Código Galaxy
Capítulo 29
-Debo reconocer que no me lo esperaba… ¿Debo seguir llamándote Nadie?
Ante Starlight se había retirado la máscara, dejando ver su rostro. Asintiendo, se recolocó las prendas, volviendo a su aspecto habitual, mientras la mujer se cruzaba de brazos. Había notado las luces parpadear en ese corto intervalo, demasiado acompasado a los eventos para ser algo fortuito. Estaba convencida que había sido provocado, de algún modo, por su interlocutor.
-Sí, ese es mi nombre, general Asmae Starlight -le recordó-. Me sorprendió que me exigiera una demostración de lealtad a mi, que nunca he mostrado duda alguna o mandado información errónea de la República.
La aludida frunció suavemente el ceño.
-El Imperio no genera demasiadas simpatías en la población general, y recibir datos tan exactos me llamó la atención -comentó-. Cuando vi que eran reales los comencé a usar asiduamente, pero me seguía siendo raro que alguien quisiera ayudar por nada.
-En ese caso no entiendo tu queja sobre mí -Nadie se limitó a colocarse en una posición más cómoda-. Cumplo mi parte con cabalidad, general.
-¿De dónde eres? -preguntó Star entonces- Me hago una idea, pero me gustaría confirmar mi hipótesis.
Nadie se limitó a sonreír suavemente.
-De Alga-Gamma Capricorni 1 -respondió-. Seguiremos en contacto como hasta ahora, creo haber demostrado mi lealtad a su causa.
Esta asintió, limitándose a ver desaparecer al extraño individuo. Se desvaneció ante ella como si estuviera hecha de aire, y, suspirando, entró de nuevo a la habitación con Beatrice, a la que vio con una suave sonrisa. Se colocó a su vera y la abrazó, el rostro de Nadie le daba dolor de cabeza, se notaba que estaba usando sus poderes para impedir que la reconociera plenamente, era un truco Xanium que ella había reconocido pero contra el que no pudo luchar pese a todo su poder, tampoco es que estuviera plenamente lista para ella. Y sin embargo, en su cabeza había quedado grabada la idea de que Nadie era de fiar, y por lo tanto, podía tener fe en su palabra de que jamás traicionaría su confianza. Eso sellaba bastante las opciones de quién podía ser, le había dado bastante información bien intencionada o inintencionadamente, lo más probable era lo primero.
Sin embargo, tenía algo de sueño y tampoco quería despertar a Beatrice, a la que había dormido con un truco de la misma naturaleza del que ella había sufrido instantes antes. Se lo explicaría la mañana siguiente, ahora había que descansar un poco tras la dura jornada. Se limitó a cerrar los ojos tras acomodarse y taparse un poco más, sonriendo suavemente, ahora sintiéndose mucho más acompañada por una de las personas más importantes para ella junto a su eterno amor y su mejor alumna. ¿En qué momento se había convertido en alguien tan relevante? Lo desconocía, el caso es que había sucedido, y ahora se sentía bastante más en paz que en bastante tiempo… ojalá Seriel aceptara a esa chica para estar todos junto, como una gran pequeña familia. No estaría nada mal, desde luego.
Descansaron plácidamente hasta que la luz anaranjada del sol que iluminaba a Beta Escorpi 1, Eritrae, la capital del Imperio, comenzó a bañar la sala, siendo Beatrice la primera en abrir los ojos. Se fijó adormilada en uno de los relojes y suspiró, quedaban un par de horas para que su nave hacia la Tierra partiera, así que se incorporó pesadamente. Vio a la mujer semidesnuda a su lado, y un suave sonrojo apareció en sus mejillas, que acarició. Ella ya sabía perfectamente cuales eran sus gustos en ese sentido, pero jamás se había… enamorado de alguien tan deprisa. Y menos cuando era alguien como ella, pensando en ello se acomodo para acariciar su pelo despacio, observando su silueta y deseando que aquel momento no terminara nunca.
Observó sus curvas bajo las sábanas, no pudiendo resistirse a acariciar un poco, con delicadeza, las caderas y glúteos de la otra, que se limitó a sonreír un poco, algo espabilada ya también por la tenue iluminación, y se giró despacio, atrayendo a la otra a su lado, y que se dejó hacer por la mujer, a la que sonrió.
-Buenos días… -murmuró Beatrice- ¿Dormiste bien?
-Sí… ¿tú?
-Soñé algo que…
Starlight se limitó a besarla en los labios, esa vez con algo más de pasión, que fue en seguida correspondido rápidamente por la otra, que se apoyó en el pecho de la otra, apretando con cuidado, sacándole un suave gruñido a la otra. Se separaron al rato, mirándose a los ojos.
-¿Responde eso a tu pregunta?
Beatrice asintió, con la boca suavemente entreabierta, sintiendo más calor en el bajo vientre que nunca, y acariciando el cuerpo de la otra, volviéndose a besar con ganas. Se estaban quitando las camisas mientras los besos iban a más, cuando llamaron suavemente a la puerta un par de veces. Con mala cara, Star se levantó, mientras se limpiaba algo la boca, mientras Beatrice se colocaba también, acalorada y, para qué negarlo, también molesta de la interrupción. Según abría, la general encaró a aquel que rompía su momento de relax,
-¡Ya puede ser importante!
El presidente Aeféris Kogaria se mostró ante ella molesto, pero no llegó a decir nada al respecto, ni ella hizo aspaviento alguno de querer pedirle disculpas.
-¡Un poco de respeto por tu señor, General Starlight! -le espetó- ¡Yo soy tu emperador, aquel que financia toda esta pantomima de la guerra civil!
Se trataba de un habitante del planeta en el que estaban, Beatrice no le recordaba hasta que no comentó quién era. Le conocieron en la fiesta de gala que se hizo en el sistema, misma celebración en que ella conoció a los dos mejores amigos de… ¿la podía llamar su novia? Se lo tendría que preguntar, aunque era posible que no fuera algo que le diera especial importancia. En todo caso, su presencia allí debía responder a algo importante.
-Sí, ya sé que fuisteis los primeros en uniros, muchas gracias, os debo la vida, oh topoderoso Aeféris Máximo -lo dijo con tal tono de condescendencia, que el político tembló suavemente, pero no la podía enfrentar físicamente-. ¿Qué necesita?
-¿Vas a ir a ese planetucho nuevo a cumplir con el paripé de la paz entonces?
-Sí, de hecho iba a salir en un par de horas -reconoció Star-, y no es ninguna pantomima, pienso terminar con esta guerra de una vez…
Aeféris le miró con cierta sorpresa, viéndola volver al interior del cuarto, no sin antes sacarle de la sala con un suave tirón de energía. Una vez le llevó contra la pared ella cerró la puerta con fuerza, siendo entonces cuando se permitió golpear el suelo con el pie con cierta violencia, haciendo que su compañera diera un respingo.
-No puede ser mas gilipollas -gruñó-, que ganas tengo de ensartarle con mi espada de luz, de esta vez no pasa y…
Beatrice la detuvo con un suave abrazo, haciendo que la mujer se relajara con el contacto de la otra, suspirando pesadamente.
-Con esas malas ideas, sólo lograrás que te maten… -le susurró- Controla tu ira y aprende a usarles a tu favor, eso haría yo.
-Gracias, amor -murmuró-. A veces… me dejo dominar por mis emociones, soy una Xanium algo mala en ese sentido.
-Eres la más poderosa, eso dicen todos -comentó Beatrice, acariciando suavemente sus hombros-, y yo te he visto en tus ejercicios, las cosas que haces y cómo manipulas tu entorno es… simplemente brillante.
La aludida se limitó a sonreír un poco, halagada, y recordó su conversación pendiente con ella, así que se giró y tomó sus manos.
-¿Recuerdas que te dije que tienes luz? -esta asintió, mientras era llevada suavemente a la cama por la otra- Lo pienso de verdad, y no es por adularte…
Se rodeó de sus poderes, que hizo que su pelo comenzara a danzar suavemente en ondas como si fuera movido por el viento, mientras un aura de un tono dorado la envolvía. En seguida, Beatrice tuvo el mismo efecto pero de forma involuntaria, pues ella sólo miraba a los ojos a su compañera con un agradable rubor en la mirada, acariciando la mano de la otra con los pulgares, y Star no pudo evitar besarla de nuevo.
-Hay muchas formas de saber si se tiene poderes, a través de un análisis de sangre y un escaneo cerebral se puede hacer con los nanobots -se rio un poco, con picaresca-, pero este método es más… divertido, sólo quería confirmar algo que ya sabía.
Beatrice asintió, despacio, ella también había notado cosas. Suaves líneas de energía las unían, una muy agradable descarga recorría sus cuerpos, hasta que apagaron sus poderes instantes después, fundiéndose en un abrazo. Sin poder evitarlo, Beatrice acarició las curvas de la otra, que imitó el gesto con una risa que la primera no había escuchado venir de ella nunca… era jovial, de felicidad. Y la segunda no la había llegado a soltar desde su última cita de verdad con Seriel, días antes del golpe de Estado contra la República.
-Star… yo sé que tú eres una mujer muy poderosa, y sé que te pones en riesgo en cada batalla -murmuró-, hace poco, cuando fuiste al asalto de esa nave espacial, en el sistema de…
-Alfa Sagitari 4, sí, había que luchar por ese lugar -comentó, habían juntado sus frentes-, es una luna que gira en torno a un gigante gaseoso muy cercano a su estrella, pero es un hervidero de vida natural, te hubiera encantado.
Le mostró cómo fue aquello, juntando su frente con la mujer y usando sus poderes psíquicos para ello. Según terminara, le explicaría cómo sucedía.
Flashback.
Tres grandes destructores del Imperio se enfrentaban a cuatro procedentes del lado republicano, que era el atacante en aquel momento dado que era una plaza protegida por el bando sublevado. Estaban muy próximos entre sí y que se encañonaban constantemente, lanzando los láseres contra el flanco enemigo de forma constante. Para abordar la única manera era usando cazas que entraran hasta la nave contraria, y en ello estaba Starlight junto a su escuadrón, al que había dado instrucciones para bajar.
Buscó un colgante de plata bajo su cuello, con la forma de una cruz. Según le contó Beatrice era un símbolo común en su mundo y le pidió llevarlo a cada batalla que hubiera y darle un beso antes de cada combate, al parecer era de protección. Un símbolo de un dios en el que ellos creían, al menos en parte, así que procedió a llevar a cabo ese corto ritual, movió los brazos de la forma en que ella le enseñó para… ¿se decía santiguarse? Y tomó su espada de luz, colocándose su armadura de combate. Era de protecciones blancas en todo el cuerpo, con el símbolo del imperio en su pecho, y una vez se colocó el pelo en una coleta para poder colocarse el casco de plasma. El mismo material defendía sus articulaciones, uniéndose al resto del material, dándole un aspecto temible.
-Por ti, querida -murmuró-, y por ti, mi amado, derrotaré a estos malditos bastardos.
Salió como una exhalación hacia la zona de los cazas, había dado las instrucciones claras para poder llevar a cabo uno de los combates más importantes desde que había comenzado la guerra, así que, decidido todo el plan de ataque, decidió ir ella misma a la primera línea. No tardó demasiado en llegar al hangar usando uno de los ascensores cuánticos, encontrándose de frente con uno de los clones de su grupo, al que sonrió poniéndole una mano en el hombro.
-¿Listo, Suerte?
-Sí, mi señora -respondió este, asintiendo-, todos los demás están ya montados, sólo quedas tú, general.
Ella asintió, y fueron directos. Ciertamente estaban todos ya en sus puestos, ya sea comprobando los motores por última vez, ultimando el calibre de sus armas, cargando de combustible los tanques, o simplemente vigilando esa importante zona. Subió a uno de los aparatos y, según apoyaba el trasero, se fueron abriendo las compuertas ahora que todos estaban bien en una nave, bien con cascos con oxígeno integrado. El aire se escapó de la nave y acabó en el espacio pero no recibieron daño del fuego contrario gracias a un escudo de plasma, de hecho el mismo recibió los disparos del navío enemigo, siendo impermeable por la parte interior, permitiendo salir pero no entrar.
-Pájaro líder a bandada, ¿me recibís todos? -iba accionando los botones en la pantalla táctil, ayudada por el androide colocado detrás de ella, que servía de segundo piloto- ¿Tú me recibes, D1AN4?
El aparato silbó alegremente, como siempre, y la mujer tragó saliva, suavemente excitada por el inminente combate, escuchando las voces de sus clones en los cascos.
-¡Adelante, en formación, vamos a patearles el culo a esos hijos de puta!
Star sonrió mientras movían los cazas en esa dirección, ayudados por el viento que se formaba con el aire que se escapaba, los clones permanecían en su sitio por la botas magnéticas así que no tenían problema alguno por ello, y, segundos después y por el impulso, los aparatos salieron a gran velocidad hacia el espacio, cerrándose tras ellos las compuertas.
Se movieron al compás y en perfecto orden, igual que los demás escuadrones, encontrándose rápidamente en medio del fuego cruzado entre sus demás compañeros y los clones de la República. Soltando un grito de jubilo, Starlight manejó su caza a toda velocidad, distinguiendo los cazas amigos por el símbolo del Imperio, y procurando tirotear a los contrarios a la mínima oportunidad, usando de ayuda a su androide, y que le chivaba aquello que ella no podía ver.
Técnicamente todos los aparatos tenían la misma o muy similar potencia de tiro, velocidad, capacidad de giro… así que todo dependía de la habilidad del piloto. Y ella era de los mejores, se notaba por los veloces movimientos. En una de esas, esquivó a uno de los cazas republicanos, dio un frenazo, y con la inercia giró sobre sí misma y lo encañonó con sus armas frontales, haciéndolo estallar y perderse en el espacio, mientras las voces de sus clones resonaban en sus cascos en todo momento.
-¡A por el destructor, dejad que los demás les distraigan, vamos, vamos!
El plan era ese, de hecho, pero no podían ir tan de frente sin arriesgarse a ser acribillados por la espalda por algún cobarde, así que antes tenían que hacer algo de limpieza. Tras tener el reporte de ocho de sus nueve compañeros, y sabiendo que no tenían tiempo de llorar una baja, volaron todos hacia el gran navío de guerra en el que se colaron aprovechando uno de los hangares, y que no les dio tiempo a los republicanos de cerrar cuando les vieron llegar.
Una vez que barrieron a varios de los clones enemigos usando sus propios aparatos, y tras recibir el comunicado Star de que habían logrado penetrar también en sus propios destructores, ella descendió al hangar de un salto, y, espada de luz en mano, procedió a herirles gravemente, cortando piernas, brazos, e incluso a alguno le provocó severos cortes en pecho y estómago. Usando su energía les remataba al atravesarles con su arma una vez los acercaba, evitándoles un dolor innecesario, mientras sus soldados disparaban a los contrarios con sus armas láser.
Rápidamente llegaron un par de Xaniums que equilibraron la balanza, teniendo Star que poner toda la carne en el asador: dio un alto atrás cuando uno de ellos se lanzó sobre ella con sus dos espadas atacando, mientras el otro se dedicaba a proteger a sus soldados. La velocidad del primero le demostraba a la mujer que su poder era precisamente ese, se explicitó cuando se rodeó de su energía y logró recorrer de lado a lado el hangar a tal ritmo que ni pudo verle; lo que sí notó de inmediato era los dos cortes en sus muslos, sólo pudiendo detenerle tras levantar el suelo en medio de su trayectoria, enganchándole con sus poderes desde el cuello y levantándolo desde el suelo.
-¡Detente y no le mataré, compañera!
La Xanium ordenó de inmediato el alto al fuego a sus clones, que cesaron las hostilidades, siendo imitados por el escuadrón de Starlight como muestra de buena voluntad. Esta, aún acelerada, no notaba todo el dolor en sus heridas pero lo haría con el pasar de los minutos, así que, con el otro como rehén, se fue moviendo lentamente.
-No recordaba que la grandiosa Asmae Starlight usara trucos tan sucios… -murmuró la otra- ¡Libérale y lucha contra mi, mano a mano!
Con una sonrisa, hizo desaparecer con un gesto el cuerpo del otro, escuchándose como la otra gritaba, buscando con la mirada al otro Xanium, al que encontró en el suelo, golpeado y algo herido pero sin señales del ahorcamiento al que había sido sometido a la vista de todos. Aprovechando esa confusión, Star fue directa hacia uno de los ascensores cuánticos, y, esperando poder llegar a la sala de mandos para tomar la nave, se estiró un poco. Los nuevos, como ellos eran, siempre caían en sus trucos mentales… el que no tenía pinta de ser engañado fue el tercer Xanium que se encontró, esa vez estaba él solo en medio del pasillo, así que, tras los clones pasar a su lado sin que este lo impidiera, ella se le acercó.
-Hacía tiempo que no le veía, maestro Gandor -le saludó respetuosamente-, para mi es un honor decirle que su antigua alumna e hija, la general Shamaria Yirowa, sigue sus pasos con honor y lealtad a sus ideales.
Este suspiró pesadamente. Se trataba de una versión en masculino y con varios años más de su mejor amiga, agravadas sus arrugas por lo que la otra entendió como frustración y pena hacia la otra. Los muros que alzaba con su energía sólo rivalizaban en dureza con los que levantó cuando se enteró de la traición de su hija a los valores que él le había tratado de inculcar… sólo lo mostraba ante alguno de esos jóvenes.
-Por desgracia, Asmae, debo tratarte ahora como una enemiga -murmuró, sacando su espada de luz-, me gustaría poder ponerme al día sobre mi hija, pero… mi deber se antepone.
Dando por hecho que así sería, la aludida en ningún momento había dejado de sostener su espada de luz, así que procedió a atacarle. Los poderes de ambos chocaban entre sí al mismo tiempo que sus espadas de luz, en una veloz danza de ataques, defensas, contragolpes y giros rápidos de las hojas, que, con cada golpe, brillaban suavemente mientras sus usuarios se centraban lo más posible en el combate. La experiencia de uno era compensada por la juventud e intensidad del otro, pero estaban totalmente parejos gracias a la facilidad de Gandor de usar a su favor las defensas, en las que se apoyaba para poder tomar la ventaja de la altura, o usándolas a modo de proyectiles contra Star, que usaba las placas de las paredes a modo de contrarrestar sus acciones.
Con suaves pisadas hacía que los materiales del entorno se pusieran a su orden, generando picos o montículos para hacer trastabillar al otro, y que comprobaba lo habilidosa que se había convertido aquella jovencita. Notó que incluso pretendía alterar su percepción del entorno, pero, con una suave sonrisa, la empujó hacia atrás con vigorosidad, pero sin llegar a lastimarla en especial, logrando atraparla con los materiales a sus laterales.
-Haces honor al nombre de la más poderosa… -murmuró Gandor, la respiración la tenía agitada- Ríndete y…
Antes de que este pudiera decir nada, ella se liberó con un intenso grito de ella, y le propinó tal puñetazo tras correr hasta él que lo derribó al suelo, tras lo cual, se acarició adolorida las muñecas, notando el escozor en los antebrazos y tobillos propios de la piel levantada. Recuperó su espada de luz en ese momento, llevándose también la del otro, al que cargó fácilmente usando su energía, y yendo directamente hasta la zona de mando de la nave, sabiendo que ya no había nadie que pudiera con ella ahí dentro.
Fin del Flashback.
Se separaron ambas mujeres entonces, y Beatrice, algo atontada por la experiencia y la multitud de sensaciones que había vivido en pocos minutos, tuvo que ser sostenida por su compañera, que le sonreía.
-¿Ves que no hace falta que te preocupes de mi, querida?
-Pero te hirieron -gruñó la otra, fijandose en las pequeñas cicatrices en las zonas donde se había hecho los roces-, y quién sabe qué más…
La mujer se limitó a acariciar suavemente su rostro, sonriendo algo, y la besó con calma.
-Tengo un ángel, como vosotros decís, cuidándome -bromeó-. Qué mala emperatriz sería de no saber defenderme… Por cierto, empezaremos con los trucos que te mostré.
Beatrice sabía que estaba cambiando de tema adrede, pero decidió seguirle el juego. No la iba a hacer cambiar de idea así como así y era plenamente consciente de ello, así que se hizo la interesada. Se limitó a explicarle más a fondo aquello de la energía, pues si bien se lo había contado, aún había fundamentos relevantes y que explicaban la magnitud de sus poderes y el cómo los usaba.
-Todos los seres vivos tienen energía, pero sólo algunos pueden expresarla de forma plena, la mayoría se queda sólo en algo parecido a la intuición o sensibilidad al entorno -le lanzó un objeto, esta lo intentó hacerlo levitar en el aire con dificultades, se le cayó antes de poder lograr hacerlo temblar algo-. Eso se debe a una parte del cerebro, que en nuestro caso es capaz de relacionarse en especial con el ambiente, generándose en el proceso proteínas y que sirven como prueba… lo cual nos permite también modificar la capacidad de percepción de aquel que tengamos delante, sólo otro experto en ello puede no verse afectado.
La otra la miró con sorpresa, mientras observaba como una clon de Star se le acercaba y la abrazaba, era tan intensa que incluso podía sentir el calor de la piel de la otra, que desapareció tras besarla en los labios. Sin duda, eran visiones muy potentes y realistas, al menos se lo parecían a ella, desde luego.
-¿Me lo enseñarás, entonces?
-Claro, pero ahora tenemos que desayunar, cuando lleguemos a tu mundo podremos quedarnos y te enseñaré mejor.
La aludida asintió, despacio. Se le había ocurrido una idea, pero desconocía si la otra aceptaría esa propuesta, así que se limitó a suspirar un poco. Notando eso, la abrazó un poco y le tendió la ropa, procediendo entonces a observarse ambas en el espejo, dispuestas a prepararse un poco el rostro con algo de maquillaje. Se tiñeron suavemente las mejillas y los labios los pintaron de un bello tono carmesí, con sombra de ojo para darles profundidad a la mirada. Starlight le susurró suavemente al oído, con melosas palabras, los ojos de Beatrice brillaron en el mismo tono que los de Star, aunque tras parpadear algo recuperaron su color habitual.
-¿Eso fueron… tus poderes psíquicos de nuevo?
La aludida negó, sonriendo algo, yendo hacia un sitio donde tenían su ropa. Le entregó una camisa holgada y pantalones azulados de vestir junto a unos pequeños tacones, tras lo que se empezó a vestir ella misma.
-Soy de los pocos Xanium con dos poderes, uno es el de creación -la otra la escuchaba con atención-, el que mostré durante mi recuerdo… y el de convicción, que como todo poder, tiene su limitación.
-¿Y cual es?
Starlight se ruborizó un poco antes de responder, preparándose para explicar algo así.
-El de creación, depende de lo que tengas a tu alrededor, te limita tu propio entorno y la capacidad de usar los recursos -tomó la mano de la otra, listas para salir-. El de convicción… bueno, tienes que imprimirle ganas a tu voz para ser, valga la redundancia, convincente… pero las personas a las que amas son inmunes a ese poder.
La otra la miró con ojos sorprendidos, antes de que fuera a hablar, la otra se limitó a sacarla de allí e ir directamente hasta el ascensor cuántico más cercano, haciendo así que la otra se lo pensara antes de preguntar nada más. Ahora con más ganas tenía deseos de llevar a cabo su plan con aquella mujer.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Lejos de allí, a años luz de distancia, Odd miraba en silencio al techo de la celda con la mirada perdida, sin apenas moverse desde hacía tres horas. Se había acabado hartando de gritar y chillar golpeando la puerta con los puños, usando incluso su energía para intentar salir de allí de todas las formas posibles, pero según lo intentaba, sentía un fuerte calambrazo. Su cuerpo le llegó a doler en un momento dado por tantos intentos, rindiéndose entonces a la evidencia de que estaba sólo. No sintió a nadie siguiera acercarse a la celda en todo ese rato, y no teniendo nadie con quien hablar, se vio obligado a observar su entorno, dándose rápidamente cuenta que era aburrido hasta decir basta.
Si querían que se aburriera lo estaban logrando, desde luego. No tenía nada que hacer más allá de preguntarse qué coño estaban haciendo sus amigos para no venir a verle. Y más aún, por qué no habían actuado para defenderle. El único que se podía librar era Jeremy, que estaba fuera cuando sucedió, él seguro que no habría permitido semejante humillación. Hasta Ulrich, al que consideraba un hermano desde los primeros meses de conocerse, le había dado la espalda, y le jodía profundamente. Puso mala cara al recordar aquello, comenzando a preguntarse si aquellas cosas que veía cada vez más habitualmente iban a suceder en la realidad. Si aquellos a los que llamaba amigos seguían por ese camino… seguramente así fuera.
-Traidores… -murmuró, sus ojos se volvieron algo acuosos- Llevan semanas pasando de mí… esto es sólo la puntillita…
Se sentía atacado. Cada vez que proponía algo divertido los demás pasaban dando excusas baratas, ya sea porque iba contra las reglas – y que meses antes habían jurado romper sistemáticamente – o porque simplemente no les apetecía pasar tiempo con él. Desde que habían comenzado a salir entre ellos le habían dejado de lado, ah, esa regla sí que se la saltaban indiscriminadamente. ¿Había dicho él algo al respecto? ¡Por supuesto que no! Mal amigo sería de traicionarles, aunque ellos lo hubieran hecho por enésima vez.
-Hijos de… ¡Joder! -golpeó el suelo, su energía le rodeó un poco- Tendré que adaptarme… no me pienso dejar doblegar como ellos… han traicionado todos nuestros principios… se han unido a este puto sistema…
Vio dos figuras en la noche, ambas con sus respectivas prendas, aunque esa vez vio claramente sus rostros, a los que identificó a la perfección. Estaban cubiertos por harapos de un suave color negro, aunque desde el otro lado de aquel pequeño parque se podían ver las prendas imperiales de uno de esos individuos, mientras el otro portaba el uniforme republicano. Tras acercarse unos metros, movieron ambos los labios durante un par de minutos, hasta que aquel que portaba el peto del bando sublevado le tendió una especie de objeto de plástico, que guardó en su pantalón, y tras un pequeño abrazo, se separaron.
Rápidamente se dio cuenta que él no era el único que había visto aquello, al menos otras dos personas habían vivido aquello de forma tan nítida y vivida como él. La más cercana era Aur, que en esos momentos estaba junto a Lectra en una charla con los maestros Xanium que sus compañeros tendrían, a ellas no les hacía tanta falta por ahora y realmente ya tenían uno como tal, aunque tardarían en llegar por las vicisitudes de la guerra. Eso se decían a sí mismas, pues bien deprisa que se movía la burocracia para sacarlas de los grupos donde no encajaban, siendo ahora endosadas a esa gente que, claramente, era su última oportunidad tras el quinto traslado de grupo en el último año.
Su compañera se fijó en su turbación, así que la tomó con cariño de la mano y se la apretó despacio, mientras la veía temblar, momento en que la abrazó por detrás para evitar que se notara especialmente. Por su mirada perdida sabía lo que estaba pasando su pareja, así que guardó silencio sobre lo que estaba viviendo. Aur tardó un par de minutos en recuperarse de la impresión, por suerte para ella lograron pasar desapercibidas mientras los mayores les explicaban las pruebas que pasarían durante los Juegos, ellas ya los habían visto así que no necesitaban de la charla, dando gracias por no estar en ese momento durante un entrenamiento con armas láser o pilotando un caza.
-Y esos serían básicamente las diferentes pruebas -estaba hablando Daya en ese momento-, recordad: carrera de obstáculos, tiro de precisión, combate sin armas y con espada de luz, y uso de poderes en combate -les sonrió un poco-. ¿Alguna duda con alguna de ellas?
Como nadie alzó la mano, dieron por finalizada la reunión general, y cada maestro estará con el que sería su alumno tras pasar la corta instrucción. Ella suspiró, le tocaba con Yumi Ishiyama, y aunque habían avanzado bastante en esos meses desde que su mundo había sido invadido… estaban lejos de estar listos, pero tenían que avanzar a marchas forzosas. Lo que antes se alargaba varios años, ahora se hacía en uno como mucho. Daya era el claro ejemplo, no logrando ascender a Xanium hasta hacía poco, y eso que comenzó a entrenar siendo mucho más pequeña que cualquiera de ellos, criándose desde joven como una más del ejército de la República… ellos habían sido civiles hasta hacía meses, sin formación militar real, sin saber combatir como lo hacían los republicanos… Sin duda serían carne de cañón llegado el momento, aunque esperaba equivocarse.
Se acercó hasta Yumi, que le sonrió, y la invitó a seguirla hacia el exterior para poder hablar en un entorno más agradable para las dos, así que fueron hacia uno de los parques de la base, el mismo en el que la chica, junto a Aelita, se dedicaban a hacer cortas oraciones hacia los kamis. Daya observó como se detenía ante una roca, ante la que se inclinó y comenzó a murmurar en una lengua que no comprendió, y por puro respeto, la imitó en el gesto, permaneciendo en esa posición unos pocos segundos en los que la otra hizo uno de sus rezos.
-Les he pedido a los espíritus que nos protejan en aquello que nos depare el futuro -murmuró ella, y suspiró-, pero… me da que la mala suerte está echada…
-¿Por qué?
A Daya se le hacía en cierto grado gracioso, ellos seguían creyendo en sus dioses. En realidad era algo relativamente común en ciertos mundos, el suyo natal de hecho era así, había zonas donde aún se hacían los antiguos ritos, aunque era algo más costumbre y para entretener a los turistas que una verdadera acción religiosa. Sin embargo, para Yumi debía ser relevante porque su semblante se había oscurecido sólo con la pregunta.
-Los Juegos serán el 13 de Noviembre siguiendo nuestro calendario… -se estremeció algo- Demasiados treces para mi gusto, eso nunca es bueno. (1)
-¿Es señal de mala suerte para vosotros?
Ella asintió, siguiendo andando.
-Es símbolo de incluso muerte en algunas zonas, y encima comenzarán a las cuatro de la tarde… -suspiró algo- Es mala hora, en mi lengua, ese número se pronuncia igual que la palabra muerte, así que no tengo especial ganas que llegue el evento.
Daya la miró con cierta sorpresa, pero asintió, comprendiendo lo que la otra sentía bastante bien. Se acabaron sentando en un banco cercano, observando la vegetación. Se mantuvieron en silencio, algo tensas las dos, hasta que Daya se atrevió a hablar nuevamente.
-Si piensas que algo malo sucederá, acabará pasando -comentó-, la energía que nos da nuestro poder hace que el mundo a tu alrededor se vea influenciado por tus emociones, por eso tratamos de no vernos en especial afectados… aunque a veces sea imposible -reconoció, moviendo algo las piernas, mirando al suelo-. Si vas con esa expectativa, cuando tengas la oportunidad de impedirlo no la seguirás porque ya estás tan convencida de ello que ni te lo plantearás.
Yumi suspiró, mientras miraba en esa misma dirección, comprendía por qué Daya decía aquello. Tenía casi diez años más que ella, que estaba cerca de los 18 ya, de hecho, su cumpleaños sería cuatro días después del evento, y de nuevo, ese puñetero mal número se hacía presente. Se preguntó cómo podrían hacer frente a esos Juegos con un mínimo de garantías de no hacer el ridículo.
-¿Habéis aprendido a usar vuestras energías ya?
-Podemos usar nuestros poderes básicos más o menos, hemos aprendido a usar los diferentes armamentos y… poco más, ha sido sobre todo formación teórica -se cruzó de brazos-, fue un verdadero coñazo…
La otra la miró con cierta sorpresa, entendiendo que se refería a que fue bastante tedioso aquello. Podía entenderla, a decir verdad, ella también lo pensaba en su momento, aunque había veces que le gustaría poder volver a cuando era una jovencita en entrenamiento, sin tener responsabilidades en la guerra. Ahora que era una Xanium totalmente entrenada tenía a su cargo a esa chica, le había llegado bastante más verde de lo que estaba ella cuando comenzó… al menos en apariencia.
-Bueno, yo te enseñaré a usar mejor tus poderes, en especial las hojas de energía -juntó sus manos y se generó entre las mismas una corriente de aire que Yumi pudo ver perfectamente -, con ellas podrás llevar a cabo ataques a distancia muy peligrosos para tu enemigo, podrás cortar… bueno, hasta el metal, aunque para eso queda.
A modo de demostración, lanzó esa hoja de energía y logró hacer un pequeño corte en la madera de uno de los cercanos árboles, sin llegar en ningún momento a poner en peligro su integridad, soltando algo de la savia de la planta, como si estuviera sangrando. Yumi se acercó a comprobar lo que ya pensaba, y es que, efectivamente, el corte había sido muy limpio. Ella sólo había llevado trucos así las veces que habían usado aquellos artefactos que les permitía hacer uso de sus poderes más eficientemente, pero la otra no llevaba nada así, no que ella viera.
-Aún me queda mucho… -murmuró, mientras se rascaba algo la nuca- Cuando luchábamos en el mundo virtual contra Xana yo era la que tenía los poderes psíquicos, pero no podía hacer la historia esta de las hojas.
-¿Y qué armas tenías?
-Unos abanicos -respondió-, así que al menos la puntería la tendré, y la agilidad, yo… -sonrió algo-, me gustaba hacer gimnasia, me sigue encantando, la verdad.
-¿Gimnasia?
-Para hacer piruetas, ya sabes -respondió Yumi, sonriendo algo-. Saltos, volteretas, hacer el pino, flexiones, moverse con agilidad…
Daya sonrió un poco, mientras la otra observaba el perfecto corte que se había hecho. Era como si fuera una espada afilada hubiera pasado por allí y hecho un corte de tal calidad que parecía haber sido hecho por una herramienta. Claramente no era el caso, aunque se sorprendió más aún cuando su maestra colocó su mano por encima de la herida, y, una vez que lo retiró y tras rodearse de su energía, se encontró con que se había hecho una cicatriz, pero no estaba cerrado ni mucho menos, aunque el primer paso para recuperarse estaba hecho.
-Guau… no sabía que se podía hacer eso…
-Oh, querida, hay muchas cosas que aún no sabéis -le dijo, sonriendo-, pero para eso estamos aquí, para enseñaros.
Siguieron andando, charlando animadamente entre ellas, cada una aprendiendo de lo que la otra comentaba, siendo alumna y maestra a la vez. Yumi debía reconocer que, aunque joven, Daya parecía una mujer sabia. Esta, por su parte, estaba interesada en cómo la otra hablaba de las cosas que la preocupaban con su nueva vida… y en especial, sobre su futuro y el de los demás, y es que su vida había cambiado bastante.
Similar pasaba con el resto de los miembros del grupo. La más sorprendida en cuando a su maestro era Aelita, que miraba al Maestro Puck danzar por la zona, en su caso estaban en el área de tiro. La chica parecía preocupada, notaba el Xanium, que saludaba de vez en cuando a los instructores como si la joven no fuera con él. Sin embargo, le siguió el ritmo hasta llegar a una zona algo más apartada, observando cómo se colocaba a su lado, sentada en el suelo y observando a los alumnos aprender a apuntar y disparar.
-¿Qué te turba, joven aprendiz?
Ella no le llegó a mirar, limitándose a responder tras suspirar algo.
-Un amigo que… no sé qué pensar de él.
-¿Es el que está ahora en calabozo?
-El mismo -murmuró ella-, no sé si le estamos haciendo flaco favor o similar… tengo serias dudas al respecto la verdad, porque él… -tragó saliva entonces- Él siempre ha sido el cómico del grupo, el gracioso, pero ahora se está perdiendo, creo… -se limitó a bajar la mirada- Creo que el Odd que conocíamos se está yendo…
Puck se limitó a asentir despacio, comprendiendo en cierta medida lo que sucedía. Se disponía a hablar cuando sintió llegar a uno de los jóvenes del grupo, encontrándose con Aur Fandis, que parecía nerviosa. Comprendiendo, o creyéndolo, se incorporó e invitó a la otra a colocarse a su vera, mientras acercaba a la otra suavemente, tirando de ella.
-Maestro, necesito hablar con usted -le dijo-, es importante, diría…
-¿Sucede algo malo?
Ella parecía tener dudas, se le notaba en la mirada, aunque finalmente negó.
-No puedo decirlo de forma directa… -reconoció- Antes tendría que comprobarlo, por si acaso.
Aelita les miraba interesada por su charla, aunque no tenía claro si era algo que debiera escuchar. Puck, por otro lado, la detuvo de un suave gesto, y es que si él podía escuchar de eso, ella, como su nueva aprendiz, debía poder hacerlo también. Era una tradición ser sustituido por el mejor de los alumnos de cada maestro, y a falta de Starlight, y siendo ella su copia perfecta… todo apuntaba que tuviera una capacidad similar.
-Bueno… tiene que ver con… su compañero, Odd.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Shamarya entró como una exhalación a la zona de celdas de la nave imperial, apenas se había visto un par de minutos con Starlight, yendo directa hasta donde estaban los prisioneros. Fue convocada por su compañera tras la victoria, era de noche si uno se guiaba por las vistas del planeta que tenían abajo y que daba nombre al sistema donde se encontraban, ni se paró a despedir a la otra, que tenía que ir a la capital del Imperio y, junto a la joven Beatrice, ir hasta el nuevo mundo conquistado, de donde la segunda era oriunda.
Pero no se paró a pensar en ello, había escuchado la llamada de su amiga y tuvo que ir corriendo a cerciorarse de ello. Según entró a la zona de celdas le vio, enganchado por unas cadenas de plasma por pies y muñecas, sentado en la que estaba más al fondo, no parecía estar de mala manera cosa que la tranquilizó, parándose a respirar un poco e intentar calmarse. Enroscó su cola en torno a su cintura, y procedió.
-Salid de aquí -ordenó, con voz potente-, no entréis hasta que yo salga, ¿entendido?
Todos los presentes se giraron con cierta sorpresa, comenzando a obedecer en aquel momento, dejando de esta forma a solas a ambos Xanium. Se llevaron incluso a los otros tres presos, total, había un par de pisos más vacíos, se lo podían permitir.
-Tienes la capacidad de orden de tu madre…
La aludida se limitó a sentarse ante la pared de plasma que les separaba. Ella le observaba atentamente, mientras se fijaba en cada una de sus facciones, su respiración y pulso estaban acelerados y sus orejas se movían con rapidez, mientras sus ojos le penetraban en todo momento. Gandor se limitó a esperar a que ella dijera nada, minutos después se levantó, entró hasta donde él estaba, y le abrazó con ganas, acción que él respondió, apretándola contra su cuerpo, mientras ella sollozaba un poco. La cola de él se enroscó en el cuerpo de ella, con mimo, aquella sería la última vez.
-Padre… -murmuraba ella, mientras se estremecía un poco- No te había visto desde… desde…
-Lo sé, amor, lo sé… -suspiró algo- Yo también te eché de menos…
Se quedaron así otro rato más, acariciándose mutuamente la espalda.
-No tuve los… los huevos de… -ella se armó de valor para recuperar algo la compostura- No tuve el valor de pedirte que vinieras con nosotros, dudaba que vinieras, y… creo que así es, ¿verdad, papá?
Este asintió, y observó como ella se limpiaba las lágrimas con cierta dificultad. Se limitó a levantarse, mientras se aclaraba algo la garganta, momento en que sacó la espada de luz de su padre, al que se la entregó.
-La tradición manda y lo sabes, Shamarya Yirowa -decía este-, aquel de nuestro pueblo que caiga prisionero deberá morir, bien por el enemigo, bien por sí mismo, o el deshonor caerá sobre sí o su familia… -la aludida, temblando, le entregó el arma, que el otro prendió- Hija.
Esta no se atrevió a mirarle hasta instantes después.
-Tu madre estaría orgullosa de ti -le dijo-. Y para mí, un honor poder hacer esto… no podría traicionar a la República, ni tampoco podría matarte a ti o a Starlight.
Shamarya se limitó a cerrar los ojos y salió de allí, mientras su padre enterraba la hoja de luz a la altura de su corazón, cayendo muerto al instante, sin gritar ni con deje alguno de dolor en el rostro. Su cuerpo se estrelló contra el suelo, mientras Shamarya se quedaba quieta en el pasillo, apretando los puños, molesta. Quería romperle los huesos a algún desdichado, o dejarse llevar con… y recordó a aquel esclavo, así que subió rápidamente hasta su cuarto asignado, donde tenía las cosas que ella necesitaba y con las que siempre viajaba, mientras estaba con su padre le habían llevado su equipaje.
Tampoco es que se moviera con mucho, apenas una mochila con un par de camisetas, sus prendas de combate que siempre llevaba puestas, un recambio para su espada de luz, y su androide personal. Y, por supuesto, con ella viajaba una compañía bastante especial, un jovencito bastante apuesto y que la recibió con una suave inclinación cuando la vio entrar por la puerta.
Ella azotó su cola contra el suelo, con los ojos encendidos, y el otro se limitó a recostarse en la cama, así que ella se colocó sobre él, quitándole casi a tirones la ropa, que lanzó al otro lado de la sala con ganas. Comenzó a besar y lamer su cuerpo entre gruñidos, sacándole gemidos al muchacho. Su cuerpo estaba trabajado, de piel algo bronceada y ojos oscuros, su pelo estaba largo hasta los hombros y la mujer podía sentir bajo sus caderas la erección de él, por lo que ronroneó un poco.
-¿Me echaste de menos? -le murmuró al oído- Tu amiguito dice que sí…
Mientras besaba su cuello con ganas le pasaba las manos por el cuerpo, dejando alguna que otra marca con sus garras, mordiendo suavemente su hombro y enroscando su cola en una de las piernas de él, presionando con ganas, sintiendo que el otro se estremecía por ese trato, pero sin llegar a moverse en ningún momento, tal y como ella le había enseñado. Sin demasiado tacto llevó una de las manos al miembro de él, acariciándolo con ganas, deseosa.
-Quiero follarte como sólo tú sabes -le gruñía al oído, montándole sin llegar a introducir su miembro en ella-, que me llenes, tu ama te lo ordena…
Hacía suaves y muy motivantes círculos con la cadera, notaba perfectamente que su humano favorito quería entrar en ella ya mismo, pero hasta que ella no se lo ordenara o lo hiciera por sí misma no podía. Claro que Shamarya tenía si cabe más deseos aún de eso, por ello, y desnudándose completamente, colocó el miembro de él en su interior, gimiendo sonoramente y dejándose caer sobre él, sonriendo por la facilidad para ello. Sólo de tocarle ya quedaba preparada para ello, era casi mágico.
Comenzó a moverse con él dentro de su vagina, de un aspecto casi idéntico al de cualquier humana. Llevó una de las manos de él a su pecho, sabiendo que le gustaba el cálido tacto de su piel, sintiendo el sudor y jadeos del otro, gimiendo con ganas y sedientos de todo ello. Notaba que él apretaba su cuerpo para no terminar antes de tiempo como buen siervo que era, complaciendo a Shamarya, que sólo pensando en ello se excitó a tal punto que sintió un potente orgasmo, e instantes después y tras varios sentones más, un segundo llegó una vez sintió que el otro eyaculaba dentro de ella, gimiendo ahogadamente.
Ella le miró con cierta complacencia, haciendo coquetos círculos con la cintura y apoyándose en el otro, cuyo rostro acarició con uno de los dedos, observando su rostro. Tenía algo de barba y un pequeño tatuaje en la clavícula derecha hecho por la propia Shamarya, su símbolo familiar: un cráneo de su especie colocado de lado y mirando hacia el corazón del sujeto, con la boca abierta y mostrando los afilados dientes junto con unas letras de su lengua nativa por encima. Ella lo besó y lamió, haciendo lo mismo con las heriditas provocadas por aquel juego, haciéndole estremecer un poco, quejándose algo del dolor.
-Sé que escuece, pero sabes que no hay mejor cicatrizante, Edmun…
La cola de ella se movía graciosamente sobre él, como si fuera un perro, permitiéndose él acariciarla, a lo que ella sonrió.
-Lo sé, ama… -comentó- Ya sabe que estoy acostumbrado.
Ella sonrió un poco, lamiendo aún los cortes y acariciándole con mimo.
-Debes reconocer que he aprendido a tratarte mejor que antes… -murmuró- El primer día te hice bastante más daño… me sentí muy mal por ti.
El otro asintió, aún le dolía la espalda por las raras posiciones que tuvo que llevar a cabo para satisfacer a su ama. Su relación… era, siendo simples, compleja. Cuando le avisaron que había sido comprado por la general imperial deseaba morirse, más cuando ella le usó de amante durante los primeros días, obligándole a llevar a termino las relaciones, hasta que… simplemente comenzó a apetecerle. Tampoco es que fuera obligado, lo hacia de buen grado, pero le era raro… ahora comenzaba a sentir por ella, y algo le decía que ella por él también.
-Cada día es mejor… -acarició su nariz con un suave toque, usando un dedo- ¿Qué te pasó?
Ella suspiró, y procedió a contarle lo que acababa de suceder, mientras seguramente la limpieza se hacía cargo de ello. Esa noche dormirían allí y al día siguiente volverían al frente, ella sólo lo había abandonado para poder despedirse de él, y ahora el que tendría que sanar las heridas del otro tendría que ser Edmun a Shamarya, a la que abrazó cariñosamente, colocándola con la espalda de ella en su pecho, acunándola, haciendo que ella se quedara suavemente dormida ahí mismo. Puede que fuera una de las armas más letales de la guerra, pero, a veces, era como un gato grande que necesitaba atención. Y ella no podía estar más contenta con lo que observó durante una visión de la madrugada, más completos que la que tuvo durante la fiesta a la que asistió, donde conoció a Beatrice
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
(1) En el capitulo 22 se indica que los Juegos serán en 7 meses de 30 días con 30 horas desde el 13 de Febrero.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
