Capítulo 45
Tras haber tenido que esperar unos días hasta que Sally librara, al fin el momento esperado había llegado y se ponían en marcha hacia Eastwood, el pueblo natal del asesino.
Habían salido al caer la tarde, directamente al final del turno de la mujer en el restaurante, donde Rust había pasado a recogerla en su camioneta.
Apenas habían hablado en el inicio del camino, por la carretera cada vez más solitaria a medida que se alejaban de las grandes urbes. Aquello no era extraño, Rust no era nada hablador, y tras haber contado lo poco que Marty y él habían escuchado del caso, era de esperar que condujera en silencio. Pero eso no era del todo normal con la camarera, quien pensativa observaba la oscuridad ir engullendo el paisaje, evitando observar al rubio.
-¿Por qué no me cuentas ya qué es lo que has hecho, Sally? ¿Qué pasa?
La mujer se giró para contemplarlo brevemente, aunque él no buscó su mirada, encendiéndose un cigarro sin quitar la vista de la carretera.
-He vuelto a hablar con Jackson, aunque esta vez por carta. Sé que la policía se enterará y todo eso, pero no pueden alegar nada sobre obstrucción, porque si alguien pregunta, ahora sólo somos dos antiguos colegas rememorando el pasado.
-Bien, tener síndrome de Estocolmo no es un crimen. Sabes que leen las cartas de los presos antes de dárselas, ¿no? Espero que tuvierais cuidado con lo explícitos que habéis sido.
-Claro que sí. He tenido cuidado, no soy idiota.
-¿Y qué has averiguado?
-De Carson nada más que no supiéramos, pero sí de su buen amigo en la época, Billy. Jackson hace años que no tiene contacto con él, pero sí conoce gente de la droga con la que se junta. Resulta que vive en Shreveport ahora, y regenta con otro tío un puticlub que hay en la interestatal que sale hacia el oeste, creo que es la 20, por lo que he mirado.
-Es un buen descubrimiento, sobre todo si le encontramos. Pero ese tío te conoce, no sé si sería buena estrategia que, al menos de primeras, intervinieras. Por lo que Jackson contó podría incluso hasta tener relación con algún crimen de los que Carson cometió, y aunque no fuera así, puede que sean aún amigos.
-Sí, y por eso mismo he pensado en un plan. Ir sola a hablar con él si está en ese garito, ofrecerle trabajar allí para encajar en el prototipo que les gusta, y ya que todos nos conocíamos, preguntarle por Carson. Si están en contacto es una vía directa.
-Quizás demasiado directa. No es buena idea, Sally. -Agregó Rust con el cigarro entre los labios, exhalando antes de seguir. -Además, en dos días podría ser que no te dijera nada, aunque estuvieran en contacto. Tampoco puedes mantener esa coartada, no sólo por lo obvio, sino porque tienes que volver a Baton Rouge.
-Ya, hay lagunas, lo sé… -La mujer se tomó unos instantes en continuar pensando, para volver a lanzar sus nuevas ideas, esta vez mirando al rubio. -¿Y si me ofrezco para trabajar para él con la droga? Eso puedo mantenerlo en la distancia, y le va a cuadrar.
-Podría estar bien, sí. Quizás con esa mierda hable contigo. Pensaremos en ello y veremos qué hacemos cuando mañana vayamos a ese sitio, si es que encontramos al tal Billy.
-Seguro que sí, los datos son totalmente fiables. De hecho, una de las personas con las que he contactado gracias a Jackson, es una chica que estuvo trabajando hasta no hace mucho en ese antro. Ahora vive en Texas, pero me ha contado lo suficiente como para saber que sigue allí y no se irá lejos. Ganan bastante dinero con lo mal que tratan allí a las chicas, y dejan que a veces se excedan con ellas sin repercusiones, por eso mismo se largó. Me contó también que Billy usa el local como centro logístico para pasar meta, no se sí la hace o solo distribuye, pero eso es lo de menos.
-¿Has hablado con alguien más?
-Sólo con un tío al que Jackson le vendía. Conocía a Billy porque le compraba cuando vivía en Shreveport. No me ha podido contar mucho, pero al menos ha servido para contrastar que sigue vendiendo. A ambos les enseñé por videollamada la foto donde sale Carson, pero ninguno lo ha reconocido. Y eso es todo a lo que me he dedicado estos días que han pasado.
-Y Marty no sabe nada, ¿verdad? -Preguntó de forma retórica, dedicándole una rápida mirada.
-No. Y no creas que lo he hecho para evitar que me regañe, sé que estaría de acuerdo, a pesar de que no le gusta que trabaje sola; lo he hecho para para que no tenga que mentir o confesar lo que estamos haciendo si la policía sigue acosándonos.
-Debemos tener cuidado por si los vemos, por cierto. No deberían tardar en buscar pistas por la zona, si es que no lo han hecho ya. Aunque con lo incompetentes que suelen ser no sería extraño que aún ni se hayan movido.
-Bueno, mientras no nos pillen allanando la antigua casa de Carson mañana, no pueden decir que estamos haciendo nada ilegal, así que, que se jodan.
El hombre afirmó con la cabeza mientras inhalaba, dándole la razón a la mujer con un deje de diversión que hizo sonreír a la mujer.
Pasadas las tres de la madrugada la pareja había llegado a un viejo motel a unos kilómetros de Eastwood, donde habían alquilado una habitación para poder pasar lo que quedaba de noche.
A pesar de que ninguno de los dos creía poder dormir mucho, como acostumbraban, no habían tardado en fingir tratar de hacerlo al poco de instalarse en la pequeña estancia.
Sally había logrado conciliar el sueño un tiempo después, no obstante, comenzó a despertar al escuchar en la cama de al lado leves murmullos y agitación, hasta que finalmente percibió que Cohle se incorporaba casi de golpe.
Dudó unos instantes, pero al sentir que el rubio se levantaba optó por encender la lamparilla a su lado, incorporándose para hablarle.
-¿Rust, estás bien?
-Sí, no te preocupes. Sólo ha sido una pesadilla. -Respondió a su susurro sin mucho afán, recogiendo su tabaco de la cómoda frente a las camas para prenderse un cigarrillo.
La morena lo contempló de espaldas a ella, apoyado en el mueble mientras fumaba en silencio allí parado. No estaba muy segura de si sería buena idea profundizar en el tema, preguntándole qué había soñado.
Lo veía demasiado extraño, allí evitando que pudiera mirarlo a la cara. Fuera lo que fuere, le había afectado, aunque sólo fuera para dejarlo pensativo en oscuros recuerdos, de lo que tenía para elegir, desde luego.
Sally se sintió impotente por un segundo, como tantas otras veces, pero incapaz de aguantar aquella situación por más tiempo, con lo que se levantó de la cama para acercarse a él despacio.
Sin decir nada, y al observar que él no se inmutaba ante su llegada, la camarera lo abrazó por la espalda despacio, separándose cuando notó que él se giraba y buscaba sus ojos.
No hizo falta que nadie dijera nada. Rust asintió al contemplar la mirada de Sally, quien acarició fugazmente una de las ásperas mejillas del hombre antes de quitarle el cigarro y apagarlo en el cenicero. Fue entonces cuando, manteniendo aquella atmósfera nuevamente en calma, ella lo agarró de la mano hasta conducirlo a la cama.
Rust contempló como la camarera se tumbaba a su lado también, susurrándole dulcemente que se aproximara para poder abrazarse a ella, cosa que hizo sin pensar, de forma casi instintiva, como un niño que busca protección.
Ninguno rompió el nuevo silencio, dejándose mecer en aquel nuevo y reconfortarle calor que el hombre sintió extrañamente ajeno, pero muy agradable. Rust entonces dejó de prestar atención a su mente, concentrándose simplemente en las caricias de la camarera.
