Capítulo 1.1: Y fueron 10, ¡otra vez!

La ciudad de Nueva York, más conocida como la "Capital del Mundo". Uno de los destinos turísticos más grandes y una de las ciudades con mayor influencia, peso económico, población y variedad cultural. Dividida por sus cinco distritos: Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island; representa una de las áreas de civilización más importantes e icónicas de toda la humanidad.

Atravesando el asfalto del famoso "Puente de Brooklyn" a gran velocidad, estaba un auto deportivo de color verde oscuro, con dos franjas laterales color verde limón, que bajan por el capó y se unen en la zona del parachoques que dan la forma de una "X", y continúan atravesando toda la base del vehículo hasta volver a subir por la parte trasera y se junta con unos alerones, dando a parecer que el color adquiere presencia sólida.

Como detalle final, las ruedas del vehículo se encuentran adornadas por una imagen de un círculo color verde claro, con dos triángulos negros saliendo de los laterales que le hacen dar la forma de un reloj de arena que, junto con sus vidrios polarizados, lo hacen una belleza deseable para cualquier entusiasta de los deportivos.

El auto se desplaza rozando el límite de velocidad, esquivando y rebasando a todo otro vehículo que se interponía en su camino, algunos de ellos incluso hacían sonar sus bocinas como correctivo por las peligrosas maniobras que el conductor estaba ejecutando. Pero, teniendo en cuenta las acciones de éste dentro del auto, nos da a entender que poco o nada le importan.

—Vaya, Nueva York. He estado aquí un par de veces, pero nunca he tenido la oportunidad de conocerla lo suficientemente bien —habla la persona dentro del asiento del conductor: Una voz juvenil, alegre, que rebosa confianza y seguridad—. Es una lástima que Rook haya decidido pasar sus vacaciones en su planeta natal, le habría encantado conocer este lugar.

La persona baja su vista hacia el panel central del auto, visualizando una pantalla que mostraba un mapa digital, con una línea roja atravesando las calles y una flecha azul que la seguía hasta un punto en específico.

—¡Ugh! Y pensar que tuve que conducir por horas desde la base más cercana para llegar hasta aquí. ¿Por qué no pude simplemente convertirme en Jetray o XLR8 para llegar aquí más rápido?

«Recuerda que hay que mantener un perfil bajo, Ben» —habla una voz desde un aparato que parecía un intercomunicador dentro del panel del auto, la cuál denotaba vejez y cansancio, al mismo tiempo que liderazgo, autoridad y suavidad, continuando— «No es prudente que el portador del arma más poderosa de la galaxia se mueva de un lado al otro en sus formas alienígenas y cause un alboroto».

—Lo sé, abuelo, lo sé. Es sólo que… No puedo evitar aburrirme con estas misiones en solitario, ¿sabes? Al menos debí haber llamado a Gwen y Kevin para ver si querían acompañarme —expresa el conductor con cierto sentimiento de tristeza.

—«Jé, mírate: Hace un tiempo, alardeabas de que no necesitabas compañeros y podías ocuparte de todo por ti mismo; y ahora no eres capaz de estar sólo» —se burla la persona al otro lado del teléfono.

—¡Claro que puedo estar sólo, abuelo! Simplemente pienso que es más divertido el tener a alguien con quién charlar, es todo —se excusa el conductor.

«Je, je. Claro, como digas, hijo. Bueno, tengo asuntos de qué ocuparme. Buena suerte».

—¡Oh, vamos! No actúes como si fuera a enfrentar a Agregor o a Vilgax. Es sólo investigar una señal de actividad alienígena no registrada; no es la gran cosa —expresa en tono burlesco.

«Aún así, nunca es bueno bajar la guardia. No te haría pasar tantas molestias si no fuera porque la cede de los Plomeros de Nueva York está inactiva desde hace años, y actualmente tenemos a todos nuestros agentes ocupados en misiones rutinarias. Como sea, tengo que irme, adiós, hijo».

Y soltando un pitido, el comunicador del auto deja de transmitir la voz del otro lado, dejando al conductor sólo con sus pensamientos.

—(Han pasado un par de años ya desde que derroté a Diagon; y desde entonces, todo ha parecido tan pacífico aquí en la tierra que me parece muy aburrido. Todas las amenazas que ahora enfrento se han reducido al clásico ladrón de tiendas o bancos, o algún alienígena que causa estragos por aquí y por allá. Bueno, aunque Bellwood es un pueblo tranquilo después de todo, pero no por eso me siento menos… innecesario. No sé, tal vez simplemente necesito un cambio de aires).

Pero los pensamientos del conductor son detenidos cuando su mente vuelve a estar cien por ciento enfocada a la conducción, dándose cuenta de que está a nada de chocar contra otro auto que estaba quieto frente a él, lo que lo hace frenar a raya, provocando que los mecanismos de frenado lloren por su brusca activación y con el auto deteniéndose a milímetros de hacer contacto con el de enfrente.

—¡Argh, ¿qué diablos?! —se queja el conductor con susto y enojo, haciendo sonar la bocina para obligar al imbécil de enfrente a moverse.

Cuando alza un poco más la vista, el conductor se da cuenta que frente a él hay una aglomeración de autos que suenan sus bocinas de forma incesante, que junto con la acumulación de smog que sueltan los escapes de los autos, y el esporádico discurso de un amable chofer describiendo en cuántas formas diferentes le hará el amor a la progenitora de otro conductor, le hizo saber a nuestro protagonista que se encontraba en un embotellamiento.

—¡Ugh, genial! —se queja el conductor.

Él recuesta sus brazos y cabeza sobre el volante del auto, resignándose a la idea de tener que esperar por quién sabe cuántas horas a que lo que sea que esté causando este embotellamiento cese. Hasta que su atención fue llamada de inmediato cuando, a lo lejos, pudo notar el leve titileo de las inconfundibles luces azules y rojas de una patrulla de policía, llenando al conductor de intriga y llevándolo a abrir la puerta para tener mejor vista de la situación.

Saliendo de la cabina del auto, los rayos de sol le pegan directamente a la cara del conductor, haciéndolo cerrar sus ojos y poner una mueca de molesta al llevar ya varias horas acostumbrado al ambiente oscuro de su vehículo gracias a los vidrios polarizados, tomándose un momento para ajustar su vista y volviendo a abrir de nuevo los ojos, mirando contemplativamente a lo lejos mientras tenemos una mejor vista de la apariencia del sujeto en cuestión.

Se trataba de un hombre joven, de entre los 18 y 20 años. Alto, piel blanca, cabello castaño corto y brillantes ojos color esmeralda; que llevaba una chaqueta abierta color blanco, con adornos y franjas color verde, con un "10" bordado en la zona superior izquierda y dejando ver una camiseta negra en el interior; acompañando su atuendo con pantalones deportivos color marrón y zapatos verdes con puntas blancas.

—¿Qué estará pasando? —se dice Ben para sí mismo, cerrando la puerta de su auto y comenzando a escabullirse entre los demás carros detenidos hasta llegar al final del puente.

Y antes de que pudiera avanzar más, el joven encuentra su camino interrumpido por una cinta de policía, que en sí no le impidió ver lo que estaba sucediendo y, a decir verdad, no le sorprendió para nada:

Tres hombres, vestidos con el clásico atuendo de terroristas conformados por camisa negra, pantalones militares, botas y pasamontañas estaban teniendo una acalorada discusión a lo lejos con los agentes de la policía local, apuntándoles en el acto con ametralladoras de forma amenazante.

—¡Nadie entrará o saldrá de Brooklyn hasta que cumplan con nuestras demandas! ¡Escucharon! —exclama quien parecía ser el líder de ellos: Un hombre alto, musculoso y de piel morena.

—¡Baja tus armas, te lo advierto! ¡BAJA-TUS-ARMAS! —responde un agente de policía con un megáfono, indispuesto a negociar.

Por un momento, Ben se pregunta por qué están perdiendo el tiempo con estos payasos, si simplemente pueden traer un francotirador para solucionar el problema. Su interrogante fue respondida de inmediato cuando el joven alzó más la vista, y descubrió a unos cuantos hombres, mujeres y hasta niños sentados en el pavimento y con los brazos atados en la espalda. Eran rehenes.

Luego de ver aquello, Sintió cómo la sangre le comenzaba a hervir, levantando la vista y también deslumbrando a un par de helicópteros sobrevolando el área en círculos, denotando que la situación se estaba haciendo poco a poco más mediática.

El joven retrocede unos cuantos pasos, ocultándose entre los desparramados autos hasta estar lo suficientemente lejos y decir:

—Sé que el abuelo me dijo que no llame la atención, pero… —y procede a remangarse el brazo izquierdo, dejando ver, reposando en su muñeca, a una especie de reloj digital blanco con bordes verdes y pantalla negra, en donde se mostraban dos flechas color verde apuntando hacia adentro, imitando levemente el mismo símbolo de reloj de arena de las ruedas de su auto—. ¡¿Qué mejor forma de anunciarle a los neoyorquinos que estoy aquí que con un acto heroico?!

Ben desliza sus dos dedos sobre la pantalla, en donde se explaya un anillo holográfico que mostraba las cabezas de distintos y extraños seres, con Ben navegando por las alternativas hasta detenerse en un ser de cabeza triangular. Presionando dicha opción, y con la tapa del reloj haciéndose a un lado para dejar ver a un botón que sobresalía desde el interior del dispositivo, Ben se emociona y anuncia:

—¡Y tengo al alien perfecto para el trabajo! ¡Vamos, XLR8! ¡ES HORA DE SER HÉROE!

Azotando hacia abajo al botón con su mano, Ben es cubierto por una intensa luz esmeralda, envolviéndolo en una esfera de energía en donde comienza una metamorfosis:

Sus huesos se deforman, sus músculos se desgarran y vuelven a armarse, sus entrañas se retuercen, cambian de tamaño y de lugar; todo en cuestión de un segundo y sin una pizca de dolor. Y al mismo tiempo que cesa la transformación, también lo hace la luz que lo cubre, dejando ver en lugar de Ben a una especie de polilla antropomórfica color azul claro, con líneas negras pasando por su torso y su cara, en donde se hacía notar su carencia de labios al dejar ver una hilera de esqueléticos dientes, además de dos fosforescentes ojos de insecto color esmeralda; con pies conformados por tres dedos extensos que terminaban en punta, como las aves, y un par de manos que finalizaban en puntiagudas garras.

¡FRÍÍÍÍOOOO! —exclama el nuevo ser con voz rasposa, nasal y profunda; soltando en el acto vapor gélido por la boca, y extendiendo un par de enormes alas que luego se envuelven alrededor de él, dando la apariencia de como si estuviera vistiendo una capa y capucha.

Frío se toma un momento para notarse a sí mismo, revisando sus brazos y torso, para luego desplomarse en decepción junto con un quejido de frustración.

—¡¿En serio, Omnitrix?! ¡¿Algún día me darás la transformación que quiero?! Agh, bueno. Supongo que puedo trabajar con esto.

El cuerpo de frío de pronto va perdiendo cada vez más y mas color y contraste, dejando solamente una silueta de su ser que es apenas visible gracias a un halo color azul brillante que lo recubre. Para que luego, como si la tierra misma se lo estuviese tragando, se vaya hundiendo más y más en el pavimento hasta desaparecer.

Emergiendo desde la zona inferior del puente, Fío vuelve a aparecer, extendiendo sus alas para mantenerse en el aire y luego recuperando su forma y color, pensando:

—(No puedo simplemente ir y congelarlos así sin más. Un movimiento en falso, y lastimarán a los rehenes. Debo desviar su atención en ellos de alguna forma. Hmm… ¡Ya sé!).

Impulsándose con sus alas, Frío vuela rápidamente hacia la situación de rehenes con un plan en mente. Y mientras tanto, los perpetradores se impacientaban cada vez más por cada minuto que pasaba, pues era obvio que lo que estaban haciendo los policías era retrasar más y más las negociaciones hasta que llegaran los refuerzos. Por lo que más retrasos era algo que no se podían permitir.

—¡Oye, trae a uno de los rehenes! ¡Si van a seguir haciéndose los tontos, entonces es hora de hacer rodar cabezas! —ordena el líder, con uno de sus esbirros asintiendo y yendo en dirección a tomar a uno de los rehenes.

Y su tarea habría sido completada, si no fuera porque vio pasar un objeto azul por el rabillo del ojo, desenfocando su atención de las personas capturadas y haciéndolo girar la vista por mero instinto.

—¿Y eso qué fue? —pregunta el matón al aire, antes de que la misma silueta azul vuelva a pasar fugazmente por su vista periférica, haciéndolo voltear hacia el otro lado—. ¡¿Qué dem-?! ¡Oye, ¿viste eso?!

Ante la pregunta de su compañero, el otro matón lo pasa a mirar con un semblante de confusión y responde:

—¿Qué cosa?

El borrón azul pasó de nuevo, esta vez con ambos criminales logrando captarlo, quienes se pusieron alerta y levantaron sus armas.

—¿Qué es esa cosa? —pregunta uno de ellos.

—¡Son Rods! ¡Sabía que eran reales! —expresa el otro.

—¡Tch! ¡No salgas otra vez con tus tonterías sobre críptidos, ya cansa!

—¡Te digo que son reales!

Los criminales logran captar dicho fenómeno otra vez, esta vez a una distancia algo más lejana, y a ellos no se les ocurrió mejor idea que seguirlo con las armas listas, alejándose cada vez más de los rehenes. Y al no escuchar respuesta ni accionar de sus compañeros, el líder voltea hacia los rehenes, descubriendo que estos estaban sin supervisión y viendo a sus compañeros alejarse por quién sabe qué razón.

—¡¿Qué caraj-?! ¡Oigan, idiotas! ¡¿A dónde creen que v-UAAAH?!

En su intento por perseguir a sus compañeros, el criminal resbala y cae de cara sobre una superficie fría, descubriendo luego de varios intentos de despegar su rostro del piso que, por más extraño que parezca, el piso estaba congelado.

Extrañado por la situación, el criminal pasa a girar su vista para encontrar su arma tirada a su lado, pero cuando intentó recuperarla, una clase de aliento gélido fue disparado hacia su mano, dejándola junto con su ametralladora en un bloque de hielo.

—¡Aaaah, ¿qué es esto?! —exclama, intentando desesperadamente liberar su mano a punta de jalones.

—Vaya, y uno pensaría que, con este calentamiento global, una brisa fría como esa sería algo apreciada —comenta una voz rasposa y profunda.

El criminal levanta la vista, sólo para que se forme un hoyo en su estómago por tener a una especie de polilla gigante antropomórfica volando justo frente a él, con una sonrisa irónica adornando su cara; o al menos, lo que él interpreta como una sonrisa.

Algunos de los rehenes presentes también gritaron ante la reciente aparición de lo que ellos interpretan como un monstruo, generando mucho más miedo en su interior y preguntándose internamente si es que saldrán vivos de esta situación.

Al ser testigos de lo ocurrido, todos los policías presentes apuntan sus armas hacia la nueva criatura al no saber sus intenciones. Pero uno de ellos, más específicamente, el capitán, logra reconocer el emblema de reloj de arena en el pecho del monstruo, dándose cuenta de quién es en realidad, por lo que ordena:

—¡Bajen las armas!

Y aunque confusos por la orden de su jefe, el resto del escuadrón obedece y se limita solamente a observar cómo se desarrollará todo.

—¿Qué pasa? ¿Necesitas una mano, jeje? —se burla Frío, cruzándose de brazos sobre el terrorista.

—¡Grrr! ¡OIGAN, IMBÉCILES! ¡TRAIGAN SUS CULOS DE VUELTA ACÁ AHORA MISMO Y MATEN A ESTE MONSTRUO Y A LOS REHENES! —le grita el jefe a sus compañeros, quienes se habían alejado una distancia considerable.

Ante el llamado de su jefe, los otros dos criminales se voltean de inmediato, visualizando a su jefe tumbado en el piso, y a una especie de monstruo insecto volando sobre él.

—¡Santa madre! ¡Te dije que eran reales! —expresa uno.

—¡Cállate y dispara! —ordena el otro.

Ambos criminales apuntan sus armas y descargan un cartucho de balas hacia tanto los rehenes como a Frío quien, reaccionando rápidamente, se lanza en vuelo hacia los rehenes y pega un hondo suspiro, dejando salir desde su boca un potente aliento gélido que apunta hacia una zona en específico frente a ellos, creando así un grueso muro de hielo que detiene exitosamente todas las balas.

—Ugh, esas armas de verdad que son ruidosas. Yo personalmente prefiero las que hacen "piu, piu" —comenta Frío, sobrevolando el muro de hielo y encontrándose cara a cara con los otros dos matones—. ¿Qué pasa? ¿Nunca habían visto un Necrofiggian o qué?

Los dos matones recargan y vuelven a soltar una lluvia de balas sobre Frío, quien simplemente se hace intangible de nuevo, dejando que todas las balas pasen de largo. Y mientras eso pasaba, el líder, que aún seguía con su mano aprisionada en un bloque de hielo, mete su mano libre en el bolsillo y saca un pequeño palo de madera, con el que comienza a golpear incesantemente el hielo con intención de liberarse.

Una vez los dos matones se quedaron sin balas, Frío inhala nuevamente, expulsando otra oleada gélida que, luego de pegar un grito, se ve cómo ambos fueron convertidos en paletas de hielo.

—Parece que mi presencia los dejó fríos, ¿eh? —expresa Frío antes de reírse de su propia broma.

Pero la atención de frío fue captada por un sonido como de algo rompiéndose, girando la cabeza y descubriendo al jefe tomando su ametralladora e incorporándose, completamente libre de su prisión de hielo.

—¡M-Maldito! —expresa, mirando con dagas a Frío.

Los ojos del Necrofriggian se ensanchan de sorpresa y preocupación cuando ve al terrorista apuntar hacia los rehenes, dándose cuenta que, a esta distancia, nada de lo que haga lo hará llegar a tiempo para salvarlos; ni un aliento gélido, ni ir volando, ni siquiera cambiar a un alien más rápido. Nada.

El terrorista jala el gatillo y tanto Frío como los rehenes se preparan para lo peor, pero ya sea por gracia divina o mera suerte, ni una sola bala salió de la boquilla del arma, lo que llevó al matón a mirar con duda y frustración al objeto mientras intentaba desesperadamente que al menos una bala sea disparada. Y si cualquiera de los presentes tuviera visión de rayos "x", podría ver cómo el interior del arma estaba aún afectado por la congelación, siendo esto lo que imposibilitó al arma de funcionar correctamente.

Frío dejó salir un suspiro de alivio, y luego le disparó otro torrente de hielo al matón, quedando este congelado en un bloque de hielo y dando por finalizada esta batalla.

Mientras los oficiales esposaban, subían a un camión a los alborotadores y atendían a los rehenes, el capitán del escuadrón tomaba la declaración de Ben, quien estaba alimentando aún mas su ego gracias a los agradecimientos y ovaciones que recibía, a pesar de su pequeño descuido.

—El Departamento de Policía de Nueva York se lo agradece, Ben 10 expresa el capitán con sinceridad, estrechando la mano de Ben.

—No es nada. Sólo haciendo mi trabajo, capitán —responde Ben, igualmente contento.

—¿Y qué te trae a Nueva York? —pregunta genuinamente curioso.

—Pues digamos que un viejo conocido se mudó aquí, y vine para visitarlo —miente Ben.

—Hmm, ya veo —expresa, asintiendo en comprensión. Luego, discretamente saca una pequeña libreta y su teléfono celular, tendiéndoselos a Ben tímidamente y pidiendo—. Sabes, mi hijo es muy fan tuyo. Así que… espero que no te importe si tú…

—¡Oh, para nada! —dice Ben, firmando la primera hoja del cuaderno y luego acercándose al oficial y posando para una selfie.

—¡Diablos, Andrew se volverá loco con esto! —expresa emocionado mientras ve la selfie en su celular, para luego volver a actuar de forma profesional y dirigirse hacia Ben—. Entonces, si necesitas algo, avísame, ¿sí? Por ahora, sugiero que te vayas: Estamos haciendo todo lo posible por retener a los medios, y si llegan a ti, créeme que te comerán vivo.

—Ya veo. ¡Gracias oficial! —expresa el héroe antes de darse la vuelta y volver a su auto, continuando por el ahora despejado camino a través del puente, hasta por fin terminar de cruzarlo y ahora sí adentrarse en la ciudad.

«Parece que te divertiste» —dice la voz del comunicador.

—Jé, las noticias vuelan, ¿eh? —responde Ben orgulloso.

«Cuando eres el magistrado de una agencia policial intergaláctica, tienes ojos en todos lados, hijo. Estamos intentando cubrir tu presencia en la ciudad, así que no vuelvas a llamar la atención de esa forma. Espero que no hayas arruinado el elemento sorpresa».

—Cálmate, abuelo. Simplemente estaba ayudando a la gente, nada más. Sabes que no puedo evitarlo.

—Sí, supongo que sí —expresa dejando salir un suspiro cansado pero feliz.

Cuando Ben le echa un ojo a su GPS, este le indica que su destino está al doblar la esquina, dejándolo sin otra opción de poner su cabeza completamente en el juego.

—Me tengo que ir, abuelo —dice antes de apagar el comunicador y acelerar el paso.

El viaje del héroe marca su fin cuando detiene su vehículo y sale del mismo, encontrándose con un almacén abandonado en una zona que tenía una apariencia como de no querer sacar tu celular para revisar las notificaciones de Instagram mientras caminas.

—¡Ugh, típico! —se queja Ben al observar esa guarida tan cliché.

Abriendo la chirriante puerta oxidada del almacén, y asustando en el acto a muchas palomas, Ben entra despreocupadamente, mirando de un lado al otro en busca de pistas o señales que denoten algún tipo de presencia; encontrando nada más que cajas vacías, metales oxidados, y charcos con líquidos de dudosa procedencia.

—¿Hola? ¿Hay alguien? —grita Ben al aire.

Sonidos metálicos repentinos hacen que Ben gire su cabeza y voltee su cuerpo, viendo emerger de la oscuridad, con pasos torpes y erráticos, a un civil que caminaba entre tambaleos y con su cara tapada por las sombras naturales, quien se quedó quieto justo antes de que la luz tocara su cara, dándole a Ben un sentimiento de repelús por el actuar tan extraño de este civil.

—Uuuh. ¿Hola? Lo siento, no quería interrumpir lo que sea que estuvieras haciendo. Pero ya que estás aquí, ¿podrías decirme si has visto algo extraño en los alrededores? Soy un gran fan de los fenómenos paranormales, y este lugar se veía perfecto para que esas cosas sucedieran —expresa Ben, esperando que su tapadera funcione.

La persona no responde, sólo se queda ahí parada mientras dejaba salir uno que otro quejido y respiración agitada, cosa que a Ben le pareció muy sospechoso.

—Amigo, ¿estás bien? —pregunta, pasando de tranquilo a preocupado.

El extraño da unos cuantos pasos al frente, justo hacia donde las sombras ya no alcanzaban a cubrir su cara, y Ben casi se cae de trasero por la sorpresa al ver que, cubriendo la mayor parte de su cara y sólo dejando a la vista la boca, la persona tenía a una estrella de mar azul y rosa, con un enorme y espeluznante ojo en el centro que miraba a ben fijamente.

—Este planeta… es… mío… —habló la persona de forma robótica.

Y justo cuando terminó de hablar, unas cuantas personas más, también con estrellas en sus cabezas, emergieron de repente. Destacando a sujetos con uniformes escolares, vestimentas de distintos oficios y también algunos agentes de policía.

—Okay, eso ya me es familiar. ¿Qué son ustedes? ¿DNA-liens 2.0?

Ya sea porque entendieron su burla o no, una de las personas, el que salió en primer lugar, se abalanzó hacia Ben, sacando de quién sabe dónde otra de esas estrellas de mar que le arroja directo a la cabeza, tomando a Ben desprevenido y resultando que el bicho se adhiera a su cara; con Ben tratando desesperadamente de sacarlo entre gritos de asco.

«¡Advertencia: Ente invasor intentando tomar posesión del usuario! ¡Iniciando medidas defensivas!» —se escuchó hablar al Omnitrix de forma robotizada, para que luego el cuerpo de Ben fuera azotado por una gran carga de electricidad verde, con la pequeña estrella de mar cayendo al piso, chamuscado y echando humo.

—¡Wack! ¡Qué asco! —se queja Ben mientras se limpiaba la cara de un líquido viscoso.

Al ver lo sucedido, todas las personas pegaron un grito de guerra conjunto y se abalanzaron hacia Ben.

—Entonces, todos contra mí, ¿eh? Bueno… —expresa confianzudamente, presionando la pantalla del Omnitrix, seleccionando al alien adecuando y explayando el dial—. ¡A ver cómo les va contra Cuatro Brazos! ¡ES HORA DE SER HÉROE!

Ben presiona el dial, siendo encerrado en una esfera de energía donde comienza su metamorfosis: Su piel se vuelve gris y escamosa, su cráneo aumenta de tamaño al igual que sus ojos, con sus pupilas cambiando de las de un hombre normal, a unas rectangulares de cabra; y su tamaño pasando a ser el un hombre adulto, al de una rana, más o menos.

—¡YAAAAAARRRRRGH! —exclama el pequeño ser en éxtasis, hasta que se da cuenta de su forma actual, lo que lo lleva a dejar caer sus hombros y poner una cara de cansancio— ¡Ugh, caraj-¡

Y justo entonces, uno de los civiles infectados patea a la minúscula criatura, quien pega un gran y chillón grito de miedo mientras su cuerpo atraviesa una de las vidrieras del almacén y se pierde en el exterior.

Continuará…

Hola, chicos. Me presento aquí con un nuevo proyecto que estoy muy emocionado de escribir. Y también aprovecho para admitir que me inspiré de la historia "Earth's Mightiest Heroes" del escritor "UltraPhantom" para crearla.
Sin más, espero que les guste. Y no se preocupen: El fanfic de Mario seguirá actualizándose en conjunto con esta.