Leona

Ya casi no goza de días libres, por no decir que no los tiene, pero cuando tienen oportunidad de gozar algunas horas en plena libertad, prefiere aprovecharlos en disfrutarlos de manera tranquila entre sus compañeros.

Suspira tras una sonrisa, escuchar la risa eufórica de Ralf y Clark le llena de alegría. Da igual si es producto gracias a unas latas de cerveza, el sonido muy ameno.

Después de aceptar una misión "simple" con el objetivo de espiar y capturar un traficante de armas en las playas de México; terminó siendo una misión llena de explosivos, el espionaje fallido gracias a un estornudo inoportuno del Coronel Jones y con la captura del objetivo en plena área de lucha libre (siendo confundido el acto con un espectáculo).

Han tenido bastante misiones serias, pero esta es de pocas que se llevan recuerdos graciosos.

No era necesario, pero tampoco rechazaron la propuesta de un día más de estancia en México para descansar. Suena perfecta la idea de permanecer en la playa, con bebidas heladas y una radio reproduciendo música local.

-¡VIVA MEXICO, CABROUNES!- grita Ralf a todo pulmón y con un acento extranjero fingido.

-Coronel, cálmese- le regaña Clark-. Ya le dije que no use esa palabra que le enseñó Ramón.

-¡MI COUMPADRUE RAUMÓN!- corrige tratando de ser lo más mexicano posible-. Y no me hables de usted en NUESTRO día libre.

-Dejará de ser libre si nos mete en problemas.

Ralf volvió a quejarse y apretó su lata, al mirar nuevamente a su compañero para pedirle que se callara y siguiera disfrutando, otra persona se llevó su atención.

Sentada a unos metros y con ambos ojos cerrados, Leona medita en su misma tranquilidad. Ha dicho en varias ocasiones que esto le ayuda a sobrellevar sus impulsos gracias al disturbio de la sangre.

Ahora frente al mar, esto le facilita más. Respira profundo y comienza a ser una con su entorno. Ella misma se convierte en la arena en la que está sentada, se mueve a través de las olas y escucha con atención el canto de las aves.

La maldad y el odio no la controlarán, no mientras ella encuentre la tranquilidad y felicidad hasta en el más mínimo detalle. Todos los días trata de encontrar una razón por seguir entrenando, por seguirse esforzando... por seguir viviendo. Seguir.

Ella es Leona, solo eso, no una cierva de Orochi.

Ralf no la pierde de vista, cosa que Clark nota fácilmente y sonríe divertido. Con solo sacudir su mano frente a él, este nuevamente le pone atención y se sonroja.

-¿Qué miras? ¿Acaso te gusto?- pregunta irritado.

-No digas tonterías- rompió la formalidad, esto le es gracioso-. Andas muy pensativo, ¿Acaso es la cerveza?

Ralf le da el último trago a su lata deformada y limpia su boca.

-Claro que no, solo divagando.

-¿Qué no es lo mismo?

-No.

-Si Coronel.

-¡Que no!

-Ok, no es lo mismo.

-¡Que sí lo es!

Bingo, cayó en su trampa.

Ambos se quedan callados ante la metida de pata de Ralf. Se sonroja al ver su derrota.

-Siempre me he preguntado en qué piensa cuando medita- le confiesa a su colega y amigo de años.

-¿Y porqué no se lo preguntas?- cómo adolescentes, Clark desea interpretar el papel del amigo que empuja al otro para que se anime en hablarle a la chica.

Ralf chasquea su lengua y niega con una ligera sonrisa.

-No quiero interrumpirla, ya habrá tiempo. Además, luce bonita mientras medita. Tan solo mírala...

He ahí el resultado de la cerveza mexicana, por algo muchos extranjeros la aman.

El teniente solo lo mira extrañado, sabe perfectamente que Ralf aprecia de una manera "diferente" a Leona y cuando tiene oportunidad, su personalidad impulsiva le dicta en actuar para apoyarla o protegerla.

Lo que le produce una agrura incomoda, es el hecho que mencionara lo "bonita" que era, siente como la espuma de la cerveza quiere salir de su estomago.

No esperaba algo así. Claro, son un equipo... pero va más allá de la formalidad esa actitud que está saliendo a flote de su compañero.


Leona vuelve a respirar hondo, mantiene sus ojos cerrados y visualiza en su mente la playa en la que se encuentran, escucha con atención la canción que se reproduce en la radio, una melodía melancólica en guitarra acústica.

Está en completa paz.

Vuelve a respirar y después de pensarlo mucho, encuentra que la razón de hoy para seguir entrenando sería volver a pisar esta playa. Le gustaría visitar nuevamente México, pero no gracias a una misión o un próximo torneo. Solo por gusto, como una simple turista más.

Siente que su piel se eriza tras una ventisca, sonríe.

Se concentra nuevamente en la música, no necesita saber perfectamente español (idioma que ha estudiado más allá de lo básico), reconoce que es una canción romántica.

Le agrada, suena bien.

-Bah, esa canción es muy cursi-se queja Ralf quien tiene un español más avanzado, suficiente para interpretar a la perfección.

Al parecer a otros no. No puede evitar mantener su sonrisa.

-Es muy pegajosa- añade Clark tranquilo.

"Ahora bésame e inyectame amor y calma el dolor" el coro pegajoso se adhiere a la mente de la chica y hace eco.

Amor. Esa palabra ha retumbado sus oídos desde hace tiempo, conoce que significa y al mismo tiempo no. Ella ama a sus compañeros de equipo -amigos- y ama a su padre adoptivo; pero sabe que esa palabra también se refiere a un sentimiento más allá de lo fraternal.

El amor fraternal es suficiente para calmar el dolor, ¿No? Claro.

Le causa cierta incomodidad que no pueda comprender del todo este tipo de canciones, poesías y más.

En los últimos años poco a poco ella se ha ido conociéndose a si misma con el objetivo de no caer en la maldición de Orochi, pero... a veces cuando suele pensar que le gustaría atravesar la barrera de lo cotidiano y vivir más, algo la detiene.

¿Cómo alguien la apreciaría teniendo sangre maldita?

No odia a las personas, para nada. Le gusta ayudar, pero siempre ha creído que nadie más que sus compañeros y padre la aceptarán y permitirían relacionarse a profundidad con ella.

La soledad y el miedo que le produce a los demás, a eso le disgusta y a la vez le teme.

Muerde sus labios. Una idea pequeña se asoma y decide prestarle atención, más bien, el recuerdo de alguien.

Por una extraña razón, al solo recordarlo su mente ha creado una escena en la que imagina a esta persona sentada con una guitarra a unos metros de ella practicando unos acordes.

Su mente no le permite imaginar un acercamiento, pero puede reconocerlo gracias a su llamativo cabello.

-Yagami...- susurra entre confundida e incomoda.

¿Porqué imagina estás cosas? ¿Acaso se está quedando dormida y por ello su mente le está jugando una broma?

Él sigue practicando tranquilamente sin despegarle la mirada al instrumento. Le parece irónico que su imaginación no pudo crearle una vestimenta adecuada para el clima de esta playa, le produce más incomodidad verle con un suéter ligero.

Maldita cerveza que bebió por compromiso hace unos minutos. Es la primera vez desde hace mucho tiempo que piensa en Iori Yagami.

Es suficiente.

Abre sus ojos y siente como si una conexión se rompiese. Eso fue extraño, ha llegado a imaginar cosas a voluntad en sus meditaciones, pero nunca ha llegado una visión fuera de su control.

Busca con la mirada a sus compañeros, se detiene de golpe cuando algo se lleva su atención por completo.

Cierra fuertemente sus ojos, los abre y los talla con cuidado.

No es un producto de su imaginación, realmente Iori Yagami se encuentra en esta playa practicando sus acordes y con su incomodo suéter.

Se levanta rápidamente, pero sus pierdas pierden un poco de fuerza. ¿Qué le está pasando?

Sus compañeros su comportamiento fuera de lo común y la observan preocupados, listos para socorrerla de ser necesario.

-¿Ocurre algo, Leona?- pregunta Ralf inmediatamente.

Ella se endereza y traga en seco. Le tomó demasiado por sorpresa que un objeto de su imaginación cobrara vida.

Con más calma, señala la dirección en la que se encuentra Iori, no quería ser escuchada por este.

Ralf y Clark dirigieron su vista a donde se les señaló, pero terminaron extrañados.

-Creo que no comprendo, soldado- sonrió Clark ante su confusión-. ¿Qué tenemos que ver?

Leona abrió lo más que pudo sus ojos, ¿No era obvio lo que trataba de señalar?

-Creo que también le afectó la cerveza- susurra Ralf entre risitas enternecidas.

-Yagami- ella les aclara y vuelve a apuntar hacia su dirección.

Los hombres de inmediato se levantaron y pusieron en guardia. Iori Yagami era sinónimo de problemas -o aguafiestas-. Bien dicen por ahí que topárselo traerá como consecuencia una mala experiencia tanto una grosería o una pelea con cualquier ser malvado fuera del plano terrenal.

Cualquier desgracia registrada en los torneos, siempre están Iori (y Kyo Kusanagi) de por medio.

-¿Dónde?- pregunta Ralf alzando los puños y saltando rítmicamente para calentar-. Me pregunto qué hace ese amargado en México.

-Probablemente vino a conseguir empleo como rudo(1) en la lucha libre-ambos sueltan una carcajada.

Leona los mira apagada, realmente él no está haciendo daño a nadie. Solo está... desapareció.

La caminó hasta la altura en que vio sentado a Iori, pero no encontró alguna señal de él. Ni siquiera huellas.

-Eh, Leona. ¿Te encuentras bien? ¿No te habrás confundido?- pregunta Ralf rascándose la nuca-. Tal vez otro anticuado con peinado de pájaro loco.

-Coronel, no sea imprudente- Clark le da un leve codazo tratando de no reír.

Leona mira nuevamente a su alrededor y se da por vencida. Tal vez soñó despierta.

-Mi error Coronel, acepte mi disculpas- le da la cara a sus compañeros y se pone firme sin olvidar su saludo militar.

Ralf le despeina sus cabellos y ríe negando la cabeza.

-Leona, estamos en nuestro día libre. Deja la formalidad por hoy- ella permanece firme a lo que él la mira confundido.

Clark demasiado sonriente le hace una seña que continue, o eso interpretó.

-Descansa soldado- da la orden y Leona deja su posición.

Ambos hombres le dan la espalda para regresar a su lugar de descanso.

-¿Qué tal si nos preparamos para divertirnos en nuestra última noche en México y salimos a cenar?- propone Ralf.

-Buena idea Coronel, pero me temo que me retiraré poco después de la cena. Trate de divertirse con Leona, tal vez pueda enseñarle a bailar- propone Clark bromeando.

-JA JA, que gracioso. No lo escuches Leona, él sabe que tengo dos pies izquierdos...- mira hacia atrás y se sorprende que ella nunca los siguió. Aún permanece en el mismo lugar.

La mira en silencio. Se ve demasiado confundida, pero no sabe como ayudarla. Le dará su tiempo, en la cena ya hablarán del tema.

Leona por su parte observa sus pies en la arena y trata de encontrarle sentido a lo que acaba de suceder.

-Iori Yagami...- susurra.


Iori Yagami...

A muchos kilometros de Leona, un pelirrojo detiene la composición de su nueva canción al creer escuchar que alguien lo llamaba. Miro alrededor de su apartamento con ambiente gris y el evidente sonido de las gotas de lluvia chocando en su ventana, no ha parado de llover desde hace dos días y la temperatura ha bajado.

Suelta un quejido, se ajusta un poco el cuello de su suéter y decide continuar con su música.

Probablemente se lo imaginó.

¡Hola! Damos comienzo con esta historia, la quise proyectar con un poco de humor, ya que Iori y Leona son famosos por su humor serio, así que esta historia será un poco más digerible.

Agradezco el apoyo, espero que esta historia sea de su agrado.

(1) En la lucha libre tanto mexicana o en todo el mundo, siempre hay un heel o en este caso "rudo" (como así se le llama en México) que es un luchador que interpreta de villano.