Código Galaxy

Capítulo 37

Las cosas se desarrollaron sin demasiadas complicaciones a lo largo de los Juegos, que el grupo disfrutó desde la barrera al quedar descalificados en la primera ronda por aquel grupo tan agradable de Lakyos del bando republicano, quedándose en cuartos de final contra otros imperiales que lo hicieron francamente bien. En las pruebas por dúos Aur Fandis y Lectra Ardaris participaron en exhibiciones de combate quedando en un más que merecido cuarto puesto pero que tampoco tenían intención de celebrar más allá de la llamada de alguien potencialmente interesado en sus servicios; esa actitud hizo hervir la sangre de Odd pero permaneció en silencio mientras ellas explicaban cuál era su destino soñado en esos momentos… lo que preocupaba a todos y en especial al chico, dado que mientras ellos se irían al peor destino posible de entre los que pueda haber ellas irían hasta Alfa Leoni 1 para entrenar con los mejores. Y eso implicaba que la lectora de sueños oficial estuviera demasiado lejos de él para poder ayudarle a interpretar lo que pudiera ver aunque hiciera tiempo que no contemplaba nada novedoso.

En todo caso ya contaba con que aquel destino se materializaría ese mismo día con la elección de destinos, siendo ellos los últimos en elegir por ser los que menos puntos tenían de todos los grupos que participaban – lo que adelantaban al desvirtualizar a la mayoría del equipo contrario lo perdieron por malas decisiones estratégicas y depender demasiado de Aelita – se habían fijado exclusivamente en las peores opciones y dejando de lado lo que se podría considerar como los mejores destinos posibles, que efectivamente y para sorpresa de nadie fueron copados en primer lugar. Para cuando ellos tuvieron oportunidad de elegir sólo quedaban dos desiertos: uno frío y otro cálido, ambos en lugares remotos de la galaxia pero uno llamó más la atención de sus líderes, así que Jeremy tomó por opción a Alfa Beta Librai 1B.

-Eso implica que es una luna, el lugar al que vamos -comentó Muralla-. Seguramente gire en torno a un gigante gaseoso o similar.

Eso era cierto, las lunas comenzaban a contarse a partir de la letra A y se iban sumando hasta llegar a Z, a partir de ahí se sumaba una segunda letra y sucesivamente. Sin embargo los planetas habitados rara vez pasaban de la decena de satélites y muchos no eran habitables, sin embargo eso cambiaba en las enormes bolas de gas que giraban en torno a las estrellas más pequeñas, que sí tenían en torno a ellos centenares de cuerpos celestes menores que giraban en torno a ellos. Ellos iban a la luna más grande de ese sistema solar, giraba en torno al planeta más lejano pero que en proporción realmente estaba más cerca de sus astros que lo que la Tierra estaba del Sol, y sin embargo debía ser un lugar bastante frío dada la poca luminosidad que presentaban. Anclado en marea con su planeta, siempre daba el mismo lado al gigante gaseoso, pero los ciclos de día y noche se daban con la cotidiana normalidad que ellos vivían… y al ser un lugar minero sin demasiada población no deberían tener problemas.

El mundo desierto en cambio era un lugar de habituales combates contra los contrabandistas por ser zona de paso en las rutas comerciales, en cambio la luna era punto de extracción y no daba mayores problemas más allá de algún activista local quejándose de esas actividades. Con esa decisión tomada y deseando haber acertado se fueron a preparar para su destino… Odd sonrió, las piezas comenzaban a encajar pero una punzada de dolor apareció en su pecho en ese momento y su vista pasó por un instante entre Ritmo y Compás. Ellas eran su primer amor, las primeras con las que compartió los dulces placeres de la carne pero nunca se igualaría con lo que pudiera sentir por Aelita, aunque ella estaba ya ocupada… gruñó un poco, estaba dispuesto a afrontar lo que quiera que viniera, fuera lo que fuera. Su cola biónica se enroscó en sus caderas y avanzó dispuesto a prepararlo todo, el viaje sería de varias horas desde donde estaban pero por la noche dormirían en la luna… Glaciaris les esperaba.

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El viaje en la N-3 fue bastante placentero, las fragatas eran las segundas naves en tamaño y eso implicaba una longitud y altura bastante importante y sólo superadas por las N-4 y 5, cuya única diferencia radicaba en un secreto que sólo los mandos de más alto rango poseían. Jeremy aún estaba realmente lejos de esas posiciones ni tenía prisa, durante los días que duraron las pruebas los deseos de combate del grupo se fueron amainando según veían los ejercicios, demasiado complicadas eran las estrategias y formas de usar las armas para ellos… sin duda en aquellas actividades ese dicho de que la experiencia es un grado cobraba un cariz superior a lo que ya de por sí implicaba la expresión. Verlo moverse en formaciones y luchar con la coordinación de lo que parecía un único individuo les hacia parecer infantes, y eso que ellos no eran muy superiores a ellos en cuanto a rango… pero también les infundió deseos de querer mejorar y hacer mejor las cosas para que, el año siguiente, pudieran dar un mejor espectáculo a todos.

Desde sus camarotes pudieron ver el interior de los caminos estelares: parecían túneles violáceos y azulados con muchas estrellas de fondo, al ser comerciales podían ser usados tanto por militares como por naves de transporte de mercaderías de todo tipo como sales, especias, ropa, materiales de todo tipo, joyas, perfumes, alimentos… cualquier cosa objeto de transacción en la galaxia pasaba eventualmente por aquellas autovías galácticas, por supuesto también usadas por traficantes de toda clase y condición que se incorporaban desde las rutas menores que se separaban de las ramas principales para ir hacia los sistemas concretos. Y si aquello funcionaba y no ocurrían desgracias diarias era también gracias a las muchas antenas de comunicación que trasladaban la información de extremo a extremo de las vías, abiertas primeramente por los motores de curvatura que permitían unir puntos extremadamente distantes en años luz en trayectos de pocas horas. Las consecuencias de un fallo en cualquiera de ellos harían que hubiera naves perdidas en mitad de la nada a años luz de distancia unas de otras, por eso siempre se respetaban las señales de velocidad y distancia entre las naves, pues acertar dónde había salido una en caso de accidente era de vital importancia: unos metros en el camino estelar implicaban distancias entre incluso sistemas solares.

Sin embargo no era lo más espectacular y una vez que se visitaba uno ya se habían visto todos, lo impresionante era verlos salir o entrar: el proceso era igual pero en lugar de acelerar había que desacelerar, y con aparatos de cientos de toneladas y en un lugar donde nada hacía fricción ello implicaba comenzar a reducir ritmo desde mucho antes de llegar a destino y avisando con la antelación necesaria para que se pusieran en marcha los correspondientes imanes y, por supuesto, cortar o desviar el resto del tráfico mientras duraba la operación de minoración o aceleración. Cuando se llegaba a las cercanías del camino – quedando aún así miles de kilómetros – se dejaba de acelerar y simplemente se dejaba ya ir por el vacío, siendo ajustada la velocidad por los imanes antes de entrar… eso mismo pasaba con la salida, que comenzaba a mitad de camino con el frenado paulatino hasta llegar a pocos miles de kilómetros antes de la salida, cuando los imanes entraban en funcionamiento y ajustaban todo para que la salida al sistema fuera suave y adecuada.

Ellos en ese momento estaban en ese punto, y es que llevaban frenando un par de horas y aún así sintieron un suave temblor ante el último ajuste previo a cruzar el umbral del disco que formaba el túnel: brillante y girando en todo momento con luces verdes y azuladas, aquel movimiento era el que mantenía en marcha y accesible el camino estelar que allí culminaba, siendo la única vía de acceso y además la muerte de la ruta principal de la galaxia, y que dependía de los muchos discos que lo iban formando. Desde los cristales se podía ver al fondo al enorme planeta gaseoso en tonos azulados y grandes tormentas del tamaño de mundos terrestres, más allá uno de los soles brillaba y algún que otro planeta más del sistema. Era una vista extraordinariamente bella y única dado el colosal tamaño del gigante gaseoso, bombardeado por el plasma de las cercanas estrellas y cuya alta atmósfera brillaba con intensidad debido al inusitado campo magnético que protegía al resto de lunas pero que hacían del aparentemente apacible gigante una gigantesca tormenta de tamaño planetario.

En sus retinas quedó grabado ese majestuoso espectáculo según se aproximaban a Glaciaris, muy diferente al mundo en torno al que giraba: era rocoso, del tamaño aproximadamente de Marte, su nombre venía evidentemente de las muchas zonas heladas que cubrían su superficie, sólo rota por alguna que otra cordillera y una zona no tan congelada en la parte tropical de la luna, siendo todo lo demás mayoritariamente casquetes. Las minas, por tanto, se ampliaban hacia abajo en el suelo y bajo el hielo, ayudándose de las altas montañas que allí y allá se elevaban… la proximidad con su planeta también hacía que tuviera mucha actividad geológica en forma de terremotos y criovolcanes que en lugar de escupir lava liberaban más hielo aún. Un lugar sin duda inhóspito pero con mucho potencial minero que era explotado desde hacía mucho para llenar la galaxia de sus muchas riquezas… y que aún daba para muchísimo gracias a estar hecha esencialmente de minerales.

-Mirad… parece una bola de nieve gigante… -murmuró Aelita, sonriendo- Pero debe hacer muchísimo frío, ¿no?

-Según esto, en verano un día cálido se llega a los cinco bajo cero… así que sí, es bastante frío este lugar -Dinamo tuvo un escalofrío sólo de pensarlo-. Pero en el desierto nos hubiéramos asado vivos así que… no sé qué será peor.

-Aquí deberemos tener cuidado con la hipotermia y con que las armas y maquinaria no se congelen -explicó Ventura-. Necesitaremos mucho anticongelante… ¡y fuego!

Odd sonrió cruzado de brazos y asintió. El pelo se le iba erizando según se acercaban pero controlaba sus emociones pese a que a veces se le pudiera notar por el ritmo cardiaco o por la sudoración, pero se podía entender por el calor que hacía allí dentro, todo indicaba que aquella sería de las últimas veces que pudieran sentir aquello en una larga temporada así que le restaron importancia. No tuvieron que preocuparse en ningún momento del equipaje pues se guardó en los almacenes de la nave y la tripulación se ocuparía de aquello para llevar todo lo necesario al lugar de destino final dentro de la luna. Les habían informado de que estarían en uno de los centros de sacado de minerales como jefes del sistema de seguridad del área, y al ser un lugar sobre todo tranquilo esperaban no tener nada más allá de alguna huelga puntual…

La fragata descendió por la tenue atmósfera de la luna y vieron que el lugar se asemejaba bastante a donde habían estado luchando en los Juegos; una gran explanada rectangular con varias naves y altas murallas con torres de vigilancia y muchos androides y clones trabajando en las instalaciones para mantenerlas listas y en perfecto estado de revista para cualquier visita que se pudiera hacer en uno de esos días. En uno de los laterales, y unido por un camino asfaltado a la nave donde guardaban la maquinaria más pesada, se podía observar el descenso a las minas que había justo debajo: grandes cavernas iluminadas con luz artificial donde la roca marrón y negra dejaba ver el bello mineral de todo tipo que el interior del mundo escondía celosamente de las miradas ajenas, había clones trabajando con trajes especiales blancos y taladros de luz con carretillas que levitaban en el aire, excavadoras y tuneladoras aquí y allá para abrir nuevos caminos mientras eran asistidos en todo momento por compañeros que llevaban mapas con las instrucciones dadas por los arquitectos e industriales que habían dado la orden de qué hacer. Columnas de plasma lo sostenían todo y ventiladores retiraban el polvo del ambiente y lo guardaban en grandes sacos, y aún con todo allí abajo hacía un frío endemoniado sólo roto por alguna que otra sala termal con agua a buena temperatura donde se podía trabajar de forma más cómoda.

Cuando descendieron de la fragata les recibió un grupo de técnicos de la misma especie de Shamarya pero de una zona más septentrional, les entregaron sendos documentos mientras se apretaban las manos. Sus pelajes eran largos y bien ornamentados con decoraciones de colores y aretes, colgantes y dibujos hechos en tonos vivos en los antebrazos a modo de pulseras y muñequeras y anillos en las largas colas; no necesitaban más para aguantar el frío del entorno y se demostraba por el cálido vaho que salía de sus bocas al hablar, incluso irradiaban calor cuando uno se aproximaba lo suficiente y ni necesitaba apoyar la mano para sentirlo. Ellos en cambio tenían que llevar prendas polares para no morir congelados, ojalá tener esas mismas protecciones corporales…

-Aquí hace frío, pero una vez que te acostumbras es llevadero -comentó uno, el mayor, su pelaje empezaba a volverse gris-. Los horarios son sencillos y el único momento más delicado es cuando se abren las puertas de acceso a la base cuando debe salir la maquinaria a retirar la nieve y el hielo acumulado del camino que nos une con el resto de los puntos de extracción.

-¿Algo de lo que nos debamos preocupar?

A la pregunta de Jeremy, el aludido suspiró un poco.

-Hay un grupo ecologista de un asentamiento de locales, antes de que viniera la industria minera aquí había habitantes que se han beneficiado bastante pero… -se rascó la nuca- Es complicado, ellos creen que lo que hacemos inevitablemente llevará a la destrucción de Glaciaris y siempre nos avisan de lo peligroso y dañino para el ambiente que es todo esto.

Y parte de razón tenían. Si se seguía explotando los recursos del interior demasiado y sin tapar las zonas ya trabajadas se corría el peligro de grandes colapsos del suelo con todo lo que ello implicaba, que sumado a la sismicidad natural de la luna por el efecto de marea la haría demasiado peligrosa; sin embargo, cuando se dejaba de explotar un lugar se recubría nuevamente con lo extraído, de tal manera que aquello no se llegaba a producir más que cuando se trabajaba, y nunca había demasiadas a la vez precisamente para evitar estos peligros. A los ecologistas aquello les daba igual y clamaban por incluso que se abandonara de nuevo el planeta y se volviera al estilo de vida previo a la industrialización, siendo únicamente un lugar comercial… sin entender, bien por desconocimiento o bien por malicia, que ello produciría la paulatina perdida del medio de vida de los locales y devolvería a Glaciaris un lugar sin casi nada que ofrecer, demasiado lejano y poco atractivo para que nadie quisiera venir. Por otro lado ello llevaría a que no hubiera problemas ambientales de ningún tipo y la vida volviera a ser calmada y aburrida como lo fue hasta que la República llegó.

-Lo que me sorprende es que no esté bajo ataque este sitio, es un punto estratégico en cuanto a recursos -añadió Jeremy entonces-. Si yo fuera Imperial lo intentaría tomar.

-Y lo hicieron -respondió una de las mujeres-. Para bien o para mal aquello ya acabó cuando se retiraron por los Juegos del año anterior y no han vuelto a intentarlo, lo cual me alegra.

Se dirigían ya hacia las instalaciones principales. Los edificios formaban una suerte de cuadrado entre ellos, con la maquinaria arriba a la derecha, los vehículos abajo a la derecha, los dormitorios abajo a la izquierda y las oficinas arriba a la izquierda, que era a dónde se dirigían. Desde este último complejo, varias plantas más alto que los demás, se podía contemplar la totalidad de la base e incluso y si se usaba unos buenos prismáticos se llegaba a ver una de la torres de la base vecina más cercana. Hechos de metales y fibras que resistían las temperaturas bajo cero, apenas se escapaba el calor de su interior gracias a una fina pero firme pared de energía que se alimentaba de generadores subterráneos y que funcionaban a modo de aislante cuya única apertura estaba precisamente en los puntos de acceso a los edificios, siendo así un medio extraordinariamente eficaz para mantener su interior a una temperatura agradable mientras fuera aullaban ventiscas de días de duración.

-¿Aquí dentro no pasáis calor?

La sincera pregunta de Dinamo hizo sonreír a los científicos un poco.

-Como sólo estamos nosotros la mayor parte del tiempo lo tenemos a cero grados, que aún así es cálido si se compara con el exterior -afirmó el mayor-. Ahora que venís vosotros lo subiremos en todo el edificio menos en nuestras zonas de trabajo y dormitorio, es sencillo aunque suponga gastar más energía.

-El mineral lo vale, ¿verdad?

-Así es… Yumi Ichillama, ¿verdad?

-Ishiyama, doctor Garga.

Este asintió afable y comenzó la visita guiada: en la planta baja no había más que el comedor general para todos los trabajadores de la instalación y un gimnasio, estando en la primera planta las oficinas de los técnicos en perfecta coordinación con los demás para tomar decisiones en cuanto a seguridad y de dónde trabajar y a qué ritmo para evitar posibles problemas o derrumbes en las galerías; contabilidad de material extraído y modificaciones en las previsiones que tenían de maquinaria, comida, de cuánto mineral quedaba y en general planificación estratégica de toda la instalación, también comunicándose esta información con el resto de plazas de la luna. La tercera y cuarta se reservaban para la seguridad, estando allí la armería y los cuartos que tendrían los muchachos junto a sus baños privados, y desde donde se podía tener una vista casi de pájaro de todas las instalaciones. Como las del resto de administración republicana los interiores eran minimalistas y en tonos pastel con grandes ventanales, cuando nevaba se podían ver las ondas que producían los copos en el plasma aislante que los defendía… con un chocolate caliente ese lugar se podía sentir casi como los pirineos o cualquier lugar de esquí de Europa.

Tras despedirse de los técnicos de la planta el grupo se dividió la planta, juntándose las parejas en un cuarto para cada una, una individual para Odd, y los clones repartidos también de dos en dos para dejar una libre en caso de tener alguna visita de un oficial… en el improbable caso de que algo así pudiera pasar, pues aquel lugar tan remoto en el que ellos eran los de mayor rango dentro del ejército del lugar no tenía nada interesante que lo hiciera merecedor de ser visitado por un alto cargo de la República. Casi que mejor, así no molestarían y todo se desarrollaría como tenía que hacerse.

-Sí, sin duda así debe ser… -estaba Odd precisamente colocando su ropa- Tiene pinta de ser un lugar aún más frío en los ratos de noche, pero igual los días son demasiado largos…

Revisó los datos de la luna desde el ordenador de su antebrazo y efectivamente la rotación, al tener la misma duración que la traslación en torno al gigante gaseoso, era bastante más lenta que en la Tierra… al menos tenían unas vistas espectaculares cuando se miraba al cielo. Estaban en el lado que siempre miraba al planeta y este resplandecía en tonos azulados y púrpuras en el firmamento, como un enorme objeto redondo que de forma permanente brillaba y hacía que se pudiera ver algo mejor de sólo haber tenido a las dos estrellas del sistema. Si bien eran pequeñas su cercanía hacía que se vieran ligeramente más grandes de lo que se contemplaría al Sol desde la Tierra pero su luz no calentaba demasiado; el calor de Glaciaris venía de la gran fuerza gravitacional de su gigante gaseoso, que expandía el interior de la luna y la fricción provocaba su potente vulcanismo y actividad sísmica.

Sin embargo el paso de las horas demostró que el plasma que cubría la base no era un mero sistema de defensa o para mantenerla a una temperatura óptima; también daba ciclos de día y noche volviéndose opaca o traslucida cada ciertas horas, manteniendo de esta manera un ritmo circadiano a los muchachos que les permitía dormir por las noches como si estuviera el cielo negro como el carbón pese a que las estrellas brillaran con intensidad en lo alto del mediodía local, lo cual sin duda era de gran ayuda y demostraba la maravillosa tecnología de la galaxia, que hacía habitables mundos imposibles para la tecnología terrestre. Precisamente fue tras la primera noche que se pusieron a trabajar ahora que se habían aclimatado y descansado del largo viaje y acostumbrados a las instalaciones, se encontraban en la sala de juntas después de desayunar: era cuadrada, con una gran mesa redonda y múltiples sillas que se disponían en torno a un atril donde se había subido Jeremy, entre sus cosas había varios papeles, un mando similar al de una tele y un puntero laser.

-Estuve haciendo un diagrama con las diferentes funciones que debemos hacer a lo largo del tiempo -apareció un cuadro con los días de la semana, horas y los nombres de cada uno-. He adaptado todo para usar los usos de la Tierra y los de la galaxia, para poder trabajar mejor, fijaos- les fue entregando una copia a cada uno-. Debí tener en cuenta las horas de trabajo de los obreros, que también trabajan en nuestras noches, así que cada uno tendrá que hacer dos seguidas, luego dos días libres, y vuelta a empezar con dos mañanas.

Era un horario bastante asequible y que llegaba a alargarse cinco meses estándar. Tuvo la deferencia de hacer coincidir días de descanso entre parejas, incluyendo claro a Odd con Ritmo y Compás precisamente para facilitar que pudieran estar juntos… ese fue un buen detalle, debía reconocerlo, pero poco cambiaba a esas alturas.

-Los turnos peores son los de estar fuera, imagino… -comentó Ventura- Debe hacer un frío de pelotas ahí fuera si te toca en la noche local…

Jeremy asintió, precisamente entre las obligaciones durante las guardias era, además de permanecer dentro de las galerías subterráneas, vigilar el exterior e interior de las instalaciones pero a la intemperie, cuestión que también tuvo que dividir entre todos por igual para no privilegiar a nadie… aunque no le gustara la idea con Aelita en absoluto. Menos con lo que ahora sabía, dato que tendría que dar.

-Eso no me preocupa tanto como la posibilidad de un ataque terrorista -comentó, llamando de inmediato la atención de todos-. Ayer nos comentó el doctor Garga sobre un grupo ecologista no muy a favor de la actividad minera, ¿os acordáis? -como todos asintieron él siguió con la explicación- Pues al parecer una facción dentro de ese grupo prefiere actuar con violencia en vez de limitarse a molestar con manifestaciones frente a nuestras puertas o poner trabas en la maquinaria o a saber qué, de hecho ya se han visto bombas en diferentes instalaciones para hacer derrumbes.

-¿Se sabe sus identidades o rostros?

A la pregunta de Dinamo, Jeremy suspiró y negó.

-Me temo que no, y eso los hace más peligrosos dado que muchos trabajan precisamente dentro de la empresa minera como transportistas de mercancías, mecánicos o gente de limpieza, por lo que pueden entrar y salir libremente de las instalaciones.

-¡Pero eso lo hace todo muy inseguro! -saltó Odd- ¿No podrían traer más clones aquí o algo?

-Eso lo encarecería todo, me respondieron -le explicó Jeremy-. Sabiendo esto… id con cuidado y atentos a todo, ¿vale?

Al grupo aquello no le fue suficiente, esa decisión hacía todo bastante más peligroso que si sólo contaran con personal de la República… pero si se buscaba maximizar beneficios era lo que se tenía que hacer.

-¿Algo más, cariño?

-¡Oh, cariño, ya le llama cariño! -bromeó Ulrich, por lo que Aelita se ruborizó- ¡Qué monos!

-No seas tonto, Ulrich -le dio un golpecito amistoso en el hombro-. Además, tú le dices cosas peores a Yumi.

-¡Venga chicos, seriedad! -Jeremy dio unas palmadas para calmar las aguas al verles reír demasiado- No realmente, ya tenéis los horarios y he hablado con los jefes de sección para avisar que estaréis por allí pululando, ah, y os he enviado un mapa completo de las instalaciones, revisadlo -mientras ellos lo hacían, el muchacho seguía con la explicación-. Si os perdierais, podéis usarlo como guía, os saldrá en los visores un punto y un sendero plateado que tendréis que seguir para llegar al destino que hayáis marcado.

-Como en un videojuego… -murmuró Odd, sonriendo- ¡Ja, como mola!

-¿Verdad? -Jeremy sonrió orgulloso- Bueno, pues eso es todo, estaré en el despacho ultimando cosas con Aelita, creo que a Odd le toca guardia esta mañana con Muralla y Compás y por la tarde a Ulrich, Yumi y Aelita, así que ya sabéis.

Todos se levantaron y le hicieron el saludo militar antes de salir por la puerta salvo la chica, que se quedó a la espera antes de acercarse de dos zancadas a su pareja y abrazarle mimosa; le plantó un par de besos mientras le acariciaba con cariño, permanecieron así un par de minutos antes de separarse y se miraron a los ojos.

-Te amo… -murmuró ella, sonriendo- Te amo tanto, mi amor…

-Y yo a ti, mi Valquiria -la besó con deseo en los labios-. Y yo a ti…

Ella le envolvió entre sus brazos y le besó cálidamente en el cuello al sentir cómo su entrepierna se endurecía un poco, pero el trabajo llamaba en esos momentos.

-No me digas esas cosas, Jery… -sonrió ella, mientras acariciaba su rostro- El más sabio de los hombres que conozco.

-Me faltaría ser algo mayor para eso -bromeó él, antes de que pudiera replicar ella le dio una cariñosa palmada en el trasero que le hizo sonreír-. Vamos a ponernos a trabajar antes de que te quiera tomar en la misma mesa.

Ella se rio un poco, pero se abstuvo de decir lo mucho que le encantaría algo así… por desgracia era verdad que aún tenían mucho que trabajar, pues si bien los horarios era importantes tenerlos en regla cuanto antes también lo era, si no más, un inventario adecuado de todo el armamento que pudieran tener, así como maquinaria y piezas de recambio con las correspondientes baterías de munición… esa tediosa tarea era la que les esperaba a lo largo de las siguientes ocho horas, y cuando acabaran sus respectivos turnos tendrían que seguir porque tenían claro que de esa vez no iban a terminar plenamente. Y luego tendrían que hacer los pedidos de, por supuesto, la medicación necesaria dado que su área también incorporaba la médica. Ser el superior desde luego no estaba exento de problemas y de dolores de cabeza, pero como líder era su obligación y la asumía con acritud.

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Y mientras ellos estaban en esas cuestiones Odd se había dirigido hacia el puesto que le correspondía, a la intemperie pero dentro de las instalaciones en la murallas mientras Compás estaba dentro de las galerías subterráneas y Muralla recorría los alrededores con un monoplaza siguiendo la ruta indicada. Llevaba él su espada de luz al cinto listo para usarla en cualquier momento, revisando siempre ambos lados – interno y externo – por si sucedía cualquier cosa y de paso siguiendo con la mirada a los diferentes trabajadores de la planta en su movimiento a lo largo de la explanada. Raro era el que iba andando por culpa del hielo que se acumulaba de forma casi constante, aun siendo retirado cada pocas horas por una maquina al final volvía con las nevadas y por eso siempre usaban vehículos que se deslizaban por el aire sin llegar a entrar en contacto con la superficie, lo que anulaba los efectos negativos del hielo en su desplazamiento. Sin embargo el aire de dentro y gracias al plasma era respirable para ellos, no así el exterior y que les resultaría venenoso; Muralla tuvo que salir con una máscara para poder respirar y no ahogarse en el camino, lo que les recordó que ese lugar podía matarles en cualquier momento si no estaban atentos a lo que sucedía en torno a ellos.

Pensaba en estas cuestiones cuando comprobó que Compas salía y entraba varias veces seguidas de las cámaras subterráneas donde se extraía el mineral antes de pasar a su interior definitivamente, supuso que para dar instrucciones pues llevaba unos plásticos luminosos en las manos con los que daba señales y paraba a varios de sus compañeros clones para que se prepararan y les mostrara identificaciones y demás cuestiones relevantes sobre su identidad. Incluso también detenía a trabajadores locales para tenerlos fichados, guardando sus nombres y datos cuando los encontraba por primera vez y hacer inventario que comparar con los datos oficiales de la empresa por si servía de algo aquella información. Su compañero no podía estar más orgulloso en ese sentido así que siguió con la caminata a lo largo de la fortificación en el que sería un turno largo y tedioso que repetir al día siguiente, luego por la tarde y finalmente dos noches seguidas antes de descansar dos jornadas consecutivas después de currar seis días del tirón.

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Los días pasaron sin mayores novedades en lo que resultó ser un lugar bastante tranquilo y sereno donde no había demasiado que hacer y los entrenamientos se centraban más en perfeccionar lo que ya sabían que en aprender nuestros trucos o procedimientos. Aquella mañana estaban Ulrich y Jeremy precisamente en un combate a espadas de luz en el patio a modo de entrenamiento, usando sus poderes en un área más bien pequeña dibujada a mano en la nieve y donde ninguno tenía ventaja real: uno por ser un área demasiado limitada en espacio y el otro por no tener lugares en los que agarrarse para levitar pues aún no controlaba plenamente el vuelo por sí mismo y necesitaba de un generador que le ayudara a impulsarse. De esa manera era un duelo puramente a espadas en la que Ulrich dominaba gracias a su superior técnica encima pulida con dos hojas frente a la única arma de Jeremy, que si bien no era tan diestro sí que se sabía defender.

Los golpes iban y venían mientras movían las cortantes hojas, el calor que de ellas emanaba junto al esfuerzo físico les hacía sudar llegado un momento pero ellos seguían muy metidos en el combate, que subía y bajaba el ritmo cuando uno lo apretaba al ver una posible debilidad en el otro; cuando se sentía demasiado presionado y usando la mano con la que sujetaba su espada lanzaba una honda de energía al contrario para desplazarle unos metros y así poder dar un alto salto que potenciara el tajo, teniendo que defenderse cruzando su espada o espadas en caso de ser Ulrich. Los movimientos se iban haciendo más y más precisos con el pasar de los minutos y la ligereza en ambos también aumentaba según sus energías les rodeaban y cruzaban su cuerpo para infundirles fuerzas y resistencia, de hecho se hizo patente cuando a ambos les rodeó ésta en su espectro visible ante la mirada de interés del resto de trabajadores de la planta, que siguieron a lo suyo segundos después.

Ulrich tenía que reconocer que estaba orgulloso de su amigo, cada vez más diestro con las armas tanto de mano como láser para disparar. Se había vuelto un guerrero inteligente y hábil, puede que no tanto como ellos – más acostumbrados a la pelea cuerpo a cuerpo que él – pero se puso rápidamente al nivel cuando se vio en la necesidad. Su cuerpo se había fortalecido y su vista, ahora aguda gracias a los nanobots que corrían por su sangre, se volvió como la de un halcón en cuanto a los detalles. En un momento dado incluso hizo un ligero corte en la ropa de Ulrich, que respondió haciendo lo mismo en los hombros de su amigo antes de dar un salto atrás para recuperar posición y analizar al que tenía delante. Ambos jadeaban tras una media hora larga de combate pero tenían que seguir hasta que uno acabara definitivamente derrotado, y aunque al inicio tampoco quiso apretar demasiado a Jeremy éste le demostró lo equivocado que estaba siendo condescendiente y tuvo que subir el nivel hasta las cercanías de su máximo para poder hacerle frente.

Cuando se disponían a continuar ocurrió algo desde luego sorprendente; mientras estaban a lo suyo y en su turno de vigilia de la puerta exterior, Yumi detuvo un vehículo que venía desde el exterior para revisar la carga y a los ocupantes, que eran nativos de Glaciaris. Gente de un color de piel extremadamente pálido, rechonchos por la grasa y de ojos claros, eran fuertes de complexión y de densa piel y pelo que aún así tenían que llevar ropa térmica como ellos – aunque no tanta – que cubría casi todo su cuerpo salvo sus rostros, bastante agradable a la vista por la amplia sonrisa que siempre parecían tener. Eran muy similares a los seres humanos salvo por su tamaño – cercano a los tres metros – y sus largas y poderosas extremidades cuya piel estaba hecha y preparada de tal manera que podían caminar por su entorno sin demasiados problemas. La evolución les llevó por esos caminos a los primeros exploradores que pasaron por allí y, al vivir de forma permanente y gracias a los avances en genética, en no demasiadas generaciones los locales tenían aquel aspecto tan característico que les permitía vivir en condiciones mucho más cómodas que a los que venían de paso.

-Parece todo en orden -sonrió Yumi-. Veo que traéis mucha medicación, nos vendrá bien.

-¡Sí, desde luego!

Y cuando dio al interruptor para abrir la puerta penetraron al interior del recinto pero lo que nadie pudo o supo ver fue que de entre la nieve salía alguien totalmente vestido de blanco con un arma de luz en las manos. Apuntó directamente contra las baterías del vehículo e instantes después una gran nube de fuego y chatarra se extendió por el aire. Yumi se tiró al suelo justo a tiempo antes de ser abrasada y Jeremy sintió que alguien le empujaba cuando una chapa iba directamente a por él, los oídos le pitaban y pudo ver a muchos clones ir y venir en cuestión de segundos ante aquella emergencia que por suerte no se cobró a nadie, sólo quedaba la chica que había salido disparada en un monoplaza para pillar a quien fuera que lo hubiera hecho seguida de cerca por una furibunda Aelita que ya recorría los cielos con sus alas.

Cuando Jeremy se quiso levantar se encontró con que Ulrich tenía una mano en su rostro y se temió lo peor al ver la sangre manar de un punto demasiado cercano a donde tenía los ojos así que le levantó de un tirón y se lo llevó a rastras a la sala de medicina, donde ya los demás clones llevaban a los heridos conductores del aparato y salvaban lo que podían de la medicina que traían, aunque pareciera mentira aquello estaba bastante bien organizado y en unos minutos el fuego se había extinguido y todos habían vuelto a una cierta normalidad… desde la ventana de su cuarto Odd lo había visto todo y su vello se erizó al ver de nuevo sus visiones cruzar su mente en bucle, su cola biónica dio un latigazo contra el suelo y sus pupilas se dilataron de la excitación que sintió, de lo más hondo de su garganta nació un gruñido salvaje más propio de un animal que de un hombre y antes de que pudiera decir nada las suaves manos de Ritmo le rodearon con cierto cariño para devolverle a la cama…

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Ya en la enfermería los peores presagios de Jeremy se cumplieron, pues Ulrich había perdido el ojo por un metal cortante que lo hirió de forma irreversible a través de un largo tajo que cruzó su rostro de lado a lado y rompió el órgano dejándole tuerto en el proceso. Sólo había una manera de solucionar aquello y Jeremy dio la orden de inmediato al equipo médico, que si bien se sorprendió de la decisión tuvieron que seguir la orden de su superior – máximo dirigente del complejo – por ser coherente con sus ideales y moral profesional. Una vez prepararon todo el programa de la cirugía ocular en lo relativo a lo que iban a hacer y el material que usarían sedaron a ambos muchachos, los habían tumbado en dos camas paralelas y los cirujanos trabajarían entre medias y con una mesita médica con ruedas y todo lo que necesitaban para la delicada operación.

Un total de cinco profesionales llevarían a cabo todo el procedimiento y que duraría varias horas en las que retirarían el ojo izquierdo de Jeremy y lo sustituirían por uno biónico con múltiples funcionalidades que le permitirían observar el mundo de una manera radicalmente diferente al que podía imaginarse únicamente de forma biológica; éste se colocaría en el hueco, previamente limpiado y preparado en el rostro de Ulrich para que pudiera conservar su visión perfecta, lo necesitaría para poder usar sus poderes de forma correcta. Él en cambio no lo necesitaba tanto y consideraba que se lo debía dado que fue el que le acababa de salvar la vida e integridad física de forma totalmente desinteresada…

Y mientras ellos estaban en esas Aelita y Yumi llegaron a perder el camino del terrorista que había atacado pero por conocer perfectamente la zona se escondió en a saber dónde logró perderlas y la primera tuvo que descender a tierra y aterrizar junto a su compañera y dando un pisotón contra el suelo por la rabia, girando la cabeza en diferentes direcciones pero sin ver nada relevante. Según el mapa que les dio Jeremy el pueblo más cercano estaba a siete kilómetros de distancia pero por no conocer el rostro ni haber nada que pudiera ser relevante respecto del aparato que usó hacía imposible que pudieran identificarle de alguna manera. Ni usando la temperatura – al final se había usado hasta hacía poco y el motor debía estar caliente – podrían pues nada podría diferenciar el uso de alguien que venía de una de las fábricas de aquel indeseable… Yumi puso la mano en el hombro de su compañera y la acarició un poco.

-No te preocupes, la próxima vez será… -murmuró, y revisó su ordenador- Están operándoles, vamos a casa para apoyarles, ¿vale?

-Sí… ¿operarles?

-Sólo han dado el aviso por orden de Jeremy.

La otra se limitó a asentir y se montó a ahorcajadas detrás de la mayor y la abrazó por el estómago y se pegó a su cuerpo para que pudiera acelerar y moverse a más deprisa mejor. Así que Yumi pegó un acelerón y giró el biplaza con un derrape desde la parte de atrás del aparato y recorrió el camino de vuelta con Aelita en todo momento atenta a lo que pudiera pasar y para reaccionar ante cualquier posible ataque; sin embargo no fue necesario y sólo desaceleró al llegar a las cercanías de la base, pasaron la puerta sin mayores problemas y corrieron hacia la enfermería, sólo estaba en la sala de espera Dinamo y Fan, que se levantaron en el acto al ver a sus superiores y las saludaron con el típico gesto militar.

-Les están operando ya, pero dijeron que tomaría varias horas… -murmuró ella- Más de lo que tardaría en llegar vuestros turnos.

Ambas se miraron y se limitaron a asentir.

-Yo tendré que volver al exterior a seguir con mi guardia, tú tienes la noche, ¿verdad Lita?

-Sí… es la segunda, la iba a hacer con Jeremy -se rascó la nuca algo nerviosa-. ¿Qué debería hacer, Yumi?

Ella le sonrió y la abrazó, sólo en ese momento se derrumbó y empezó a llorar. La sola idea de perderle de alguna manera le dolía y a la mayor le pasaba lo mismo y también se dejó llevar un poco por esas emociones, el amor de su vida también estaba en cierto peligro y la incertidumbre de saber por qué les estaban operando – y teniendo en cuenta las horas que tendrían que estar – las mataba por dentro.

-Jefas… si nos lo permiten, nos quedaremos nosotros dos por aquí de guardia -explicó Fan tras una silenciosa mirada con Dinamo-. Id a cumplir con vuestras obligaciones, si hay cualquier novedad os lo diremos… no os preocupéis, no es una cuestión de vida o muerte.

-Fan… -Aelita separó su rostro del pecho de Yumi y la miró de refilón- Dinos qué pasa, es una orden…

No era alguien que soliera tirar de galones pero sabía que seguramente fuera la única manera de lograr su objetivo, y sin embargo ella negó.

-Jeremy nos ordenó no decir nada, pero… no se están jugando la vida -eso pareció calmarlas-. Eso sí os lo puedo decir, no es algo de vida o muerte.

-Joder, qué dramático nos ha salido entonces -murmuró Yumi-. Bueno… me alegro de ello, igual es sólo sacarles metralla o curarles heridas, así que… no nos preocupemos.

-Sí… es lo mejor.

Ambas salieron de allí no demasiado convencidas pero comprendiendo que tenían que cumplir con las obligaciones que tenían con independencia de sus deseos o voluntades dado que ahora eran militares y tenían cosas importantes que hacer. Si la misión se torcía no podían rescatarles con medios de fuera de Glaciaris hasta horas después así que no podían depender de nadie fuera de lo que tenían ya en el mundo… cosa imperdonable por otro lado. En la sala de operaciones estaban ya retirando el órgano y lo manipulaban con cuidado y dentro de un líquido especial para preservarlo, siendo la parte más complicada colocarlo en su nueva posición y que fuera funcional, para lo que necesitarían ensamblar bien los diferentes nervios del ojo y del cerebro. Es cierto que los nanobots podrían llegar a hacer algo con el ojo perdido pero siempre sería mejor tener uno en perfecto estado y el de Jeremy cumplía con aquello… por lo que sustituirían uno por otro, quedaría curioso dado que cada uno sería de un color y el otro tendría una prótesis que se asimilaría a un parche pero nada aparatoso.

Al final la guerra era así y se podían cumplir esos y muchos más problemas médicos y técnicos, y tenían que estar listos para cumplir con todas las exigencias que su posición les iban a pedir… no fue hasta terminar con la operación que se dio el aviso al resto del grupo para que vinieran a visitar a los convalecientes y saber cómo estaban. Una vez salieron de la sala de cirugía los sacaron en sus respectivas camas con una sábana por encima para que no perdieran temperatura y la zona del rostro afectada con buenos vendajes y aún dormidos por el sedante así que tuvo que ir el doctor – totalmente emperifollado con sus ropas blancas y guantes de plástico – para hablar con ellos. Salió a la sala de espera donde ya estaban todos y les miró, estaban expectantes pero al ver que estaba tranquilo parecieron relajarse.

-Ha ido todo bien -exhalaron con alivio-. Tardarán un par de horas en despertar plenamente así que con calma, ¿vale? Poco a poco.

Ellos asintieron, hasta Odd estaba algo nervioso en esos momentos y es que él ya sabía en qué había consistido la operación… Pero se abstuvo de decir nada para que nadie sospechara, así que decidió entrar el último a la sala para poder ocultar mejor sus facciones de los demás. El silencio sólo era roto por los sollozos de sus compañeras al verles con el rostro tapado pero vivos y en buen estado, perdiendo finalmente la tensión que les había embargado hasta entonces…

-Mi amor… -masculló Yumi tras calmarse lo bastante para hablar- ¿Qué te pasó?

Se había colocado a su lado y arrodillado con la mano del chico entre las suyas, apretaba con cierta fuerza por las emociones que sentía. Su amiga se había quedado en pie pero con los puños apretados mientras contemplaba a su pareja.

-Esto no quedará impune… -murmuró Aelita mirando hacia el cuarto donde descansarían de la operación- Vengaremos a Odín y a Drago, te lo aseguro.

-Son… nombres muy adecuados -la otra sonrió con cierta amargura- Lástima que sean en estas circunstancias…

Sólo entonces Aelita se esforzó por sonreír y besó la frente de Jeremy antes de sentarse al lado de Jeremy para hacer la guardia en sustitución de los clones que habían estado allí durante la operación.

-Sobre eso… bueno, estoy trabajando en algo importante -revisó su ordenador del antebrazo antes de seguir-. Pronto dejaremos de caminar solos, si todo sale bien.

Suspiró un poco cuando le vieron con cierta sorpresa pero no llegó a decir nada. Eso sólo hacía que se motivara más para liberar a Patrick y a los demás del Imperio, ya estaba trabajando en ello y pronto podrían estar juntos…

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.