Código Galaxy
Capítulo 18
Hace 4 años...
La conmoción fue generalizada. Los medios de información no paraban de relatar por todas las redes el feroz discurso de la más poderosa de los Xaniums, un discurso de guerra que exaltó a unos, asustó a otros, y que provocó una ola imparable a lo largo y ancho de, primero Asmara, y luego la totalidad de la galaxia. En pocas horas estaría en las pantallas de hasta los garitos más recónditos de los planetas más alejados de la República, y ese era el deseo de Starlight. De ahí que hubiera sido especialmente incendiaria, aunque no había dicho nada que no pensara o deseara.
-¡Ha sido increíble! -estalló Laura, sonriendo- ¡Has logrado levantarlos a todos, podremos lograrlo esta misma noche!
La aludida sonrió complacida, y abrazó a la otra, a la que casi podría llamar hermana. Notó que no estaban allí los otros tres, y su ceño se frunció ligeramente.
-¿Y los demás?
Laura suspiró pesadamente.
-Shamarya dijo que iría tras ellos, no sé a dónde fueron -afirmó, luego bajó el rostro- Sin embargo, no… no parecían muy dispuestos a esto, maestra.
La mujer negó con vehemencia.
-Tonterías, vendrán con nosotros también -luego le sonrió un poco-. Venga, vamos adentro, tomaremos nuestras cosas e iremos a apoyar a los que ya están en el Congreso.
Mientras ellas hablaban, efectivamente Seriel, Asmeya y Shamarya se habían alejado un poco. Esta última permanecía a lo lejos, no se ocultaba pero tampoco quería ser demasiado evidente, pues los otros dos caminaban deprisa hacia el vehículo de él, como si tuvieran algún tipo de prisa. Cuando vio que entraba dio una voz para llamar su atención, el hombre gruñó un poco y entonces la encaró.
-¿A dónde vais? -preguntaba Shamarya sin entender- La diversión está a punto de comenzar…
El hombre le sonrió.
-Bueno, recordé que… tengo que recoger algunas cosas del piso.
La otra le miró con diversión.
-Vaya excusa tan mala… ¿No quieres venir, verdad? -ante esa pregunta el otro tragó saliva- Lástima… podrías haber sido un aliado poderoso para nuestra causa, pero será mejor que no te metas en esto… ni que ayudes a los republicanos.
Los ojos de ella brillaron ligeramente y de forma peligrosa, como los de un lykaris a punto de saltar a por su pequeña presa. Pero esa mirada amenazante no amedrentó al otro, que negó.
-Esto es una locura, Shamarya, ¿es que no lo ves? -le inquirió él- ¡Vais a provocar una guerra, si es que no lo está ya!
Pero la otra chasqueó la lengua.
-No tiene sentido seguir con esta conversación… me decepcionas, Seriel -le espetó ella-. Por nuestra vieja amistad no levantaré mi arma contra tí… por ahora.
El aludido asintió, mientras una asustada Asmeya no sabía bien dónde meterse. Shamarya la miró, y le tendió la mano suavemente.
-Ven conmigo, Asme… Tu hermana cuidará mejor de ti -le sonrió suavemente-. Seriel no podrá protegerte como nosotros…
Este vio por dónde iban las cosas, y entonces llevó a cabo una jugada arriesgada. Con una mano tiró a la otra con su energía varios metros, se metió en su vehículo y lo arrancó, arramplando con todo lo que tenía delante, y saliendo volando dirección a la base republicana de la que venían. A Shamarya no le dio tiempo a intentar impedir nada, de todas formas poco podría haber hecho más allá de colocarles paredes de energía… gruñendo, volvió con su amiga, esa jugada sucia… sonrió, la había aprendido de ella, en realidad.
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Puck ya estaba reunido con varios oficiales republicanos en la sala de juntas, así como todos los Xaniums presentes en la base, sus aprendices, y los soldados de a pie que participaron en aquella escaramuza. El gran Maestro escuchaba a una muy indignada Presidenta Dala hablar por una de las pantallas, estaban en directo en esos momentos junto a todo el Consejo de Gobierno de la República, reunido en sesión extraordinaria por… bueno, las duras palabras de uno de ellos.
-¡Esto es altamente irregular, Maestro! ¡¿Cómo pudo tener sin controlar a esa mujer?!
El aludido escuchaba atentamente a la política, que dio un golpe de rabia en la mesa. Antes de que pudiera seguir, su vicepresidente habló. Se trataba de un individuo de la misma especie que el propio Puck, solo que su pelo era platino y sus ojos eran verdosos, se le notaba bastante más viejo.
-Da igual eso ahora, lo importante es controlarla -Lambaris, así se llamaba, tenía un tono suave y sosegado-. A día de hoy, ¿cuáles son sus opciones de victoria?
Puck miró a uno de los oficiales, un coronel, que le tendió una tablet. La revisó durante unos segundos, moviéndose por su interfaz rápidamente, deslizando con los dedos, hasta dar con el punto.
-Según nuestros informes, potencialmente podrían contar con un tercio de las fuerzas, como mínimo -se rascó algo la barbilla, pensativo-. En el peor de los casos podrían contar con la mitad de las fuerzas de la República, lo que llevaría sin ninguna duda a un conflicto armado… si logran tomar el Congreso.
-Desde el Congreso podrían hacer muchas cosas, sí… -comentó en un murmullo la Presidenta- ¡Decidido, pues! ¡Defenderemos ese edificio a capa y espada, NO DEBEN ENTRAR!
Dando por finalizada la reunión, la mujer cortó comunicaciones. No podía verles en esos momentos, pero Puck sabía bien que lo más seguro es que estuvieran huyendo en esos momentos, ya sea a la zona más segura de las instalaciones, o directamente escapando a sus mansiones. Suspirando, se levantó.
-Me someteré a ustedes, oficiales -comentó Puck, levantándose-. Los Xaniums nos pondremos a sus órdenes para aquello que suceda durante las próximas horas.
Los aludidos se miraron, algo nerviosos. Si bien esos guerreros tenían una férrea disciplina, no estaban acostumbrados a la militar. Además, no veían a según quién bajo las órdenes de alguien sin poderes, y si encima era verdad todo eso de los clones… eventualmente era posible que fueran sustituidos, o simplemente relegados a puestos inferiores en el ejército. En todo caso era una situación muy muy delicada.
-¿Seguro, Maestro Puck? Ustedes no están para la guerra, sois hombres y mujeres de paz -comentó uno de ellos-. Deje esto a los profesionales, no tienen formación militar de ningún tipo.
Se trataba del general Kamarión, de los más importantes y con poder dentro de la cúpula del ejercito. Ya tenía casi 100 años, lo habitual para un humano, pronto se retiraría pero le quedaría un par de décadas para poder disfrutar de sus bisnietos con bastante salud. Eso si no fallecía en el transcurso de esos eventos, claro está. Su piel blanquecina empezaba a arrugarse y su pelo cano estaba bien peinado a un lado.
-Cierto, pero sabemos usar la espada de luz como nadie… y Asmae Starlight podría, ella sola, terminar con todo un pelotón de vuestros soldados sin despeinarse -comentó Puck-. Déjeme aconsejarle, al menos, que seamos nosotros los que sofoquemos esta revuelta.
El otro suspiró pesadamente.
-Maestro, sabe usted que respeto su sabiduría -comentó-, pero no puedo no intervenir en esto. Entiéndalo.
Kamarión se levantó junto a los demás oficiales, que mostraron su respeto por el Maestro, y salieron de allí, dejándole solo con sus compañeros Xanium y los aprendices.
-Es un jodido problemón, este… -gruñía una de las Lakyos, Alione Sekira- ¿Qué haremos, maestro? ¿Obedecer o no?
Pese a ser sólo una aprendiz siempre había sido bastante cercana hasta con grandes como lo era Puck, a los que ella les caía en bastante gracia.
-Permaneceremos preparados y cerca del Congreso -dijo, mientras se levantaba también-. Como dije, será una matanza… pero no nos podemos interponer salvo con orden directa. Técnicamente necesitaríamos muchos permisos, pero me parece que, si nos saltamos la ley esta vez, se entenderá…
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Durante ese rato, Seriel condujo hasta las cercanías del Congreso. Ya se estaban preparando para el más que seguro ataque de Star, de hecho les apuntaron varios soldados con sus armas en cuanto les vieron, tuvo que sacar su rostro por una de las ventanillas para que no les acribillaran nada más bajar.
-¡Llamad al que esté al mando! -ordenó, los soldados se miraron entre ellos- ¡Rápido, joder!
Según bajaba, junto a Asmeya, comprobó que no paraban de ir y venir agentes de seguridad, políticos, y varios Xanium, preparándose para lo que venía. Se dio cuenta que habían varias mesas en el medio de la explanada, precisamente allí distinguió a Rictania, la jefa de seguridad, junto a la que estaba Daya. La joven suspiró aliviada al comprobar que estaba bien, y se limitó a seguir al mayor, y que ni esperó a que nadie le diera permiso de algún tipo y se encaminó hacia ellos.
-¿Podré contar contigo, Asmeya? -preguntó él- Porque esto se pondrá peligroso.
La aludida asintió.
-Sí, bueno… no me hace especial gracia… -murmuró- Tendremos que parar a mi hermana, ¿verdad?
A eso el otro asintió.
-Por desgracia, sí…
En cuanto les oyó llegar, Daya alzó el rostro y se acercó a su amiga, a la que abrazó efusivamente. Rictania le estrechó la mano a Seriel, invitándole a ir con ellos hasta la mesa, donde también estaba Alione, junto a varios más. También estaban un par de generales, entre ellos Kamarión, y que no dejaba de hablar por un micrófono, dando constantes instrucciones.
-Vamos a formar un cinturón de seguridad -explicaba Rictania-, un total de tres de hecho. Todos estarán conectados y los efectivos se moverán entre ellos, yo estaré entre ellos para parar a los que vengan, pero la idea es que, si entran, se encuentren con la resistencia más intensa ya dentro de los laberintos del Congreso.
Seriel habló entonces.
-¿No sería mejor que tú estuvieras dentro? Conoces mejor las instalaciones que nadie.
Pero la aludida negó.
-Cierto, pero precisamente por eso. Soy la jefa de seguridad de estas instalaciones -explicó-. Tengo que estar al frente en esto, y ser su primera defensa. Puedo confiar en vuestra buena praxis.
El hombre suspiró un poco.
-¿Los demás dónde estaremos?
Ella comenzó a pasar el índice a lo largo del mapa.
-Seriel, tú y Alione estaréis en la parte más profunda, en la Cámara. Allí podréis usar bien vuestros poderes -explicó-. Asmeya y Puck estarán en la entrada, seguramente puedan llegar allí con relativa solvencia.
Los aludidos iban asintiendo.
-Los demás estarán por los pasillos, habrán también varios soldados bien armados. Mientras no entren, todo irá bien…
Una vez que hubieron decidido todo aquello, se empezaron a colocar cada uno en sus posiciones. Seriel no habló en ningún momento hasta que estuvo a solas con la joven, no la miraba pero sabía bien el rostro de circunstancias en esos momentos.
-¿Estás lista? -preguntó- Lo más seguro es que tengas que atacarla.
Ella suspiró.
-No demasiado… No quiero tener que hacerle daño…
El otro solo calló durante unos segundos, pensando en cómo decir lo que pensaba.
-No sé en qué momento pasó, pero el caso es que ha sucedido -dijo-, y ella ha cambiado profundamente….
Asmeya asintió, mientras se rascaba algo la nuca.
-Vas a tener que actuar -rebuscó entre su ropa durante unos instantes, y suspiró- Luego te daré una cosa, quiero que la conserves.
La adolescente le miró con cierto interés.
-¿El qué? -preguntó- ¿No lo tienes encima o algo?
Seriel le sonrió un poco, en esos momentos llegaron con Puck, y que subió al hombro de la chica, con la que se ocultó tras unas puertas, dejando que los otros Xaniums fueran a sus respectivas posiciones. No tardaron demasiado en escuchar jaleo en el exterior…
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Efectivamente, en torno al Congreso de la República ya se habían formado varios círculos de seguridad. Soldados fuertemente armados vestidos con sus trajes negros, bien protegidos por duras protecciones y escudos de energía que les permitirían incluso estar en el espacio, en sus antebrazos contaban con escudos de luz, así como armas L-400 y L-500. Desde luego no iban a tener reparos en matar a quien fuera… Además, tenían grandes furgones con los cuales habían formado barricadas y áreas mejor defendidas aún, a cualquiera le costaría poder pasar por ahí. Aquellas defensas no habían sido penetradas nunca en su historia... pero eso era porque no habían intervenido los Xanium.
De los que estaban con ellos irían un total de 10, todos los aprendices Lakyos - incluida Laura - se quedarían en retaguardia y serían los primeros en ir hacia el punto de salida hasta Delta Airei 5.
Shamarya había estado moviéndose por las calles de la capital, saltando de plataforma en plataforma con gran agilidad, llegando en pocos minutos desde la base en la que estaban parapetados hasta el gran edificio. Sabían que no se atreverían a ir primero a por ellos, no durante un par de horas hasta que aseguraban el área, por eso aprovecharían ese pequeño intervalo. Claro que Starlight había ordenado que les dejaran prepararse bien, quería dar un gran golpe de efecto: que ella sola podía hacerse cargo de toda esa seguridad.
Se había colocado en una zona recogida entre dos edificios, sobre una plataforma de energía de apenas un metro por un metro, recostada sobre ella y con los ojos fijos en esa dirección, usando unos binoculares para poder ver mejor acoplados al ojo, a modo de lentillas. Podía ver en alta resolución incluso a varios centenares de kilómetros igual que si estuviera a unos pocos metros, lo cual permitía observar a larga distancia desde la seguridad de una zona amiga. Iba hablando por su transmisor, siempre con el oído alerta por si escuchaba algo que fuera a atacarla de alguna forma. En ello pensaba cuando la voz de Starlight le llegó.
-¿Cómo están las cosas?
Shamarya suspiró algo.
-Hay muchos, te va a costar… -murmuró ella- ¿Segura que no vas a querer el apoyo de Barugo? Él puede usar su súper sprint para abrir una apertura.
Asmae suspiró suavemente.
-No hará falta, me abriré camino -aseguró-. Estad atentos de todas formas, que los velocistas estén preparados para ir tras de mi, cuando os lo indique avanzad.
Esa simple orden hizo que la otra sonriera algo. Había llegado el momento, desde ahí ella sería el ojo desde el cielo, podría verlo todo y dar instrucciones, y seguramente habría unos cuantos más haciendo lo mismo. No solo Xaniums, también soldados de la República y que estaban con ellos.
Mientras, la mujer había tomado su espada de luz, se había colocado un traje de combate, y se dirigía comandando la pequeña procesión de deslizadores blindados, a los que dejó rápidamente atrás pues eran demasiado lentos. Ella se adelantaría y, como le dijo a la otra, abriría camino hasta donde hiciera falta. Cuando comenzaron a salir de la base se encontraron que la gente, que hasta entonces había ido y venido por la calle, poco a poco desaparecía y eran sustituidos por miembros de los cuerpos de seguridad locales, pero que no se atrevieron a intentar detenerles, no contaban con los medios ni el tiempo para ello; además, Star en cuanto pudo aceleró lo suficiente para llegar en muy poco tiempo hasta las cercanías del Congreso, dando un derrape para frenar, quedando en paralelo a las instalaciones.
Se bajó sin dificultades, sabiéndose observada por todos los soldados, que la apuntaron en cuanto la vieron. Star se preparó entonces, sacó su espada de luz, y comenzó a avanzar andando a un ritmo suave pero sin dudar, con los primeros aerodeslizadores de su equipo dejándose ver al fondo. En cuanto cruzó una línea imaginaria comenzaron los disparos, y ella no dudó: movió su espada a toda velocidad, deteniendo los haces de luz, y siguió avanzando mientras se preparaba para su primer movimiento ofensivo. Con su brazo libre hizo un rápido movimiento e hizo que varios de los soldados se apuntaran entre ellos, matándose en el acto. Aprovechando la conmoción, ella hizo que del suelo emergieran unas lanzas de roca, que les ensartó.
Comprobó que, lejos de asustarse, los demás soldados de a pie se movían en torno a los círculos, y, una vez se recolocaron en torno a ella comenzaron a disparar; los más cercanos a ella estaban tirados contra el suelo, mientras la segunda línea estaba arrodillada, haciendo así que sus disparos no pudieran hacer fuego amigo. Starlight no se dejó amedrentar por eso y procedió a acelerar el paso, comenzando a correr hacia ellos con su espada desviando los láseres que iban directamente hacia ella hasta llegar a los primeros furgones. El suave olor de la carne calcinada comenzó a llegar a su nariz entonces, y sonriendo, se preparó.
Su energía la comenzó a rodear, y de un salto, se colocó sobre uno de los furgones. En cuanto posó sus pies sobre la chapa metálica volvió a recibir sobre ella la lluvia de disparos, pero notó que la cadencia fue ligeramente a menos. Fue entonces que escuchó la voz de uno de sus compañeros en la radio de su casco.
-Va alguien hacia ti, no puedo identificar quién.
Ella asintió, se dejó caer hasta el suelo, y comprobó que, efectivamente, ante ella había uno de sus compañeros Xanium. Por su constitución debía ser una mujer, no le hizo falta ver su rostro para saber quién era, sus andares la delataban. Además, su energía era imposible de confundir. Asmae sería la primera en hablar.
-Rictania, la más vieja de nosotros… ¿cuántos siglos a tus espaldas?
La otra se limitó a mostrar su espada de luz, colocándola a un lado, en posición relajada pero lista para atacar o defenderse en cualquier momento, por veloz que fueran las reacciones de su oponente. Sin duda era una espadachina envidiable.
-Los bastantes para saber que esto es una mala idea -comentó-. Ríndete, Star. Somos más y mejor armados, por poderosa que seas no podrás con todos ellos… ni contra mí
La otra no llegó a responder. Era verdad que nunca había combatido contra la otra, de hecho casi nadie lo había hecho dado que no se la veía más allá de andar siempre por las cercanías de aquel edificio, protegiendo a sus ocupantes. Solo los que tenían la suerte - o desgracia, según se viera - de ser sus alumnos podían decir cómo era ella como Xanium. Lo que sí era sabido es que era muy buena con la espada, y una experta en el combate con los muros de energía.
-No puedo rendirme…
Ante esas palabras, que claramente las llevarían a combatir, la otra se limitó a suspirar. Tras reafirmar su posición, Rictania vio como Starlight se lanzaba a por ella, y recibió su primer ataque con bastante facilidad, deteniendo la hoja de la otra, que soltó chispas doradas cuando comenzaron a mover los láseres. Volvieron a hacer rápidos y precisos movimientos para cercenar los miembros de la oponente, pero interponían a su vez su arma, o retrocedían lo bastante para esquivar el golpe, o hacían que la otra se desliazara hacia un lateral por un golpe de energía, y que si la desestabilizaba lo bastante podría incluso hacerle un golpe muy contundente, si no recibir un gran corte en el cuerpo.
Estuvieron intercambiando golpes durante dos interminables minutos para ambas. A Rictania le sorprendía la fuerza de la otra, así como la velocidad de sus tajos, y que hacían que se esforzara bastante, en uno de los combates más duros de los últimos años. Para Star, era sorprendente la habilidad de la otra, rara vez nadie le aguantaba tanto rato en combate, y eso era bastante remarcable. En todo caso estaba dispuesta a que eso terminara en seguida. De un fuerte empujón le tiró contra los soldados que tenían al fondo, lo hizo con tanta potencia que logró hacer de Rictania una especie de bola de billar, derribando a unos cuantos de los soldados.
Corrió a toda velocidad hacia ellos, espada aún en mano, y entonces detuvo como pudo los láseres que llegaron hasta ella, pues aunque tiró a varios de los soldados aún quedaban muchos en pie. Con su energía levantó desde el suelo una roca lo bastante grande como para refugiarse tras ella. Mientras volvían a disparar contra ella con todo lo que tenían, miró hacia atrás unos segundos y comprobó que un par de estelas se veía, una por lado, y tras estas venían siete Xanium más corriendo, ya con espadas de luz preparadas. Ella gruñó, no había pedido ayuda, pero debía reconocer cuándo estaba en una situación desventajosa.
Segundos más tarde, los soldados republicanos pasaron de centrar todo su fuego en ella a dividirlo en un frente mucho más amplio con muchos más enemigos, lo que le facilitaría a Starlight bastante el poder avanzar. Pasó por delante de la roca que había usado para parapetarse, y comprobó que Rictania ya luchaba contra los dos Xanium con súper sprint que habían pasado instantes antes cerca de ella.
Pese a su gran velocidad la mujer les hacía frente con cierta solvencia, pues cuando dejaban de usar su poder especial tenían un cierto periodo de tiempo hasta que podían volver a luchar como de costumbre, contando además con un lapso límite a partir del cual no podrían volver a usar sus poderes en un plazo mucho más largo de tiempo que el que tendrían de no haber alcanzado del tirón ese máximo absoluto.
Durante los siguientes minutos, la batalla campal fue a más. Pese a que de primeras los poderes de los Xanium rebeldes pudiera parecer que les haría la batalla muy sencilla, del lado de la República había también varios de aquellos nobles soldados, así como equipos de élite y que no tenían nada que envidiar a ninguno de ellos en cuanto a capacidad de combate. Sabiendo que la retaguardia estaba bien cuidada por sus compañeros, y rodeada de múltiples combates, la mujer siguió adelante, solo detenida por algunos soldados y que dispararon con todo lo que tenía, sin demasiado éxito dado que ella detuvo sus láseres con su espada, atravesando los cuerpos con la misma facilidad que si tuviera delante únicamente el aire.
Una vez se deshizo de esos estorbos, la mujer fue corriendo hacia el interior del edificio, donde esperaba tomar el poder. Pero sabía que Rictania y los otros cinco o seis Xaniums del bando republicano no serían los únicos, ni tampoco los que estaban fuera como soldados. Allí estaba la flor y nata de la República, pero ella se enfrentaría a ellos sin dudarlo. Oyó unos pasos y entonces vio al pequeño Maestro Puck andando por allí. Junto a él, una joven Asmeya estaba también ya con su arma preparada, en el caso de ella tenía una L-500 en las manos, el otro tenía una espada de luz.
-Únete a mi, Asmeya -ofreció Star-, y juntas gobernaremos en la galaxia, como hermanas, junto a Seriel.
Star adelantó la mano, pero su hermana frunció algo el ceño, y poco a poco le fue apuntando con su arma. Asmae se retiró el casco, lo tiró a un lado, y le miró a la otra directamente a los ojos. Puck, sabiendo por dónde iría, hizo que del suelo brotaran cuchillas, lo que hizo que ella diera unos pasos atrás.
-¡No te metas en esto, Puck! -le gritó- ¡Esto es entre ella y yo!
El otro sólo saltó contra ella, espada de luz en mano, y lanzó varios cortes rápidos. La mujer los detuvo, pero tuvo que esquivar unos disparos provenientes de su hermana, cosa que no vio venir en cualquier momento. La rabia la invadió entonces, y un fuerte tirón de energía salió de su cuerpo, lanzando a Puck. Sin embargo este se apoyó en una pared, se impulsó, y fue de nuevo hacia ella. Star levantó ante ella una pared de cemento desde el suelo contra el que se estrelló el Maestro, pero se colocó sobre el mismo aprovechando la ligera inclinación del mismo. Asmeya se movía a lo largo de la sala de entrada, intentando apuntar contra su hermana, pero sin llegar a darle en zona vital en ningún momento.
-Hermana… ¿por qué haces esto? -inquirió- ¡No tiene sentido! ¡¿Es que no oíste mis palabras?!
Ella iba a seguir pero fue interrumpida por Puck.
-Precisamente debemos pararte por esto, Star -le espetó este, colocándose delante-. Lo haré aquí y ahora.
La aludida se limitó a sonreír un poco entonces. Volvieron a enzarzarse en una danza de veloces y fuertes movimientos de espada, yendo cada vez más y más deprisa, con Puck saltando constantemente para estar a la altura de la otra, moviéndose en el aire gracias a su creación, con la que hacia el aire lo bastante sólido para que aguantara su peso, pero el efecto duraba apenas un segundo, lo bastante para que pudiera aprovechar esa circunstancia. Asmeya procuraba apuntar como podía, pero apenas había disparado un par de veces desde entonces, tenía miedo de acertarle por error al Maestro Puck. Se sorprendió al notar una mano sobre su hombro, se dio la vuelta algo nerviosa pero se relajó al ver a Daya.
-¿Qué haces aquí? Se supone que estarías en los pasillos del segundo piso…
Pero la otra negó suavemente.
-La cosa se está poniendo tensa ahí fuera, me han mandado a por ti -le explicó-. Nos parapetaremos en el Congreso.
Sin embargo, la otra seguía dudando.
-Pero el Maestro Puck… -se giró un instante para verle combatir- ¿Y si pierde y ella le…?
Daya bajó el rostro, apenada, mientras tiraba de ella ligeramente desde el brazo. Entendiendo que eran órdenes y que había que cumplirlas por mucho que no les gustara en absoluto, pero efectivamente debían hacerlo. De esta forma las dos jóvenes salieron corriendo por los pasillos, recorriendo los angostos corredores hasta llegar, en apenas un minuto, a la enorme sala que formaba la sede del Legislativo, donde ya estaba Seriel y Alione, así como todos los Xaniums que estaban en el interior del edificio.
-Rictania nos ha llamado para estar aquí, se ha visto superada y ha avisado que en pocos minutos tras esas puertas estarán Starlight y los suyos -comenzó el hombre-. Hemos avisado al ejército para más fuerzas, podremos echarles de aquí, pero hasta entonces deberemos resistir.
Se habían colocado de tal forma que estaban tras varias de las mesas y sillas, usando además unos puestos que usaban los políticos para poder hablar, y con los que habían formado unas barricadas. También contaban con armas de luz, todo para intentar detener aquel ataque. Se limitaron ellas a colocarse con los demás, y se quedaron en un absoluto silencio… incluso desde allí se podía escuchar la guerra que se estaba montando en el exterior.
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Efectivamente, Rictania estaba sudando y tenía varios cortes en el cuerpo, tirada en el suelo y con la respiración agitada. Se sorprendió que no la mataran, los Xanium que la habían derrotado simplemente la derribaron y dejaron en el suelo, sangrando y con el cuerpo ligeramente adolorido, pero aún con capacidad de luchar. Eso mismo pasó con todos sus compañeros, y que se habían ido alejando de allí adoloridos.
-Ya van… -murmuró, hacia su comunicador-. Me han derrotado pero no han salido indemnes…
Shamarya de hecho había salido también con varios cortes y quemaduras, así como la mayoría de los que la acompañaban, que también estaban empapados de sudor. En torno a ellos el fuego ardía y ya se oían las sirenas de emergencia, venían a por ellos así que tenían que darse prisa. El primer bofetón de efecto ya había pasado y las fuerzas de la República se estaban movilizando, esperaba que sus aliados políticos y militares también se hubieran comenzado a poner en posición para ayudarles.
-Van diez en total, pero podreis pararles… -con dificultad, se levantó- En diez minutos debería llegar el ejercito.
Tras dar ese mensaje, que fue respondido por un simple copiado, comenzó a andar. Se sentía mal con ella misma, habían caído muchos soldados pero los que quedaron se habían colocado de nuevo para acribillar a los rebeldes en cuanto salieran de allí. Mientras andaban hacia el interior del Congreso, Shamarya mandó un mensaje rápido hacia uno de sus principales aliados, Zormu Kalairi, y que se encontraba a varios kilómetros de allí, en una semana se suponía que tendría que dar explicaciones por sus actos en su planeta natal… y en cuanto supo de todo eso, se puso en contacto con ellos para apoyar el movimiento. Si se habían atrevido a moverse fue por eso, de hecho.
Eso le había sorprendido, no tardó ni cinco minutos tras el discurso de Star por los medios. Y junto a él, los Presidentes de muchos otros mundos, junto a Xaniums a lo largo y ancho de la República. El llamamiento había sido un éxito, y aunque Asmeya estaba bastante exaltada, Barugo y Shamarya dudaban de las buenas intenciones de muchos de ellos, que seguramente desearan estar con el bando vencedor y mantener sus privilegios y condiciones favorables… luego harían limpieza, pero por ahora admitirían a todos, pues mientras la cúpula estuviera blindada y no se filtrara información todo iría bien.
-Ya están avisados los nuestros, se colocarán aquí cerca -hablaba mientras andaban hacia el edificio, que quedaba a unos veinte metros-, en cuanto de la orden vendrán a sacarnos de aquí. No creo poder tomar el poder hoy, pero habremos comenzado una pugna por el control…
Los dados estaban sobre la mesa, todo se decidiría en cuestión de media hora, mientras toda la República observaba ese pequeño lugar, tan importante y en el que se vivía una situación tan vital como el futuro cercano de toda la galaxia.
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El combate entre Puck y Star seguía adelante, ambos sudaban y ligeros cortes recorrían su piel, con goterones de sangre y sudor ya cayendo hasta el suelo. Las energías de ambos habían hecho de esa sala un auténtico laberinto de paredes, pinchos y lanzas, con las cuales se habían intentado empalar mutuamente pero sin éxito, con sus espadas brillando con una tenue luz, sin en ningún momento dar al otro un descanso.
-¡Estás viejo, Maestro! -exclamó ella- ¡Cuando me entrenabas no te podía seguir el ritmo, y míranos ahora!
El aludido tenía la respiración entrecortada, pero sonrió de medio lado.
-Sigo igual de bien que hace diez años, eres tú la que mejoraste profundamente… -murmuró- En otras condiciones estaría orgulloso de tí, hija.
Ella chasqueó la lengua.
-Podría serlo… -gruñó- ¿Por qué os negáis a apoyarme? No lo entiendo, sabes de sobra que llevo razón…
Ninguno lo quería admitir, pero tras varios minutos de combate intenso tenían que recuperar fuerzas, y respetaban demasiado al otro como para aprovechar esa situación. El honor era primordial.
-Las formas es lo que te falla -explicó-. Deberías haber buscado otro camino.
Pero ella negó con vehemencia.
-Eso es propio de pusilánimes, yo soy una guerrera.
Puck se volvió a preparar para seguir luchando, la otra imitó su postura, con la espada colocada cerca de su hombro, la vista al frente, y un pie ligeramente más adelantado, sin dejar ninguna apertura.
-Tu hermana…
Pero ella gritó de pronto.
-¡Yo no tengo hermanas, Puck!
Y volvieron a luchar, ella se lanzó de improviso con fiereza. Ella era muy explosiva, el fuego brillaba en sus ojos y la energía la volvía a inundar. Sin duda era una guerrera extraordinaria, el Maestro tuvo dificultades para poder detenerla, y la cosa se puso peor cuando vio como los demás rebeldes comenzaban a llegar. El Maestro empujó a la otra contra una de las paredes con violencia usando su energía, y comenzó a correr hacia el interior, siempre dejando la distancia como para aparentar que huía, pero con la intención de ser seguido.
Starlight, sabiendo eso pero decidiendo deliberadamente caer en la trampa, fue tras él, y, un minuto después, pasaron los demás rebeldes en esa misma dirección. Solo uno de ellos, Barugo, se quedó en el exterior a modo de guardián, con su espada preparada para detener a lo que pudiera venir. Todo se decidiría en los próximos minutos.
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La persecución por los pasillos duró un par de minutos, y que se le hizo eterna a Star, hasta que llegaron a la sala del Congreso, donde se encontró con un pelotón apuntándola con pistolas de luz, que dispararon a modo de advertencia una única ráfaga, y al llevar la espada de luz apagada, se limitó a quedarse quieta y a cubrir su cabeza con los brazos en forma de x, haciendo así que si algún rayo de luz llegaba hasta su cabeza diera primero en los brazos. Se sorprendió al ver que realmente cayeron a sus pies, querían pararla, no matarla.
-¡Ríndete, y puede que podamos salvarte! - gritó Seriel- ¡Por favor!
Sin embargo él sabía bien que ella no haría caso. Instantes después llegaron los demás rebeldes, y ambos grupos se apuntaron entre ellos.
-Tienes razón en que quiero salvar a alguien -comentó-, pero a ti, mi amado. ¿Lo decidimos por combate singular? Si ganas, me rindo; si gano, te rindes.
El otro la miró dudando, Puck chasqueó la lengua, y los demás Xaniums se preguntaba cómo se la podrían estar jugando tanto.
-No será necesario eso… Apenas tenemos tiempo, Star- Shamarya se adelantó entonces-, hay que irse cuanto antes.
La aludida suspiró. Si el silencio era lo bastante profundo se podía escuchar muy de fondo cómo en el exterior había muchísimo jaleo.
-Avisa a Zormu, nos vamos -miró a los demás-. Me hubiera gustado poder haber contado con todos vosotros, pero… No todo es color de rosa.
Cuando se disponía a irse, Shamarya la detuvo unos segundos.
-¿No vamos a intentar llevarnos a tu hermana?
Antes de que esta pudiera decir nada, Star respondió con un fuerte grito para que no quedara duda alguna.
-¡Te diré lo mismo que a Puck, yo no tengo hermana!
La aludida sintió que su garganta se cerraba, no se podía creer eso que estaba oyendo… pero debía reconocer que comenzaba a pensar igual, pero no pudo evitar llorar, totalmente rota por lo que acababa de pasar. Starlight andó hacia el exterior junto a los demás, mientras Shamarya bajaba algo el rostro, apenada por la reacción de su amiga, aunque poco podía hacer al respecto. Daya y Alione apoyaron a Asmeya posando sus manos en los hombros de ella, mientras Seriel se limitaba a mirar como su pareja salía por la puerta, demostrando el enorme poder que tenían por haber sido capaces de entrar hasta ahí siento tan pocos… No había duda que la guerra acababa de empezar.
Corrieron por los pasillos hasta el exterior, donde Barugo ya esperaba montado en un furgón blindado, con Republicanos por todas partes disparando y varias naves ya por allí rondando con la intención de interceptarles en cuanto tuvieran la oportunidad. Lo bueno, es que esas naves caza no podrían acelerar tan rápido, lo malo es que eran bastante más veloces que su vehículo y les alcanzarían rápido, por eso necesitarían apoyo de naves del mismo estilo desde su bando. Contaban también con la desorganización propia del sistema que pretendían derrocar, y que se movía un poco como podía, sin demasiado sentido en algunos casos pese a su rápida respuesta inicial, pero que al ver que con eso no fue bastante empezaban a ponerse nerviosos.
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En la televisión, efectivamente, era todo un caos. Mucha información, la mayoría sin verificar, se soltaba como verídica y se desmentía minutos más tarde, con muchas imágenes de los acontecimientos, con la imagen de la persecución que se estaba desarrollando en un recuadro de la pantalla mientras los tertulianos charlaban con premura sobre eso, agobiados por la situación. En el palacete de Zormu Kalairi este se encontraba recostado en un sofá viendo aquello satisfecho, con una mascarilla conectada a una bombona con su medicación, que inhalaba tranquilamente. Ya había recibido el mensaje de Shamarya y estaba dando instrucciones a sus operativos.
-Perfecto… les mandaré refuerzos ahora mismo -tamborileaba en los apoyabrazos, finamente tapizados-, esposo, ¿no estás contento?
El aludido giró el rostro y sonrió afable.
-Lo estoy, esposo -comentó, suavemente-, me preguntaba si podrán lograr dar el golpe.
Zormu asintió, despacio.
-Lo creo firmemente… -musitó- La República nos ha dado muchos problemas, ellos dudo que lo hagan. Y si lo hacen, ya negociaré con el Congreso.
Le sonrió al otro entonces, mientras acercaba su mano a la del androide, que la tomó con cariño. Dáraman, en un segundo plano, acababa de preparar la bombona que el otro usaba.
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Era Star la que conducía, tenían una dirección predeterminada a la que ir, pero estaba dando vueltas para despistar a los Republicanos, y que iban tras ellos. Iban a toda velocidad por las avenidas de la ciudad, debido a la alerta iban solos junto a sus perseguidores, y que habían montado numerosas placas para cortarles el paso, tanto físicas como con láseres y paredes de plasma, pero ella se las apañaba para ir escapando.
-No voy a poder huir eternamente -afirmó-. ¿Está todo listo en el punto de encuentro?
Barugo gruñó.
-En teoría, sí -comentó-, pero no lo sabremos seguro hasta llegar allí.
En ese momento intervino otro de los rebeldes.
-Mientras podamos derribar las barricadas nos irá bien -era de la misma especie que Daya-. Siro ya ha preparado el virus informático para, de momento, inutilizar los rastreadores de nuestros nanobots.
Ese era otro elemento importante, programar adecuadamente los mismos para evitar que haya ningún tipo de daño o acción contra ellos, eso era relativamente fácil pero necesitarían seguir trabajando en ello, pero de primeras con eso sería lo suficiente.
-Perfecto -Shamarya sonrió, y apoyó una mano en el hombro de Star, que estaba tensa-, pronto lo lograremos…
Los minutos pasaron y los Republicanos no pararon en ningún momento de atosigarles, que iba a más según salían del casco urbano y pasaban a una zona más exclusiva y con naturaleza viva por todas partes, pero no les dio tiempo a mirar un paisaje que ya conocían bastante bien, limitándose a ir hasta el punto de encuentro. Cuando estaban a cinco kilómetros se fijaron en que una gran nave se elevaba en el aire y abría sus compuertas, ese era su objetivo. Se trataba de un destructor procedente de Delta Airei 5, en su interior ya debía estar el político reposando. Solo quedaban ellos.
-¡Vamos, vamos! -Star aceleró todo lo que pudo el vehículo- ¡Si nos disparan tendremos suerte si no nos derriban, intentad evitarlo!
Y es que detrás de ellos seguían los agentes de seguridad, que no habían dejado de perseguirles ni de dispararles, y en ese momento crítico necesitaban que eso sucediera lo menos posible. Sucedió en apenas un minuto: Star entró hasta la cocina en el destructor, este lanzó varios misiles que destruyeron los cazas que iban tras ellos, y entonces el destructor comenzó a elevarse en el aire, tenían que darse prisa antes de que cerraran el paso hasta los caminos estelares, sólo entonces estarían a salvo, y aún así iba a haber una gran batalla en los cielos de Asmara…
De hecho los Republicanos ya estaban comenzando a formar ese círculo de naves, pero aún tardarían horas en llegar los destructores de los mundos que no se habían revelado, así como las procedentes de los sistemas que abiertamente se habían adscrito a ese golpe. Si no llegaban a tiempo ninguno de los dos la guerra definitivamente habría empezado, y todo tenía pinta de ser así, pues se tardaba horas en poner en marcha una nave de combate y ponerla en marcha, sin contar con que tuviera que hacer un viaje de días en el peor de los casos. Solo la de Zormu estaba operativa desde el lado rebelde, mientras que del lado Republicano había algunas también en marcha, pero insuficientes para hacer un cierre efectivo.
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Sabedora de aquello, la presidenta Dala ya estaba preparada para hablar para los medios, estaba en el Congreso, ya recuperado y preparado al menos donde estaba ella - en su despacho - solo con su mesa, la silla y las banderas de los mundos que permanecían con la República. Los teléfonos de todos echaban humo por las múltiples llamadas para confirmar o desmentir quién estaba con quien. Casi habían quitado la mitad de estas… delante varias cámaras se dedicaban a ir y venir en torno a ella, monitorizadas por un equipo de técnicos en una esquina de la sala, estando toda la iluminación en torno a la mujer, que carraspeó. En cuanto le dieron la indicación, comenzó a hablar.
-Conciudadanos, vivimos tiempos convulsos -comenzó-. Nuestro sistema se ha visto amenazado por un ataque claramente contrario a nuestros valores.
Miró directamente a uno de los robots.
-Hemos comenzado a movilizar al ejército para protegernos -en su voz había algo de nervios, pero eran impostados-. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para recuperar el control… pero si hay que entrar en guerra, lo haremos.
Bajó ligeramente el rostro, movió las hojas un poco y siguió adelante.
-Hemos preparado de urgencia en los presupuestos una medida de aumento del gasto para formar un ejército nuevo y mejor armado -explicó entonces-, este será instruido por los actuales, y lo crearemos a través de la base de datos de los Xanium. Necesitaremos toda la fuerza que podamos.
Luego, posó su mirada en el frente, como mirando a los ojos directamente a los que la estuvieran viendo.
-Nos esperan tiempos difíciles, pero sé que entre todos, podremos -afirmó-. Ahora os pido un esfuerzo, entre todos sortearemos estas dificultades. Gracias a todos.
Cuando el piloto de los robots cámara se apagó, Dala pasó a una postura más informal, se acarició el rostro, y suspiró pesadamente. La única que estaba allí del Congreso era Arkaytior, y que se había asustado de ver en la televisión a su hermana luchar contra tantísimos rebeldes. Por eso se había presentado por allí, para intentar ayudar en lo que pudiera, pese a que los demás congresistas habían huido, o directamente estaban fuera a la espera de la siguiente reunión, que tendría que haber sido en dos días.
-Ha sido un buen discurso -comentaba Arkaytior-, espero que se solucione rápido….
Pero la otra negó.
-Esto tiene pinta de ir a tardar….
Miró hacia el cielo, en esos momentos debían estar ya luchando en el espacio los rebeldes, para acceder así a los caminos estelares. No podían cerrarlo, eso era inviable, ni tampoco inutilizarlo. La única opción era detenerles, ya sea vivos o muertos. O eso harían creer, les dejarían escapar por ahora para así justificar cosas a futuro, esa guerra puede que les viniera bien y todo, la orden de dejarles huir sin ser demasiado evidentes ya había sido dada.
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El destructor ya volaba fuera de la atmósfera de Asmara, yendo directo a miles de kilómetros de allí para viajar a Delta Airei 5, donde se podrían parapetar. Delante solo tenían espacio, y seguramente naves de defensa y cazas espaciales republicanos, pero no tendrían tiempo de poder formar un cinturón de seguridad. Se limitarían por ello a acelerar e ir directos hacia allí, mientras el grupo de Star salían del blindado con el que habían entrado, y que acabó estrellado contra una pared.
Gracias a los sistemas de seguridad el accidente no fue a más y todos pudieron salir por su propio pie, momento en que los Xaniums se dirigieron hacia la enfermería de la nave, necesitaban tratar sus heridas, pues si bien los nanobots ya trabajaban para cerrarlas, necesitarían limpiarlas para que sean todo lo efectivo que puedan, si todo iba bien para la mañana siguiente no tendrían ni las cicatrices.
Asmae Starlight quería ir al puente de mando, pero entre los demás le quitaron esa idea de la cabeza debido a sus heridas y al cansancio de la batalla, ya al día siguiente podrían ir a batallar todo lo que debiera. Además, tenían el desgaste acumulado de todo el día sobre sus cuerpos, cosa que hasta en el mejor de los guerreros se hacía notar. No tardaron demasiado en llegar, donde esperaba Dáraman y su equipo ya con el instrumental preparado para hacer las curas, aunque de todos sólo le conocían Barugo y Shamarya.
-Tardaremos poco, lo prometo -aseguró, al ver sus miradas de desconfianza-. Me llamo Dáraman, soy el médico personal de Zormu Kalairi.
Al escuchar aquello se limitaron a sentarse, mientras este, junto a varios enfermeros de la misma especie del médico, se dedicaban a hacerle las curas. Y mientras, en el puente de mando, ya hacían las maniobras para poder pasar entre los destructores de la República, que si bien tenían las armas preparadas no acababan de atacar. El capitán de la nave veía aquello con cierto nerviosismo, pero Zormu, a su lado le restaba importancia.
-Nos quieren dejar escapar, en cuanto pasemos dispararan sus armas y dirán que fuimos capaces de esquivarles -explicó-, desde tierra no se podrá distinguir y quedarán como valientes héroes.
El capitán suspiró pesadamente, se limitó a dar una señal a su tripulación para que siguiera adelante sin más, deseando que el otro llevara razón y que pudieran llegar hasta el camino estelar sin más problemas. Los tensos minutos fueron pasando hasta que la mitad de la nave pasó entre medias de los cazas espaciales de la República, que efectivamente dispararon al vacío, ni intentaron cerrar el paso siquiera para impedirles seguir, y de hecho pudieron acceder a la ruta sin mayores problemas, en cuanto toda la nave estuvo dentro del agujero de gusano la tripulación lo celebró como una victoria, y de hecho lo era.
-Caballeros, la guerra ha empezado… -murmuró Zormu- A partir de ahora tendremos que luchar por el control de la galaxia, brindo por nuestro éxito…
Una guerra que haría temblar la galaxia entera, y que tendría como punto vital una pequeña perla en medio del espacio, desconocida para el gran público pero conocida por los científicos de la República. Un pequeño planeta azul en torno a una estrella tipo gamma y en la cual vivían unos adolescentes que harían que el delicado equilibrio de poder en la guerra se decantara hacia un lado u otro, influyendo en ambos bandos, y donde se empezaría a erigir una ola que inundaría toda la galaxia….
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
