Código Galaxy
Capítulo 19
Presente, año 2020.
Asmeya se encontraba en su apartamento en las instalaciones republicanas de Alfa Leoni 1 – Asmara – recogiendo con celeridad sus cosas. Su espada de luz, repuestos por si la batería fallaba, la base para Cesar, algo de ropa, y algunos aparatos de higiene personal. Seriel la había mandado llamar en una hora para verla, y si tu maestro te llamaba con tantas prisas es que debía haber algo importante… puede que su vuelta al frente. Tras su última gran estupidez, y que costó la caída de un sistema entero en manos del imperio, su bajada de rango – de comandante a capitán – le había sabido a poco como castigo, y sabía perfectamente que tardaría años en volver a poder presentarse a los exámenes para ser nombrada finalmente Xanium… pero no se podía detener a eso.
-Cesar, saldré ahora, pórtate bien -sonrió al escuchar los suaves pitidos del robot-. No, no te cambiaré por otro, tonto. Y no, no creo que durmamos hoy aquí.
Salió del apartamento, y llegó a unos pasillos. Esa era el área de oficiales, en el edificio de en frente estaba el grupito de su… no sabía si llamarla hermana, Aelita, junto a su grupo de clones. Tendría que ir hasta los pisos superiores, a más arriba mayor era el rango, y ella estaba a la mitad aproximadamente.
-Tuve suerte de no acabar de alférez… solo bajé un rango -murmuró, ya yendo hacia el ascensor cuántico-. No sé ni cómo no me expulsaron por eso.
Se sentía altamente culpable. Por suerte no metió a ninguna de sus amigas en aquella escaramuza, y de la que no sacó nada más que varios disgustos.
-En qué estaba pensando… -gruñó-. Hay Xaniums de sobra en la República, no necesitábamos más… Mierda….
Sintió entonces una suave caricia en torno a las piernas, que subió rápidamente por su espalda hasta el cuello, donde le provocó unas ligeras cosquillas, sacándole una suave risa. Por el tacto de aquella cola sabía que era Alione, de la que ni se había percatado.
-¿Sufriendo de nuevo por tus errores?
La aludida asintió, haciendo suspirar a su compañera.
-Tienes que salir de ese pozo, pasó hace un mes estándar ya -dijo-, además, vas a ver a tu maestro, ¿no?
-Pues sí -comentó Asmeya-, y eso es precisamente lo que más nerviosa me pone.
-¿Por si te expulsa o algo?
-Sí -Alione negó con la cabeza-. ¡No seas condescendiente, sabes que puede pasar!
A esas palabras de la muchacha, la Xanium se cruzó de brazos.
-Si no lo hizo antes fue porque no quería -le espetó-, además, eres la hermana de su amante, aunque sea una Imperial. Eres casi de su familia ya.
Subieron entonces al ascensor, Alione activó el aparato y permitió que Asmeya eligiera el piso. Nada más y nada menos que el 50, el reservado para los generales de la República, entre las que estaba la propia Alione. Pero no solía echárselo en cara a su amiga, no merecía la pena ni le iba a hacer exigencia alguna, se trataban de iguales desde hacía demasiado como para andarse con tratamientos oficiales. Al menos estando a solas, con más gente delante era posible que sí hicieran algo el paripé.
-Espero que no suceda, me gusta demasiado esta vida… -comentó Asmeya-, ¿me ayudarías en ese caso?
Alione sonrió y acarició su hombro de forma cariñosa.
-Por supuesto -comentó-, igual que lo hará Daya, que estará también enseñando a los compañeros de tu… bueno, de Aelita.
-¿A quién enseñarás tú? -preguntó con curiosidad- Sé que a Aelita le tocó el Maestro Puck, y Daya estará con Yumi, pero es todo.
Alione suspiró y asintió.
-Yo seré la maestra de Ulrich… -murmuró- Vaya marrón, enseñar es muy complicado…
La otra se rio con ganas, estaban ya andando por el pasillo donde Seriel tenía su despacho.
-Piensa que al menos será dentro de un tiempo, y no de forma inmediata -le dijo-, no creo que sea antes de un año.
Alione asintió entonces, pensativa con las manos en las cadera, y se apoyó en la puerta de uno de los cuartos, el suyo. Aún se estaba trasladando, en teoría ese día terminaría ya. Había empezado al día siguiente de ser nombrada, haría un mes.
-Se supone que había bajado a apoyarte, no para que lo hicieras tú conmigo -le espetó, con una sonrisilla-. Mucha suerte, hermana.
Se dieron un suave abrazo. Al otro lado del pasillo estaba el despacho de Seriel, Asmeya se acercó a la puerta, tocó suavemente con los nudillos, y procedió a entrar cuando escuchó que el otro le daba permiso. Era espacioso, desde el ventanal tras el hombre se veía la bulliciosa ciudad y el parque que rodeaba la sede, tenía una mesa de cristal bien pulido con un mapa galáctico grabado, varias estanterías con baterías y ordenadores, todos conectados a la mesa con cables bajo el suelo y que podía usar desde su posición.
-Maestro -ella se inclinó respetuosamente, con la mano izquierda en el hombro derecho-. ¿Desea algo?
El aludido suspiró.
-Sin formalismos, anda -pidió, ella se sentó en la mesa-. Tengo una misión importante para ti. Vital, diría.
Ella le miró con interés, le alegaba que confiara de nuevo en ella. Seriel tocó su mesa, escribió un poco en el panel táctil que apareció ante él, y en unos instantes apareció un holograma de la galaxia. Señaló un punto en el área de Pisci – situada entre Canceri, Gemini, Virgi y Capricorni, al este, sur, norte y oeste respetivamente – que se iluminó en un tono blanco.
-¿Identificas el sistema?
Asmeya asintió.
-Delta Pisci 4, sí -respondió-, una antigua base de los Xaniums para entrenar, ¿por?
Seriel sonrió de medio lado.
-Tenemos un agente allí, infiltrado -explicó-, tiene el nombre en clave Dakión, se pondrá en contacto contigo periódicamente cada mes estándar.
Ella asintió.
-Tu nombre en clave será Saria, por si os pillan las comunicaciones, aunque lo dudo -explicó él-, todo esto es ultra secreto, solo lo sabemos unos pocos, ¿entendido?
Asmeya sonrió un poco, y afirmó con la cabeza.
-Nos llamaremos como aquel héroe mítico -comentó-, aunque su historia acabó algo mal…
Seriel suspiró.
-Pues sí… -murmuró- ¿Cómo estás tú? ¿Más animada?
La chica bajó algo el rostro.
-No mucho -reconoció-, pero me esforzaré en esta nueva misión. Imagino que mientras haré otras cosas.
Seriel sonrió, asintiendo.
-Efectivamente -comentó-. Tú serás la líder inmediata superior del grupo de Jeremy Belpois, los demás muchachos de Gamma Sagitari 12 y sus clones.
Asmeya le miró con sorpresa.
-¿Cómo?
-Lo que oyes -respondió Seriel-, aunque para eso aún queda. En un año aproximadamente harán el relevo del grupo a cargo de unas bases de telecomunicaciones en las cercanías de Alfa – Beta Librai 7.
Ella asintió.
-Esa es un área muy importante… -murmuró-. En ese sistema se hace buena parte de la fabricación de las naves de la República…
Seriel se echó hacia atrás, afirmando con la cabeza.
-Pero ellos antes tienen que acabar su formación -le recordó-. Y para eso aún les queda cerca de un año. Acaban de empezar.
Asmeya se lo pensó antes de seguir.
-Gracias por confirmar en mí de nuevo -le dijo-, lo agradezco…
-No es nada -comentó-, al final un error todos lo pueden cometer… Yo cometí el más gordo, ya sabes.
Ella asintió.
-¿Podría… preguntarle sobre una cosa?
Seriel afirmó con la cabeza.
-¿No cree que eso debería cambiar? -preguntó-. Hablo de Códex Xanium.
El otro suspiró.
-No considero que fuera un error mi relación con ella -comentó-, pero sí que no supiera ver en qué se había convertido. Hasta ese mismo día tenía una venda en los ojos, o al menos quería tenerla…
Ella bajó el rostro, apesadumbrada. La alzó cuando notó que él tomaba sus manos, que acarició con los pulgares, tranquilamente.
-Todos nos hemos equivocado con esta guerra -explicó-, ella por provocarla, nosotros por no saber pararla a tiempo, y ahora todos por ni intentar solucionarla.
Asmeya asintió.
-Oí que Foreman quería mover hilos para una reunión entre las partes -comentó-, ¿eso es verdad?
Seriel confirmó, mientras daba unos golpes con los nudillos en la mesa.
-Esto es secreto de Estado -comentó-, en unos meses es probable. Coincidirá con las festividades de los Lakyos.
-Y que coincidirá cuando Stones y demás puedan ir a su primera festividad -comentó-, ¿para entonces ya seré su superior, no?
Seriel asintió.
-Es lo más seguro -comentó-. Tú decidirás qué cometido tendrán durante los mismos, eso si haces los bastantes méritos como Saria, ya sabes.
Se levantó entonces, por lo que ella le imitó. Se estrecharon la mano, y acto seguido ella se cuadró ante él.
-¡Daré mi mejor esfuerzo, mi General! -cuando él hizo un suave gesto adoptó una posición más relajada-, con permiso, marcho a preparar todo.
-Si lo haces bien podrás subir a Comandante -afirmó Seriel de pronto-, y te recomendaré para el ascenso a Xanium.
La muchacha se paró y se giró un poco. Le sonrió algo agradecida, asintió, y luego salió de allí. En el pasillo esperaba Alione, que la abrazó mientras la otra daba unos ligeros saltos de alegría, sacándole una risa a su compañera, y que rápidamente la llevó hasta su cuarto. Tenían bastantes cosas de las que hablar, a juzgar por la reacción de Asmeya.
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Mientras, el grupo de Jeremy se encontraba en el edificio de los reclutas, pero en lugar de estar en su planta se encontraban en el hangar. Habían bajado hasta allí tras unas clases teóricas de matemáticas y física y química con Naipe, donde ella se unió a Cubo, que esperaba sonriente detrás de una mesa. En la misma había miembros mecánicos de todas las partes del cuerpo, así como lo que parecían secciones de protecciones para manos, brazos, piernas y rostro.
-Parece una armadura futurista -comentó Odd, sonriendo-, debe dar un calor…
-Bueno, los clones las llevan -dijo Jeremy, murmurando-, deben ser funcionales de algún modo.
-Esas son diferentes, jefe -le dijo Ritmo, sonriendo-, las nuestras son solo de camuflaje y a modo de protección, estas…
Cubo se aclaró la garganta entonces, se habían acercado ya a las mesas y estaban en sus respectivas posiciones. Los chicos a la derecha y los clones a la izquierda, de pie y con las manos tras la espalda, estando la diestra formando un puño y con la zurda agarrando la muñeca contraria.
-Bien, efectivamente estas armaduras son especiales -comentó-, os servirán en el futuro para no solo defender vuestros cuerpos, también para potenciar vuestros poderes especiales.
Tomó entonces un par de protectores para piernas, y miró durante unos instantes a Ulrich. Este asintió y entonces se acercó, tomó aquello y se las fue colocando mientras el otro hablaba.
-Es sencillo, es solo acercar la extremidad o la parte del cuerpo a la protección, que escaneará al usuario -explicó-, esta se adaptará, dentro de los márgenes de su talla, y no solo protegerá las partes más importantes. Como dije, también potenciará vuestros poderes especiales.
Miró a Ulrich, que estaba de pie mirando sin demasiada confianza aquellas especies de botas mecánicas. Tenían colores azules y verdosos, que brillaron un poco, parpadearon, y entonces pasaron a ser de color amarillo.
-Con esto usaré mejor mi súper sprint, ¿verdad? -preguntó- Incluso ahora.
Cubo asintió.
-Efectivamente -confirmó-, pero incluso eso deberéis aprender a usarlo apropiadamente. Pero por ahora mejor que aprendáis con esto que con las naves, que para ellas aún os queda.
Indicó con un gesto a Ulrich que se acercara, este llegó con algo de dificultad pues le era raro andar con esas botas puestas, pero se adaptaría rápidamente.
-Vas a correr desde aquí hasta el final del hangar, luego vuelve hasta aquí -le indicó-. Tu vista se pondrá en túnel pero lo verás todo más despacio, tranquilo, aun así ve con cuidado para evitar accidentes.
El chico se colocó a unos metros de los demás, con la rodilla derecha en el suelo, el cuerpo hacia adelante, y con solo las puntas de los dedos para sostener su dorso. De una explosiva salida echó a correr, y se perdió de la vista de sus compañeros junto a una fuerte ráfaga de viento.
-¡Ostias, qué rápido! -exclamó Odd -¡Mirad, va como una bala!
Efectivamente, el chico corría más veloz que los aviones comerciales. Notaba una muy intensa fuerza recorrer cada ápice de su cuerpo, saliendo en forma de aura por los poros de su piel, de un suave color amarillo, y que eventualmente cubrió todo su cuerpo. Su vista se había adaptado rápido, y aunque solo veía lo que tenía en línea recta era capaz de esquivar todos los obstáculos que tenía delante, saltando sobre los clones que se interponían en su camino, o pasando al lado de las maquinas que pasaban en su trayectoria, o incluso impulsándose en sus laterales para ganar aún más velocidad.
Cuando se acercó al final comenzó a hacer un suave giro, que duró unos 500 metros, colocándose así en el paralelo de la salida, llegando a esa posición cundo sólo quedaba un tercio de ese lado. Recorrió esa línea hasta llegar a la pared izquierda, por la que subió sin demasiadas dificultades después de repetir el mismo proceso, tardando apenas dos minutos desde que salió en volver hasta donde estaban los demás. Su piel estaba algo enrojecida pero una sonrisa de satisfacción adornaba su rostro, que estaba sudoroso.
-¡Guau! -murmuró- Es increíble… tenéis que… probarlo.
Su voz se entrecortaba pero claramente había disfrutado.
-Y esta no es la única forma de aumentar los poderes de un Xanium -explicó-, también hay armaduras para el pecho, como habréis visto.
Le tendió una a Jeremy, que la tomó dudando.
-Ya que tu poder especial es la levitación esta te vendrá bien -le fue ayudando a colocársela bien-, ¿has volado alguna vez, muchacho?
-Jura y perjura que un día escaló por el techo de nuestra escuela para llegar hasta su cuarto -aseguró Yumi-, aunque nosotros no le creemos demasiado. (1)
-Pues lo hice -afirmó-. Y gracias a eso os salvé de casi mataros en el Skid.
-¿Qué es un Skid? -preguntó Ventura- ¡Suena apasionante!
-Era el submarino digital que usábamos para movernos por la Red en nuestro planeta -explicó Aelita-. Skidbladnir, un barco mágico que siempre volvía a puerto, daba igual cómo estuviera el mar o los vientos…
-¿Le ponéis nombre a los barcos? -preguntó con interés Fan- Es una curiosa costumbre… ¿Lo hacéis con más cosas?
Yumi iba a hablar pero no comentó nada al ver la cara de cabreo que tenía Cubo. Naipe a su lado se limitó a mantener un rostro sereno, aún quedaba mucha disciplina por aprender…
-¡Al que vuelva a hablar le caerán doscientas vueltas al campo de entrenamiento! -bramó- ¡Cadete Belpois, adelante!
El chico asintió. Dio unos pasos al frente, y según hacía eso unas líneas verdes y amarillas parpadeaban en el lateral hasta que se estabilizaron. En ese momento vio como alrededor de sus muñecas aparecían dos círculos de luz azules, y en cuando movió la diestra un poco, notó que el aparato le empujaba en esa dirección.
Poco a poco elevó ambas manos y, efectivamente, fue ascendiendo progresivamente hasta alcanzar los tres metros de alto. No miró al suelo – más por algo de impresión que por otra cosa – cuando Cubo le habló a voz en grito.
-¡Ve con cuidado! -le gritó- ¡Tienes un colchón anti caída para evitar romperte algo si acabas en el suelo, pero procura evitarlo!
El otro escuchó aquello algo nervioso.
-¿Pero con esto podré hacer algo más que subir y bajar, no? -preguntó, moviendo despacio las manos hacia adelante- ¿Qué voy haciendo?
Antes de que pudieran decir nada comprobaron que avanzaba hacia adelante con suavidad. Creyendo entender por dónde iba aquel aparato, Jeremy se imaginó a si mismo volando más deprisa, y efectivamente fue acelerando, y cuando movió la izquierda hacia arriba giró sobre sí mismo, acelerando suave pero progresivamente, para poder bajar rápidamente hasta la altura del suelo… cayendo sobre aquel colchón que le avisó Cubo. Los demás se le acercaron rápidamente para ayudarle a levantarse, aunque parecía intacto.
-Te viniste un pelín arriba, Einstein -le bromeó Odd-, y eso que no volabas usando los navskid.
El otro se rascó divertido la nuca, Muralla comprobó que no tenía nada roto mientras Dinamo le daba golpes orgulloso en el hombro a un Jeremy que casi pierde las gafas por el primero. No las necesitaba ya, le había quitado los cristales pero Aelita le comentó que así estaba más guapo así que…
-Tengo una pregunta -comentó Jeremy, Cubo le miró con interés-. ¿Podremos personalizar este tipo de cosas?
El clon asintió entonces.
-De hecho tendrás que preparar una espada de luz para cada uno de tu equipo -le explicó-, así como diseñar por ti mismo piezas especiales para ellos también.
Procedió entonces a entregarle unos guanteletes a Odd, que los tomó con interés.
-¿Me las haces en forma de garra, tío? -pidió con una sonrisita- Ya sabes, como en Lyoko.
El aludid suspiró, se separaron cuando Odd comenzó a mover despacio sus brazos por el aire, como formando una especie de pantalla. Según lo hacía vieron que un cristal se formaba en el aire, no demasiado grueso pero lo bastante duro como para aguantar un par de golpes suaves del otro. Sorpresivamente Naipe disparó un par de veces contra él, que se protegió con los brazos asustado, no llegando a sentir dolor alguno. La pared de luz los había detenido.
-Esta no es la única funcionalidad de los guanteletes -comentó la mujer, mientras colocaba su arma en la funda-. También sirve para las hojas de aire, prueba ahora tú Yumi.
Esta recibió los guantes de parte de Odd, que volvió con los demás. En el caso de ella notó con bastante más intensidad el aire en torno a las palmas de su mano, la única región de la mano libre de las protecciones del guante. Una esfera de aire se formó de pronto, y ella deseó entonces que adquiriera la forma de estrella propia de los shurikens, y así hizo: tomó el mismo con los dedos y se dispuso a lanzarlo, pero apenas se separó de ella se disolvió en el ambiente.
-Como digo, esto solo potencia -dijo Naipe, divertida al ver la decepción de la otra-, como aún no sabéis cómo se hace esto lo único que hace es aumentar la base.
-Usa nuestra sinapsis para funcionar y saber qué necesita el usuario, ¿verdad? -preguntó Jeremy de pronto- Cuando estuve ahí arriba sólo avancé cuando pensé aquello.
Cubo asintió.
-Totalmente correcto -comentó-, vuestros poderes vienen precisamente de esas conexiones neuronales, aproximadamente un 5% de la población de la galaxia las posee.
Ellos se miraron con sorpresa.
-Ya es casualidad que todos tengamos esa capacidad… -murmuró Aelita-. Imagino que eso fue lo que escaneó aquel robot de Asmeya cuando nos encontró.
Naipe asintió, y con un gesto indicó que la siguieran, iban a volver hasta las mesas pues se habían alejado varios metros.
-Efectivamente, ya que lo dices me adelantaré algo con Historia -dijo-. Todo esto lo descubrió un médico experto en neurología, Xanium Larias, y que encontró una serie de patrones en los cerebros de varios individuos que decían tener "poderes".
-Desde hacía tiempo se suponía que aquello no eran más que misticismos, cosas sin base alguna -siguió-, pero descubrió que sí había un patrón, y que de hecho él tenía, por eso durante su etapa universitaria era tan bueno en deportes de velocidad, aunque por una lesión en la rodilla no llegó lejos en eso.
Cubo intervino entonces, y se colocó frente a ellos, que se dispusieron de nuevo en medio círculo y, una vez más, con las manos tras la espalda.
-Tras eso fundó una Asociación, con la que buscaba a individuos como él para aprender y estudiar -suspiró algo-, y de paso divertirse, al parecer tenía gustos por las armas antiguas, y creó, junto a un amigo ingeniero suyo, las primeras espadas de luz.
Odd levantó una mano, pero Naipe le indicó con un gesto que lo haría luego.
-A partir de ahí empezó a crecer la Asociación, podréis imaginar cómo se llamaba -decía ella-, diseñaron su logo, y aunque al principio no eran demasiado relevantes, siglos después de su fundación despegaron y la República les contrató para ser su cuerpo especial de seguridad, más por miedo que confianza.
Miró a Odd y con un gesto le invitó a hacer la pregunta que deseaba hacer.
-¿Y todo esto hace cuánto fue?
-Hará 50.000 años -respondió Naipe-, coincidiendo con el nacimiento de la República.
Ellos la miraron con sorpresa, sí que era antigua, pensaron. Aelita alzó la mano entonces, y Cubo la invitó a hablar.
-¿Yo no usaré nada de estos aparatos?
Naipe asintió, rebuscó en la mesa, y entonces le mostró un segundo par de guanteletes.
-Estos son especiales -comentó-, cuando se te analizó en el ordenador cuántico vimos que heredaste los poderes de Starlight en cuestión de fuerza, así que necesitarás una armadura reforzada.
No parecían especialmente diferentes a los usados antes por sus compañeros, cosa que le sorprendió. Y cuando se los colocó más allá de sentir el peso extra de los mismos no llegó a encontrarse con nada diferente a lo que de normal notaba.
-¿Y ahora qué hago? -preguntó entonces- Podría probar con crear una roca o algo.
-En realidad estarás limitada por lo que haya a tu alrededor -comentó Cubo-. Así que…
Se detuvo cuando vio que en la mano de ella aparecía una suerte de esfera irregular, aunque en lugar de estar hecha de piedra como tal parecía formada por metales. Notaron que del suelo se habían levantado esquirlas que aún se dirigían hasta allí.
-En Lyoko cantabas antes de crear nada -comentó Jeremy-, igual eso lo hace más potente…
Ella asintió. Se imaginó una pared ante ella, cerró los ojos y empezó a cantar, con las manos extendidas a los lados, que fue alzando poco a poco. La suave melodía de su voz no se detuvo hasta segundos después, cuando abrió los ojos.
-Ostias… -ese fue Cubo-, y eso que estaba muy limitado…
Ella descubrió que la impresión del otro no era por nada: ante ella una pared de dos metros de algo y con el grosor de su brazo se había levantado desde el suelo, bien asegurada con una amplia base y que la separaba de los demás.
-Tendremos que llamar a otro Xanium para que la quite -bromeó Naipe-, el poder de "creación" es el que más depende de la voluntad de su dueño, parece que estás decidida, Stones.
Ella asintió, mientras acariciaba despacio la pared. Sin más se acercó con los demás, mientras Yumi la felicitaba alzando el pulgar con una sonrisa de orgullo en el rostro, así como los clones, que imitaron el gesto de la otra.
-¿Lo hice bien, Jeremy? -preguntó ella, inocente-, me puse algo nerviosa.
-¿Bromeas? Ha sido increíble…
Ella le sonrió complacida, pero se giró y encaró a Cubo, que se aclaró la garganta entonces.
-Bien, continuemos ahora con la práctica de tiro…
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En Delta Pisci 4, el grupo de Laura estaba en un prado cercano a las instalaciones en las que vivían. Hacían deporte allí mismo, corriendo a un ritmo suave para calentar y luego dedicándose a las actividades del día: Laura con Patrick y William por un lado, y Jim con los clones por el otro, mientras Suzanne se dedicaba a aprender todo lo que podía para ser cuanto antes la técnica del grupo.
Ese día, Jim les iba a hacer una, según él demostración, de su habilidad con el tiro de precisión. Le conocían lo bastante como para saber que seguramente fuera una fantasmada suya más, pero algo le decía a Hertz que esa vez decía la verdad. Aunque tenía su vista fija en los apuntes de vez en cuando miraba hacia el hombretón, que se había colocado en un sitio fijo, y revisaba el arma de luz.
-Bueno, no sé si sabréis cómo se dispara a un objeto pequeño -comentó-, disparáis a bulto, eso os enseñaron, ¿no?
Estrella asintió.
-Así es jefe -le dijo-, en la guerra es lo más importante.
Jim sonrió con suficiencia.
-Pues os enseñaré cómo se hacen las cosas en la Tierra -miró a Patrick-, ¿confías en mí, muchacho?
Este tragó saliva algo nervioso, Yekira le miró con diversión mientras le tendía una fruta que había en un árbol cercano, colocándola en las manos del otro usando la energía. Era una especie de manzana de color cobrizo, aunque olía bastante bien.
-En mi planeta esa es una clara señal de demostración de valor -le comentó, William alzó una ceja-, y tú eres un Xanium valiente, ¿no?
El otro se sonrojó algo, la voz de ella era suave pero le estaba provocando. Gruñendo agarró con fuerza la fruta y se fue alejando. Jim se colocó el arma al hombro y le gritó.
-¡Para cuando te lo indique, Belpois!
Laura suspiró un poco, estaba cerca del mayor, los clones por su parte se habían colocado a su izquierda, junto a William y Yekira. Floresta parecía comentar algo con Tornillos, mientras Vientos movía sus pies con cierta urgencia por ver qué pasaba, estando Blancas y Negras mirando nterés cómo el chico se alejaba, estando Helio cerca de su líder de grupo, que le explicaba qué haría.
-Hay que controlar bien la respiración -le decía-, incluso entrando en apnia, es decir, sin respirar, para así evitar que el movimiento del cuerpo no mueva el láser.
-Será apnea, Jim.
-¡Eso dije, Dunbar! -el aludido se rio- ¡Eh, Belpois! ¡Ya puedes parar, ahí va bien!
El chico se detuvo, y se giró dirección a los demás. Colocó la fruta encima de su cabeza y, con cuidado, fue separando la mano de la pieza y se quedó recto, con los ojos cerrados y nervioso. Jim se colocó el arma en posición, contuvo la respiración lentamente pero de forma constante, apuntó, y en apenas treinta segundos disparó dos veces. El primero pasó rozando la pieza, pero el segundo dio de lleno a la vez que Patrick se tiraba al suelo asustado. Oyó aplausos y volvió aun temblando hacia allí, Laura debía reconocer que no lo hacía nada mal.
-¡Ja, gané! -desde allí se escuchaba la voz de Blancas- ¡Te dije que podría, me debes siete postres, hermana!
Negras negó molesta.
-No te pienso dar nada…
La otra la miró indignada, pero una voz de Laura detuvo todo aquello.
-¡Nada de apuestas! -exclamó- Buen trabajo, Morales, pero la próxima vez no uses fuego letal.
Miró a Yekira entonces.
-¿Traes tu espada de luz? -esta asintió- Perfecto, haremos una demostración ahora de cómo se hace, de paso os diré cómo defenderse de un ataque.
La otra entonces sonrió de medio lado, y sacó su arma. Se colocó en posición: pie derecho por delante, la parte superior ligeramente girada a la izquierda, con la zurda sosteniendo el arma, y ésta en paralelo a su cuerpo.
-Esa es una postura de defensa -indicó Laura-, y esta de ataque.
En su caso, estaba colocada ligeramente inclinada hacia adelante, pie izquierdo adelantado y con la espada sostenida por la diestra, en la misma dirección que el cuerpo. En apenas un instante comenzó la danza de sables. No era una pelea a muerte, se notaba, pero ninguna estaba dispuesta a perder, más por ego que por otra cosa. Fueron intercambiando golpes, eran suaves pero veloces, y parecía que Laura llevaba la ventaja, hasta que Yekira pasó al ataque: de un par de solidos e intensos golpes hizo retroceder a Laura un par de pasos, se movió a toda velocidad y, de un suave golpe a la mano, el arma de la oficial voló por el aire y cayó en la diestra de la otra, que colocó sus dos sables en el cuello de la chica… y que había colocado un arma de luz en el estómago de Yekira.
-¿Quién será más veloz? -preguntó en voz alta Laura- ¿Tú con tu súper velocidad para cortarme el cuello, o la luz de este láser en atravesar tu estomago?
-Soy la más veloz de mi generación -afirmó Yekira-, porque mi cuerpo me limita, pero con la energía que tengo podría correr a varias veces la velocidad del sonido.
La otra sonrió de medio lado.
-¿Serías más veloz que la luz?
-Quien sabe -comentó Yekira- ¿Lo comprobamos?
Laura se rio, separó el arma del estómago de la otra, que le devolvió su espada. Luego miró a los dos chicos, que se habían quedado en silencio.
-¿Lo visteis? -preguntó la rubia- Tenéis que estar siempre preparados por lo que pueda pasar, si os desarman podríais morir… salvo que llevéis un arma de fuego.
Luego se separó unos dos metros de la otra, que la observaba en silencio. Era difícil de ver, pero podían ver el aura de ella, que desplazaba algo la luz y daba la sensación de emitir calor, como si fuera una superficie ardiendo.
-Los Xanium pueden desviar los láseres con sus espadas -explicó-, estos están hechos de luz, pero con la de nuestras espadas, alimentadas por la energía de la fusión nuclear, podemos cambiar su trayectoria para defendernos y que se pierdan en el aire.
Señaló la espada de la otra chica.
-La luz se dispersa una vez es emitida, solo si se centra en un rayo viaja en línea recta -les decía-, pero incluso así se acaba bifurcando en un gran arco, hasta que hay demasiado espacio entre los fotones como para ver.
Miró entonces a Hertz. Esta, entendiendo, siguió con la clase.
-En las espadas de luz eso se soluciona al no ser luz como tal -continuó-, sino plasma incandescente y que se mueve en un flujo que da la sensación de ser sólido sin serlo.
Luego señaló las armas láser.
-En su caso necesitan recorrer unos quinientos metros antes de comenzar a bifurcarse -dijo-, suficiente como para dar en blanco incluso aun en combates a larga distancia, por eso se han demostrado las armas más eficaces…
Laura suspiró.
-Esa misma tecnología se usó en vuestro mundo… -comentó-, los láseres de los destructores pueden acabar con ciudades en tierra gigantescas, más si esta no tiene defensas…
Miró al cielo, pensativa. De pronto disparó una ráfaga de seis láseres contra Yekira, que los detuvo rápidamente con su espada, moviéndola de tal forma que defendió perfectamente su posición y sin casi despeinarse.
-Buen trabajo, Obara -la aludida asintió-, ¿visteis sus movimientos?
Los dos chicos negaron, algo nerviosos. Laura suspiró y Yekira miró de reojo a Patrick, acercándose pues Laura se puso a correr de nuevo, tendrían que seguirla. Se colocaron en filas de a dos, ellos iban los últimos.
-Te puedo enseñar si quieres -le comentó ella-, ¿te gustaría?
Patrick tragó saliva, ¿ella estaba…?
-Sí, su-supongo que sí -comentó, ella le sonrió-, gracias.
La otra se limitó a mirar al frente.
-No hay de qué -le respondió-, hay que ayudar al Imperio, ¿no?
El otro no llegó a responder, Yekira se limitó a mirarle por el rabillo del ojo, desde luego no parecía demasiado a favor de todo aquello, debía estar allí por obligación, y no tanto por deseo como ella…
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En la Tierra era Sábado, 15 de Diciembre. Gabrielle se había levantado temprano para ponerse a hacer la compra, mientras sus sobrinos limpiaban la casa, o al menos eso le había mandado ella. Lo más seguro es que las cosas menos agradables las hiciera Taelia, mientras Johnny pasaba la escoba y quitaba el polvo. Según salía por la puerta, la adulta vio como Bernadette ya volvía del paseo matutino con Tom.
-¡Buenos días! -les saludó- Hoy llevo yo el coche, si os parece.
La otra la saludó suavemente, aunque se inclinó cuando el anciano le habló , mientras sonreía. En ese lapso Gabrielle se les acercó.
-¿Cómo está hoy, Tom?
Este sonrió ligeramente.
-Con jóvenes hermosas como tú por aquí mucho mejor -se rio, aunque Bernadette le dio un suave golpe en el lateral del cuerpo- ¡Es la verdad!
-No te preocupes -aseguró Gabrielle-, no me molesta, muchas gracias señor Tom.
El otro suspiró.
-No me llames así, hija -le dijo-, o abuelo o Tom, pero no señor. Me haces sentir viejo.
Las dos mujeres soltaron una carcajada. El anciano era muy vivaz, y había llevado muy bien el fallecimiento de su hijo y todo lo relacionado con el Imperio, sus nietos…
-Bueno, le dejo en casa y ahora vamos -dijo- ¿Tienes tú una lista propia?
Gabrielle asintió, dando unos golpecitos en su bolso. Observó cómo ambos iban hasta la casa de la familia Knight, donde ya los dos más jóvenes estaban también haciendo cosas por la casa, no tardando demasiado la adulta en salir. En ese lapso, la otra fue hasta su coche, lo arrancó, y lo aparcó con el motor encendido frente a la casa de Bernadette, que accedió al mismo dos minutos más tarde.
-Bueno, pues al mercado que vamos -Gabrielle comenzó a conducir-, ¿queréis comer hoy en nuestra casa?
La otra negó.
-No, no haría falta -aseguró-, hoy tenemos un poco de todo, macarrones, puré, patatas con carne…
La otra suspiró, llevaban la radio a modo de fondo.
-Me sabe mal, no echaros una mano con eso -comentó-. Mis niños comen con vosotros, me gustaría que los fines de semana os pudiera devolver ese gran favor.
Bernadette negó, mientras miraba de vez en cuando por la ventana.
-No es un favor, hay que ayudarse en estos tiempos… -la mujer suspiró-, además vosotros nos salvasteis, entrasteis como Rambo por la puerta con esas armas.
Se rio un poco, Gabrielle se rascó el cuello con una sonrisilla. Vieron pasar un par de furgones de los imperiales y ambas suspiraron un poco.
-Yo pensaba que iban a imponer durante más tiempo el terror estos hijos de puta, pero no… -murmuró Bernadette- Seguro que a más de uno le parece hasta bien, que hayan puesto orden.
Gabrielle asintió, estaban ya cerca del mercado, situado en una gran nave donde vendían de todo, en pleno centro de la ciudad. Aparcarían en el parking que había justo debajo del mismo y usarían un par de carritos, estaba pensando incluso en convidar a la otra familia la compra, aunque lo más seguro es que la otra se negara. Pero eso le daba igual.
-La gente prefiere el orden a otra cosa -comentó Gabrielle-, por eso nuestros planes tardarán en fraguar en nada concreto…
Llevó el coche hasta una de las entradas al subterráneo, encendió las luces y aparcó en el primer sitio libre que encontró, mientras Bernadette cantaba suavemente poco al son de la música de la radio, la otra debía reconocer que tenía una voz hermosa.
-Para mí es indiferente -comentó la otra-. Me importan más mis hijos y mi suegro que cualquier revolución o tonterías así.
Gabrielle la miró con sorpresa.
-Tom les lavó la cabeza con esas ideas locas… -murmuró- E Ibrahim tampoco es que tuviera una forma de pensar super clara y a mí me daba igual mientras fueran gente de bien, así que…
-En nuestra familia es más una forma de ser que otra cosa -explicó Gabrielle, se habían acercado a unos carritos de plástico -, pero tampoco estoy especialmente contenta con todo esto… pero es como dices: no podremos controlarles siempre.
A eso la otra asintió. Debía reconocer que admiraba a la joven, ella no era tan madura a su edad, que por cierto coincidía con sus inicios en la relación con Ibrahim.
-Con el abuelo Tom con ellos no les irá mal -le tranquilizó Bernadette, abrazándola por detrás-. Es un viejo zorro, ¿recuerdas? Sobrevivió a Vietnam nada menos.
Estaban ya en el montacargas para subir hasta donde comenzaban las tiendas. Gabrielle sonrió un poco, agradecida, y le devolvió el abrazo suavemente. Segundos después se abrieron las puertas, momento en el que ambas salieron hasta la zona de tiendas, donde harían las compras respectivas.
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Los adolescentes estaban en el jardín de los Magné, sentados en un banco al Sol mientras charlaban y aprovechaban la luz de la mañana para hacer algunos ejercicios juntos, pues luego les daría demasiada pereza para hacer nada. Sam vio con diversión cómo Percy se había sentado directamente junto a Taelia, mientras Johnny se quedaba en el césped y con las piernas estiradas y una cara de satisfacción por el trabajo bien hecho. Tom les observaba desde la distancia, con el bastón dando vueltas entre sus manos y una ligera sonrisita, preguntándose cómo sería la relación entre todos ellos en un futuro.
-Pues es bastante fácil el tema -comentaba Percy-, vas corriendo por el lateral, centras y el que estaba aquí cabezazo y gol, coño.
Taelia negó.
-Los del París son tan malos que ni eso saben hacer -comentó-, no sé ni cómo les sigues aún.
-Porque es el mejor equipo de Francia -le espetó Johnny- ¿A que sí, Sam?
Su hermana negó con los ojos en blanco, y la aludida sonrió un poco.
-Tu hermano tiene buen gusto -comentó-, tenemos unas camisas firmadas por el capitán cuando ganó la última copa, ¿querrás verla?
-¡Si, por favor!
Y se levantaron entonces, yendo de la mano dirección a la otra casa, y dejándoles a solas a Taelia y a Percy. Esta suspiró un poco mientras el otro se cohibía un poco, pero ella habló entonces.
-¿Tú crees que podremos terminar este año con algún logro? -preguntó ella- No este, evidentemente, me refiero al que viene.
Percy suspiró.
-No creo, al verdad… -comentó- El abuelo no parece demasiado convencido de ello, no quiere correr… y lo entiendo. Creo que tiene miedo.
Ella asintió, pensativa.
-Puede ser -dijo ella-, ahora más en frío, tampoco tengo especiales ganas de hacer nada al respecto. Prefiero vivir mi vida por ahora e ir preparándolo todo, antes que lanzarme a nada.
Percy la miró y sonrió.
-¿Cómo tener novio? -preguntó, ella le miró comuna ceja alzada- Vamos, no sé si tienes ya…
-No, no tengo -comentó ella-, lo hablé con tu hermana hace unos días, creo que le va mucho el amor libre…
-Pues sí -dijo él-, pero yo en eso soy más… tradicional, por así decirlo.
Ella le miró interesada.
-¿Es una forma de entrarme? -el chico se sonrojó- Lo prefiero así, la verdad.
Percy sonrió algo.
-Bueno, ¿te gustaría que fuera así?
Ante eso ella asintió, y le sonrió.
-Genial, genial…
Ante esas palabras Taelita le sonrió algo.
-Bueno, tú eres más moderado que tu hermana, pese a todo -comentó-. Eso ayuda, la verdad. ¿Luego tomamos algo?
Él asintió. Ella iba a hablar cuando vieron como unas naves enormes tapaban el cielo, dirigiéndose a kilómetros de allí, dirección a donde trabajaba Gabrielle. Esta comentó que habían ido a lo largo de esos días ingenieros de la galaxia para trabajar con ella, eso a ellos les pareció normal pero Tom puso cara de ligera preocupación.
-Cada vez vienen más y más a menudo… -comentó Percy- Y ya se han visto algunos aliens pululando por ahí…
Taelia asintió.
-Sí, entraron a las casas que quedaron vacías -recordó-. Me parece que están sustituyendo a estas familias, como se hizo aquí hace un par de siglos…
Percy la miró.
-¿Nos van a colonizar y volver este planeta poco a poco un mundo más, quitando a los locales y mandándolos a reservas o algo así?
Taelia se hundió de hombros.
-O puede que simplemente nos asimilen y nos vuelvan como ellos, no sé… -murmuró- En todo caso estamos jodidos, van a acabar naciendo muchos grupos nacionalistas…
Ella suspiró y se acomodó sobre él, que se sonrojó un poco, pero la abrazó por detrás ligeramente, lo que provocó que ella sonriera.
-¿Podemos dejar estos temas? -pidió- Me dan dolor de cabeza y, como bien dijiste, prefiero vivir mi juventud, por ahora…
Ella le miró, mientras se le acercaba un poco, mirándole a los ojos. El chico se perdió en sus ojos, miró por unos instantes sus labios, le eran bastante apetecibles. Ella le sonrió con cierta diversión, y le abrazó un poco. El otro suspiró, buscando controlar sus pulsaciones un poco, pensaba que…
-Poco a poco… -murmuró ella- Además, tu hermana ya vuelve con el mío, dudo que quieras aguantar que ella te esté dando puyitas con esto, ¿no?
Este asintió, se separaron y al minuto llegó Johnny primero, traía una cara de felicidad, con Sam detrás, también sonriendo, pero esta le dio un suave codazo al otro.
-¡Como mola su colección! -decía el menor- Tienen pocas camisetas pero con muchas firmas, ¡me encantan!
Su hermana se rio un poco.
-Me alegro, me alegro -respondió- ¿Te portaste bien o te viniste demasiado arriba?
Miró a Sam, que le levantó un pulgar.
-Fue muy buen muchacho -aseguró-. ¿Mi hermano se portó bien?
-Perfectamente -afirmó Taelia-, hemos visto llegar antes unas naves enormes, ¿querrás ir luego a investigar?
Sam sonrió de medio lado y asintió.
-Desde luego, aunque tendremos que mirar desde lejos… -murmuró- No me la quiero jugar demasiado tan pronto. Pasaremos… como muchachos normales.
Taelia asintió, iba a hablar cuando escuchó un pitido.
-Esa es tita Gabi -comentó, señalando al coche-, venga, vamos a ayudarlas con la compra.
Los cuatro muchachos fueron hasta el coche de la mujer, ayudándolas con las bolsas y llevando varias a cada una de las casas, en cuanto unos acababan ayudaban a los otros a cargar con las mismas, pues eran algo pesadas. En cuanto terminaron se reencontraron en la calle, Bernadette llevaba unos billetes en la mano para ese momento.
-Ah no, no, no -dijo Gabrielle-, no me des nada tonta.
La otra negó.
-Sí, y hacerte pagar más de doscientos euros -le espetó-, toma mi parte, no seas tú la tonta.
-Tú necesitas más el dinero -afirmó Gabrielle-, sois más.
La otra chasqueó la lengua, molesta.
-Pues coméis en casa -le dijo-. ¡Y no pienso aceptar un no por respuesta!
Los muchachos vieron eso con diversión, al final Gabrielle cedió ante la otra, recibiendo el dinero en metálico. Era verdad que la situación de su familia era holgada, pero la otra tenía bastantes ahorros, así que…
-Por cierto, ¿hicisteis lo que os pedí? -preguntó Gabrielle- ¿Habéis ordenado todo?
Los jóvenes, incluyendo a Sam y Percy, asintieron.
-Por cierto, tengo que ayudar luego al abuelo con sus pañales -comentó Bernadette-, luego podremos tomar algo todos juntos, a medio día.
Con eso decidido, se separaron para colocar todas las compras. En cuanto terminaron, sin embargo, Taelia y Johnny bajaron hasta el garaje y tomaron la bici de ella, que aunque vieja era bastante fiable. Salieron con ella por la puerta pequeña, y vieron que de los dos hermanos Sam ya estaba en su bici, mientras Percy revisaba las cadenas de la suya, pensativo.
-Creo que tendréis que ir vosotras solas -comentó-, tendré que arreglarla con el abuelo…
Gruñó entonces, le hubiera gustado ir a decir verdad. Johnny le acompañó hasta la casa de los Knight mientras las dos chicas empezaban a pedalear dirección al trabajo de la mayor de los Magné, esperando poder ver algo útil. O no, igual ni las dejaban subir a alguna colina cercana o algo así, pero al menos se pasearían por las calles de Marsella. Y al ser a plena luz del día podrían ver cosas interesantes…
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(1) Sucede en el capítulo 71.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
