Vuelta a Konoha


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El viaje de regreso a Konoha comienza y procede sin mayores eventualidades. El anómalo equipo ya está acostumbrado a funcionar y viajar como unidad. Ahora que no existe la presión de la persecución, pueden moverse por los caminos a un ritmo respetable. Si bien las rutas comerciales no son un camino directo como lo sería el atravesar la intemperie, no existe una necesidad de sufrir la incomodidad para ganar cantidades irrelevantes de tiempo. De hecho, sería más fácil dar explicaciones a sus demoras de esta manera.

Ocasionales bromas internas o intercambios sobre el arte, así como anécdotas o pequeñas apuestas sin consecuencia rompen el silencio de tanto en tanto.

Durante el viaje se hace presente la especulación sobre las consecuencias que traerá la muerte de Lord Hanazono. Lo poco que oyen por el camino al cruzarse con otros viajeros es que se prevé un funeral público en honor de su memoria. Eso y que sus consejeros tomarían el control de facto hasta que su hijo llegue a la mayoría de edad, y pueda tomar decisiones por sí mismo…

Es difícil de saber cuál rumor tomar en serio y cuál ignorar. Lo innegable es que se avecinan tiempos de cambio.

Sasori es quien hace la ahora innecesaria guardia por las noches. No es casualidad que siempre opte por pasar esas horas cerca de Sakura, aunque sea solo sirviendo de improvisada almohada para ella mientras sus sentidos permanecen alerta. Después de todo, tras separarse, tendrían que esperar un buen tiempo antes de volver a estar juntos. Quién sabe cuándo reunirse vuelva a ser seguro. No es que nunca haya sido totalmente seguro, de todas formas.

En la tercera noche de vigilancia, uno de esos periodos de tiempo muerto encuentra al artista de lo eterno abandonando la tienda de campaña, junto al calor de Sakura, en un peligroso momento de aburrimiento y reflexión.

Deambula con pasos silenciosos por el campamento, alimenta la fogata, y por último se sienta en soledad frente al fuego. Su mente se dispersa mientras contempla las llamas danzando en la oscuridad, devolviéndole imágenes de sus memorias del limbo, de su purgatorio personal, de aquel sitio que lo espera la próxima vez que su núcleo se dañe demasiado. Por decisión consciente, desactiva la sensibilidad en las facciones de su rostro, suprimiendo el flujo de chakra hacia ellas. Es el protocolo que adoptó para cuando no puede evitar pensar sobre esto. Después de todo, no quiere que las consecuencias de ese reflexionar sean apreciadas por sus compañeros de viaje. Por más solo que se encuentre, no deja de sentirse observado cuando esta vulnerabilidad se hace presente.

Con el correr del tiempo, se comienza a acostumbrar a los recuerdos de torturas físicas. O quizá está olvidando los detalles. Cualquiera de las dos opciones es una buena noticia.

Son los escenarios y escenas que vió y recorrió desde que pudo ponerse de pie en aquella extraña post-vida, los que ahora hacen nido en su mente y comienzan a generar inquietudes y preguntas.

Le gustaría pensar que son simples sinsentidos, alucinaciones sin ningún significado, pero las visiones de su pasado y el castigo que sufrió por aquellas acciones parecen tener demasiado sentido como para que todo lo que le siguió fuesen incoherencias y nada más que eso.

Su tiempo de reflexión no se limita a las noches. Sasori no se da cuenta de en qué momento estos pensamientos intrusivos comienzan a filtrarse en sus horas de actividad, aminorando un poco el ritmo de su andar. Sus dos compañeros terminan por tomar la ventaja en el paso para el quinto día de su travesía.

El correr del agua se hace inconfundible en el ambiente cuando el trío se acerca a una corriente, un río previamente marcado en uno de los mapas de Sai como punto de paso. El sendero escala por sobre el relieve del paisaje, hasta atravesar un puente que facilita el tránsito de ganado y caravanas.

Es el lugar perfecto para recargar sus cantimploras antes de continuar el paso. El grupo se desvía del camino antes de cruzar, para rodear la ladera del puente hasta quedar directo frente a la orilla del río.

Como siempre, Sasori no necesita más que un par de gotas de agua sobre su pecho. Y Sakura solo necesita cargar media cantimplora.

— ¿Todo en orden? —pregunta al ver que Sai a su lado saca un par de frascos pequeños de su equipaje.

—Sí. No me demoraré mucho—responde el ANBU con su atención al frente, apoyándose contra una gran roca a medio sumergir—. Solo quiero limpiar un par de estos y cargarlos de agua antes de que me olvide. Quizá pueda reavivar algo de tinta seca. Los alcanzaré en breve.

Terminada la interacción, el pelirrojo busca por instinto a su amada. Sus ojos ámbar revisan los alrededores de nuevo como acto inconsciente, y la ven parada en el medio del puente que se alza sobre ellos. La muchacha está reclinada sobre la baranda, mirando hacia el agua con expresión pensativa, ausente. La escena es apacible, pero a la vez le resulta aterradoramente similar a una de las imágenes experimentadas del otro lado del velo.

El ex-Akatsuki parpadea un par de veces en un intento de deshacerse de sus propios pensamientos. Es solo un puente, aquí no hay plaza. Y Sakura está vistiendo su atuendo usual. No debería alarmarse sin motivos. Además, la sola imagen en su mente podría tratarse de algo simbólico, algo sin relación directa con la realidad.

A pesar de sus intentos, cuando Sasori sube al puente y se acerca a ella no puede evitar preguntarle:

—¿Alguna noticia para mí?

Sakura se gira a mirarlo, extrañada.

—No... ¿Debería?

—No… es solo algo… No te preocupes. No es nada.

—¿Estás bien? Estás… más pensativo que lo usual.

El artista lo piensa por un momento, recargando ambas manos sobre la baranda del puente. Su mirada baja hasta el agua que fluye bajo ambos. Él tuvo este tipo de conflictos antes. La verdad es que aún no puede convencerse a sí mismo de que molestar a Sakura con miedos ridículos sobre un momento tan oscuro, y fresco en sus memorias pueda tener algo de positivo.

—Estoy distraído…—expresa intentando quizás transmitir calma a su amada—. Sé que vamos a despedirnos mañana. No sé cuándo nos volveremos a ver. Voy a extrañarte y por eso necesitaré cosas para hacer… como comenzar a crear una identidad falsa en la que poder esconderme en plena vista y no depender de mantener distancia.

La muchacha lo mira con curiosidad.

—No tienes que disimularlo. ¿Lo sabes?—lo conforta tomando la mano que está a un lado de la de ella sobre la baranda. Sasori recibe el gesto, entrelazando los dedos de ambos.

—Lo sé. Pero tienes que admitir que es un poco ridículo ver a alguien de mi edad reaccionando así ante idioteces.

—En tu defensa. No te ves como alguien de tu edad—responde ella sabiendo cómo animarlo.

—Por supuesto —ríe el pelirrojo antes de permitirse un poco de arrogancia ante la situación—. Ese es el punto.

Sai se asoma a la distancia, de un lado del puente, habiendo concluido con sus asuntos en la orilla del río.

—¿Continuamos?

La kunoichi de Konoha y el renegado de la Arena asienten con la cabeza, y se incorporan para resumir la marcha.

Tras dejar el puente atrás, otro intercambio entre ellos se lleva a cabo mientras se desplazan sobre las ramas de los árboles.

—El día de hoy voy a pedir que hagamos campamento más temprano. Necesitaré unas horas extra para preparar unos pergaminos, así podremos enviar una señal entre nosotros en caso de que sea necesario.

El pedido del ANBU de Raíz es aceptado sin miramientos.

—¿Es la misma técnica que usamos para llamarte?—pregunta Sasori, moviéndose un poco por detrás de ambos.

—Sí. Planeo que los tres tengamos un mapa con nosotros todo el tiempo. Sólo para uso de emergencias— contesta el ninja de Konoha, sin mermar su paso por las alturas.

—Se activan con sangre. ¿Sería seguro que Sasori lo use?—La pregunta de Sakura, si bien se vocaliza hacia Sai, no está dirigida a él.

—No sería agradable—responde Sasori por él—. Y definitivamente activar un pergamino con mi propia sangre conlleva un riesgo de mi parte. Será una opción a la que solo recurriré en caso de que la vida de uno de nosotros peligre.

—Entonces los dos sabemos que, si lo activas, es por una situación de vida o muerte—la sentencia del joven de la Raíz es más que suficiente.

Llegada la última hora del crepúsculo, el trío de viajeros tarda en disponerse a conciliar el sueño.

Sai está sentado sobre una improvisada esterilla en el suelo, transcribiendo su técnica en mapas. Ocupado en su labor, le da la espalda a la pareja que viaja con él. La luz de las velas le proporciona la visibilidad que necesita, en lo que se demora la creación de una fogata.

—Mañana dividimos nuestros caminos—menciona en voz alta el artista de lo eterno con un dejo de decepción en su tono, mientras carga un par de leños consigo para armar la esperada fogata.

—No queda de otra—concede Sakura, acomodando su bolsa de dormir dentro de la tienda de campaña— ¿Recuerdas el perro que me ayudó a encontrarte?

La simple mención se le antoja nostálgica ahora mismo. Una sutil sonrisa se hace presente en él, mientras apila la madera dentro de un pequeño pozo en el suelo.

—Sí… eso fue hace tiempo…

—Pues, su nombre es Akino y no olvida un olor—comenta la kunoichi al incorporarse, volteandose hacia él—. Seguramente está trabajando para encontrarme, junto con los otros perros de mi maestro, y no podemos permitirnos que su nariz le avive la memoria.

La joven pausa por un momento, viendo como el porte del artista demuestra que ella tiene toda su atención, pese a que en este momento está ocupado con otra tarea. De repente, el color se le sube las mejillas cuando vuelve a abrir la boca:

—Y también me gustaría saber cuando podré volver a verte. No voy a mentir, el sólo pensar que no podré moverme fuera de la aldea por un tiempo sin tener ojos encima mío, es casi angustiante para mí. Pero cualquier idea de cómo sortear esa complicación es bienvenida, aunque sea para aminorar mi ansiedad.

—Podríamos usar a los hombres de nueve dedos para hacer llegar un mensaje, cuando las cosas se calmen—comienza Sasori, sin perder su sonrisa— ¿Recuerdas el pueblo… Ese pueblo cercano a donde nos encontramos por casualidad?

—¿Nuestro primer encuentro con la Serpiente? —pregunta ella con interés— ¿Allí donde tomaste el lugar del contacto que mataron antes de que llegaramos a él? Sí, lo recuerdo.

—Pues, podríamos establecer ese sitio como punto al cual puedes enviar a uno de ellos con un mensaje encriptado.

La mirada de Sakura se ilumina un poco al contemplar esa posibilidad.

— Suena bien para mi. De hecho, creo que enviaré al primero con la instrucción de que permanezca allí hasta que tú recibas el mensaje. Lo reconocerás porque le pediré que vista de alguna forma peculiar, pero no llamativa… como calcetines dispares, y no lo corrija cuando alguien se lo indique—sonríe animada por su ocurrencia—. Sí, podría hacer eso.

—Bien, ya estás pensando como una espía—la elogia el pelirrojo, contagiándose un poco de ese entusiasmo—. En la respuesta que te llegue, estableceré un lugar y medio más estable para intercambiar correspondencia. Como primer contacto será más que suficiente.

Mientras el crepitar de las llamas comienza a oírse en el campamento, el artista del movimiento sonríe para sí, aun dándole la espalda a sus dos compañeros. En realidad Sakura avanzó mucho desde aquel momento en que vino a preguntarle sobre el arte. Ya se maneja con los códigos de un espía. Esa es la clase de ingenio que será necesario al momento de dar explicaciones dentro de la aldea.

Sai decide permanecer en su improvisado espacio de trabajo, y permitir que los otros dos disfruten del tiempo que les queda. Mañana dedicará su tiempo a coordinar con Sakura para que las cosas en Konoha funcionen como es debido.

Tal y como fue advertido, al día siguiente tiene lugar la partida del marionetista.

"Una despedida más, y solo será por un tiempo" se repite Sasori de la Arena Roja mientras acompaña a los ninjas de Konoha durante el último tramo del sendero, antes de recibir la señal inequívoca en el ambiente de que el riesgo de seguir adelante es demasiado alto.

Se volverán a ver, como siempre. No hay razón lógica para no confiar en que tanto Sai como Sakura podrán manejar la situación y salir bien parados. Después de todo, no fue tanto el tiempo que estuvieron fuera e incomunicados… O eso quiere decirse a sí mismo. Hay algo… Algo que inquieta al renegado de la Arena, algo que sólo puede identificar como una preocupación irracional.

Quizá por eso no duda en abrazar a Sakura de forma entre protectora y posesiva una última vez. El gesto es quizá algo deliberado, puesto que no se siente cohibido por la presencia del ANBU a la hora de expresarse.

—Sasori, me apenas—ríe Sakura por lo bajo, sonrojada y paralizada entre sus brazos, pero al recuperar la compostura levanta sus brazos para envolverlo también con los propios.

—Lo sé, lo sé—admite Sasori exhalando de repente, como si necesitara aire. Inmediatamente después, se aparta para devolverle un poco de espacio personal—. Sólo… Ten cuidado, cuídate mucho y… contáctame cuando sea seguro.

Ella parpadea ciertamente sorprendida de su repentina falta de elocuencia para hablar, y lo mira con preocupación.

— Actúas raro, cariño… Quiero decir, no es que exista la certeza absoluta de que no reciba ninguna consecuencia en la aldea por haber desaparecido durante semanas—explica la muchacha, con sus manos sobre su pecho a pesar de que vuelven a estar uno frente al otro—, pero aún así... ¿Hay algo en particular que te preocupe?

Sasori frunce el ceño ligeramente ante la poca claridad en sus ideas.

—No lo sé… supongo que es sólo un mal presentimiento. No me hagas caso, de todos modos—sonríe de medio lado, sacudiendo la cabeza en gesto obstinado—. Sólo cuídate.

—Lo haré—asiente Sakura intentando transmitirle seguridad al obsequiarle con una sonrisa.

Sai no interrumpe el momento, ni reacciona ante él, sólo desvía su mirada hacia el costado cuando ve sus bocas uniéndose en un beso. Dicho beso entre ellos dura más tiempo del esperado… lo suficiente como para que el muchacho considere hacer una intervención.

Ambos se separan sin más cuando el sonido de Sai aclarándose la garganta llama su atención. Sasori de la Arena Roja sólo posa su mirada sobre él y asiente sin pronunciar palabra. Sakura hace también lo propio, recuperando el color natural en su piel cuando se vuelve hacia él.

Un segundo después, los caminos se dividen. Ella se marcha junto al ninja de la Raíz, y el ex-Akatsuki siente como si una parte preciada de sí mismo se alejara de sus experiencias junto con ella. Cuando ella desaparece de su vista, el artista de lo eterno comienza a mentalizarse para salir de su estado actual.

Aún hay mucho que hacer y se necesita a sí mismo cuerdo para tomar los siguientes pasos.

"No hay forma de que Konoha caiga así como si nada, y no hay forma de que nuestro vínculo se haya filtrado. No debería preocuparme tanto por algo tan banal como un delirio febril."

Girando sobre sus propios pasos, el ninja pelirrojo sube la capucha de su túnica negra sobre su cabeza, para así cubrir sus rasgos del mundo a su alrededor. Su mirada se enfoca ahora en el presente, en el ahora, en lo que aún está en su control.

"Kiyoshi, Deidara, los antiguos contactos de la Serpiente… Definitivamente, tengo correspondencia para atender… El único futuro que existe es el que no se construye solo."

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Las primeras horas de viaje son utilizadas para pulir el plan de acción, ese que se pondrá en marcha una vez que lleguen a la aldea. Ambos deciden realizar el tramo restante a pie, tal y como vienen avanzando desde que dejaron a Sasori atrás, para así demorar su llegada al área en que, imaginan, Konoha está haciendo la búsqueda.

Cuando ambos se acercan a esta área lindante al territorio vigilado, Sai pone un brazo por delante de Sakura para detener su marcha. Su ceño está fruncido y su mirada baja.

—Deberíamos cambiarnos de ropa ahora que estamos a tiempo. ¿No crees que Akino o Pakún podrían llegar a reconocer su olor en nosotros? Sobretodo en tí—señala Sai sujetando su abrigo negro de Raíz.

Sakura asiente de inmediato.

—Tienes razón. Disculpa… Me quedé pensando en lo que pasó antes.

Sai niega con la cabeza.

—Debemos darnos prisa. Poco importa lo que sea que preocupe a tu contacto si llegan a descubrir algo en base al olor de nuestra ropa.

Ambos se alejan lo suficiente como para cambiarse bajo el resguardo de los árboles circundantes. Sai se pone un uniforme muy similar al que acostumbra usar, salvo que su chaqueta nueva le cubre el estómago al completo y el par de pantalones es de un gris oscuro. Sakura, por su lado, se cambia las calzas y la falda por unos pantalones cortos ajustados, y una playera fucsia de escote en "U".

—Ten—Sai le arroja una lata de aerosol al verla aparecer de regreso entre la maleza—. Rocía esto sobre la ropa que te sacaste. Ayudará a camuflar el olor dentro de tu equipaje, por lo menos hasta que puedas meter esa muda en una lavadora.

Ella obedece las instrucciones, rociando las prendas antes de doblarlas dentro de su mochila. Por último, también opta por echarse un poco de colonia sobre el cuerpo. La loción es rociada entre sus pechos, detrás de sus orejas, en sus axilas y en sus muñecas. Y se toma el atrevimiento de rociar un poco también a Sai, sobre su cuello blanco descubierto.

La mujer no puede escapar al cóctel de emociones que la situación produce. Hace tan solo unas semanas atrás pensaba que jamás volvería a Konoha. Estar de regreso en su hogar, sin duda produce felicidad.

Y si bien es verdad que no está volviendo como una traidora, está volviendo como alguien que tiene que explicar mucho. Repasa los detalles y las líneas generales que piensa reportar. No falta mucho para llegar, y falta aún menos para que alguien detecte su presencia. Eso es a propósito, no están mostrándose sigilosos, eso sería incluso contraproducente. Además de que sería subestimar a la aldea.

Lo que más le cuesta imaginar, lo que más le duele pensar es en el dolor que debió haber causado a sus padres. Ciertamente, falla en intentar concebir la preocupación que deben estar viviendo aún ahora mismo gracias a ella. La verdad es que no sabría cómo comenzar a explicarles, o siquiera si algo así es posible. Tiene muchas ansias de verlos, pero lo cierto es que no puede decir que espera con ansias el reencuentro.

El sonido de las hojas moviéndose, solo les permite un instante para reaccionar. No suficiente como para que se preparen para la inmediata llegada de Kiba y su perro Akamaru.

El joven Inuzuka, montado sobre su compañero cuadrúpedo se hace presente con una velocidad prodigiosa, y hace que el can se detenga frente a ambos en un instante, forzandolos a detener sus pasos.

Quién sabe desde cuán lejos los detectaron. Y, a juzgar por la velocidad de su llegada y el control que tuvieron para detenerse, el dúo conocía su posición en detalle desde antes de comenzar a correr.

Kiba les dedica una mirada a ambos, desde la altura que le brinda su montura canina, y analiza su estado a primera vista al tiempo que Akamaru alza la nariz buscando indicios de otra presencia en el área.

— ¡Ustedes dos, por fin! —exclama el salvaje muchacho con el ceño fruncido, y tanto él como su compañero arrugan la nariz ante la mezcla de perfume y sudor que arriba hasta su olfato— ¿Se encuentran bien? ¿Alguien los persigue?

—Nadie nos persigue—contesta Sai con porte impasible. Él siempre carga mejor con la presión que su compañera de equipo.

Al escuchar esto, Kiba se lleva las manos a la boca y silba con fuerza, anunciando la posición exacta de su presencia a sus compañeros de búsqueda.

Estos no tardan mucho en llegar. El discípulo de Might Guy de cejas pobladas, y el joven prodigio del clan Hyuga se hacen presentes en escena en cuestión de segundos.

Tanto Sai como Sakura caen en cuenta de que debieron estar dentro del rango de visión de Neji desde hace tiempo ya. La presencia de Kiba y Akamaru existe solo para suplementar su sentido de la vista. La presencia de Lee en el equipo indica que este está diseñado no sólo para rastreo, sino para combate.

—No puedo detectar otras presencias en las cercanías— reporta un estoico Neji Hyuga a su equipo.

—Nosotros tampoco—completa Kiba, sobándose la nariz de manera disimulada al volverse hacia ellos, junto a su montura.

Lee solo baja un poco su guardia al recibir confirmación de parte de los otros dos. Sólo cuando obtiene estos datos de parte de sus compañeros es cuando se dirige a Sakura.

—¿Estabas con Sai? Podrías haberlo hecho saber. Tenemos a veinte ninjas buscándote y esos son solo los que yo conozco.

En la voz del joven se detecta una mezcla de alivio y regaño. Su mirada, por otro lado, refleja más lo segundo.

—Estuve con Sai todo este tiempo—es todo lo que atina a responder Sakura. Es bueno ver que la primera reacción del escuadrón de búsqueda es mostrar preocupación por ella.

—¿Podemos saber dónde demonios te encontrabas?— Neji es tosco y directo al dirigirse a ella. Es claro que el hombre estaba preparado para encontrar cualquier otra cosa menos a Sakura regresando sana y salva sin nadie tras ella. Obviamente la situación le resulta sospechosa.

—Reporto solo ante Danzo y la Raíz a menos que la Hokage me ordene otra cosa—la respuesta de Sai es igualmente directa, pero carente de cualquier dejo de enojo o frustración.

—Sakura…—vuelve intervenir Lee—. No me digas que tú respondes ante Danzo también, porque, si así fuera, Tsunade no habría reaccionado como lo hizo.

Esas palabras calan en la kunoichi. Es claro que ellos notan la irregularidad de la situación y no hay caso en esconderla o disimular.

—Responderé ante la Hokage y ante quien ella decida que debe oír mi reporte. Es obvio que estoy involucrada con Sai y, por lo tanto, con las operaciones de Danzo…—suspira—. No puedo decirles más que lo que pueden deducir por sí mismos, y no puedo confirmar ni negar otras deducciones. La naturaleza de la misión requiere secreto.

—¿Secreto al punto que nadie en la aldea tiene idea de lo que estabas haciendo? ¿Al punto en que los pocos que no te creyeron perdida en acción, te creyeron desertora?—cuestiona Neji Hyuga con una ceja alzada. Él nunca fue la clase de ninja que usa delicadezas para expresarse.

—Sí. Ese nivel de secreto—contesta Sai por ella, haciendo uso de su posición y experiencia como ANBU de la Raíz al plantarse frente al jounin—. Yo decidí asignarle tareas de la manera en la que lo hice, y no corresponde a ustedes juzgar que tipo de consecuencia recaerá sobre Sakura o sobre mí por las decisiones que tomamos, ni saber los detalles de una misión que no fue encomendada a ustedes. Harían bien en recordar que la Raíz responde solo al Hokage por sus acciones y resultados obtenidos.

Las palabras del pálido joven son suficientes para silenciar al escuadrón de búsqueda, pero no hace nada para aliviar ninguna sospecha.

Akamaru dejó de prestar atención al entorno con su nariz desde que llegó hasta ellos, y tras pasar este tiempo ladra a su compañero humano.

—Dijeron que no fueron seguidos, pero Akamaru está oliendo a alguien más—explica Kiba con cautela.

—Dijimos que no estamos siendo seguidos ahora. No que no fuimos seguidos. No viajamos solos todo el trayecto. Por favor, no hagas más preguntas que no podemos responderte. Solo harás la situación más incómoda de lo que ya es—repone la kunoichi para apaciguar al joven Inuzuka, siendo la única manera que encuentra para hacerlo el refugiarse en la narrativa que ella y Sai crearon y planearon para este escenario.

—Pues, me alegra que estés bien, pero en serio no veo cómo la situación podría ser más incómoda.

—Dale un respiro, Kiba. Lo importante ahora mismo es que regresaron y están sanos y salvos—se adelanta Lee, demostrando su debilidad por Sakura de inmediato.

Sai observa de reojo al muchacho de cejas pobladas. La parte más fría de su formación considera si, dado el caso, podría usar esa debilidad del joven hacia Sakura en favor de seguir manteniendo sus conexiones secretas… Rock Lee parece ser fuerza bruta y emoción, un recurso fácilmente manipulable, pero de inmediato se reprende a sí mismo. La situación no es tan extrema aún. No... No sería ético manipularlo de esa manera. Además… si algo aprendió de lo vivido junto a Sakura y Sasori, es que el afecto es un recurso que es mejor aprovechar de manera pasiva, que explotar de manera activa.

—Gracias, Lee… pero entiendo que las cosas se ven extrañas—interrumpe la mujer intentando ser diplomática, y demostrar que no es ignorante ante la posición de los demás presentes—. Espero que, tras el reporte, me permitan contarles lo suficiente para aliviar sus dudas.

Al momento de ser escoltados de regreso a la aldea, Sai se queda rezagado mientras Sakura camina por delante junto a Rock Lee, con Neji y Kiba justo detrás de ambos. Permite que su compañera sea distraída por la conversación del muchacho de las cejas, cediéndole el momento de acaparar la atención. En cierto modo, ayuda a distender la tensión en torno a su estoico secretismo. Al mismo tiempo, el ANBU atiende su vista periférica, atento por si llega a aparecer alguna de las invocaciones de Kakashi, tal y como Sakura le había comentado antes.

"¿Fue Pakún el que rastreó a Sasori durante el rescate del Kazekage? ¿O era Akino?" Sai duda por un momento. "No importa ahora. Es un detalle irrelevante. Basta con que uno de esos perros detecte el olor de Sasori para que el resto de la camada haga las conexiones."

Sai no tiene la suficiente información como para definir si Sakura rastreando a Sasori por su cuenta, con ayuda de uno de los perros de Kakashi, fue una idea estúpida o no. Por ahora, sólo hace una nota mental para preguntarle a alguno de los dos al respecto cuando lo considere oportuno.

Volviendo al presente, el ninja de Raíz no piensa quedarse demasiado tiempo más junto a Sakura y su escolta, pero necesita monitorear la situación antes de separarse de ella. Por lo que puede leer de su lenguaje corporal, la joven parece tener esto bajo control a pesar de la tensión.

—Imagino que las órdenes de búsqueda y escolta implican solo a Sakura, ¿Correcto?—pregunta el artista del movimiento al escuadrón escolta. La respuesta que recibe es una seca afirmativa. Efectivamente, solo Sakura estaba siendo buscada—. Pues, entonces los adelantaré. Intentaré convencer a Danzo de que me permita darles algún tipo de explicación. Creo que Sakura tiene un buen punto, merecen saber algo sobre lo que pasó aqui. Es solo que no me corresponde a mí decidir eso.

Sai sonríe de manera tan cordial como vacía antes de dejar atrás al grupo. Invoca un ave de tinta y se sube a ella, comenzando un desplazamiento por aire que irremediablemente deja a Sakura con la incomodidad de ser escoltada a solas. Esto es parte del plan… pero no significa que sea una parte agradable para ella.

El joven ANBU reconoce que el reporte ante Tsunade es demasiado importante para hacerse improvisado o en soledad. Informar a Danzo antes de que Sakura complete o, de preferencia, siquiera se pronuncie ante la Hokage es de extrema importancia. Es necesaria la colaboración del líder de la Raíz para cubrir todas las aristas posibles. Si Danzo está dispuesto a asumir participación en lo ocurrido o, al menos, a permitir cierto grado de libertad de acción para él, eso ayudará demasiado a calmar la desconfianza de Tsunade.

El camino ninja de Danzo es tan oscuro y secreto como siempre. Sai se apresura a moverse por él en un esfuerzo de hacer todo tan pronto como pueda. Su recorrido lo lleva al subsuelo de la torre Hokage, a la red de túneles que convergen en el cuartel general de la Raíz. Pocos tienen acceso a este sitio, y aún menos son quienes saben encontrar la información sin perderse entre las sombras y caminos sinuosos, confusos. Son los ninjas de la Raíz los que aprendieron a memorizar cada recorrido, cada atajo de la instalación. Gran parte de estos túneles fueron creados por la Raíz después de todo.

La organización es el subsuelo que nutre a Konoha, y sus instalaciones reflejan esta filosofía a la perfección. Hay quienes dirían que la organización toma su nombre debido a estos mismos túneles.

Cuando Sai se cruza con el primer miembro de la Raíz que aparece en su vista, se apresura a pedirle que contacte con Danzo con el mensaje de que existe un reporte urgente para él esperando en el salón principal Cualquier miembro de este selecto grupo sabe que la palabra urgente no es algo que se menciona a la ligera.

Afortunadamente, el artista del movimiento no tiene que esperar mucho dentro de este salón antes de que Danzo se haga presente frente a él.

—No es usual que sea invocado utilizando la palabra "urgente"—habla el hombre de avanzada edad, el líder de la Raíz, y la segunda figura más influyente de la aldea. Hay quienes dirían que es la primera—. Vamos al reporte.

Danzo Shimura se mantiene de pie y no muestra intención de tomar asiento.

El muchacho se apoya sobre una de sus rodillas, y pone un puño en el suelo en señal de respeto a su superior.

—Mis proyectos independientes involucraron a una persona externa a la Raíz: Sakura Haruno. La única manera en la que podré conservar los beneficios que procuré para la aldea, es si se me permite revelar parte de mis actividades a la Hokage.

—¿Qué proyectos? ¿De qué beneficios estamos hablando? — Las preguntas de su líder van al grano de la cuestión. No tiene interés en la mujer de clan innomino, no aún.

—Creé una red de espías que trabaja dentro y fuera del territorio designado a la aldea—comienza Sai sin levantar la mirada del suelo—. Dentro y fuera del país del fuego. Lo hice con la asistencia de Sakura Haruno; con su participación como piedra angular. Lo hice tomando gente y usurpando el territorio de una organización criminal que se movía por los territorios en los que ahora mis espías circulan. Esa organización era la Serpiente. Necesito su autorización para revelar ante la Hokage la existencia de mi red de espías, solo en la extensión que refiere al País del Fuego.

—Si lo que dices es verdad, y aún no tengo motivo para creer que mientes… En realidad creaste un beneficio de gran impacto para la aldea— reconoce Danzo antes de pasar de inmediato a criticarlo con una pregunta pertinente—: ¿Qué descuido cometiste para que este beneficio se encuentre ahora en riesgo?

—No pude averiguar la identidad del líder, el cerebro detrás de la Serpiente. No sospeché de su identidad hasta que fue demasiado tarde—prosigue el joven artista—. El líder de la Serpiente era el señor feudal Akira Hanazono. Para cuando me enteré de su papel en la Serpiente, él ya se encontraba en proceso de intentar revelar las identidades mías y de Sakura. Considerando los recursos que un señor feudal tiene a su disposición, consideré correcto que Sakura y yo borremos nuestras huellas en persona ante las represalias.

—Entonces, tú eres el responsable de la desaparición de Sakura Haruno… Admito que lo sospeché ¿Eres responsable también de la muerte de Lord Hanazono? —la pregunta del anciano está acompañada de una mirada tan carente de sorpresa, como afilada en su silencio.

—Negativo. Mis fuentes reportan que Lord Hanazono entró en pánico debido a nuestras acciones, e intentó contactar con Akatsuki para que ellos hicieran el control de daños por él. Tengo entendido que su oferta fue considerada una falta de respeto, y se hizo un ejemplo de él.

La mención de Akatsuki en medio del reporte deja Danzo sin palabras por un momento, masticando lo que escucha antes de proseguir:

—¿Puedes conservar la red de espías internacional en funcionamiento, incluso si Tsunade se entera de que la red existe y opera dentro del País del Fuego?

—Soy capaz de hacer eso, siempre que tenga a Sakura de mi lado.

Esas palabras nuevamente requieren unos instantes de contemplación de parte del líder.

—¿Qué papel cumple ella en este entramado?

—El de figura de autoridad y terror para los miembros de la red. Imagino que usted leyó sobre el monstruo de Khanzen. Ella es el monstruo de Khanzen. La fidelidad de quienes trabajan dentro de mi red se basa en su deseo de obtener las recompensas que yo les doy, y el miedo a las consecuencias que ella pueda desatar,

—¿Sakura Haruno? ¿Ella es el monstruo de Khanzen? … — esto es lo que le provoca sorpresa al líder de la Raíz; no la muerte del señor feudal, sino la influencia adquirida por alguien en quien no se fijó—. Admito que no creí que tenía eso dentro de ella, pero es claro que tampoco la juzgué como una espía capaz… mi autorización y también voy a respaldar tu testimonio ante la Hokage. Ejecuta tu plan con eficiencia. Entrega a peones sin valor si es necesario. Mantener la existencia y el control de tu red de espionaje es una prioridad. La señorita Haruno y tú van a reportar ante mí en mayor detalle más tarde. Por ahora, ve y asiste a la novata para que no arruine tus esfuerzos.

Sai inclina la cabeza por lo bajo en señal de asentimiento, pero antes de incorporarse observa una carta en la mano de su mentor, cuyo sello de cera está roto, y en él se denota el sello en llama del País del Fuego.

—Por otro lado… Es relevante informarte ahora que espero que asistas como mi escolta al funeral de Akira Hanazono, junto con la Hokage y Kakashi Hatake. Servirá como advertencia a los pocos que lo hayan tenido como empleador antes, y puedan reconocerte. Enviará el mensaje de que tú eres responsable de su muerte, y que ponerse en tu contra es una muy mala idea. Incluso si las personas que reciben ese mensaje pueden contarse con los dedos de una mano, lo que reciban será fuerte y claro.

—Comprendo—asiente de nuevo sin mostrar emoción en su semblante—. Seré su escolta en el funeral.

—El monstruo de Khanzen debería estar presente también, pero eso lo hablaré con ella cuando venga ante mí con los detalles. Ahora ve. De seguro ella está siendo interrogada ahora mismo.

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Sakura Haruno permanece anclada en su sitio mientras ve a su maestra llenar un vaso de sake, y pasarlo por su garganta de un único sorbo sostenido. La mandataria está molesta, con los ojos vidriosos y las mejillas enrojecidas, claramente había estado bebiendo desde antes de que ella entrara a su despacho.

La joven aprendiz no puede evitar tener miedo a lo que vendrá, mientras internamente se pregunta en dónde rayos está Sai ,y cómo se atreve a dejarla sola en un momento como este.

—Basta de estupideces, ninguna alumna mía va a comportarse como una chiquilla asustada—habla Tsunade con autoridad en su voz, más un sesgo de regaño y el estirar de las palabras propio de la ebriedad—. Tienes los ovarios de desaparecerte por más de dos semanas de mi maldita aldea y ahora tienes miedo de plantarme cara. Más te vale tener una buena excusa para los recursos que tuve que destinar a buscarte, a consolar a tu madre y a entretener a Naruto para que no note tu ausencia y salga directo en tu búsqueda. ¿Es que no sabes que Akatsuki anda por ahí afuera?

Sakura hace un esfuerzo para no cerrar los ojos anticipando un golpe de parte de su maestra, pero sus rodillas flaquean de todos modos, y sus puños se tensan a sus costados.

—Estoy consciente de que Akatsuki es un peligro latente de nuevo para la aldea—asiente intentando por todos los medios invocar a su parte intrépida y testaruda—. Parte de mis esfuerzos son para proteger a Naruto y a la aldea de Akatsuki, nunca lo oculté.

La Hokage desecha lo que oye con un gesto de su mano libre.

—No quiero vueltas ni excusas, Sakura. Te pedí explicaciones. Quiero un reporte de lo que estuviste haciendo y por qué eso excusa tu desaparición. Que seas mi alumna, no te excluye de las reglas de la aldea. Todo lo que me digas vas a tener que repetirlo en presencia de Ibiki, pero quiero que me lo digas a mi primero. Todos en la aldea responden a alguien. Todas las misiones nacen de un superior. Y si alguien decide tomar iniciativa propia, ese alguien tiene que presentar un reporte sin errores y convencer a nuestro interrogador de que sus palabras son verdaderas y sus intenciones se alinean con las de la aldea.

Las palabras de Tsunade son lo suficientemente severas para formar un nudo en la garganta de la muchacha.

—No se trata de que desconfíe de ti—aclara la maestra sin mutar su severo semblante—. Se trata de que causaste demasiados problemas y no pienso dejar que mi reputación se reduzca porque soy suave contigo. No fui suave en el entrenamiento, y no voy a comenzar ahora.

No obstante, antes de darle oportunidad a réplica, Tsunade avienta sobre el escritorio un sobre abierto, con una prosa muy prolija escrita dentro, ¿Una invitación?

—Encima, ahora me mandan esto. El grandísimo idiota de Hanazono está muerto, como si no tuviera ya suficiente—se queja, volviendo a servir y tomar más sake como si Sakura no estuviera allí.

La joven se fuerza a recuperar la compostura para resumir su reporte:

—Confieso que fui reclutada por Sai para asistir a una misión de la Raíz. La misión consistió en crear y mantener una red de espías dentro del territorio del País del Fuego, y perjudicar a una organización criminal con base en este territorio. La organización estaba vinculada a la venta de armas, y entré en contacto con ella en una de las misiones oficiales que recibí de usted. Me ausenté debido a que el líder de esta organización era más poderoso de lo que anticipamos, y amenazó con destruir la red de espías e involucrar a la aldea en asuntos en los que no debería inmiscuirse.

—¿Y cómo podría un líder de organización criminal de pacotilla involucrar a la aldea en esa clase de asuntos?

—Eso...—Sakura hace una pausa, sabiendo lo clave que sería la pieza faltante del rompecabezas—. El líder era el propio Akira Hanazono. Se dedicaba a vender armas y venenos dentro y fuera del País del Fuego. Era un traidor a la nación y, si revelaba que Sai y yo estábamos involucrados en el perjuicio de su organización, podría haber arruinado la reputación de la aldea. Sai y yo nos ausentamos para eliminar nuestros rastros en persona. Lógicamente, atacar a Lord Hanazono no era una opción. Y, si alguien debía caer, era mejor que nosotros dos fuéramos considerados traidores antes que la aldea pierda su reputación dentro del país. Por eso debíamos atender esto sin informar; borrar cualquier rastro que nos involucre. Si fallábamos, el fracaso debía caer sobre nuestros hombros y sólo sobre nuestros hombros. Nuestras fuentes reportan que Lord Hanazono intentó responder a nuestras acciones contactando con Akatsuki, pero ellos lo tomaron como un insulto y terminaron con su vida.

No es poca cosa lo que los oídos de la ebria mujer escuchan esta vez. La Princesa de las Babosas mira su vaso vacío aún en su mano; su ceño está profundamente fruncido, su mirada perdida, y una mueca de disconformidad se afianza en sus labios rojos, hinchados. De repente, como recordando lo rabiosa que estaba segundos atrás, golpea el vaso contra el escritorio en un arrebato de furia.

—Vamos a necesitar más que tu palabra—exclama Tsunade— ¡Traiganme a Sai! ¡A Danzo también, donde sea que se encuentre ese maldito viejo!

Sakura permanece quieta en el despacho, luego de correrse para un costado para dejarle paso a la mujer que por poco se avienta por la puerta a los gritos. De algún modo, su maestra consigue mover el mensaje de "Traer a Danzo y a Sai" a lo largo de la torre.

—Espero que puedas traer a varios de tus espías para ser interrogados también.—advierte la legendaria Sannin cuando vuelve a ingresar a su despacho—. Las acusaciones que mencionas son graves.

—Mis espías están listos para ser convocados, tan pronto como ellos puedan viajar y tan pronto como Konoha pueda enviar escoltas.

La joven Haruno sabe que involucrar a miembros de los hombres de nueve dedos sería necesario. Por suerte, Sai hizo su parte para que estos sean fieles. Ellos van a testificar en su momento, pero primero sus líderes tienen que sobrevivir a la ira de la Quinta Hokage.

Ira que se manifiesta de inmediato cuando su maestra amenaza con romper la pared de un puñetazo mientras exclama:

—¡Y que me traigan al condenado de...!

El ANBU de la Raíz se hace presente en la habitación antes de que la situación escalara. Inexpresivo como siempre, el muchacho interrumpe la oración de la Hokage al abrir la puerta una vez más.

—Comienza el reporte— ordena la líder, retornando a su posición detrás del escritorio, aunque presionando la mesa con los dedos haciéndola crujir un poco —. Y dime por qué no estabas aquí desde el comienzo.

El artista del movimiento mantiene la calma al momento de acercarse, hasta estar a la par de su compañera kunoichi, y pronunciarse al respecto:

—Necesitaba primero dejar un mensaje en la Raíz, para que Danzo pudiera dar fe de que la misión que estaba realizando provino de él. Él podrá atestiguar eso más tarde.

En los siguientes minutos, Sai procede a explicar su versión de los hechos, y se desenvuelve frente a la autoridad de la aldea como si hubiese ensayado su discurso por semanas. Sakura participa del testimonio de tanto en tanto, con interrupciones que fueron previamente planificadas junto a su compañero en el crimen.

El relato es interrumpido tras unos quince minutos por la llegada del líder de la Raíz en persona a la oficina.

—Al parecer, las acciones de uno de mis subordinados causaron más preocupaciones de lo normal. Vengo a tomar responsabilidad por las consecuencias de la misión que le asigné, y a corroborar todos los detalles de su testimonio que conciernen a mis órdenes— Danzo no gasta tiempo en saludos ni cortesías. No bien se hace presente en la escena, va directo al grano.

Tsunade, por su parte, devuelve el gesto:

—¿Se supone que tú autorizaste a Sai a reclutar a un ninja de rango chunnin para que forme parte de una misión designada originalmente para un ANBU?

—Ordené a Sai que use su discreción para tomar las medidas necesarias, con tal de establecer una red de espías y contactos en el País del Fuego. Claramente, su criterio lo llevó a considerar que sumar la asistencia de la kunoichi aquí presente era la mejor opción—repone Shimura con un tono que enmascara esa mezcla entre desprecio y rivalidad que tiene con la Princesa de las Babosas.

—Lo que ocurra debido a las instrucciones que das, ocurre bajo tu responsabilidad, Shimura; pero estoy interesada en escuchar sobre el criterio de tu discípulo y por qué consideras que merece tal nivel de autonomía o por qué es necesario.

Sai vuelve a tomar la palabra ante esta nueva interrogante:

—Durante la misión que usted nos encargó realizar en el País del Río, Sakura probó ser especialmente útil. Allí, tuvimos nuestro primer acercamiento con la organización de la Serpiente. A partir de ese momento, me propuse infiltrar contactos propios y lograr traiciones dentro de esta organización. Eventualmente, fue claro para mí que no era suficiente intentar sobornarlos con dinero o amenazarlos. Muchos miembros, en especial aquellos importantes; esos que se dedicaban a la creación de armas, actuaban en base al deseo de progresar en sus ramas de estudio. La presencia y conocimientos de Sakura fueron una pieza vital en mis esfuerzos de pasarlos a nuestro bando. Ella es respetada como médica, no solo como ninja.

Mientras el muchacho habla, Sakura observa de reojo a su líder. Pese a su edad, Danzo Shimura luce casi como un tigre agazapado. Su expresión es siempre dura y estoica, lo que vuelve sus facciones aún más indescifrables que las de Sai.

—¿Danzo? —lo indaga Tsunade— ¿Algo que agregar de tu parte?

—Yo dejo que los logros de mis subordinados justifiquen sus acciones. La decisión de involucrar a la señorita Haruno en su proyecto, conlleva a la adición de mentes brillantes a su red de espías. Estos espías servirían a nuestros enemigos de no ser por el criterio de mi subordinado, del que pareces empeñada en dudar—contesta el anciano con una mezcla de calma y soberbia—. Y, si lo poco que Sai me comunicó hasta ahora puede confirmarse, su criterio también llevó a que Lord Hanazono fuese revelado como traidor y, en su desesperación, provocase su propia muerte.

—Lord Hanazono te dio su apoyo—recalca la Hokage, escudriñando a Danzo con una aparente calma a través de la cual su alumna puede notar alguna emoción reprimida.

—Ese hombre era un traidor—se defiende el líder de Raíz, sin inmutarse ante el recordatorio—. Y una vez que nuestros dos subordinados, y sus espías, pasen unos minutos con Ibiki, podremos tener la confirmación que necesitamos—las palabras pronunciadas muestran total confianza hacia las habilidades de su discípulo—. Sé cómo entreno a mis ANBU. Sai ya debe tener a sus testigos listos para ser transportados a la aldea.

La mujer gira su cuello para mirar a ambos jóvenes. A continuación, Sakura toma un papel de su bolsillo y lo deposita sobre el escritorio.

—Una austera lista, con el nombre y locación de todos aquellos miembros de la red de espías que pueden atestiguar sobre la veracidad de nuestras palabras, y el funcionamiento de la red—explica la muchacha antes de volver al lado de Sai—. Ninguno de ellos es combatiente, y cualquier resistencia que puedan ofrecer es fútil, pero si quien los va a buscar dice necesitarlos en el nombre de "Los Tres Jefes", ellos acatarán la orden.

—¿"Los Tres Jefes"?—pregunta Tsunade con cautela.

—Figuras ficcionales que utilizamos para ocultar nuestra identidad y nuestro número—interrumpe Sai—. Ellos creen que existen tres figuras de liderazgo en la cabeza de la red.

—Volverán a dar su reporte, esta vez en presencia nuestra y de Ibiki—declara la legendaria Sannin luego de meditar sobre sus palabras—. Mandaré a buscar a sus espías, y pasarán por un interrogatorio similar. Hasta que todo en sus reportes sea verificado, ambos permanecerán dentro de Konoha y no podrán tener nuevas misiones. De más está decir que cualquier ausencia, o actividad sospechosa de su parte hasta que todo esto se resuelva, será tratada con severidad.

El repetir nuevamente el mismo reporte ante la presencia de Ibiki resulta para Sakura tanto un desafío para sus capacidades, como un recordatorio de lo que Konoha realmente es.

Es un desafío porque Ibiki Morino no está donde está por sus capacidades como torturador, sino por sus talentos para discernir la realidad de la mentira, su capacidad de percibir la duda en el rostro de aquellos a quienes interroga.

El reporte planeado junto a Sai fue diagramado de manera cuidadosa, no contiene mentiras más allá de las omisiones. El foco del relato se encuentra en la lealtad a Konoha profesada por ambos, lo que es real.

De la misma manera, aquellos miembros de los hombres de nueve dedos que a futuro sean interrogados por él, fueron escogidos porque saben sólo lo que están dispuestos a informar a Konoha. De entre ellos, Hiromu es quien tiene especiales motivos para mantenerse fiel a Sai.

Sakura se reconoce a sí misma que el pequeño "entrenamiento" al que sus compañeros la sometieron en su tiempo fuera de la aldea, demuestra de inmediato sus buenos resultados.

Tanto Sai como Sasori tienen más que sobrada experiencia en robar información y en mentir para esconderla. El entrenamiento de la Raíz y la vida como ninja renegado formaron su carácter.

A lo largo de todo el viaje, pero especialmente mientras estuvieron fuera de la civilización, el dúo de artistas decidió trabajar junto con Sakura para prepararla para el interrogatorio dentro de Konoha. Ibiki es de los mejores en su trabajo en el mundo, y sus dos compañeros se turnaron cada día para tomar su puesto en intensos simulacros de interrogatorio.

La joven Kunoichi no es nueva en el arte de la mentira, pero la realidad es que se requeriría más de ella en el interrogatorio. Ella debería ser capaz de responder acorde a escenarios previamente conversados con el dibujante, saber reponerse ante cualquier intento de hacerla trastabillar, y suprimir cualquier signo corporal de que la realidad no es perfectamente acorde a sus palabras.

La dinámica establecida durante esos simulacros estaba constituida por un papel activo y uno pasivo: Cuando Sai la ponía a prueba, Sasori observaba la escena para evaluar cuánto ella iba aprendiendo a mentir u omitir datos bajo presión. Y cuando era el turno de Sasori para hacer el papel de entrevistador, Sai era quien observaba y hacía las correcciones correspondientes.

El entrenamiento llegó a ponerla nerviosa y frustrada en más de una ocasión. Sai resultó ser en esto un mentor implacable y al borde de lo insufrible. Era lo necesario dadas las circunstancias, pero aun así, por momentos, la joven llegó a dudar de si sería posible. Controlar reacciones, que por naturaleza son involuntarias, no es algo que se le dé con facilidad.

Sasori lograba apaciguar las aguas convirtiendo el escenario en juego, sobre todo cuando su papel era el de observador. Su amado le dedicaba algún gesto galante o exagerando para intentar sonrojarla en medio del escenario de interrogación.

Sai no se opuso a esta falta de seriedad de parte de ambos. El muchacho no tardó en percibir la necesidad de momentos de levedad durante la instrucción, y era claro que el pelirrojo estaba más que equipado para estos.

Los esfuerzos de ambos por entrenarla para la ocasión, hacen que ahora tenga una buena chance de lidiar con la prueba que el futuro le depara. Sai ya tiene experiencia en esto. El sólo expresar de la forma correcta que "Konoha se beneficia más desconociendo estos detalles", y que "El mantener la confidencialidad de las fuentes es lo que mantiene funcionando la red de espías" hace llegar un mensaje lo suficientemente real y coherente como para convencer.

Lo más importante es en lo posible decir la verdad, y sólo omitir detalles. Mientras mayor porcentaje de realidad exista en la ficción, menos el cuerpo tiende a traicionar al discurso.

Por otro lado, sobre la magnitud de este escenario en sí… Sakura no puede evitar notar, al estar ahora en la silla del interrogatorio, que la aldea solo posee más reglas que la Serpiente. Y, si bien esta es una diferencia enorme… Tanto Konoha como la Serpiente son capaces de actos atroces a la hora de perseguir sus intereses. Ibiki es solo un interrogador para Sai y ella, pero su simple presencia conlleva el hecho de que la tortura tiene un espectro implícito en la habitación. Si él decidiera que no está conforme con lo que escucha, la reunión podría hacerse tan dolorosa como eterna.

Recurrir al dolor no es necesario durante este intercambio, así lo decide Ibiki una vez que finaliza con su evaluación inicial y reconoce que no puede detectar mentiras en sus palabras; ni su ojo avispado puede notar discrepancias entre su lenguaje corporal y su discurso.

Presentes en el interrogatorio, escuchando y observando en silencio de principio a fin a través de una ventanilla, están Tsunade y Danzo. Sakura podría jurar que ve una mueca de orgullo en la boca del anciano, cuando ve que las técnicas para infundir presión psicológica de parte de Ibiki no surten efecto en hacerlos trastabillar.

Cuando el jounin interrogador anuncia, mirando hacia la ventanilla, que ya obtuvo suficiente de ellos como para creer en sus palabras, es Danzo Shimura quien toma iniciativa y control de las circunstancias; sugiriendo a Tsunade el siguiente paso:

—Considerando que los miembros de esta red de espías aún no saben que están trabajando para Konoha, creo que podemos usar el funeral de Lord Hanazono para enviar un mensaje a aquellos miembros que conozcan el rostro de nuestros dos discípulos. Si ellos están presentes representando a Konoha en el momento de presentar respetos a la memoria del señor feudal caído, estaremos enviando un mensaje de fuerza irrefutable—la frialdad del hombre es tal, que no da indicios de haber sido alterado por el tiempo que tuvo que permanecer presenciando el interrogatorio.

—Primero, tenemos que interrogar a los hombres de la lista que nos proporcionó Sakura— lo detiene la líder de la aldea, con los brazos cruzados bajo su pecho.

—Si quieres desconfiar de tu alumna, eres libre de hacerlo. Entiendo que es prudente para alguien que ocupa tu posición. De mi parte, no tengo dudas de que las palabras de mi ANBU serán corroboradas en unos días—la ponzoña en la expresión de Danzo al dirigirse a ella es sentida por los presentes.

— Sai… Sakura… —los llama Tsunade cuando regresan junto a ellos desde el cubículo del interrogatorio—. Escuché suficiente por hoy. Permanecerán en Konoha y reportarán ante mí, antes de que siquiera piensen en acercarse a los muros de la aldea. ¿Entienden lo que digo? Los quiero aquí hasta que todo esto esté en orden, y cada duda y cuestión sea atendida por los medios adecuados. ¿Soy clara?

Ambos inclinan la cabeza en gesto de asentimiento silencioso. Sakura, por su parte, no puede dejar de mirar de reojo al líder de Raíz y su molestia para con la decisión de la Sannin.

—Y una vez que esto se aclare… Consideraré la petición de Danzo… así que prepárense en caso de que tengan que asistir al funeral—si bien este comentario de parte de Tsunade parece ser uno en el que admite derrota, Sakura puede ver algo bueno en él. Allí se encuentra implícito el asumir que lo que ellos dicen es la verdad y que dicha verdad será verificada con el tiempo— . Todos pueden retirarse hasta la próxima vez que los convoque… Por ahora, necesito un tiempo a solas en la torre para meditar.

Algo en el comportamiento actual de su maestra, más el alcohol presente en su oficina, de repente estremece lo suficiente a Sakura como para lagarse de allí sin hacer preguntas. Puede intuir que su estado tiene algo que ver con las noticias del funeral del "gran líder", pero en este momento no tiene la energía mental para indagar más allá.

Sai, por otro lado, parece estar acostumbrado a filtrar la incomodidad del ambiente. Eso o Danzo lo entrenó lo bastante bien como para adaptarse al medio por hostil que fuera. Probablemente se trata de la segunda opción.

—Vamos, puedes animarte un poco—dice su compañero ANBU en un contexto mucho más relajado. Ahora solamente están caminando a la par, ya que él se ofreció a acompañarla hasta su casa. Aunque más bien, el paseo juntos le sirve de excusa para conversar sobre su siguiente movimiento—. Salió como lo esperaba. Tenemos un pequeño descanso antes de asistir al funeral.

— ¿Crees que nos convocarán para ir? —pregunta Sakura poco extrañada ante la idea, riendo con cansancio—. Por supuesto. Tiene demasiado sentido que estemos presentes allí. Además, después de lo que logramos, no hay motivo para que Danzo no te tenga en buena estima gracias a la red de espías que armamos junto con… el señor Kimura.

Algo en su boca se siente desgastado al pronunciar el nombre, como si estuviera ya demasiado estancado en el tiempo. Debería pensar en un nuevo pseudónimo para su amado.

— Y, por si fuera poco—acota Sai con los ojos entrecerrados, exudando seguridad detrás de su calma—, gracias a nuestras actividades, mi posición en la Raíz subió de manera significativa solamente por reputación y logros. Aún no sé hasta qué punto. Las implicaciones de esta jugada son difíciles de evaluar.

— ¿Felicitaciones?—parpadea ella sin saber cómo procesar la información—. Aún es temprano para juzgar el detalle. Aunque, sin dudas, esto te compra una posición más segura dentro de la Raíz. Por lo demás. No confío en Danzo.

Sai asiente sin perder la compostura, cambiando de tema al instante:

— ¿Sabes quién más fue invitado personalmente al funeral, aparte de nuestros líderes? Kakashi Hatake.

Sakura sí que se sorprende al escuchar esa información.

— ¿Mi maestro? —pregunta con una ceja alzada— ¿Estaba de alguna manera relacionado con Lord Hanazono?

—Tengo entendido que, hace dos años, luego de que Orochimaru atacó la aldea, Hanazono solicitó la presencia de tu maestro en sus tierras; para protegerlas de las fuerzas del Sonido. Si las cuentas no me fallan, el evento coincidiría en el tiempo con el intento de rescate de Sasuke por parte del equipo de Shikamaru Nara.

Ahora las piezas encajan, al menos en parte. El que Kakashi se hubiera ganado la admiración y el respeto del señor feudal durante su misión de protección, a la vez que el que llegase tarde al Valle del Fin y no pudiera hacer nada para detener a tiempo a Sasuke. Sakura no estuvo presente aquella vez, pero supo lo que pasó cuando lo vio regresar a la aldea con expresión de dolor y derrota, y un Naruto inconsciente en brazos.

—Aún así... —reflexiona Sakura más en profundidad—. Siento que no es sólo eso. El funeral es en sí mismo una reunión política. Deben querer algo de él.

—Eso mismo estaba pensando—asiente Sai—. Sospecho que quizá los consejeros que acompañan a Hanazono hijo quieran proponer a tu maestro como candidato al puesto de Hokage. ¿Qué piensas de eso?

Sakura se desconcierta con esa conjetura, pero entiende de inmediato por qué Sai tiene esa información de primera mano. Si Danzo quiere el puesto de Hokage, que Hanazono hijo busque conseguir alianzas para Kakashi, sin duda lo convertiría en su competencia directa.

—Honestamente, no me imagino a mi maestro desempeñando el puesto de Hokage… ni tan siquiera interesado en ser candidato. Es muy perezoso para eso—Sakura desecha las posibilidades con una mueca—. De todos modos, me estás poniendo en una suerte de aprieto en esto. Estás dando a entender que existe gente que quiere quitarle el puesto a Tsunade en el futuro. Y en esas circunstancias estarías en la situación de tener que apoyar a Danzo.

—Siempre hay alguien intentando controlar quién es el líder de Konoha—sonríe Sai sin denotar nada en su semblante que la haga sospechar—. Sabes más que bien que nadie tiene el valor de hacer una movida en su contra. Ni siquiera Danzo. Es sólo que, como espía, me corresponde estar al tanto de los posibles escenarios, siendo un nuevo Hokage uno de ellos. De todos modos, estaba interesado en saber qué tan posible veías a Kakashi como un candidato al puesto.

—Cero—ríe la joven, un poco incómoda con el tópico.

—Pues, eso solo nos deja a mi maestro Danzo, seguido por el clan Hyuuga. Siempre es bueno tener en cuenta quién es el siguiente en la línea de sucesión del poder. Ayuda a que se pueda hacer lo mejor en tiempos de caos.

—Y todos esos tendrán que pasar por encima mío si quieren quitarle el lugar a mi maestra—sonríe ella a modo de broma, pero en parte emulando un tono agresivo—. Bueno, creo que es claro en dónde está mi lealtad en esto.

—No malentiendas mis palabras. No tengo ninguna lealtad en estas circunstancias, más allá de la aldea en sí misma. Solo quiero resaltar el punto de que, pase lo que pase, debido a la caída de Hanazono… Tenemos que asegurarnos de tener aliados en posiciones altas. Especialmente si queremos que el asunto del "Señor Kimura" siga bajo control.

El estado mental en el que Sakura debió permanecer durante la interrogación es uno del que es difícil salir.

Incluso tras unos minutos de caminata fuera del escrutinio de las autoridades, su mente aun funciona como la de una espía; impidiéndole disfrutar o caer en cuenta de que está nuevamente en su hogar.

Sumergidos en el intercambio, los jóvenes casi no notan que están a unos pocos pasos de la residencia Haruno, hasta que una mujer los intercepta desde la puerta.

— ¡Pero qué ven mis ojos! ¡Sakura, hija! —llama su madre con lágrimas de alegría en los ojos.

Esa voz es todo lo que ella necesita para dejar de ser espía y volver a ser hija.

Sakura sonríe de regreso y sólo hace un par de movimientos hacia adelante antes de quedar atrapada en un abrazo.

— ¡Mamá! ¡Lo siento por haberme ido de manera tan repentina! —comienza la muchacha de manera torpe y balbuceante, estrechando a Mebuki con fuerza. El tener que excusarse ante sus padres por sus desventuras secretas, ya es un infortunio demasiado común en su vida— Era una misión secreta, no podía posponerlo, Tsunade ya sabe de esto, prometo que-

El ANBU de la Raíz mantiene la distancia y el silencio, presenciando el abrazo entre ambas en la vía pública y dejando que la reunión familiar se tome todos los incómodos y emotivos momentos que necesite.

— ¡Mira, ya no importa el motivo! —la corta su madre incorporándose para mirarla a los ojos, sujetándola por los hombros sin dejar de sonreír de alivio— ¡Lo único que importa es que estás en casa!¡Y que estás sana y salva!

Sai sonríe a un costado de la escena, con su típica etiqueta inexpresiva.

—Te dije que te preocupabas demasiado. Todo parece estar bien para nosotros ahora—las palabras de su amigo no tienen nada de especial para Sakura, pero sí parecen despertar algo en la madre que ahora lo mira… distinto.

—Gracias por cuidar de mi hija, joven Sai. Es claro que todo esto es porque está trabajando contigo ahora. No necesito tener los detalles para ver lo cercanos que se han vuelto ustedes dos—Mebuki le dedica una sonrisa de familiaridad al ANBU al apartarse de su hija, como si de repente lo considerara parte de la familia.

"Oh… no" Piensa Sakura llevándose la mano al puente de la nariz. La muchacha no esperaba este grado de cotidianeidad tan pronto.

—Ella cuida de mí, tanto o más que lo que yo de ella—comenta el artista del movimiento totalmente ignorante del malentendido que está formándose allí—. Sobretodo en esta última misión que tuvimos juntos, literalmente le debo...

— ¡TÚ, CÁLLATE! —le grita Sakura con un aura asesina.

Justo para ese momento, su padre también se asoma por la ventana para llamarlos a gritos.

— ¡Mira, qué tenemos aquí! ¡Sakura, mi pequeña! ¡Y Sai también! ¡Le dije mil veces a tu madre que nuestra hija es demasiado fuerte para que algo le haya pasado! —de todas las cosas que la joven se imaginó para su reencuentro con su familia, esta naturalidad es una opción que no había considerado— ¡Pasen, pasen!

Kizashi invita a su hija y a su compañero de equipo a pasar adentro, con ánimo de celebración, pero creando una atmósfera tan familiar y mundana que pareciera que nada hubiese ocurrido en estas semanas.

—Sakura, sé más amable con él—lo regaña de inmediato su madre, poniéndole una mano en el hombro para caminar juntas hacia la casa— ¿Te gustaría quedarte a cenar, joven Sai? Seguro que compartir un tiempo en familia no nos vendría mal.

La joven gira el cuello para mirar al susodicho Sai, e intentar comunicar sin palabras que decline la invitación, o que al menos deje de dar leña al malentendido.

—Estaría encantado—responde el ANBU de la Raíz, claramente malinterpretando la mirada de su compañera—. Algo de tiempo en familia suena perfecto. Y creo que podrían obtener un poco más de explicaciones de mi parte, que de parte de Sakura.

Sakura puede jurar que es capaz de ver una especie de sonrojo en la cara de su madre al escucharlo. La alegría de ver que sus padres son algo en este mundo que se niega a cambiar, se mezcla con su vergüenza y deseo de ser tragada por la tierra en una sensación difícil de describir.

—¡Pasen! ¡Pasen! ¡Tenemos su regreso para celebrar! —Insisten los dos anfitriones Haruno al unísono cuando la familia se reúne en el umbral de la casa.

"Oh no… estan hablando al mismo tiempo"

Sakura comienza a ver como la situación se le escapa de las manos.

—¿Y desde cuando son tan cercanos ustedes dos?

"¡Siguen hablando al mismo tiempo!"

La joven se lleva la mano a la frente ante el comportamiento de sus padres, rezando porque Sai no respondiera. Sus plegarias caen en oídos sordos poco después.

—Pues, un día Sakura vino a preguntarme sobre el arte…

Sakura no escapa de la cena ni de la vergüenza ajena esa noche.

.


.

El marionetista no pierde el tiempo desde el momento que se separó de su amada kunoichi. Contactar con Kyoshi, tras tiempo de no establecer una comunicación directa con alguien dentro de la Arena, es algo que debe hacerse bien.

Por suerte para él y para personas en situaciones similares, el trabajo de transmitir mensajes encriptados del punto A al punto B, sin hacer preguntas, es lucrativo para todo aquel que quiera tomar el riesgo y sea capaz de llevar la labor con las precauciones adecuadas. La familia local que utilizó Deidara para contactar con él no ofrece un negocio único ni exclusivo. Existen otros sitios como ese; sitios en donde una persona en situación particular puede pagar, para que alguien haga llegar un pergamino encriptado a donde se lo necesita. Es por esto que el pelirrojo se queda con los Ryus que Sai les había dado a él y a Sakura en el momento de la fuga.

Demora un par de días en llegar al pueblo en donde podría contratar esos servicios. Suficiente como para pensar en detalle lo que quiere comunicar a Kyoshi.

El plan de infiltración en su aldea natal requeriría de un buen tiempo de preparación. Después de todo, el crear una identidad alterna duradera requiere tener contactos dentro de las autoridades de la Arena que estén dispuestos a tomar riesgos elevados a cambio de paga, o favores.

La idea de crear una identidad nueva civil es algo que descarta de inmediato como una posibilidad. Konoha jamás confiaría en una identidad extranjera que no venga con la verificación de parte de una aldea shinobi… a menos que la identidad sea vinculada a la nobleza, y eso es algo que escapa por mucho a sus recursos. Sin contar que falsificar nobleza es todo lo opuesto a lo que uno debe hacer si busca pasar desapercibido.

Es cerca de la medianoche cuando Sasori ingresa como un cliente más dentro de la taberna indicada. El pelirrojo luce tan discreto como el resto de la reservada clientela nocturna, ataviado con una capa y su pelo rojo cubierto bajo una capucha negra Vino específicamente a este pueblo de paso para ponerse al día con sus contactos.

Mientras se desliza entre las espaldas y los perfiles humanos a su paso hasta llegar una mesa disponible, nota que una densa humareda de cigarrillo nubla el ambiente, y vuelve el aire casi tangible a su alrededor; casi tan tangible como lo son los sonidos de bebidas entrechocando y pasando entre las manos de los comensales.

Su nariz se arruga ligeramente ante esto. Si bien no necesita respirar, el humo del cigarrillo en un entorno cerrado no es de su agrado. Le nubla la vista y se le pega en la ropa como una fragancia desagradable, de la que tendrá que deshacerse luego. Al tomar asiento en una silla y recargar sus brazos sobre la mesa de una manera casual, su apática mirada recorre sus alrededores con atención disimulada.

Nota que todas las mesas alrededor de la barra, incluida la que ocupa él mismo, están específicamente hechas para que los comensales puedan pasarse mensajes por debajo, a pesar de estar rodeados de ojos. Existen múltiples entradas y salidas al lugar, facilitando tanto posibles huidas, como el proceder necesario para perderle la pista a aquella persona indeseada que uno tiene tras las espaldas.

Esta clase de diseño en madera es demasiado singular como para no ser hecha a propósito. Empero, es lo suficientemente sutil para que pase desapercibido a los ojos de alguien que no está buscando ver nada extraño allí.

Como es inteligente y educado hacer cuando uno entra a este tipo de establecimientos, Sasori pide una bebida que no piensa consumir, pero que está dispuesto a pagar junto con una propina desmedida no bien la recibe.

Acto seguido, se pone a esperar a que otros clientes con las mismas inclinaciones que él hagan sus negocios. La atención del marionetista se enfoca, de a ratos, sobre un par de claros novatos que están recargados en la barra. Uno de ellos en específico es la presunta fuente del humo que predomina allí dentro, ya que está fumando de una manera ansiosa; exhalando grandes bocanadas en la cara de su compañero como si quisiera tocarle los nervios.

No es demasiada la distancia entre sus perfiles y la mesa del marionetista, y por ahora no hay nada más a su alrededor que destaque por sobre ellos dos. El humo de cigarrillo lo fastidia, por lo que no puede evitar observar de reojo al que está fumando, que es por diferencia el más alto y ruidoso de los dos.

Pese a llevar una túnica encima y tener la cabeza cubierta por una capucha, el hombre es bastante llamativo. Su pierna izquierda tiembla en nerviosismo bajo su asiento. Y el brazo que sostiene el cigarro entre sus dedos enguantados se posa sobre la madera, haciendo que se quede inclinado de costado en la barra de un modo poco agraciado.

— ¿Cuánto tenemos que esperar? —pregunta con hastío a su acompañante taciturno.

Sasori clava su mirada en la segunda parte del dúo. El que no lo haya notado lo suficiente hasta ahora, sólo demuestra quién de ellos es el que parece estar dentro de su elemento en este lugar. El segundo hombre, que ladea el rostro con una mueca ante el humo, se ve más débil, contrito y delgado en comparación al otro, y deja entrever un antifaz plateado debajo de una capucha de tela verde, opaca como el color de la hierba seca. Su mirada luce sombría, astuta, o, al menos, uno de sus ojos; el ojo derecho… puesto que, al ladear su cabeza, Sasori puede ver que el antifaz en su cara carece de un orificio para su ojo izquierdo. Además de eso, una vieja cicatriz se abre paso desde la comisura izquierda de la boca hasta cruzar gran parte de la mejilla; dándole un aspecto siniestro, retorcido y aún más apretado al fruncimiento de sus labios.

"¿Un antifaz para tapar la pérdida de dicho ojo? Suponiendo que en serio perdió uno. Definitivamente tiene la discreción de un criminal al mezclarse con el ambiente, pero en serio ¿A quién se le ocurre tal cosa? Esa máscara lo vuelve literalmente el rostro más memorable de todo el condenado lugar." Sasori no puede evitar criticar al dúo de inexpertos, acercando la cerveza a su boca sólo para mojarse los labios.

—Esperamos lo que haya que esperar, hasta que sea nuestro momento. Ahora, deja de hablar tan alto, gigantezco idiota—el "tuerto" del antifaz sisea con desdén, perdiendo la compostura con facilidad ante la compañia que tiene, probablemente como fuerza de seguridad.

"¿Por qué traerías a un sujeto como ese a este lugar? Deja a tu guardaespaldas en la puerta de la taberna. Si estás tan complicado como para necesitar alguien que te cuide la espalda aquí mismo, entonces ya podrías darte por muerto"

—No estoy hablando alto. La acústica de este sitio apesta—repone el hombre que fuma, incapaz de bajar la voz—. Tu mensajero de mierda nos quiere muertos, de todas formas. Deja de actuar como si esto no fuera un maldito juego.

—Quizá tú te creas inmortal, pero yo prefiero mantener mis pies sobre la tierra—se exaspera el otro, poniéndose rojo de ira bajo la máscara ante la boca suelta de su compañero.

—No me creo inmortal—ríe arrogante el otro tipo, pasándose la mano libre debajo de la capucha para peinarse el cabello—. No necesito estar alardeando de mis dones en público. Los rumores que escuché, sin embargo…

—No me interesan los detalles, y baja la voz de una condenada vez. Arruinas el plan y te mato.

Aquella amenaza parece ser extremadamente graciosa para el encapuchado.

—Seguro, ¿Quieres irte al infierno, o qué? Escucha, no me interesa tu plan. Es estúpido de todos modos. Sólo quieres sacar más dinero de esto, y yo sólo estoy aquí para averiguar si "ese rumor" es cierto.

—Sí, y eso todavía es más estúpido—critica el tuerto de la cicatriz—. No tienes idea de cómo contactar a esos tipos y ¿Qué querrías conseguir si lo hicieras? No tienes un plan de ataque. Y si lo tienes es suicida.

—No quiero atacar, maldita sea—se defiende el otro, en gesto indignado—. Quiero confirmar que se trata de él. Ya te lo dije, si trabaja con esos, entonces sus acciones para con la orden son graves. Debería ser ajusticiado, pero no por mí.

—Eres un genio, Mesías, de verdad—se burla su compañero, y la cicatriz de su boca parece tensarse aún más con una nueva mueca burlona—. Tienes suerte que no te convenga que Jefa se entere de esto. O me hubiera obligado a cooperar contigo. Ahora, cierra la boca o voy a asegurarme de que no fumes un solo cigarrillo en lo que queda del año.

Terminado ese intercambio, Sasori no permanece distraído mucho más en ese par de novatos, salvo para ver cómo luego de unos minutos, el sujeto alto y arrogante apaga la colilla del cigarro en un cenicero en la barra y se levanta.

—Hace un calor infernal aquí adentro. Mejor esperaré afuera—es lo único que dice refunfuñando, bajándose la capucha para revelar una mata de pelo fino plateado, y se lo peina de nuevo con los dedos, como si de repente no le importara mantener sus rasgos ocultos del público.

—Ese imbécil...—susurra el del antifaz, presionando el puente de su nariz con una mano enguantada.

Algo en el semblante del hombre hace reír a Sasori, no más que un sonido entre dientes. Casi que le recuerda a los momentos en que Deidara solía sacarlo de quicio durante sus discusiones sobre el arte.

De vuelta con la mirada al frente, existe otra cosa que captura el ojo del renegado de la Arena. Y a diferencia de estos dos de la barra, es algo que no puede ignorarse en ningún pueblo del país.

El funeral en homenaje a Lord Hanazono es algo que aparenta ser faraónico en escala. No le es difícil hacerse con un periódico del día anterior y curiosear la noticia impresa en su encabezado. Parece ser que todo noble en el país que tenga un apellido que merezca recordarse estará presente allí, incluida por supuesto la aldea de la Hoja. Entre sus representantes, hay dos escoltas que formarán parte del grupo que cargará el féretro del mandatario fallecido durante la procesión.

Como siempre, no parece haber casi nadie en la prensa que tenga públicamente que decir algo malo sobre Akira Hanazono. Quizá es porque el zeitgeist cultural está a su favor, o quizá porque su máscara del político comprometido con su pueblo siempre fue efectiva.

Por otro lado… al pasar las páginas del periódico se encuentra con la noticia de un desastre natural. Una supuesta explosion volcánica que alteró el curso del agua de un río al norte del país de las olas.

"No cabe duda de que fuiste tú, Deidara." Piensa recordando vagamente lo que había sido en su día una misión asignada a ambos como equipo. Luego de Gaara, ambos deberían ir por la bestia de tres colas… El sitio donde se dio la "explosion volcánica" es uno de los lugares que ellos deberían investigar en la búsqueda de dicha bestia. Claro que, a Sasori, la vida le tendría reservado algo mejor que eso.

Hablando de Akatsuki… Ahora que tienen más bestias de chakra capturadas, es cuestión de tiempo antes de que hagan su movida contra el jinchuuriki del Kyubi.

Es solo cuestión de tiempo antes de que Hidan y Kakuzu sean enviados contra la aldea natal de su amada.

"Quizás sea hora de buscar un sitio más seguro para mis encuentros con Sakura. Lo último que quiero es que el riesgo de toparme a Kakuzu sea genuino un día de estos."

Es algo a considerar, más no para asustarse. Si bien Kakuzu es la clase de persona que aprovecha para hacer negocios en los sitios en los que tiene sus misiones, la probabilidad de que se vuelva un inconveniente directo es baja. No merece la pena preocuparse en demasía, no con los planes que tiene en mente.

No pasa mucho más antes de que uno de los trabajadores del local clave su mirada en él, en una de las tantas veces que limpia la barra con un trapo, y de inmediato hace un gesto a una de las camareras para que se acerque a su mesa. Sasori le entrega un pergamino sellado, más una bolsa de ryus, por debajo de la mesa. La mujer lo recibe con complicidad en su mirada, y una sonrisa servicial que pretende no estar obrando de intermediaria entre Kiyoshi y él.

En respuesta, el pelirrojo recibe un plato de arroz con ocho hojas aromáticas. El mensaje llegaría a su contacto en ocho días… y una vez que Kyoshi lea el mensaje, allí encontrará los detalles e instrucciones de una manera más segura y rápida para comunicarse con él.

Es hora de poner el plan en marcha.

—Gracias por la bebida—sonríe Sasori, dejando una generosa propina sobre la mesa antes de levantarse.

Cuando cruza la puerta de la taberna hacia el exterior, se encuentra con la presencia del novato de la barra allí. El hombre de pelo plateado está recargado contra la pared, con sus ojos clavados en el cielo nocturno con porte ausente.

—Oye, perdona la molestia… ¿Tienes un cigarrillo?

Sasori detiene sus pasos, arqueando una ceja en incredulidad. Por un momento, duda de que se esté dirigiendo a él, pero, sin girarse atrás, niega con la cabeza.

—No, lo siento—responde de forma seca, ajustándose la capucha para cubrir mejor sus ojos antes de reanudar su marcha.

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Nota de autores

¡Buenas tardes/noches! Mucho tiempo sin aparecer por aquí. Este dúo de zombies está de vuelta para poder publicar el tramo que nos falta de nuestro querido monstruo. No, nunca abandonaremos esta historia. No, no es que perdimos interés en el proyecto ni nada. Simplemente procrastinamos mucho más de la cuenta. (Eso y que somos jóvenes adultos en Argentina, saquen sus conclusiones) Nos perdimos en cosas de la vida y en el trabajo, y los dos capítulos masivos que teníamos a medio terminar se quedaron en el tintero por razones que quedarán en evidencia cuando publiquemos el capítulo que se viene después de este.

Hacemos hincapié en que la historia sigue más viva que nunca porque seguimos divirtiéndonos mientras planeamos cosas para ella. Y cuando volvimos a ponernos en campaña hace dos noches para vencer a la procrastinación, volvimos a disfrutar de escribirla como siempre, como si el tiempo no hubiera pasado. De hecho, ya establecimos que el final que originalmente habíamos pensado en el 2013 para el fic ya no encaja con los planes que tenemos actualmente. Por lo que Definiciones Torcidas va a tener más capítulos de los que originalmente habíamos estimado, para terminar de redondear todos los sucesos apropiadamente.

No sabemos cuántas de las cuentas que tenían marcado este fic, más lectores anónimos que nunca comentaron, siguen activos desde la última vez que publicamos; pero esto es internet y la audiencia siempre se renueva. Seguramente vamos a ganar algún que otro lector nuevo después de esta actualización. Si descubriste esto en 2023 o más adelante, estas cordialmente invitado/a a saludar. De todos modos, tal y como expresamos hace tiempo en una entrevista que nos hicieron: "Escribimos esta historia principalmente por nosotros. Aunque nadie la leyera, seguiríamos publicándola y seguiría siendo apreciada por nosotros de igual forma".

Esperamos de corazón que les haya gustado este capítulo, y que no sufran mucho lo denso en contenido que va a ser el siguiente.

Atentamente, lahonestidadenmi y Co-autor.