Capítulo 4: Bola de nieve
Estar en casa sin la presencia de Matsuri era bastante aburrido, no es que Gaara no disfrutara de pasar tiempo con su familia, es que simplemente extrañaba mucho a su novia, ahora que la tenía tan cerca, era como si se hubiera acostumbrado a aprovechar cada segundo que tenía a su lado.
—Cariño, ¿me estás oyendo? —le preguntó su mamá, quien llevaba un rato hablándole, pero su hijo no le contestaba, pues estaba totalmente distraído.
—Ah, lo lamento, estaba pensando en otra cosa —dijo Gaara, sacudiendo la cabeza para tratar de reacomodar sus ideas—. ¿Qué me estabas diciendo?
—Te preguntaba por qué no pudo venir Matsuri-chan —repitió la mujer, notando como el menor solamente bajaba la mirada y se encogía de hombros. Ya habían terminado de cenar hace un rato, Temari estaba lavando los trastos, Kankuro había salido y su padre estaba viendo las noticias en la televisión, así que ambos estaban solos en el comedor.
—Ella tenía que estudiar —respondió, se le escuchaba realmente decepcionado—. Me habría gustado que viniera con nosotros, pero está bien, la veré mañana.
Karura sonrió de medio lado, había sido testigo desde el momento en que Gaara comenzó a fijarse en esa jovencita, su hijo nunca había sido el chico más comunicativo de todos, por eso era sorprendente lo mucho que se le notaba el cariño hacia Matsuri.
—Ya veo, pero no te desanimes, tendrán mucho tiempo para pasarlo juntos mañana, ¿no es así? —comentó—. Mi pequeño ya es todo un hombre, todavía recuerdo cuando eras un niño que odiaba el contacto femenino.
Al escucharla, los ojos de Gaara se abrieron ligeramente, mientras sus mejillas se teñían de rojo, avergonzado.
—Mamá, por favor —se cubrió la mitad de la cara con la palma de su mano—. Hace mucho dejé de ser un niño, no me recuerdes esas cosas.
La mujer solamente dejó salir una pequeña carcajada, era cierto que Gaara solía ser muy arisco y cuando era pequeño siempre decía que detestaba a las niñas, excepto a Matsuri, la amiguita que había conocido en el parque. Aunque Gaara estuvo durante casi siete años sin recordar su infancia, ahora eso era algo superado, así que ya no mantenía esa amargura que lo perseguía a todos lados, a pesar de que continuaba siendo bastante serio y reservado.
—Para mí siempre serás mi pequeño —aseguró Karura, llevándose ambas manos a las mejillas—. Por eso, mi pequeño Gaara, espero que Matsuri-chan y tú usen protección, no quiero ser abuela todavía.
Si esta conversación se trataba de avergonzar a Gaara, su mamá lo estaba consiguiendo con creces, ahora estaba más rojo que antes.
—¡Mamá! —exclamó, arrugando el entrecejo—. No me digas cosas que ya sé, te dije que no soy un niño.
Karura no pudo evitar hacer un puchero, sabía que Gaara ya era grande, pero de todos modos se sentía en la obligación de recordarle las cosas, aunque ahora ya no viviera en la casa, continuaba siendo su hijo y aún era joven, ella sabía por propia experiencia que a esa edad, actuar por impulso era mucho más frecuente que pensar las cosas con la cabeza fría.
—No te enojes, sólo te digo las cosas porque me preocupo por los dos.
Gaara simplemente se cruzó de brazos y desvió la mirada en otra dirección. Bueno, ciertamente, tenía muy claro que ese tipo de temas eran importantes en una relación, pero él y Matsuri no tenían una relación como esa, no aún. Pensando en ello, no pudo evitar recordar la única vez que hicieron el amor, para él había sido increíble, no podía comparar lo que sintió con Matsuri a ningún otro momento de su vida y, efectivamente, se moría por repetirlo, pero sabía que cada cosa debía suceder en su momento, cuando llegara el tiempo adecuado, su relación avanzaría de forma natural, eso era lo que esperaba.
—Me pregunto si estará despierta todavía, dijo que tenía un examen muy difícil… ¿debería llamarla? —se preguntó mentalmente—. No quiero interrumpirla, pero quisiera escucharla… —cerró sus ojos y sonrió internamente, hace tiempo que había aceptado que estaba totalmente loco por esa chica, hasta el punto de no poder pasar un día completo sin oír su voz.
—*—*—*—*—*—*—*—
La presentación de la banda de Sasori estaba siendo mucho más divertida de lo que Matsuri había pensado, llevaban tres canciones y aunque todas eran covers, realmente eran buenos, no había imaginado que él también fuera talentoso para la música, parecía que llevaba lo del arte en las venas.
—Bueno —Konan tomó la palabra cuando terminó la canción, era una vocalista excepcional—. Chicos, haremos una pausa y regresaremos más tarde, muchas gracias por venir a vernos.
—Qué bonita es la sempai —comentó Ameno, dejando salir un suspiro—. Qué envidia me da, seguro que alguien como ella puede salir con el chico que se le dé la gana.
—Escuché que tiene novio —dijo Sasame, mostrando su dedo índice, mientras entrecerraba la mirada—. Aunque nadie sabe realmente quién es, dicen que es un estudiante de derecho, ya que varias veces la han visto en esa facultad.
—¿Tú crees?
—Eh, chicas, v-voy al baño —dijo Matsuri, había bebido mucho refresco y eso parecía estarle pasando la cuenta, así que se levantó apresurada de la mesa, dejando a sus amigas para poder ir a hacer sus necesidades rápidamente.
Después de terminar, se lavó las manos y se miró en el espejo, esa noche se había arreglado un poco demás, pero no es porque haya querido, sino que las chicas insistieron en que no podía asistir luciendo sus atuendos habituales, así que ellas mismas se encargaron de elegirle un bonito maquillaje, una blusa de tirantes y una falda tan corta, que Matsuri sentía que se le veía hasta lo que cenó el día anterior, aunque la prenda cubría lo justo y lo necesario.
—Me pregunto qué pensaría Gaara-kun de verme vestida así —dijo para sí misma, observándose a detalle, para ella, lucía muy bonita, nunca había pensado sinceramente que era bonita, pero tal vez se subestimaba demasiado.
Y hablando del rey de Roma, justamente cuando terminó de secarse las manos, su teléfono sonó con un mensaje, al verlo, se dio cuenta de que era de Gaara, quien le deseaba las buenas noches y le decía que la extrañaba. Se sintió realmente mal, ella ni siquiera estaba en casa ahora mismo, aunque no estaba haciendo nada malo, igualmente le había dicho mentiras.
—Será mejor que mañana le diga la verdad… —murmuró, frunciendo ligeramente sus labios, antes de contestarle que también tuviera buenas noches.
Se guardó su celular en el pequeño bolsito que traía colgando cruzado sobre el hombro, saliendo del baño. Tenía planeado despedirse de las chicas y pedir un taxi para irse a casa, ya había cumplido con Sasori de venir a verlo, no había razón para que siquiera ahí; sin embargo, sus ideas se vieron interrumpidas cuando se topó con el pelirrojo, que parecía que la estaba esperando junto a la puerta y se paró justo delante de ella, dándole un pequeño susto.
—S-sempai —dijo sorprendida—. Me asustó, no esperaba que estaría aquí afuera.
El mayor la observaba fijamente, ella realmente había venido como le prometió y no sólo eso, sino que se veía preciosa esa noche, ¿se había arreglado así sólo para él? Ya que nunca la había visto con un look parecido, se le hizo obvio que sí, que Matsuri quería verse linda frente a él, eso era una señal muy clara de que la castaña sentía atracción hacia su persona.
—Lamento haberte sorprendido, pero tenía ganas de hablar contigo, después de todo yo te hice venir —respondió él, esbozando una sonrisa suave y ligeramente seductora, aunque para Matsuri no se sentía así, tal vez era demasiado inocente como para darse cuenta de las intenciones de ese chico hacia ella—. ¿Te gustó nuestra música?
—¡Su presentación fue muy bonita! —exclamó la menor, juntando las palmas de sus manos—. No esperaba que fuera tan bueno con el bajo, sempai, ¿toca desde hace mucho?
—Desde que era pequeño —dijo Sasori, la expresión risueña de Matsuri lo había abrumado un poco, era mucho más linda cuando sonreía y actuaba de forma efusiva—. Aunque nuestra banda fue formada cuando estábamos en la escuela, pero solamente era un pasatiempo.
—Entiendo, los pasatiempos también requieren esfuerzo y dedicación, aunque se trate de algo que hacemos sólo para divertirnos —dijo Matsuri, asintiendo varias veces con su cabeza—. Sempai, gracias por haberme invitado, realmente disfruté verlos tocar —añadió, sonriendo sinceramente, con sus ojos cerrados, por lo que no pudo ver el momento en que las mejillas del pelirrojo tomaron el mismo color que su cabello.
—Pero qué linda… —susurró él, cubriéndose los labios con una de sus manos, como si tratara de que su voz no subiera más de la cuenta el volumen—. Deberías regresar a la mesa, vamos a tocar otra canción, quisiera dedicártela.
Al escuchar aquello, Matsuri parpadeó.
—Planeaba irme a casa, es algo tarde —explicó, bajando la mirada, a fin de cuentas, no se sentía cómoda en ese sitio, vestida de ese modo y haciéndole creer a su novio que se encontraba en su cama, acostada como un angelito.
—De ninguna manera, no puedes irte todavía, señorita.
Observando la expresión seria, pero amable que mantenía el más alto, a Matsuri no le quedó más opción que asentir con la cabeza —Está bien, sempai, me quedaré para su última canción.
Sasori sonrió satisfecho y Matsuri regresó a la mesa junto a las chicas, las cuales continuaban charlando sobre otras cosas. No pasó mucho rato antes de que la banda regresara sobre el escenario, pero esta vez era Sasori quien tenía en sus manos el micrófono, Konan estaba junto al teclado, el instrumento que solía tocar cuando cantaba; aunque parecía que el vocalista sería él en esta ocasión.
—Esta canción es especial, ya que quiero dedicarla a una hermosa señorita que está presente aquí hoy, es la primera vez que me van a oír cantar, por lo que estoy un poco nervioso —dijo de forma encantadora, entonces se escucharon varias exclamaciones de sorpresa y algunos murmullos y quejas sobre quién podría ser esa joven, ya que él no lo dijo.
Matsuri no pudo evitar sorprenderse, no sabía que Sasori iba a cantar, mucho menos que esta era la primera vez que lo haría en público, con razón quería que se quedara.
—¿Será que esa chica es alguien de nuestra carrera? —se preguntó Yakumo, justo cuando los instrumentos musicales comenzaban a sonar y a crear la melodía de la canción.
—No puedo creerlo, ¿eso quiere decir que Sasori-sempai tiene novia? —se quejó Ameno, frunciendo el ceño—. Pero qué envidia, ya quisiera yo ser esa chica.
—Qué decepción —secundó Yakumo, soltando un suspiro.
Mientras escuchaba las cosas que ellas decían, Matsuri prefirió quedarse callada y no aclarar que, de hecho, ella era la chica a la que él le estaba dedicando esa canción, además eso de que él tenía novia era una exageración, pero podrían llegar a pensar mal de su persona. Decidió ignorar a las chicas y centrar su atención en la presentación, Sasori tenía una voz sorprendentemente hermosa, era ligeramente suave, pero muy masculina, la canción también era bonita, aunque la letra sí parecía ser como para una pareja y no para una amiga.
Realmente era ingenua.
En otra de las mesas del lugar, disfrutando de la noche junto a su novio, Ino Yamanaka bebió un trago de cerveza, escuchando con agrado la hermosa voz del chico que parecía estar enamorando a cada muchacha presente, y es que no era para menos, ya que era muy apuesto, parecía ser todo un galán.
—¿No es esa Matsuri? —escuchó a su novio, quien apuntó hacia un costado con su dedo índice, acababa de ver a la joven que conocía desde la escuela, incluso si lucía bastante diferente, eran amigos y podía reconocerla fácilmente.
—¿Dónde? —Ino volteó hacia dicha dirección, encontrándose a su prima, le sorprendió verla tan bonita y arreglada—. Creo que sí es, pero vaya, qué cambio se dio —comentó, sonriendo—. No cabe duda de que Gaara le gusta mucho como para arreglarse así por él.
Sai bebió un sorbo de refresco, él había decidido no tomar alcohol esa noche, ya que era el conductor designado.
—No veo a Gaara.
La rubia volvió su vista hacia aquella mesa, ahora que Sai lo mencionaba, era cierto, Gaara no estaba ahí, tampoco se veía cerca o por los alrededores, eso era bastante raro, ¿entonces por qué Matsuri se había esmerado tanto en su imagen si no estaba con su novio?
—Bueno, una chica también puede verse linda para sí misma —se dijo, era algo que ella hacía a menudo, así que no le vio nada de malo, solamente era poco usual en su prima, pero eso no quería decir que estuviera equivocada—. En fin, quisiera otra cerveza.
El pelinegro entrecerró la mirada, para luego esbozar una sonrisa ligeramente incómoda, típica de él.
—Ino-chan, ya no bebas más —dijo en tono demandante, pero fue totalmente ignorado por su novia, quien se levantó como si nada y fue en busca de un nuevo vaso—. Qué obstinada es, luego soy yo quien debe aguantar cuando se pone ebria —suspiró, Ino era un tipo de ebria muy extraña, una con la que no quería tratar.
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Sari se sentó frente al sofá de su casa, dejando encima de la mesa de centro un plato lleno de galletas. Ella miró a la persona que estaba enfrente, el cual no dudó en comerse uno de los bocadillos de chocolate.
—No era necesario que vinieras —dijo la chica, encogiéndose de hombros y cerrando sus ojos—. Te dije que lo que pasó no era nada.
Kankuro la miró fijamente, se había perdido la cena familiar solamente por estar aquí, aunque tampoco era algo que le afectara o le causara decepción, siempre podía pasar tiempo con su familia, no es como que los dejaría de ver al día siguiente o algo así.
—¿Realmente crees lo que estás diciendo? —cuestionó con el ceño fruncido—. Estabas llorando cuando llamaste.
La chica rodó los ojos, era cierto, hace un rato, cuando llamó por teléfono a su "amigo", había estado llorando histéricamente, y es que no era para menos, había recibido una llamada de nada más y nada menos que su ex padrastro, quien se suponía que estaba en la cárcel.
—Solamente me sorprendí, pero no es para tanto —dijo Sari, bajando la mirada, aunque se negaba a aceptar que estaba asustada, lo cierto era que su cuerpo todavía temblaba un poco debido a lo perturbador que había sido ese momento.
Actualmente estaba viviendo sola en una casa más pequeña, después de lo sucedido con ese hombre, de que fuera detenido por la policía y que su madre lo acusara, ya no habían sabido nada más de él. Hace un año su mamá había conseguido un trabajo en otra ciudad y había partido para poder mantenerlas a ambas, le enviaba dinero todos los meses y solían comunicarse por teléfono muy seguido, también ella le había encargado a Kankuro que cuidara de su hija, era por eso que él siempre estaba pendiente de Sari, de algún modo, ella se había convertido en una persona importante para él, como una hermana menor.
—No creo que sea algo para tomar a la ligera, él no debería ser capaz de comunicarse desde donde está, menos tendría por qué conocer tu número, es muy sospechoso.
—A decir verdad… —Sari detuvo sus palabras, tenía la idea de contarle a Kankuro que últimamente sentía que alguien la estaba siguiendo todo el tiempo, pero enseguida pensó que no era necesario decir algo así—. No, no es nada, olvídalo.
El mayor frunció el ceño.
—Bueno, me quedaré contigo esta noche, en caso de cualquier cosa, y no acepto un no por respuesta, si no me dejas, llamaré a tu madre.
—Como quieras —respondió ella, cruzándose de brazos y haciéndose la ofendida. De ningún modo permitiría que su madre se viera involucrada de nuevo con ese tipo, además, no es que realmente le molestara tener a Kankuro en su casa, es sólo que era un poco incómodo que él siempre fuera tan amable con ella.
Cada vez que algo así sucedía, le hacía confundir aún más sus sentimientos.
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El plan de Matsuri siempre fue asistir al dichoso bar, ver a la banda de su superior y luego marcharse a casa temprano, pero, por algún motivo que ni ella misma comprendió del todo, ya casi eran la una de la madrugada y seguía ahí, lo estaba pasando bien con sus amigas e incluso había bebido un poco, sabiendo que no era buena tolerando el alcohol, por eso había terminado yendo al baño por segunda vez y, cuando iba saliendo, como si se tratara de una obra guionada, Sasori nuevamente estaba esperando por ella.
—Sempai —habló, acercándose a él—. Su canción estuvo muy bonita, no sabía que cantaba tan bien.
—¿Te gustó? —él le sonrió, el halago le había parecido sincero y muy dulce de parte de Matsuri—. Me alegra mucho, no soy tan bueno cantando, Konan me enseñó.
—Ella es increíble —comentó Matsuri, sus ojos brillaron ligeramente al recordar lo hermosa, elegante y femenina que era esa chica—. La verdad es que no la conocía, pero es una chica muy bonita, me gustaría mucho ser como ella un día.
El mayor ladeó su cabeza, detallando deliberadamente el pequeño cuerpo de Matsuri, para después negar con la cabeza.
—Tú no necesitas ser como ella —aseguró, apoyando su espalda contra la pared del pasillo, que era un poco estrecho, al mismo tiempo, se cruzó de brazos, sin apartar sus ojos de la figura femenina—. Eres lo suficientemente bonita.
—¿Eh? —la chica parpadeó, sintiendo que su rostro se ponía completamente rojo. Ella no había dicho lo de ser como Konan para recibir un halago de ese tipo, simplemente se refería a que quería lucir grande y sofisticada, ya que la mayor le daba esa imagen.
Cuando estaba por aclarar su propio comentario, notó que el pelirrojo la tomaba del mentón, obligándola a verlo a los ojos —Me refiero a que no necesitas parecerte a nadie más, eres hermosa, Matsuri, de hecho, me tienes enloquecido —antes de que ella pudiera responder, Sasori se tomó la atribución de posar sus labios sobre los de ella, a lo que Matsuri abrió los ojos como platos.
Estaba tan sorprendida, era la primera vez que alguien que no fuese Gaara se atrevía a besarla, por eso se tardó un par de segundos en reaccionar, no lo hizo hasta que notó que una de las manos masculinas acariciaba su espalda y lentamente iba bajando, en ese instante, Matsuri lo empujó y lo abofeteó con fuerza.
—¿Q-qué te pasa? —reclamó, estaba furiosa, asustada y sumamente avergonzada.
Sasori se sobó la mejilla, esa chica pequeñita y con apariencia frágil tenía una fuerza increíblemente inesperada.
—¿Hice algo malo? —cuestionó, más sorprendido por el golpe que por el hecho de haber sido mandado al diablo—. Creí que estabas de acuerdo en que coqueteara contigo, por eso te arreglaste de ese modo, ¿no?
—¿Qué?
Aquel comentario realmente la hizo sentir ofendida, ¿si se vestía y se maquillaba significaba que estaba dándole permiso a un patán para actuar de ese modo con ella? ¿Realmente era así como pensaban las demás personas al verla?
—¿Por qué estás tan enfadada? —Sasori sintió un ligero escalofrío cuando los ojos negros de Matsuri centellaron de la rabia, jamás la había visto con esa expresión tan fiera, ciertamente, le gustaba todavía más que antes, cuando lucía simplemente inocente e ingenua.
La chica abrió su boca para contestar, pero de pronto alguien le agarró la muñeca, Matsuri no se había dado cuenta, pero del enojo puro que sentía, había algunas lágrimas en sus ojos, aquello hizo sentir mal a Sasori, ¿tal vez había malinterpretado a esa chica?
—Así que aquí estabas, ya tenemos que irnos a casa —dijo Ino, que había visto lo sucedido, pues justamente también iba al baño—. Ven, Matsuri, Sai nos está esperando.
—¿Ino-chan? —medio desconcertada, la castaña se dejó jalar por su prima, la cual miró mal a Sasori y se llevó a Matsuri de ahí, la sacó fuera del local y, cuando estuvieron a solas, tomó un pañuelo de su bolso y se lo extendió a su prima.
—¿Estás bien? Vi lo que ese chico te hizo y las cosas que dijo.
Matsuri recibió el pañuelo y se limpió el rostro, seguramente el maquillaje que le habían puesto sus amigas se corrió porque ella lloraba como una niña.
—G-gracias —dijo, intentando tranquilizarse—. ¿Qué haces aquí?
—Vine con Sai, ya nos íbamos a ir, pero necesitaba ir al baño y fue cuando vi todo —Ino suspiró, llevándose las manos a la cintura, miró a Matsuri con reproche—. Eres demasiado ingenua, ¿no es verdad? ¿No sabes qué clase de pensamientos tienen los hombres? No deberías quedarte a solas con alguien como él, a leguas se nota que es un buitre —dijo en tono de regaño, por lo que su contraria bajó la mirada.
—Gaara-kun no es así… —fue todo lo que se le ocurrió decir, era cierto, él no se comportaba de ese modo, siempre la había respetado, pero eso no significaba que todos los demás fueran como él.
—¿Y dónde está Gaara? ¿Realmente no vino contigo? —la Yamanaka suspiró—. Bueno, eso no importa, no todos los chicos son como Gaara, eso deberías saberlo.
La castaña asintió con la cabeza, sentía que estaba siendo reprendida por sus padres, pero Ino tenía toda la razón, había gente en el mundo que simplemente pensaba que los demás tenían que seguir sus estándares y, tal vez Sasori no hizo nada más allá de besarla, pero era obvio que estaba teniendo otro tipo de pensamientos sobre ella.
—Vámonos, Sai está cerca —dijo Ino, tomando nuevamente la mano de Matsuri.
Las dos se alejaron de ese sitio, hasta encontrar a Sai, quien las estaba esperando con el auto de la rubia, él no dijo nada al ver que venían juntas, simplemente saludó a Matsuri y adivinó por su expresión contrariada y la de Ino que algo había sucedido, pero decidió que más tarde le preguntaría a su novia.
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Era un nuevo día, todavía era bastante temprano, pero Hinata se encontraba fuera de casa, pues tenía una cita con su novio Toneri, quien había pasado hace un rato a recogerla. Ambos iban en el auto de él, como ya casi estaba finalizando el verano, decidieron que irían juntos a la playa a pasar el día, Hinata ni siquiera estaba sorprendida de que su padre le hubiese permitido aquella salida, un poco más y la regalaba a la familia Osotsuki.
—¿Sucede algo? —le preguntó el chico, quien iba conduciendo, pero había notado de reojo lo distraída que estaba Hinata, normalmente no era así, sin embargo, los últimos días siempre lucía como si estuviera perdida en sus pensamientos.
La ojiperla lo observó con expresión confusa, hasta que se dio cuenta de que llevaba callada todo el viaje y solamente estaba mirando por la ventana, como si eso fuera una pantalla de televisión.
—N-no sucede nada —contestó, ligeramente avergonzada por su comportamiento, se suponía que estaba ahora mismo con su novio, pero su cabeza se encontraba en otro sitio, o mejor dicho, con otra persona—. Simplemente estaba distraída viendo el paisaje, es muy bonito, hace mucho que no iba a la playa.
Toneri sonrió, asintiendo con la cabeza.
—Entiendo, yo tampoco he ido hace mucho, por eso me emociona hacerlo contigo —comentó, despegando su mano del manubrio para poder tomar la de Hinata, quien se sorprendió un poco por el gesto repentino, era cierto que ambos eran una pareja, pero hasta ahora no había mucho contacto físico entre ellos, más allá de un par de besos y abrazos, quizá fue por eso que Hinata se soltó rápidamente, lo cual lo desconcertó.
—Mantén los ojos en el camino, es peligroso —explicó ella, intentando mantener el decoro, no quería que Toneri se diera cuenta de lo incómoda que se había sentido y, debido a la amable expresión en el rostro masculino, dedujo que eso no había pasado.
—Tienes razón, lo siento.
El albino volvió su vista al frente, procurando no desviar su atención, entonces Hinata nuevamente se quedó mirando el paisaje a través de la ventana, el sol brillante que había esa mañana le recordaba a la sonrisa burbujeante de cierto rubio.
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El domingo por la mañana era un horario perfecto para salir a hacer ejercicio al parque cercano a su casa, era algo que Tenten hacía a menudo, solía reunirse allí con Kankuro, pero desde que ambos decidieron quedar sólo como amigos, a ella le daba un poco de vergüenza pedirle que la acompañara, por temor a hacerlo sentir incómodo, era por eso que estaba ahí sola, trotando alrededor del perímetro.
Después de un rato, algo agotada, se detuvo y secó el sudor de su frente con el dorso de la mano, realmente hacía calor, el clima estaba muy loco, pues hace unos pocos días los había azotado una ola fría.
—Qué sed —murmuró, tratando de recuperar el aliento.
Después de descansar un par de minutos, revisó la cantidad de dinero que traía en el pequeño bolso que colgaba de su cintura, lo usaba para poder hacer ejercicio más cómodamente. No traía demasiado, pero era suficiente como para desayunar algo, ya que no lo había hecho en casa. Se dirigió a una tienda cercana, que era un local de comida callejero al que siempre iba cuando pasaba cerca, porque le gustaba la comida de ahí. Compró un par de dangos y un refresco para la sed, después de llenar su estómago, decidió volver al parque, pero se topó con algo que no le gustó para nada.
—¿Qué demonios hace él aquí? —se preguntó, arrugando el entrecejo al darse cuenta de que Neji Hyûga se encontraba en aquel parque, traía el cabello recogido en una coleta alta y usaba ropa deportiva.
Tenten estaba furiosa, habiendo tantos otros lugares donde ese tipo podía ir a ejercitarse, ¿por qué tenía que ser en el parque donde ella iba? Pero entendió la respuesta cuando vio que su otro amigo, Rock Lee, se acercaba corriendo, él también vivía por ahí.
—Perdón, te hice venir y llego tarde —dijo el pelinegro, que se paró delante de Neji y sonrió alegremente—. ¿Estuviste mucho tiempo aquí?
—Llegué hace dos minutos —contestó Neji, cerrando sus ojos y cruzándose de brazos—. ¿Qué es lo que querías que te ayude a hacer? Pudo haber sido en otro sitio, este lugar no me gusta mucho.
Lee entendía que a Neji no le gustaba estar ahí por temor a encontrarse con Tenten, pero era el lugar más cercano a su casa y, como seguía en rehabilitación después de accidente que tuvo hace un par de años, tampoco le convenía irse demasiado lejos. Realmente había sufrido mucho todo ese tiempo, estuvo a punto de no volver a caminar, pero ahora podía incluso hacer ejercicio junto a sus amigos, algo que le encantaba y que le hacía sentir vivo nuevamente.
—Me dieron nuevos ejercicios más avanzados para mi recuperación, pero necesito un compañero —explicó el joven de cejas pobladas, llevándose una mano a la nuca—. Pero podemos ir a otro lugar si eso prefieres.
—No es necesario —contestó el Hyûga, abriendo sus ojos y soltando un suspiro—. No veo a Tenten por aquí, seguramente no vendrá, además, este parque no le pertenece.
Lee no dijo nada al respecto, simplemente decidió asentir. Todavía se sentía algo culpable debido al quiebre de la relación entre esos dos, aunque Neji le explicó muchas veces que él era el único responsable, pero, en parte, aquello había pasado por el tono juego entre él y su amigo. Los tres solían ser muy unidos, pero ahora no podían estar juntos porque Tenten y Neji no se podían ver.
—Desearía poder hacer algo por esos dos, pero quizá sólo lo arruine más —pensó con desánimo, antes de comenzar a explicarle a Neji cómo éste podía ayudarlo.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que Tenten había escuchado su conversación, pues se encontraba escondida detrás de un gran árbol de grueso tronco y enorme copa, que la mantenía perfectamente oculta. La expresión de ella era triste, incluso si sólo la nombraron de manera casual, sabía muy bien que su comportamiento hacia Neji hacía las cosas incómodas con Lee y su amistad, pero ¿cómo podía controlar sus emociones que parecían actuar por sí solas?
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Apenas Matsuri se levantó aquella mañana, se metió al baño para darse una ducha tibia. Al salir, se miró en el espejo del baño, con sólo una toalla cubriendo su cuerpo y con las gotas del agua cayendo desde las puntas de su cabello y mojándole los hombros, no pudo evitar sentirse tremendamente mal; sentía culpa por haberle mentido a Gaara, también estaba molesta por lo que le hizo y dijo Sasori, no sólo se atrevió a besarla, también insinuó que ella lo había provocado, cuando eso no era cierto, jamás haría algo como eso, ni siquiera con su propio novio, porque se moría de la vergüenza.
—Soy una boba, pero eso me pasa por haber dicho mentiras —dijo, dejando salir un sentido suspiro.
Se secó el cuerpo y el cabello y se vistió, ese día hacía un buen clima, así que se puso una blusa de volados de color blanco, que dejaba sus hombros al descubierto, junto con un short tipo jean y un par de tennis también blancos. Hoy vería a Gaara, quería estar bonita, incluso si no era capaz de hacer algo como seducirlo, sí que podía tratar de gustarle un poco más.
Después de terminar de arreglarse, salió a la sala para encontrarse con sus amigas, quienes ya estaban sirviendo el desayuno, así que se les unió.
—Pero mira qué guapa te pusiste hoy, ¿tienes una cita? —bromeó Yukata, señalándole el asiento vacío que estaba a su lado, para que así Matsuri lo tomara.
La castaña asintió con la cabeza, sentarse en el sitio señalado, para luego servirse un poco de té.
—Sí, veré a Gaara-kun —explicó, a pesar del mal rato que había pasado la noche anterior, saber que hoy estaría junto a su novio la tenía muy emocionada y expectante al respecto.
Fuu estaba comiendo, así que no dijo nada, pero Yukata no perdió la oportunidad para comentar algo que –para Matsuri– estaba fuera de lugar.
—Uy, no olvides que deben usar condón.
La cara de la castaña se puso borda de la vergüenza, hasta el punto que casi podía sentir humo saliendo de sus orejas.
—¡N-nosotros no hacemos eso! —exclamó, llevándose las palmas a las mejillas para que éstas pudieran controlar un poco el terrible calor que se apoderaba de ellas.
La chica de cabellera verde se tragó por completo el trozo de pan que estaba degustando y miró a su amiga con un gesto de confusión.
—¿No llevan como dos años ya? ¿Acaso nunca han tenido sexo? —cuestionó.
Yukata se empezó a reír, no podía creer lo que estaba oyendo.
—¿Entonces eres virgen, Matsuri?
Muy acalorada por el tema de conversación que de repente parecía ser sumamente interesante para sus dos compañeras de piso, Matsuri bajó la mirada y negó con la cabeza.
—N-no, no lo soy —respondió, desde que le contó sobre su primera vez a sus amigas de la escuela, ya no había vuelto a tocar ese tema nunca más en su vida, ni siquiera con el mismo Gaara—. Gaara-kun y yo lo hicimos, pero solamente fue una vez, hace más de un año.
—¡¿Tan malo fue?! —exclamó absorta la pelinegra, jamás pensó que un chico apuesto como Gaara fuese tan mal amante que su novia no habría querido repetir la experiencia de su primera vez, pero claramente ella se estaba adelantando a los hechos, lo supo cuando vio a su amiga negar una vez más, casi de forma inmediata.
—No, no es eso —explicó, dejando ir poco a poco la brutal vergüenza que la aquejaba—. Mi primera experiencia fue maravillosa, él fue muy dulce y respetuoso conmigo, pero después de eso yo sufrí un accidente y me olvidé de Gaara-kun, ustedes ya lo saben, apenas lo vine a recordar cuando nos fuimos de la ciudad y luego en Kyoto, aunque él me visitaba cuando podía, jamás estábamos solos, así que no había oportunidad, por eso… —después de terminar de hablar, su cara ya no estaba tan roja, pero la pena no la abandonaba del todo—. Por eso hemos pasado tanto tiempo sin hacerlo.
—Ya veo —Yukata asintió con la cabeza varias veces, cerrando los ojos—. Entonces eso significa que aunque ya no eres virgen, en términos sexuales sigues siendo una novata —acotó, cruzando sus brazos y cerrando los ojos.
—Supongo… —Matsuri bajó la mirada, suspirando.
—Bueno, ahora tienen todo el tiempo del mundo para ponerse al día —comentó Fuu, llevándose otro trozo de pan a la boca—. Dhebherian aprhovechar y cohger muhcho —dijo con la boca llena, aunque sus dos amigas fueron perfectamente capaces de entender lo que había dicho.
—¿Podemos cambiar de tema? —cuestionó Matsuri, sintiendo que sus mejillas volvían a arder, después de todo, lo que había dicho Fuu sólo logró que su imaginación volara a sitios insospechados y ahora no paraba de pensar en que alguna de sus citas con Gaara acabara en la cama, idea que no le desagradaba para nada, pero que la ponía sumamente nerviosa.
Por su parte, Yukata y Fuu solamente rieron ante el comportamiento de la castaña, era adorable que fuese tan tímida, pero si seguía así, nunca podría tomar la iniciativa con su novio, era obvio que necesitaba un par de buenos consejos.
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En el departamento de los chicos, los tres se encontraban sentados a la mesa mientras tomaban su desayuno. Naruto tenía que ir a trabajar, Sasuke estaría todo el día fuera con Sakura y Gaara ya había planeado pasar toda la tarde con Matsuri, los otros dos lo sabían, así que no perdían oportunidad para hacerle sus bromas poco sutiles.
—¿Qué hora es? —preguntó el rubio con la boca llena, estaba tragando con mucha prisa porque se había levantado un poco tarde y sabía que llegaría atrasado al trabajo.
—Van a ser las nueve —contestó Gaara, mirando la hora en su teléfono, justo en ese momento llegó la notificación de un mensaje de texto, el cual le sacó una inevitable sonrisa boba.
Sus dos amigos se dieron cuenta del gesto y se miraron mutuamente.
—¿Vas a pasar todo el día aquí con Matsuri-chan? —preguntó Naruto, cuyo desayuno no era otra cosa más que una olla entera de ramen instantáneo, según él, era la mejor comida para empezar el día, aunque cualquiera diría que estaba totalmente loco.
Gaara simplemente asintió con la cabeza.
—Hey, si van a hacer algo que sea en tu cuarto y usen condón —recomendó el azabache, ganándose una mirada de odio de parte del pelirrojo—. ¿Qué? Lo digo porque aquí vivimos los tres.
—No haremos nada de eso —aseguró Gaara, no había invitado a Matsuri para hacer ese tipo de cosas, aunque, honestamente se moría de ganas, pero al mismo tiempo le daban muchos nervios, había pasado bastante tiempo desde que tuvieron su primera vez.
—Claro, como digas —Sasuke se encogió de hombros, mientras que Naruto se levantó apresurado para lavar la olla pequeña que había usado, desde donde había comido directamente, sin usar un plato—. Qué escandaloso es el dobe.
—Naruto trabaja demasiado, ¿no crees? A veces me preocupa un poco —Gaara bebió un sorbo de té, observando a su amigo rubio, quien terminó de lavar lo que utilizó, lo dejó encima de la repisa y corrió en busca de sus cosas, haciéndoles un gesto de despedida antes de marcharse por la puerta—. Ese tonto, espero que no se enferme o algo por el estilo.
—Naruto es más fuerte de lo que crees, aunque también me preocupa un poco, últimamente no para —lo secundó Sasuke, encogiéndose de hombros—. En fin, no vayas a decirle que admití preocuparme por él —añadió, frunciendo el ceño.
Gaara no pudo evitar dejar salir una pequeña risilla, Sasuke era sumamente orgulloso, pero era obvio que le importaban sus amigos, en cierto sentido, ambos eran bastante parecidos.
—No le diré —respondió finalmente, luego de recobrar la compostura—. Y no haré cosas sucias con Matsuri, dudo que ella quiera, así que deja de molestar.
El Uchiha le miró sin comprender, alzando una ceja.
—¿Por qué dices eso? Son una pareja, ¿no? Y llevan bastante tiempo de relación, ¿no debería ser algo normal para ustedes? ¿O acaso discutieron? —golpeó la palma de su mano izquierda con la diestra hecha un puño—. ¿O eres tan malo que te dijo que ya no quiere?
El contrario, bordo por la vergüenza o, quizás por el enojo, miró a Sasuke con ojos de metralleta —¡No es eso! —exclamó, su cara estaba casi del color de su cabello, era muy gracioso de observar—. Idiota, no digas tonterías.
Sasuke no solía hacer ese tipo de bromas a menudo, pero tenía que admitir que era divertido hacer que Gaara se avergonzara, sus reacciones algo exageradas no era una cosa que se viera muy seguido.
—Ya, ya, no te sulfures —dijo, haciendo un gesto con su mano que le restaba importancia al asunto—. Pero si no es nada de eso, ¿hay algún otro problema? Puedes contarme si quieres.
El pelirrojo se relajó un momento, dejando salir un suspiro, para luego negar con la cabeza, ya con más tranquilidad.
—No es que haya un problema, es que no sé cómo explicarlo… —cerró sus ojos, tratando de buscar las palabras adecuadas en su mente—. Matsuri es demasiado inocente, ella y yo solamente lo hicimos una vez y eso fue hace más de un año, no sé cómo tocar el tema con ella, es como si hubiéramos perdido todo ese avance en nuestra relación debido al tiempo que pasamos alejados.
Aunque Sasuke Uchiha no solía mostrar su asombro con las expresiones de su rostro, esta vez Gaara pudo ver claramente como éste abría sus ojos bastante, hasta hacer evidente que estaba sorprendido por lo que acababa de escuchar.
—¿Hace más de un año? —cuestionó, entendiendo de pronto la razón de eso—. Oh, supongo que las veces que la ibas a visitar no pudieron estar a solas, ya veo… —se llevó una mano al mentón, viendo que el adverso asentía con la cabeza—. ¿Y no piensas decirle que quieres estar con ella? Porque déjame decirte que se nota con sólo mirarte.
—No estoy tan desesperado —contestó Gaara, cruzándose de brazos y mirando en otra dirección—. Lo que pase entre Matsuri y yo se dará naturalmente, no planeo forzarla a nada, no es mi estilo.
—Espero que no pierdas la cabeza esperando —dijo Sasuke, poniéndose de pie tras terminar de desayunar—. Bueno, yo lavaré esto y saldré, el departamento es todo tuyo, sólo recuerda dejar todo limpio —comentó, levantando sus cosas de la mesa para ir al lavabo a encargarse de ellas.
Por su parte, Gaara simplemente frunció el ceño y decidió no contestarle, ese idiota solamente quería hacerlo enfadar, era cierto que se sentía cada vez más ansioso por estar con Matsuri, pero no pensaba darle la razón a Sasuke y, como había dicho, dejaría que las cosas fluyeran de forma natural.
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Sari se encontraba sentada junto a la mesa del comedor, estaba mirando la espalda de Kankuro, quien estaba de pie frente a la cocina, preparando unos huevos en una sartén.
—No entiendo por qué te pones a hacer el desayuno, se supone que eres el invitado —dijo la chica, sin desviar sus ojos del mayor, el cual sonrió al escuchar sus palabras, aunque ella no pudiera verlo.
—¿Qué tiene? Sabes que soy bueno en esto —respondió, apagando el fuego una vez que terminó de cocinar. Dejó la sartén sobre la mesa y se sentó junto a Sari, la cual miró el resultado con bastante apetito, era verdad que ella no era tan buena en la cocina, ni siquiera unos huevos se le daban bien.
—Bueno, sí —admitió, frunciendo levemente sus labios. Tomó un trozo de pan tostado y empezó a untarle un poco de huevo revuelto, olía muy bien, a pesar de ser un desayuno sencillo.
—Tu mamá llamó hace un rato, se sorprendió porque contesté yo —al oírlo, Sari estuvo a punto de dejar caer su tostada, mirándolo con sorpresa.
—¿Qué? ¿Se enfadó? —el castaño negó con la cabeza—. ¿De verdad?
Kankuro apoyó sus dos manos sobre la mesa, encogiéndose de hombros.
—Sabes que tu mamá me adora, ¿no? —bromeó, aunque nada de lo que decía era exagerado, la madre de Sari estaba muy agradecida con él por todo lo que había hecho por las dos, incluyendo el hecho de conseguirles un gran abogado como lo era su tío—. Todo lo que dijo fue que si vamos a ser novios que nos cuidemos, le expliqué que no es nada de eso, pero no me cree.
Sari empezó a toser, se había atragantado con un trozo de pan, así que se dio un par de golpes en el pecho y tomó un poco de juego, llegó a sentir dolor en la garganta por el esfuerzo.
—¿Estás bien? —preguntó Kankuro, que se preocupó ante la exagerada reacción, pero ésta solamente asintió con la cabeza, él frunció el ceño y se fue a levantar para comprobar su estado, sin embargo, Sari le hizo un ademán de negación con su mano derecha.
—Estoy bien, no te preocupes —contestó, tomando un poco de aire para respirar hondamente, luego miró a Kankuro con enfado, aunque no era precisamente hacia él—. ¿En serio mi mamá te dijo eso? Está loca, siempre anda insistiendo con que salga contigo, no sabe lo que dice.
El chico se relajó un poco ante la bajada de tensión, podía notar que el rostro de Sari estaba rojo, pero seguramente era debido al accidente que acababa de pasarle.
—Tú nunca saldrías conmigo, ¿no? Si te gustaba mi hermano, debes tener un estilo muy distinto.
Sari abrió ligeramente sus ojos, quería negar intensamente a esa afirmación, pero no se atrevía, le daba demasiada vergüenza.
—Claro —asintió, desviando la mirada—. Mis gustos son totalmente opuestos.
Kankuro no le dijo nada, simplemente asintió y decidió que empezaría a comer, le estaba sonando el estómago del hambre.
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—¡Pero qué pendejo eres, maldito retrasado mental! —se escuchó la exclamación a viva voz de Hidan, seguida de una feroz carcajada que casi dejó sordos a sus amigos.
Deidara se estaba riendo a un lado del albino, mientras Konan se mantenía serena y Sasori fruncía el ceño con enfado, pues se sintió realmente ofendido, incluso si estaba acostumbrado a la forma grosera de hablar de Hidan, odiaba cuando se burlaba así de él.
—Cállate, estúpido —dijo de mala gana, cruzándose de brazos.
—Perdón, pero hay que admitir que es gracioso que esa chica te haya golpeado —opinó el rubio, acomodándose contra el respaldo del sillón de la sala de su amigo, mientras ponía sus dos manos detrás de la nuca—. La cara que pusiste fue lo mejor.
Sasori empuñó las manos, estaba a punto de golpear a ese par de idiotas, lo que había pasado con Matsuri fue una humillación tremenda, lo peor era que sus amigos vieron cuando sucedió y ahora no dejaban de burlarse.
—Ciertamente te lo merecías —opinó Konan, la cual estaba mirando su teléfono, lucía como si no les prestara atención, pero era algo típico de ella—. Ofendiste a esa chica al asumir cosas que no eran y es natural que se molestara, yo también lo habría hecho si fuera ella.
El pelirrojo la miró atentamente mientras escuchaba sus palabras, las cuales analizó mentalmente, llevándose una mano al mentón.
—No fue mi intención hacer eso… —admitió, suspirando—. Es sólo que me parece muy linda y pensé que también yo le gustaba, normalmente es así con cualquier chica que me interesa.
La peli azul imitó su acción, suspirando y negando con la cabeza.
—Ese es tu problema, no puedes asumir que todo el mundo pensará o reaccionará del modo en que quieres, tal vez esa chica incluso tenga novio y tú ni siquiera lo sepas, por eso no tiene interés en ti.
—Claro que no tiene —se apresuró en decir Sasori, sintiéndose molesto con la sola idea—. ¿No viste lo inocente que es? Hasta se asustó porque la besé —añadió, cruzándose de brazos—. Supongo que debería disculparme si quiero que me tome en serio.
Deidara se levantó de repente, sacudiéndose la ropa.
—Bueno, yo tengo que irme a casa, el lunes tengo examen —habló, dirigiéndose a la puerta, ni siquiera opinó sobre lo que acababa de decir su amigo hasta que tocó el pomo—. Luego me cuentas si esa chica te perdona, viejo, aunque lo dudo.
—Claro —contestó el pelirrojo.
Konan miró a Deidara con seriedad, pero éste sólo le dio la espalda y se fue, entonces el albino igualmente se levantó.
—También tengo que irme, me enferma tu cara de perdedor —dijo Hidan, lo cual Sasori solamente ignoró, pero por dentro estaba pensando que ya no los dejaría pasar la noche en su casa, esos dos eran un par de groseros, sobre todo Hidan.
Cuando se fueron, Sasori volvió a mirar a su amiga, quien parecía que seguía escribiendo un mensaje.
—¿Sabes si le pasa algo a Deidara? —preguntó, había notado que el mencionado tenía una actitud ligeramente sospechosa, era como si algo le molestara, pero él no podía adivinar de qué se trataba—. Últimamente actúa algo raro, ¿no crees? Es como si se enojara cuando hablo de la chica que me atrae.
La joven rio, ella sabía muy bien la respuesta a esa incógnita, pero no le correspondía decirlo.
—Es mejor que le preguntes a él —fue todo lo que dijo, encogiéndose de hombros, a lo que Sasori frunció el ceño, pues detestaba quedarse con la intriga, odiaba que le hicieran esperar por una respuesta.
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Hinata estaba sentada sobre la arena de la playa, el clima era fresco, hacía calor, pero el viento estaba corriendo y proporcionaba un ambiente agradable. Ella traía puesto un traje de baño de una pieza y un sombrero grande de color blanco que mantenía sus ojos fuera del alcance de los rayos solares.
—¿Te estás divirtiendo? —preguntó Toneri, el cual se encontraba sentado a su lado, bebiendo un jugo de frutas de color amarillento.
La ojiperla sonrió y asintió con la cabeza, detrás de ellos podía ver a un par de niños corriendo, muchas otras personas también disfrutaban de la playa, era ameno para ella que tanta gente lo pasara bien a su alrededor, además, el mar era muy bonito, le gustaba mirar las olas.
—Sí, gracias por traerme —respondió, notando que Toneri le tomaba la mano, sin dejar de verla fijamente, gesto que la puso levemente nerviosa.
—Últimamente has estado un poco extraña, pensé que tal vez podría ser el estrés de la universidad, sé de lo que hablo, créeme —dijo el albino, dejando salir una leve carcajada. Su novia lo entendía, Toneri era sólo dos años mayor que ella, actualmente estaba en tercer año de su carrera y era evidente que le exigían siempre excelencia, Hinata siempre había sentido la presión de su familia y suponía que para Toneri era igual o quizás peor al ser hijo único.
—Es más difícil de lo que creí —confesó Hinata, bajando la mirada, aunque no se refería precisamente a los estudios—. Pero sé que pronto me acostumbraré.
—Así será —la secundó Toneri—. ¿Quieres ir al mar un rato?
Hinata contestó con un asentimiento y los dos se pusieron de pie para dirigirse al agua, no era muy buena nadando pero tampoco planeaba meterse muy adentro, así que estaba bien. A decir verdad, le gustaba mucho pasar el tiempo con Toneri, incluso contando con que su padre prácticamente había forzado la relación, no era del todo malo, su único problema, sin embargo, tenía nombre y apellido; Naruto Uzumaki.
Se preguntaba si algún día se olvidaría realmente de ese chico, lo intentaba, pero a veces sentía que no ponía lo suficiente de sí misma para que eso pasara.
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—¿Sasuke-kun, sigues aquí?
Cuando el Uchiha escuchó por quinta vez el llamado de su novia, finalmente se dio cuenta de que llevaba un rato divagando en sus pensamientos y se volteó a verla, regresando a la realidad. Los dos estaban en el centro comercial, habían salido para tener una cita y aprovecharían de comprarle un obsequio a su cuñada Izumi, también irían a verla más tarde para dárselo.
—¿Sucede algo? Estaba distraído —preguntó, apenas notaba que estaban frente a una tienda para bebés, parpadeó varias veces al mirar fugazmente los productos.
—Te decía que aquí hay muchas cosas bonitas para tu sobrino —dijo Sakura, apretando un poco el agarre de su mano, sabía que a Sasuke no le agradaba mucho eso de ir juntos de la mano, pero a ella le gustaba importunarlo de vez en cuando.
El azabache frunció ligeramente el ceño.
—Pero todavía ni siquiera sabemos qué va a ser.
—Ya sé, estaba pensando a futuro —rio la peli rosa, cubriéndose la boca con una de sus manos—. Pero Sasuke-kun, ¿seguro que está todo bien? Dijiste que estabas distraído, pero te noto algo preocupado.
—Bueno… —Sasuke suspiró—. Solamente había estado pensando en lo mucho que hemos crecido, ya hasta voy a ser tío, ¿no crees que el tiempo pasa muy rápido? —vio a Sakura asentir con la cabeza, luego continuó hablando—. También estoy un poco preocupado por Naruto, últimamente no descansa, ¿sabes? Lo conoces, le dije a Gaara que no se preocupara, pero a decir verdad tiene razón en pensar que ese tonto podría enfermarse.
Sakura lo miró atentamente mientras lo escuchaba hablar, mordiéndose el labio inferior.
—He estado pensando en lo que me dijiste el otro día, Sasuke-kun —comentó, captando la atención de su novio—. Verás… creo que Naruto actúa así porque últimamente él y Hinata están pasando más tiempo juntos, están estudiando juntos y es obvio que los dos tienen un trato cordial, pero todavía tienen sentimientos sin resolver.
—Naruto es un tarado, sólo debería decirle.
—No es tan fácil —dijo Sakura, negando fervientemente—. Me imagino lo que yo sentiría si te viera salir con alguien más y no poder decirte que todavía siento algo por ti —tembló graciosamente, abrazándose a sí misma—. Ay, no, sería como una pesadilla.
Sasuke también lo imaginó, así como ella dijo, era algo duro en lo cual pensar, prefería no tener que ponerse en el lugar de su amigo jamás.
—Entonces, ¿piensas que Naruto está evadiendo la realidad cargándose de trabajo?
La peli rosa asintió varias veces, para después volver a tomar la mano de su novio y mirarlo empáticamente, dedicándole una suave sonrisa.
—Es posible, pero no te acomplejes, si quieres puedo hablar con él, sabes que suele hacerme caso.
Al escucharla, Sasuke arrugó un poco el entrecejo —Sí, no me agrada mucho de todos modos, pero creo que es buena idea.
La Haruno sonrió una vez más, aunque Sasuke siempre actuaba como si sólo se preocupara por sí mismo, ella sabía lo mucho que apreciaba y cuidaba a sus amigos, era así con Naruto y también con Gaara, quien se había convertido en alguien muy cercano para él también.
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Matsuri estaba afuera del departamento de su novio, él había dicho que pasaría por ella para traerla, pero insistió en que podía caminar sola las dos cuadras que separaban sus edificios. Lo cierto era que estaba muy nerviosa, sabía bien que tenía que contarle a Gaara lo que había sucedido anoche, pero no estaba segura si sería capaz de hacerlo.
—Vamos… —murmuró, levantando su mano para tocar el timbre. Esperó un par de segundos, acordándose del día en que una chica le abrió, lo mal que eso le hizo sentir y lo molesta que estaba consigo misma por haber experimentado esos celos infundados.
La puerta se abrió de pronto, sacándola de sus pensamientos, Gaara estaba vistiendo una camiseta de mangas largas de color crema, con cuello alto, la cual marcaba muy bien su torso y que hizo que Matsuri se sonrojara como una niña, las ideas en su cabeza se revolvieron como si fuera una sopa de letras y sus piernas temblaron, ¿cómo es que tenía un novio tan apuesto?
—Matsuri, tardaste, ya estaba por llamarte —dijo el pelirrojo, notando que ella no le contestaba, lo cual lo preocupó—. ¿Estás bien?
—S-sí, e-estaba pensando en algo —contestó la chica, mirando al suelo, no quería que él se diera cuenta de que su rostro estaba ardiendo.
Gaara le hizo un gesto para que pasara y ella simplemente le hizo caso, así que él cerró la puerta. Durante toda la mañana había estado relativamente tranquilo, pero ahora que Matsuri estaba aquí, sabiendo que tenían todo el departamento para los dos, no podía evitar sentirse ansioso y nervioso, no era la primera vez que Matsuri lo visitaba, pero sí era la primera vez que no había nadie más ahí con ellos.
—¿Cómo estás? ¿Estudiaste todo lo que tenías que estudiar ayer? —preguntó, acercándose a ella una vez que llegaron a la sala. La tomó por el mentón y la obligó a verlo a los ojos, Matsuri se veía hermosa, lo hacía dudar sobre mantener la compostura, pues sus enormes ojos negros no dejaban de brilla y de mantenerlo hipnotizado.
—Sí, yo terminé con eso —respondió Matsuri, mientras la culpa por mentir empezaba a hacérsele más grande y pesada—. Eh, Gaara-kun, quería decirte algo…
—Espera —antes de que ella hablara, Gaara la abrazó con fuerza, sentir el calor de su cuerpo lo reconfortaba, le hacía sentir feliz—. Tenía muchas ganas de abrazarte, te extrañé ayer, creo que ya me acostumbré a verte siempre.
Las pequeñas manos de Matsuri lo rodearon por la espalda, apretándolo contra sí misma, mientras escondía su rostro contra su pecho, como si fuera una niña pequeña y asustada.
—También te extrañé, Gaara-kun —dijo la castaña, en la posición en la que estaban, podía escuchar el rítmico latido del corazón del chico, así como el aroma de su perfume y el de su champú—. Huele bien… —murmuró, provocando que él se avergonzara ligeramente.
—Oye —Gaara se separó un poco—. Hice la comida, ¿quieres probarla? Te lo había prometido.
—¡Claro! —exclamó Matsuri, en este momento no quería arruinar el ambiente confesándole a Gaara lo que había ocurrido anoche, era mejor que esperara un rato y que lo hiciera más tarde, ¿no tenía que aprovechar el tiempo que tenían juntos?
—Entonces vamos al comedor —el pelirrojo tomó su mano para conducirla a través de un corto pasillo, el departamento era bastante amplio y tenía muchas habitaciones, si él no la hubiese guiado, ella podría haberse tardado varios minutos en llegar—. Por cierto, ¿qué me ibas a decir? —preguntó, caminando hasta la mesa para mover la silla e indicarle a su novia que tomara dicho lugar.
Algo nerviosa, Matsuri se sentó con rapidez y negó con la cabeza.
—N-no recuerdo, Gaara-kun —dijo mirando al suelo.
—Ya veo —Gaara simplemente suspiró—. Si no lo recuerdas entonces quiere decir que no era importante —se encogió de hombros y rio levemente, acercándose a la chica desde la espalda, para susurrarle al oído—. Espera aquí, hoy eres mi invitada, así que te atenderé muy bien —después de decir aquello se alejó, yendo a la cocina, sin darse cuenta de que Matsuri estaba totalmente roja, pues aquella acción de su parte fue sumamente sugerente.
—Ay, Gaara-kun… —murmuró, echándose aire sobre el rostro con las dos manos, ni siquiera se quería voltear para mirarlo o sentía que perdería la cabeza.
Era increíble todo lo que sentía por ese chico, anoche alguien súper guapo la había besado y ella sólo sintió miedo y enfado, pero hoy Gaara sólo la abrazaba y le susurraba al oído y ella sentía que se iba a derretir, de verdad estar enamorada hacía una diferencia enorme.
Sólo esperaba poder decirle la verdad y que esta situación no fuese acumulándose como una bola de nieve, que llegara a un punto donde todo se volviera insostenible; no, ella le contaría, tenía que hacerlo, sólo lo haría después.
