Hola! Voy a publicar un único capítulo de la serie "momentos furtivos" que sirve de final.. En su momento, escribí unos cuantos más, pero nunca lo terminé y no sé si ahora sería capaz de retomar el hilo. En cualquier caso, he decidido rescatar al menos éste para vosotros, espero que os guste.

Gracias por leer.

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CAPÍTULO 1

Ian Doyle había muerto, Declan estaba a salvo y ella había regresado, al menos al mundo de los vivos. Incluso estaba de vuelta en su apartamento, cuidado por J.J. durante su ausencia. Eso debía hacerla feliz, pero lo cierto era que tanto Emily como el resto del equipo aún tendrían que enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Fácilmente sus superiores podrían tomar la decisión de disolverlo y, en realidad, sólo ella habría tenido la culpa por haberlos arrastrado a una guerra que sólo era suya.

Y aún quedaba mucho más que reparar. Las relaciones con cada uno de sus compañeros probablemente nunca serían las mismas, a pesar de que todos se alegraran de su vuelta. Emily esperaba poder resarcirles de algún modo, al fin y al cabo estaban recuperando a una amiga que creían haber perdido.

Lo de Morgan sin embargo, era diferente, simplemente porque su vínculo con él iba mucho más allá de la amistad. En los escasos segundos en que lo había abrazado, había notado su desconcierto y su confusión, pero también su ira, que había dirigido hacia Hotch en lugar de hacia ella, la verdadera responsable.

Había sido imposible hablar con él a solas, pero Emily sabía que llegaría ese momento. Llevaba siete meses preparándose para ese día, y por eso, cuando oyó llamar a la puerta, estuvo segura de que era Morgan quien estaba al otro lado.

Ni siquiera se molestó en comprobarlo, simplemente abrió y se quedaron frente a frente, mirándose en silencio.

Y a pesar de todos los discursos que había planeado durante su estancia en París, Emily se encontró con que no sabía qué decir.

Así que simplemente se apartó a un lado, permitiéndole entrar.

Lo contempló expectante mientras Morgan se paseaba por el pequeño apartamento tan nervioso como ella.

Bueno, estaba claro que él tampoco había preparado su discurso, pensó Emily.

¿Qué debía hacer? ¿Debía iniciar la conversación? ¿Debía esperar a que él tomara esa decisión? De repente eran dos extraños compartiendo un pequeño espacio.

Finalmente, Morgan se detuvo frente a ella.

— ¿Declan está bien?

Emily lo miró, confusa. Aquella pregunta no era precisamente la que había esperado. Luego reflexionó, al fin y al cabo Morgan se había desvivido por la seguridad del niño, que finalmente había sido secuestrado por su madre, y había visto morir a su padre. Sí, de algún modo su pregunta tenía todo el sentido del mundo.

— Está con Tom. Ya ha regresado— Se limitó a informarle Emily. Lo cierto era que no estaba segura de cuál era el estado emocional de Morgan como para entrar en demasiados detalles. Sintió que debía ser cauta en sus respuestas.

— Bien— Dijo Morgan, y de un modo absurdo se dio la vuelta y se dirigió a la salida.

Emily simplemente no podía creerlo.

— Derek— Lo llamó al tiempo que se acercaba a él. Lo retuvo antes de que pudiera abrir la puerta. Sin embargo, no se atrevió a tocarlo.

Morgan se volvió hacia ella, con su rostro convertido en la máscara de la confusión.

— No sé por qué he venido— Confesó— Estoy feliz de que hayas vuelto, pero no sé si ahora mismo soy capaz de sentir algo más que eso… porque no puedo entender, Emily— Suspiró profundamente— No puedo entender por qué decidiste no pedirme ayuda… Y sé que me dirás que sólo intentabas protegerme… Créeme, lo sé… Es lo que Rossi me ha estado diciendo desde que todo ocurrió, y es lo que me he dicho a mí mismo durante todo este tiempo… Pero… ¿sabes qué? En el fondo no lo comprendo. Era más fácil justificarte cuando creía que estabas muerta, pero sólo era un engaño, me estaba engañando a mí mismo. Me enfadé conmigo mismo porque no podía enfadarme contigo, porque me atormentaba tanto haberte perdido que quería mantener tu recuerdo perfecto e intacto en mi mente, y ahora…este engaño, tantos meses… Debiste impedir que J.J. y Hotch me lo ocultaran. Hotch sabía lo afectado que estaba, y J.J…. J.J. sabía lo nuestro… Decidiste no volver a confiar mí… Pensaba que lo que teníamos era real… Y ahora no sé lo que era…. Y el caso es ni siquiera estoy molesto, estoy tan decepcionado que duele.

Ella asintió, aceptando cada una de sus críticas, sintiéndose miserable por todo el sufrimiento que transmitían sus palabras.

— Lo sé, lo entiendo… Pero hay algo más que tienes que entender. Fui yo quien le pidió a J.J. que te lo ocultara. Sabía que no te detendrías hasta encontrarme, nadie habría podido impedirlo. Y Doyle podría haberte seguido, nunca estuve segura de si había llegado a averiguar lo nuestro. Era un riesgo inasumible por muy doloroso que fuera para los dos.

— Y en su lugar, dediqué todo mi tiempo a buscarlo a él.

— Y a proteger a Declan, que era exactamente lo que esperaba que hicieras. Y gracias a todo eso, estoy aquí… De un modo u otro me trajiste de vuelta. Igual que me trajiste de vuelta en la ambulancia. Te escuché, Derek, sabía que estabas allí, conmigo… No recuerdo todo, pero sí lo suficiente.

Derek dio un paso hacia ella, y si Emily no se había atrevido a tocarlo, parecía que Morgan no sentía ese miedo.

Acarició su mejilla suavemente con el dorso de su mano, como si necesitara hacerlo para convencerse de que la mujer que tenía delante no era sólo un espejismo.

— Fui un estúpido… Me lo dijiste todo el tiempo…— Continuó recordando todas aquellas conversaciones que tantas veces habían tenido sobre el pasado de Emily— Era Doyle, siempre me hablaste de él, y yo estuve tan ciego que no me di cuenta hasta que tuve la evidencia ante mis ojos… En forma de anillos… Los que trataste de hacer desaparecer para que no los encontráramos.

Emily sintió la misma angustia que veía en su rostro. Morgan tenía los ojos húmedos, casi tanto como los de ella, compartiendo aquella tortura en la que habían convertido sus vidas. Aunque la culpable de eso, también era ella.

— Siento que te enteraras así de…

— ¿De qué?— La interrumpió Morgan, apartando su mano de su rostro— ¿De que fue Doyle quien te rompió el corazón? ¿De que siempre fue una sombra entre nosotros? Estuvisteis unidos hasta el punto de que te propuso matrimonio. Guardaste el anillo que simbolizaba ese vínculo.

Emily contuvo la respiración, al darse cuenta de que el dolor de Morgan tenía más relación con la creencia de que Doyle había sido más importante que él en su vida, que con haberle hecho creer que había muerto.

— No sé lo que fue— Expuso ella. Cruzó los brazos sobre su pecho a modo de protección— Pero sé lo que no fue… No fue amor… No al menos como debe ser el amor — Continuó, mientras Morgan la escuchaba en silencio— Me costó comprenderlo, pero finalmente lo hice. Estaba absolutamente aterrorizada de que algún día regresara a mi vida, como finalmente hizo, de que hiciera daño a las personas que quería, de que te hiciera daño a ti… e intenté alejarte. No funcionó. No tienes la menor idea del terror que he sentido durante años, del terror que sentí cuando supe que venía a por mí, de que se enterara de lo que tú significabas para mí y te hiriera. Y aun así te juro, Derek, que nada es comparable con la tortura que supuso para mí no saber si algún día podría volver a verte. Realmente estaba muerta…. Muerta en vida…. Porque cuando pierdes todo lo que amas, ¿qué diferencia hay? No espero que lo entiendas, sólo necesito que me creas cuando te digo que lo que te confesé aquel último día era cierto entonces, y lo sigue siendo ahora. A partir de ahí comprenderé que quieras tomarte un tiempo para decidir si puedes perdonarme.

Morgan habría sido incapaz de explicar cómo se sentía después de escucharla. Sus palabras no habían borrado la ira, el dolor, la traición, pero al mismo tiempo tenerla ante sí, como si se hubiera obrado el milagro que tantas veces se había repetido en sus sueños, lo hizo revivir en segundos cada uno de los recuerdos compartidos que guardaba en su corazón y que se habían mantenido indelebles durante todo aquel tiempo.

Supo entonces que ninguno de esos sentimientos negativos importaba, que todo era superfluo, que todo era un simple y absurdo cúmulo de errores que habían desembocado en la situación en la que ahora se encontraban.

— Siempre tuviste razón. Estábamos condenados desde un principio— Declaró Morgan.

Aquella afirmación, que había sido una broma privada entre ellos, de pronto se convirtió en algo cruelmente real para Emily, algo que sentenciaba su relación a la nada más absoluta.

Si le hubieran clavado espinas directamente en su pecho, no habría sentido tanto dolor.

— En cuanto se solucione todo el tema de mi regreso pediré el traslado. No tendrás que volver a verme— Le aseguró, mientras sutilmente borraba de su mejilla la humedad repentina en forma de lágrima— Te lo prometo— Continuó, dándole la espalda, sólo para tratar de ocultar su rostro.

Y lo siguiente que Emily sintió fue la mano de Morgan sobre la suya, atrayéndola hacia él.

— ¿De qué demonios estás hablando?— Le preguntó con incredulidad.

Emily lo miró confusa, ¿qué parte de su monólogo había malinterpretado?

— Dijiste…— Balbuceó ella sin entender absolutamente nada.

— Estoy seguro de que no dije que te quisiera fuera de mi vida— Le recriminó Morgan, con rotundidad.

La mano de Morgan seguía aferrada alrededor de su muñeca. No tan fuerte como para dañarla, pero sí lo suficiente como para impedirle huir. En cualquier caso, Emily tampoco tenía intención de escapar. Necesitaba una respuesta, y la necesitaba en aquel preciso instante antes de perder por completo la cordura.

— No sé qué quieres de mí… Llevas todo el día evitándome.

Lo miró a los ojos, intentando entender qué se esforzaba en ocultar con tanto afán.

Entonces Morgan tiró un poco de ella, hasta que sus rostros quedaron frente a frente, separados apenas por el espacio que ocuparía un brizna de hierba.

— Llevo todo el día conteniéndome para no besarte.

Su confesión la dejó sin aliento. Había malinterpretado cada una de sus reacciones desde un principio. Lo cierto era que daban igual sus palabras, la verdad incuestionable estaba en su silencio.

Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió, atrapado cada uno en la mirada del otro, como si fueran dos imanes con polaridades opuestas, atraídos por una fuerza salvaje. Y entonces las emociones que habían estado reprimiendo, tomaron las riendas para evidenciar esa fuerza poderosa, ancestral y axiomática y…. ¿por qué no? también mundana. El amor.

Y el beso que siguió, no fue sólo un beso, fue una auténtica declaración de intenciones. Primero por parte de Morgan, al iniciarlo, y luego por parte de Emily, al aceptarlo sin reticencias.

La ruleta giraba de nuevo.

Cielo, infierno y purgatorio.

A ninguno de los dos le importó dónde cayera la bola.

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