Código Galaxy

Capítulo 23

En la Tierra, ya estaban entrando en el inicio de la primavera. Seguía haciendo fresco en Marsella, pero poco a poco llegaría el calor estival de nuevo. Gabrielle estuvo trabajando arduamente en el diseño y posterior construcción de las instalaciones imperiales, en la zona exterior de la ciudad. Durante ese tiempo, conoció algo más a sus otros compañeros de trabajo, y que la habían ayudado bastante durante el trabajo, sobre todo a la hora de decidirse. Ella, como encargada del diseño de naves, necesitaba la ayuda de Alexei Solovieff para los materiales, que tenían que estudiar a fondo sobre sus características; Verasha Solovieff asesoraba a su marido para que tampoco se pasara con cantidades, no podían gastarse demasiado; mientras Thibaut Diop leía y releía los contratos que hacían, no sólo para la compra de material. También tenían que hacer bien los de los demás profesionales, recursos, agua, luz… todo, por supuesto, bajo la supervisión de James Dunbar.

-¿Carne o pescado, caballeros? -James revisaba la carta- Con vino rojo, por supuesto.

Estaban comiendo en la cafetería de las oficinas. De lo primero en ser levantado por los clones, de hecho, ya tenían casi todo preparado para, en pocas semanas, ponerse a funcionar.

-Por supuesto, carne -Thibaut lo tenía totalmente claro-. Comer pescado con vino debería ser pecado.

Gabrielle, entre ellos, se rascó la cabeza. La comida allí era genial, y especialmente barata. No sabía como Verasha se las había arreglado, pero así era. La mujer tenía ya su cerveza por la mitad, mientras los demás charlaban animadamente.

-Estaba pensando en… las manitas de cerdo, pero me suena que la tortilla está rica también -la joven miró a Alexei-. Tú las probaste, ¿qué tal?

El aludido le restó importancia.

-Todo aquí está rico -suspiró algo-, lo que me preocupa es que Luz siga sin querer estar con nosotros… pero tampoco con los demás clones.

Los demás asintieron. La clon, efectivamente, se pasaba el día con ellos, pero en las comidas se iba a una mesa, ella sola. Hablaba mucho pero no decía nada, y, a partir de la primera semana, no dejaba de preguntar por cosas que, según ella, veía en la televisión. Era alegre, pero cuando se enfundaba el traje un rostro serio y adusto se adueñaba de ella, como si toda esa, valga la redundancia, luz que irradiaba desapareciera o fuera oculta por un manto de seriedad tan irreal e impostado que dejaba pasar de vez en cuando su verdadera personalidad.

-¿Creéis que es porque le cuesta relacionarse? -preguntó entonces Thibaut- Puede que no fuera capaz de hacer grupo con los demás de su escuadrón.

James, sin embargo, negó.

-No tiene sentido que con nosotros sí y los demás clones no -comentó-, debe ocultar algo, algo que no sabemos… -suspiró un poco- Dudo que lo sepamos, y, la verdad, me da igual.

Le dio un largo trago a su bebida, e iba a levantar el brazo cuando llegó uno de los camareros. Una vez atendidos todos, volvieron a hablar entre ellos animadamente.

-Por cierto, pronto llegarán las Pascuas, podríamos hacer una fiesta ese día -comentó Alexei-, ¿lo celebrarás con tus sobrinos, Gabrielle?

Esta suspiró algo.

-Puede, pero a nuestros nuevos jefes no sé si les hará especial gracia-comentó-, ya sabéis, no les veo muy dados a divertirse.

-Por ahora los imperiales han respetado bastante nuestra forma de vida -murmuró Thibaut -, salvando las distancias, claro, y algún que otro genocidio… se han portado bien. Dudo que den problemas.

-Pienso igual -Verasha sonrió algo-, ¿fueron a aquel llamamiento, por cierto?

La adulta asintió.

-No me lo recuerdes… -murmuró- Me tocó llevarles a ellos y a los de la familia de al lado, y, joder… -se rascó un poco el puente de la nariz- Dieron por culo como campeones…

Los otros se rieron un poco, cuando vieron llegar por la puerta a Luz. Llevaba su bandeja en las manos, con la comida y bebida listas, y buscó con la mirada un hueco libre. No vio ninguno, no que no fuera a ser ocupado inmediatamente, sin dar tiempo a que se acercara. Tardó un minuto, pero eventualmente se acercó hasta la mesa donde estaban los demás, colocó su bandeja, y tomó la silla más cercana, poniéndose a comer sin más.

-Que aproveche… -Gabrielle le sonrió- ¿Está rico?

Los clones tenían una zona de buffet libre para que consumieran lo que consideraran, mientras los humanos tenían un menú concreto y cerrado, y de mejor calidad. De todas las tareas sencillas se encargaban los primeros, mientras los segundos realizaban las funciones más complejas, sobre todo en cuanto a decisiones. Eran los encargados, los que llevaban a cabo los trabajos más cualificados, por eso comían y les trataban mejor que los clones, que vivían en barracones desde el primer momento, mientras ellos se limitaban a, una vez terminada la jornada, volver a casa, pero no los otros, que no salían del recinto más que para buscar a los trabajadores y llevarles al centro.

-La gente suele responder cuando se le pregunta, Señorita Luz -explicó Thibaut-, es lo educado.

La clon tragó de su sopa, y suspiró.

-Hola -respondió simplemente-, sí, está rico, la verdad…

Miró en silencio su plato, pensativa, mientras los demás se limitaban a hablar entre ellos. Hasta que terminó no se planteó comenzar a hablar un poco, aunque hasta ese momento había estado atenta no comentó nada, pero se metió en la conversación.

-Yo sigo pensando que, en algún momento, tendrán que hacer algo -decía Verasha-, igual que al inicio estábamos todos acojonados, con esto es lo mismo.

-Eventualmente convencerán de las bondades de su sistema a las nuevas generaciones, sí… -en ese momento, Gabrielle negó-, pero dudo que nos sustituyan, somos siete mil millones, ¿nos van a relegar en un corto plazo? Sinceramente, lo dudo.

-Lo harán -Luz, sintiéndose el centro de atención, bajó algo el rostro. Sin embargo, se armó de valor para seguir-. Lo vi en otros mundos, antes de ser destinada aquí… conquistan, y hacen de cada planeta una colonia, la explotan, y mientras lo hacen, convierten a la población local en uno de ellos. En pocos años, el planeta se une por voluntad propia al sistema -suspiró un poco entonces-, así ha logrado existir la República por 50.000 años, y el Imperio copió el método…

Miró a Gabrielle a los ojos. Esta tragó saliva, lentamente, pero antes de que pudiera decir nada, la otra siguió.

-Lo que hizo Zormu hace un tiempo, de buscar un asistente local… es para eso -explicó- Para que le explique las partes de la cultura que no podía entender por la literatura, y ganarse vuestro favor -miró a los guardias de reojo-. Este planeta está condenado, hagáis lo que hagáis… lo siento.

Se levantó entonces, sus ojos parecían algo enrojecidos, pero tomó su bandeja y salió de allí a toda prisa. Sabiendo que ella se debía sentir fatal, la siguieron. Era la excusa perfecta, la clon siempre era la que preparaba de nuevo la sala de trabajo, a la que ellos entraban un minuto después para seguir trabajando. En cuanto salieron de la cafetería, y en dirección al edificio donde hacían sus labores, Gabrielle la sujetó por el antebrazo.

-¿Podemos… hablar?

Luz dudó unos segundos, pero acabó asintiendo.

-Pero luego, le… pediré a mi compañero ser yo la que os llevé -se colocó el casco entonces-, ya se me ocurrirá alguna razón. Vamos.

Sin más, se dirigió a paso firme hacia la oficina, no dejando que los demás se pudieran tomar su cigarrillo de rigor… en apariencia. Poco a poco había ido logrando convencerla de la necesidad de hacer esos parones e interludios, aunque no estuviera muy a favor de esas costumbres, como la de beber. Eso sí, sentía curiosidad por probar aquel producto, la cerveza, había escuchado varias veces a ese grupo hablar de ir a tomarla… y quería saber a qué sabía.

-Entrad.

Según llegó a la puerta de las instalaciones, les abrió. En el tiempo que habían trabajado allí habían pasado de salas prefabricadas a edificios más resistentes y altos, propios de oficinas, con pabellones cercanos con líneas de producción de naves. De hecho ya se estaba trabajando en ellas… o esa era la idea. El propio jefe supremo de aquel complejo, Garlio, había tenido que volver de su planeta, Delta Airei 5, para saber qué estaba pasando.

-¿Se sabe de qué son las pintadas, y qué significan?

En una de las paredes de la nave principal, la del fondo norte, había aparecido una cruz extraña, junto a unas letras, "putos nazis" ponía. Además, había por todas partes pintadas hoces y martillos colocados en X, pero eso eran sólo chiquilladas en comparación con lo peor. La maquinaria que haría funcionar las líneas había sido rociadas con agua y jabón, inutilizándolas… y las cámaras, por alguna razón, no habían pillado a los delincuentes.

-Al parecer hace referencia a un grupo político de hace algo más de cien años, en la historia local les colocan como perpetradores de grandes matanzas y batallas.

Junto a Garlio había un grupo de cuatro individuos, todos de su mismo mundo, precisamente los que le avisaron. El aludido sonrió algo.

-Me alegra que nos comparen con esa gente -miró a los demás-, pero no se pueden permitir estos atentados. ¿Seguros que en las cámaras no se ve nada?

Otro intervino entonces.

-No, pero han dejado huellas por todas partes -les mostró unas fotos de las instalaciones desde la perspectivas de las cámaras-, usaron esto para evadir nuestra seguridad, pero no tuvieron en cuenta la seguridad biométrica y los sensores, les pillaremos sin duda.

El otro asintió, satisfecho.

-¿Fueron muchos?

-No, sólo cuatro, señor, jovencitos todos, ningún adulto -señaló un tercero-, ya han mandado a unos agentes para que vayan a darles una buena lección, señor.

-Perfecto, buen trabajo, caballeros -suspiró algo-, Lady Starlight quiere tener esta base operativa cuanto antes, ¿los demás sectores están trabajando ya?

Tenían colocados a lo largo y ancho del mapamundi múltiples bases extractoras de recurso, fábricas y zonas de entrada y salidas de naves. En ellas, efectivamente, tenían contratados seres humanos… pero los que más decidían eran todos imperiales. Garlio era el presidente de esa fábrica, pero no era la única, todas ellas bajo el mando de, claro, Zormu. Este, de todas formas, estaba más ocupado con otros asuntos de gobierno del planeta.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Este se encontraba, junto a Daraman, en el que en su día fue el parlamento europeo. Un gran edificio acristalado, con las antiguas banderas de las naciones que conformaban la Unión sustituidas por las del Imperio, y grandes salas interiores llenas de prensa local y galáctica para asistir a la selección, por parte del líder político, de su mano derecha a partir de ahora.

El médico personal del dictador, como siempre, le acompañaba allí donde estuviera, estando atento de este y su marido, encargado este último de hacer la selección, junto al propio doctor, que era el encargado de los exámenes psicológicos, mientras el robot se limitaba a hacer la selección de aquellos más indicados para el puesto de asistencia en cuanto a conocimientos. Al final, la decisión última era de Daraman, y ese día, sería el final del proceso. Zormu se limitaría a hacerla pública esa noche, tras despertar de la siesta que se estaba tomando en la planta presidencial.

Habían terminado con un selecto grupo de 10 jóvenes, de los que se quedarían sólo con 1, cada uno elegido de entre lo mejor que había llegado por zona de ese planeta. Había una, sin embargo, que habían llamado la atención de Daraman a raíz de lo que seleccionadores previos habían comentado.

-La tal Brynja Heringsdötir parece interesante, una muchacha líder natural, segura de sí misma, grácil e inteligente… -una sonrisa de diversión apareció entonces en su rostro- Pudiste esforzarte más en ocultar que es una zorra, Asbura…

Revisó su expediente. 16 años, islandesa, hija de buena familia de políticos locales. Sin duda, alguien interesante y que se sabía mover. Por la foto, todo había que decirlo, se le notaba ya en los ojos que quería poder.

-Los demás son demasiado formales… -tenía una grabadora, registrando sus impresiones orales- Gente aburrida que solo quiere un puesto seguro y sin demasiada responsabilidad. No creía encontrar nadie valioso… pero creo que esta chica puede ser útil, si es que realmente es lo que creo que es.

Oyó la puerta sonar, momento en que apagó la aplicación de grabadora de su antebrazo, e indicó que entrara. Vio llegar a aquel robot, y se levantó, con una tablet en las manos con todos los archivos.

-Buenos días, amo.

Daraman sonrió.

-A ti, Aquión -saludó-. ¿Qué tal duerme Zormu hoy?

-Lord descansa bien, tras su tratamiento, como siempre -señaló-, su producto es tan eficaz como siempre.

Saliendo por la puerta, él sonrió un poco.

-Todo por el mejor de mis pacientes -afirmó-, hoy espero conseguirnos un buen aliado.

-El Lord está muy contento con su trato, amo -afirmó-, no necesitará más, se lo garantizo.

-No si tengo que hacerme cargo de él, llegado el momento.

Aquión asintió, y se limitaron a andar por los pasillos. Daraman tenía un plan sencillo, pero muy complicado a la vez, y necesitaba alguien como él a su lado. Alguien con ganas de poder, sin escrúpulos y que hiciera la vista a un lado en el momento oportuno. Para esa noche, tendría a la persona indicada como asistente del dictador, y podría seguir más de cerca aún sus movimientos.

-Si necesitas que coloque alguna cosa, avísame, ya sabes -le indicó entonces-. Entremos.

Estaban en una de las salas de reuniones del Parlamento, tras cruzar varios pasillos, con las banderas imperiales por todas partes. La luz del día entraba por los ventanales, y permitían ver las diferentes salas, todas ellas con suelo de moqueta rojo, las estrellas de la antigua Unión, y televisores de plasma y megafonía allí donde se posara la vista.

Tras la puerta, estaban los candidatos. Brynja, efectivamente, se encontraba entre ellos. Bien maquillada y vestida con un vestido rojo algo ceñido y escotado, se había asegurado de pasar con éxito cada prueba, por méritos propios, o agasajando al elector. No había tenido problema alguno en mantener relaciones sexuales con alguno de ellos, incluso, para asegurarse un puesto. Mientras se miraba al espejo, revisaba de reojo a los demás, pensativa, hasta que vio llegar a los dos imperiales.

Estaba, con los otros nueve, sentados en torno a una mesa de madera. Se levantaron de las sillas, y les miraron atentamente, con cierto interés, con un ligero asentimiento a modo de saludo, empezando así la reunión.

-Buenos días, me llamo Daraman, y seré vuestro examinador -les tendió a cada uno unas hojas-, rellenad este cuestionario, por favor, y os iremos llamando de uno en uno cuando terminéis, empezaremos de izquierda a derecha, y los demás tendrán que salir mientras, ¿alguna duda?

Como nadie comentó nada, comenzaron a rellenar papeles. Brynja ahí era la más joven con diferencia, el siguiente tendría por lo menos 23 años, debían saber bastante más que ella. Empezó a leer las preguntas, por suerte para ella era un tipo test, pero ya tenía un plan para ser la elegida. Y es que todos los hombres, sean de la especie que sean, eran iguales… Esperó a ser la tercera en entregar los papeles, ya rellenados, y esperó fuera.

Sería la última en entrar, por estar más a la derecha, momento en que notó que, por fuera, no se veía el interior. Se fijó en que pasaba con todos los cuartos, por guardar la privacidad. Era perfecto, pensó. Pacientemente, esperó a que los demás, uno a uno, fuera pasando, aunque no llegó a ver qué ninguno saliera de allí.

-Brynja Heringsdötir, su turno.

Era Aquión el que salió, había que reconocer que era muy cercano a un humano, era realmente idéntico, a decir verdad. Parecía totalmente real, incluso su voz, sólo destacaba la ligera luz verde de su estómago. Por lo que sabía, ahí residía el verdadero marido de Zormu, el robot era tan solo su esqueleto, que servía como medio para que se relacionara con los demás. Pensando en ello, entró al cuarto, y se encontró con Daraman de frente. Este presentaba el mismo aspecto impoluto de horas antes, si no más arreglado aún. Desde luego, su especie era una bastante dada a arreglarse y engalanarse. Desde luego, se iban a llevar bien, ellos dos.

-Bien, señorita Heringsdötir, ¿qué puede decirme de usted que destaque?

Ella se lo pensó un poco antes.

-Estoy dispuesta a todo por lograr mis objetivos, señor.

Daraman parecía apuntar cosas.

-Eso me lo han dicho varios -comentó-. Ahonde en esa cuestión, por favor.

Ella le miró. Su pulso se aceleró un poco, entonces. Se colocó el pelo tras la oreja, con su larga melena rubia cayendo hasta su muslo, y puso su mejor sonrisa.

-Todo es… todo, señor -su voz sonó como un suave ronroneo-. Incluso cosas que… estarían fuera de la moral.

-¿Incluido matar?

Ella trago saliva, pero sonrió.

-Depende… de a quien, y de por cuánto.

Daraman paró de escribir en ese momento, y la miró directamente a los ojos. Ella se sintió algo intimidada, pero no cedió.

-¿Cómo puedo saberlo? ¿Cómo sé que no me miente?

Los ojos de Brynja, por un instante, brillaron de color dorado, y entonces su voz sonó más convincente que nunca.

-Sería capaz de vender a mis padres por poder… -se acercó suavemente a Daraman, que estaba justo en frente de ella, y tomó su mano -Seria capaz de todo… por poder.

Se aseguró que su escote quedara justo a la vista, no se veía nada pero se intuían sus pronunciadas curvas. El otro sonrió, deteniendo el gesto de Aquión, y que iba a hablar. El robot se quedó en su sitio mientras veía la batalla no verbal entre los otros dos.

-Muy bien… -murmuró él, sonriendo- Te haré un último cuestionario, espera fuera, ¿vale?

Señaló justo detrás de la muchacha, que asintió, y se levantó, lentamente, y se movió sinuosamente, bamboleando sus caderas, mientras Daraman no quitaba su vista de ella en ningún momento, hasta que salió por la misma puerta por la que entró. Los demás tuvieron que haber ido por la que estaba tras Daraman, pensó, y sonrió satisfecha una vez estuvo fuera. De su escote sacó su móvil y se revisó, sabía perfectamente qué venía ahora.

Daraman no tardó demasiado en salir, estaba a solas, así que el robot se había ido. Ella le sonrió un poco, y se dejó tomar por el brazo del otro, que la fue escoltando por los pasillos, andando tranquilamente.

-Y… ¿De qué es ese segundo cuestionario, señor? -preguntó ella, inocentemente- ¿Hice bien el primero?

-Bastante bien, de hecho… me gustaría hacerte unas analíticas, pero será luego -explicó-, por ahora… iremos a un sitio más cómodo, señorita Heringsdötir.

Ella asintió, y sonrió algo. Fueron andando hasta llegar a unos ascensores, al que subieron de la mano, donde Daraman observó sus pechos con descaro, cosa que ella notó pero le restó importancia.

-Los informes tenían razón… en todo -comentó él, sonriendo- Eres tan decidida como… convincente.

-Suelen decir que promiscua, por no decir otra cosa -rio, divertida-. Pero… me da igual. Lo disfruto yo, vosotros, y yo encima logro mi objetivo.

Daraman se rio un poco, entonces, y la aproximó a él, mirándola a los ojos. Acarició su rostro un poco, y los de ella volvieron a brillar ligeramente, haciendo que el otro sonriera y pasara sus manos por el trasero de ella sin pudor alguno.

-Convicción sin duda… -musitó Daraman- ¿Sabes de qué hablo?

Ella negó, pero se mordió el labio, mientras posaba sus manos en los hombros de él.

-Lo que sí sé es… -se hizo la interesante- Que me apetece saber de qué pasta están hechos los de tu especie, ya sabes…

En ese momento se abrieron las puertas del ascensor. Estaban en la planta superior del Parlamento, donde había un segundo ascensor, y que llevaba directamente hasta una de las naves imperiales, donde acabarían retozando en la cama del médico, mientras Aquión descansaba junto a su marido en tierra.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Sam y Percy estaban echando la tarde en la casa de los Magné, jugando con Taelia y Johnny con tirachinas. El viejo Tom había insistido en ello, era la mejor forma de entrenar la puntería sin llamar la atención. Habían colocado, en línea recta, una decena de botellas de cristal sobre unas cajas de madera, y, bajo la atenta mirada del mayor, fueron disparando guijarros contra ellas. Estaban en la parte trasera, con el suave sonido del mar de fondo, riendo, cuando escucharon llegar unas sirenas, y algo de tumulto en el exterior, seguido de un par de gritos, y unos cuantos disparos.

-¿Qué coño…?

Sam empezó a correr al exterior, seguido por los demás, encontrándose por el camino con Bernadette, que se acabó asomado por la ventana junto a los menores, mirando con interés. En la acera de enfrente, unas cuantas casas hacia la derecha, habían detenido un furgón repleto de clones, para cuando ellos llegaron estaban sólo un par de ellos esperando en el exterior, con sus armas listas para actuar en todo momento. Apenas un par de minutos después, vieron salir con una persona, parecía esposada y con una bolsa en la cabeza, pero Sam le reconoció, pues se llevó la mano a la boca, con los ojos muy abiertos.

-Es un amigo nuestro, Adrien, va la universidad… o iba, al menos.

-¿Qué habrá hecho… ? -murmuró la adulta- Espero que vosotros no tengáis nada que ver en este asunto.

-Los niños durmieron en casa esta, y todas las noches, querida.

Ese era Tom, que volvía en esos momentos por el pasillo, cerveza en la derecha, y bastón en la izquierda. Se sentó con parsimonia en el sofá, encendiendo la tele, mientras los demás seguían mirando al exterior.

-Comentó hace un par de días que iba a hacer una cosa de la ostia… -murmuró Percy- ¿Creéis que se haya metido en un lío con los imperiales?

-Tiene toda la pinta -comentó Taelia-. Puede que Gabrielle nos cuente cuando vuelva.

-Seguro que es algo de vuestra mierda de grupo -murmuró Bernadette, molesta-, no os volváis a juntar con esa gente, haz el favor.

-Pero ma…

-¡Ni peros ni peras, os lo ordeno! -Percy se achantó un poco, pero acabó asintiendo- ¡Bastante que os dejo jugar a los héroes con vuestro abuelo!

-Oh, vamos, querida -el anciano sonrió entonces-, no se pondrán en peligro por ahora, ya sabes que te lo prometí.

La aludida asintió un poco, y se limitó a sentarse con él, mientras los menores volvían a la parte trasera del edificio, a seguir con su entrenamiento. En cuanto estuvieron a solas, la mujer miró al que ya consideraba como un segundo padre.

-Tomathew, mis hijos se están metiendo en algo que no me gusta nada -pidió con un gesto que la dejara terminar -, han salido a tu familia. Vuestras ideas… me parecen lamentables, eso de la mierda de lucha de clases, el comunismo, la bobada de socializar todo…

-Y aun así, aceptaste a Ibrahim -le recordó Tom-, a él y a mí, e igualmente hiciste con lo que pensaban tus hijos -suspiró-. Además… al final del día, también tienes nuestros mismos ideales de igualdad.

-Murieron millones…

-¿Acaso no mueren también millones por la explotación?

-No es lo mismo, y lo sabes.

-Nunca lo es -Tom se rio un poco-, los de esta casa… son buena gente, los Magné, aunque sean unos neoliberales.

Bernadette tuvo que rodar los ojos, levantándose de donde estaba.

-Encima que nos dejan su casa… -murmuró- Claro que se la estoy limpiando… en fin.

Siguió con sus quehaceres, mientras el mayor se limitaba a ver la tele, mientras los niños seguían con sus tirachinas, apuntando como podían hacia las botellas. O no llegaban a lanzarlas bien, o se quedaban demasiado lejos y le daban a la que no era, o simplemente no elegían la piedra correcta y esta no volaba adecuadamente. Aquel era todo un arte, la verdad, dependiendo mucho del tipo de roca que usaran… hasta que a Johnny se le ocurrió una idea.

-¿Y si usamos canicas? -propuso, entonces- Son baratas y fáciles de conseguir en grandes cantidades, la verdad.

-E incluso podemos aprender a hacerlas, seguro que hay tutoriales en internet -comentó Percy, sonriendo -, no creo que sean difíciles de hacer.

-Chicos, pensad que usaremos pocas, ¿nos merece la pena tanto esfuerzo? -cortó de pronto Sam - Además, no podremos usarlas contra los clones, se van a reír de nosotros en la cara.

-Eso es verdad, sí… -murmuró Taelia- Pero creo que merece la pena, quiero decir, ¿cuántas armas de luz tendremos a mano de aquí a un mes, tía?

Sam se limitó a tensar la goma elástica que tenía, usaba a modo de puntos de apoyo los dedos índice y pulgar, y estiró, con un guijarro, apuntando dirección a una de las botellas. Lanzó la piedra, y ésta voló a toda velocidad por el aire, dándole a una de las botellas laterales de refilón, haciendo que se tambaleara y, eventualmente, cayera al suelo. La chica suspiró.

-Que mal, joder… -gruñó- Necesitamos armas de luz…

-¿No estaba vuestro abuelo intentando arreglar una que le mangasteis a un clon al inicio?

A esa pregunta de Johnny, la otra asintió.

-Sí, pero es difícil de cojones -respondió-, porque es una tecnología que… bueno, ya sabéis.

-Gabrielle se encuentra trabajando en naves ahora, podría ayudarnos -dijo Taelia -, en unas horas debería volver, de hecho…

Revisó su móvil, y comprobó que, efectivamente, quedaba poco para que ella volviera de trabajar. De hecho pasaban algo de las 6 de la tarde, a esas horas tenían que estar de vuelta en uno de esos mismos furgones que vieron antes. Y así era, pues estaban saliendo de la oficina en ese mismo momento, junto a los demás, incluida la clon, y que se les adelantó cuando llegó el furgón que les llevaría de vuelta a casa. Llegó hasta el conductor, habló con este unos instantes, y vio que bajaba tras indicarle con un gesto que entrara al aparato. Luz sonrió entonces, montó, y fue entonces que se abrieron las puertas correderas para que ellos entraran al furgón igualmente.

-Os llevaré yo, como dije -la oían hablar por megafonía mientras se iban sentando y colocándose el cinturón- Tengo… que contaros algunas cosas, ya que me preguntasteis. Nadie lo hace, así que… es el momento.

Su voz había temblado un poco, debía ser realmente importante para ella. Se limitarían a escucharla hablar todo lo que necesitara, aunque no les importara especialmente a algunos… Gabrielle sentía especial interés en aquella clon tan curiosa.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

A años luz de allí, en la base imperial de Delta Pisci 4, llegó una nave imperial de pequeño tamaño, apenas seis metros, pero de lujo. Llevaba el logotipo del bando en sus laterales, se trataba de la nave de uno de los generales a juzgar por las estrellas y logotipos que había a lo largo de su casco, estaba llegando alguien importante, pero sólo lo sabían los mandos del complejo y poco más, y que se habían presentado para dar la bienvenida a, nada más y nada menos, que Lady Starlight. Cuál fue su sorpresa cuando se encontraron con Shamarya, y con ella, una jovencita desconocida para todos ellos, pero de una edad similar a la de la xanium, y que bajó junto a esta.

-Lady Shamarya, no la esperábamos -comentaba uno de ellos, el coronel Kobaris-, creíamos que vendría Lady Starlight, y….

La aludida, sin embargo, negó vehementemente.

-No, vengo yo, a supervisar a su grupito, y de paso, hacerles unas pruebas -se giró y miró a la otra mujer-, tú, no te quedes ahí como una estatua y lleva mi equipaje, humana.

Beatrice asintió, servil, y cargó con los fardos, junto a un par de hombres, tan trajeados como la primera, y que fueron directos al edificio mientras la general se quedaba atrás, hablando con los demás oficiales.

-Le puedo asegurar que cumplimos toda la legislación en cuanto a seguridad -explicaba Kobaris -, de hecho, esta es la más segura de todas.

-No lo pongo en duda, coronel -explicó ella-, sólo vengo a hacer una tarea, en nombre de mi compañera, y nos iremos luego. No tardaré más de una semana, se lo garantizo.

El otro asintió, despacio.

-Puede quedarse todo lo que necesite, Lady, y…

La otra se limitó a andar dirección al edificio. Allí fuera hacía frío, aun siendo una gigante azul la que calentaba el sistema, estaban tan lejos de la misma, y tan alto en altitud, que se mitigaba mucho el fuerte calor que habría a nivel del mar. No era mentira que estuviera allí para medir el nivel de Laura y su grupo, pero no era la misión principal. Esta era que Beatrice se infiltrara, y pudiera hacer vigilancia más cercana de Yekira Obara, y que había sospechas en torno a ella. Nada realmente grave, pero querían tenerla vigilada, y de paso, Beatrice podría entrenar sus capacidades policiales, más si cabe. Esta se encontraba ya en el área de oficiales, en las plantas más altas, seguida por los otros dos esclavos, que se limitaban a mirar al frente. Le daban cierta pena, venían de su mismo mundo, la Tierra, pero ellos ya no serían libres, mientras ella… bueno, en realidad tampoco lo era. Todos estaban a merced del Imperio, sólo que su situación era ligeramente mejor.

Al menos ella no tenía que aguantar los envites de una fiera mientras mantenía relaciones sexuales con ella, haciéndole alguna que otra laceración por el cuerpo. Al menos, y eso sí que lo había visto, luego la xanium era realmente cariñosa con ellos, lamiéndoles las heridas y dándoles suaves masajes a modo de recompensa, y que solían acabar en relaciones más heterodoxas. Se sonrojó, preguntándose si Asmae tendría esos mismos gustos…

Se quitó esos pensamientos cuando entró al cuarto que ocuparían, era amplio y lujoso, pero ella no dormiría ahí. Esa enorme cama sería para Shamarya y sus dos esclavos, ni nombre como tal tenía, sólo les asignó un número, 1 y 2. Eran morenos, de pelo rizado, ojos grandes, nariz ancha, y cuerpo algo fuerte. Eran guapos, había que decirlo, eran esclavos de élite, pero perfectamente podrían haber acabado sacando minerales en cinturones de asteroides, se salvaron por que la general se había fijado en ellos unos días antes.

-Vamos a colocar todo -comentó ella-, luego saldré, ¿vale?

Ambos asintieron, sin más, y comenzaron con su labor, aunque no dejaron que ella hiciera demasiado, Shamarya había dado órdenes claras al respecto. Por eso, Beatrice se limitó a desearles suerte a ellos, dejó sus cosas en una cama lateral, y procedió a bajar hasta la parte más profunda del edifico, donde esperaría Laura Gauthier junto a su grupo, era la hora de comenzar a trabajar. Estaría al lado de ellos durante varios días y sacaría toda la información posible, o esa era la idea. Como policía tenía experiencia en sacarle información a gente, ya sea de forma directa o indirecta, pero hasta ahora era gente normal. Pero estos, en teoría, eran personas instruidas a nivel militar, eso lo cambiaba todo.

-Hay gente de la Tierra, en el grupo -comentó para sí, andando por los pasillos-, eso debería hacerlo más sencillo, en teoría.

Pensaba en ello mientras tomaba un ascensor, usando las credenciales de su antebrazo. Starlight lo había dejado todo dispuesto para que tuviera los mismos permisos que un general del Imperio, por lo que tenía carta blanca para ir donde ella quisiera. Le habían asegurado, además, que podría cuchichear lo que quisiera. Tenía, en definitiva, vía libre para hacer lo que quisiera, mientras cumpliera con su misión. Cuando llegó a la planta indicada, escuchó jaleo en una de las habitaciones, así que preparó su identificación, dio unos suaves toques en la puerta, y entonces entró.

Vio, efectivamente, a varios clones sentados formando un semicírculo, con dos adultos algo mayores también ahí colocados, cosa que sorprendió a la chica. Vio de fondo a un total de cuatro personas, dos varones y dos hembras, y que estaban luchando con espadas de luz, habían formado dos parejas para entrenar entre ellos. Identificó a la rubia como Laura Gauthier, líder del grupo y alumna de Starlight; y a la otra, claramente alien, con sus inconfundibles cartílagos de colorines, como Yekira.

-¿Quién er…? -Laura se paró de golpe, y adoptó una posición de saludo militar- ¡Buenos días, mi general!

Rápidamente los demás la imitaron, sin embargo, Beatrice negó suavemente.

-Me llamo Beatrice Magné, vengo a haceros unas pruebas, soy la asistente de…. -dudó unos segundos, pero se recompuso rápido- De Lady Shamarya Yirowa, general del Ejercito Imperial, ella será la supervisora última de estas pruebas.

-Ah, sí, cierto, mi maestra me avisó -comentó Laura entonces-, que vendrían a hacernos algunos exámenes.

Beatrice la miró durante unos instantes. Se supone que eso era desconocido para todos, Star fue muy vehemente con eso, ¿cómo podía saberlo? Sin embargo, le sonrió, y tomándola de la mano, la separó de los demás, sería con ella con quien empezara.

-Primero tú, luego tus compañeros lakyos, y finalmente los clones y ayudantes de campo, ¿entendido? -cuando asintieron, se alejó con Laura- Venga, teniente.

Esta se dejó llevar, mientras asentía mirando a su escuadrón, y que le devolvieron el gesto, había guiñado un ojo a los demás, colocando dos dedos en su sien y separándolos un poco. Eso hizo que Hertz se acercara, junto a Jim, a los demás.

-¿Podemos hablar?

Ella parecía nerviosa, así que los demás asintieron,

-¿Sucede algo, señora Hertz?

Yekira parecería una alumna más de Kadic de no ser por sus cuernos y las marcas en la piel, aunque para Patrick era la chica más guapa que en su vida había visto.

-Bueno, tú creo que no lo sabes, pero todo eso que hace es… -dudó unos instantes- Muy de la Tierra, de nuestro mundo.

-En la galaxia también se guiña el ojo, pero el gesto de la mano… -esa era Floresta, que estaba pensando- Es la primera vez que lo veo, incluidos vosotros.

-Es curioso, además, las cosas que a veces nos ha dicho -Jim puso rostro serio-, joder, a mí me llamó albóndiga durante días…

-A ver, su jefa invadió nuestro hogar -intervino Patrick-, seguro que le ha contado cosas así, ¿sabéis? No sería raro.

-Es posible, claro, pero… -Suzanne no parecía muy convencida- En fin, serán paranoias mías, es todo…

-¿Nos podría seguir contando aquella historia tan chula de la señora Curie, por favor?

Blancas, sin dar tiempo a la otra a poder decir si sí o si no, la tomó del brazo y la llevó a un lateral, junto a otros clones, y que disfrutaban de las historias que ella, junto a Jim, a veces contaban. Al ser mayores, y con mucha más experiencia que sus demás líderes, estaban, a ojos de ellos, llenos de sabiduría y experiencia. Y desde que nacieron, hacía meses, les habían inculcado la idea de aprender de los mayores…. así que se limitaban a seguir con las enseñanzas que aprendieron.

Yekira, sonriendo, tomó el brazo de Patrick entonces, y le alejó un poco de los demás, eso no le pasó desapercibido a William, que se limitó a ir dirección a las duchas, para dejarles cierta intimidad.

-Oye, había pensado en… ir a dar una vuelta, ¿sabes? -comentó ella- He encontrado un sitio precioso para hacer alguna escapada.

-¿Está lejos? -preguntó él- Recuerda que tenemos un horario, y tal….

Ella asintió, mientras andaban ella le había llevado al pasillo, iban ya hacia las habitaciones. Yekira era cálida y agradable, le recordaba a Aelita, la novia de su primo, y… una cara de tristeza apareció en su rostro entonces, cosa que la otra pudo ver en cuanto sucedió, así que le reconfortó echando un brazo por la espalda del otro, acariciando su cadera. El otro enrojeció ligeramente, pero se dejó hacer.

-No, pero te puedo llevar yo, guapo -le dijo, sonriendo-, te rodeo con mi energía, o usas mi traje especial… cariño.

Patrick sonrió algo, miró a los lados, y cuando se aseguró que no hubiera nadie, procedió a besarla suavemente en los labios. Ella le miró, sorprendida por su actuación, pero se dejó hacer, aproximándose al otro, abrazando su cuerpo. No era especialmente fuerte, pero para ella lo era, sin duda alguna.

-¿Es una tradición de la Tierra? -preguntó- ¿Besar así?

-¿Por? -preguntó él, nervioso- ¿No te gusta o algo?

Ella le besó de nuevo, con algo más de ganas.

-Me encanta -respondió-, en la galaxia se hace también, ¿sabes?

Le llevó hasta la puerta del cuarto de chicas, y le indicó que esperara ahí, mientras ella entraba. Fue hacia su cama, y de la misma sacó un pequeño cuaderno, junto a un pequeño lápiz de carbón. Era la mejor forma de guardar un secreto en ese mundo tan tecnológico, así que se lo colocó bajo la ropa, y entonces salió de allí. Antes… tenía que comprobar unas cosas con Patrick. Mientras, Laura estaba sentada justo en frente de Beatrice, estaban en un pequeño despacho, con una mesa separándolas. Como todos los sitios a su alrededor, estaba todo en blanco, con sólo unas pocas ventanas que daban al exterior.

-Bueno, cuéntame Laura, ¿cómo va el entrenamiento?

-Bien, bastante bien, señorita…

-Magné, Beatrice Magné -sacó una tablet-, ¿cómo supiste que venía?

-Lo vi en los anuncios, señora -respondió en seguida la rubia-, avisaron que vendría alguien relevante, y, como nunca te habíamos visto, pues…

La otra asintió, y lo apuntó. Laura sonrió, se alegraba que aquello fuera suficiente para que no fuera a más.

-¿Cómo avanzan ellos? -preguntó- ¿Les notas capaces de ir al frente?

-Por ahora no del todo pero poco les falta, a decir verdad -explicó-, los clones son obedientes, y los terrestres han sabido… adaptarse.

Beatrice asintió despacio, mientras continuaba con aquello.

-¿Consideras que podrán ir de misión pronto?

Laura asintió.

-Sin duda -se inclinó hacia adelante un poco-, por curiosidad, ¿dónde podría ser?

-Aún no se sabe -respondió sin más la otra-, ¿hay algo que destaques de tus compañeros?

Era tan dura como recordaba… Laura fue explicándose.

-De Dunbar, sin duda es el mejor guerrero. Belpois y Obara hacen un gran equipo -sonrió un poco pensando en ello-, Morales es el líder de los clones, y Hertz es, sin duda, una gran científica. ¿Te hablo de los clones?

-Por favor.

-Estrella y Morales, igualmente, hacen un buen dúo, son un poco los colíderes, las hermanas gemelas son letales cuando van en grupo, y Floresta ha desarrollado una gran habilidad con los venenos, si ya era buena ahora es mejor -lo pensó unos instantes-, Vientos es más veloz que aquello que le dio el nombre, y Tornillos y Hielo siguen como siempre.

-¿Como siempre?

-Haciéndose chanzas entre ellos, Hielo acaba hasta… las narices de su compañero, pero, de pasarle algo, creo… que lo pasaría mal, aunque no lo muestre.

Beatrice asintió, y apuntó algunas cosas más. Cuando se levantó, un par de minutos después, Laura le imitó, y, tras apretar su mano, salió de allí a buen ritmo. Indicó a William que fuera con ella, y buscó con la mirada a los demás, quería asegurarse que estaban todos.

-¿Y los otros dos?

-Se han ido a dar una vuelta, creo -respondió Jim-, dudo que tarden mucho.

Laura chasqueó la lengua, pero asintió. Salió por la puerta, y les encontró, efectivamente, en el pasillo. Estaban en la pared, bastante cerca, pero no llegó a decirles nada. Beatrice se quedaría allí varios días, lo más seguro, así que podría entrevistarles más tarde. Pensando en ello, volvió a entrar a la sala junto a los demás. Yekira ni se dio cuenta de eso, mientras acariciaba la cintura del otro, que tampoco se enteró de nada, demasiado perdido en las curvas de la joven.

-Habría… que coger tu traje de carrera, ¿no? -preguntaba él- Para que no tenga quemaduras en la piel.

Ella asintió, y le tomó de la mano, contenta.

-Ven conmigo, te ayudaré a ponértelo.

De la mano, fueron hacia la armería. Estaba atestada de armas láser y escudos de luz, así como repuestos para estos, para sus espadas de luz, y partes de traje especiales para sus poderes. Yekira tenía, efectivamente, un traje antifricción de cuerpo completo, lo usaba a menudo para poder entrenar campo abierto y no quemarse la piel con el viento. Ella se enorgullecía de sólo tener el límite de su cuerpo para poder correr, porque tenía energía para ser más veloz aún. Su traje consistía en unas botas con unos guanteletes, pero, activándolo, aparecía una máscara y protecciones de plasma para, precisamente, evitar la fricción y que el cuerpo del usuario se pudiera mover con toda la agilidad y velocidad posibles.

Ella le enseñó a ponerse las botas, pues los guanteletes ya se los había puesto anteriores veces, para aprender a usar sus hojas cortantes de energía. Una vez colocadas, revisó los niveles de energía, por mera curiosidad.

-¿No la pusiste a cargar anoche? -comentó él- Están al 70%

Ella se rascó la nuca un poco.

-Pues en mi cabeza estaba que sí… -se encogió de hombros- Da igual, ¿no crees, cariño?

El otro asintió, y ella le empezó a guiar por los pasillos. Usando sus poderes, ella se movió a toda velocidad para no ser vistos, iba con él de la mano, que eventualmente aprendió que era mejor apoyarse con las botas, que le hacían moverse a ese ritmo pero sin que sufriera su organismo. Eventualmente llegaron hasta una ventana, y ella le empezó a indicar.

-Desciende usando mi traje, yo te seguiré corriendo por la pared, ¿sabrás hacerlo?

Patrick miró los guanteletes y asintió, pero entonces le propuso una idea.

-¿No sabes colocar una parte de tu velocidad en las botas? -preguntó- ¿O usar tu súper velocidad como hasta ahora?

Ella asintió, y le tomó de la mano, contenta, y saltó por la ventana. Rodeada de su energía, comenzó a correr a toda velocidad, bajando en instantes hasta el suelo, junto a Patrick, que aterrizó junto a ella, algo mareado, pero satisfecho.

-¿Puedes seguir?

Él asintió, y volvieron a correr una vez ella se localizó, llegando, unos veinte segundos después, a una explanada en un promontorio cercano. Estaban en una zona montañosa, pero tenían zonas más altas rodeándoles en algunos puntos, debían estar en la cima de una de ellas.

-Aquí, de noche, se debe ver el cielo estrellado realmente bien…

Estaban lo bastante lejos como para que no se vieran afectados por esas luces, pero lo bastante cerca para poder volver sin perderse. Ella observó los alrededores, desde allí se podía ver una amplia extensión de terreno, hermosos valles llegaban hasta el horizonte y más allá, con zonas boscosas y ríos dorados, la luz le daba un aspecto realmente impresionante. Desde la base no se podía ver, pero allí tenían una vista privilegiada… y bastante romántica.

-Este planeta esconde muchos secretos así, la verdad -comentó ella-, lo descubrí en una escapada anterior, aunque hay otra zona natural, en dirección contraria, que para ver las estrellas es aún mejor.

Patrick asintió. Había césped allá donde miraran salvo en los alrededores de la base, donde sólo había unas pocas zonas así para poder hacer ejercicios.

-Habría que volver pronto, empezará a hacer calor en breve…

Ella le miró de reojo durante unos instantes, dudando.

-Patrick… -este la miró- ¿Puedo confiar en ti?

-Claro, ¿por?

Ella rebuscó entre sus ropas, y sacó su cuaderno. Lo observó unos segundos, y se lo tendió. Patrick lo tomó despacio, y entonces la miró.

-¿Es… un diario?

-Algo así -ella se colocó bien los ornamentos de su cabeza-, en Mebara, mi mundo… se suele dar algo importante a la pareja, y ese cuaderno es… algo realmente importante para mí.

Patrick se rascó la nuca, algo nervioso, pues no tenía nada que poder darle.

-Me gustaría poder…

Pero ella negó suavemente.

-Tranquilo, culpa mía -le sonrió-, yo… no te conté nada. ¿Volvemos?

El otro asintió, tomó su mano, y repitieron el mismo proceso que siguieron para llegar hasta allí, esa vez tardaron poco más de un minuto, tras el cual, Patrick se encontró de nuevo en el pasillo de la base, justo de donde habían salido. Yekira le retiró entonces el casco y le besó cariñosamente en los labios, el otro se dejó hacer con una sonrisa, y ahí se atrevió a palpar las curvas de ella.

-Puedes leerlo, claro, pero… ve con cuidado.

-¿Por?

Ella se giró unos segundos, mirando a la puerta, y se puso de puntillas para llegar al oído de Patrick, susurrándole unas palabras que sólo él llegó a oír, instante en que la puerta se abrió.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.