Código Galaxy

Capítulo 38

El silencio en la sala donde descansaban Jeremy y Ulrich tras la operación era absoluto, sólo era roto por las respiraciones de los presentes y por las máquinas que controlaban sus constantes vitales en todo momento. Aelita permaneció con ellos durante la noche tras acabar la guardia y les observaba descansar aún con un nudo en la garganta y los ojos acuosos después de la corta charla que tuvieron después de despertar de la dura operación por la que tuvieron que pasar… al menos todo había ido bien y se recuperarían plenamente, aunque aún dormían para estar funcionales al día siguiente, donde tendrían la vuelta de su turno. Quiso discutir con su pareja por la cabezonería de seguir trabajando aún después de retirarse un ojo y colocarse uno biónico para restituir el de Ulrich, pero no atendió a razones y se limitó a querer comer algo sólido y volverse a girar para dormitar un buen rato más.

Suspiró un poco y acarició la mano de Jeremy con bastante cariño, en ese momento abrió los ojos y ella se estremeció al ver el frío metálico de su nueva pupila, aunque no le restaba belleza a su rostro. Nada hacía indicar que fuera biónico salvo que brillaba en tonos perlados; conectado a su cerebro, ahora tenía métricas de todo tipo sobre distancias, temperaturas, radiaciones, espectros lumínicos que normalmente le pasarían por alto, datos de las personas que pudiera tener delante, sobre los nanobots, y toda suerte de información que pudiera serle útil.

-Buenos días princesa… -murmuró, su voz estaba algo ronca- ¿Pudiste dormir?

-Sí, ¿y tú, mi amor?

-Como un bebé…

Se reincorporó lentamente, la chica no tuvo que ayudarle pues parecía bastante activo pese a todo. Ella le acomodó entonces la almohada para que se apoyara algo mejor y recolocó el propio colchón y lo elevó lo suficiente para que estuviera sentado.

-Me alegra verte tan bien, amor -le reconoció ella, acariciando su mano-. Yo… tuve miedo.

Él acarició su rostro con cuidado y retiró las pocas lágrimas que cayeron, la chica incluso tomó la de él y giró el rostro mientras abrazaba con la otra la de su pareja. Ahora sabía definitivamente a ese chico y la idea de perderle la aterraba.

-Era… lo que había que hacer -murmuró él-. Perdió un ojo por mi culpa y él necesita la visión perfecta, a mí me da más igual así que… sólo hice lo que todo líder haría.

-Eres el mejor líder -le sonrió la mujer-. Yo no podría pensar o haber elegido a uno mejor.

Jeremy se rio un poco ligeramente sonrojado y buscó con la mirada por algo que llevarse a la boca, sabiendo de sus intenciones ella asintió y salió a por unas bandejas previamente preparadas para que desayunaran. Precisamente mientras comenzaba a llevarse la comida a la boca Ulrich también se incorporó ligeramente asustado, haciendo aspavientos y moviendo los brazos como si buscara aferrarse a algo; su corazón latía con fuerza aunque se olvidó segundos más tarde de lo que quiera que estuviera soñando, los otros dos le miraron con cierta diversión y ella se limitó a entregarle la bandeja que quedaban.

-Te queda muy bien, cada ojo de un color.

Le tendió un espejo y él asintió. El derecho era marrón y el izquierdo azul, si ya tenía cierto atractivo el otro ahora tenía un aura exótica que haría que cualquiera con ojos se fijara en él; si bien al principio pensó en que podía llamar demasiado la atención, según comentó en ponerse alguna lentilla Aelita le convenció que era una forma de distinguirse ante los demás: el Xanium de ojos diferentes, casi un elegido de la misma energía.

-¿Te imaginas que puedes ver o tener los mismos poderes de Jeremy? -bromeó ella- ¡Sería un flipe! Aunque algo raro también…

Los otros se rieron un poco, momento en que apareció Yumi y en seguida abrazó a su pareja, que la recibió con los brazos abiertos y la fue besando con cariño en las mejillas y cabeza, pasando en un momento a los labios; acariciaron suavemente el cuerpo del otro antes de separarse y comenzar él a meterse comida al cuerpo nuevamente.

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Mientras ellos estaban con aquello, Odd se había limitado a descansar y hacer la guardia que le correspondía del día siguiente. No estaba preocupado por sus compañeros sino por lo que sabía que acabaría pensando antes o después y que le agobiaba extremadamente; por suerte eso bastaba para aparentar a todos y que pareciera que estaba con el estómago amordazado por lo que acababa de pasar. Sin embargo Ritmo y Compás al compartir su cama sabían perfectamente que su mente estaba en cualquier sitio menos allí, lo sabían en cada ocasión en las que él desplegaba todas sus dotes amatorias cuando compartían placeres como en esa ocasión. Como cada mañana al despertar una de ellas se escurría bajo las sábanas y comenzaba a depositar besos en la entrepierna de él para irle despertando aprovechando que solían acostarse con sólo la ropa interior si es que llevaban algo.

De hecho en esa ocasión fue Compás la que se deslizó entre las sábanas y comenzó a lamer suavemente sus muslos y testículos para que comenzara a entrar en calor; cuando oyó su suave gruñido de placer supo que era el momento y se llevó el ya semi erecto miembro de él a la boca. Rodeó su glande con la lengua mientras subía y bajaba la cabeza a lo largo del pene a un ritmo suave pero agradable, según sentía que iba poniéndose más dura y larga procedió a usar la mano para masturbarle y pasar a atender los testículos con la boca, donde se los introdujo; Odd dio un respingo de placer en ese momento, a lo que ella asintió satisfecha.

-¿Te está gustando?

-Cada día lo hacéis mejor…

Ritmo en ese momento se les aproximó y se colocó a horcajadas sobre su pecho mientras sonreía con cierta picardía; Compás no se quiso quedar atrás y antes que su hermana tomó el pene de Odd y comenzó a penetrarse con él por la vagina, sintiendo como entraba en ella con firmeza y soltando ambos un suave gemido.

-Qué mala eres, hermanita… -se quejó Ritmo con diversión- Era mi turno…

-Luego podrás también -aseguró él, aferrándose a las sábanas al sentir a la otra moverse-. Joder Compás…

Ritmo se retiró y dejó que su hermana montara sobre él como gustara, así que escaló aún con el pene de él dentro y movió sus caderas acompasadamente para disfrutar ambos. Entre gemidos y jadeos se acariciaban el torso y besaban boca y cuello; tal era la excitación que no sólo las manos de él buscaron las nalgas de ella, también su cola biónica acompañó sus dedos; los introdujo incluso en el ano de Compás, que gimió en ese momento y teniendo un poderoso orgasmo antes de caer sobre el pecho de él mientras éste eyaculaba en su interior.

-Mi turno…

Y como había afirmado previamente la otra clon dejó que su hermana se alejara y ahora fue su turno de montar sobre Odd. Gracias a los nanobots de su sangre ahora podían tener sesiones más largas y por tanto más placenteras, cosa que ellos tres aprovechaban cada vez que podían… ese día no sería menos. Con cariño fue masturbando al otro después de retirar el semen que pudiera haber con sus pechos y boca y procedió a ser ella misma la que nuevamente le montara, gimiendo suavemente al sentir cómo poco a poco recuperaba la dureza en su interior. Movimientos rítmicos de su cadera sacaron gruñidos de ambos, que se abrazaron con ganas mientras se movían y acariciaban el cuerpo del otro con bastante deseo; acariciaban los pezones del contrario usando los dedos y la lengua cuando dejaban de besar el cuello de su pareja hasta que él sintió que no podía contenerse más. De una última estocada eyaculó nuevamente – esta vez con bastante menos cantidad pero igual placer – en el interior de su compañera, que siguió montando hasta notar que su propio orgasmo la recorría.

-Ah… joder, qué bien… -murmuró, satisfecha- Qué bien sienta comenzar así el día, ¿no crees?

Él sonrió un poco y tuvo un pequeño mal presentimiento al ver cómo Ritmo salía hacia las duchas para refrescarse y empezar la jornada de trabajo. Sin embargo no comentó nada y besó a Compás en la cabeza, se había recostado aún desnuda sobre su pecho y lo besaba con mimo, jugando entre sus dedos con el vello que le salía en graciosos rizos rubios. Antes de incorporarse le dio una sonora cachetada que la hizo reír y pasar a moverse. Como cada mañana fueron saliendo cada uno a su ritmo, ya se encontrarían de nuevo por la base para no llamar la atención de nadie y que pudieran seguir con sus actividades lúdicas igual que las demás parejas, el chico tenía claro que iba a disfrutar de ello mientras pudiera.

Ese día era algo más fresco de lo habitual y estaban teniendo problemas para arrancar algunos vehículos pese a todas las medidas contra el hielo que tomaban. Y como le tocaba hacer un pequeño recorrido de seguridad para reconocer los caminos y ver que estaba todo en orden se puso a ayudar a los mecánicos y a los clones a poner en funcionamiento toda la maquinaria y que al menos estuvieran encendidos aún sin usar para que el combustible recorriera motores y conductos y no se congelaran y conservaran una temperatura mas óptima. Manchó sus manos con el aceite y demás líquidos anticongelantes y de protección de los mecanismos internos pero poco le importaba realmente; estaba centrado en ayudar con esa tarea, usaba una linterna que agarraba con la boca mientras metía las manos en los motores y engranajes de los aparatos, apretaban lo que hubiera y cambiaban líquidos antes de colocar unas pinzas en las baterías y arrancar con éxito los diferentes vehículos hasta terminar.

Cuando terminaron él se acercó a uno de los biplazas, al que se montó y se colocó un casco y un traje térmico mejor del que ya llevaba antes de arrancar el aparato; aceleró un poco para desplazarse por la base e irse acercando por el sendero hecho hasta las compuertas donde ya esperaba Muralla junto a Dinamo, que abrieron para que su superior pudiera pasar; en cuanto cruzó los límites dio un fuerte acelerón y empezó el recorrido a una velocidad media para poder discernir lo que hubiera alrededor, de hecho incluso retiró una de las manos de los mandos para apoyarla en su muslo e ir moviéndose a lo largo del camino. A los lados sólo había grandes montes de hielo y nieve, apenas había roca desnuda y la poca existente pronto sería cubierta por la siguiente tormenta en las próximas horas según el pronóstico del tiempo. En un momento dado vio algo moverse entre la nieve y se encontró con una de esas criaturas locales tan afables, portaba unas mochilas blancas entre las manos pero eso era raro… la base más cercana estaba a kilómetros y allí no había nada más que zonas de monte virgen.

Decidido a saber qué era lo que pasaba dejó su vehículo en un lateral y le colocó un localizador para no perderse, sólo entonces se atrevió a meterse entre la nieve para seguir al extraño. Aprovechando que por ahora todo estaba despejado podía seguir su ruta e incluso dando saltos aprovechando los puntos donde el local se había apoyado para no hundirse demasiado y no gastar tanta energía; sin embargo apenas se elevaba en el aire pues iba a cuadrupedia y de forma silenciosa y veloz hasta alcanzar al otro, que se dirigía efectivamente a un conjunto de cavernas. Sus ojos se fijaron en una de las entradas y sonrió de medio lado cuando vio un par de pequeñas fogatas iluminando y calentando el oscuro ambiente interno hecho a base de grandes placas de hielo y roca cincelada por el viento y la nieve; ayudados por picos, los locales también trabajaron en ello y prepararon aquella y seguramente muchas más cuevas a lo largo de la superficie, así que decidió aprovechar esa oportunidad y se dispuso a seguir adelante.

Recorrió la corta explanada hasta llegar a las paredes y usó sus guanteletes para pegarse a la superficie y no tener que perforarla con sus uñas biónicas; aprovechó su cola para mantener mejor el equilibrio y escaló hasta la parte más alta, donde se tumbó plenamente y procedió a reptar siguiendo el pasillo central. Se trataba de una zona anterior a una cueva modesta – de unos veinte metros de alto por doce de largo y siete de ancho – donde guardaban bastante material en cajas metálicas, probablemente armas con su respectiva munición y baterías… seguramente incluyendo explosivos de todo tipo. No vio demasiados locales más allá de una decena que estaban descansando y comiendo un poco así que Odd se limitó a adaptar su vista mejor a la oscuridad para poder ver todo lo posible y determinar mejor lo que había y qué podía haber allí hasta que oscuras visiones llegaron a su mente.

Chasqueó la lengua cuando escuchó un vehículo entrar, un solo piloto conducía la biplaza que aparcó al lado de las demás y, con soltura, se acercó a los demás y lanzó a sus pies lo que se asemejaban los restos de acero de una puerta… el chico cayó entonces que debía ser una de las piezas que formaban anteriormente el pórtico o las paredes que servían de protección de su base hacia el exterior, y aún así sufrieron un grave atentado en el que por suerte las consecuencias no fueron letales… al menos por ahora. Apretó los puños con cierta rabia pero no se dejó llevar por las emociones y decidió escuchar con atención.

-La explosión fue aún mayor de lo esperado -comentó-. No sé si me habré cargado a esos cabrones pero… al menos les habré dejado heridos.

-¿Te pudieron seguir?

-Una casi me pilla pero la acabé perdiendo en los desfiladeros, me quería matar porque no lanzaba de atacarme y usaba sus poderes -explicó, mirando al que preguntó-. Debía ser muy poderosa pero iba cegada… suerte que coincidió con el inicio de una ventisca, a la otra la dejé atrás rápido en un giro cerrado.

Odd reconoció a esa compañera como Aelita, que salió volando con sus alas de plasma según sucedió el ataque, tan cabreada estaba que ni se detuvo a consideración alguna. La otra debió ser Yumi, por suerte para todos ella sí conservó la paciencia y volvió antes a casa para ayudar a coordinar todo porque quedaba sólo él en la base y hubiera sido todo un caos de haber dependido todo de sus decisiones pese a tener las instrucciones claras de Jeremy.

-Lo importante es que sabemos que estas cargas son efectivas -comentó el que debía ser el mayor-. Pronto podremos echar a esos malditos forasteros de nuestro mundo, con el tiempo sabrán temernos.

Y entre aullidos celebraron la decisión y siguieron comiendo y bebiendo mientras hablaban de cosas que a Odd le daban igual, así que giró sobre sí mismo y se dirigió tranquilamente hacia la salida aprovechando la oscuridad de la zona más elevada de la gran cueva; cuando estuvo lo bastante lejos fue descendiendo por la pared hasta la parte inferior y comenzó a correr cuando llegó al suelo – de nuevo a cuatro patas y usando las pisadas anteriores – hacia su vehículo para continuar con la exploración, retiró la nieve que le cayó de un solo movimiento y arrancó.

-Ha sido un descubrimiento muy útil, tuve suerte.

Sabía que tenía que haber más en las cercanías pero por ahora saber dónde tenían una de las bases aquella gente ya era bastante información pero que se guardaría… algo en él le decía que tenía que hacerse así, por lo que mientras se fue desplazando siguiendo el camino contempló las cadenas de cuevas que se veían desde allí. Identificó un par más justo en la zona superior y lejos de su rango normal de visión así que pese a estar cerca de los caminos estaban ocultos… también les entendía, esa maldita luna era un infierno en general y más aún lo era para desplazarse en particular, era especialmente complicado si no se tenían los medios adecuados así que tenían que aprovechar cualquier ayuda que pudieran usar. Y si eso pasaba quedarse cerca de las carreteras aún a riesgo de verse atrapados más fácilmente lo correrían, claro que también ayudaba precisamente lo inclemente del clima a que no pudieran buscarles durante demasiado tiempo ni demasiado lejos.

Con esa idea en la cabeza siguió con su tarea tatareando con cierta tristeza por lo que se avecinaba pero comprendiendo que era lo que se tenía que hacer, en su corazón ya empezaba a nacer un odio e ira irracionales hacia aquella gente que, si bien se le parecían bastante por su deseo de libertad, se alejaban en sus métodos para lograr el objetivo… aunque en realidad se parecían mucho más de lo que él estaba dispuesto a asumir o aceptar en esos momentos. Suspiró pesadamente entonces.

-La suerte está echada, como dirían esos romanos… -sonrió un poco- Parezco el imbécil de Einstein… Ayúdame, Nadie, en esta dura misión.

Sus ojos volvieron a brillar suavemente al tener otras de sus predicciones según pasaba al lado de la mismísima Larfiria ataviada con sus prendas de camuflaje entre la nieve antes de desaparecer en el aire con el aullar del viento.

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Pocos días después del intento de atentado y homicidio contra Jeremy y Ulrich éstos se habían ya levantado y puesto a disposición del resto del grupo para volver a las actividades normales dentro de la base. Podrían haber vuelto al servicio a la jornada posterior pero decidieron acabar haciendo caso a sus parejas, por lo que prefirieron revisar que estuvieran perfectamente y en forma antes de retomar sus actividades; ahora que entraban a su turno salieron las chicas para descansar después de haber doblado varias veces seguidas, se encontraron con las cosas bastante similares a cómo la habían dejado más allá de los pocos desperfectos que aún quedaban aquí y allá.

Jeremy entró a su oficina para comenzar a revisar los informes que pudiera haber y charlar con los científicos e ingenieros sobre lo que se estaban encontrando en las minas y, especialmente, respecto de un frente tormentoso que pronto llegaría hasta su localización. Ello implicaría la necesidad de encerrarse en las edificaciones y sólo trabajar en la zona más profunda de las minas con los recursos suficientes para aguantar por lo menos durante tres semanas estándar: ello exigía un alto número de clones y el respectivo volumen de alimentos, agua y especialmente repuestos de las herramientas y maquinaria que necesitaban para horadar la tierra. Y por supuesto había que planificar todo eso.

-Las bases cercanas van a hacer lo mismo que nosotros en sus respectivas excavaciones -le explicaba uno, estaban sentados a la mesa con un mapa en 3D del lugar-. Ya hemos dado órdenes de volver a base todos los que estaban fuera para desplazar las defensas de plasma hasta los muros exteriores y defendernos mejor de los vientos huracanados.

-¿Tan poderosos serán?

-No es tanto por su velocidad sino por la bajada de temperaturas -apuntó el doctor Garga-. Piensa que nos pondremos por debajo de noventa bajo cero aún siendo de día, por la noche… será aún peor.

-Nada podría estar vivo a la intemperie… -comprendió Jeremy- ¿Cómo habéis podido sobrevivir?

-Nuestros cuerpos pueden soportar ese frío durante las horas suficientes para encontrar una cueva en la que esconderse -le explicó una de las mujeres-. Si esto hubiera sido en invierno sí que no podríamos estar fuera más que pocos minutos.

-Bien, pues si tenemos claro cómo actuar con este frente es perfecto -Jeremy suspiró algo-. ¿A qué hora se espere que llegue?

-En siete u ocho, a Ritmo y Compás les dará tiempo de sobra en llegar hasta la base después de la última revisión.

-Perfecto, ¿algo más?

Efectivamente ellas habían hecho un último alto en el camino para avisar a la última comunidad de locales antes de llegar a la base y guarecerse de lo que les esperaba. Cada vez que llegaba un frente o una borrasca que se pronosticaba peligrosa se daba el aviso para que todos estuvieran preparados y esa vez no fue la excepción, por eso iban cruzando la calle principal de la aldea a un ritmo suave hasta salir de nuevo al camino y acelerar como siempre. Aquel había sido un día calmado en el que no tuvieron que hacer nada más allá de parar una disputa entre dos comerciantes por haber detenido uno de ellos su vehículo de carga delante de la tienda del otro.

-¡O lo quitas ahora o te arranco la cabeza con mis manos, imbécil!

-¡Atrévete y te cortaré las pelotas, retrasado!

Y Compás tuvo que dar unos disparos al aire de advertencia antes de hacerle un placaje al primero mientras su hermana lo hizo con el segundo para inmovilizarles. Pese a ser ellos más grandes físicamente ellas tenían los conocimientos en artes marciales y les llevaron al suelo y colocaron sus brazos y piernas de tal manera que cortaron cualquier opción de ellos de moverse.

-¿Os calmáis ya? -y según asentían les colocaban unas esposas de energía- Os tendremos que llevar a algún sitio… Compás, revisa por si hay una comisaría.

Y después de las averiguaciones pertinentes les llevaron hasta un sitio adecuado para que se calmaran mientras ellas volvían a casa. Se encontraron por el camino con Odd, que les sonrió afable al verlas y las escoltó hasta las planicies cercanas a la base. Allí él aceleró y las dejó atrás para proceder a los preparativos necesarios para encerrarse y esperar a que amainara la tormenta lo suficiente.

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Laura caminó por los pasillos de la nave que capitaneaba con la entereza de una gran líder militar; ataviada ya con las ropas de combate la excitación se veía en sus ojos ahora que todo se tornaba a su favor, y el movimiento que iba a realizar sería la primera pieza en caer de una larga serie hasta alcanzar el objetivo último que era controlar la galaxia por su maestra, Starlight. Junto a ella estaba su escuadrón al completo después de haber elegido destino tras los Juegos, lo tuvo claro según lo vio y escogió una misión en apariencia sencillo pero de gran importancia para los planes de los altos mandos: la toma de un punto de comunicación.

Los caminos estelares estaban plagados de ellos pero siempre había uno más relevante que los demás que servía de centralita entre todos los de una zona, y el objetivo era precisamente uno de los más importantes: el de la capital de la República. Los combates habían llevado a ese sitio y necesitaban vía libre para poder actuar más adelante; eso era conocido por los republicanos, que habían colocado bastantes defensas a lo largo del camino para impedir ataques enemigos, y sin embargo dejaron relativamente indefensa la torre de comunicaciones en sí esperando que con las cuadrillas que la protegían fueran suficiente. Por eso debía ser suficiente con superarlas para tomar esa posición, así que eso harían.

Era Larfiria la que pilotaba; usaban una N-2 en la que malamente cabían todos pero no necesitaban mucho más para llegar y conquistar, algo más grande sería demasiado aparatoso para un objetivo que requería ser veloz y ágil: una nave así era la ideal. Fácil de manjar y bien armada con láseres, con su velocidad podrían desplazarse entre las barricadas de clones lo bastante deprisa para esquivar los disparos enemigos y atosigar con los propios. Detrás un grupo de cazas les protegerían, al frente de los mismos estaban Sastre y Llovizna, clones que habían demostrado su pericia tiempo antes en las minas de Delta Tauri 4 y les permitieron estar de aviadores en misiones especiales pese a no lograr superar las correspondientes pruebas para estar en el frente de batalla… esas veces eran lo más cercano que estaban a ese objetivo, debían confiar bastante en ellos para llevarles siempre a las misiones más peligrosas.

Según se acercaron a las primeras defensa éstas comenzaron con una lluvia de disparos que puso a pruebas las protecciones de la nave que ella pilotaba; a su derecha Patrick mantenía la posición horizontal del aparato y Suzanne activó las armas para que empezaran a disparar de forma semiautomática: Jim y William sólo tenían que disparar pues apuntaban por sí mismas, la munición se tenía que recargar por Floresta y Estrella. Los demás controlaban los niveles de energía de las protecciones y el armamento, así como del oxígeno y las baterías de la misma nave… Laura como comandante tenía todos esos datos en el ordenador a su vera, teniendo en el de en frente la dirección que tomaba la nave en cada momento así como la velocidad de desplazamiento.

Era, por tanto, fundamental para el combate precisamente conservar en todo momento la horizontalidad pasara lo que pasara, así que Patrick estaba en tensión en todo momento, moviendo las manos – rodeadas de unos círculos de luz – para hacer los ajustes necesarios cada vez que fueran precisos. Tenía un nivelador automático pero que requería de su supervisión en todo momento y, en el fragor del combate siempre podía fallar; Laura contaba con que no diera problemas mientras se deslizaba entre dos de los navíos enemigos antes de disparar sendas ráfagas contra los motores, haciéndolos explotar en el proceso.

Giraron sobre ellos mismos para encarar a otro que venía desde atrás y los disparos mutuos chocaron a mitad de camino antes de un veloz movimiento de ella para cambiar mínimamente su posición de tiro y acertar en los cristales del N-1 republicano; los del imperio en cambio seguían en funcionamiento y estaban desplegados contra los que quedaban del enemigo en una batalla aérea en la que la N-2 no podía entrar de ninguna de las maneras a riesgo de ser derribados.

-Vamos ya a la torre de comunicaciones antes de que los cazas puedan ir a por nosotros -ordenó-. Que los clones se maten entre ellos.

-Han sido de gran ayuda en el combate aéreo -murmuró Suzanne-. Tendríamos que ayudarles de alguna manera… capitana.

Ésta se lo pensó antes de asentir y dar la orden a los que estaban en armamento para desplegar lo que llamaban en clave Lluvia de luz: un conjunto de misiles y láseres que volaban dirigidos en curva por arriba y por abajo del objetivo al mismo tiempo, golpeando al unísono al objetivo y que servía para limpiar las líneas enemigas… pero también podían acertar accidentalmente a las naves amigas. Según dio la orden los disparos de racimo se sucedieron y cayeron contra los N-1 que había ante ellos antes de dirigirse hacia la torre de comunicación sin pararse a ver los resultados… la misión efectivamente era más importante y Laura colocó la N-2 junto a la base de telecomunicaciones, pegada a una entrada en su base a la que quedó bien acoplada. Según pasó aquello se abrieron las puertas y pudieron pasar al interior de la torre: pasillos blancos con luces blancas y con ventanales aquí y allá para poder ver las naves que iban y venían por la ruta estelar y decidir por dónde iban o pasaban los diferentes vehículos y naves. Sin embargo ese no era su única misión pues a sus receptores llegaban muchas señales desde Alfa Leoni 1 – Asmara – y demás sistemas cercanos para todas las partes de la galaxia y ahora de la República. Su gobierno permitiría mucho y los robots que cuidaban del sitio, si bien estaban armados con L-400 y E-300 para protegerse de los imperiales que acababan de entrar, eran los únicos habitantes.

Comenzaron a recorrer los pasillos preparados para lo que viniera con los clones por delante y los chicos tras ellos con sus espadas de luz preparadas; en cuanto aparecieron los primeros androides republicanos comenzaron los disparos y Laura se interpuso y avanzó moviendo su espada con habilidad hasta llegar al primero, al que atravesó por el pecho; tuvo que ser protegida por Hielo, que corrió tras ella y colocó su escudo entre el otro androide y su superior antes de que los láseres golpearan el cuerpo de la oficial. Ésta giró sobre sí misma y cortó al robot en dos antes de formar una barricada donde estaban para conservar la posición y permitir que el resto les alcanzaran.

Los androides protegían el ascensor cuántico y ahora eran bastantes más, cerca de la docena, así que los disparos eran constantes y tan poderosos que hasta eran arrastrados; fue así hasta que el resto llegaron con sus escudos, saltaron sobre sus compañeros y se interpusieron en una línea de defensa adelantada y con sus L-400 apuntando hacia los republicanos. De esta manera hubo un largo tiroteo a lo largo del pasillo que no parecía tener un claro ganador dado que los disparos de uno y otro bando quedaban o en las paredes o en los escudos y duros cristales. Así fue hasta que los ojos de Yekira se iluminaron y comenzó a correr usando su súper velocidad con la espada de luz preparada; logró alcanzar a los androides republicanos y logró cortar las cabezas de dos de ellos antes de ser enganchada por otro desde el hombro y tirarla al suelo de un fuerte tirón. Recibió un par de patadas en el lateral, William intervino al aguantar el aliento y atravesó el aire convertido en una bola de humo que golpeó al robot con fuerza y haciéndole caer al suelo en el proceso.

Ayudó a su compañera a levantarse y, espalda con espalda con sus espadas listas él se disponía a cortar cuando de los labios de ella salió una instrucción que hizo que los androides en torno a ellos casi se dispararan entre sí: aprovecharon aquello para destruir a varios y el resto del grupo fue avanzando y les acogieron cuando retrocedieron por el gran número de androides que estaban defendiendo el ascensor cuántico. La única manera que había de llegar era, pues, hacerles un poderoso placaje para derribarlos y que se convirtieran en chatarra… por eso el primero que avanzó en posición de triángulo fue Hielo, y detrás Tornillo con Floresta, y luego Vientos, Blancas y Negras; para acabar la formación, Estrella, Yekira, William y Patrick siguieron con sus escudos también por los laterales o encima de los demás, similar a lo que hacían las legiones en el pasado como idea de la misma Laura, que permanecía detrás con Jim y Suzanne preparados para actuar en cualquier momento.

En cuanto estuvieron a dos metros y antes de que los primeros androides pudieran patear y romper sus defensas ellos abrieron la formación y Hielo y Tornillos corrieron contra ellos de frente mientras el resto se repartían a cada lado para también tirar al suelo. El caos fue generalizado entre gritos, láseres, quejidos y espadas de luz cortando en un ambiente del que no se podía ver nada si no se estaba en medio de la trifulca. Los otros tres avanzaron cuando los láseres dejaron de volar y el humo de los androides iba a menos… y sin embargo el olor a la sangre llegó a sus narices antes de poder ver a una herida Estrella apoyada en la pared y cara de dolor mientras el resto observaba con un ojo a los androides y vigilaban su herida con el otro. En seguida Jim se le acercó y subió su ropa para ver la herida.

-Vale, vale… tranquila, todo irá bien, ¿eh?

Ella asintió, sudaba en frío y el dolor hacía que su semblante se crispara pero confiaba en su superior hasta la muerte y le dejó hacer. Una vez que comprobó que era un corte en su lateral y nada vital estaba afectado hizo un corte en su propia ropa y fue limpiando la herida con la tela y aprovecharon para ir a un baño para echarle un poco de agua. Revisando el botiquín usaron algo de líquido anestésico para dormir el área de trabajo y aunque el pulso al inicio le temblaba, que Suzanne apoyara su mano en el antebrazo de él le dio la seguridad para empezar con el zurcido usando el material que encontraron en el botiquín… los nanobots de su sangre harían el resto.

-Gracias… -ella le sonrió, les habían dejado a solas mientras aseguraban la zona pues no les necesitaban- Unos segundos antes y me hubieran acertado en el pecho.

Jim suspiró un poco y asintió.

-No hay de qué… ¿estás mejor, mi amor?

Ella se sonrojó y asintió. Con cuidado le acarició la cabeza mientras él acababa de colocar con cuidado unas gasas.

-En unas horas deberías poder volver a la acción -la besó con mimo en la mejilla-. No te sobre esfuerces.

-No lo haré -se levantó con cuidado con la ayuda de él-. La primera misión y ya herida, qué mal, ¿eh?

-Es lo que tiene la guerra… -murmuró él- Yo era de los mejores en mi unidad y casi muero en combate, ¿recuerdas?

Ella le miró a los ojos y se le abrazó con cariño, apretándose a su cuerpo con cuidado. Sabían que eso no era algo realmente grave pero servía de aviso para no perder la concentración.

-Jim… ¿lo haréis entonces?

-Sí… ya sabes que sí.

Ella asintió despacio y le besó despacio en los labios antes de responderle también.

-En ese caso… contad conmigo.

Jim iba a quejarse pero optó por callar cuando recibieron la notificación de Laura para ir todos a la sala de mandos del lugar para obtener el mando definitivo del sitio así que ambos fueron de la mano hasta el ascensor cuántico al que subieron. Instantes después llegaron al puente de mando donde ya trabajaban los demás para tener las comunicaciones preparadas y pincharlas para luego enviarlas al Imperio. Sabían que en cuanto supieran de esta cuestión los republicanos actuarían, ni siquiera tendrían que venir para saber que había pasado pues se mandaba de forma automática la confirmación de que todo iba bien a través de la introducción de un código que desconocían así que era una cuestión de tiempo.

-Bien señores… -murmuró- La suerte está echada, vamos a prepararnos para cuando vengan a por nosotros, eso sucederá en cualquier momento.

Sin embargo tenía claro quiénes serían. Vio de reojo a Patrick revisando los ordenadores con los demás, Suzanne estaba a cargo de la operación y aunque intuía qué otra actividad estaban realizando decidió no comentar nada al respecto así que se sentó en el sillón de gobierno con algo de cansancio… y sonrió un poco.

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Odd llegó rápidamente a la base y descendió de su vehículo de un salto, que dejó a un lado y se dispuso a ayudar a los clones que había por allí a retirar y colocar cajas apiladas en los cargueros para recoger el equipo más sensible. También extendían cables de energía por el suelo para proteger mejor la red eléctrica de las paredes de energía, y en general todo lo necesario para prepararse para los días que se avecinaban. Organizados como hormigas, trabajaban con velocidad y rápidamente vio que no era necesaria su ayuda así que se sentó en una caja que estaba vacía mientras contemplaba cómo el vehículo de ellas se aproximaba en la lejanía. En el horizonte comenzaba a adivinarse las nubes de tormenta que les azotaría más adelante, y fue ensimismándose en sus pensamientos poco a poco chocando sus pies tranquilamente mientras disfrutaba de lo débiles rayos del Sol.

En ese espacio ellas llegaron hasta la base y Compás se bajó del vehículo en el que había estado junto a su hermana para mover el monoplaza que dejó Odd encendido y a un lado por si lo necesitaban en un momento dado al ver que no requirieron sus servicios; según se montó su peso movió un poco el aparato, que se llegó a montar suavemente en un montículo que había en la calzada por los gordos tubo y una poderosa explosión siguió a aquello instantes después, tirando a todos al suelo. El muchacho supo entonces con amargura qué había pasado aunque en su corazón deseara equivocarse, así que sin atender a razones ni a los gritos de los clones, que obvió, corrió hacia el punto de la explosión y se encontró con ambas mujeres aplastada y atravesadas por los restos metálicos de los vehículos, estaban claramente muertas.

-No… no por Dios, no… -masculló, lágrimas empezaban a caer por su rostro mientras el corazón le latió con aún más violencia- No podéis haber muerto, no ahora… -llevó su mano al rostro inerte de Ritmo y luego miró a Compás, toda vida se había ido de sus ojos y sangre escarlata cubría la nieve, y después de desencajar su rostro golpeó la nieve con el puño, tal fue la violencia que hasta su energía se levantó- ¡NOOOOOOO … ! ¡OS MATARÉ, OS MATARÉ A TODOS!

Y nuevamente sin atender a razones salió corriendo con otro de los monoplazas, saltó sobre el mismo y arrancó a toda velocidad sin siquiera detenerse a preocuparse por nada más que de su sed de venganza por aquello que acababa de pasar y cuyos culpables tenía claros aún sin prueba alguna… tampoco las necesitaba, pagarían por lo que acababa de pasar. Recorrió las estepas de hielo a toda velocidad y sabiendo bien por dónde ir, así que en cuanto llegó a las inmediaciones de la red de cuevas donde los terroristas se escondían abandonó el camino y subió por la nieve hasta que no fue capaz de avanzar más; se apoyó con los pies en el asiento del vehículo y dio un poderoso salto hasta llegar al interior de la cueva. Sin siquiera intentar esconderse sacó su espada de luz y avanzó por el corredor con rapidez, se encontró con los primeros terroristas armados y antes de que pudieran hacer nada les acercó usando su energía y les cortó en dos por la cintura con su espada de luz, dejó caer sus cuerpos desangrándose pese a que se cauterizó en buena medida según atravesaba la carne.

No se detuvo ahí y continuó adelante hasta llegar a la sala principal, allí había varios de los locales que empezaron a disparar en cuanto le vieron aparecer, sin embargo la mayoría no tenía sus armas cercas e intentaron correr a por ellas, pero Odd no tuvo piedad y tiró de ellos con fuerza para atraerles y repetir la jugada. A uno le cortó el brazo antes de dejarle sin piernas y a otro le cortó directamente una parte del cráneo, el que más suerte tuvo pudo disparar contra él antes de que lograra cercenar alguna parte de su cuerpo pero acabó empalado contra una estalagmita cercana y boca abajo.

-Os mataré… ¡a todos! -sólo se veía ira en él, los terroristas le miraron con miedo- ¡Recordad mi nombre y difundidlo, soy Starfire!

Y nuevamente enganchó a uno con su energía mientras a los demás los dejaba encerrados en torno a unas paredes de energía. Colocó su espada de luz en su cuello, lo tenía suspendido en el aire y le miró a los ojos. Comprendiendo qué era lo que quería, el local decidió mandar el mensaje; sólo cuando Odd comprobó que todo estaba correcto se permitió cotarle por la mitad nuevamente y avanzó hacia lo demás con su arma preparada. Retiró las barreras y todos dispararon contra él al unísono, pero era tan veloz y ágil, usaba tan bien su espada y la cola biónica apuntaba con su laser con una precisión que les fue imposible y en pocos minutos estaba rodeado sólo de cadáveres… y aún así su ira no se sentía del todo satisfecha. Necesitaba acabar con aquél que las había matado y sabía que no era ninguno de los allí muertos, lo notaba y estaba pensando en cómo localizarlo cuando sintió que llegaba alguien corriendo.

Se giró con el arma lista y sonrió al ver su rostro desencajado cuando comprendió lo que había pasado pero Odd no le dio oportunidad a nada: le arrastró con su energía por el cuello lentamente, disfrutando de su miedo y del suave sonido de sus pies intentando por todos los medios detener su avance, de su corazón aporreando su pecho lleno de miedo y de la respiración agitada igual que sus dientes, que castañeaban del pánico.

-¿Sabes quién soy?

-U-un Xanium de la República…

-No -respondió, juguetón- Ni soy Xanium… ni de la República. Me llamo Starfire… y soy tu peor pesadilla, maldito asesino.

Sabiendo que no iba a salir vivo de esa situación, decidió soltar todo.

-Lo que eres es un maldito… un opresor de mi pueblo… -gruñó- Te libraste de la bomba pero no tendrás tanta suerte la próxima vez.

Odd se rio un poco antes de negar.

-Creo que no entiendes muy bien tu situación… -murmuró- Te mataré… igual que maté a todos los demás desarrapados de tus amigos… y luego iré a por tu aldea, a por tu familia, y acabaré con todos ellos.

En ese momento le tomó por el cuello con su cola biónica y tomó su espada de luz, que apoyó en su piel desnuda después de arrancar sus prendas con sus guanteletes de un poderoso tirón. Sonrió con satisfacción al escuchar su chillido de dolor y notar el olor de la carne cocinándose, repitió la operación varias veces hasta que se desmayó del intenso dolor que debía sentir. Su corazón seguía latiendo con vigorosidad, el sudor cubría su cuerpo y murmullos salían de su boca pese a haber perdido cualquier atisbo de cordura.

-Qué… puta mierda es todo… -ahogó el llanto entonces- Hijos de puta…

Con sus manos desnudas lo desnucó al girar con violencia su cuello, el chasquido de los huesos le hizo erizarse el cabello y dejó caer el cadáver como un saco de patatas antes de darle una rabiosa patada y recoger un arma láser que pudiera serle útil. Anduvo más muerto por dentro que otra cosa hasta las cercanías de la salida aún procesando lo que había pasado y tropezó con uno de los cadáveres, cayendo al suelo; sólo en ese momento se permitió volver a llorar con amargura por la pérdida, golpeó el suelo con el puño con un dolor inmenso y ni se inmutó cuando una cálida mano acarició su cabellera… al momento de alzar la vista se encontró con Nadie, que se había sentado a su vera con el casco retirado así que podía ver su rostro por primera vez desde que la conocía.

-Creo… que tenemos que hablar.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.