Mi Señor Sakurai se ha ido al Cielo.
Fue lo único que Molly pudo articular, entre lágrimas, al sentir la presencia de Serena en la habitación.
Ella no dijo nada.
Simplemente dejó que su pena fluyera con el llanto.
En silencio, se sentó a su lado en la cama y sujetó su mano.
Las dudas que tuvo de si acudir o no en cuanto se enteró de la noticia en diversos medios, se desvanecieron en el instante en que la sintió temblar por la fuerza de sus sollozos.
Cualquiera que no la conociera diría que aquello era una exageración. Sin embargo, Tsukino sabía muy bien que, para su amiga, Atushi Sakurai había sido más que un cantante, mucho más que un ídolo de "la vieja escuela" del J-Rock.
Con la despedida de Neflyte, su música le tendió el lazo que necesitaba para aferrarse a una vida que de pronto se tornó gris e insípida.
"Mi sufrimiento y el suyo parecen reconocerse. Y extrañamente, eso me reconforta".
Cuando le contó de aquel descubrimiento, agradeció al destino por esa sonrisa que echaba de menos. Si se la debía a Buck-Tick, podían contarla entre sus fans.
Con el paso de los años, Serena vio fortalecerse aquel vínculo inusual entre su amiga y "Acchan".
Fueron muchos festejos pidiendo "Que mis Buck-Tick vivan por siempre" antes de soplar las velitas del pastel. Tantos los momentos difíciles en los que ni siquiera a ella le fue permitido acompañarla en su dolor, pero él, su enigmática voz, no la soltaron nunca.
¿Sonaba un tanto loco? Tal vez.
¿A Molly le importaba eso? Absolutamente no.
Serena no recordaba haberla visto así por Neflyte.
En aquel entonces, la realidad fue inmisericorde con su amiga.
Obligada por las circunstancias, su duelo fue breve, pues debía pasar inadvertido.
Ambas eran conscientes de que semejante pena merecía y necesitaba más tiempo para sanar; más lágrimas que purificaran la herida hasta cerrarla.
Y hoy, ante éste nuevo golpe, la cicatriz quedaba expuesta, en carne viva.
Su pilar emocional acababa de caer.
Molly estaba de luto nuevamente.
Su corazón, hecho añicos otra vez.
Por alguien que jamás supo que existía,
pero le brindó amor y consuelo con cada canción.
Las melodías crearon el romance.
El canto brindó sosiego al espíritu quebrantado.
Sería difícil de explicar a quien sólo conoce el amor carnal que, con ver brillar a su estrella desde lejos le bastaba para ser feliz.
Sólo podía elevar una plegaria por el alma que trascendía y otra por quien sufría.
Repentinamente, Molly se incorporó; buscó su celular bajo la almohada, y tras varios segundos, los acordes de "Coyote" comenzaron a sonar mientras, sin decir palabra, se fundían en un abrazo…
"Aunque deseo verte una vez más, es imposible. Pero si pudiera, sería lindo.
Avanzaré por la espiral del Cielo, con un estremecimiento de emoción.
Murmurando tu nombre para mí, camino simplemente sobre los muertos."
En memoria de mi amado Atsushi Sakurai, vocalista de Buck-Tick.
Mi Señor Inspiración partió de éste mundo el 19 de Octubre.
La banda dio a conocer la noticia el pasado veinticuatro.
Han sido unos días terriblemente difíciles.
Escribir es también una manera de llorar.
Y una forma de dejar plasmado el amor que seguirá vivo mientras mi corazón siga latiendo.
