Código Galaxy
Capítulo 32
La tensión se sentía en el ambiente y el aire de pronto se había hecho tan denso que podría ser cortado por un cuchillo. Laura giró sobre sí misma y encaró a Rictania, que tenía sus espadas de luz encendidas y listas para usarlas de ser necesario. Su energía la rodeaba y parecía ser incluso algo tangible así que la más joven la imitó y también llevó su mano a su arma, mientras analizaba la postura y expresión corporal de la mujer.
-¿Cómo me has descubierto?
-El ataque al Emperador de hace unas semanas te delató -murmuró la otra, iban acercándose pero girando en torno a un punto central imaginario-. Cualquier Señor del Espacio podría viajar entre las dimensiones, pero esos movimientos que hiciste… son muy cosa mía.
-Entre los políticos estaba Arkytior con una Xanium novata, ahora que recuerdo… -murmuró Laura, mientras bajaba la vista- Entiendo que no me dejarás seguir con mi misión, pero… ¿por qué esperar tanto?
-Tuve mis dudas si tenía que venir o no… -reconoció-. Si tu misión es lograr que el Imperio gane la guerra, me temo que así será -la mayor se colocó en posición-. Quieres colocar a Asmae Starlight de señora absoluta, ¿verdad?
Laura no llegó a responder y se limitó a correr a toda velocidad contra la otra, que la detuvo fácilmente con una de sus armas, procediendo entonces a atacarla con su segunda espada. La otra usó su mano libre para empujar con su energía a la mayor. Comenzó así un veloz duelo de espadas, ambas se movían a toda velocidad e intercambiaban estocadas a un ritmo que hacía casi imposible de seguir para un ojo inexperto. En un momento dado Rictania elevó una pared de luz por detrás de la otra y la empujó con su energía, cayendo Laura al suelo por la intensidad del golpe. Giró sobre su propio cuerpo para evitar que su madre le clavara el arma en el cuerpo, y encaró a la otra.
-¡Ríndete, niña! -le chilló la mayor- ¡Vuelve con tu familia, deja esta locura!
Creía muerta a su hija, y ahora que la tenía delante hacía esas cosas… se notaba la rabia en su rostro, Laura no estaba en una mejor situación.
-Esta locura devolverá su esplendor a la galaxia… madre -murmuró, apretando con fuerza el mango de su espada- ¡Starlight será capaz de poner paz, lo he visto!
Rictania se lanzó a por ella con sus dos espadas, haciendo girar sus brazos formando una suerte de única cuchilla que la otra sólo podía esquivar dando un salto atrás; extendió su mano y detuvo el movimiento de la otra casi en seco. Sin embargo la mayor se limitó a luchar contra la fuerza de la otra, que gruñía y apretaba los dientes por la intensidad del esfuerzo.
De un grito la mayor se logró liberar y procedió a dar un salto hacia su hija. Enarboló sus dos espadas y bajó ambas a la vez con la intención de cercenar a la otra, que pudo parar el movimiento interponiendo la luz de su propia espada, volviendo a estar en un punto muerto.
-¿Desde cuando… viajas en el… tiempo, Larfiria?
-Desde hace tiempo -reconoció-. No puedo volver a casa, madre, no ahora… ¡Llevo demasiado tiempo invertido en todo esto, desde mucho antes del ataque al emperador!
La otra puso una cara de tristeza, y de un fuerte golpe de energía llevó a la otra contra la pared. Del golpe se le cayó a Laura el arma al suelo, y miró a la mujer con mala cara.
-¿Desde cuando usas dos espadas, Rictania?
-Porque sé que se te da mal defenderte de alguien usando dos… -le respondió- Te entrené, ¿recuerdas, hija? Yo te enseñé a usar tus poderes, a defenderte… ¿Recuerdas esa época?
-Por supuesto -le respondió-. Mi corazón no es de hielo…
-Lo hecho de menos, cuando… todo era más sencillo -se vía la tristeza en su rostro-. Aún puedes volver con nosotras, Larfi, aún… puedes volver a casa.
-Mamá… -la otra contuvo el gesto y tragó saliva- Juré fidelidad a Starlight, ella me enseñó cuando llegué al Imperio y me acogió a su lado, no… ¡no puedo traicionarla!
Rictania cerró los ojos y bajó el rostro, iba a hablar cuando ambas notaron las energías de los demás aproximarse. Se miraron a los ojos y la madre bajó a la hija con cuidado; suavemente acarició su mejilla y pelo, y le sonrió.
-Siempre serás mi niña… mi dulce niña… -sus ojos lloraban y sus labios temblaban en ese momento- Aún con esto, Larfiria… siempre te amaré, ¿vale?
La otra también lloró un poco pero se contuvo de abrazarla. En su lugar, giró el rostro para no tener que seguir mirándola. Le dolía demasiado.
-¿Tienes nave para poder huir de aquí? ¿Una N 5D?
-Vine con ella, no podría haber llegado aquí sin estar usando una… -Rictania se limitó a retirarse un par de pasos- Había cerrado mi corazón a ti, pero… me temo que es imposible… Como también es imposible que vuelvas, ¿verdad?
-Verdad…
El tiempo apremiaba, aquellas serían sus últimas palabras; así que la mayor se tomó unos valiosos segundos para responder.
-Si nos encontramos en el campo de batalla, algún día… -apretó los puños entonces- No creo poder mirar a otro lado, Larfiria.
-Yo tampoco, Rictania.
-¿Somos enemigas, pues?
El deje de tristeza en ambas era más que evidente en ellas. Por mucho que clamaran odiar a la otra, al final no podían. Simplemente era algo superior a sus fuerzas.
-Procuremos no encontrarnos, pues… -extendió su mano entones- Y, madre… -ella se giró y la miró de reojo, quería escucharla una última vez- Tu nuevo alumno… Sé quién es, y sé lo que hará. No será tu culpa.
Rictania se limitó a desaparecer de allí. Instantes después los demás abrieron la puerta y se encontraron con Laura trabajando en el ordenador mientras tatareaba una cancioncita, lo único raro es que parecía tener los ojos algo enrojecidos.
-¿Te encuentras mal, Laura?
Suzanne se había colocado a su lado y en cuclillas, acariciando su espalda con cuidado. Ella negó y les sonrió un poco, apoyándose en el respaldo de la silla.
-Perfectamente, gracias -afirmó-. Creo que me está dando algo de alergia por el florecimiento de las plantas del campo cercano…
A esas alturas del año, el planeta en el que residían se encontraba en el verano del hemisferio sur. Delta Pisci 4 era un gran planeta rocoso a varias unidades astronómicas de su estrella principal, una brillante esfera blanca que hacía parecer al Sol de la Tierra una pequeña e insignificante vela; su luz era lo bastante intensa como para que fuera un mundo habitable pese a la gran distancia que había, varias veces más que la que separaba al hogar original de ellos.
-Están comenzando ahora, sí… -comentó la mayor- ¿No tienes tus nanobots funcionando contra eso?
-Sí, estarán en ello, supongo…
Laura se levantó entonces. Suzanne no parecía demasiado convencida, sin embargo no comentó nada al respecto y se limitó a acompañarla hacia el baño para lavarse los ojos mientras el resto se iba colocando formando un círculo. Como siempre hacían, después de cenar descansaban un poco y charlaban antes de dormir; en la última semana se habían dedicado a preparar los Juegos Lakyos, aunque ese día su superior había tenido que asistir a una reunión importante… según ella, claro, a Jim y a Hertz no les cuadraba en especial aquello. Sin embargo tenía cierto sentido teniendo en cuenta lo sucedido con el emperador semanas antes en la Tierra.
Pero a falta de pruebas no podían decir absolutamente nada, por eso lo hablarían en privado con los demás. No solían tener que esperar demasiado antes de que la mayor se durmiera, y siempre podían usar el francés para comunicarse entre ellos. Se sorprendieron todos de la rapidez con la que los clones del grupo eran capaces de aprender el idioma, cosa que les facilitó bastante las cosas. En los pocos meses que llevaban ya podían tener una conversación fluida, en aquellos momentos quedaban dos semanas para que hiciera un año desde el fatídico evento que fue la conquista de la Tierra y su incorporación al bando imperial en aquella guerra sin sentido; un año desde que conocen a esos clones y a su superior, Gauthier, al que al final habían tomado algo – no demasiado – cariño.
-Viajaremos pronto hasta Delta Virgi 11, allí serán los Juegos Lakyos -Floresta parecía bastante animada-. Estaremos separados de los grupos republicanos, pero igual nos encontramos con algunos, ¿os imagináis?
-Se me hace difícil creer que se respetará la paz en esos días, la verdad… -murmuró Jim- No sé, no veo a ninguno dispuesto a hacer el alto al fuego.
-Es una cuestión de honor, jefe -explicó Hielo-. Para la general Starlight sería algo absolutamente fuera de lugar atacar durante esas fechas, y su antigua… bueno, amistad con Seriel, esperemos que le haga respetar también este pato tácito.
En ese sentido, los Juegos Lakyos eran iguales a los Olímpicos que cada cuatro años se desarrollaban en la Tierra, sólo que en este caso eran anuales. Cada año se hacían en uno de los planetas de la República, y desde que comenzó la guerra se decidió que debían hacerse en un lugar en principio neutral como era aquel. Se trataba del mundo donde se desarrolló por primera vez la Orden así que era un sitio muy importante culturalmente para todos ellos. Tanto, que aquellos que luchaban a muerte durante el año previo esos días se abrazarían o, al menos, se tolerarían lo bastante como para no enfrentarse entre sí.
Para muchos era lo único que daba cierta normalidad y constituía la barrera que separaba al mundo en el que vivían de la más absoluta barbarie. Coincidía encima con los intentos de negociaciones para la paz, puede que esa fuera la oportunidad perfecta para alcanzar esa ansiada meta para todos ellos, llevaban ya cerca de dos meses estándar.
Laura, en cambio, tenía planes radicalmente diferentes para aquello y seguiría trabajando duro para lograr ese objetivo. Rictania era plenamente consciente de ello, e instantes después de desaparecer en el aire se encontró de nuevo en su apartamento y no pudo contener las ganas de partir varias cosas en dos con sus espadas: la que siempre portaba y la que en su día usó su hermana para entrenar y aprender antes de pasarse a la política en el Congreso.
Chilló y gritó golpeando la mesa y paredes como un animal herido y salvaje en peligro de muerte hasta que se comenzó a dejar la voz un par de minutos más tarde de empezar. Tenia la cara desencajada y lágrimas caían por sus ojos hasta que su vista pasó por su reflejo en una de las ventanas; en su cabeza algo pareció hacer clic y suspiró pesadamente.
-¿Qué debó hacer…? -murmuró, mientras se miraba con interés- Es mi hija y su sangre es la mía… pero… ahora parece más dispuesta que nunca a luchar por el Imperio… -apretó con cierta rabia la mandíbula - ¿Qué habrás querido decir que no será mi culpa…?
Tuvo sus muchas dudas de ir al pasado y volver a hablar con su hija cuando nada de aquello había pasado, ganas desde luego no le faltaban; de ir a ver sus antiguos entrenamientos con la espada de luz, o a pasarse por sus antiguas excursiones, cuando la chica era una niña pequeña. Aquellos tiempos se le hacían muy antiguos en aquellos momentos, pero decidió quitarse esas ideas de la mente y observó sus alrededores.
-Hubiera jurado que había quedado todo bastante peor…
El único destrozo eran unas sillas tiradas de cualquier manera y unos cuadros caídos, pero no llegó a romper nada con sus espadas de luz. Las tomó en sus manos y suspiró un poco, momento en que se concentró un poco y extendió la izquierda con el arma de su hermana.
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Esta se encontraba en uno de los baños del gran edificio del gobierno imperial en la Tierra, observándose en el espejo con un poco de maquillaje local en las manos.
-Te quedaría bastante bien este color en los labios, Alione -comentaba ella-. Este púrpura conjunta bien con tu color de pelo y piel, la verdad…
La aludida estaba detrás, su reflejo se dejaba ver en el espejo y parecía algo más relajada tras la segunda bebida que estaba tomando. Se acercó y Arkytior le entregó el pintalabios, que observó con cierto interés, sonriendo. Llevaban bastante tiempo con el asunto de la paz, y con esas cosas se entretenía… le permitía relajarse un poco.
-Es bonito, sí… -murmuró- Pero es un regalo de Shamarya, no sé si debería…
-Por eso mismo, es mío y con el hago lo que quiero, ¿no?
Alione se carcajeó un poco. Se sorprendió de ver aparecer de la nada una espada de luz, sin embargo a su compañera no se le hizo extraño. Tomó el aparato con delicadeza y hasta cierta devoción, contemplando el mango con cierta tristeza.
-¿Te sabes las historias de los Señores del Espacio, Alione?
Esta se la quedó contemplando mientras salían a paso lento de los baños. Aparecieron en uno de los pasillos, se podía escuchar a la perfección las risas y murmullos de la cercana recepción que estaban visitando, una de las últimas antes del parón de los Juegos. Zormu quería demostrar la muy buena seguridad que tenía pese al intento de golpe de Estado de días atrás. No olvidándose de su pregunta, anduvieron las dos juntas hacia donde estaban los demás mientras la xanium respondía.
-Sí, claro, fueron muy importantes en la historia galáctica, ¿por? -entonces cayó en la cuenta- Claro, es que usted y Rictania sois de esa especie, ¿verdad?
-Y también lo es nuestra buena compañera Nadie -comentó Arkytior-. Mi hermana… creo que sabe algo pero no me lo dirá, es una tonta que quiere protegerme.
Alione asintió. La presencia de esa persona era constante y permanente, allá donde miraras podías sentir su presencia aunque no la vieras. Agobiaba a cualquiera, más desde aquel fortuito ataque y en el que sólo la mayor parecía conectar los puntos en aquellos momentos. Cuando se puso a hablar con los demás al ver a Nadie por los pasillos como si tal cosa, todos sabían que habían visto algo atacar al emperador pero no reconocían o eran conscientes exactamente de lo que era. Cada vez que pensaban en ello les dolía la cabeza, y con el pasar de los días iba a peor la situación, Arkytior incluida en menor grado… hasta ahora.
-Mis mejores amigas me defienden como si fueran hermanas -le respondió la otra-. Igual hago yo con ellas, claro…
-Me alegra escuchar eso, la verdad -comentó la mujer-. Pero ella no cuenta con que, igual, yo quiero saber también lo que pasa… aunque me hago a la idea.
-Entiendo entonces que esta espada te la entregó tu hermana, ¿no?
-Así es, Alione -explicó-. A saber dónde está, nuestra especie tiene la capacidad, si está en la quinta dimensión, de estar en varias veces al mismo tiempo… es como si tú, en nuestro mundo de tres dimensiones, colocaras tus dedos en una pared o un folio, estarías en varios sitios al mismo tiempo pero en realidad no… ¿me explico?
-Joder…
-Exacto -Arkytior asintió-. Es nuestro hogar, al final, pero ninguno de vosotros podríais andar por nuestro mundo sin un traje especial… en fin, Nadie está haciendo eso mismo, lo sé porque se delató cuando llegamos.
-Eso explicaría cómo desapareció tan de pronto… -murmuró- Pero no entiendo por qué me explicas esto tan de pronto.
-Sólo hay una razón por la que mi hermana me devolviera mi espada… es largo de explicar, pero terminará de confirmar lo que creo.
Alione no comprendía nada, sólo se limitaba a escoltar a la otra entre el tumulto de gente. Guardó la espada en su bolso y pasaron a lo largo de los pequeños grupos de gente hasta que llegó a donde se encontraba Shamarya junto a Nadie. Parecían charlar entre sí hasta la llegada de la mujer, que saludó cordialmente a la general y luego a la seguridad, que respondieron ambas personas en un tono similar.
-Te veo en buen estado, Foreman -bromeó Shamarya-. ¿Otra copa?
-No, muchas gracias, venía a habar con Nadie… si puede ser -comentó- Tengo algo para ti, pero no sé si podre dártelo delante de todos.
-¿Qué me dará, sustancias estupefacientes?
Pero Arkytior no rio la broma, y abrió con cuidado el bolso, mostrándole el mango de la espada de luz. Era sencilla pero rápidamente la reconoció Nadie, efectivamente, y suspiró un poco. Observó directamente a los ojos a la otra y tomó el arma con cierto cuidado.
-Creo que es tuya, ¿verdad?
-Sí… -murmuró- La perdí hace un tiempo… gracias.
Shamarya carraspeó un poco, y entregó una bebida a cada una de ellas. Movía su cola con suavidad tamborileaba despacio en su pierna derecha, en torno a la que estaba delicadamente enroscada por comodidad.
-Soy alguien de honor, lo que contéis aquí se quedará, ¿verdad, compañera? -a eso, Alione asintió- Nadie me estaba explicando… algo interesante, sobre cuales son sus planes de trabajo futuro, ¿verdad?
-¿Ah, sí? -murmuró la otra- Qué curioso, precisamente en ello también estaba pensando yo.
-¿En qué sentido, Congresista?
-Sobre la guerra y cuales serán sus derroteros -murmuró la mujer-. Me preocupa el ataque al emperador, encima ahora que viene uno de los eventos más importantes del año… Puede volver ser atacado él, o nuestra Presidenta.
-Como jefa de seguridad de su sequito puedo asegurarle que está todo controlado, no se preocupe por ello -comentó Shamarya-. Está en las mejores manos, ¿verdad, Nadie?
-Sí… -se retiró un par de pasos- Me disculpen, tengo trabajo que hacer de seguridad, disfruten de la fiesta.
Las dos mujeres vieron como la otra se alejaba, así que se limitaron a juntarse un poco con cierto interés. Alione se dedicaba a dar pequeños sorbos a su bebida, atenta como podía a todo, aunque poco a poco le iba haciendo efecto el alcohol y las ganas de reír iban lentamente en aumento. Arkytior en un momento dado dejó su copa en una mesita cercana y sonrió a la otra.
-Bueno, y cuéntame -dijo, sonriendo-, ¿irá alguno de tus alumnos a los Juegos?
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Las cosas en Asmara también estaban con cierta tensión en el grupo de la Tierra, y que en esos momentos estaban haciendo los últimos preparativos para los Juegos, a los que iban más por ir que por tener verdaderas opciones de éxito. Si bien el viaje en sí no les duraría más de un par de horas, Naipe había insistido en que fueran antes para poder aclimatarse mejor y, de paso, que vieran un poco de la galaxia más allá de lo que ya conocían. Además, les vendría bien airearse un poco y cambiar de ambiente.
-La última vez que viajamos creo que fue tras la invasión, ¿verdad?
-Sí Lita, y ahora iremos aún más lejos de casa tras todo este tiempo… -murmuró Yumi, algo nostálgica- Pero tengo ganas de que ponernos a prueba, después de tanto entrenamiento.
-Hoy será la última vez, miradlo de esa manera -Jeremy se estiró algo en la silla-. Estoy algo nervioso por eso, esta semana será algo más relajada y sólo repasaremos tácticas, hasta viajar la semana antes…
En esos momentos estaban terminando de comer en la cantina. Estaba algo más calmado ahora que Odd parecía irse reincorporando con los demás, y s sentía orgulloso de cómo estaba comportándose ese grupo, pero dudaba lograr nada relevante en esos días, aunque algo en su fuero interno le hacía no estar todo lo tranquilo que tocaba. Una suave sensación de molestia, de procedencia desconocía, hacía que no disfrutara plenamente de esos últimos momentos de paz, antes de ir al frente definitivamente. Fuera cual fuera el destino que les tocara tras los Juegos no serían iguales a su entrenamiento, y desde luego no serían ni tan felices – dentro de las limitaciones – ni estarían más en un entorno tan seguro.
-Seguro que nos irá genial, jefe -le respondió sonriendo Ritmo-. Además, ya tengo ganas de enfrentarme a una misión de verdad, tras cuatro años de entrenar y entrenar sólo… ¡necesito acción! ¿Vosotros no?
-Yo no me preocuparía de eso, creo que hasta acabaremos empachados incluso-Ulrich suspiró un poco-. En fin, ¿se sabe algo de posibles destinos? Para irnos preparando.
-Si se sabe, no tengo ni idea -respondió Jeremy-. Pero seguramente no tengamos demasiado donde escoger, sinceramente.
-Lo importante es que estemos unidos, siempre que estemos juntos… -Muralla sonreía con diversión- Nos irá bien, ¿verdad, jefa?
Yumi asintió, satisfecha de que sus enseñanzas calaran en los clones.
-Fuera broma, es fundamental estar unidos -les explicó-. Cuando estemos luchando sólo podremos confiar entre nosotros, tenedlo claro.
-Sí, pero lo es más saberse las tácticas -Ulrich hacia girar el vaso entre sus manos, pensativo, y miró a los demás-. Y creo que en eso sí que podemos destacar.
-Ayuda que llevamos años trabajando juntos, tío -le recordó Aelita-. Y que nuestros nuevos compañeros so muy buenos, ¿a que sí?
Los clones se miraron con cierto orgullo, contentos por lo que su superior había dicho. Odd separó el plato y se acarició la tripa, satisfecho, y se estiró suavemente en el sitio.
-Os veo muy ilusionados para algo tan peligroso, ¿no creéis? -comentó- Que lo hagan los clones lo entiendo, ¿pero vosotros? No os hacía tan inconscientes.
-No es eso, sabemos a lo que vamos -le respondió Ulrich-. Pero, como en Lyoko, estamos haciendo lo posible para salvar al mundo.
El otro se limitó a asentir, digiriendo como pudo esas palabras, y forzó un poco la sonrisa para aparentar normalidad ante ellos. Sin embargo cada vez tenía más claro que ellos estaban absolutamente enajenados por la República y estaban lejos de realmente pensar como él, por algún motivo que desconocía. Se limitó a seguir escuchando sobre sus aspiraciones, aunque su vista de reojo iba a veces hacia Aur y Lectra, que comían aún a la derecha de Ventura, demasiado entretenido con las anécdotas que estaba contando en esos momentos Fan.
La primera sabía bastante bien qué pasaba en esos momentos por la mente del otro, y aunque intentaba disimular no podía evitar preocuparse por lo que veía. Sin embargo Odd parecía dispuesto a abrazar su destino y no hacer nada para evitarlo, así que ella poco podía hacer para ese momento. A lo mejor de haber estad allí desde el principio… nunca lo sabrían, en realidad, así que tampoco perdía el suelo con ello. Lectra entendía a su pareja, así que tomó su mano por debajo de la mesa y se la apretó suavemente.
-Oye, Jeremy -Aur se giró y le miró, este le sonrió-. ¿Nosotras iremos con vosotros? ¿Sabes algo de eso? Al final estamos en el mismo grupo.
-No me han dicho nada en lo contrario, pero a saber, esta gente trabaja algo raro a veces… -comentó él, pensativo- Es posible que vayáis por vuestro lado, en formato de parejas o algo.
Ella asintió, eso tenía más sentido. Les habían explicado que había eventos individuales, en grupos – el formato en el que ellos participarían – y en dúos y tríos. Para poder ir a solas tenías que tener un nivel extraordinario, cerca de ya convertirse en Caballero o Amazona, así que para eso aún les quedaba bastante. Para cada una de las opciones había diferentes premios y retos, solían ser bastante seguidos y los más vistos sin duda eran los solitarios, pues muchos acababan siendo grandes estrellas deportivas o modelos… claro, años y años de entrenamiento formaban un cuerpo esculpido en piedra y mármol, el que menos lograba si destacaba era acabar en seguridad privada o similar.
A ellos les era un destino interesante, pero Odd odiaba aquello con bastante intensidad. Sentía que para algo importante que hacía el resto tenía que echarlo a perder por sus intereses espurios, aunque de alguna forma lo entendía. Además, sería un paso muy bueno para poder tener una carrera artística, que al final era su deseo real; no ser un maldito soldado y acabar muriendo pegando tiros en algún lugar perdido de la mano de Dios.
-En fin, llevamos un año juntos al final, a mi… se me ha hecho corto, aunque al inicio lo hayamos pasado mal -Jeremy se levantó con su vaso en la mano-. Pase lo que pase a partir de ahora… gracias por haber confiado en mí para lideraros.
El resto se limitó a aplaudir un poco mientras él se sentaba, llamando algo la atención de los demás comensales de la sala. Sin embargo rápidamente volvieron a sus quehaceres, y el grupo se dirigió de nuevo hacia su planta a prepararse y descansar un poco del arduo día de entrenamientos. A Odd le dolía un poco la cabeza en esos momentos, y sentía ligeras nauseas; pero no era que se estuviera enfermando, de hecho creía saber perfectamente la razón de aquellos síntomas. Aur se lo explicó en su momento de forma bastante exacta, y es que la visión que tendría en minutos sería bastante intensa… les preocupaba que fueran tan habituales últimamente, sobre todo a la chica, que suponía que era porque los acontecimientos que desencadenarían esas predicciones estaban cerca de ocurrir.
Y si ya estaba con cierto cabreo porque los demás parecían no querer hacer nada para luchar contra el sistema que les tenía prisioneros en esa jula de oro y acero; este iba a más ahora que se sentía cada vez más alejado del grupo, lo que era bastante irónico dado que no podían estar más juntos físicamente hablando. Pero emocionalmente era algo bastante diferente, y eso era lo que más molestaba a Odd con diferencia.
Según entraron hasta la zona de los chicos, él fue directamente hacia el baño echando un poco a correr mientras el resto le miraba con cierta sorpresa, aunque supusieron que tendría alguna urgencia. No se equivocaban en cuanto al síntoma, pero sí en su naturaleza; en cuanto pasó las puertas del cuarto de baño, él se colocó apoyándose en la cercana pared mientras sus ojos brillaban un poco, con cierta intensidad.
Dos figuras en la noche, una él y la otra una de las grandes generales del Imperio, charlando entre sí en un parque cercano al Congreso de la República, podía escuchar sus suaves voces con bastante claridad, incluso podía sentir cierta química entre sí.
-Me alegra verte por fin, al gran león de Beta Escorpi 15-los ojos dorados de ella brillaban con la luz de las brillantes lunas del planeta-. Juntos podremos gobernar la galaxia.
-Igualmente, Starfire -la voz de ella ronroneaba, juguetona-. Te hacía más… alto, la verdad.
-Soy esbelto, sí -reconoció él-. Te he echado de menos, …
La visión pasó hacia otro escenario bastante diferente.
Estaba en un escenario helado, rodeado de cadáveres cortados por la mitad. Su espada de luz brillaba con fuerza y su cola biónica danzaba detrás de él, sentía una rabia tan desmedida que ni esa matanza era capaz de calmar, un recuerdo explotaba de forma constante en su mente y los rostros de dos mujeres aparecían difuminados pero que él reconoció perfectamente.
-Aur… Aur…
-¡Eras mi hermano, te amé como a uno!
-Fuisteis mis hermanos… ¡hasta que me dejasteis de lado, Einstein!
-No lo hagas, por favor… -su interlocutor lloraba y su voz temblaba mínimamente, pero iba tomando cada vez más firmeza- ¡Piensa un poco, Odd, siempre hemos estado a tu lado!
-¡No lo entiendes, yo nunca podré estar con vosotros!
Lo último que vio fue la escena más dura hasta ese momento.
Tenía agarrada a esa misma persona del cuello. Le amenazaba con su espada de luz en el estómago, peligrosamente cerca y con la piel cubierta de hollín y sudor.
- Soy un palo en la rueda, me lo dejasteis claro aquel día en Glaciaris -murmuró, sus ojos amenazaban con estallar a llorar pero se contuvo- ¡Os odio, a todos! ¡Os habéis vendido, y ahora sois la misma escoria que jurasteis derrotar!
Antes de llegar a hacer nada, un resplandor se dejó ver por el lado derecho.
Odd pegó una bocanada de aire, sudaba algo en frío y estaba sentado en el suelo. Pegó un respingo al ver frente a él al Maestro Puck, sentado frente a él en posición de loto. Sonreía suavemente y estaban a solas en el mismo sitio al que él había entrado. Le había parecido una eternidad aquel último viaje, así que debió durar unos pocos segundos realmente.
-¿Estas bien, chico?
-S-sí, gracias…
-Pareces alterado, Aur me estuvo explicando sobre las cosas que sueles ver -él frunció suavemente el ceño, pero asintió-. No te preocupes demasiado por ello, y simplemente disfruta de tu presente sin pensar en el futuro.
-Es más fácil decirlo que hacerlo, señor.
-Bueno, siempre puedes intentarlo -le respondió Puck-. ¿Has hablado de esto con alguien más?
-No, sólo con Aur -murmuró-. No es algo en lo que quiera regodearme la verdad.
El otro podía entender esa idea, sin embargo, le preocupaba. Normalmente casi nadie creía en que las predicciones que algunos Xanium veían fueran reales, sobre todo por los muchos estudios que afirmaban con rotundidad que no había una verdadera correlación entre lo que se afirmaba ver y lo que pasaba. La realidad, o eso intuía él por su experiencia, es que había más gente afirmando que poseía ese poder que verdaderos usuarios. La proporción con respecto al resto de habilidades especiales era muy inferior, pero eso no reflejaban los datos oficiales. El por qué se había hecho así él lo desconocía, sin embargo pasaba y era una realidad que nadie de fuera de su mundo creía o pensaba que era algo real, que sucedía de verdad.
Eso llevaba a muchos mitos en torno a esa habilidad, y luego la propia República lo eliminó de su base de datos. Al ver que él coincidía en sus análisis con los usuarios reales se preocupó, y se confirmó cuando Aur fue a hablar con ella unos días antes. Estuvo meditando mucho sobre qué hacer y, al parecer, había acertado sobre ir a hablar con él para saber cómo se sentía. Puede que pudiera salvar muchas cosas si le lograba quitar esas malas ideas de la cabeza, pero para eso necesitaba de una charla más profunda. Por eso se levantó y le tendió la mano para que pasearan… conocía de un muy buen sitio por el que caminar.
Odd se levantó y fue detrás de Puck por la sala donde estaban los demás, que comprobaron con cierto alivio que el otro parecía bien. Sin embargo él no comentó nada y acompañó al mayor hasta el pasillo; y una vez llegaron hasta el ascensor cuántico montaron al mismo, fueron directamente hasta el gran hall de entrada a la base. Se encaminaron hasta las puertas y, una vez se identificaron como maestro y alumno, salieron hacia la gran avenida.
-Es impresionante… -murmuraba el chico- Aún después de haberlo visto varias veces me sigue pareciendo espectacular…
Las calles eran muy amplias, con múltiples zonas con árboles que proveían de zonas de sombra. Los edificios eran gigantescos pilares de cristal y acero de múltiples colores, y aunque parecía haber gente viviendo en las calles eran casi invisibles entre el ir y venir de personas de toda clase, condición, color de piel y pelo, y hasta de especie. Aún con todo ese intenso esplendor, Odd era incapaz de ver cosas que no le gustaban en absoluto, como noticieros de la última corruptela política, o anuncios de lo maravilloso que era el ejército y lo valientes que eran todos ellos; o del último caso de pagos a grupos en teoría desfavorecidos que al final vivían como reyes mientras los demás se desvivían a trabajar, valga la redundancia.
-Es un buen lugar en el que vivir, con mucha magia… si aprendes a mirar.
-¿A qué se refiere?
-Tienes que aprender a mirar, y no sólo ver -le explicó-. No es ningún delirio místico, ni nada mágico… Dime, muchacho, ¿qué puedes ver?
-Veo… un mundo utópico -la cara de él era un poema, no entendía qué quería decir el otro-. Pero también veo mucha miseria y dolor, si uno se fija lo bastante.
-Eso es común a cualquier mundo, es imposible evitarlo -comentó Puck-. Lo único que puedes hacer, es aliviar su sufrimiento dentro de lo posible.
Mientras andaban se acabaron dirigiendo hacia las cercanías de un parque cercano al Congreso. Odd sintió un suave picor en su nuca al reconocer algunas zonas en las visiones que había visto. Misma sensación al alejarse lo bastante de la base para poder ver algunas partes de su techo, áreas que también había visto en sus predicciones. Se dio cuenta, ahora que se fijaba algo más, en que alrededor de ellos había bastantes grupos de personas que parecían vivir en la calle o, al menos, no tener demasiados bienes o dinero. Era, en definitiva, los desposeídos de esa sociedad de oro y carbón.
-¡Maestro Puck!
Este se giró sobre sí mismo y sonrió al ver acercarse a una joven. Era de aspecto humano, de pelo negro azabache y ojos pardos grandes y redondos, tenía un mono de trabajo color naranja oscuro y unos guantes negros y amarillos bastante manchados. Parecía un mecánico con esas pintas, a su lado tenía un gran palé móvil que se podía empujar fácilmente, pero igualmente su trabajo tenía pinta de ser duro. Al fondo descansaba unas cuantas furgonetas de la que descargaban también varios individuos más, entre otros también humanos que hablaban lo que Odd identificó como inglés, cosa que le sorprendió; también escuchó algo de español en varios de ellos, así que dudó si acercarse o no. Cuando Puck le empujó desde la espalda él corrió en esa dirección y luego encaró a su interlocutor.
-Me alegra verte hoy también, joven -sonrió él, mientras se sentaba en el palé-. Pensé que seguirías con el contrabando de especias y alimentos entre los diferentes mundos…
-Y así hacemos, señor -le explicó ella-. Necesitamos dinero para financiar todo esto, Rober nos mataría de no hacerlo.
-No se puede vivir del aire, Andrea -le respondió él-. Necesitáis financiar todas estas buenas obras… aunque eso implique ir de planeta en planeta vendiendo cosas a unos y otros.
-Los imperiales pagan bien, Puck -murmuró ella, seria-. Aunque sean unos cabronazos, pero… como bien dices, todo esto hay que pagarlo.
El otro se limitó a sonreír un poco, no podía culparla o criticarla por ello. Estaban haciendo algo de mucha ayuda para todos, pero también estaban ganando dinero con ello; así era la vida muchas veces. En la República muchos pretendían hacer eso mismo, obras desinteresadas que en realidad sí que tenían algo detrás que movía a esas personas a actuar así más allá del mero deseo de ayudar al prójimo. Ellos al menos lo decían abiertamente, otros muchos hablaban de su virtuosismo en todas partes pero a nada que se rascaba se encontraban toda clase de negocios detrás de esa beneficencia.
-Mi compañero también es de vuestro mundo, le gustará saber de vuestra historia, si se la quieres contar… -Puck comprobó que Odd ya se encontraba charlando, precisamente, con algunos de ellos- Está pasando por una racha algo mala.
-Si quieres que así siga le puedo contar -bromeó ella-. Jamás pensé que echaría de menos la seguridad de las minas en las que estuvimos penando durante semanas antes de escapar.
-No teníais libertad, pero sí un lugar en el que descansar, comer caliente y dormir arropados -comentó Puck-. Al final eso es todo lo que piden algunos llegado un punto.
Ella asintió. Cuando fueron capturados como esclavos les quitaron todo lo que tenían y les llevaron lejos de casa, a un planeta que ni sabían que existían donde tenían que extraer minerales en una zona montañosa. Fuera de lo que ellos habían esperado, les dieron todo el instrumental y, si uno no hacía demasiado el imbécil le trataban razonablemente bien y podían ir a destinos mejores en el cercano valle del mismo mundo, donde trabajaban en la construcción de armamento, naves; o con maquinaria agraria de todo tipo. Ella y un grupo de varios más se armaron de valor y lograron escapar… no sin problemas.
-Es triste, pero tienes razón… -Andrea suspiró pesadamente- ¿Cuándo podremos volver, Puck?
-No lo sé -reconoció el otro-. Puede durar años más, o… terminar pronto, ya sabes, estamos en ello, pero nunca se sabe.
-En fin, hablemos de algo más alegre -ella le entregó una de las cajas más pequeñas del palé-. Lleva esto a la carpa de siempre, ya sabes dónde está.
El otro asintió, ciertamente divertido, y procedió. Estaban en un parque pero tenían la entrada cerca de donde estaban descargando; era un área abierta cerca del Congreso, con zonas de árboles y bancos en los que sentarse y una bella fuente de agua cristalina, y en sus cercanías se alzaba una carpa de color amarillo que se elevaba tres metros con cuatro barras de acero que servían de sostén de toda la estructura, hecha de plástico con el logotipo de su asociación, totalmente ilegal pero les daba francamente igual.
Mientras no dieran problemas podrían ayudar, y ese día estarían dando comida caliente y agua a la gente sin hogar de la zona, que se congregaban a la llamada de gente dando comida de forma gratuita. Era la tercera vez que venían desde que lograron escapar, y para que todos se enteraran de aquel evento lo anunciaban con días de antelación; la noticia se esparcía rápidamente y los sintecho se desplazaban hasta allí. Así que allí estaban, dispuestos a echarse algo en condiciones al cuerpo, aunque no fuera algo que sucediera de forma regular.
Puck comprobó con cierta alegría que Odd trabajaba con ahínco en descargar cajas y cajas que los otros habían traído, así que se acabó quedando a un lado, sentando en una de las ramas de un árbol cercano. Sus piernas se movían ligeramente atrás y adelante, entretenido como estaba en aquella escena pero que no duró demasiado, pues en poco rato ya lo tenían todo en la carpa y se dedicaban a organizar todo como mejor podían.
-Es hora ya de volver a la base, tengo algo más que mostrarte -Odd se había acercado hasta el árbol donde el otro estaba, tras llamarle de un silbido-. ¿Qué te parece esta gente?
-Parecen agradables… -murmuró él- ¿De qué les conoces?
-Un día me los encontré de casualidad, estaban teniendo problemas con algunos de los clones que servían en seguridad -explicó-. Así que intervine para que, mientras no hicieran nada malo, nadie les molestara.
-Ah…
-Puedes luchar por gente así, personas normales y corrientes que sólo quieren volver a casa y vivir una vida normal -explicó Puck-. No hace falta que luches por la República, en la que entiendo que no creas.
-No sé por qué dices eso, Maestro.
-No me intentes engañar, chico -le dijo, divertido-. Sé de tus intenciones… quería enseñarte cosas por las que, puede, creas que vale la pena luchar.
-Tienes razón en una cosa -afirmó el chico, deteniéndose-. Llevo luchando años por aquello que, creo, es más justo para todos… Y lo seguiré haciendo, soy un héroe.
-¿Un héroe?
-Luche en un mundo virtual, igual al que usáis vosotros para entrenar, contra una IA llamada Xana -le explicó él-. Pretendía matarnos por impedirle dominar el mundo, pero nosotros fuimos mejores y lo salvamos… ahora pienso hacer lo mismo.
-Me alegra escuchar eso, entonces.
Puck parecía satisfecho, eso tranquilizó a Odd. Sin embargo, sus ideas seguían siendo claras… llevaría a cabo aquello a lo que estaba destinado, esa charla y posterior paseo le habían abierto un poco los ojos respecto de qué hacer y, sobre todo, cómo. Hicieron el camino de regreso después de despedirse de los demás definitivamente y echarles una mano con unas cajas que quedaban. En unas horas habían vuelto a la base, y tras estrecharse la mano, el chico fue directo hacia su planta para ducharse y descansar un poco junto a los demás.
En cuanto apareció en el pasillo sus ojos brillaron suavemente mientras avanzaba. Tenía la mano en la puerta del cuarto de los chicos cuando decidió ir hacia la sala de entrenamiento, donde se encontró con Jeremy trabajando en una de las mesas con una luz sobre él. Usaba varias herramientas, notó, y estaba ultimando los detalles de su cola biónica. Casi se había olvidado de ella, se la iban a implantar en pocos días para que no tuviera que andar quitándosela y poniéndosela constantemente. De hecho estaba calibrando en esos momentos los últimos detalles para la próxima operación, tras lo cual sólo se tendría que acostumbrar a la misma.
-Gracias… por tu trabajo tan arduo, tío -le comentó Odd-. No te molestaré, no quiero…
-Tranquilo, Odd -Jeremy le sonrió y se levantó un poco-. Acércate, por favor, y dame tu brazo.
Este así hizo, tras sentarse en una de las sillas cercanas. Jeremy comenzó a trabajar en el ordenador que llevaba integrado, Odd le observaba con interés mientras le miraba hacer sus cosas, permaneciendo en todo momento en respetuoso silencio.
-Bien, ya estaría -murmuró el chico-. Te lo he organizado para que los nanobots de tu sangre trabajen para poder hacerte el implante el próximo día, permitirán hacer la conexión con tu sistema neuronal y lo mejorarán para que puedas hacer uso de ella como si fuera natural.
-Pero ya lo podía usar cuando me puse el cinturón -comentó él-. ¿Para qué hacer eso?
-Por si hay un problema en la conexión entre el ordenador de la cola y el de tu cuerpo -le respondió-. Por eso mismo nos tienen más que dicho que debemos aprender el idioma de la República, por si los ordenadores internos fallan poder comunicarnos.
Odd suspiró un poco, no se fiaba de esas cosas pero era lo mejor. Seguramente tendría que cenar algo especial o similar para poder hacer aquello, pero al menos no se tendría que operar para prepararse para el implante como tal, lo cual agradecía bastante.
-¿Algo más que necesites de mí?
-No realmente, te puedes ir a descansar si quieres -comentó Jeremy-. Por cierto, ¿qué tal te fue durante el paseo?
-Bastante bien, la verdad -reconoció él-. Iré a ducharme, nos veremos luego.
Tras chocar puños, el chico se dirigió de nuevo hacia el pasillo, y tras penetrar al cuarto de los chicos, se dirigió a paso veloz hacia las duchas sólo tras coger ropa limpia y una toalla limpia. Los clones le recibieron entre risas y bastante felices, parecían orgullosos de tenerlo ahí con él incluso, y Ulrich también se le acercó. Odd les sonrió un poco pero se limitó a ir hacia su objetivo con la vista casi en modo túnel, así que así hizo. En pocas zancadas llegó hasta la salita y se metió bajo el agua con los ojos cerrados, concentrándose.
Cuando los abrió, se encontró con algo escrito en la pared aprovechando la humedad que se había formado por el agua cálida. Odd sonrió un poco al ir leyendo, y asintió suavemente.
-En una semana será en la tierra el 6 de Noviembre en la Tierra… -murmuró- Para entonces estaremos en Delta Virgi 11, ¿eso será un problema?
En seguida volvió a aparecer escrito un corto mensaje. Suspirando, asintió y borró el mensaje con un suave movimiento de la mano, tras lo cual se siguió bañando. Lejos, Laura suspiró pesadamente y sonrió un poco tras abrir los ojos, las piezas del ajedrez que llevaba esculpiendo desde hacía tiempo estaban ya en camino de juntarse.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
