Código Galaxy
Capítulo 7
Por el contenido y las temáticas que adquirirá el fanfic, este pasará de rati partir de ahora, para adaptarse a las normas de , como se decidió con otro de mis fanfics, Código: Guardianes.
Aelita acabó volviendo sola al cuarto en el que vivía con los demás, que no supieron muy bien como recibirla. Ella suspiró, sus ojos aún estaban enrojecidos y estaba cubierta de sudor, su piel seguía enrojecida pero se iba calmando, su corazón continuaba latiendo con vigor y su respiración permanecía algo entrecortada. Pocas cosas tenía claras en esos momentos, y una de esas cosas era darse una ducha fría. Necesitaba limpiarse por fuera y por dentro, así que, en silencio, se acercó a los demás.
-Lita… ¿estás bien, princesa?- le preguntó Yumi, la aludida tardó unos segundos en responder- Necesito pensar en una cosa… me voy a duchar, huelo a perro muerto- comentó ella, y se rio algo.
Pasó delante de ellos y rebuscó en el armarito que tenían, donde guardaban ropa limpia para poder cambiarse, así que tomó una camiseta y un pantalón corto, y se encaminó a las duchas. Se encerró en el cuarto de baño, y los demás se miraron.
-Parece… más animada, ¿no? Al menos hace bromas otra vez- comentó Odd- Malas, pero bromas- añadió.
-Aprendió del mejor en eso- bromeó Ulrich, dándole un codazo, y el aludido gruñó pero también soltó una carcajada.
-Estará bien, Jeremy- murmuró Yumi, cuando se dio cuenta de que él se había quedado en silencio, mirando la puerta.
Este asintió, sin llegar a mirar a su amiga. Momentos después la puerta se abrió un poco, tan solo una rendija. Gracias a la misma se podía oír el sonido del agua caer, y la voz de la muchacha al hablar con algo de eco.
-¡Jeremy! Se me olvidó una cosa, ¿me acercas una toalla, por fi? No hay aquí- oyeron. El chico suspiró, tomó una toalla del armario, y se acercó a la puerta, estiró el brazo, y colocó la misma cerca de la rendija para que ella la pudiera tomar.
-¿A-Aelita?- la llamó, pues no parecía estar ahí. Oyó sonido de pasos dentro del baño, y la mano de ella tomó la toalla.
El muchacho se sonrojó, ella no hizo el menor intento de taparse. Apartó deprisa la vista, pero ella parecía haberlo hecho adrede por la sonrisa que puso, y por el gesto de él supo que su plan había funcionado. Un suave gracias salió de su boca, y cerró tras de sí despacio, dejando al muchacho fuera, asimilando lo que acababa de pasar. Ella volvió al baño, tiró la toalla a un lado, justo con las demás, y volvió a la ducha. Sólo deseaba que su Jeremy la viera así para que se acostumbrara, le conocía lo bastante para saber que, de hacerlo a las bravas, probablemente se pusiera demasiado nervioso. Se sentía tan agradecida por él, por la ayuda que le había dado durante todo ese tiempo, desde el minuto uno que le conoció… se lo debía. Quería recompensarle, y así era la mejor manera. Había sido fría con ellos todos esos días, sobre todo con el chico al que más amaba, así que esa noche le daría todo el amor que no le había dado a lo largo de la semana.
Por su parte, Jeremy, segundos después de ella volver al interior a seguir bañándose, se giró y volvió con los demás. Al ver su cara los otros tres se rieron con ganas.
-¡Ni que la hubieras visto desnuda!- se rió Odd, y cuando el otro asintió, se volvieron a reír- ¡Chicos, esto es serio! Ni intentó taparse, era como…- el otro sonrió de medio lado.
-Venga ya, lo has disfrutado mazo, ¿o no?- le dijo, Jeremy tuvo que asentir. Sin embargo, Yumi comenzaba a entender.
-¿Pero…?- le invitó a hablar, y el muchacho lo hizo. No era propio de ella aquello, y en el estado en el que estaba, probablemente pensara que aquella era buena idea.
Claramente ella quería intimar más con él, y aunque a él le encantaría… se sentiría mal. Ella estaba en una mala situación mental y psicológica, y se estaría aprovechando de ella de hacer lo que ella en esos momentos estaba claro que quería. Ya en el pasado ellos habían estado en una situación de desigualdad, él la veía como una princesa en apuros que no se podía defender por sí misma y necesitaba su ayuda, hasta que la chica le demostró que aquello no era así, cuando se volvió DJ con los Subdigitales. A partir de ese instante su relación había mejorado bastante, y, al ser iguales, habían descubierto en el otro gustos y motivaciones que antes desconocían. Se comprendían y compenetraban mejor, y eso había ido a más tras varios meses de ser novios sin la amenaza latente de Xana arruinando sus citas.
Y ahora aquello podía estar en riesgo de nuevo. Y no estaba dispuesto a que ella cometiera ese error, aunque le doliera. En ello pensaba cuando apareció Aelita. Se había duchado y cambiado, aunque en esa ocasión sí se había tapado con la ropa que había tomado antes. Llevaba además unas zapatillas cómodas, y se acercó a los demás.
-¿Mejor, princesa?- le preguntó Ulrich, y ella asintió- La verdad es que sí… ya lo necesitaba, la verdad. Siento… si os he preocupado, en serio- bajó el rostro entonces, con los ojos cerrados
Se sorprendió entonces al notar unos abrazos en torno a ella, y cuando abrió los ojos vio a los demás rodeándola, en un abrazo grupal que la hizo llorar de nuevo, agradecida. Se colocaron en las camas y empezaron a charlar, con la tele de fondo, comentando.
-Me encanta el canal 12, en serio. Están locos, esa gente- Ulrich estaba tumbado de lado, Aelita y Jeremy en medio, Odd delante de ellos dos, y Yumi flanqueando en la izquierda de Jeremy, también tirada de lado.
El programa era de una reportera yendo por las calles de un lugar que desconocían y que preguntaba a los transeúntes sobre lo que hacían, cómo trabajaban, y toda clase de preguntas según el ambiente y a dónde derivaba la conversación. Una pareja mayor en esos momentos la había invitado en su restaurante a comer, mientras hablaban. Parecían disfrutar mucho, a pesar de la aparente pobreza en la que vivían. Aunque en la Tierra, dada la tecnología que tenían, seguro serían gente millonaria.
-Tengo hambre…- murmuró Aelita, su estómago gruñía como un perro- Jerry, ¿me dejas esta noche una parte de lo tuyo, por fi?- ella le puso ojitos entonces.
El muchacho suspiró, no podía negarse a ella cuando lo hacía, así que asintió- ¿Jerry, ¿me dejas tu parte a mí también, por fi?- imitó Odd, y se empezó a reír con fuerza, al igual que Yumi y Ulrich.
El chico rodó los ojos divertido- A Aelita sí. A ti te llevo dando mi parte toda esta semana, que te lo de Yumi- esta se rio un poco- Bueeeeno, vale- aceptó.
Aelita parecía mejor, pensaron ellos, así que estaban contentos. Ella estaba especialmente cariñosa con Jeremy, estaba muy cerca de él y de vez en cuando le acariciaba sin que los demás lo vieran, pero asegurándose de que él lo notara. Este no entendía bien porqué lo hacía, pero desde luego no le dijo nada. De hecho hasta lo agradecía, aunque ese tipo de cosas lo hacían más en privado, pero estaban casi que en familia, así que no le preocupaba ese pequeño cambio. Más estando una semana entera descuidándose. No sabían si ella quería hablar de lo que le rondaba la cabeza, de lo que había motivado el cambio de actitud y de su visita con Asmeya, pero ella lo acabó contando a la media hora de estar ahí.
Les contó cómo Naipe luchó contra ella y empezó a darle consejos sobre cómo actuar en aquella situación, explicándoles sus sentimientos en esos momentos. También les habló sobre la historia familiar de Asmeya Likarys, que sorprendió a los chicos bastante. Estaba claro que Waldo no era tan buen tío como ellos pensaban, y que la República no era tan brillante como aparentaba, dadas las historias contadas por ambas mujeres. No había razones tampoco para pensar que estaban siendo engañados, así que tendrían que creerles.
Eventualmente llegaron un par de auxiliares con sus cenas, claramente se alegraron de ver más arreglada a Aelita y les comentaron qué había de menú esa noche, tras lo cual se marcharon a seguir con la ronda. Tal y cómo había pedido, Jeremy le cedió parte de su plato a la muchacha, que comió con muchas ganas. Estaba hambrienta, apenas había comido durante esos días, y al estar más animada su cuerpo demandaba aquello de lo que se había visto privado durante todos esos días. Y no sólo pedía alimento y líquido. Quería también cariño, y eso sabía perfectamente dónde conseguirlo. Sí, Yumi, Odd y Ulrich eran su familia, pero el tipo de cariño que ellos podían darle no era el que necesitaba.
Eso sólo se lo podría dar Jeremy, y este parecía dispuesto cuando descaradamente miró todo su cuerpo desnudo antes. La chica sonrió recordándolo, esa noche finalmente consumarían ese amor y afecto que se profesaban dese hacía años, y de paso, le agradecía así que se hubiera comportado como todo un caballero con ella. Un plan sin fisuras. Tras la cena se habían tumbado de nuevo en las camas, que seguían todas unidas, recostados unos con otros como una piña, aunque eventualmente Yumi y Ulrich se abrazaron, con Odd detrás de ellos, divertido. La parejita usaba su estómago a modo de almohada. Por su parte, Aelita y Jeremy estaban colocados uno al lado del otro, mirando la tele en un agradable silencio. La temperatura del cuarto, como siempre, era agradable y podían estar casi sin taparse, aunque de madrugada sí agradecían algo para proteger su cuerpo.
-Podría estar así toda la vida…- murmuró Jeremy, girándose para mirar a Aelita. Ella también le encaró, y sonrió. Quería oír sus palabras.
-Pese a todo… ya sonríes de nuevo. Estoy muy orgulloso de ti, princesa- murmuró él, acariciando su rostro. Ella le besó suavemente.
-No he sido la mejor novia esta semana…- comentó ella, y el chico negó- No estabas en tu mejor momento. Pero me alegra que ahora estés mejorando- ella asintió.
Y mejor que estaremos en un rato, se dijo ella. Poco a poco las luces fueron a menos, haciendo que se fueran durmiendo uno a uno. Sin embargo Aelita actuó como que dormía, esperando con paciencia a que los demás sí cayeran en los brazos de Morfeo para ella actuar. Asegurándose de que los demás estaban dormidos, sonrió, y comenzó a actuar. Se retiró la camiseta, dejando toda su parte superior al desnudo, y comenzó a acariciar la piel de Jeremy, Pasaba sus pechos a lo largo de la espalda de él a modo de masaje, sonriendo. Este eventualmente despertó, y se encontró con la chica desnuda, encima de él, besándole cuello y pecho.
-En agradecimiento, mi amor…- le susurró al oído, y llevó una mano a las piernas del chico, que se tensó.
-¿Q-qué haces?- murmuró él, y ella sonrió, mientras seguía acariciándole- Demostrarte mi amor… esto querría haberlo hecho en una semana, cuando íbamos a celebrar el final de trimestre…. Pero ha habido un cambio de planes- ella comenzó a besarle con deseo.
Sin embargo algo no le cuadraba al chico. Aquella mañana la chica había estado en un estado catatónico, no quería hacer nada, totalmente mustia y sin motivación alguna. Y ahora estaba así… Algo no andaba bien. Nada bien. No era propio de ella. El debate interno empezó a nacer en su cabeza, pues por un lado Aelita objetivamente le atraía desde siempre, y había soñado con tenerla así en varias ocasiones. Pero por otro lado, ella sin duda no estaba haciendo eso porque realmente le apeteciera, sino casi por compromiso… y eso no era saludable para ninguno de los dos. Si hacían algo así tenía que ser porque a ambos le apeteciera, porque lo deseaban, no como pago al otro. Y ella acababa de pasar por una crisis existencial durísima.
Cuando ella estaba ya a punto de colocarse por encima del chico para excitarle, él la agarró de las muñecas y suavemente la tumbó en la cama. Ella sonrió, se mordió el labio y le miró con deseo, pero su rostro blanqueó cuando él comenzó a negar.
-L-lo siento…- murmuró él, con el rostro totalmente enrojecido. Ella frunció el ceño, se contuvo de darle un bofetón, y giró el rostro, ultrajada.
Ella se estaba ofreciendo para… ¡¿y va y la rechaza?! ¿Quién se creía, un actor de Hollywood? Comenzó a mover sus pensamientos, igual la que le gustaba de verdad era Yumi. Tal vez ella no era lo suficientemente atractiva. Tal vez es que simplemente ya no la amaba… esa última opción era la que más miedo y rabia a partes iguales le daba. Se encontraba furiosa y despechada, el hombre al que más había amado en su vida va y la deja de lado… tenía muy malas palabras para él en esos momentos, y comenzó a llorar en silencio. Fue al baño, se sentía sucia y quería desahogarse de alguna manera, aunque toda lívido había abandonado su cuerpo para ese momento. Se sentó en el suelo y comenzó a llorar, temblando como una hoja, hasta que, al rato – no sabía muy bien cuanto – alguien entró. Era Odd.
-¿Princesa? ¿Estás bien?- le preguntó él. Le dolió verla ahí, pensaba que se estaba recuperando pero claramente era un no. Se sonrojó cuando vio sus pechos, pero ella ni se intentó tapar, así que él fue a por una toalla para que se tapara.
Ella le contempló, venía sólo con un calzoncillo. El chaval era guapo, normal que conquistara tanto a las chicas. Estaba bueno, era evidente. Y estaba soltero. Y… se lanzó contra él. El chico la recibió en brazos y se sorprendió cuando ella comenzó a besarle con deseo. ¿Acaso era un sueño? Aelita, su princesa… medio desnuda y besándole con ganas. Contempló su cuerpo menudo, con algo de tripa y con un poco de vello que asomaba desde su ropa interior, con los pechos de ella en contacto directo con su piel. No pudo resistirse y también la empezó a besar y acariciar. Lejos de lo que hizo con Jeremy, aquello para Aelita no era más que deseo. Notaba como Odd se empezaba a excitar con aquello, pero sin embargo ella ni se enteraba. Sí, sus dedos subían y bajaban a lo largo del cuerpo de él, sus lenguas danzaban, pero… no sentía nada. Ella se sobresaltó cuando Odd le bajó la ropa interior, el chico se estaba bajando sus calzoncillos cuando ella se detuvo de golpe.
-L-lo siento, yo… yo no…- la chica bajó la cabeza entonces.
¡¿Cómo podía haber hecho eso?! Ahora sí que se sentía fatal consigo misma, pero Odd no comentó nada, sólo la abrazó afectuosamente, sin ningún tipo de intención más allá de tenerla en sus brazos. Él tampoco se había portado de la mejor manera, pero por primera vez se sintió con esperanzas de poder estar con su princesa. Lamentablemente eso no iba a suceder, pero al menos tendría ese recuerdo. Decidieron que no contarían nada a nadie, aquello había sido un desliz imperdonable que les había enseñado varias cosas a cada uno.
A Aelita, que amaba a Jeremy por encima de cualquier cosa, y que ese camino de autodestrucción definitivamente no guiaba a nada bueno. Y a Odd, que nunca podría estar con ella realmente, y que tenía mucho que aprender. Ambos se sentía fatal aunque en realidad no habían llegado a nada más comprometido que meterse mano mutuamente, pero eso fue más que suficiente para ellos. Aelita volvió primero con los demás, y se recostó al lado de Jeremy, que dormía. Y por primera vez desde que habían llegado allí, ella durmió tranquila. Por su parte, Odd se sentía fatal en todos los aspectos, pero también se recostó. En su caso, sus sueños fueron bastante movidos. Oyó voces que no reconocía del todo, pero sí lo que decían. ¡Eras mi hermano, te amé como a tal! Pero no se detuvo ahí. ¡No lo entiendes, yo nunca podré estar con vosotros! … Soy un palo en la rueda, me lo dejasteis claro aquel día … ¡Os odio, a todos! ¡Os habéis vendido, y ahora sois la misma escoria que jurasteis derrotar!
Se despertó varias veces durante la noche por los nervios de lo que había pasado, restándole importancia a esos sueños, que los achacó a la culpa que pudiera sentir. No serían nada importante, seguramente, pero igualmente le complicaban el sueño. Serían los nervios, lo más probable, así que simplemente cerraba los ojos de nuevo, buscando descansar. La noche se le hizo larga, pero al menos pudo dormir un poco ya hacia el final de la misma, tapando su rostro con la sábana para intentar dormir algo más, pero le fue imposible por la actividad de los demás, que ya se movían en dirección al baño, o se movían un poco y estiraban… así que eventualmente también abrió los ojos. Vio algo triste a Aelita recostada junto a Jeremy, parecían hablar.
Ulrich se fijó en eso cuando salía del baño, ya cambiado, y se sentó a su lado, dándole unas palmadas en las piernas. Sabía en cierta medida lo que su amigo sentía por la pelirosa, pero ya habían hablado muchas veces de lo casi imposible que lo tendría de intentarlo. Y sin embargo, la pasada noche, ella se había lanzado a sus brazos. Rota, sí, totalmente fuera de sí y por puro despecho, no por amor, pero algo era, al menos. Le había dolido, pero no podía ni debía guardarles rencor a ninguno de ellos. Eran su familia, y vale, se había peleado con Jeremy por celos cuando este los tuvo en aquella ocasión en la que Xana le había regalado un colgante a Aelita el día de San Valentín. Pero no estaba dispuesto a perder a la que era su segunda familia por algo así. Nunca se lo perdonaría.
Ella le había pedido perdón nada más despertar, sabía que su comportamiento no había sido el mejor y había sobrepasado la línea, aunque el chico le restó importancia, creyendo que se refería a su intento de tener relaciones entre los dos. La muchacha no había tenido el valor de decirle que también lo había intentado con Odd, además habían prometido no decir nada, pero su conciencia le pedía a gritos decírselo, era lo correcto de alguna manera. Sin embargo decidió hacer honor a su promesa, y simplemente le juró que jamás ocurriría de nuevo. Ahora sí parecía mucho mejor de ánimos, se había acabado de romper la noche anterior, y dormir le había ayudado a cerrar heridas.
-Chicos… muchas gracias. A todos… sois maravillosos, y…- suspiró ella entonces, los demás simplemente la abrazaron con cariño.
-Me alegra que estéis tan unidos, chicos, porque va siendo hora de que toméis una decisión muy importante- oyeron, y se giraron.
Junto con las auxiliares de siempre, se encontraba Seriel Kimara, cruzado de brazos- Necesitamos que decidáis un líder de escuadrón, para que se presente esta misma tarde a los clones con los que conviviréis dentro de unos días- explicó.
Se miraron, claramente ya sabían quién sería- Jeremy, sin duda- dijo Yumi, y los demás asintieron, confirmando sus palabras. El aludido se sonrojó.
-O-oye, yo no…- comentó, pero Ulrich le detuvo- Tío, te hemos confiado la vida cientos de veces, en cada… ya sabes. Eres nuestro líder, Einstein- Odd le revolvió el pelo divertido.
-¡Claro, sin ti a los mandos hubiéramos caído hace mucho, pero gracias a tu inteligencia y a mi habilidad, logramos el éxito!- estallaron en carcajadas entonces.
-Por cierto, pensaba que estaríamos en cuarentena durante al menos dos semanas más- comentó Aelita, y el adulto asintió.
-Y así será, por supuesto. Esta hornada de clones tiene aproximadamente un mes, recién salidos del horno, por así decirlo. Vosotros seréis los primeros a los que conocerán además del servicio médico del lugar del que vienen-
Sin más, salió de allí, dejando que las auxiliares les dieran las bandejas con los desayunos, dejándoles de nuevo a solas, hasta que volvieran a por Jeremy, que se preguntaba con qué se encontraría.
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Por su parte, Suzanne Hertz tenía, encima de su escritorio, varias tablets repletas de información a aprender. No habían exagerado en absoluto cuando le dijeron que apenas podría abarcar nada durante esa semana previa a las practicas que tendría que hacer. Ella ya no era una niña, le iba a costar aprender tanto en tan poco tiempo. Se había recogido el pelo y se encontraba escribiendo en unas hojas con un bolígrafo, al menos le habían tenido el buen gesto de traer esos objetos desde la Tierra. Mucha tecnología a años luz de la terrestre, pero no tenían material básico para estudiar a mano. Pasaba los dedos por la superficie de una a la vez que escribía en sus apuntes hechos a manos, los que prefería por ser más fáciles de usar, por lo menos no se le cansaba tanto la vista como con el uso de la pantalla.
Durante la noche anterior le comunicaron a qué grupo la habían adjudicado, y se sorprendió gratamente por ello, pues estaban Jim Morales, William Dumbar, y Patrick Belpois. A este último ella apenas le conocía pero si era la mitad de inteligente que su primo seguro podría ser de ayuda llegado el momento, esperaba que también le formaran. En cuanto a los otros dos… Dumbar estuvo muy raro durante meses, aunque después volvió a la normalidad más absoluta. Y Jim era… bueno, era Jim. No sabía si alegrarse o sentirse más perdida aún, así que optó por lo primero, pues al menos eran conocidos. Se sorprendió de no tener que entrenar físicamente con ellos, de momento al menos no la habían llamado. Lo que sí había hecho con ellos fue comer, pero pronto conviviría con ellos también. De hecho ellos, en ese momento, estaban entrenando con Laura.
Esta les aplicaba una mano de hierro digno del más duro oficial, les gritaba y obligaba a un ritmo de ejercicio propio del ejército. Los dos más jóvenes apenas podían seguir el rimo, pues la amazona exigía una potencia física de la que ellos carecían. Sin embargo, Jim sí se amoldó bien al ritmo de ejercicios que ella les imponía. Laura se sorprendió por aquello durante los primeros días, pero no comentó nada, limitándose a gritar a los otros dos y recordarles lo patosos y débiles que eran, tirándoles contra la pared cuando caían extenuados. El adulto sentía lástima por ellos, pero poco podía hacer, más que aconsejarles durante las noches y comentar batallitas de su época en el ejército, pues ellos le preguntaron por eso. Todos los trabajos que él afirmaba tener resultaron ser reales, pero claro, ocultaba el hecho de que fueron durante sus años de servicio antes de que una lesión le impidiera seguir ejerciendo, momento en el que se preparó para ser profesor de gimnasia. Ellos daban por hecho que llevaba en Kadic mucho tiempo, pero en realidad apenas llevaba unos siete, y como rondaba los 40, eso implicaba que se retiró a los 30 y pocos años, más o menos.
Durante esos tres días de entrenamiento su cuerpo había sufrido cambios, no así el de ellos, poco acostumbrado al ejercicio tan intenso. Su barriga se empezaba a reducir – seguía estando con sobre peso, pero ya no tan exagerado como antes – y sus músculos también se estaban fortaleciendo. Eso, según él, era porque su cuerpo aún se acordaba de su estado físico durante su juventud, por eso recuperar forma le fue tan relativamente sencillo, aunque sin duda los nanobots habían ayudado en el proceso, pues aquello tendría que haberse realizado en por lo menos tres meses. Además su lesión debía haber desaparecido ya que no tenía más problemas de espalda ni nada que se le pareciera, por lo que tendría que estar curado de aquella cuestión.
Precisamente estos debían ser los encargados también de que, pese a todo el esfuerzo que estaban haciendo, no tuvieran demasiadas agujetas ni que ninguno tuviera un tirón durante ese tiempo, pero si bien Laura podría confirmárselo, no querían enfurecerla más de lo que normalmente ya estaba, ni que les estuviera insultando durante la siguiente media hora, así que optaron por guardar silencio a ese respecto.
-¡Venga, vamos! ¡He visto a ancianas con medio paso en la otra vida moverse con más brío!- chillaba ella.
Vestía ropa de entrenamiento, con una coleta alta y su espada en su cintura, contaba con una pulsera en su derecha, con la que les monitoreaba en todo momento. Los otros tres corrían a lo largo de una pista, llevaban así unos veinte minutos, y los que quedaban, pues no pararían hasta que ella lo decidiera. Lo peor es que ella estaba haciendo exactamente lo mismo con ellos, y mientras los muchachos ya estaban envuelto en sudor, la amazona parecía que justo había empezado en ese instante. Por lo menos ella cumplía con el ejemplo e incluso se esforzaba más que ellos, y eso de alguna manera les motivaba. Se quedó donde estaba a varios metros de ellos, dando saltos y palmadas al ritmo de su trote, marcándoles el paso a los otros tres, que como pudieron intentaron seguirlo. Pero el que más duró fue Jim, que se mantuvo durante dos minutos que se le hicieron eternos al orondo hombre.
Ella suspiró, y se les acercó. Ellos se quisieron proteger de lo que quiera que fuera a hacer, pero lejos de mostrarse tan agresiva, se sentó a su lado. Les observó en silencio, analítica, y se rascó algo la cabeza antes de andar.
-Me sorprende que hayáis aguantado tantos días sin morir, si debo ser sincera…- comentó- Eso es bueno, supongo, porque tenéis deseos de permanecer con vida- añadió.
No gracias a ti, precisamente, se decían ellos, pero apenas tenían fuerza para poder hacer otra cosa más allá de inspirar y aspirar con fuerza, intentando llenar sus pulmones todo lo que podían para así mantener la respiración, aunque el sabor de la sangre en la boca lo dificultaba todo bastante. Llevaban algo más de una semana a base de duras pruebas y ejercicio físico, estaban extenuados físicamente, y empezaban a estarlo también mentalmente.
-Quiero que entendáis una cosa, porque es fundamental: si soy tan dura con vosotros es porque es necesario. Mi vida depende del éxito de nuestras misiones, así que quiero conmigo al mejor comando que pueda tener, y si eso implica llevaros hasta el límite cada jodido día, lo haré sin dudarlo- tardó unos segundos en seguir.
-Probablemente me odiéis, pero me da igual. No estamos aquí para hacernos amiguitos, esas pamplinas se las dejo a los republicanos. Pero tenemos que estar unidos y trabajar en equipo- les encaró entonces.
William, que aún jadeaba, la miró de soslayo- Pues… no sé c-cómo pretendes eso- tenía la respiración entrecortada.
-Vamos a estar todo el día juntitos, ya veréis. Seré vuestra maldita sombra. Vosotros, yo, la anciana, y unos cuantos soldados. Entrenaremos, viviremos, y seguramente moriremos juntos, todo para el Imperio- al decir eso ella parecía sentirse especialmente orgullosa de sus ideales.
Se levantó entonces, y se estiró un poco. Ellos se dispusieron a imitarla, pero de un gesto ella se lo prohibió, así que obedecieron inmediatamente. Ella sonrió por dentro, parecían empezar a entender quién era el que mandaba ahí.
-¿Sabéis porqué estoy con ellos?- les preguntó al rato, no les veía especialmente convencidos- Fue mi maestra, la más poderosa de las Xanium, la mujer que conquistó vuestro mundo- ellos la miraron con sorpresa.
-Ella me hizo ver la realidad… me demostró que la República, en la que todos confiábamos, ya no era digna, y por eso me uní a ella- les miró de soslayo entonces.
-Yo oficialmente ya no soy alumna de nadie, pero ella será siempre mi maestra. Ahora, seré yo la que os enseñe, zoquetes. Sobre todo a vosotros dos- señaló a Patrick y William.
-No lo haces por gusto entonces, sino por deber- comentó entonces Jim- Yo creo… que realmente lo tuyo es de boquilla, la verdad- Laura frunció el ceño por ello.
Le levantó en el aire, molesta, y comenzó a apretar en su cuello con violencia, deseando ahogarle. Cuando vieron que su profesor se empezaba a quedar sin aire los otros dos se lanzaron contra ella, tirándola al suelo y rompiendo su concentración. Jim cayó al suelo y comenzó a toser con fuerza, pero igualmente se giró preocupado por los dos adolescentes. Estos salieron volando hacia el techo, donde se golpearon con la espalda y cabeza, atontándolos durante unos segundos, que Laura aprovechó para llevarles de nuevo contra el suelo a toda velocidad. Sus narices se partieron y empezaron a sangrar, y varios moretones aparecieron en su cuerpo.
-Seguís sin entender… Ahora estáis a mis ordenes, y si no obedecéis por las buenas, lo haréis por las malas- gruñó, y ellos notaron una fuerte picazón a lo largo de todo su cuerpo.
Se giraron y vieron como Laura movía su índice alrededor de la superficie de la pulsera, que funcionaba como una tablet en miniatura, pero contaba con las mismas funciones. Según lo hacía ellos sentían ese dolor ir cada vez a más, y empeoró cuando comenzaron las descargas eléctricas- ¿Tengo que recordaros que tenéis unos nanobots en la sangre? Los hemos programado para que obedezcáis, y si no lo hacéis seréis castigados. Hasta ahora no los he querido usar, pero me he cansado-
Se les acercó a paso firme y amenazante- Arriba- ellos lo hicieron, pero no por voluntad propia, sino que notaron que sus músculos se movían solos- ¡Saludad!- hicieron chocar sus tobillos, se irguieron, y golpearon el pecho con el brazo izquierdo, con el derecho extendido hacia abajo.
Ella entonces paseó en torno a ellos- Esperemos que Suzanne sea más… manejable- comentó, seria- Ya sabéis, ella será la técnico del equipo. Nos construirá y reparará todo el equipo, es inteligente… así que dudo que intente nada. Aprended de ella- musitó entonces.
-Mi teniente- empezó entonces Jim. La aludida le miró, con interés- Me encargaré de que ellos dos sean obedientes a partir de ahora, mi teniente- aseguró, y ella sonrió complacida.
-No eres tan tonto como creía… Perfecto, Albóndiga, les pongo en tus manos. Id y descansad, en unos minutos conoceréis al resto de la tropa y os mudaréis todos a convivir juntitos, estaremos en un cuarto ya preparado para eso- tras eso, se marchó de ahí.
-¡¿A qué juegas, Jim?!- exclamó William, tras asegurarse de que ella estaba lo bastante lejos -¡Pensábamos que también querías huir con nosotros!- añadió Patrick, controlando la voz un poco más que su amigo.
Este pidió calma con un gesto- Sed inteligentes, no podemos ir a ningún lado sin arriesgarnos a que nos maten o soldados, o alguno de estos locos con espadas luminosas y super poderes. Así que, a menos que queráis que os maten, por ahora sólo podemos pasar por el aro-
Suspiró al ver los rostros de ellos- Soy el primero que quiere darle una buena patada en el culo a esa niñata, pero de intentarlo seguramente barriera el suelo con nuestros cuerpos, y no al revés- lo pensó entonces.
-Si Hertz es tan lista como creo, estoy seguro que alguna… cosa científica se le ocurrirá- sonrió- Ya sabéis, para el tema de los nanibuts-
Los otros dos se miraron- ¿Los nanobots, dices?- el profesor comenzó a asentir entonces.
Segundos después, la puerta se abrió de nuevo, revelando la presencia de la anciana maestra de ciencias. Esta se les acercó corriendo y les abrazó efusivamente, obviando el fuerte olor del sudor de los tres. La mujer parecía bastante contenta, y no era para menos.
-Yo ya sabía que estabais aquí, pero… no quería ilusionarme hasta veros finalmente- comentó, tuvo que quitarse un poco las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.
-¿Le han hecho algo, señora Hertz?- le preguntó William, y esta negó- No me han tocado un pelo, pero igualmente he sentido mucho miedo… tengo que estudiar muchísimo, no sé cómo podré aprender tanto en los días que me quedan…- murmuró, agobiada.
-¿La van a examinar o algo?- preguntó Patrick, y Suzanne negó- No, pero empezaré las clases prácticas, y me da que si no les convenzo, me harán cosas terribles… durante los últimos días he oído chillidos viniendo desde mi área, donde se supone que sólo estamos el cuerpo técnico y científico, así que…- murmuró.
Les miró entonces- Tengo que volver, pero me dejaron veros un rato, pero no demasiado- con un gesto, se despidió de ellos y se alejó.
Antes de que se fuera, Jim la tomó del hombro para detenerla unos segundos. Ella se giró con sorpresa -Suzanne… juro que os sacaré de aquí con vida. A los tres- ella le miró con sorpresa.
-Puede que sea algo bruto, pero no me entrenaron para ser un científico. Vosotros… os van a enseñar muchas cosas, eso está claro. Y tendremos que pasar mucha mierda juntos… Y si hay algo que sí me han enseñado, es que un hombre sólo en el frente no puede hacer mucho. Por eso jamás os pienso dejar atrás- soltó a la mujer entonces.
Ella le miró con sorpresa, pero acabó asintiendo- No conocía este lado tuyo, Jim…- comentó ella, y agradecida, le sonrió un poco.
Salió de allí entonces, dejando a los tres hombres a solas. William le dio un codazo al adulto divertido, mientras Patrick no sabía muy bien qué comentar. El hombre se limitó a gruñir un poco, pero los dos adolescentes en el fondo agradecían que el adulto estuviera dispuesto a protegerles, pero no sabían si podría cumplir con su palabra, dadas las circunstancias.
Por su parte, Laura andaba seria por los pasillos. Quería hablar con su maestra, Asmae Starlight. La más poderosa, y a la que la muchacha consideraba su madre. Empezó su entrenamiento cuando la otra tenía poco más de 20 años, teniendo la rubia apenas tres. Estaban muy unidas, le había sabido fatal cuando se separó de Seriel, de hecho Starlight pasó varios días bastante mal, pero se supo sobreponer. Eso hizo que ella se sintiera especialmente orgullosa de su maestra. Gracias a ser su antigua lakios, tenía grandes privilegios en el Imperio, y cuando le pidió tener un grupo propio desde cero, aceptó con gusto. Pero tenía que dar explicaciones de sus acciones cada pocos días, y realizar informes. Pero ese día no vería a la adulta por trabajo, sino por ocio. Anduvo por los pasillos del complejo hasta llegar a un ascensor. Ya colocada en su centro, apareció delante de ella una pantalla, y tras acreditar su identidad, apareció la totalidad del edificio como accesible. Tras señalar el despacho de Asmae, fue teletransportada hasta allí.
Tocó la puerta y esperó pacientemente a que alguien abriera. Con un suave "adelante" ella sabía que podía pasar, así que lo hizo, y se encontró a la adulta, que sonrió al verla ahí. Se levantó de donde estaba, y recibió con los brazos a la más joven. Aquel era el despacho más hermoso que la joven hubiera visto. Tenía las paredes y el techo blancos, con unas alfombras en el suelo y algunas estanterías a rebosar de libros, con cuadros que mostraban imágenes de guerreros Xanium luchando o entrenando. Al fondo del despacho, había una gran ventana desde la que se podía ver el exterior. Una bella ciudad que se extendía hasta el horizonte, con aparatos que volaban de aquí para allá y que llevaban a seres vivos o mercancías de toda clase. Había mucha actividad en ese tipo de ciudades, por la que circulaban aparatos por el cielo y a través de largos raíles que unían diferentes partes de la ciudad. Pese a lo caótico que parecía en realidad era todo bastante ordenado y apenas se daban accidentes, pero bastaba pensar en ello para que ocurriera. Al estar tan alto y ser un edificio protegido por el Imperio, la nave que volaba más cerca lo hacía a por lo menos kilómetro y medio de donde se encontraban.
-¿A qué debo tu visita, Laura?- preguntó la adulta, mientras la invitaba a sentarse con ella a la mesa.
En ella se podían ver informes y una taza de bebida caliente. La adulta llevaba su ropa de oficial pero sin el casco, ya que no estaba en esos momentos de servicio.
Pero en cuanto pisaba una nave se lo ponía, y no lo retiraba hasta cumplir su misión. A no ser que hubiera alguien de su extrema confianza delante, en cuyo caso sí se permitía descubrir su rostro. No le gustaba mostrar debilidad delante de sus subordinados, y menos durante el combate, es por eso que siempre lo hacía. Pero claro, en Laura sí podía confiar ciegamente. Era su alumna, casi una hija para ella y para Seriel, aunque este no lo admitiría nunca.
-Es por el grupo que tengo… siguen sin obedecerme, maestra Starlight- le dijo ella- Tuve que recurrir la última vez a los nanobots, y eso… no me gusta. ¿Cómo hace para poder estar bien con sus soldados?- preguntó.
Asmae tuvo que sonreír- ¿Cuándo comenzarás a vivir con ellos y los clones con los que trabajarás?- le preguntó- A partir de esta noche, si todo avanza bien- le respondió.
Y la adulta comenzó a explicar. Un buen líder debe convivir con sus subordinados, tiene que ganarse su confianza y respeto, sólo entonces trabajaran bien. Claro, se les puede tener bajo coacción e igualmente funcionarán, pero no de forma tan óptima como lo harán si realmente están unidos por lazos de respeto. Laura tendría que dejar de parecer una líder y empezar a serlo. Demostrarles de lo que es capaz, y aprender de ellos en aquellas cosas que ella no supiera. Cosa que sorprendió a Laura, dado que ella pensaba que sólo rompiéndolos podría lograr que se doblegaran al imperio.
-Si, como dices, los dos mayores ya aceptan tu autoridad… Los más jóvenes también lo harán. Has logrado romperles, así que buen trabajo, pequeñaja- le felicitó.
-Ahora te tienes que trabajar el respeto de los adultos, y eventualmente lo lograrás también, con tus acciones. Ya lo verás, dentro de poco te unirás a mi en el frente- Laura sonrió, emocionada.
Sólo en situaciones así se permitían ser como realmente eran. Ante los demás, eran duras y frías como el hielo, debían serlo para las tropas y para el temor de los enemigos. De hecho, en esos momentos Asmae estaba firmando órdenes de ejecución contra varios enemigos del Imperio, sobre todo líderes rebeldes de planetas conquistados o bajo control de los suyos. A ella no le gustaban demasiado esas cosas, pero eran necesarias para mantener el control. La República no lo logró con su buenismo, así que ellos lo harían a su modo.
-Ya llegaron los esclavos de Gamma Sagitari 12 (1) a Epsilon Tauri 4, ¿verdad? Para picar en sus minas- comentó Laura, y Asmae asintió.
-Así es, ya se están aclimatando al trabajo- miró entonces a la otra, parecía no muy conforme- La esclavitud es la única manera, te recuerdo. Además, están por civilizar, hacen lo mismo entre ellos mismos seguro- le explicó.
-Si tan peligrosas son las minas, ¿por qué se insiste en usar a seres vivos para trabajar en ellas? Vale, los robots son mucho más caros, pero…- Starlight negó entonces.
-Prefiero esclavizar a un tercio antes que matarlos a todos en caso de rebelión, querida. Si ya de antemano saben lo que podemos hacer les costará más sublevarse. Y si igualmente lo hacen…- se hundió de hombros entonces.
Se levantó entonces, y acarició suavemente el rostro de su alumna. Sonrió y besó su frente, tras lo cual la abrazó- No te sientas triste por todo esto… Cuando yo sea emperatriz, junto a Seriel, verás como todo funciona mucho mejor- le aseguró.
-Espero ser por lo menos princesa- comentó la rubia, y la adulta soltó una carcajada, y asintió- Por supuesto… no se me ocurren mejores manos para algo así-
Tras separarse, y dada una ligera inclinación a modo de respetuoso saludo, Laura salió del despacho de su maestra, con las energías y motivación renovadas.
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El viejo Tom observaba como su familia escribían en unos papeles. Tenían que relacionar números y letras con sus equivalentes en el sistema de las máquinas de cifrado, escribir un texto usando ese sistema, y traducir uno que el anciano había dictado, todo usando los métodos que él mismo les había enseñado, y que se usaban en los tiempos de la guerra mundial. Él lo aprendió durante su paso por el ejército, y ahora enseñaba a los demás. Bostezó un poco, se rascó la parte baja del rostro, y se estiró un poco, complacido. Sabía que ellos lo podrían hacer bien, confiaba en ellos, pero tenía que asegurarse que pudieran usar ese método para enviar la información. Sam parecía concentrada, con los mofletes algo hinchados y el ceño fruncido, no apartó la vista en ningún momento de los papeles y parecía que fuera a lanzar rayos láser por los ojos. Percy, por su parte, escribía casi repanchingado en la silla, pero igualmente centrado, con el papel de su examen en la mano derecha, mientras escribía con la izquierda, casi sin observar qué estaba poniendo, pues su vista estaba permanentemente en la otra hoja.
Los adultos en cambio estaban ya leyendo lo que acababan de escribir, y, tras acabar, se levantaron, casi a la vez, y llevaron sus hojas al anciano, que los recibió con una sonrisa. Los dos más pequeños les miraron con sorpresa y escribieron más rápido aún, pues el tiempo corría en su contra. Tom sonrió cuando se dio cuenta, mientras leía lo escrito por Bernadette, que lo tenía bastante bien todo. Su hijo, por otro lado, había hecho pleno.
-Buen trabajo, chicos- comentó, y miró de soslayo a los dos más jóvenes- ¿Y vosotros, qué? ¿Acabáis ya, o no? El enemigo no esperará tanto- aseguró.
-¡Ya voy, ya voy…!- Sam estaba medio levantada, apurando escribir, hasta que terminó y fue corriendo con Tom, que tomó sus papeles. Segundos después llegó Percy, que le entregó también su examen.
Salieron entonces para que el mayor pudiera hacer las correcciones oportunas, hasta que salió de allí poco tiempo después, cerró tras de sí y se acercó al grupo, que esperaban.
-Ibrahim , hijo- llamó Tom, y este se levantó. Se encontraban todos en el sofá- Excelente en tu caso, el único que no ha cometido fallos. Creo que serás un excelente dirigente de mensajería- comentó.
Le tendió una hoja escrita impolutamente a mano por el anciano- Manda este mensaje a todo el mundo, son instrucciones para los demás centros- su hijo le miró.
-¿Cómo sabes que te aceptan como líder, padre? Quiero decir, no creo que seas el único que se ha puesto en movimiento en este tiempo- comentó.
El anciano se rio- Bueno, hemos montado la mejor red de comunicaciones, si no me quieren de líder que me hagan saber, ¿no?- comentó, y se colocó con los demás.
-He hablado con mi amigo, el señor Suarez. Fue teniente coronel en el ejército, así que sabe dar órdenes, y sabía bastante de artes marciales. Os enseñará a vosotros dos- señaló a Sam y Percy.
Esta no parecía muy convencido- Pero abuelo, yo…- este la cortó- Tranquila, Samantha. Tenéis que saber todos de todo, y el mejor será el encargado de eso. También tenéis que aprender a disparar armas de fuego, y ya que vuestra madre es enfermera que os cuente cómo funcionan esas cosas- suspiró entonces, algo cansado.
-Percival, haz el favor de traerme una cerveza, anda- este asintió y se movió hacia la cocina, y Bernadette miró a su suegro.
-Tom… ¿porqué no enseña también a otros muchachos? No me gusta que mis hijos sean los que se tengan que jugar la vida- comentó, molesta.
El anciano acarició su rostro, afable- Querida… son ellos casi los que lo pidieron. Pero tienes razón, cuanto más allá, mejor. Por eso en las instrucciones, además de esperar, también pido que se entrene la gente. No podemos atacar hasta estar listos, y para eso se necesita tiempo de preparación- explicó.
Ella no parecía muy convencida, pero asintió- ¿Se tomó la medicación de esta mañana?- le preguntó, y él asintió- Ya podrían ponerme un jarabe con mejor sabor, maldita sea- gruñó, y la mujer se rio.
Percy apareció poco después con bebida para todos, ayudado por su padre, sentándose todos juntos. Brindaron por el éxito de la naciente rebelión, que no se pondría en marcha hasta que no fuera el momento oportuno. Pero la maquinaria ya estaba en marcha, sólo era cuestión de tiempo…
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(1) Nombre oficial de La Tierra.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
