiar en ella.

Senkuu suspiró exageradamente, usando su mano libre para rascarse la barbilla. -Es sobre vida sexual y esas cosas.

-¿Esas cosas? -Kohaku arqueó sus cejas. -¿Qué cosas exactamente?

-Placer femenino. -el peliverde musitó.

Kohaku se echó para atrás en su silla, cruzando sus brazos sobre su pecho. Pareció ser mucho tiempo entre que Senkuu habló y ella procesó la información.

-¿Y para qué me necesitas? -la rubia tomó un sorbo de su bebida.

-Solo… hacerte algunas preguntas. -Senkuu continuó. -De tu experiencia, principalmente. Y solo si quieres.

Kohaku asintió, lentamente, tomando otro sorbo.

-Bien. Voy a necesitar algo más fuerte. -decidió repentinamente, parándose de un brinco para traer otro vaso y una botella de ron que llevaba más de un año en la despensa.

-¿De verdad? No tienes por qué hacerlo…

-Está bien. Ya me comprometí. Además, ¿hace cuánto nos conocemos?

Ocho años. Senkuu respondió para sí mismo, observando a Kohaku combinar ron con coca cola y hacerle un vaso a él de paso. Era casi la única amiga mujer que tenía, y la más cercana. Era solo lógico que le pidiese ayuda. Además, ya era sexualmente activa, por lo que tendría cosas importantes que aportar a su proyecto.

Sin embargo, preguntas como "¿Cómo alcanzas el orgasmo?" o "¿Alguna pareja sexual ha logrado complacerte?" lo tenían pensando de maneras distintas a las usuales; imaginando a su amiga tocándose en su pequeña habitación hasta el éxtasis o enredada con alguno de esos tipos grandes y musculosos. Y eso no estaba bien. No podía, como investigador ni como amigo, estar pensando en esas cosas. Sobre todo, cuando le causaban una vergonzosa molestia en el pantalón.

Senkuu no era idiota. Sabía que su amiga era bellísima y que mucha gente pensaba lo mismo. Había escuchado a amigos o a conocidos hablar de ella con admiración y lascivia. Conocía lo bien que se veía en bikini. Y comprendía, también, que estaba lejos de su alcance.

Por eso la había rechazado la vez que le confesó su amor, hacía ocho años. Por eso se guardaba los celos cuando la veía salir con otros tipos. Y también, por esa razón evitaba reflexionar sobre sus sentimientos hacia ella, que interferían ya en su poca vida social y salud mental, y que probablemente ya no eran correspondidos.

El peliverde carraspeó antes de enunciar la primera pregunta.


-¿A qué edad comenzaste tu vida sexual? ¿Cómo fue la experiencia?

Kohaku bebió de su bebida cargada de ron, tragando rápidamente. ¿Por qué había accedido a esto? Senkuu se veía completamente serio en ese momento, mientras ella sentía que se derretía en su propio asiento. ¿Por qué se lo había pedido a ella? No era cómodo hablar sobre su vida sexual con el mismo hombre que alguna vez la había rechazado, aunque de eso hubiesen pasado ocho años.

-A los diecisiete. Fue… no fue muy divertido, la verdad. No lo disfruté, al menos. O no como esperaba. Te dicen que es algo genial, y que se pasa muy bien, pero para mí no fue así.

Kohaku recordó fugazmente cuando Mozu le corrió mano bajo la falda la primera vez que salieron en una cita, y lo poco delicado que fue la primera vez, estando solos en su casa, dejándola adolorida por días mientras insistía en hacerlo nuevamente.

Nuevamente, bebió otro sorbo, y notó que Senkuu también había bebido del suyo. Probablemente, él sabía con quien Kohaku había tenido su primera vez, así como ella sabía que él aún no lo había hecho. Era lo normal; eran mejores amigos, después de todo.

-¿Qué cambiarías de esa experiencia?

-A la persona. Sí. No fue para nada bueno conmigo…

Mozu la había engañado a los meses de comenzar a salir, y había llorado por eso con Ruri y Yuzuriha. Senkuu, en esa época, solo se había limitado a ignorar completamente el tema y, de alguna forma, gracias a eso y a todo el trabajo que le mandaba a hacer, había logrado olvidarlo.

-Y también habría esperado más para tener mi primera experiencia, probablemente. Saber qué quería y con quién… -continuó luego de unos segundos, en que el peliverde tomaba nota.

Kohaku siempre había pensado que su primera vez sería con Senkuu; que ambos, inexperimentados, podrían explorar esa parte de sus vidas juntos. Lo imaginaba recostado a su lado, tocándola suavemente mientras le aseguraba que lo pasaría bien; que él podría darle lo que ella quería. La rubia cerró los ojos con fuerza al tomar otro sorbo de su vaso y terminarlo.

-¿Te gustaría que hubiese existido una herramienta para guiarte en el comienzo de tu vida sexual? Para conocer otras experiencias, o cosas que te hubiese gustado hacer.

-Sí, habría sido muy útil. -Kohaku replicó, y sonrió cuando Senkuu pareció emocionarse y escribir algo en su computadora.

Siempre le había gustado Senkuu. Algo que le gustaba de él, eran sus manos. Kohaku las había imaginado unas cuantas veces alrededor de su cintura, en su cuello, o diligentemente tocándola, con los nudillos hundidos en su interior. Así lo había hecho con Hyoga, una vez que salieron, y lo había pasado bien esa vez. Pero sabía que había algo que faltaba en ese momento y no tenía nada que ver con él.

Senkuu carraspeó, sacando a Kohaku de sus divagaciones.

-¿Alguna pareja sexual ha logrado complacerte? -el peliverde preguntó, y la rubia notó que su vaso estaba también vacío.

De inmediato, les sirvió ron a ambos y tomó un poco, respirando hondo.

-N-no. No realmente. Nunca he tenido un orgasmo gracias a otra persona.

Kohaku observó a Senkuu rascarse el cuello un rato, como hacía cuando pensaba obsesivamente en algo. Había estado intentando no mirarlo a la cara por vergüenza, por lo que no había notado el tinte rojo de sus mejillas y cómo sus ojos se veían extrañamente más oscuros de lo normal.

-¿Podrías decirme cómo…? -el peliverde la miró brevemente. -¿Cómo lo haces para llegar al orgasmo? -su voz, agravada, fue música para los oídos de Kohaku.

Mierda, ¿de verdad tenía que responder a eso? No, claro que no. Senkuu le había dicho desde el principio que no estaba obligada a nada. Kohaku tragó saliva y sintió una corriente eléctrica recorrerla de pies a cabeza cuando la pierna de Senkuu rozó ligeramente (¿accidentalmente?) con la de ella.

-B-bueno… lo primero de todo es ponerme a imaginar… cosas… -la rubia comenzó, golpeando su vaso con los dedos rápidamente. -La verdad es que no me gusta buscar en internet… S-soy más bien de leer.

Senkuu asintió lentamente, manteniendo su vista conectada con la de ella.

-Luego… uso mis… ah… -Kohaku carraspeó. -Uso mis manos…

La rubia se mordió inconscientemente los labios cuando Senkuu entrelazó sus dedos, sin entender si quería molestarla o estaba simplemente acomodándose. Respiró hondo, sintiendo claramente el calor de su cuerpo concentrarse en su sexo, e intentado aplacarlo cruzándose de piernas.

-No es necesario que respondas más si no te sientes cómoda. -el científico aseguró, con la voz rasposa.

-Lo siento. -la rubia balbuceó, aturdida con la gravedad de la voz masculina.

Y es que, usualmente, pensaba en los largos y callosos dedos de Senkuu acariciando su cuello, pinchando sus pezones, colándose por sus bragas y estimulando su clítoris como le gustaba. Y luego lo imaginaba hundiéndose en ella rápidamente para cogérsela con desesperación.

-Puedes mostrarme. -Senkuu murmuró, casi inaudible.

Kohaku lo miró dos veces, pensando que quizás había imaginado lo que había dicho. Pero la forma en que él también parecía sorprendido; mirándola como si hubiese sido descubierto haciendo algo malo, le decía que no. Realmente le había propuesto eso.

-Está bien. -musitó Kohaku, levantándose de su silla lentamente, para apoyar su trasero en la pequeña mesa de la cocina.

No sabía qué estaba haciendo. Su corazón parecía latir fuera de su pecho, entrando en pánico en cuanto más demoraba Senkuu en hacer o decir algo.

Luego de unos segundos que parecieron eternos, Senkuu se colocó de pie frente a ella. Tenía las manos a cada lado de su cuerpo y los ojos aún fijos en el movimiento de las manos de ajenas.

Era un interés científico, ¿no?

Kohaku tragó saliva antes de guiar su mano derecha lentamente hacia su propia mejilla, y tembló notoriamente cuando se percató de la atenta mirada de Senkuu; con los ojos ennegrecidos y una expresión que jamás le había visto. Sentía como si el mundo súbitamente se hubiese detenido y ellos eran los únicos en movimiento; desafiándose implícitamente a algo desconocido. Y Kohaku solo pudo aceptar la petición bajando su mano lentamente hacia su cuello, y luego hacia uno de sus pechos, apretando como a ella le gustaba una de sus zonas más sensibles.

La mujer sintió su interior contraerse cuando escuchó el leve gruñido de Senkuu, y apoyó su mano izquierda en la mesa, mientras que con la otra recorrió su pierna suavemente; llevándola a la pretina de su pantalón para desabotonarlo. Gimió levemente cuando coló la mano por sus bragas ante la siempre analítica mirada del peliverde.

-¿No te quitas los pantalones antes? -el peliverde murmuró, ocupando una de sus manos en rascarse la nuca, mientras la otra estaba empuñada.

Kohaku asintió, poniéndose de pie para bajarse la ropa, hasta quedar desnuda desde las caderas hacia abajo. Aún no entendía por qué, pero haría todo lo que Senkuu quisiera.

Estaba completamente húmeda. La mesa helada la hizo temblar cuando volvió a sentarse en ella y sabía a ciencia cierta que sus pezones erguidos habían comenzado a notarse a través de la camiseta, rozando satisfactoriamente.

Comenzó a tocarse lentamente; rozando de vez en cuando su clítoris mientras recorría su vulva de arriba hacia abajo. Se había rasurado unos días atrás, por lo que conocía lo explícito de su sexo ante la mirada atenta del científico, así como del sonido húmedo que se provocaba al meter sus dedos discretamente en su interior acompañado de un gemido algo más sonoro.

-¿Siempre estás así de húmeda, Leona? -Senkuu gruñó; su voz distante debido a la neblina en la cabeza de Kohaku provocada por la excitación que sentía.

-N-no. -confesó la rubia, entrecerrando los ojos. El sobrenombre la hizo arquearse involuntariamente, buscando un contacto inexistente. -Es por ti, Senkuu.

El hombre tarareó una canción desconocida, con la voz agravada. Kohaku se mordió los labios al escucharlo y comenzó a estimular con más frecuencia su clítoris, sin querer subir los decibeles de su voz. Mierda… estaba a punto de…

-¿Puedo intentarlo? -Senkuu elaboró apresuradamente, sobre el oído de Kohaku.

No sabía en qué momento había avanzado, pero podía sentir su presencia abrumadora alrededor de ella cuando asintió efusivamente.

La joven observó, abstraída, al científico atentamente arremangarse la camisa, para quitar la mano de Kohaku de su lugar, y reemplazarla con la de él. Solo esa acción hizo a la rubia estremecerse completa y no aguantar ni un minuto para correrse alrededor de la yema de los dedos de Senkuu.

-Ah, Senkuu… -se quejó. -Mierda. Lo siento.

-Está bien. Hagámoslo de nuevo. -el peliverde propuso, mirándola fijamente a los ojos.

Cuando Kohaku lo besó, Senkuu ya se había inclinado hacia ella para reciprocarla. Se había colocado entre sus piernas y juraría que se desmayaría si no fuese por los brazos de Senkuu rodeándola para mantenerla en su lugar. La rubia gimió sobre la boca del peliverde cuando este deslizó su lengua dentro de su boca, buscando la de ella frenéticamente cuando sus cuerpos se acercaron hasta tocarse.

Podía sentirlo, duro, en su abdomen. Y aún así, Senkuu ignoró su propia excitación cuando se separó de ella brevemente para subirle la camiseta por los brazos y comenzó a besarle el cuello mientras Kohaku intentaba, torpemente, quitarle la camisa.

Kohaku estaba completamente desnuda y Senkuu completamente vestido cuando comenzó a recorrerla con las manos y la boca, trazando el camino que ella misma le había mostrado antes, deteniéndose en sus pechos para apretarlos y rodear con su lengua sus pezones sensibles, haciéndola brincar. Ningún hombre la había llevado al orgasmo antes y Senkuu había aceptado el desafío. Diligentemente, siguió las instrucciones, recorriendo lentamente su sexo con los dedos, haciendo una presión ligera sobre su clítoris y, una vez que ella comenzó a retorcerse, agregó más fuerza. Lo único que hizo distinto fue efectivamente incrustarle los dedos hasta los nudillos, y sacarle unos cuantos gemidos desairados al llevarla al orgasmo acariciando su punto G al mismo tiempo que su clítoris.

Kohaku se deshizo en los brazos de Senkuu, apoyándose en su delgada pero firme figura mientras temblaba con los efectos posteriores del orgasmo.

-¿Estuvo bien, leona? -preguntó el peliverde con la boca pegada en su cuello, y las manos acariciándole suavemente las caderas.

Maldito bastardo. Tenía que siempre ser bueno en todo. Kohaku jadeó cuando volvió a acariciar uno de sus pezones, y gruñó con falsa molestia antes de tomar la decisión de volver a acercarlo a ella por el cinturón y besarlo con fuerza; deslizando su lengua por la boca ajena y mordiéndole los labios hasta quitarle el aire.

-No es suficiente. -la rubia murmuró, despegándose de él, mientras con sus manos deshizo rápidamente el cinturón de Senkuu, así como los botones de su pantalón.

Kohaku sonrió para sus adentros cuando sintió a Senkuu temblar. La tienda de sus pantalones era evidente y completamente sensible a ella. Bastaba con rozarlo con la yema de los dedos para escucharlo gemir.

Y era grande.

Kohaku lo había imaginado alguna vez, por la forma en que a veces se le marcaba el pantalón. A veces, se imaginaba montándolo por encima de la ropa cuando lo pillaba sentado en su escritorio.

Senkuu hizo un sonido gutural cuando la rubia lo liberó de su ropa interior y se quedó mirándolo por unos segundos, antes de recorrerlo con los dedos con una suavidad que lo hizo empujar las caderas hacia ella.

Pensó que, si tuviese el tiempo, le gustaría arrodillarse frente a Senkuu y chupárselo hasta hacerlo correrse en su boca; pero por ahora se había obsesionado con la idea de tenerlo dentro suyo. Así que Kohaku lo empujó indecorosamente hacia la silla en la que estaba sentado antes y se sentó sobre él, colocando sus piernas a cada lado de su figura.

Ambos jadearon cuando la joven se deslizó lentamente por la erección del científico hasta que su punta estuvo en la entrada, amenazando con entrar y estar irrevocablemente hundido en ella.

Todo había comenzado con una aparentemente inocente entrevista. Kohaku no se imaginaba que minutos después estarían en esa posición. Pero las cosas se habían dado de esta manera de un momento para otro y, esta vez, nada parecía detenerlos.

Ambos estaban solteros. Ambos estaban deseosos. Kohaku estaría loca de dejar pasar una oportunidad así con quien siempre quiso.

Pero la idea de que, quizás, para él no era algo tan importante como para ella, se clavó en su mente de un momento para otro, haciéndola detenerse.

Kohaku apoyó la cabeza en el hombro de Senkuu, en blanco. El peliverde abrazó su cintura y acarició su espalda, reverentemente.

-Me estás volviendo un hombre ilógico, Kohaku. -Senkuu comentó, suavemente.

¿Sabía acaso lo que la detenía? La rubia se aferró un poco más a él, sintiendo su corazón latir erráticamente.

-Por más que quiero hacer esto contigo, y mi cuerpo está completamente listo para ti, no puedo hacerlo si no estoy seguro de que esto es lo que quieres también.

-¿Y qué quieres tú, Senkuu? -Kohaku lo miró de reojo, curiosa.

-Todo. -rio levemente. -Tu sonrisa, tu atención, tu cuerpo, tu forma de ser, tu presencia…

-Jamás te tomé por un bastardo romántico… -Kohaku lo interrumpió, antes de juntar sus labios nuevamente, y volver a recorrer la longitud de su sexo. -Pero… sí… soy tuya, Senkuu. -murmuró sobre los labios ajenos, dejando que el glande del peliverde besase su entrada. -No he dejado de serlo, en realidad.

Senkuu maldijo en voz baja cuando Kohaku comenzó a hundirlo en ella, y sintió cómo el mundo se reducía drásticamente a este momento; a sus labios enrojecidos por sus besos, sus ojos turquesa ennegrecidos, su cabello con olor a arándanos, y su interior, húmedo y caliente, recibiéndolo como un estrecho abrazo. Sin poder hacer mucho, el peliverde se aferró a las caderas de la rubia, y besó lánguidamente su cuello, intentando ocuparse en otro pensamiento que no fuese lo bien que se sentía y en lo poco que duraría así.

Ambos soltaron un suspiro cuando Senkuu desapareció finalmente dentro de ella. Rodeándola por la cintura mientras Kohaku enredaba sus dedos en el pelo del científico, este se dedicó a escuchar el latir del corazón de su amiga. Y cuando ella comenzó a mover sus caderas en círculos, y de arriba hacia abajo, intentó focalizarse en su respiración, moviendo sus caderas también al ritmo de ella.

-Lo haces muy bien. -Senkuu comentó, gravemente, y provocó inmediatamente que Kohaku se contrajera alrededor de él.

-Senkuu… -la rubia gimió, cuando el peliverde dibujó un chupón en su cuello.

Sabía que no podría durar mucho más. No con la enérgica e hipnotizante forma en que Kohaku estaba moviéndose. Senkuu hizo todo dentro de lo posible por contenerse, y tocarla de manera suave donde más le provocaba placer. Cuando llegó a su botón nervioso, sin embargo, la rubia comenzó a contraerse con mayor fuerza, llevándolo vertiginosamente a su clímax.

-Leona, voy a… -advirtió, colocando ambas manos en las caderas de la rubia para intentar despegarse de ella.

Pero no hubo caso. Kohaku se aferró a él como si de eso dependiera su vida y comenzó a temblar con otro orgasmo mientras lo succionaba dentro de ella, haciéndolo eyacular sin remedio como un maldito adolescente. Ni siquiera pudo preocuparse lo suficiente como para dejar de mover sus caderas y prolongar su propio orgasmo, llenándola avariciosamente de su semilla.

-Mierda, Kohaku. Mierda. Lo siento mucho. -balbuceó Senkuu, solo para ser callado con un desastroso beso de Kohaku, quien le mordió los labios.

-Está bien. Estoy protegida. -lo calmó, antes de apoyar su cabeza, rendida, en el hombro de Senkuu.


Senkuu se mantuvo de pie, con los brazos cruzados, frente a su profesor. Le había pedido quedarse para hablar con él sobre su trabajo.

-¿Y bien? -Senkuu insistió, jugueteando con sus propias manos una vez que el profesor se colocó sus lentes.

-Solo quería felicitarte por tu trabajo. Es muy interesante y detallado. Creo que fácilmente podríamos difundir esta aplicación para los estudiantes del campus, e incluso expandirla. -el profesor sonrió, sinceramente.

Senkuu sintió un extraño orgullo surgir en él.

-Bueno. El crédito no es solo mío. -sonrió ampliamente. -Mi novia me colaboró bastante.

Ante esto, las mejillas del profesor se tiñeron de rosa.

-Ah… bueno. Pues consulte con ella primero y de ahí vemos cómo seguimos con este proyecto.