Código Galaxy

Capítulo 15

La fiesta en Beta Escorpi 1, también conocido como Eritrae, continuaba. Esta se desarrollaba en una terraza en lo alto de uno de los edificios de Gobierno del planeta, donde estaban buena parte de la flor y nata de los políticos del Imperio. De hecho allí estaban todos los líderes de los sistemas planetarios que estaban bajo su control, y junto a ellos, sus segundos al mando tanto a nivel político como militar. Allí seguro que se hablaría de información importante, y Beatrice iba a ser el cebo perfecto: una primitiva humana, vestida con ropas de alta gama pese a que claramente no sabía ni merecía usarlas, y con alcohol cerca. Era el coctel perfecto, y ella junto a Starlight iban a aprovechar ese punto de vista.

De hecho la primera se estaba tomando su tercera copa de licor de luz, de los mejores del planeta Beta Canceri 9. Se encontraba junto a varios de los Presidentes, que se reían un poco, tapando sus rostros. Los había de toda clase de tamaño, color de piel y facciones, unos más parecidos a los humanos que otros, pero todos con un traje similar, de color negro con mangas muy amplias, pantalones ceñidos y zapatos de fina piel, bien perfumados y con su pelo, escamas o piel bien cuidada, hidratada o peinada, según el caso.

-¿Y cómo es la Tierra? Dicen que allí todavía usáis animales para cultivar- comentaba uno, en su voz se notaba cierta diversión.

Aunque Beatrice no estaba nada contenta con ello, puso una sonrisa en su rostro- Así es. Y los montamos para movernos, señor- provocando la risa entonces de esto.

-Yo de hecho suelo hacerlo. Hay uno que llamamos caballo, es muy bonito la verdad- procedió a explicar cómo eran, mientras aquellos políticos se desternillaban.

-Y claro, como cuando montas te da en los muslos, pues te hacen daño. Yo me tengo que dar luego un buen masaje en las piernas, las tengo reventadas…- se retiraba entonces parte de la falda, como si no entendiera aquello.

Los otros se miraban entre ellos, no dando crédito a aquello. Desde luego era una paleta de provincias, no cabía duda. No tendrían entonces que mantener protocolo alguno con ella, ni tener tapujo con lo que decían, total, no se enteraría de nada… se sorprendían de que una de las grandes generales del Imperio trajera semejante compañía a un sitio así, debía estar teniendo una crisis existencial por la falta de Seriel Kimara…

Starlight estaba pendiente de todo aquello. La otra se los estaba metiendo en el bolsillo, haciéndose la estúpida y mostrando una teórica falta de entendimiento de lo que pasaba. Nada más lejos de la realidad, pero lo importante era que lo creyeran. Por su parte, ella se encontraba charlando con otros generales del Imperio, aunque estos notaban que estaba más pendiente a otras conversaciones que no a la suya.

-Te noto bastante distraída, ¿te preocupa algo?- preguntaba uno de ellos, era ligeramente más alto que la mujer.

Su piel era escamosa, sus ojos eran pardos y su fuerte musculatura era notoria bajo su traje de gala. Al igual que Asmae, era general, solo que en su caso venía de otro mundo. Su voz era profunda, aunque la suya era una especie en su mayoría pacífica. Se notaba por sus dientes, grandes molares hechos para aplastar. Y por supuesto, era otro Xanium que había ido al bando imperial.

-No demasiado, Barugo, pero estaba pensando en ese proyecto vuestro…- giró el rostro para mirarle. El aludido asintió. Parecía un ser humano por sus facciones, calmada y hasta afable.

-Me gustaría presentarte luego a uno de los científicos de cabecera de mi mundo, creo que le conoces, se llama Likaryon- a eso la mujer asintió.

-¿Su Proyecto Gran Resplandor está terminado?- Barugo miró de reojo un par de veces antes de seguir.

-Así es, estamos a punto de tenerlo listo. Dentro de unos pocos días podremos hacer las primeras pruebas- Asmae chasqueó la lengua.

A ella esas cuestiones no le gustaban en absoluto, no al menos con lo poco que sabía sobre ese proyecto ultra secreto. Evidentemente estaba bastante financiado por el Imperio, y aunque desconocía los detalles, se hacía a la idea de lo que era: un gran arma para acabar con todo un mundo. No literalmente, dado que las cantidades de energía necesaria para ello serían imposibles de generar; pero sí con la vida dentro del mismo. Podía llegar a ser el arma definitiva, aunque de apenas unos pocos usos.

En cuanto algo así existiera, tendrían que usarla con mucho cuidado y tacto. Un gran poder como ese conllevaba usarlo con la frialdad propia del hielo, y por eso lo más seguro es que fuera de un solo uso. Pero este sería tan brutal, tan mediático, que todo terminaría en cuanto pudieran ejecutar semejante golpe. Y precisamente por su relevancia se llevaba en total secreto, solo unos pocos sabían de qué se podía tratar.

-Me parece de cobardes, la verdad…- gruñó Starlight, mientras Barugo rodaba algo los ojos.

Con ellos había una segunda mujer, algo más bajita que la primera, con la piel de un suave tono marrón y un corto bello, orejas puntiagudas y un par de colmillos algo más largos que el resto de los dientes – y que eran sobre todo molares – a modo de sables. Su cuerpo era esbelto pero sin el contorno que pudiera tener una humana, pues los de su especie carecían de mamas.

En sus manos tenía unas uñas largas y bien perfiladas, y sus redondeados ojos, de color azulado, estaba perdidos mirando hacia la pared, aunque no le restaba belleza a su persona. Solía entrar en ese estado de trance, aunque para Asmae ella era la hermana que hubiera deseado tener en lugar de la real.

Solo que Shamarya, así se llamaba, tenía facilidad para quedarse embobada y con la mirada desenfocada. Nadie diría que era la segunda Xanium más poderosa de la galaxia.

-Ya sabes qué pienso. Hay que hacer lo que se debe, no lo que queramos. Tú mejor que nadie deberías saberlo, Star- él era de los pocos a los que le permitía llamarla así.

Cuando la otra volvió en sí, miró a su compañera- Yo creo que puede ser efectiva. Si queremos derrotar a la República pronto es la única manera, eso o atender a los deseos de Foreman de parlamentar- comentó.

Pero Asmae negó con vehemencia- Apenas tiene apoyos, por ahora. Prefiero tener un as bajo la manga, y el Proyecto Gran Resplandor es lo mejor que tenemos- luego miró a su compañera.

-¿Ya estás con nosotros? Espero que no vuelvas a tener un viaje psíquico de esos- bromeó, y la otra se rio entre dientes, mientras Barugo se limitaba a ir a por más licor.

-Simplemente estaba pensando- comentó, restándole importancia. Asmae asintió, entendiendo aquel código.

En realidad había tenido una visión. Aparecía ella con una capa negra, con su cara cubierta por la capucha de una camisa de mangas largas, teniendo delante a lo que supuso era un hombre humano, con una espada de luz a la cintura y dos brazaletes en los brazos, que cubrían una parte de sus manos. No se pudo fijar demasiado en ellos, pero vio en el otro una mirada demasiado viva, un deseo real. Pero lo más sorprendente es que se encontraban en Alfa Leoni 1 (Asmara).

Ellas se entendían así, de hecho seguramente más tarde, cuando volvieran dirección al hotel, charlarían y Shamarya le contara qué había visto, lejos de la vista y oídos de todos aquellos indeseables que pudieran estar en contra de sus intenciones. En especial de uno de ellos, y que se estaba haciendo esperar, como siempre. En ello pensaba Starlight cuando vio que Beatrice le servía más copas a un político, y al que se le estaba empezando a soltar la lengua.

-¡Y pensar que a ella casi se le escapa aquellos cargueros republicanos! No sé cómo el Congreso Imperial no la mandó guillotinar ese día- comentaba uno.

La mujer escuchaba atenta todo aquello. Le había comentado a Asmae sobre usar algún dispositivo para grabar sus voces, pero la otra lo descartó. No quería ir a juicio con nadie, solo información, ya habría tiempo para esas cuestiones. Por supuesto usarían el móvil de Beatrice – recuperado poco después de ser salvada por Starlight – una tecnología obsoleta para los estándares galácticos, para los que sería un bonito pisapapeles y totalmente inofensivo para sus intereses. Sonriendo, se apegó algo al otro.

-La general es algo… dura, me han dicho. Y poderosa- dejó caer, pero el otro negó.

-Se hace la intensa para que Seriel Kimara se fije en ella… Ja, como si fuera la única mujer en la que él se puede fijar, u hombre- y es que aquel tipo, diputado del Congreso, era de aspecto humano.

Algo mayor, de pelo gris y ojos pardos, delgado y alto. Sus compañeros ya hacía rato que se cansaron de las gracias de Beatrice, pero este seguía allí. Ayudaba que al menos fueran de la misma especie.

-¿Tiene algún amante, él?- preguntó con interés, pero el otro negó.

-Qué va. Pero es gracioso, que Starlight de por hecho que sigue enamorado de ella. Kimara es lo bastante atractivo para llamar la atención de cualquiera, cuando le veas lo sabrás- ya arrastraba ligeramente las palabras para ese momento.

Beatrice estaba también algo sonrojada por el alcohol, pero toda esa información era importante. Por ello seguía bebiendo un poco, aunque tendría que hacer esfuerzos para no perder el sentido ni la capacidad de razonar. Ser espía era bastante más complicado de lo esperado en primer lugar.

-¿A…. usted le gusta ese hombre, diputado Sarman?- preguntó.

Este se lo pensó un poco- Un poco… pero los prefiero de mi edad. Así como las mujeres- y se rio un poco.

Beatrice suspiró y se rio un poco, mientras se alejaba con algo de incomodidad. También qué acierto… Buscó con la mirada a Asmae, y cuando la vio se acercó a ella. Esta la miró con interés, pasó una mano por encima de ella, y la encaró dirección a Shamarya, que la saludó afable. Precisamente en ese momento Barugo llegaba también, con unas copas. Varias de estas levitaban a su alrededor, aunque Starlight desaprobaba ese uso de la energía la verdad es que era bastante útil.

-Bea, te presento a mis dos mejores compañeros. Barugo Ader y Shamarya Yirowa, Caballero y Amazona Xanium, como yo. Sobre todo ella, él… bueno, tiene sus ratos- el aludido rodó los ojos, mientras la otra se reía.

Era raro ver a una criatura con semejantes sables en la boca reírse como si fuera un ser humano, pero debía ser normal en su mundo, supuso.

-Yo también te tengo aprecio, más cuando haces lo que se te pide- la otra se hundió de hombros.

-Tego mucho jaleo, ya lo sabes. Piensa que hasta tengo que volver antes por mi ex alumna, Gauthier. Ya sabéis, que hoy se examinaba por primera vez con su escuadrón- su pecho se hinchó entonces con cierto orgullo.

-¿Crees que puedan contra los tuyos, Star? Si logran desvirtualizar a más de uno yo lo llamaría éxito absoluto- la aludida asintió con vehemencia.

-Sin duda lo logrará. En teoría estaba una coronel con ellos, dado que nosotros estamos aquí- explicó.

Los otros simplemente se limitaron a beber- ¡Casi se me olvida! Esta es Beatrice, oficialmente es mi asistenta, ya sabéis- Star la apretó contra ella, mientras miraba a los otros dos, que, comprendiendo, cabecearon.

-No… he podido averiguar mucho…- comentó, algo decaída. Sin embargo Asmae no parecía para nada molesta.

-Contaba con ello. Pero lo que quiera que hayas descubierto, ponlo por escrito. ¿Te lo estás pasando bien?- preguntó.

Había que reconocer que aquella era una mujer de fuertes contrastes. Un día te conquistaba un planeta entero y masacraba a una parte de su población, y al otro estaba de fiesta como si fuera una joven más. Ojalá haberla conocido en la Tierra, sin duda hubiera sido interesante… pensando en ello se limitó a beber sin más, ya no necesitaba atender a ninguna conversación de forma especial, así que…

Pero entonces vio a un político muy especial. Perfectamente vestido y engalanado, Zormu Kalairi hizo acto de presencia. Por supuesto él no podía faltar en una reunión así, y aunque se habían librado de escuchar su insufrible discurso, ahora tendrían que aguantarle con todo el talante y buena disposición que sus cuerpos pudieran ofrecer. A su lado, un androide también perfectamente conjuntado con su marido, también de traje y con adornos por sus partes visibles, con una apariencia humana que lejos de parecer artificial casi podía pasar por uno. En su estómago tenía una ligera luz, justo en el receptáculo en el que habitaba su pareja. No sabían su nombre, tampoco es que les importara especialmente.

-Starlight, qué placer verte por aquí- comentó, entregándole suavemente la mano. Ella la tomó, no demasiado contenta.

Tras el ligero apretón, observó a Beatrice- Usted debe ser la joven que rescató la general, ¿verdad? La de… ¿Cómo lo llamabais los nativos…?- se quedó pensativo.

-La Tierra, señor. Sí, soy de allí…- murmuró la aludida.

Este asintió, y luego miró a los otros Xaniums- Qué descortés por mi parte. Soy Zormu Kalairi, gobernador de Delta Airei 5 y, desde hace un mes estándar, de… La Tierra- le sonrió afablemente a Beatrice.

Esta no sabía muy bien qué pensar. Según Asmae, él no era más que un cabronazo y un insensible que había esclavizado a los suyos y a la otra especie de su mundo. Era gracioso que ella lo pensara dado que fue la que provocó que un cinco por ciento de los habitantes de aquel mundo, de forma aleatoria, murieran tras recibir disparos de soldados imperiales. Aunque no de forma tan aleatoria para unos casos, gracias a la intervención de Beatrice cuando le pidió que su familia se librara de aquel destino.

De no haber sido por ella, hubieran matado a su prima, Gabrielle Magné, así como a los sobrinos de esta, Johnny y Taelia. Pero no diría nada sobre aquello, no estaba en posición de poder decir algo así, no delante de gente sobre la que la otra quería tener todo el control y poder posible. Le dio, por tanto, la mejor de sus sonrisas.

-Sonríe, señorita Yirowa. No todos los días estas delante de uno de los grandes políticos del Imperio- señaló entonces Starlight, con una sonrisa mordaz.

Este se rio un poco, en cierta medida halagado por esa afirmación- En verdad lo soy. Mi mundo natal es la capital comercial del Imperio, les recuerdo. Al menos sus habitantes- aquella afirmación la rectificó bastante rápido dada la mirada de Barugo.

Al parecer aquel mundo estaba en el extremo norte de la galaxia, alejado de las grandes rutas comerciales. Y pese a ello sus habitantes eran de los mejores mercaderes, estando entre ellos también los grandes traficantes de la galaxia, y que traían de cabeza a la República. Desde que Zormu llegó al poder había aplicado una política de permitirles sus movimientos, y así estos no le molestaban a él.

-Me sorprende que hayas traído a tu sirvienta a esta fiesta, por cierto. ¿Igual no es solo una ama de llaves, sino algo más?- dejó caer, y observó con bastante diversión la mala cara que puso la otra.

Apretó los puños, rabiosa, pero se supo controlar. No era ni el lugar ni el momento adecuados para cercenarle la cabeza, pero esa oportunidad ya llegaría, estaba segura. En su lugar, se limitó a negar con la cabeza.

-En absoluto, ya sabe quién es mi interés sentimental- era obvio, por otro lado. Beatrice, sin embargo, bajó ligeramente el rostro, ligeramente desilusionada con aquella afirmación.

Eso no pasó del todo desapercibido para Zormu, pero como ella alzó la cara en seguida apenas pudo decir o pensar nada. En todo caso la conversación no se iba a quedar ahí.

-Lo sé, pero… nunca está de más divertirse, ¿no crees, esposo?- miró entonces al androide, que asintió despacio.

Beatrice no sabía su nombre, pero le parecía algo descortés preguntarlo. Además, se sentía en una posición inferior a los otros, además de ser una extraña para casi todos.

-Dudo que hayas venido solo a saludar, Zormu- Starlight, cruzándose de brazos. El aludido sonrió un poco, mientras se acariciaba las manos, colocadas al frente.

Asintió- Me pillaste. Precisamente quería robarte por unos minutos a esta joven. No tengo aquí cerca a mis ayudantes, y necesitaba a alguien que me coordinara varias reuniones que hoy he apalabrado- comentó.

La mujer no estaba muy convencida- Puedes hacerlo tú mismo, eso. No es complicado y no sería la primera vez- pero el otro negó.

-Insisto. Jovencita, acompáñeme- esta dudó, miró a Asmae, que frunció los labios y asintió, y se dejó llevar por los otros dos.

Era un insulto para la Xanium, que un político la pudiera mangonear así. Pero no podía dejar salir sus emociones, más adelante sí, pero en esos instantes no. Si quería gobernar era necesario, aún carecía de la capacidad para poder imponerse a los demás pese a sus muchas conquistas, pero contaba con que sus acciones le lograran los suficientes aliados. Al menos entre los militares, pues había dos mundos bien diferenciados: estaban ellos, los Xaniums y demás oficiales, que se manchaban las manos con la sangre del enemigo; y aquellos burócratas que solo gastaban, malversaban y exprimían los recursos del Imperio, gestionando los territorios que ellos tomaban y defendían día a día.

De los Xanium, la que más se postulaba como Emperatriz obviamente era ella, Asmae Starlight; de entre los políticos, la cosa no estaba tan clara. De ahí que ella quería que Beatrice se internara en ellos y aprovechara para sonsacarles información en un momento en el que seguro se iban a ir de la lengua y hablar de más, para así conocer mejor sus intenciones. Lamentablemente esos miserables se le habían adelantado en ese sentido y no soltaron prenda, divirtiéndose a costa de la joven, y que volvió sin apenas nada. Sin embargo, ahora se iba a quedar a solas, seguramente, con uno de los tipos que peor le caían de toda aquella caterva… puede que el balance saliera a su favor.

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Minutos más tarde, Zormu, junto a su esposo y Beatrice, salieron de la sala de fiestas y fueron hacia una parte algo más reservada en la planta inferior, donde se encontraron con otro tipo, el médico personal del político, un tal Dáraman, y que la saludó respetuosamente. Desde luego era mucho más agradable que no el otro, aunque no era una cuestión mutua. Se notó en cuanto se dirigió hacia él, pues aunque lo hizo con términos suaves se notaba un fuerte desprecio hacia el otro. Y sin embargo lo encajó – o al menos en apariencia así fue – con bastante buen talante, lo que era muy bueno de su parte.

Aunque para ella también hubo- Espero que en tu poco tiempo en el Imperio hayas aprendido a usar nuestra tecnología, aunque vuestra limitada mente igual no ayuda- comentó Zormu.

Ella suspiró, pero asintió- La señora Starlight lo hizo, señor- explicó, y el aludido asintió satisfecho.

-Perfecto. Te entregaré una tablet para ello, y te daré los papeles para que me actualices la agenda. Dáraman, ¿lo tienes todo preparado?- este asintió.

Ella aguzó su oído, igual podía saber de algo interesante- Está todo listo en su despacho, señor- satisfecho, Zormu sonrió.

-Perfecto. Iremos hacia allí ahora mismo. ¿Sabe usted conducir, Beatrice?- ella negó.

-Lástima… Hazlo tú, Dáraman. Y esta vez no estrelles el coche, sé que los tuyos son bastante torpes, pero inténtalo- casi lo dijo con un tono jocoso, pero iba claramente con segundas.

Beatrice se sorprendía de la gran sumisión que mostraba el otro, pero no era cosa suya decir nada, limitándose a seguirles hasta la salida. Allí esperaban varios nativos, entre ellos el mismo que pretendía hacer de chofer para Beatrice y Starlight, que fue el primero en acerarse hasta ellos, inclinándose respetuosamente ante el político.

-¿Vuelve a su hotel, señor?- preguntó el chofer, a lo que Zormu negó, limitándose a entregarle un papelito con una dirección. Cuando el otro la vio asintió, y se limitó a ir en dirección a vehículo del político.

Se encaró entonces a Beatrice- No te preocupes, te devolveré con tu ama en cuanto terminemos. ¿De mientras, podrías hablarme de tu mundo? He oído que los de vuestra especie podéis tener unos altos niveles de sumisión, ¿es eso verdad?- preguntó.

La mujer tragó saliva, no sabía muy bien qué decir ante semejante afirmación. Al ver eso, el otro continuó.

-No sé si Starlight te ha contado sobre noticias de tu mundo. Imagino que sí dada tu intervención sobre… bueno, el último golpe de efecto a la población, la verdad es que tras matar a ese pequeño porcentaje del total se calmaron mucho, por eso lo dije- explicó.

Beatrice tuvo algo de ansiedad en ese momento, el solo pensarlo hacía que su estómago se revolviera. Tuvo que hacer acopio de fuerzas para poder hablar normalmente de esos temas.

-Basta… con tenernos alimentados y entretenidos con lo que sea, estaremos contentos. Siempre habrá quienes se quieran revelar, pero… con eso es suficiente, en realidad- Zormu asintió, complacido.

De alguna manera era como si ya lo supiera, pero quería regodearse en su conocimiento. Cuando ella iba a seguir hablando, vio como llegaba por allí un cuadriplaza del estilo que usaron ella y Asmae para llegar. Pero en este solo montaron Zormu y su marido, los otros dos tendrían que ir en otro vehículo, pero no podían llegar antes que los otros dos bajo ningún concepto. Y por supuesto no irían con chofer, tendría que ser Dáraman el que condujera, así que cuando los otros ya habían salido, ellos dos se dirigieron a por el biplaza del médico.

-Démonos prisa. A Zormu no le gusta esperar- iban corriendo hacia allí prácticamente, a ella le costaba dado las prendas y su calzado.

-¿No eres… demasiado servicial para con él?- preguntaba ella, pero el otro pasó de ella.

Se limitó a entregarle un casco, con la forma de sus cabezas y que se amoldaba bastante bien, con una visera de plasma. Aunque ella le preguntaba durante el trayecto, el médico no le respondía. Al inicio pensaba que era por el casco que usaban, pues a lo mejor los micrófonos fallaban por alguna cuestión, pero no era así dado que cuando llegaron, diez minutos más tarde y tras pasar por varios semáforos y una vez cruzadas varias avenidas, este indicó que habían alcanzado el destino.

Se encontraron con un gran edificio, con enormes vidrieras. Los árboles propios de aquel mundo formaban un par de pequeños parques a los lados del camino que conducían al mismo, junto con un par de lagos con varias decenas de grandes peles multicolor – o algo que a Beatrice se le asemejaron a peces – nadando en el mismo. No pudieron pararse mucho a eso pues el androide les esperaba a las puertas del edificio.

-Bienvenidos. Señorita, vaya hasta la mesa que ve en la entrada. Dáraman, ya sabe a dónde ir- pero ella se quedó quieta en el sitio.

Le recordaba bastante al hotel en el que se habían alojado ella y Asmae. Sin embargo era incluso aún más lujoso, con plantas decorativas aquí y allá, totalmente iluminado con la luz natural del exterior, pero sin ningún área oscura pese a ser muy hondo y no tener todas las paredes con amplias cristaleras, incluidas las esquinas. Apenas había movimiento de gente, pero un par de habitantes de aquel mundo estaban en cada una de las puertas a modo de seguratas, con un uniforme impoluto y bien cuadrados, haciendo guardia. Mierda… No iba a poder colarse de ninguna forma.

Dáraman se limitó a asentir y se dirigió derecho hacia una de las puertas, cruzándola en apenas unos segundos. La otra tuvo que ir hacia la mesa, escoltada por el androide, y que comenzaba a darle una grima bastante intensa. Su voz… simplemente no le cuadraba. ¿Y cómo podían estar casados? Es decir, al final era un gas, o eso le había entendido a Asmae, así que… suponía que, como diría Zormu, aún era una paleta de provincias. Al menos tendría la oportunidad de poder memorizar el horario del político, algo era algo.

Se sentó en una de las sillas, con el otro en su frente, colocado como si fuera un maniquí. Ella se intentó concentrar, toqueteando en la pantalla táctil e intentando reconocer lo que ahí ponía. Recordó con pesar que la lengua común de la República no tenía nada que ver con ninguna de las que ella conocía. De hecho apenas sabía escribir ni leer… pero podría usar sus notas. Cuando sacó su móvil, y que sí sabía manejar, el androide lo agarró con violencia.

-¡Oye!- una luz salió de su ojo, escaneando el aparato. En cuanto decidió que no era un aparato peligroso, se lo devolvió.

Se limitó a dejarlo de nuevo en su sitio, recuperando su posición inicial. Era como si lo hubiera hecho por pura programación, como si no fuera consciente de lo que hacía y se limitara a seguir una orden preestablecida. Muchas preguntas se formularon en su mente. Como si el ser vivo que en teoría residía en su estómago controlaba el cuerpo, o si este iba en cierta medida de forma independiente. O siquiera si era consciente de lo que pasaba, dado que estaba tapado por el traje. De hecho se sabía que estaba ahí dado que una suave luz provenía del mismo.

-Esto…- ella decidió entonces hacer una apuesta, a ver qué sucedía. Le tendió la tablet.

-¿Cómo te llamas?- preguntó. Casi le había colocado el aparato en las manos, pero el androide ni se inmutó, de hecho ni movió el rostro.

-Yo… yo me llamo Beatrice Magné, encantada. ¡Su marido es alguien sensacional!- mintió, no lo pensaba, pero quería ver su reacción.

Pero no llegó a pasar nada, no durante los primeros segundos- Zormu es un gran hombre- comentó.

Ella suspiró, rascándose la cabeza algo. Lo siguiente que dijo sí llamó su atención- ¿Ha realizado ya su cometido, señorita Magné? No querría importunar a mi señor- señor, le había llamado señor.

Igual era un tema protocolario, pero a tu esposo le sueles llamar de otra forma. Ella nunca había tenido uno, pero de tenerlo… no le llamaría así. Se referiría a él – o ella, nunca se sabía – como esposo, marido… pero no señor. Era demasiado formal.

-Sí, sí… en ello…- haría una nueva prueba. Mientras hacía una copia como pudo de lo que veía, escribiendo a la vez en la tablet y en el móvil.

No estaba para nada segura de lo que estaba leyendo, tendría que confiar en su conocimiento. Pero lo que iba a probar esperaba que sirviera como contrapeso a los fallos de traducción que seguro que había cometido. Se inventó cuatro eventos con sus respectivas horas, y entonces le tendió el aparato al androide.

-Ya está- anunció, y en seguida lo tomó, mientras se levantaba.

Sin duda veía, al menos lo que es el robot, pero no el supuesto ser vivo de su interior. Si no, hubiera reaccionado a sus acciones previas, no interactuando solo en determinadas situaciones. Además, ni se paró a observar la tablet, confiando – o eso parecía – en el trabajo de ella, que se levantó tras el androide, y que se dirigió hacia el mismo ascensor por el que ascendió Dáraman minutos antes.

Beatrice dudo en qué hacer, y es que no iba a poder subir a ver cómo seguía la cosa en los pisos superiores y así poder continuar espiando. La fortuna le sonrió cuando vio por el rabillo del ojo que, por un lateral, Dáraman cruzaba también la sala. Se limitó a ir dirección a la salida, como si aquello no fuera con ella, manteniendo en su rango de visión al doctor, y que se encaminaba también hacia la salida.

Ella se retrasó lo suficiente para poder quedar detrás de él, pero sin tampoco ser tan evidente como para llamar la atención, manteniendo en todo momento el curso de su movimiento y vigilándole. Notó que salía del edificio pocos segundos antes de que lo hiciera ella, y sabiendo que tendría poco tiempo hasta que vinieran a por ella, tendría que aprovechar de alguna forma la oportunidad.

Suponiendo que sería Dáraman el que la devolviera, tendría que ser rápida: con su móvil comenzó a grabar a ver si veía algo especial, pasando con la cámara la esquina y teniendo un primer plano de él, o eso esperaba. Estaba enredando en la parte trasera del vehículo, tomando grandes maletas y dejándolas en el suelo. Tras dejar unas cuantas dio un chillido dirección al edificio, y varios de los agentes de seguridad se dedicaron a llevar las maletas hacia el interior, por supuesto ella lo grababa todo aunque no sabía qué estaba pasando dada su posición. Igual no era nada, igual simplemente eran cuestiones médicas, o no… Esperaba poder investigarlo mejor.

Permanecía oculta tras la pared, únicamente sacando una parte de la cámara y sin ella mostrar cuerpo para no ser descubierta. En cuanto oyó un motor se retiró y esprintó hasta la puerta, a la que llegó justo cuando la biplaza del otro llegaba hasta ella. Con suerte no la habría visto, o eso deseaba ella, y, sonriéndole, miró hacia el médico cuando este le pasó el mismo casco que ella usó antes.

-Démonos prisa, tengo cuestiones que hacer- comentó él, y ella asintió, aliviándose por dentro. Igual no era nada, pero su intuición le decía que algo pasaba.

Efectivamente, condujo raudo dirección a donde se desarrollaba la fiesta, una vez más sin charlar con Beatrice, aunque ella tampoco se esforzó demasiado en hacerlo dado que intuía que a él no le apetecería, y para tener un monólogo con ella misma prefería tenerlo en su mente, y cavilar sobre lo que habría grabado. Esperaba que se hubiera hecho bien y que se viera algo interesante, y que no fuera un desastre… aunque mínimo tendría su testimonio, esperaba que aquello, en todo caso, complaciera a Starlight. Ya no solo por su bien, es que quería que ella estuviera contenta. Se sentía como una adolescente con semejantes pensamientos.

-Espero que la fiesta te haya gustado- comentó entonces Dáraman. Estaban detenidos a unas pocas decenas de metros del palacio, en un semáforo.

Ella asintió- Lo hizo. Espero poder venir a más- comentó. Ella no lo vio, pero él tamborileó un poco en los mandos de la biplaza con un par de dedos.

-Si me permites un consejo, no tengas miedo de ser tú ante todos esos… bueno, ya me entiendes- en su tono se le notaba cierto… casi se podía decir que odio.

Ella asintió, por primera vez había visto un sentimiento de rechazo hacia aquellos que claramente le veían como algo inferior. Esa misma sensación la tenía para con ella, a decir verdad.

-Gracias…- según llegaban y ella bajaba a tierra, reflexionaba sobre las palabras del médico, que ni se despidió y volvió dirección al edificio de antes. No sabía muy bien qué pensar, había muchas preguntas y casi ninguna respuesta o siquiera pista. No tuvo tiempo ni de devolverle el caso.

Pero seguía teniendo la sensación de que había gato encerrado en todo aquello, y le gustaría poder comprobar esa sensación con la realidad. Tras quitarse el casco comprobó que Asmae se acercaba a ella, con unas llaves en la mano, y le señaló en dirección a donde estaban los vehículos. Suspiró, apenas había llegado que ya volvían a irse, pero se limitó a caminar hacia Star. Se sentía algo como un perrillo que no paraba quieto porque su dueño iba de sitio en sitio. Al menos en esa ocasión estaría más segura junto a Asmae, con la que se juntó mientras iban en esa dirección.

-Estaremos junto a Barugo y Shamarya en nuestro cuarto del hotel, espero que no te importe que estemos con ellos- pero Beatrice negó.

-Está bien, aunque no tengo demasiado que contar… solo algunas sensaciones- Starlight la miró entonces.

-Ya mejorarás, supongo que apenas pudiste ver nada en la guarida de ese capullo- la otra suspiró y asintió.

Se limitaron a seguir andando hasta que llegaron al cuadriplaza de la Xanium, donde estaban charlando los otros dos, entrando sin más al aparato, con Asmae conduciendo, Beatrice de copiloto, y Shamarya y Barugo detrás de estas, respectivamente. La primera no se atrevió a decir nada hasta que no estuvieron lejos del palacio, con el suave sonido del tráfico exterior para romper el silencio que reinaba dentro del aparato, rato que aprovechó Beatrice para visualizar el vídeo.

-¡Que mal me caen, joder! ¡Les cortaría el cuello a todos esos chupatintas!- golpeó con hastío los mandos, aunque en ningún momento perdió el manejo del aparato.

Shamarya se rio un poco, mientras negaba con los brazos cruzados- Me sorprende que no sacaras la espada de luz y te dedicaras a cercenar cabezas- murmuró, pero Barugo saltó entonces.

-Lo que tienes que hacer es controlarte, como hoy. Aún recuerdo lo que pasó en la última gran reunión, que casi matas a alguien- Beatrice la miró con cierta alarma.

Sin embargo la otra le restó importancia- Fue necesario dar ese golpe en la mesa. Estaban menospreciando nuestro trabajo, ¡el del ejercito! ¡Y de no ser por mí, ahora no estaríamos aquí, joder! Qué coño, ¡de no ser por nosotros tres, que fuimos los que nos la jugamos, el Imperio no sería NADA!- gruñó, se notaba su enfado en la voz.

-¡Nosotros dimos poder a esos sistemas, y nos lo agradecen intentando limitar nuestra capacidad de decisión y poder dentro del Imperio, y eso no lo podía permitir, coño! ¡Yo podría haber tomado el poder ya, estoy segura, pero fuiste tú, Barugo, el que me convenció para hacerlo así!- este asintió.

Beatrice atendía a todo, era muy interesante. Cuando ella se ponía en ese estado, por su boca solo salían verdades y su forma de pensar real- Tengo poder más que de sobra para plantarme mañana en Alfa Leoni 1 y matar a la gilipollas de la Presidente y ser emperatriz…- se dejó caer en el asiento un poco, mientras apretaba los mandos, frunciendo el ceño.

Bea se pensó si posar una mano en su muslo, de reojo miró a los otros dos, que se limitaban a mirar por las ventanas. Se atrevió a hacerlo, y acarició suavemente la pierna de la otra para darle ánimos, que se limitó a medio sonreír mientras apoyaba la mano izquierda en su puerta, manejando el vehículo con la derecha. Sin embargo la retiró deprisa, no fuera a ser descubierta con ello… y para su molestia, se encontró con el pecho encabritado y la respiración algo acelerada.

Se acordó entonces de su móvil, estaba tan nerviosa que ni recordó que lo tenía guardado en un pequeño bolsito del traje, y cuando lo sacó, comenzó a rebuscar en él. Asmae estaba costumbrada a ese aparato, no así los otros dos, que se sorprendieron al verlo.

-Es como una mini tablet…- comentó Shamarya, y Bea asintió.

-Y puede grabar vídeo. Le hice uno a… no recuerdo el nombre, ¿el médico de Zormu?- sería Barugo el que respondiera.

-Dáraman- y la chica asintió. Cuando lo hubo encontrado, lo reprodujo, aumentando el brillo de la pantalla al máximo para poder verla correctamente.

-¿Descubriste algo de valor?- preguntó Asmae, se estaban acercando bastante al hotel en el que estaban residiendo.

Aunque seguramente lo abandonaran al día siguiente, volviendo a su vida común de guerrear en diversos sistemas. Beatrice casi prefería eso a no el politiqueo de ese día, la verdad, pero no se paró a pensar sobre eso, y se limitó a responder.

-No demasiado. No tengo demasiadas pruebas de nada, pero mi sexto sentido me dice que algo pasa entre Zormu, Dáraman y el marido de Zormu. Sigo sin saber cómo se llama…- Starlight suspiró.

-De hecho creo que pocos lo saben, es bastante reservado… me da muy mala espina- comentó, y Barugo se inclinó hacia adelante, apoyándose en el asiento de Beatrice.

-Lo son, los dos. Apenas se les ve en público juntos, hoy ha sido de esas pocas veces. Aunque en general entre los políticos suele ser así, de todas formas- Shamarya intervino.

-Pero su caso es especial. Se casaron muy deprisa, y con una especie…. rara. Son gases, literalmente- eso era lo que más le extrañaba a Beatrice.

-¿Pero cómo se va a casar con un… gas? ¿Y cómo se sabe que algo así está vivo, siquiera? Es raro de cojones- comentó.

La otra Xanium intervino entonces- En la galaxia, la mayoría de la vida es como nos ves a nosotros. Pero hay unas pocas especies que son… diferentes. Entre ellas, las de ese gas, o eso afirma Zormu. No se ha llegado a estudiar, él se ha negado y tampoco dice de qué sistema viene. Es el único miembro conocido de la especie, y hay muchas dudas en la comunidad científica al respecto. Pero claro, no puedes decir nada delante de ellos…- explicó Shamarya.

-El único que ha podido hacer algo al respecto es Dáraman, el médico de confianza de Zormu. Al parecer les presentó, no sé cómo. Pero él tampoco suelta prenda al respecto- añadió.

Beatrice tamborileó con los dedos entonces- Pues no andáis muy desencaminados. El androide que le sirve como cuerpo… actuaba raro, como si estuviera programado mal o algo. No soy una experta, pero se nota que falla- se acarició el cuello, pensativa.

Asmae la miró, estaban entrando en ese momento en el aparcamiento del hotel- Es posible que… bueno, que no quisiera realmente a su marido, dado que le llamó señor. No sé si me explico- pero los otros asintieron.

-Hablaremos de eso en la habitación. Vamos- bajaron del cuadriplaza, y se dirigieron rápidamente hasta el cuarto de las dos, subiendo por el ascensor cuántico sin llegar a hablar de nada más relevante que el buen tiempo del planeta mientras andaban por la entrada, haciendo así un ligero paripé.

Las cosas cambiaron radicalmente cuando entraron a la habitación, y que cerraron con llave. Starlight se quitó la ropa casi sin siquiera taparse mientras los otros dos se acomodaban en torno a la mesita que tenían, colocando sillas a su alrededor, estando Beatrice embobada mirando el fuerte cuerpo de la Xanium. Duró apenas unos instantes ya que fue directa al baño para allí ponerse cómoda, entendiendo rápido que la otra se encontraba casi entre hermanos estando los otros dos delante.

Cuando salió se los encontró esperándola, con Star en una suerte de chándal negro, mientras ella tenía unos vaqueros con camiseta de manga corta de un dibujo animado de su infancia, un polluelo amarillo y cabezón de ojos azules. Por suerte pudo pasar por casa a por sus cosas, de no haber podido tendría que haber compartido ropa con Asmae, cosa que en realidad no le hubiera importado, dado que compartían talla.

-¿Nos enseñas el vídeo, entonces? Necesitamos ver lo más posible- Star extendió su mano para tomar el móvil de la otra, que se lo entregó.

-Si das un toquecito con el dedo en la esquina inferior izquierda, en el triángulo que mira a la derecha, se reproducirá- la otra así hizo.

Se sentó junto a ellos, mientras se inclinaban a ver el vídeo. No aparecía demasiado, aunque estaba bien enfocado no podían apreciar bien qué pasaba, pero Bea les iba explicando.

-Creo que estaban llevando algo importante, me fijé en que las maletas eran bastante grandes, tenían aspecto de pesadas. De hecho, ahí se aprecia, necesitó de varios para que le ayudaran a llevarlo todo. Imagino que querrán estar allí una temporada- los demás miraban con interés.

El vídeo no era muy largo, pero el testimonio de ella sí que era valioso- El caso es que parecía tener prisa, como si no quisiera tardar, o que alguien le viera. Está constantemente mirando a los lados…- comentó Barugo, señalando a Dáraman.

-Habrá que tenerle bajo vigilancia… Buen trabajo, Bea- le sonrió entonces, mientras le devolvía el aparato.

Sin embargo Shamarya lo tomó antes, mientras, concentrada, observaba la pantalla- ¿Se puede retrasar de alguna forma?- preguntó, la chica la ayudó entonces.

Señaló entonces al vehículo del médico- Aquí, mirad… entre todas las maletas se puede ver algo… a ver… ¡aquí!- lo paró entonces.

En aquel mínimo lapso entre fotograma y fotograma se pudo apreció un gran tubo azul pero que era tapado por el cuerpo del médico. Aunque Beatrice no sabía muy bien qué era, no así Starlight, que dio un golpe en la mesa.

-¡Es líquido de conservación, y de largo plazo! ¿Para qué necesitará algo así…?- murmuró.

-¿Para qué sirve?- preguntó Beatrice, sin entender nada. Barugo sería el que lo explicara.

-Sirve para poder tener en buen estado partes enteras del cuerpo de un ser vivo durante largos periodos de tiempo. Un corazón puede llegar a aguantar años a temperatura ambiente si está en ese líquido, y… siendo él médico, puede conseguirlo en grandes cantidades bastante fácilmente- Beatrice se sorprendió mucho.

-Y sirve también para partes mecánicas cuando hay que ensamblarlo en un ser vivo, si no se podrían estropear o no ser aptos para trasplante…- explicó, y Beatrice se acarició algo la barbilla.

-¿Creéis que pueda ser por el marido, para tenerlo bien cuidado? Al final no sería raro que fuera el médico personal de ambos- dijo ella, y Shamarya asintió.

-Es posible. ¿Qué hacemos, Star? ¿Vas a investigar eso?- y esta asintió.

-Sin ninguna duda, yo siempre voy a tener bajo mi mira a ese cabronazo- miró a Beatrice y le sonrió.

-Buen trabajo, lo has hecho bien. Es poco, pero algo podremos sacar- Barugo se echó atrás mientras la chica guardaba su teléfono.

Mientras, Starlight se levantaba e iba a buscar entre sus cosas, y sacó lo que a Bea le recordó a unas cartas, y, tras dejarla en la mesa, se disculpó para salir por la puerta.

-¿A dónde va?- preguntó Bea, mientras Shamarya sacaba las cartas y las repartía hábilmente.

-A por un licor. Siempre que jugamos le gusta beber, y hoy es de las pocas veces que podremos estar todos juntos. Luego cada quien irá a un frente y no podremos vernos en… bueno, a saber- explicaba.

-Vamos a jugar a Rua-Jish. Es fácil, consiste en, con las cartas que tienes en mano, apostar si están relacionadas con las que habrá en la mesa. A más cerca te quedes, más opciones de ganar tendrás, pero es más fácil verlo que no explicarlo- Beatrice, efectivamente, no se había enterado muy bien.

Colocaron entonces cinco cartas bocabajo en la mesa, le entregó otras cinco a cada una, y ella las suyas las colocó para que Bea pudieras verlas, cosa que ella hizo.

-Fíjate en el símbolo de cada una, hay cuatro: círculo, cuadrado, triángulo y rombo. Cada uno van numerados de 1 a 9, y luego tienes las llamadas especiales, que son estas- les mostró un total de cinco.

Había una especie de caballo con fuego a su alrededor; dos espadas de luz cruzadas; una gran hoja púrpura, y que al parecer era propia de una especie de Asmara; un cometa, y, finalmente, una con la imagen de una tormenta en la que caían rayos.

-Cada una tiene una función: el sharión – aquel caballo de fuego – te permite robar una carta a cualquiera. Con las espadas, "luchas" con el otro, usando unos dados para determinar la suerte. Con la hoja, puedes subir o bajar el número de una carta, mientras que con el rayo puedes impedir que alguien se mueva en ese turno- señaló entonces la carta del cometa.

-Esta es la mejor: puedes cambiar cartas con el mazo principal, la que tú quieras, y, al contrario que las otras, solo hay una en todo el juego. Puede no salirle a nadie, de hecho, y que aparezca aquí, en la mesa. ¿Lo has entendido?- Beatrice asintió, despacio.

Poco después llegó Asmae, con varias botellas con licores y otros tantos vasos y una hielera. Sonreía, y dejó todo en la mesa- ¿Listos? Hoy nos lo pasaremos bien, ya mañana seguiremos con estas mierdas- y empezó a servirse.

Barugo rodó los ojos y Shamarya se rio con fuerza, mientras Beatrice se limitaba a dejarse invitar por la mujer, y que se sentó con los demás. Efectivamente, se lo pasaría bien ese día, puede que fuera la última oportunidad de hacerlo….

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.