Código Galaxy

Capítulo 6

Pasó una semana desde que habían sido capturados por las tropas imperiales, durante la cual, Jim, Patrick y William recibieron toda clase de torturas sin aparente justificación, pues en ningún momento les preguntaron nada. Les dieron descargas de electricidad, disparos, les metieron en salas muy caldeadas y luego, casi sin poder aclimatarse, a otras en las que su aliento se volvía vaho del frío que en ellas hacía. También les despertaban a deshoras cada día, les tenían a una pasta súper desagradable al paladar y agua, ejercicios militares de toda clase, y no veían más que paredes blancas desde que estaban allí. Y ni una cara, todos los que iban y venían llevaban el uniforme de soldados del imperio y con el casco enfundado, pero el espíritu guerrero de Jim no acababa de morir.

Cada vez que uno llegaba le empezaba a increpar y llamar de todo, aunque los dos adolescentes ya hacía dos días que no decían nada y se dejaban llevar como corderos al matadero. Pero él no estaba dispuesto a dejarse doblegar así de fácil. Además, en cierta medida se sentía el responsable de ellos. Ese día en concreto no parecía diferente a ninguno de los anteriores. Les despertaron de madrugada, les pusieron a hacer deporte nada más meter algo en el estómago – consistente en correr durante una hora, abdominales, flexiones, sentadillas y luego superación de obstáculos de todo tipo en habitaciones que recreaban diversos ambientes – y luego disparo con armas láser a blancos móviles.

Y como cada día, llegó un oficial a evaluarles. Pero ese día sí hubo un cambio: llegó una chica, de la edad de Patrick más o menos, y sin el casco. Era humana – o lo parecía – tenía el pelo rubio y los ojos verdes, piel clara y rostro serio, algo maquillada pero lo justo para que parecía totalmente natural. Tenía unos andares que claramente indicaban que se sentía superior al resto, y de su cintura colgaba lo que ya ellos identificaban como una espada de luz. No habían visto una desde que Starlight les capturó días antes. Se les acercó en silencio, tenía en sus manos uno de aquellos aparatos electrónicos con los que siempre veían a los oficiales. Recorría la pantalla con un dedo mientras andaba frente a ellos, que se encontraban en esos momentos de pie y con ropa de entrenamiento color gris, totalmente sudadas por el ejercicio intenso.

Estaban en ese momento en la sala de tiro, las armas que acababan de usar se encontraban en una mesa lateral, estando los puntos de disparo en línea recta a unos metros de ellos, y con varios blancos al otro lado de la sala, a unos treinta metros. Sólo uno de ellos tenía varios aciertos, los demás estaban impolutos.

-Bueno, podría ser peor… ¿Patrick Belpois?- llamó, y el aludido dio un paso al frente. Ella le miró con cierto interés, le movió la cara un poco para observarle, y sin pudor alguno le subió la camiseta para ver su cuerpo.

Él en otras circunstancias le hubiera dicho alguna cosa sarcástica o hubiera intentado ligar con ella, pero por experiencia sabía que mejor no decir nada. William rodó los ojos y Jim mantuvo la compostura aunque por dentro la estuviera poniendo a caldo.

-Potencial, ya… ¿Dumbar?- Patrick se echó atrás, y William le sustituyó. Ella realizó la misma inspección, tras la cual se puso delante de Jim

Este le sacaba medio cuerpo de altura, ella apenas llegaba al metro setenta, pero no parecía intimidada en absoluto- Tienes que perder aún veinte kilitos, Morales. Si te pongo a rodar se te confundiría con un planetoide- ella le dio unos golpes con el dedo en la tripa.

El adulto se sintió ofendido y empezó a apretar las manos, pero se aguantó las ganas de decirle todo lo que pensaba. Ella se debió dar cuenta pero no dijo nada

-Como vuestra superior directa, ahora estáis bajo mis órdenes. Soy la Teniente Laura Gauthier, a partir de ahora os referiréis a mí de Teniente, si no lo hacéis os aplicaré el régimen disciplinario- la chica andaba delante de ellos con las manos tras la espalda.

-El horario será como el de hasta ahora, os levantáis, preparación técnica, entrenamiento, comida, y más entrenamiento. Os voy a hacer hombres de verdad, nenazas- agarró a Jim de la camisa.

-Sobre todo a ti. Te llamaré Albóndiga, ¿vale, Albóndiga?- le dijo, amenazante. El aludido gruñó pero acabó asintiendo.

Patrick y William permanecían en silencio, pero se miraron entre ellos. Se quisieron mover despacio, pretendiendo rodearla. Se lanzaron sorpresivamente contra ella, pero la teniente se había dado cuenta: les lanzó a Jim con violencia usando un solo brazo, derribándoles. Cayeron de bruces contra el suelo, aplastados por el corpulento profesor de gimnasia, pero entonces empezó a flotar en el aire. Detrás de ellos, Laura estaba rodeada de su energía, aunque ninguno la viera nítidamente sí podían verla durante algunos instantes. De un suave movimiento, les llevó contra la pared, y les miró seriamente, apretando con su energía en sus pechos, provocándoles una fuerte tos.

-Me avisaron que os gustaba dar por culo… Esto será divertido. Doblegaré vuestros espíritus hasta que seáis marionetas a mi servicio, así como del Imperio- les dejó caer entonces.

Hizo levitar unas armas láser hasta ellos, mientras daba varios pasos en dirección opuesta a dónde ellos estaban, tras lo cual se dio la vuelta y les encaró con su arma de luz preparada. Ellos tomaron las armas y sin pensarlo siquiera abrieron fuego contra ella casi a bocajarro, pero ni la mitad de los disparos iban en la buena dirección, y los pocos que sí dieron en blanco ella los detenía con su espada de luz, devolviendo varios de ellos a sus lanzadores, que cayeron uno a uno cuando los láseres les daban en el estómago o en las manos. Con esa pequeña humillación ella les demostró que estaba a años luz de ellos en preparación, y que poco o nada podrían hacer contra ella.

Era su superior en todos los sentidos, así que…. Por ahora tendrían que obedecer. Pero el fuego de la insurrección estaba lejos de apagarse en sus pechos, sobre todo en Jim, que estaba acostumbrado a aquellas experiencias con superiores idiotas. Miró a los dos muchachos, que estaban tendidos en el suelo, más cerca de la inconsciencia que de otra cosa, y los levantó sobre sus hombros como si fueran sacos de patatas.

-Teniente… Con su permiso, me los llevo a descansar, señora- arrastró sus palabras, no le hacía gracia tener que pedir permiso a una cría que podría ser una alumna, o incluso su hija, pero debía aparentar por ahora.

Ella asintió, y le dejó ir con los otros dos a recuperar fuerzas. En cuanto salieron por la puerta, ella recuperó su tablet, y comenzó a anotar sus primeras impresiones sobre ellos. Eran tres inútiles, pero corroboraba las impresiones de la General Starlight. El grandullón podría ser un gran soldado en cuanto tuviera el físico adecuado, debió serlo en el pasado porque si no, no tendría una puntería tan fina. De hecho sus disparos fueron los únicos que dieron en blanco e iban directos a su cabeza. En cuanto a los dos jóvenes ellos eran claramente capaces de usar su energía, pero tenían que aprender a usarla de forma consciente, no sólo para levantar cosas en el aire, también para mejorar en gran medida sus reflejos y habilidades. Hechas las anotaciones, se dirigió hacia el otro individuo que les era interesante a los imperiales, una hembra ya cercana a la vejez pero que al parecer era bastante inteligente, o eso decía el informe.

Anduvo por los pasillos rápidamente hasta llegar a la sección de Ciencia, donde la tenían encerrada. No tardó demasiado en encontrar el pasillo en la que estaba, era de los pocos especímenes que el Imperio sacaba de entre los esclavos a los que tomaba, menos aún que los que destinaban a engordar las filas de sus tropas. Sólo querían a los mejores cerebros, y ella al parecer lo tenía. Una vez firmados los protocolos para la visita, como había hecho con los otros tres, accedió a su celda. La encontró sentada en la cama, parecía cansada y sin demasiada motivación para hacer nada, como si estuviera adormilada.

-Suzanne Hertz, al parecer eres una cerebrito…- comentó Laura, mientras se acercaba.

La mujer se dejó examinar sin oponer resistencia alguna, como si ya hubiera entendido que cualquier acción que fuera en contra de los deseos de ella fueran a acabar en algo malo. Sonrió por dentro, parecía ya entender de qué iba aquello. Tras una corta revisión, que en realidad no era tal pues quería ver simplemente su grado de sumisión, siguió hablando.

-Has pasado todas las pruebas exitosamente, aunque tampoco te creas nada… Tienes un buen cociente de inteligencia, pero de conocimientos eres más primitiva que el fuego… Bueno, algo se podrá hacer contigo- Susan frunció algo el ceño, pero no comentó nada.

Se fijó en las ropas de la joven, debía ser una oficial, pensó. Notó que tenía una de esas armas tan extrañas y que usaban a modo de espada, las había visto en acción durante algunos de los exámenes que le habían hecho. La tecnología y ciencia de ese pueblo… Superaba de todas las formas imaginables la que ella conocía. Pese a su edad y estar enseñando en un colegio solía estar al día de las investigaciones llevadas a cabo, así que estaba bastante actualizada. Y no había nada cercano a portales en el espacio, espadas de luz, armas láseres… Se sentía en pañales en esos momentos, no entendía esa ciencia, pero algo le decía que se lo harían entender, aunque fueran a patadas.

-Muy bien, Susy, desde ahora serás la científica de mi escuadrón. Creo que conoces a los demás ya, así que me presentó, soy la Teniente Laura Gauthier, a partir de hoy seré tu superiora directa y responderás ante mí. Estarás encargada de la parte técnica, serás la especialista en armamento y equipo, así que te formarás en ese aspecto- la miró a los ojos- También te dedicarás a reparaciones e investigación, espero que estés a la altura porque, de no estarlo, volverás a la esclavitud- añadió.

No veía en ella el arrojo en combate que sí observaba en los otros. Estaba demasiado mayor, pensó, como solía pasar con ese tipo de efectivos. Por norma general no estaban en el frente, sino que permanecían en retaguardia a la espera de que les llegara material para arreglar o mejorar, o realizaban investigaciones para tener instrumental más preciso y potente, y en general para cualquier actualización que fuera necesaria. A pocos técnicos conocía que estuvieran en línea de fuego con sus compañeros, tampoco estaba dispuesta a obligar a esta mujer a ello, a no ser que la viera con la aptitud necesaria.

-Esta tarde te debería llegar toda la información para que aprendas lo más básico, en una semana unos instructores te enseñarán la parte más práctica, espero que no defraudes- salió de allí entonces, sin decir nada más, dejando a Hertz a solas con sus pensamientos.

Ella suspiró y se recostó en la cama, estaba nerviosa, apenas dormía ni comía pero se las había apañado para poder estar esos días lo suficientemente lúcida como para poder realizar las pruebas que le hicieron. Desde cálculo avanzado a física y química, hasta temas de ingeniería, computación cuántica, balística, naval… Cosas de las que ella no sabía pero que, gracias a conocimientos generales, había sido capaz de responder lo suficientemente bien. Pero esa no era su mayor preocupación. Su marido, hermanas, sobrinos… Lo más probable es que estuvieran muertos, a esas alturas, por culpa de la destrucción de París y alrededores. Ni había tenido tiempo de llorar o poder pensar en ello, y a esas alturas, ya pocas lagrimas podría soltar por el cansancio.

Al menos no la habían tocado a nivel físico, salvo unos cuantos golpes el primer día con los que entendió que no era buena idea intentar revelarse contra los Imperiales. Se preguntaba también qué habría sido de sus alumnos y compañeros, no los había vuelto a ver desde que les habían separado, pero las palabras de la teniente le habían dado esperanzas. Puede que entre ellos hubiera parte de sus alumnos, al menos tendría con ella rostros conocidos. Se estiró un poco en la cama, suspiró y cerró los ojos, colocándose de lado para descansar un poco. Si tenía que estudiar tanto como ella había entendido, tendría que darlo todo en el estudio, como cuando era una estudiante más. El cansancio la derrotó poco después y se quedó dormida en esa misma posición, el agotamiento de días sin apenas dormir era demasiado alto.

Por su parte, Laura volvía hacia su pequeño despacho en el complejo donde se encontraban. Al ser una oficial de bajo nivel, tenía su propio escuadrón con el que luchar en el frente y realizar misiones especiales, sería un cuerpo de élite creado desde cero. Pasarían días, semanas y meses juntos peleando contra la escoria republicana. De ella dependía que funcionara como un reloj bien engrasado y en hora, y se iba a asegurar de ello. Pronto los juntaría a todos, y formarían el mejor escuadrón de todo el Imperio, sería mejor que incluso el que tuvo Starligth y que juntaba a los dos mejores clones de la república con los dos mejores Xanium de la historia. ¿Era un objetivo muy elevado? Sin duda, pero nunca llegaría a nada siendo una conformista.

Y si la información que tenían era correcta, en la República tenían, al parecer, a la chica clonada hacía unos 20 años, la propia Starligth había estado presente durante su captura y posterior interrogatorio. Ella rio por dentro, hubiera pagado por ver la rabia y el odio en su mirada hacia esa pobre chica, que al parecer no tenía ni idea de qué estaba pasando.

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La tarde del día en el que Aelita descubrió su verdadero origen, la chica se mantuvo en un lateral del cuarto, sumida en sus pensamientos, sin querer hablar de nada con nadie, simplemente estaba sentada en un cojín, con las piernas cruzadas, las manos apoyadas en las rodillas, los ojos cerrados, y la espalda contra la pared. Reinaba el silencio absoluto en la sala, sus compañeros simplemente la miraban en silencio, atentos a ella, aunque no se movió en horas. Yumi les contó que debía estar meditando, parecía relajada pero por dentro tenía que tener toda una montaña rusa por que de vez en cuando alguna lágrima recorría su rostro hasta caer por un lateral a su camisa, pero ella ni se inmutaba.

-Ha pasado de la ira absoluta a estar muy relajada… ¿Es… es normal esto?- esa pregunta de Odd no iba para nadie en particular.

-Piensa que su vida ha cambiado radicalmente en cuestión de menos de doce horas, tiene que ir asumiendo todo- murmuró Ulrich.

-Ojalá poder hacer algo más….- comentó Jeremy, y Yumi suspiró- Tiene que ser ella la que quiera hablar con nosotros, chicos. No la presionemos- añadió.

Si pudieran salir de la sala para dejarla a solas lo harían, pero no podían ir a ningún lado hasta días después, estaban encerrados hasta que pasaran las tres semanas de prescripción de encierro obligatorio para evitar transmisiones. Al menos procuraban no molestarla demasiado y darle espacio. Pronto sería de noche, pero no podían estar muy seguros por la falta de luz natural en el cuarto, así que sólo podían tener una idea aproximada, tendrían que hacer caso a sus cuerpos llegado el momento. Al menos las luces de la sala iban, al menos en apariencia, concorde a las horas de luz, pues notaron como iban gradualmente a menos, pero desconocían hasta que punto se reducirían. La máxima guía que tenían eran las horas de las comidas, y aún no habían tenido ninguna, suponían que en un rato les traerían la cena de alguna manera.

Esta, efectivamente, llegó a la media hora. Un par de enfermeras, de la misma especia que parecían aves que atendieron a Yumi cuando despertó, y que llevaban con ellas unas bandejas en carritos. Las dejaron en el medio de la salita, y les explicaron la comida que les trajeron.

-Tenéis verdura hervida, algo de carne, fruta y un pequeño dulce local- explicó una de ellas, Yumi reconoció algo la voz, y pensó que se trataba de la misma que la atendió horas antes.

-Joe, que raciones más pequeñas…- murmuró Odd, tomando una bandeja casi en seguida. Ulrich le miró con diversión.

-Creo que aquí no te dejarán repetir, Odd- le advirtió, con una sonrisa socarrona- Oye, este cuerpo de atleta gasta mucho, tío- le respondió.

-Ya, de atleta…- murmuró Jeremy, y Yumi se rio un poco.

Todos menos Aelita tomaron una bandeja, y, tras agradecer a las dos enfermeras, que salieron de allí con los carros vacíos, se sentaron en sus camas. Los chicos comieron casi más por hambre que por ser comida apetecible, al menos las dos primeras veces que se llevaron la comida a la boca. Rápidamente la misma se volvió bastante apetecible, cosa que les sorprendió y agradó. De hecho Odd lo devoró todo en el mismo rato que sus amigos simplemente se tomaron el primer plato. Y como siempre, seguía con hambre. Pero dudaba si preguntarle a Aelita, le parecía feo pedirle su ración a ella.

Jeremy, consciente de ello, le dio parte de su ración, la verdad es que no tenía mucha más hambre. Le dolía ver así a la chica, más al no poder hacer absolutamente nada por ella. Pero mantenía una actitud más tranquila para no preocupar a sus amigos, y sobre todo, para que Aelita no se sintiera peor aún. Se había dado cuenta que de vez en cuando abría los ojos y alzaba el rostro, suspiraba y les miraba de soslayo, casi como si le diera vergüenza, pasando rápidamente por los rostros de todos sus amigos, aunque se detenía un poco más en Jeremy. Pero apenas lo hacía unos segundos, después volvía a la meditación y a la calma que los demás veían, y que por respeto no les decían nada en absoluto.

Para intentar animar el ambiente cenaron comentando cosas como si fuera algo normal todo aquello que vivían. Hablaron de las clases que tendrían a la semana siguiente, de las actividades deportivas con Jim, del campeonato de futbol local en el que Ulrich era la estrella de Kadic, del nuevo disco de los Subdigitales, de las clases de Yumi con Hiroky y Jhonny – que seguía embobado con ella – y en general, de cualquier cosa ajena a la República. De vez en cuando se giraban para ver cómo estaba ella, que, media hora después, se acabó levantando, y sin demasiadas ganas, se sentó junto a Jeremy y comió de su bandeja con ganas.

-¿Cómo te encuentras?- le preguntó Yumi, con suavidad. Se pensó si era buena idea tomar su mano mientras se lo preguntaba, pero simplemente fue el amago.

La aludida suspiró- Jodida- respondió simplemente ella, tras tragar lo que tenía en la boca -¿Ponéis la tele o no? Que aburrimiento-

Ellos se miraron, y simplemente lo hicieron. Tras encender la tele comprobaron que los diversos programas seguían con el mono tema de Waldo, su traición, y el descubrimiento – o mejor dicho, redescubrimiento – de la Tierra. Los demás desearon quitar esa programación pero Aelita, la principal afectada, quería seguir viendo esas cosas un rato. Quería entender en qué estaba pensando su "padre", al que ya no consideraba tal, para hacer lo que hizo. Cuáles eran sus motivaciones, y además, entender por qué sus acciones eran tan horribles en inicio para la sociedad republicana. Los demás simplemente dejaron a un lado las bandejas y juntaron sus camas para poder dormir cerca, aunque Odd era perfectamente consciente de que las dos parejas querían estar juntitos. Sonrió para sus adentros y, tras colocar las camas, dejó la suya colocada en el extremo derecho, estando luego Jeremy, Aelita, Yumi y Ulrich.

Aunque tres de ellos se quedaron en sus camas en silencio, recostados viendo la tele, la pelirosa se bajó y se quedó sentada en el suelo, mirando la pantalla tranquila, con las piernas recogidas y apoyadas contra su pecho, y de espaldas a los demás. Las lágrimas no tardaron en emanar de sus ojos como cataratas, pero en ningún momento se giró o masculló sonido alguno. No deseaba llamar la atención de ellos ni tampoco que la vieran de nuevo llorar o con una actitud de debilidad. No se dio cuenta de que pasaron unas tres horas hasta que se estiró un poco y notó que había menos luz y que los demás estaban dormidos. Suspiró, tenía sueño pero prefería quedarse viendo la tele, estando en la situación en la que se encontraba lo más seguro era que tuviera fuertes pesadillas de lo sucedido, y tampoco deseaba molestar a los demás con sus chillidos.

Por ello se quedó dónde estaba, pese a las horas seguían hablando en aquellos programas de tertulia, aunque acababan cambiando de tema cada media hora aproximadamente. Aelita no entendía mucha de las cosas que decían, pero prefería estar ahí que durmiendo, donde estaba segura no tendría descanso alguno. Sin que ella lo supiera estaban siendo monitorizados en todo momento por parte de las enfermeras y auxiliares, una de ellas se encontraba precisamente en la sala de control, observando a los muchachos dormir, y anotando los registros biomédicos de ellos, sus constantes vitales, y todos los datos en tiempo real que los nanobots mandaban. Pero había algo que era evidente pero que aquellos diminutos ayudantes no podían mostrar: la tristeza en ella. Aunque más bien poco podrían hacer ellos, tendría que ser ella la que se recuperara.

Ella eventualmente se quedó dormida al cabo de un rato, el sueño la acabó venciendo, y, tal y como ella había anticipado, las pesadillas apenas la dejaron descansar, despertándola a cada rato, y todas eran de la misma cosa prácticamente: ella cayendo a un insoldable abismo, la destrucción de París a cámara lenta, con cientos de cadáveres en el suelo y totalmente carbonizados, con las ruinas de la ciudad sobre ellos. También soñaba con la guerra, lo poco que había visto había sido suficiente para sentir un pánico tan fuerte que para ella fue imposible descansar. Tras despertarse por tercera vez en dos horas ella se rindió, y simplemente se recostó dónde estaba con los ojos abiertos, al menos estiraría el cuerpo. Y aquello se alargó durante varios días, durante los cuales ella apenas hablaba, sólo comía y se tiraba en la cama, sin que los demás pudieran decirle nada, pues ella rápidamente pedía que la dejaran tranquila. No parecía enfadada cuando lo hacía; simplemente, cansada. Y tras varios días en los que apenas interactuó con los demás, y estando en un evidente estado de tristeza y malestar general, sus amigos empezaron a preocuparse de verdad por ella, sobre todo Jeremy, que se sentía impotente por no poder hacer nada. Llevaban allí ya unos 6 días encerrados, sin poder ir a ninguna parte, cuando recibieron por primera vez la visita de alguien ajeno a las dos enfermeras que les habían llevado y retirado la comida y la ropa: se trataba de Asmeya.

-Aelita, ¿podrías venir conmigo? Hay alguien que tiene que hablar contigo- la aludida casi ni se inmutó.

Perezosamente se giró, estaba, como siempre, tirada en el suelo con unos cojines que le servían para estar algo más cómoda, durante ese tiempo apenas se había arreglado o lavado. Estaba en una situación lamentable, desde ahí podía olerse el mal olor, pero la oficial no dijo nada.

-¿Me vas a obligar?- murmuró en un hilo de voz, y la otra asintió- Joder…. ¿Puedo saber quién es?- preguntó, pero la otra sólo se cruzó de brazos.

-En teoría no la conoceríais hasta dentro de dos semanas, cuando vuestro confinamiento acabe. Pero creo que tú necesitas verla antes- Aelita simplemente se levantó, y sin despedirse de los demás, salió, junto con Asmeya.

La joven se encontró delante de ella un largo pasillo blanco sin ventanas, sólo puertas. Ellos estaban en la mitad aproximadamente. Tras ir a uno de los extremos, llegaron a una sala bastante amplia donde ella pudo ver por primera vez los rostros de los soldados que al parecer también eran allí tratados. Eran hombres y mujeres idénticos entre sí, como gotas de agua, lo único que les diferenciaban eran los estilos de corte de pelo y el color del mismo, y algún que otro tatuaje. Por lo demás, eran todos copias idénticas…

-Son los soldados clones, creados a partir del ADN de los Caballeros y Amazonas Xanium. Lo mejor de la República, y nuestra infantería. Tras vuestro entrenamiento, tendréis a un grupo de estos soldados de élite a vuestras órdenes, aunque para eso, aún queda- comentó, mientras ella observaba de refilón a alguno de ellos.

Era una sala amplia, con varios puestos donde estaban las enfermeras revisando documentación o rellenando informes, con algunos pacientes en grupitos en torno a mesas bajas, comentando batallas. Era un lugar igualmente blanco, aunque en esa ocasión sí tenían vista del exterior, aunque lo único que Aelita pudo ver fue el cielo estrellado de algún mundo lejano. O eso, o estaban en el espacio, era imposible diferenciarlo.

No se quedaron ahí mucho tiempo, rápidamente salieron a un nuevo pasillo, esta vez con tan sólo cinco puertas, tres a un lado y dos al otro. Cuatro de las puertas estaban una frente a la otra, estando una de las del lado derecho algo más alejada de las otras dos de ese lado. Ella comprobó además que, en los dos extremos del pasillo, había un cuadrado dorado en el que Asmeya se colocó, y, por primera vez, tomó de la mano a la más joven.

-Estamos en la zona de entrenamiento para reclutas. Estos cuadrados son los ascensores cuánticos- le indicó, en cuanto se colocaron encima, delante de ellas apareció una pantalla donde podían ver todos los pisos.

Había un total de 50, además de otras áreas de lo que ella entendió era el edificio, pues pudo ver zona de hangar, zona de carga y descarga, oficialía, construcción y desarrollo de motores, navegación, zona de descanso…

-Vosotros por ahora no podríais moveros por las instalaciones, vuestros nanobots no tienen las identificaciones necesarias, que son añadidas en pequeñas actualizaciones según se asciende en la jerarquía- Asmeya le mostró el procedimiento.

Colocó un dedo en una parte de la pantalla en la que había un círculo rojo, que pasó a verde en pocos segundos, apareciendo su nombre en la esquina superior izquierda. Asmeya Likarys, Capitana, al lado aparecía su número de identificación pero ni se centró en el mismo por ser kilométrico.

-Al ser una oficial puedo acceder a todos los puntos que están señalados. Si te fijas una parte de las instalaciones las tengo vetadas, sólo podría acceder si me acompañara alguien que sí puede- ella entonces señaló el piso 50 de la zona de formación, y ella notó una fuerte turbulencia.

Aelita se quedó pasmada por aquello, más al ver delante de ella un pasillo idéntico al anterior, pero se fijó que en los laterales, en grande y de color negro, había pintado el número 50. La llevó hasta la puerta más alejada, y entonces abrió. Ante ellos apareció una gran sala, del tamaño de un campo de futbol, era blanca y con luces en techo y paredes, parecía bastante vacío, a excepción de una chica con el pelo largo negro recogido en un par de coletas. Estaba golpeando un saco con los puños desnudos, que intercalaba con patadas altas. En cuanto les oyó entrar ella se giró, revelando que era una soldado clonada.

-Naipe, aquí te traigo a Stones- la aludida se acercó a ellas entonces- Querías hablar con ella, ¿verdad?- y Naipe asintió.

-Pido nos deje a solas, mi capitán- pidió entonces, y la otra asintió. Tras cuadrarse para saludar a su superiora, Asmeya le devolvió el gesto y salió de allí.

Naipe entonces le entregó unos guantes parecidos a los de boxeo pero algo más ajustados a la mano, eran color negro y tenía protecciones en las falanges y el interior de la mano. Le enseñó a ponérselo ante la evidente falta de experiencia por parte de Aelita, que no parecía con muchas ganas. Mientras, le fue hablando.

-Al parecer, estas tristona- empezó- Crees que no eres nadie, una rata de laboratorio sin personalidad propia, siempre a la sombra de tus originales, de quienes no eres más que una burda copia barata, ¿verdad?- Aelita no dijo nada.

Pero la otra sabía perfectamente que estaba en lo cierto, porque ellos pensaban igual de sí mismos- Yo apenas tengo dos años. Fui de las primeras hornadas que salieron al inicio de esta guerra, desde entonces he luchado por la República, una que no sabe que existo y que, de saberlo, me considerarían de usar y tirar, que es lo que la población piensa de los clones- explicó.

Aelita alzó la vista- Sois la carnada, entonces- comentó, y la otra asintió- Sí. Se podría decir que sí, pero estamos orgullosos de ello. No existiríamos de no ser por esta guerra civil, le debemos la vida- comentó Naipe.

La chica la miró sin saber muy bien que decir- Y ahora, vamos a ver cómo golpeas, guapa- la clon dio unos pasos atrás y se colocó en posición de combate.

Piernas juntas y algo flexionadas, el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, los puños por delante, y cubriendo la mitad superior de su cuerpo. Parecía preparada a recibir un golpe en cualquier momento. Aelita, que apenas sabía pelear así, decidió pelear como Odd y Ulrich le enseñaron: se concentró, apretó los puños, y se lanzó a por ella. Lanzó un puñetazo al estómago de ella con torpeza, que esquivó sin demasiados problemas, así como los demás golpes de Aelita. Esta parecía rabiosa, como si dentro de ella hubiera un odio encerrado y que no dejaba salir en ningún momento. Naipe analizaba sus movimientos sin problemas, era bastante predecible, y decidió que ella también atacaría. Tras esquivar el enésimo golpe de la pelirrosa, ella cargó su brazo y le dio un fuerte golpe en la mejilla, haciéndola tambalear.

Por instinto ella se llevó una mano a la mejilla, algo enrojecida por la fuerza del puñetazo. Estaba jadeando algo, pero la clon parecía en prefectas condiciones, ni tenía la respiración acelerada.

-¿Seguimos?- preguntó, y Aelita asintió. Esta intenta golpear sin demasiado éxito a Naipe, que le acertó varios golpes en el estómago.

Ella notaba cada golpe con especial fuerza, apenas había comido esos días, y el ejercicio físico rápidamente hizo que empezara a sudar y que su piel se sonrojara por el esfuerzo. El fuerte olor a sudor, sumado a una semana sin asearse, hizo que Aelita frunciera algo su propio ceño, pero la soldado no parecía en absoluto sorprendida. Perores olores había tenido que soportar en el frente. Con una sonrisa suave en su rostro fue a por la chica, que apenas pudo esquivarla cuando saltó sobre ella y la atrapó con sus piernas, haciendo pinza en torno a sus caderas, derribándola al suelo, al que cayó de espaldas. Naipe se colocó encima de ella y la inmovilizó, con su cuerpo sobre el pecho de Aelita, que tenía sus brazos en forma de cruz, de tal manera que apenas podía hacer fuerza para levantarlos, ya que la otra la tenía agarrada desde los hombros.

-Verás… si tuviéramos que estar jodidos porque somos copias los unos de los otros, no serviríamos para nada y seríamos desechados, Stones- la aludida observó a la clon en silencio.

-Entendemos mejor que nadie tu sensación de no ser nadie, de estar siempre a la sombra de alguien, por que a nosotros, los clones, nos pasa igual. La única razón de nuestras vidas es la guerra, vemos morir a nuestras hermanas y hermanos a diario, y aun así mantenemos la cabeza alta en el combate- suspiró entonces.

-Vosotros existís sabiendo vuestra condición desde el inicio… yo me he enterado hace una semana- masculló Aelita. Giró entonces su cabeza y unas lágrimas aparecieron de nuevo en sus ojos.

-Mírame- pidió entonces la clon. La otra no obedeció, así que tuvo que tomar su rostro con una mano y obligarla a encararla.

-Yo soy idéntica a las millones de hermanas que tengo esparcidas por ahí. Me sé cada uno de sus nombres, ¿y sabes por qué las diferencio?- preguntó, pero Aelita desconocía la respuesta.

-Nuestro cuerpo se podrá parecer, pero cada uno de nosotros es totalmente diferente. Por ejemplo, mi mejor amigo, Cubo, le llamamos así porque él es incapaz de saltarse las normas- explicó.

-Y tú… ¿Por qué te llamas Naipe?- la aludida sonrió- Siempre llevó un juego de cartas encima, y soy la mejor jugadora de Rua-Jish- le explicó.

-Mira… entiendo que estés jodida, en serio. Pero no puedes estar así a perpetuidad. Asmeya te entiende mejor de lo que te puedas imaginar, y todos los clones también. Además, tiene a esos amigos contigo, a los que me parece quieres como a una familia- Aelita comenzó a sollozar entonces, pero asintió.

La clon decidió levantarse entonces y le tendió su mano a la chica, que la tomó, y, ayudada por la otra, se levantó- Por cierto, la comandante Likarys te quiere contar una cosa- Le tendió entonces una toalla, pero Aelita la rechazó.

Simplemente se dirigió a la salida, y Naipe suspiró un poco, mientras pasaba su toalla en torno al cuello, dejando los extremos posados sobre su pecho. Colocó las manos sobre las caderas mientras veía a la otra salir por la puerta, y decidió seguir entrenando, ya que tenía el día libre. Por su parte, Aelita se encontró a Asmeya cruzada de brazos al otro lado de donde ella estaba, a unos cuatro metros. La menor simplemente se le acercó, y la otra suspiró.

-Yo también fui en cierta medida un experimento de Waldo- comenzó, antes de que la otra pudiera decir nada, que simplemente la miró en silencio.

-Mi madre biológica no es la misma que la de Asmae Starlight, mi hermana…- empezó.

Tomó fuerza y entonces siguió – La madre de mi hermana se llamaba Anthea Starlight. La mía se llamaba Danalia Likarys, era ayudante de laboratorio de Waldo. Cuando se llevaron a mi hermana, él perdió la cabeza, y en cierta medida encontró el consuelo que Anthea no le pudo dar en mi madre, a quien eventualmente dejó embarazada- suspiró entonces.

-Él… estaba loco, y aprovechó que yo aún estaba desarrollándome para experimentar con mi ADN, por eso también soy pelirroja, cuando debería tener el pelo negro. Sólo los dioses de la energía saben qué más cosas llegó a cambiar, valiente…- se contuvo y mordió su propia lengua, provocando un ligero sangrado que supo no mostrar.

Aelita escuchaba todo con cierta apatía, al menos en apariencia. Por dentro, simplemente… veía al viejo Waldo como un tipo que no sabía perder.

-El caso, es que pretendía usar los conocimientos que logró conmigo para crearte a ti, y la verdad, el resultado no pudo ser mejor. Cuando le pillaron, quiso huir contigo y con mi madre, eso decía ella, al menos. No he vuelto a saber de ellos, les doy por muertos a los dos… Pero guardo la ligera esperanza de que ella esté viva en Gamma Sagitari 12- Aelita la miró.

-Fuiste a nuestro mundo buscando gente a la que meter en la República, y, de paso, también a tu madre, ¿no?- le preguntó, a lo que la otra asintió.

-Anthea era una segunda madre para mí… no quería… mejor dicho, no quiero dar por muerta a mi madre de verdad- añadió.

La más joven bajó el rostro, y suspiró un poco. Su voz estaba algo ronca- Yo… también viajé muy lejos para encontrar a mi padre… pero murió delante de mí, se sacrificó para salvar nuestro hogar- esa revelación sorprendió a Asmeya, que sonrió un poco, pero rápidamente la borró de su boca.

-Supongo… que en cierta medida se sentía culpable de todo… Por cambiar mis recuerdos, porque obviamente los que tengo no son reales, por destrozaros la vida… y a saber por qué más-

-Pensé que era buena idea que vieras que no eres la única jodida. Y que siempre podrás contar con alguien para hablar, sobre todo puedes confiar en tus instructores, que seremos Naipe, Cubo y yo- posó una mano en su hombro.

-Y ahora vamos de vuelta a tu cuarto, tienes que darte un buen baño- comentó, y Aelita suspiró- Sí, debería…- accedió, una pequeña sonrisa se formó en su cara.

Se sentía agradecida. Se estaba hundiendo demasiado en sus propios problemas y no se dio cuenta de que tenía a su alrededor a su familia de verdad, y a partir de ahora, tenía compañeros en los que sabía podía confiar, igual que confió en Ulrich, Odd, Jeremy y Yumi cuando encendieron el súper ordenador para luchar codo con codo contra Xana. Tras llevarla hasta el ascensor y pulsar el botón para que fuera de vuelta a la enfermería, Asmeya comprobó que estaba cerca de ella Naipe.

-¿Cómo la vio, mi comandante?- le preguntó, y la otra frunció el ceño- Ya no soy comandante, ¿recuerdas? Me han degradado- comentó- Antes dame tu impresión, soldado- ordenó,

-Para mí siempre será mi comandante, comandante. Con respecto a la joven recluta… ahora es ella la que debe sanar sus heridas. Hemos hecho lo que estaba en nuestra mano- Asmeya asintió.

Sonriendo, se cruzó de brazos- Será entretenido adiestrarla, desde luego… Al final eres tú la que les enseñará, ¿verdad, Naipe?- la aludida asintió.

-Junto a Cubo, mi comandante. También tienen designados a las amazonas y caballeros Xanium que les adiestrarán. Creo… que les irá bien- añadió.

Asmeya suspiró, más les valía, la verdad. Naipe se fijó en lo apesadumbrada que estaba, pero prefirió que fuera ella la que hablara, solía ser lo mejor en esos casos, en base a su escasa experiencia.

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Sam y Percy hacían cola en la entrada de un super mercado. En su carrito llevaban comida en lata, agua en garrafas, papel de cocina, higiénico, unas pilas, y varias bandejas de carne, fruta y verdura. Nada que no comprarían estando en una situación normal. Y por sorprendente que pareciera, los imperiales no parecían haber alterado mucho la convivencia en el planeta, no al menos entre los ciudadanos de a pie. Sin embargo, muchos rumores corrían en las redes sociales mundiales. Todos en relación con el derrocamiento de todo gobierno que pudiera ir en contra de los intereses del imperio.

Al parecer varios líderes mundiales habían intentado una estratagema para debilitar al análogo de servicio de inteligencia imperial, y de nada sirvió. Horas después de comenzar la conspiración, apareció por la televisión en plena hora punta un alto oficial imperial con las cabezas de esos líderes en sus manos, tirándolas al suelo, y dando un mensaje claro sin decir una sola palabra: cualquier intento de resistencia sería castigado con la muerte. Los dos adolescentes sintieron que sus estómagos se revolvían, Percy incluso vomitó, pues habían derribado a un par de soldados del imperio para conseguir sus armas, aunque el abuelo Tom rápidamente le quitó hierro al asunto.

-Pensadlo, hijos míos. ¿Qué le pueden importar unos niñitos a los imperiales, eh?- les decía- A ellos nosotros, la gente normal, le damos igual. Saben que fácilmente nos pueden doblegar llegado el momento. Lo que sí les interesa son los que ya tenían poder antes, que no son tan sencillos de controlar. Con eso lo único que han hecho ha sido potenciar su poder- explicó.

Ni Percy ni Sam entendían nada, pero el viejo Tom simplemente sonrió un poco- Si el Imperio tuviera que pararse a detener a todos los chiquillos revoltosos, no acabarían nunca. Por eso tenemos que mantener un perfil bajo el mayor tiempo posible. En cuanto despuntéis os querrán aplastar, lo vi muchas veces-

Ellos habían entendido en cierta medida las palabras de su abuelo, y esperaban que llevara razón. En ese momento ellos sabrían si estaba o no en lo cierto, pues solía haber soldados imperiales en lugares públicos que vigilaban que no hubiera disturbios. Recordaban el segundo día, cuando hubo grandes marchas para exigir la vuelta de las personas que habían sido secuestradas, y que fueron rápidamente desmanteladas por las fuerzas imperiales, que arramplaron con la gente y les dieron palizas en la calle delante de todos. Ese día conocieron al líder imperial que gobernaría la Tierra a partir de ese día, sin importar países, fronteras, o ideologías. Se trataba de un humanoide alto, de piel oscura y ojos dorados, complexión fuerte y ropas de oficial con varias medallas en el pecho, daba miedo por su voz ronca y dura, parecida más a la voz que tendría una bestia que a la e un ser humano. Debía tener unas habilidades parecidas a las de aquella mujer tan rara, pues también hacía volar objetos por el aire y contaba también una espada de luz.

Al menos no parecían tener nada en contra de la población, pero ellos hacían y deshacían sin ningún pudor. De hecho, desde hace días ellos habían visto movimientos de soldados de aquí para allá, dando instrucciones a la gente en todo momento, y moviendo maquinaria y equipo tecnológico súper avanzado, y que destinaban a las fábricas locales, en las que permanecían sus trabajadores de siempre, siendo añadidos al complejo como superiores a agentes imperiales que enseñaban a los operarios. Sam, que estaba atenta a esas cuestiones, sabía que algo tenían que estar tramando, sobre todo con aquella fábrica abandonada cerca de la academia Kadic. Lamentablemente no podía acercarse siquiera a la zona de París, totalmente acordonada por el Imperio. Pero esa no era su mayor pena, sino su falta de comunicaciones con Odd. No sabía si había muerto o no, de hecho no pudo llamarle ni a él ni a su grupo de amigos, cosa que le preocupaba. Percy lo sabía, y procuraba no bromear con el tema, sobre todo para no molestarla.

Tras pagar y salir bajo la atenta mirada de los imperiales, que en ningún momento les pararon, fueron rápidamente a la casa con su abuelo Tom. Ese día también estaban sus padres en casa por que no trabajaban, pero igualmente había jaleo en el hogar, pues era día de limpieza y arreglar la casa. Aunque la Tierra hubiera sido invadida días antes por un imperio de proporciones galácticas esa no era excusa para tener la casa como una pocilga, como solía decir su padre, así que mientras unos limpiaban los otros iban a comprar. El único que no hacía esas labores era el abuelo, que ya estaba demasiado mayor y bastante había servido ya en general como para tener también que hacer esas labores, habiendo cuatro pares de jóvenes brazos que pudieran hacerlo mejor y más rápido.

Y aunque los dos adultos no lo hubieran comentado, Tom sabía perfectamente que a ellos también les encantaría unirse contra los imperiales. Su hijo se tenía que morder la lengua cuando, yendo en coche, tenían en el carril contrario una camioneta, moto, camión, o coche de los imperiales. Por eso hablaría con él y con su nuera mientras sus nietos estaban fuera.

-Bernadette, hija, ¿me podrías traer una cerveza, por favor?- le preguntó inocentemente él, estaba bajando las escaleras suavemente.

La aludida se giró. Era de raza negra, grandes ojos marrones y pelo negro lacio, siempre sonreía y era la mejor cantante de su grupo de góspel de la iglesia, donde cantaba junto a su familia cada Domingo. Llevaba unos vaqueros y una camiseta de manga corta.

-Claro, abuelo. Pero prométeme que sólo una, tiene que cuidar la salud- le guiñó un ojo cómplice, y él anduvo hasta el salón, donde pesadamente se sentó en el sofá.

-¡Trae para tu marido y para ti también, anda! Quiero deciros algo- aquello puso nerviosa a la mujer. Normalmente eso sólo podía indicar que había tenido una idea loca de las suyas.

Tras llevarle las bebidas las dejó en la mesa y fue a por Ibrahim. Su hijo era idéntico a él pero con cuarenta años menos, algo más alto y sin tanta tripa. Se sentó junto a su padre y esposa, e invitó con un gesto a que hablara.

-Prometedme no montar un escándalo- pidió, y su hijo gruñó- Dime que no lo has hecho, papá- le dijo, y el mayor bufó.

-¡Es una locura! ¡No podemos contra ellos!- gruñó su hijo, y Tom frunció el ceño- No luché en el frente durante años para que ahora unos miserables con pantalones ajustados me digan qué hacer- exclamó.

-Sea razonable, abuelo- dijo Bernadette entonces- No tenemos la capacidad de luchar contra ellos- le dijo, pero Tom negó.

-En eso te equivocas. Vuestros hijos nos han logrado armamento durante estos días. Ya lo he repartido por el barrio, con ayuda de mi buen amigo Jean-Lois- explicó, con una sonrisa de satisfacción.

La mujer le iba a empezar a increpar por su evidente falta de sentido común, pero Ibrahim le posó una mano en el hombro- Ya de nada vale echarle la bronca, mi padre ha actuado y ya está. ¿Te han podido pillar?- el hombre negó.

Les explicó entonces la pequeña red de abastecimiento de armas que tenía. Se estaban parapetando por el momento, no había planes en el corto plazo de atacar nada, no había medios ni forma de poder hacerlo, antes tendrían que observar al enemigo lo suficiente. Pero sabía perfectamente que había más gente que también deseaba la rebelión, y les mostró entonces su aparato de cuando la Segunda Guerra Mundial, y que usó su padre para enviar mensajes cifrados. Se trataba de un aparato del tamaño de una máquina de oficinista, con botones para letras latinas y números arábigos, contaba con múltiples rodamientos y un gran cableado en su parte interna.

-La he modificado para que pueda ser también interceptada la señal por radio- explicó - Los imperiales tendrán una tecnología abrumadora, pero de esto no tienen ni idea. Llevo dos días mandando señales y he recibido muchas respuestas de gente con radio, pero ellos ni se han enterado-

-Buen trabajo, padre. ¿Estás cien por cien seguro que son gente confiable los que han respondido?- preguntó, y el anciano se rio.

-He preguntado si se saben el resultado de la Copa de Europa del 98 y me han sabido responder- aseguró- Es imposible que un imperial lo pueda saber. Cambiaré la pregunta cada cierto tiempo, por si acaso- añadió.

Los dos adultos suspiraron, y se giraron algo tensos al oír la puerta abrirse. Sonrieron cuando vieron entrar a sus hijos. Pero Bernadette se giró en ese momento seria.

-¿No estarán ellos dentro de todo esto, no, abuelo?- le preguntó. Tom suspiró un poco, y la mujer tuvo que contener su cólera.

-Mamá… ¿ya te lo ha contado, no?- le preguntó Percy, y ella asintió- ¡¿Pero como se os ocurre?!- chilló, pero Ibrahim la agarró por detrás y comenzó a besar.

Ella pasó de la molestia a la risa, queriendo alejarse de su marido, pero este la tenía bien agarrada- Querida… ya sabes cómo somos en esta familia. Ellos han sido los que se movilizaron, yo sólo les ayudo- comentó.

En realidad él era el que organizaba en buena medida, pero eran sus nietos, y otros jóvenes, los que atacaban a escondidas a los imperiales que necesitaban, pero eso fue los primeros días. Tras tener la tecnología que necesitaban habían cesado los ataques por órdenes de Tom, que al final era el que más sabía y el que más experiencia tenía. Fue todo bastante orgánico, durante esa semana se formó un grupo de gente dispuesta a luchar por la libertad ante el Imperio, pero no iban a intervenir por ahora. Había demasiado miedo a lo que podía hacer contra ellos el Imperio, ya se habían llevado a un tercio de la población, y a saber qué más podían hacer. Pero la chispa de la rebelión ya había encendido una llama. Tenían incluso un símbolo: un águila de fuego, lo diseñó Sam y lo hicieron moverse por las redes sociales, aún libres pues el Imperio no conocía esa tecnología, demasiado primitiva para ellos. Pero Tom sabía que poco tiempo más podrían usar esas tecnologías, así que usarían las más viejas, y que poca gente sabría usar, para protegerse a sí mismos, y a la recién nacida rebelión.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.