CAPÍTULO 3
Morgan, aún con los ojos cerrados, estiró la mano hacia el otro lado de la cama, sólo para darse cuenta de que estaba solo. Se sentó y bostezó somnoliento, echando ya de menos su presencia. Aguzó el oído, y escuchó sonidos procedentes del exterior del dormitorio.
Había sido una noche mágica, una noche de reencuentro y redescubrimiento mutuo, una noche que marcaría una nueva etapa en su relación. Y Morgan se sentía absolutamente feliz por ello.
Buscó su ropa, pero sólo encontró su ropa interior y sus pantalones. De todas formas, salió del dormitorio siguiendo el clásico sonido de alguien afanado en la cocina. Se detuvo justo en la entrada, y desde allí se deleitó en la imagen de la hermosa morena vestida con poco más que la camiseta que Morgan había estado buscando. Estaba de espaldas, calentando la pizza que no habían probado la noche anterior.
Ella pareció sentir su presencia y volvió su rostro hacia él, sonriendo.
— ¿Pizza para desayunar?
Derek se acercó a ella y, desde atrás, la tomó por la cintura, dejando besos en su cuello a modo de saludo.
— ¿Qué te parece si te llevo a desayunar fuera y luego vamos a comprar algo de comida para que llenes la despensa? Ya sabes… frutas, hortalizas, verduras…
— Chocolate…— Añadió ella, con voz sugerente.
Morgan la giró hacia él, sin soltarla.
— Y chocolate… Por supuesto…— Bromeó éste.
A Emily aquel plan tan mundano le parecía de lo más apetecible. Al fin y al cabo, la pizza recalentada no era el desayuno más sano, y definitivamente tenía que controlar su dieta. Las secuelas que en su sistema digestivo había dejado Doyle, aún requerían algo de cuidado.
— Mmmm…. Desayunar fuera y comprar en un supermercado…— Ronroneó Emily— Es lo más romántico que me han propuesto nunca…. Me parece perfecto.
Derek dejó escapar una pequeña risa, y empujándola suavemente, la aprisionó contra la encimera de la cocina.
— También podemos desayunar aquí…— Le sugirió Morgan con expresión traviesa— Podemos empezar por el postre— Deslizó su mano por el interior de la camiseta, hacia arriba, provocándole cosquillas en la cintura.
— ¡Para Morgan! ¡Me haces cosquillas!— Chilló Emily tratando de zafarse. Sólo consiguió darse la vuelta de nuevo, pero seguía atrapada por él. Morgan presionó su cuerpo contra su espalda, nada dispuesto a dejarla escapar— Sigue así y lo único que comerás es pizza recalentada— Lo amenazó tratando de mantener la seriedad.
Derek miró por encima de su hombro. Realmente la pizza no resultaba nada apetecible. El queso tenía un aspecto dudoso y los demás ingredientes parecían mustios. Sin embargo, eso no fue lo que llamó su atención, sino cinco frascos de medicamentos que había sobre la encimera. Aflojó su agarre sobre ella, y alcanzó uno de ellos al azar.
Estaba sorprendido. No esperaba que necesitara aquel despliegue de pastillas.
— Te dije que aún me medicaba…— Le recordó Emily, torpemente. Aún no estaba preparada para compartir ciertos aspectos de sus secuelas— Tengo algunos problemas digestivos.
Morgan leyó el compuesto. No era un experto en la materia, pero aquel en particular le resultaba familiar.
— Esto no es para el estómago…— Señaló. Justamente el frasco que tenía en sus manos era un inhibidor para el trastorno de estrés postraumático. Había pasado más de medio año y aún necesitaba fármacos para su tratamiento psicológico— ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Creíste que no lo iba a entender? Emily, has pasado por un infierno.
Emily cogió el frasco de sus manos, y lo dejó de nuevo sobre la encimera.
— Estoy reduciendo la dosis… Ya sabes cómo va esto…
Por su formación, y por experiencias cercanas, Morgan sabía algo al respecto, pero no era suficiente. El caso de Emily era particularmente delicado.
— Cuéntamelo— Le pidió.
En un principio, Emily permaneció en silencio, luchando consigo misma para demostrarle que sí, que confiaba en él. Aun así, le resultaba muy difícil hablar de ello.
— Comenzó unos días después de despertar… Primero pesadillas, luego alucinaciones… Me sobresaltaba si alguien se acercaba a mí por la espalda… Todo el tiempo tenía miedo de que Doyle apareciera frente a mi puerta. Sufría alucinaciones. Lo veía en todas partes— Suspiró recordando aquellos momentos terribles— Supongo que fue más difícil porque además no tenía a nadie conocido con quien poder desahogarme. Estaba sola, Derek.
Morgan comprendió en ese momento el alcance del trauma que había sido para ella, no sólo el enfrentamiento con Doyle sino verse apartada de todas las personas a las que quería.
— Siento mucho que tuvieras que pasar por eso, Emily— Dijo Morgan sinceramente. Le apartó el cabello hacia atrás, y le acarició el rostro con delicadeza.
— Sólo fueron unas semanas, en realidad— Continuó ella— Quiero decir, lo peor… Hace meses que no tengo alucinaciones y en general, estoy bien. Sólo a veces las pesadillas resultan demasiado reales…— Añadió con una sonrisa nerviosa— Pero siempre las he tenido… Así que…— Se encogió de hombros y señaló al desfile de medicación prescrita— Los conservo sólo porque me siento más tranquila teniéndolos a mano… Prácticamente ya no los necesito.
Torpemente, comenzó a mover sus dedos sobre la barra, jugueteando, en el clásico gesto de nerviosismo.
Derek detuvo el golpeteo, colocando su mano sobre la de ella. Luego se acercó y la abrazó contra su pecho, tratando de transmitirle que estaba allí si lo necesitaba.
Permanecieron así durante varios minutos, hasta que Morgan notó que su cuerpo comenzaba a relajarse.
— ¿Vamos a desayunar?— Le propuso de nuevo entonces— Me apetece algo dulce.
Emily asintió, y sonrió, señalando su camiseta. La camiseta de Morgan en realidad.
— Primero voy a tener que devolverte esto.
Morgan no tenía nada que objetar al respecto. La contempló mientras Emily daba un paso atrás, garantizando así que Morgan tendría una buena perspectiva de ella, y tiró hacia arriba de la camiseta, quedándose vestida únicamente con un tanga color negro que terminó de volver loco a Morgan.
La alzó por la cintura y la sentó sobre la encimera, apartando a un lado todo lo que había sobre ella.
Se tomó su tiempo para disfrutar de las vistas, mientras ella lo miraba, expectante.
— ¿Te has quedado sin palabras o sin ideas, Morgan?— Se burló Emily cuando aquello se alargó demasiado.
El trébol en su pecho ya no era un obstáculo para ellos. Morgan dudaba que ella en ese momento, fuera consciente de que seguía ahí.
— Estaba pensando en que ya hemos hecho el amor en el baño y en el dormitorio… Y ahora estamos aquí… A este paso nos vamos a quedar sin habitaciones que "estrenar" en sólo unas horas— Dijo Morgan recuperando su broma privada anterior a que Emily se marchara— Debiste comprar un apartamento con más habitaciones.
Mientras hablaba, Morgan se entretuvo dando besos pausados en sus pechos, mientras los ahuecaba con sus manos.
— Mmmm… Ese ego, agente…— Jadeó ella al notar la familiar sensación de electricidad recorriendo su cuerpo— Siempre podemos ir a tu casa… Es más grande…— Se echó un poco hacia atrás, para que él tuviera mejor acceso a zonas más ocultas.
— Se me ocurren un par de lugares…— Susurro Morgan, dejando que su imaginación volara— Y sobre mi ego… Te mostraré sus utilidades empezando por el postre…
Morgan no tardó en llegar hasta el tatuaje de su cadera, su favorito, y a partir de ahí siguió el recorrido natural de su cuerpo hasta hacerla jadear.
Habían recuperado en apenas un día la confianza en su relación física y, emocionalmente, las cartas finalmente se habían descubierto y los sentimientos habían sido desvelados. Aún quedaban secretos, por supuesto, pero tenían que ver más con decidir revelar su relación al equipo o seguir manteniéndola entre ellos; y quedaban también traumas que superar, no sólo por parte de Emily sino también de Morgan.
Nada de eso les preocupaba.
Habían logrado lo más importante.
Una segunda oportunidad.
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