CAPITULO 2
En cuanto ella le devolvió el beso, Morgan tomó posesión de sus caderas, aprisionándola contra su cuerpo como si su contacto fuera una necesidad apremiante y vital. Emily tenía sus manos alrededor de su cuello y de su nuca, mientras sus bocas se hundían la una en la otra en una lucha salvaje que no daba tregua a las palabras.
Desde sus caderas, Morgan deslizó sus manos hacia sus pechos, dejando en su recorrido un cosquilleo que la hizo temblar en una mezcla de emociones que eran una contradicción en sí misma y que la hizo volver a la realidad.
Lo detuvo justo cuando Morgan había alcanzado el primer botón de la camisa blanca que llevaba ese día. Aún no había tenido tiempo de cambiarse de ropa.
— Derek, espera…— Su voz se ahogó mientras apartaba su rostro con un jadeo— No puedo…
Él tardó unos segundos en comprender, pero cuando lo hizo, odió aún más a Doyle de lo que ya lo hacía, no importaba que estuviera muerto.
— ¿Es por las cicatrices?— Preguntó cálidamente, aunque por la forma en que ella evitó mirarlo, supo que había acertado— Emily, no me importa.
Se aseguró de mantener sus manos sobre sus caderas para que Emily no tuviera la tentación de huir de él. No le habría extrañado que lo hiciera. Nunca la había visto tan vulnerable.
Sin levantar la vista, negó con la cabeza.
— No sabes lo que me hizo…
Él la tomó del mentón, y alzó su rostro.
— Sí lo sé. Y no me importa— Emily le dirigió una mirada confusa— Tuvieron que romper tu camisa para poder reanimarte. Nada de lo que te hizo te define a ti, sino a él. No permitas que te controle. Está muerto.
— Sé que tienes razón— Admitió ella, pero aun así, se sentía paralizada— Lo siento…— Añadió avergonzada.
Morgan sintió su dolor como si fuera él mismo quien lo experimentara. No podía creer que se estuviera disculpando por haber sido torturada por un monstruo que sólo buscaba venganza. Hacer el amor con ella era el culmen de lo que sentían el uno por el otro, pero no una prioridad. Recuperarla había sido un regalo, una segunda oportunidad, y tenerla de nuevo entre sus brazos con o sin sexo de por medio, era más que suficiente.
— No hagas eso…— Le pidió él en voz baja, al tiempo que acariciaba su rostro— No tienes nada por lo que disculparte… No tenemos que hacer nada para lo que no estés preparada, ¿de acuerdo?
Aflojó su agarre en su cuerpo, para permitirle tomar distancia si lo necesitaba, pero ella no se movió. Se mantuvo de pie, frente a él, mirándolo con amor, agradecimiento y admiración.
— De repente no se me ocurre ninguna otra cosa que hacer…— Bromeó Emily, esbozando una sonrisa avergonzada.
Morgan rió entre dientes. Era una excelente señal que Emily no hubiera perdido su sentido del humor. Siempre había creído que era una de las bases de su relación.
Con sus manos de nuevo en su cintura, la balanceó juguetonamente.
— ¿Qué te parece si te preparo un baño de espuma y mientras te relajas me encargo de la cena?
Ella le dirigió una mirada de incredulidad.
— Morgan, acabo de volver. En esta casa no hay comida.
Derek no había reparado en ese detalle.
— ¿Pido pizza o prefieres chino?— Le propuso. Emily comenzó a reír, y escucharla de nuevo dejó a Morgan sin aliento— Emily, no te lo tomes a broma, es un asunto serio…— La regañó con pose afectada.
Emily pasó sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia ella para depositar un beso en sus labios.
— Elige tú.
Morgan la obligó a quedarse en la sala mientras preparaba el baño. Rezó para que Emily aún conservara alguno de los aceites y jabones que solía utilizar antes de su marcha. Tuvo suerte, y diez minutos después, él mismo la guiaba hasta allí para que contemplara su obra maestra.
— Todo tuyo, princesa…— Dijo con orgullo— Voy a por la cena— Continuó al tiempo que salía.
Emily estaba a punto de cerrar la puerta cuando se dio cuenta de lo absurdo que sería. Con cicatrices o sin ellas, Morgan conocía su cuerpo como nadie. El uso de aquel apodo que tanto había echado de menos, la hizo sentir extrañamente protegida.
Se despojó de su ropa y se sumergió en el agua. La temperatura era perfecta, la cantidad de espuma era perfecta y la sensación suave del aceite en su piel era perfecta. Morgan no había perdido su toque para los baños relajantes. Cerró los ojos y dejo su mente en blanco, apartando cualquier pensamiento negativo que pudiera acosarla.
Morgan, por su parte, aprovechó para salir a comprar la pizza, en lugar de pedirla. Quería conseguir algo de vino para celebrar el regreso de Emily. Al menos, tendrían una pequeña celebración. Al regresar, descubrió que Emily había decidido prolongar el baño más allá de los veinte minutos que Morgan había tardado en ir y volver.
Entonces sirvió dos copas de vino y se acercó con cautela al baño. La puerta estaba abierta, y dudó si sería buena idea entrar. Al fin y al cabo, ella había dejado claro que no estaba preparada para ningún tipo de intimidad.
— ¿Em?— La llamó desde la puerta. De pronto se sintió un poco torpe con aquellas dos copas en las manos.
Emily abrió los ojos y giró la cabeza en esa dirección. Desde su posición no lograba ver a Morgan. Se dio cuenta de que simplemente no se había atrevido a traspasar el umbral. Aquello le provocó mucha ternura y un poco de diversión.
— Entra…— Lo invitó.
Más tranquilo consigo mismo, Morgan se acercó a la bañera y se sentó en el borde. En cualquier caso había tanta espuma que apenas se adivinaba la forma de su cuerpo debajo del agua. Se inclinó y le ofreció una de las copas.
Emily se mordisqueó el labio, ya lamentando lo que tendría que confesarle.
— No puedo tomar alcohol…— Dijo con expresión de disculpa— Aún estoy con medicación.
La medicación en cuestión, además de la prescrita para su ulcera, era un cóctel de medicamentos para el estrés postraumático que aún sufría. Ansiolíticos y antidepresivos para sobrellevar su día a día. En realidad, había pasado ya lo peor justo después de su traslado a París, pero debía abandonar la ingesta progresivamente. Esperaba que pronto pudiera deshacerse de ellos, sin embargo no sería aquel día.
— Oh— Balbuceó Morgan, pillado totalmente por sorpresa. Ni siquiera se le había ocurrido algo tan evidente como que su recuperación sería un proceso largo. Otro motivo para odiar a Doyle— Lo siento… Debí preguntarte— Se disculpó mientras dejaba a un lado ambas copas.
Emily sacó la mano del agua y tomó la de Morgan.
— Oye, no te disculpes por ser considerado…
Se miraron a los ojos, disfrutando de nuevo de su complicidad.
— Te espero fuera— Dijo finalmente Morgan.
Cuanto trató de levantarse, Emily presionó alrededor de su mano.
— No te vayas.
Derek estrechó sus ojos, intrigado.
— ¿Quieres que me quedé aquí sentado?
Ella negó con la cabeza.
— No. Quiero que te desnudes y te metas conmigo en el agua.
Sus miedos habían desaparecido al calor de sus muestras de amor.
Y en esta ocasión, fue Morgan quien se quedó paralizado.
— ¿Seguro?— Consiguió preguntar— Emily…
— Seguro— Insistió ella antes de que él pudiera encontrar cualquier justificación.
Sin apartar sus ojos de ella, Morgan se levantó y se desprendió de su ropa poco a poco. Resultaba extraño quedarse desnudo frente a ella. El deseo seguía ahí, intacto, pero al mismo tiempo se sentía más real que nunca, porque ya no había secretos entre ellos, no al menos ninguno que no pudieran revelar.
Emily se apartó un poco para permitirle entrar en el agua. La bañera no era pequeña, pero tuvieron que reacomodarse para caber cómodamente los dos. Morgan acabó sentándose con Emily sobre él, recostada de espaldas sobre su pecho. Las manos de Morgan, de forma natural, se cerraron alrededor de su cintura. Sin querer, rozó las cicatrices de su estómago y contuvo el estremecimiento que de inmediato ese gesto no premeditado provocó en ella.
— ¿Estás bien?— Le preguntó, preocupado.
— Sí…— Dijo ella en un susurro— No es algo que pueda controlar.
En realidad, Morgan no tenía intención de ir más allá de compartir aquel momento íntimo en el agua, no a menos que ella pidiera algo diferente. Por lo pronto, Emily se limitó a dejar descansar su cabeza sobre su pecho, disfrutando de la sensación del contacto de sus cuerpos.
Morgan le retiró el cabello, dejando su cuello libre y aspiró el perfume a violetas que aún ella utilizaba. Sus labios dejaron besos de mariposa en aquella zona, besos que derivaron en un cosquilleo que despertaron cada uno de los puntos erógenos de la morena, dormidos durante tanto tiempo.
Se giró sobre él y se quedaron frente a frente.
— Te he echado de menos— Confesó Emily, y en esta ocasión no había rastro de miedo en sus palabras.
Y a pesar de aquella declaración, Morgan necesitó una confirmación inequívoca.
— Dime que quieres esto…
En lugar de responder, Emily se sentó a horcajadas sobre él. Su pecho se elevó por encima del agua, dejando al descubierto el trébol que Doyle había dejado en su cuerpo y que tanto se había esforzado en ocultar.
Había adquirido un color blanquecino. Morgan pensó que seguramente se había hecho algún tratamiento para tratar de eliminarlo. Mientras recorría su relieve con la punta de sus dedos, Emily permaneció inmóvil, expectante, preparada para cualquier pregunta que quisiera hacerle, pero lo cierto era que Morgan no tenía intención de darle ningún tipo de protagonismo a Doyle, y por eso, se sumergió en sus labios dispuesto a demostrarle que nada ni nadie conseguiría empañar el amor que sentía por ella.
— Te amo.
Fue lo único que salió de sus labios cuando Emily comenzó a moverse sobre él.
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