Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Advertencias: Omegaverse, Mpreg, lactancia masculina, yaoi, angst, Sasunaru, leve Gaanaru, menciones de guerra, dolor y sufrimiento, matrimonio sin infidelidades…

Dedicada a Norilucas, por siempre estarme oyendo parlotear sobre nuevas ideas de fics que no han visto la luz del día y por seguir animándome a escribir 😊

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Noches de lluvia, días de sol

9

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Gaara se encontró a sí mismo tocando la puerta de la casa de Naruto a primera hora de la mañana. Ni siquiera lo pensó.

Esta sería la hora en que normalmente Naruto saldría a trabajar, pero no había señales de él por ninguna parte. Gaara solo… quería asegurarse de que estuviera bien. Era el único amigo que tenía en este lugar, la única persona con la que se relacionaba, así que lo menos que podía hacer, luego de toda la amabilidad que el rubio le había ofrecido, era asegurarse de que se encontraba bien.

Cuál fue su sorpresa cuando, al abrirse la puerta, Naruto se encontraba ahí, con sus ojos azules opacados por el cansancio y un pequeño recién nacido en brazos.

… Oh.

Entonces ese había sido el bulto que lo había visto cargar la noche anterior.

— ¿Gaara? —murmuró el rubio, algo confundido y con la voz rasposa. No debía haber dormido mucho la noche anterior.

—Lo siento. —se disculpó el alfa inmediatamente, dándose cuenta de que había llegado en un momento inoportuno. —Lamento molestar. Solo quería saber si todo estaba bien. No estuviste varios días, así que…

Comprensión iluminó el rostro del rubio.

— ¡Oh! Perdóname, no fue mi intención preocuparte. —se apresuró a decir, mostrándose algo apenado. —Tuve un par de días algo ajetreados. —rio con suavidad, pero no pudo evitar el bostezo que salió de su boca.

Gaara no contestó por un segundo, desviando su mirada al bebé que se removía un poco entre los brazos del rubio.

—Felicitaciones. —fue todo lo que se le ocurrió decir.

Naruto le ofreció una sonrisa cansada pero genuina e, inconscientemente, atrajo más a su bebé contra su pecho con cariño. Lucía agotado, pero feliz, de algún modo.

—Gracias. Pero estoy muerto, apenas he podido pegar un ojo en estos días, de veras.

Era de suponerse. No hacía ni falta que se lo dijera, considerando su aspecto actual. Desgraciadamente, en estas circunstancias, no había nada que Gaara pudiera hacer para ayudarlo un poco, como antes. O al menos nada que se le ocurriera por el momento.

—Entiendo. Te dejaré descansar. —dijo entonces con toda la intención de retirarse. Ya había logrado calmar su ansiedad al asegurarse de que el rubio se encontraba a salvo, así que no tenía nada más que hacer ahí. Sin embargo, la voz de Naruto lo detuvo.

—Oh, ¿estás seguro? Puedes quedarte un rato si quieres. Aunque tengo la casa hecha un desastre, así que lo siento de antemano.

Gaara debería decir que no. Debería simplemente darse la vuelta y marcharse. Estar allí, con Naruto y su bebé recién nacido, no le correspondía. Esta no era una invitación como agradecimiento por ayudarlo con algo, como las veces anteriores. Gaara no debería estar ahí.

—... Está bien.

Ese día el pelirrojo se dio cuenta de que estas emociones, estos sentimientos, eran algo con lo que debía ser cuidadoso. No pudo negarse, a pesar de que lo único lógico y razonable hubiera sido hacerlo.

¿Qué estaba ocurriendo con él?


Conforme pasaban los meses, Gaara se fue acostumbrando a la compañía tanto de Naruto como de la niña. Porque sí, resulta que el bebé era una niña, y luego de pasar un par de semanas sin nombre, Naruto había decidido llamarla Nozomi. Cuando el pelirrojo le preguntó por qué se había decidido por ese nombre, Naruto le había sonreído con algo de nostalgia.

—En una de sus cartas, Sasuke me dijo que la esperanza de poder regresar y conocer a nuestra hija era lo que le hacía continuar luchando, así que quise reflejar sus sentimientos en ella.

"Nozomi" era un nombre bastante común, pero era el significado lo que lo había llevado a decidirse por él. Esperanza. No solo la de su esposo, sino la del propio Naruto también.

Gaara no le había hecho ningún comentario, pero su estómago se contrajo cuando escuchó a Naruto hablar de su esposo. No era algo nuevo, el rubio lo hacía todo el tiempo, pero Gaara estaba descubriendo poco a poco que cada vez le gustaba menos escucharlo. Y eso… eso era peligroso.

Ahora que Naruto no estaba trabajando para poder cuidar a su hija, ya que no podía permitirse contratar a alguien que la cuidara por él, y ya que Gaara también permanecía en casa todo el día, el que se relacionaran más fue inevitable.

Para distraerse un poco y, de paso, ayudar como pudiera a Naruto, comenzó a ayudarlo con el jardín. El rubio pasaba tan atareado ocupándose de su hija todo el día que la falta de atención a las plantas era notoria. Y, ya que no era una molestia y Gaara estaba trabajando en su propio jardín, decidió echarle una mano. Esto resultó en Gaara atendiendo el jardín de Naruto unas dos veces por semana y, por consecuencia, que el rubio lo invitara a tomar o comer algo como agradecimiento.

Gaara ya hace mucho tiempo había dejado de intentar resistirse y simplemente aceptaba cada vez. Pronto Naruto ya lo consideraba como su mejor amigo, y Gaara se sentía temeroso de nombrar los sentimientos que comenzaban a aflorar en él.

Se había acostumbrado tanto a la presencia de Naruto y de su hija, que sus sentidos se relajaban cada vez que estaban cerca. Notó cómo pronto comenzó a contar las horas para volver a ver al rubio, aunque este viviera a tan solo unos metros de distancia.

Cada vez que escuchaba a Naruto mencionar el nombre de su esposo, sentía la envidia burbujear en su interior. Cuando le pidió el favor de ayudarlo a tomarle una foto a su hija para poder enviársela por correo, mientras le contaba lo que le había dicho en su última carta, celos brotaron en su pecho. Se dio cuenta de que quería que Naruto hablara de él de esa manera, lo mirara a él con la añoranza que reflejaban sus ojos cada vez que una nueva carta llegaba. No conocía al tal Sasuke, pero se encontró a sí mismo queriendo ocupar su lugar.

Y todo eso lo aterró.

¿Qué estaba haciendo? ¿Se había vuelto loco?

No podía tener esa clase de sentimientos, y menos con respecto a un omega que ya estaba casado e incluso tenía una hija con su esposo.

Pero…

Pero alejarse ahora, cuando la presencia de Naruto en su vida le había otorgado tanto…

Suspirando, se asomó a la ventana. Desde ahí, podía ver el patio de la casa de Naruto, y cómo este animaba a la pequeña Nozomi, de ya casi un año de edad, a caminar hacia él.

La niña tenía el cabello y los ojos negros de su padre alfa, pero la alegría y la actitud de su padre omega.

No, no podía renunciar a esto. Al menos no aún. Solo quería poder sentir esta calidez un poco más… Solo un poco más…

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N/A: Resulta que estaba más enferma de lo que pensé y tuve que pasar un par de semanas en el hospital hace poco más de un mes, y todavía no estoy recuperada jajaja Así que vamos a ver en qué resulta todo esto.

Mientras tanto, aquí tienen otro capítulo, corto como los anteriores, pero es mejor que nada XD

Saludos :)