La misma noche en que Gaara y Matsuri fueron ingresados al hospital, en otro lugar de la ciudad, Sabaku No Temari se encontraba sentada a la mesa de un local de comida de carne de res, estaban celebrando el término de los exámenes del final de semestre y, debido a ello, varios grupos diferentes de estudiantes habían ido a distintos restaurantes para darse un gusto lujoso.
La rubia estaba mirando con enfado su teléfono, había pasado alrededor de una hora desde que llamó a su hermano y éste –luego de por fin haberle respondido– simplemente le dijo que no le interesaba lo que tenía para decirle y le colgó. Realmente estaba furiosa con Gaara, ¿por qué insistía tan fervientemente en mantenerse lejos de la familia? ¿Qué ganaba con estar completamente solo? Porque podía tener miles o millones de fans y gente que estuviera a su servicio, pero ¿y el verdadero cariño dónde lo dejaba?
—Le vas a hacer un hoyo a la pantalla del móvil —escuchó la voz de su mejor amiga, quien se reía al verla tan enojada mientras apretaba el celular entre sus manos. La jovencita de cabello castaño estaba sentada a su lado, de vez en cuando se llevaba un trozo de carne a la boca y luego volvía a echarle un vistazo a Temari—. ¿Tu hermano sigue ignorando tus llamadas?
Temari, rendida, dejó el teléfono sobre la mesa y suspiró.
—No sé qué hacer con él, entiendo que tiene mucho trabajo, pero ese no es motivo para que nos ignore, somos su familia, Tenten.
La recién nombrada Tenten, apoyando su codo sobre la mesa, miró hacia el techo del restaurante.
—Diría que realmente envidio que seas la hermana de Gaara, pero si él es así como dices, en realidad no sé si sentir lástima por ti.
—Oye… —se quejó Temari, pero viendo que la castaña se estaba riendo, se dio cuenta de que ese comentario no había sido otra cosa más que una de las bromas "crueles" de su amiga, a veces se le pasaba un poco la mano, pero ella ya estaba acostumbrada—. Bueno, será mejor que lo deje estar por un rato, supongo que si quiero que me escuche tendré que ir personalmente a verlo —suspiró, estaba segura de que todo esto no iba a ser más que un tremendo fastidio.
Y hablando de fastidios… Temari miró hacia una esquina del restaurante, el grupo de primer año, del odioso e insoportable Nara Shikamaru estaba ahí también, parecía que habían elegido el mismo sitio para llevar a cabo su celebración; él, por supuesto, ni siquiera la volteaba a ver, aunque la rubia ya se había percatado de que ese chico estaba presente.
—Iré al baño, ya regreso —avisó, poniéndose de pie, había bebido demasiado refresco y le estaba pasando la factura.
Después de liberar su vejiga y de lavarse las manos, Temari se miró al espejo y notó su expresión ligeramente enojada, no entendía por qué debía estar tan estresada cuando este era un momento para que ella celebrara y disfrutara, pero había tantas cosas que la mantenían al pendiente que no podía evitarlo.
—Me temo que tendré que ir a ver a Gaara, no puede seguir así —murmuró para sí misma, lavándose la cara, pero tratando de que su maquillaje no se corriera, de todos modos, lo retocó un poco antes de salir.
Iba guardando su labial en su bolso cuando salió del baño, así que no miró al frente y no vio a la persona que estaba saliendo del baño para varones, por lo que se golpeó de lleno contra él. Como acababa de aplicarse el labial rojo, éste quedó marcado en el cuello de la camisa del sujeto, que no se percató de ello, pero la miró de mala gana.
—¿No ves por dónde vas? —cuestionó.
Temari sabía bien a quién pertenecía esa voz y levantó la mirada con furia.
—Nara —dijo en tono desagradable—. ¿Y tú no estabas mirando tampoco?
Él frunció el ceño y desvió la mirada, chasqueando la lengua con molestia.
—Olvídalo, qué más da —masculló, emprendiendo el camino de regreso hacia la zona principal del local, fue ahí cuando Temari se dio cuenta de que le había manchado la camisa, eso se veía claramente como un apasionado beso de una amante, cosa que la hizo sentir muy avergonzada.
—O-oye, espera… —lo llamó, pero ésta la ignoró olímpicamente. La chica fue detrás de él, siguiéndolo hasta el comedor, pero se detuvo cuando escuchó las noticias que estaban pasando en la televisión que estaba en una esquina del restaurante, alguien le había subido el volumen y las palabras de la reportera la aterraron.
"El famoso e idolatrado cantante Gaara ha sido ingresado al hospital general hace un par de minutos, supuestamente con síntomas de infección o envenenamiento. Algunos afirman que se trata de una sobredosis, pero otros presumen que podría deberse a un atentado de un hater. Por ahora su estado de salud se mantiene en completo hermetismo, estaremos informando si se sabe algo más."
La cabeza de Temari se volteó como un ventilador automático, hasta le dolió el cuello, sus ojos se abrieron como platos y rápidamente se puso a buscar su teléfono para llamar a Gaara, pero era estúpido, él no iba a responderle y no conocía el número de su mánager.
¿Qué rayos iba a hacer ahora? ¡Por eso odiaba que su hermano se alejara tanto de la familia! Esta era una situación de verdadera emergencia y no tenía idea de cómo contactarlo para estar con él.
Apresurada salió del restaurante, no se despidió de nadie, sus manos temblaban tratando de llamar a Kankuro, mientras esperaba un taxi, si no podía llamar a Gaara o a alguien que trabajara con él, iría directamente al hospital, pero estaba tan nerviosa que se le cayó el teléfono y la pantalla se rompió.
—¡Mierda! —exclamó, no era una persona que dijera ese tipo de groserías a la ligera, pero estaba literalmente colapsando en ese momento.
Acuclillada en medio de la avenida, con su teléfono roto entre las manos y unas incontrolables ganas de llorar, pensó que esta era por lejos la peor noche que había tenido, todo se arruinó en sólo un segundo. Hace un rato había hablado con Gaara, ¿cómo es que ahora estaba en el hospital? Y ni siquiera sabía si estaba bien, odiaba esto, realmente detestaba esta situación.
—Maldita sea… —susurró, aguantándose toda su frustración.
—Oye —la voz masculina acompañó a la mano que se apoyó sobre su hombro, fue como si de pronto el sol volviera a salir, aunque no comprendió por qué se sintió aliviada en ese instante—. ¿Estás bien, Temari?
No era muy común que Shikamaru la llamara por su nombre, así que ella se volteó a mirarlo y lo encontró acuclillado a su lado, viéndola con preocupación.
—¿Pasó algo malo?
—¿Me puedes prestar tu teléfono? —le respondió con una pregunta, ignorando el cuestionamiento de él—. El mío se cayó y debo llamar con urgencia a mi hermano, por favor.
—Claro —respondió el pelinegro, sacando su celular se su bolsillo. Observó que las manos de la chica temblaron cuando tomó el aparato, marcó los números y rápidamente se comunicó con la persona que deseaba ver, él no entendía mucho de lo que estaba pasando, hasta que la escuchó hablar.
—Kankuro, ¿viste las noticias? —decía Temari, obviando la presencia del Nara a su lado—. Sí, Gaara está en el hospital, no lo sé, hablamos hoy, pero ya sabes cómo es… —suspiró, realmente se veía preocupada—. Sí, iré ahora mismo, nos vemos allá, no, no tienes que venir por mí, tomaré un taxi, nos vemos —colgó la llamada y volteó a ver al menor, entregándole de regreso su teléfono—. Gracias, tengo que irme —dijo poniéndose de pie.
Shikamaru imitó su acción y se guardó el teléfono, la vio darle la espalda para caminar hacia donde pasaban los taxis, pero sus pasos largos rápidamente la alcanzaron.
—Tengo auto, te llevaré —le dijo, sorprendiéndola un poco.
Le caía muy mal Shikamaru, pero esta no era la primera vez que él era amable con ella, tal vez lo estaba juzgando equivocadamente.
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—Queremos aclarar que todos los rumores que circulan acerca de nuestro cantante siendo llevado a urgencias por una sobredosis son totalmente falsas y emprenderemos acciones legales contra cualquiera que difunda estas acusaciones sin fundamentos.
Lee miraba atentamente la televisión, estaba viendo el comunicado que daba Itachi frente a la presa, aclarando lo que realmente había pasado con Gaara. Desde anoche no paraba de recibir llamadas y mensajes preguntándole qué había pasado, tuvieron que decir que se trataba de una fan obsesionada, pues no querían exponer a Matsuri, diciendo que ella había sido la verdadera víctima, ni siquiera ella lo sabía, era algo que solamente conocían Gaara, Lee e Itachi, así como los oficiales de policía a quiénes tuvieron que explicarles lo ocurrido.
—Apaga eso, es una estupidez —dijo Gaara, estaba molesto, casi no había podido descansar después de que habló con Matsuri esa mañana, la comida del hospital sabía a rayos y no le permitían estar solo para pensar o poder dormir, prefería irse de ahí de una vez, pero no le darían el alta todavía.
—Gaara, debemos asegurarnos de que a nadie le queden dudas de lo que pasó —contestó su mánager, continuaba nervioso, pero parecía que Itachi tenía el don de la palabra, pues fácilmente logró convencer a los periodistas de que todas las estupideces que decían sobre Gaara no eran más que eso, estupideces.
—Sólo quiero dormir un poco, ¿es mucho pedir?
Malhumorado, el pelirrojo se volteó en la cama, dándole la espalda a Lee, quien solamente suspiró, Gaara tenía razón, después de todo lo que había pasado desde anoche, era lógico que quisiera tomarse un descanso, lo necesitaba.
—Está bien, me iré —dijo, pero antes de dar un paso fuera de la habitación, la presencia de una hermosa y joven mujer rubia lo descolocó, sabía que Gaara tenía dos hermanos mayores, los había visto en fotos, pero esta era la primera vez que los veía en persona, porque sí, estaban los dos—. Eh, Gaara… —llamó al chico, un poco intimidado por la mirada casi fúrica de la recién llegada.
—¿Qué parte de que me dejes solo no entendiste? —refunfuñó el cantante.
—Gaara, veo que estás despierto —dijo Temari, llamando la atención de su hermano menor, quien se sentó en la cama como un resorte—. Anoche vine a verte apenas me enteré de lo sucedido, pero no me dejaron entrar a pesar de que soy tu hermana, ¿cómo es eso posible? —cuestionó, mirando de mala gana al mánager, quien solamente sudó frío, pues él no había sido el culpable de aquello.
—¿Qué hacen aquí?
Gaara miró a ambos con mala cara, por supuesto, pues no quería encontrarse con ellos.
—Somos tus hermanos, eso obvio por qué estamos aquí —Kankuro respondió, le hizo un leve gesto al mánager, dándole a entender que los dejara solos, así que Lee lo hizo sin chistar, no quería estar en medio de la batalla campal de los Sabaku No, si ellos eran tan temperamentales como lo era Gaara, podía estar seguro de que la mejor decisión era huir de ahí con la mayor rapidez.
Gaara se sentía increíblemente molesto, no deseaba ver a sus hermanos, a nadie de su familia, no los quería cerca y se los había dicho de todas las manera posibles, ¿por qué no lo dejaban en paz de una vez? ¿Qué tenía que hacer para que se largaran de una buena vez de su vida?
—Váyanse, ya me vieron, estoy bien —dijo groseramente, desviando la mirada, pero pudo notar de reojo que la expresión de Temari se deformó, ella no era para nada discreta, a diferencia de él, su hermana dejaba que sus emociones se mostraran libremente en su rostro.
—¡De ninguna manera nos moveremos de aquí! —exclamó furiosa, adentrándose del todo en la habitación. Kankuro cerró la puerta detrás de ella, le daba mucho miedo cuando se ponía así—. Gaara, ¿sabes lo preocupada que estaba? Me tuve que enterar por las noticias de lo que le pasó a mi hermano, ¿no te parece el colmo? ¿En serio piensas seguir actuando como si nosotros no existiéramos? ¡Lo de mamá ya fue hace mucho tiempo, supéralo!
—Temari… —Kankuro trató de calmarla, pero el grito de Gaara lo interrumpió.
—¡No te atrevas a mencionar a mamá! —gritó, estaba fuera de sí, no le importaba si alguien los escuchaba pelear, aunque estando cerrada la puerta, dudaba que eso fuese a pasar—. ¿Y qué si eso pasó hace tiempo? Ustedes y papá, ustedes la dejaron sola, y me dejaron solo a mí también, ¿crees que se me va a olvidar eso?
—¡Gaara! —exclamó Temari.
—¡Lárguense de aquí!
—Gaara, papá está enfermo —Kankuro habló seguido del grito que casi le hizo doler la garganta a si hermano menor—. Sé que no te importa, pero tienes que saberlo, es nuestro padre, cada día está peor, ya no nos recuerda, cree que Temari sigue yendo a la escuela y que tú eres un niño. Piensa que mamá sigue con vida…
Al escuchar eso, por un breve instante, una punzada de dolor se instaló en el pecho de Gaara, quería obligarse a creer a sí mismo que el estado de su padre no le afectaba, necesitaba pensar que eso era verdad.
—Tienes razón, Kankuro, no me importa —mintió con la mayor desfachatez de la que fue capaz, miró a Temari, quien no supo qué más decir, luego a Kankuro, el cual simplemente suspiró y le miró con enfado—. Váyanse, no lo diré otra vez.
La rubia abrió la boca para reclamar, era tan terca como lo era Gaara, pero si alguno de los dos no cedía, esa sala realmente se iba a convertir en un campo de guerra, así que Kankuro, como el hermano del medio, fue el que tuvo que actuar con cordura, tomó la mano de su hermana mayor, pero mirando al menor de los tres y entonces habló.
—Vámonos, Temari, esto no tiene caso.
—Pero Kankuro… —protestó la chica, sin embargo, solamente encontró decepción en los ojos de su hermano, tuvo que entender a la fuerza que él tenía razón y, por más que tratara de hacerle entender a Gaara que ellos eran su familia, él no los iba a escuchar, era como si los odiara, como si permanecer completamente aislado fuese lo único en el mundo que lo pudiera satisfacer. Ella cerró los ojos ante la idea desoladora de imaginarse a Gaara así, completamente abandonado, sin nadie que se preocupara genuinamente por él, era algo tan triste—. Gaara, lamento mucho que no consigas comprendernos, sé que antes nos equivocamos, pero somos tus hermanos y, aunque tú no nos perdones, nosotros te amamos —dijo, dándole la espalda y dirigiéndose a la puerta.
Kankuro no dijo nada, ni siquiera intentó hablar, sólo se fijó en la expresión de su hermano, podía jurar que sus ojos se veían tristes por un segundo, pero al siguiente regresaron a su habitual desinterés.
Después de eso, cerró la puerta, así que Gaara se recostó, mirando al techo, las palabras de Temari removieron algo dentro de él, pero se estaba negando con todas sus fuerzas a aceptar que sí, que los extrañaba, que quizás podría perdonarlos por dejarlo solo tanto tiempo, pero ese rencor que había alimentado por tantos años continuaba muy vivo dentro de él, impidiéndole superar el pasado.
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—¿Es una broma? —Kiba arqueó una ceja cuando Ino le dijo que Matsuri estaba en el hospital y que por eso no había ido a clases ese día, sintió como si le patearan el estómago—. ¿Qué fue lo que le pasó?
—No entendí muy bien, pero parece que comió algo malo —explicó brevemente la rubia, había hablado con el padre de su amiga hace un momento, ya que ninguno de ellos sabía qué había pasado con Matsuri y no era habitual que ella faltara a clases sin siquiera avisar, además, incluso habían planeado sacarla a pasear para seguir celebrando su cumpleaños, ¿cómo podía alguien caer enfermo al hospital en el mero día de su cumpleaños?
—Debemos ir a verla —propuso Kiba, se sentía asustado y preocupado por la chica, evidentemente, ella era quien le gustaba, pero fuera de eso, se trataba de su amiga, no estaría tranquilo hasta no asegurarse de que ella estaba bien.
Ino asintió con la cabeza, sin poder evitar reír a escondidas, Kiba era tan evidente, que ella no entendía cómo es que Matsuri no se daba cuenta de que él se moría por ella.
—¿Ya viste las noticias sobre Gaara-sama? Dicen que está internado por sobredosis.
—¡Eso no es verdad! Lo que dijeron es que una hater envenenó su comida.
La chica escuchó las voces de sus compañera hablando, aquello la dejó con la boca abierta y se apresuró a buscar la información en su celular, yendo directo al navegador de internet. Lo que vio la sorprendió, anoche se había dormido temprano y hoy no había tenido tiempo de enterarse de nada, por eso estaba atónita cuando comprobó que era cierto que su cantante favorito había sido internado anoche, en la nota no se dejaba muy clara la causa, pero especulaban que se trataba de un atentado orquestado por una fan obsesionada.
—Oh, dios… —se cubrió la boca con una mano, no podía creer que algo tan horrible hubiese pasado—. Y está en el mismo hospital de Matsuri, vaya…
—¿Quién? —Kiba se asomó para mirar la pantalla del teléfono de su amiga, arrugando el entrecejo cuando leyó de reojo la noticia sobre el cantante—. Pfff, ¿a quién rayos le importa ese tipo? Esa gente sólo vive de apariencias, normal que alguien los odie ¡auch! —se quejó cuando recibió un fuerte golpe por parte de Ino, quien sólo lo miró enojada antes de darle la espalda.
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Sakura estaba dentro de su van personal, estaba mirando su celular, leyendo las notas y reportajes que habían salido sobre el estado de Gaara. No podía creerlo, anoche, cuando Lee llamó para pedirle que fuera a verlos, ni siquiera se tomó el tiempo de sopesar la situación, Gaara había sufrido un ataque de alguna persona y Matsuri también pagó las consecuencias.
Ciertamente, a pesar de que odiaba la idea de que esa chica torpe le hubiera quitado toda posibilidad de regresar junto a Gaara, no es como si la odiara, incluso podía asegurar que lo había estado intentando, forzándose a sentir rencor hacia la castaña, pero ella era tan malditamente agradable.
—Ya estoy aquí —dijo Tenten, subiéndose al asiendo del piloto, mientras que Sakura iba sentada en la parte de atrás. La joven de chonguitos la miró a través del espejo retrovisor, mientras se ajustaba el cinturón de seguridad—. ¿Estás segura de que quieres ir al hospital? —preguntó, arrugando un poco el entrecejo—. Habrá reporteros por doquier.
—No me importa —respondió la peli rosa, sus ojos no se alejaban de la pantalla del teléfono, aún había cosas que continuaban llamando su atención de esos artículos—. Tengo que hablar con Gaara, es importante.
Tenten rodó los ojos, sabía de la "relación" furtiva que habían mantenido esos dos, así como también estaba enterada de que eso se acabó hace un tiempo y que ahora no se llevaban del todo bien, pero supuso que Sakura continuaba sintiendo cosas por Gaara (¿y quién no lo haría? Pensó) y debido a eso, estaba preocupada y ansiosa por verlo.
—Bien, vamos —tras decir aquello, encendió el motor y partió hacia el hospital.
Sakura dejó de lado el celular y se reclinó contra su afelpado asiento, mirando a la nada a través de la ventana. No dejaba de preguntarse quién y por qué había hecho tal acto criminal, le molestaba que Gaara pensara que ella tenía algo que ver, pero de cierto modo podía entenderlo, ella no era alguien en quien él pudiera confiar, lo sabía, después de todo, lo que ella y Sasuke le hicieron demostraba con creces su punto de vista.
Cuando llegaron a su destino, Tenten procuró entrar con la mayor cautela hacia el estacionamiento subterráneo del gran hospital privado, la prensa estaba amontonada en la entrada, por lo que ahí no había peligro. Sakura se cubrió con una sudadera con capucha y unos anteojos oscuros, sólo por precaución y se bajó de la camioneta, yendo hacia el interior del establecimiento. Para su suerte, Lee le había dado el número de habitación de Gaara, así que no necesitaba acercarse al mostrador para preguntar. Tenten la siguió en silencio y cuando se acercaron a la habitación, se dieron cuenta de que había guardias de la empresa cuidando la puerta, ellos se atiborraron junto a la entrada apenas la vieron, así que tuvo que mostrarles su rostro.
—Soy yo, déjenme entrar —dijo con cierta molestia, así que los dos hombres grandes se miraron el uno al otro y se hicieron a un lado.
Tenten soltó un suspiro nuevamente al ver entrar ahí a Sakura, ella no pensaba meterse en esos asuntos, era mejor que se mantuviera al margen.
—¿Cómo va el trabajo de niñera? —escuchó la voz divertida de Lee, quien se apareció a un lado de ella, estaba volviendo después de haber ido a comer algo y de visitar un rato a Matsuri—. Sakura-san parece ser tanto o más caprichosa que Gaara —añadió, ofreciéndole un café a su amiga, pues la había visto mientras él estaba frente a la máquina expendedora.
Ella tomó el café humeante entre sus manos y sonrió, soplando un poco para enfriarlo.
—Supongo que así son las estrellas, ¿no? Aunque tú no es que estés mejor que yo, ¿sí está bien Gaara-san?
El pelinegro se encogió de hombros, estaba preocupado, lo había estado durante toda la noche y continuaba estándolo, honestamente, vivía al filo del estrés con Gaara, con su mal humor, con su constante forma de tratar mal a los que no hacían las cosas como a él le gustaban, pero anoche, al ver como estaba, se dio cuenta de que en serio apreciaba a ese mocoso insufrible, él no solamente era su mánager, sino su amigo.
—Ahora está bien, pero anoche todo fue tan caótico, no te lo imaginas —respondió, mirando hacia la puerta cerrada del cuarto, se preguntaba de qué estarían hablando ahí dentro.
—*—*—*—*—*—*—*—
Dentro de la habitación de Gaara, Sakura había tomado asiento frente a él, no dejaba de detallarlo a cada segundo, sus labios estaban un poco decolorados, su piel más pálida de lo normal, de verdad parecía que había sufrido mucho anoche. Ella se mordió el labio inferior, a pesar de todo, le afectaba saber que él estaba mal.
—¿Te sientes mejor, Gaara? —preguntó, mientras él parecía estar viendo hacia el techo, sin prestarle mucha atención, pasaron un par de segundos hasta que finalmente volteó a verla, estaba igual de inexpresivo que siempre, a veces pensaba que hasta un témpano de hielo era menos frío que ese chico.
—Sí, gracias —respondió al fin, como si hubiese estado pensando en las palabras correctas para decir—. Sakura… ¿realmente no tuviste nada que ver? —interrogó, ella se sintió dolida y molesta, ¿de verdad parecía alguien que haría eso?
—Ya le dije a Lee-san cuando me preguntó que yo no lo hice, Gaara —contestó, tratando de contener su enojo, no tenía que explotar ahora, no era una buena idea—. Y antes de que me lo preguntes, no, tampoco le conté a nadie sobre tu… romance.
Gaara asintió con la cabeza, tras mirarla a los ojos y escucharla hablar, sabía bien que ella no estaba mintiendo.
—Sabes que tenía que preguntarte, ¿no? —comentó, ahora estaba mucho más aliviado de saber que Sakura era inocente, pero no dejaba de preguntarse quién demonios era esa chica que los envenenó, le asustaba la idea de que volviera a intentar algo contra Matsuri, porque sí, sabía que era contra la chica y no él—. Me quedé pensando en algo.
La peli rosa frunció el ceño.
—¿En qué?
—¿A qué te referías ayer con que Matsuri y tú son amigas? —interrogó, no había dejado de pensar en eso todavía, le intrigaba y le inquietaba a la vez, aún no confiaba del todo en Sakura, no podía hacerlo después de todo lo que había sucedido entre ellos.
La idol no pudo evitar reír, ahora que lo pensaba, le parecía algo gracioso, ella se había acercado a Matsuri con la intención de hacerle alguna mala jugada, de alejarla de Gaara, o de hacerle conocer su lugar como alguien inferior, pero nada de eso pasó, no pudo hacerlo.
—No sé, yo quería burlarme de ella —confesó, notando el malestar de Gaara en la expresión de su rostro—. Pero es demasiado inocente y linda, entiendo por qué te gusta.
Esas palabras lo dejaron confundido y sorprendido, no pudo siquiera disimular cuando sus ojos se abrieron y sus mejillas se pusieron rojas, ¿era posible que Sakura lo hubiera notado antes que sí mismo?
—No te atrevas a hacerle nada —dijo con voz firme, pero mirando en otra dirección, mientras se cruzaba de brazos—. Te lo advierto, Sakura.
—Qué dulce te ves defendiendo a tu novia —Sakura rio una vez más, pero enseguida su expresión se volvió seria—. ¿Y ella cómo está? Escuché que sufrió los mismos efectos que tú, hasta para eso son parejita, qué fastidio.
El pelirrojo chasqueó la lengua, no pensaba contarle nada a Sakura sobre lo ocurrido con Matsuri, entre menos personas lo supieran, le parecía que era mejor, era más seguro para la chica, tenía que averiguar quién estaba tratando de hacerle daño e impedirlo a toda costa.
—Ella está bien, hace poco la vi… —cerró sus ojos mientras explicaba lo sucedido—. Comimos del mismo plato, alguien… me atacó y ella quedó envuelta en todo este embrollo, por suerte, nos atendieron a tiempo a ambos.
—Bueno… —Sakura asintió con la cabeza, pero su expresión continuaba siendo seria—. No es necesario que me mientas, me alegra que ella esté bien, pero es obvio que el ataque fue para ella.
Gaara la miró con los ojos muy abiertos, odiaba lo difícil que era disimular su sorpresa cuando hablaba con la Haruno, ella siempre conseguía sacarlo de sus cabales, ya fuese en buena o en mala forma. Antes de que él le preguntara cómo lo supo, Sakura habló, mostrándole su celular.
—Las chicas en este foro están totalmente obsesionadas, mira —le mostró un par de publicaciones, en varias mencionaban a la supuesta novia de su ídolo y qué es lo que harían con ella de tenerla cerca—. Creo que deberías prestar más atención a estas cosas, ellas son muy observadoras, tienen que haberse dado cuenta de lo que tienes con Matsuri.
Él no podía creerlo, ya antes había mirado algo parecido, pero no le dio la importancia requerida, ahora era distinto, alguna de esas locas obsesivas se había atrevido a atacar directamente a "la ladrona", como le decían a su supuesta novia, incluso había realizado un post anónimo jactándose de que se había vengado de la maldita que les estaba robando a su estrella.
—¿Cómo encontraste eso? ¿Qué haces en esos foros? —preguntó, aunque al cabo de unos segundos, la respuesta no le pareció relevante—. Hay que mostrárselo al oficial con el que hablé antes… podría ser que encuentren a esa chica.
—Te enviaré los links —dijo Sakura, buscando todas las conversaciones, sacando capturas de pantalla, todo lo que había visto en ese sitio, no podía creer que estaba haciendo algo bueno por Matsuri, pero ella no era ningún monstruo, jamás lo sería, y Gaara estaba agradecido por ello.
—*—*—*—*—*—*—*—
Kakashi había terminado de tomar los exámenes de sus estudiantes, era algo que no podía postergar, así que hizo un esfuerzo sobrehumano por dejar de lado sus preocupaciones. Todavía tenía que organizarlos y revisar unas cuantas cosas, pero no los iba a corregir aún, los llevaría a casa, pues necesitaba estar junto a Matsuri ahora.
—Kakashi-sensei —escuchó la voz de uno de sus estudiantes, así que se dio la media vuelta para encarar a Shikamaru, éste no dejaba de verlo con cierta preocupación—. Escuché lo que le pasó a Matsuri, ¿está bien?
El hombre de cabello plateado arqueó una ceja, estaba agradecido por la preocupación del Nara, pero al mismo tiempo se sintió intrigado.
—Ella está bien, pero ¿cómo lo sabes?
Shikamaru se encogió de hombros, no quería decirle que lo había visto anoche en el hospital, cuando acompañó a Temari, pues él sabía que Matsuri trabajaba para Gaara, aunque todavía le costaba creer que aquella chica de su universidad era la hermana del cantante.
—Ya sabe, los chismes vuelan.
El profesor no pudo más que estar de acuerdo, era cierto que Shikamaru era amigo de Matsuri, quizá habían hablado o algo, eso no importaba en realidad.
—Iré a verla ahora, si quieres puedes acompañarme, seguro estará contenta de verte ahí.
—Claro —el chico sonrió ligeramente, asintiendo con la cabeza—. Iré por las cosas de mi casillero y regreso —avisó, dirigiéndose a la puerta.
—Te espero en el estacionamiento —dijo Kakashi, que terminó de guardar sus cosas, los exámenes y las planeaciones para las siguientes clases, metiendo todo en su maletín. Estaba por salir, cuando notó que su teléfono estaba sonando, frunciendo el ceño al ver que se trataba del padre biológico de Matsuri, así que tomó la llamada de mala gana—. Qué milagro que te dignes a querer saber de tu hija —habló con sarcasmo.
Le había avisado a ese hombre que ella estaba internada en el hospital, pero eso había sido anoche, como no respondió, parecía que no le interesaba.
—Acabo de leer el mensaje, no molestes —escuchó decir del otro lado, así que Kakashi rodó los ojos—. Dime cómo está, ya que insististe en que era grave.
A pesar de lo mucho que detestaba cruzar palabras con ese hombre, Kakashi sabía que era su deber informarle, por eso le había dejado el mensaje; sin embargo, las cosas habían mejorado, por lo que no veía necesaria su intervención, así que le explicó de manera breve todo lo acontecido, no quería mencionar el hecho de que ella estaba trabajando para alguien como Gaara, así que ese pequeño gran detalle lo omitió.
Desafortunadamente para él y para Matsuri, el padre de ella no era un tipo conformista.
—*—*—*—*—*—*—*—
Matsuri no se sentía del todo bien aún, odiaba esa sensación de pesadez dentro de su estómago, que a la vez era como un vacío, pues se moría del hambre y no le permitían comer casi nada, a excepción de una gelatina sin sabor y unas galletas rancias, o así se sentían, al menos. Estaba saliendo del baño, siendo ayudada por una enfermera, quien la acompañó hasta recostarla con cuidado sobre su cama.
—Si necesita algo más no dude en llamarme, señorita —le dijo la amable mujer, antes de retirarse.
La chica estaba sorprendida con el trato del personal en ese sitio, eran todos sumamente amables, seguro que esa clínica era sumamente cara, se preguntaba si Gaara añadiría la cuenta a su deuda.
—Ay no, no había pensado en eso… —murmuró, dejando salir un hondo suspiro, todo esto parecía una pesadilla, haber sido envenenada por una fan de Gaara, aunque se preguntaba qué clase de fan le haría algo como eso a quien admiraba.
O quizá no había sido para Gaara…
—¿Qué estás haciendo? —escuchó la voz masculina a su lado, la cual le dio un susto. Matsuri miró hacia su costado con los ojos bien abiertos y Gaara tuvo que admitir que ella le parecía adorable con esa expresión—. ¿Por qué me ves así? ¿Viste un fantasma?
—G-Gaara… —la chica pronunció su nombre como si él fuera más una ilusión que una imagen presente—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No habías venido ya esta mañana?
Gaara miró hacia un costado, era cierto que había estado ahí antes, pero ante el descubrimiento de lo que sentía hacia ella y, después de lo que habló con Sakura, sentía una enorme necesidad de verla nuevamente, quería comprobar cómo estaba, preguntarle muchas cosas, pero, sobre todo, estar a su lado, aunque fuera un momento.
—Tenía que preguntarte algo —él tampoco se sentía tan bien como para permanecer mucho tiempo de pie, así que se sentó en la silla que estaba junto a la cama de ella, sin dejar de mirarla—. Pero antes, ¿ya te sientes mejor?
Ella se llevó las dos manos al estómago, sosteniéndolo.
—Todavía se siente raro, como pesado, no sé cómo explicarlo.
El pelirrojo asintió con la cabeza, aún estaba un poco fuera de sí por la visita de sus hermanos, pero extrañamente, estar ahora frente a Matsuri lo estaba calmando, no quería pensar en su padre, en la enfermedad que Kankuro le comentó, tampoco en la discusión corta que tuvo con Temari, simplemente deseaba borrar todo ese momento vivido.
—Lo siento, es mi culpa… —murmuró Gaara, ni siquiera se dio cuenta de lo suave que era el tono de su voz, aunque para ella no pasó desapercibido, lo quedó mirando fijamente, con esa expresión de culpabilidad en el rostro, el cabello medio revuelto y su semblante enfermo… ¿cómo es que todavía lograba verse guapo?
—N-no digas eso, no puedes controlar lo que hacen las demás personas —se apresuró en decir Matsuri, sonrojándose ante los pensamientos que ocupaban su mente, pero es que no lo podía evitar.
Gaara la miró fijamente, deslizando con cuidado su mano, hasta alcanzar la de ella, quien también se le quedó viendo en silencio. Fue solamente un instante, pero los dos lo sintieron como si fuera una eternidad, sin tener que decir nada, sin hacer nada, sólo mirándose, hasta que él interrumpió el momento, soltándole la mano de golpe.
—Ahora que estás mejor, dime… ¿qué recuerdas de anoche?
—No estoy muy segura… —ella tragó saliva, su corazón estaba latiendo demasiado rápido, casi prefería al Gaara que era grosero y antipático con ella, porque este que estaba siendo amable la estaba confundiendo demasiado.
—¿Habías visto alguna vez a la chica que te dio el pastel?
—¿Eh? —Matsuri lo miró intrigada, ¿por qué le estaba preguntando eso? Parpadeó un par de vece, confundida, hasta que se decidió a preguntar—. ¿La chica del staff? Ahora… ahora que lo dices, creo que sí…
El cantante la miró con más atención.
—¿De verdad?
—Sí —respondió Matsuri, asintiendo con la cabeza—. No estoy segura, pero me parece que su rostro me es familiar.
—Tuve la misma sensación.
Gaara se llevó una mano al mentón, pensativo, su mente intentaba recordar en dónde había visto a aquella joven, estaba tan concentrado en ello, que apenas notó cuando Matsuri se acercó a él, lo suficiente para abrumarlo cuando escuchó su voz.
—Ella trataba de hacerme daño a mí y no a ti, ¿verdad?
Él se sorprendió al darse cuenta de que el rostro de la chica estaba muy cerca del suyo, sintió que se le apretaba el pecho y rápidamente desvió la mirada.
—¿Por qué crees eso? —cuestionó, intentó hacerse el loco, pero era evidente que ella ya se había dado cuenta de la verdad, a fin de cuentas, Matsuri era mucho más lista de lo que él hubiera querido aceptar.
—Aunque pienses que soy tonta, no lo soy —dijo Matsuri, haciéndose para atrás, sus mejillas nuevamente estaban rojas, pero intentó obviar ese hecho, no era el momento de divagar en tonterías que no venían al caso, como el recuerdo de su primer beso, por ejemplo—. Ella me dio el pastel a mí, si tú saliste afectado, fue porque me lo robaste.
—Y deberías darme las gracias —Gaara la miró con fastidio, parecía que Matsuri le estaba reprochando por haberse comido un pedazo de su pastel—. De no ser porque yo ingerí parte del veneno, pudiste comerlo todo tú sola y ahora no la estarías contando.
—Uy, sí, te daré las gracias por envenenarte en mi lugar —dijo con sarcasmo la chica, rodando los ojos—. Eres taaan amable, que no dudaste en hacerlo por mí —su tono continuaba siendo altanero, haciendo que Gaara se sintiera enojado—. A pesar de que seguramente fue tu culpa, era tu fan, ¿no? Debe haber pensado que soy tu novia, todo por ese chisme idiota que te inventaste.
Con la poca paciencia que tenía, empuñó las manos y se puso de pie, dispuesto a irse. Sabía que Matsuri tenía absolutamente toda la razón y que estaba en su derecho de reclamarle por su estado actual, pero era tan orgulloso, que no podía aceptar que ella le hablara de ese modo, porque el hecho de que Matsuri lo acusara, solamente lo hacía sentir peor.
—Suficiente, me largo —avisó, dándose la vuelta para retirarse, pero unos pasos afuera, en el pasillo, le llamaron la atención y antes de que pudiera moverse, escuchó voces.
—Kiba, ¿podrías callarte? Ya nos dijo la enfermera que Matsuri está despierta, deja de preguntar estupideces y vamos a entrar.
Gaara volteó a ver a Matsuri apenas la voz femenina, un poco chillona, se oyó. La castaña tenía los ojos muy abiertos, no esperaba que sus amigos aparecerían ahí, así que asustada le hizo todo tipo de señas a Gaara para que se escondiera. Éste, sin saber a dónde ir, se metió como un rayo debajo de la cama, aunque luego se preguntó cuál era su razón para ocultarse, si no estaba haciendo nada malo. Era un idiota, actuó por impulso y ahora no podría salir de ahí, pues la puerta se abrió.
—¡Matsuri! —exclamó Ino, quien corrió hacia donde estaba su amiga, abrazándola—. Ay, dios mío, ¿cómo estás?
—Ino-chan, estoy bien —aseguró la chica, que correspondió al abrazo con todo gusto, aunque se sentía un poco nerviosa y asustada de que Gaara fuese a ser descubierto. Vio a Kiba acercarse en silencio, sus ojos no se apartaban de ella y se notaba que estaba preocupado—. Kiba-kun, hola —saludó a su amigo, sonriéndola.
Éste sonrió en respuesta, le aliviaba saber que Matsuri estaba bien después de todo.
—Tonta, realmente nos asustamos cuando supimos lo que te había pasado —dijo el Inuzuka, sintiendo un poco de envidia del modo tan natural en el que Ino abrazaba a Matsuri, él también quería hacerlo—. ¿Qué fue lo que te pasó?
Matsuri bajó la mirada, no sabía cómo les podría explicar la verdad de las cosas, así que inventó una historia más o menos creíble, que tenía parte de verdad.
—En el lugar donde trabajo celebraron mi cumpleaños, pero alguien usó un trozo del pastel para envenenar a las ratas y yo no me di cuenta, fue solamente un accidente —explicó, su tono de voz sonaba convincente, aunque para Gaara, que estaba todavía bajo la cama, no lo era para nada, sonaba como algo sumamente estúpido, ni siquiera Matsuri era tan tonta o distraída como para comerse algo dejado para las ratas.
—Tienes que fijarte más en lo que comes —le regañó Ino, a lo que Kiba estuvo de acuerdo.
Gaara pensó que sus dos amigos eran idiotas.
—Te trajimos algo para que te entretengas —dijo Kiba, que le extendió una pequeña bolsa de papel, adornada con varios brillitos, era muy bonita, del tipo de cosas adorables que le gustaban a ella—. Es un libro, Ino lo escogió, pero fue mi idea.
—Oh… —Matsuri sonrió complacida mientras recibía el obsequio, parecía que pasaría un rato más ahí, así que esto le vendría muy bien—. Muchísimas gracias, chicos, son los mejores.
Ino, quien continuaba abrazada a su amiga, miró a Kiba con una sonrisa torcida, éste estaba sonrojado, era tan malo para disimular.
—Kiba quería traerte la tarea, pero yo sugerí un libro, es muy poco delicado —bromeó la rubia, así que Matsuri empezó a reírse, mientras él se cruzaba de brazos y refunfuñaba—. ¡Por cierto! —exclamó, cambiando totalmente de tema—. ¿Escuchaste lo que sucedió con Gaara-sama? Parece ser que tuvo un incidente anoche, qué coincidencia, ¿no? Dicen que está aquí mismo.
Al escuchar la pregunta, Matsuri se tensó totalmente, al igual que Gaara, que estando en ese estrecho lugar, apenas y se podía mover para no ser descubierto, ¿por qué tenían que ponerse a hablar de él justo en ese momento?
—¿D-de verdad? No oí nada —mintió Matsuri, muy mal, para el gusto del pelirrojo, pero sus amigos eran un par de ingenuos, no creía que fuese difícil engañarles, había escuchado que la mejor amiga de Matsuri era su fan acérrima, así que era mejor que no se enterara de que él estaba ahí mismo, podría ser una situación muy embarazosa.
—Bueno, es normal, estabas internada —dijo Kiba, acercándose un poco hacia la cama, Gaara tuvo que apartar la mano para que el zapato del chico no lo fuese a tocar—. Además, es más importante tu salud que estar atenta a lo que sea que le pase a un cantantucho de quinta.
—¿Cantantucho de quinta? —masculló molesto el pelirrojo, pero enseguida se tapó la boca con una mano, estaba furioso por el insulto; sin embargo, sabía que se tendría que aguantar.
—Ay, ya vas a empezar, envidioso —reclamó Ino, que enseguida lo miró con el ceño fruncido.
—Kiba-kun, sé que él no te gusta, pero no digas esas cosas, es un gran artista y tiene una voz hermosa, además… b-bueno… —Matsuri se sonrojó, había olvidado que Gaara estaba ahí y que escuchaba todo lo que decían, era mejor que cortara sus palabras y tratara de que sus amigos se fueran rápido.
Por su parte, a Gaara le dio gusto escuchar que ella lo defendía.
—Como sea —dijo de mala gana Kiba, mirando hacia otro lado.
Matsuri tardó un rato en lograr que se fueran, le pasaron la tarea, algunos apuntes de la clase de ese día y charlaron un rato, antes de por fin despedirse. Cuando la puerta se cerró y ella comprobó que ya no había peligro, carraspeó su garganta.
—Ya puedes salir —indicó.
Gaara rápidamente se levantó del suelo, tenía el pelo un poco revuelto y había algo de polvo sobre su bata de hospital, que antes estaba pulcramente blanca.
—¿Tus amigos nunca se callan? En especial la chica.
—No digas nada malo sobre ella —lo paró Matsuri, apuntándolo con su dedo índice—. Además, es tu admiradora, odiaría que ella supiera cómo es tu verdadera personalidad, te idealiza como no tienes idea.
—Al menos tiene buen gusto —bromeó él, esbozando una suave sonrisa ladina, la cual hizo que Matsuri lo mirara con el ceño arrugado—. ¿Qué?
—Que te ves mal actuando egocéntrico cuando llevas la ropa polvorienta —contestó la chica, sus ojos se pasearon fugazmente sobre la figura del mayor, esa estúpida bata no cubría nada de sus brazos, que estaban bien trabajados.
—¿Dónde? —Gaara intentó limpiarse el polvo, pero lo hacía de una manera muy poco efectiva, ya que no quería que sus manos tocaran la suciedad, sacudía la ropa como si tratara de estirar una sábana recién lavada.
Al verlo actuar así, Matsuri rodó los ojos.
—Ay, así no vas a limpiar nada, a ver, aparta.
Ella se acercó un poco hacia él, apartándose de las piernas las sábanas de la cama, comenzó a limpiar el polvo que estaba sobre su ropa y fue entonces cuando se dio cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro, tragó saliva y trató de apartarse, pero Gaara tomó sus muñecas y la mantuvo a su lado.
—¿Ya está limpio? —preguntó, viéndola asentir con la cabeza—. Bueno, pero no te apartes, todavía no.
—Pero… —ella se mordió el labio inferior y los ojos aguamarina automáticamente se enfocaron en ese sitio, podía sentir lo mismo que aquella noche en el parque, como si un imán lo atrajera hacia ella, ¿era así como se sentían las ganas de besar a alguien?
Poco a poco, la distancia parecía reducirse, si es que Gaara iba a besarla otra vez, ella no quería que se parara a medio camino, estaba ansiosa por repetir esa sensación embriagante sin la necesidad de que fuera algo forzado, sino con su consentimiento. Sus labios estaban a punto de tocarse, cuando la puerta se abrió sin ningún aviso, así que ambos se apartaron más rápido que un rayo, totalmente extasiados y asustados.
—Matsuri —la saludó su padre, Kakashi, quien miró al pelirrojo que estaba ahí, dándoles la espalda—. Gaara-san, veo que ha vuelto —añadió, arqueando una ceja.
El recién nombrado se volteó, asintió con la cabeza y rápidamente se escabulló hacia la puerta, pasando junto al hombre alto y al chico que venía con él, parecía ser de su misma edad, se preguntó quién podría ser, pero obviamente no se quedaría para averiguarlo.
—Shikamaru-san, qué gusto verte —dijo Matsuri, fue todo lo que Gaara pudo escuchar antes de apartarse definitivamente de las cercanías de aquel cuarto, debía volver al suyo, los guardias sobornados no lo encubrirían para siempre, aunque no pudo evitar sentir una ligera molestia por el tono que ella usaba para referirse a ese recién llegado.
¿Sería alguien importante para Matsuri?
Bueno, ese no era el mejor momento para ponerse celoso, lo mejor era que analizara las cosas con calma y continuara pensando sobre la chica que los atacó, tendría que estar más atento para que algo como eso jamás volviera a repetirse.
