Nada de la Leyenda de Zelda me pertenece.
Capítulo 12
Esto si era despertar bien, pensó para sí tratando de no reírse. Si se movía, si hacía ruido, la magia se perdería.
Tanto cuidado en que cada quién durmiera en su lado, y aquí estaba: siendo abrazada por la cintura y sobre un pecho ajeno. No era la primera vez, y dudaba que fuera la última. Por eso sabía que tan pronto se moviera o hiciera ruido Link se despertaría. Era de sueño ligero, no naturalmente, pero había aprendido a despertarse al más mínimo cambio en el ambiente. Si no mal recordaba todos los guardias reales habían sido entrenados de esa forma. A dormir poco, a despertar rápido, a aguantar dolor o necesidad, a estar alertas. Link no podría haber escapado de eso, quizás fue más fuerte con él dado el puesto que le dieron.
Sobre todo que le pasaría algo cuando uno de los guerreros más feroces estaba con ella, la estaba abrazando, y se despertaría fácilmente. Por favor, más segura imposible. Mucho más que el techo, el cuál no debía de ser cómodo no importa como Link intentará vendérselo.
- Buenos días, bello durmiente. - Saludo, tratando de no reírse y fallando, a quién comenzaba a abrir los ojos y bostezar.
Quizás la única razón por la cual no termino sola en la cama por un hylian llegando al techo era porque no era la primera vez que despertaba así. La primera vez estaba tan ido en cansancio y medicamentos qué la reacción fue muy retardada y no llegó lejos. Tampoco es que lo dejo.
La respuesta a su saludo vino en la forma de un beso en la frente y que la jalara en su contra. Sorpresa sorpresa.
Podía acostumbrarse a esto.
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- Ajá… - Esto fue dicho lentamente, muy lentamente, y sabía perfectamente por qué.
Detrás de ella, a unos tres pasos, estaba alguien perfectamente quieto como una estatua, apoyado en la espada maestra como un perfecto caballero. Un perfecto caballero Gerudo. Habían tenido un pequeño debate sobre el tema, aparentemente era muy caluroso para la armadura Zora que tanto amaba, y aparentemente cualquier excusa para usar la vestimenta vai era bienvenida con los brazos abiertos.
Habían fabricado un mix solo para él debido a esto. Bien pensado, porque ese problema había pasado antes.
- Puedes culpar a Urbosa. - El traje era cercano a la versión femenina en cuanto a composición, tela, y adornos. La parte masculina venía en el diseño, y aún así era casi neutral.
Ella no había ayudado al pintarle las uñas o con el maquillaje. Si no fuera tan obvio quien era por ella o por sus accesorios de origen peculiar, nadie sabría que era un hombre.
- ¿Ella lo…? - No tenía que mirar para saber que Link no tuvo reacción a eso, o al verse más como centro de atención.
- Mil veces más cómodo que una armadura que no le queda bien, ¿no Link? - Y de paso: - ¿Y a quién no le gusta la atención y verse bien? - Incluso si no era de las formas esperadas. - Urbosa fue quién hizo los honores, y Urbosa es Gerudo. - Incluso si hubiera sido más… recatada, no creía que fuera muy alejado de esto.
Estaba casi segura de que Urbosa había sido lo más cercano a una amiga fiestera, a falta de una descripción mejor. La figura que buscaba enseñar que la vida no solo era trabajo, en otras palabras.
- Eso no, ya lo sabíamos tan pronto llegó aquí y se enojó por no poder usar su traje vai. - Ah sí, se enojó. Con todo lo que paso para obtenerlo, era casi justificable. - ¡Eso! - Ruji señaló a su caballero con ambas manos, exasperada y cansada al mismo tiempo.
Miro atrás, consiguiéndose con lo que esperaba: Link en pose de guardia, perfectamente tranquilo e impecable, ignorando la vestimenta. Era usual, era normal, era-ah.
- Link, ¿quieres unirte? - En esta época no era usual. En esta época Link no fue visto como soldado. Y aquí era amigo, compañero de juegos, abuelo. - No hace falta que hagas guardia, hay varios. - Y sólo para asegurarse de que no tuviera ninguna excusa: - Riju también quiere hablar contigo. - Tonto de su parte no pensar en eso.
Casi todas las veces en las que Link había venido acá había terminado entre los peluches, molestando a Riju y sacándoles canas verdes a los demás al mismo tiempo que calmaba a otros con su trato con Riju.
Jefe o no, Riju aún era una niña. Link la trataba como tal, no como jefe incluso cuando debería. En realidad, Link no obedecía las reglas de esta tierra como tal, solo se portaba bien y tomaba las cosas como peticiones y consejos y no como lo que en verdad era.
Nadie se iba a meter con el "abuelo".
Eso le recordaba que aún tenía que hablar de ese tema con cierto alguien. Ugh.
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- Todo el mundo y su abuela se va a dar cuenta de quién eres. - Le dijo un guardia con cara de póker, señalando a su "guardaespaldas".
Hace rato que la población de Hyrule se había dado cuenta de quién rayos era el chico salvaje que iba por ahí matando monstruos, ayudando gente, y en general se hacía el mudo y amaba a los animalitos.
- Culpa a Urbosa. - Igual se notaría, estaba segura, solo por su comportamiento.
Urbosa era quién había iniciado todo esto, honestamente. La cosa recaía en que Link amaba los obsequios. Sobre todo la armadura y los zarcillos. Diría más los zarcillos porque casi nunca se los quitaba.
Si supiera… ¿tendría la misma libertad que tenía ahora?, porque no era cualquier cosa y era muy tarde como para negar lo que ya todos y hasta la abuela de su abuela sabían.
- Querrán a su reina. - Ah. Pues…
- Han esperado 100 años. Pueden esperar un poco más. - Vino la respuesta no solicitada de un caballero que, a pesar de todas las apariencias, estaba atentó a la conversación y no dudaría en amenazar a nadie.
- ¿Qué tal la merienda? - No se molestó en mirar al guardia. A nadie en todo caso.
Habían venido aquí justamente para comer. Hace rato que ella había terminado, pero Link… lo estaban mimando con comida, ya todos sabían que era un pozo sin fondo. Y Link, obviamente, no diría que no.
De seguro pasarían por los goblins que, no tan sutilmente, había sido mencionado en una conversación pasajera cerca de ellos.
Conocían perfectamente a Link.
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- ¿De qué largo? - No tenía problema alguno, pero una vez que lo cortarán no habría vuelta atrás. - Ah. - Con que ese era el "problema".
Tomó el cuchillo y sin esperar tomó pelo y corto. No le dio tiempo a nadie de chillar, aunque solo había una persona aparte de él.
Una vez que estaba seguro de que todo estaba lo más prolijo posible, porque no era un experto y no recordaba la última vez que se cortó su propio pelo, dejó el cuchillo a un lado y se quedó solo con el cepillo. Se tomó su tiempo, no todos los días podía tocar ese pelo, y se aseguró de hacerle un peinado sencillo en dónde cierto gancho de pelo reluciera sin problemas.
Diosas, era solo un gancho, no podía creer que le gustará tanto como para preocuparse de no poder usarlo solo por querer el pelo corto. No era lo mismo, cierto, y no podía cortarlo tanto, pero no era imposible.
- ¿Qué te parece? - No importaba lo que dijera, para él se veía hermosa.
Claro que no podía decirle eso, al menos no de frente. Pelo largo o corto ella era hermosa. Era una princesa, muchos dirían que era de esperarse.
Pero Hylia siempre fue hermosa.
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-... hacer algo? - Miró de reojo a la causa de todo esto.
La causa, por supuesto, era nada más y nada menos que Link. El tema en cuestión no era lo presentable que estaba, lo sociable que estaba siendo lo cual era una sorpresa, o siquiera su vestimenta. No, sería mucho más fácil si así fuera. Mil veces más fácil en su opinión.
- Sidon, mi querido amigo, eres su querido amigo también. - Y debido a eso no había escapatoria: - Dejará de verte como tal si quieres que sea más formal, o sea más respetuoso. - No todos los Zora lo habían tratado bien cuando llegó. Link tenía una impresión diferente a ellos ahora. - Mipha nunca le dijo nada a menos que se lastimara, y te recuerdo que Link estuvo varios años aquí, siendo un niño. - Ya las malas mañas no se las iba a quitar.
Link no iba a dejar de escalar, o de tirarse del sitio más alto que encontrará. O llegar lleno de sangre y otras cosas más. No iba a pararle metra a los guardias. No iba a tener pudor a la hora de comer. No, este lugar era como su casa en su mente.
- Mipha no era princesa, y tú no eres príncipe, en su mente. Eres solo Sidon. - Ni el rey Zora tenía mucha suerte. Link los conoció primero como gente y no reyes. Allí estaba el pequeño detalle.
- Pero… - Un momento para buscar las palabras. El sujeto en cuestión estaba ocupado preparándose para tirarse de cómo 20 metros en la piscina más cercana. - Pero no me habla, y no se deja guiar. ¿Sabes cuántos problemas me dio cuándo lo traje aquí? - Todo Sidon, lo sabía todo.
- Tienes suerte de que no te tomará como un monstruo. - Comentó alegremente al aire como quién no quiere la cosa.
El silencio que se formó fue… sepulcral.
- Si te habla, y habla bastante. - Y una de las cosas que pedía era que lo ayudara a subir, cosa que Sidon no parecía entender. - No te habla verbalmente porque lo cree innecesario, y de paso no es muy hablador. - Para no decir otra cosa que pudiera mal interpretarse. - ¿Te acuerdas hace unos minutos?, ¿cuándo te estaba mirando, sus orejas subiendo y bajando, y te señalaba la cascada con la vista? - Link no era tímido. Ella no saltaría desde tan alto, ni a golpes.
Sidon pestañeo varias veces. Abrió la boca, cerró la boca…
- Aunque le diga que no igual se iba a tirar. - Fue la triste respuesta.
Ay Sidon.
- Te estaba pidiendo que lo llevarás. - Reveló, sin ser sorprendida ante los ojos gigantes ante tal noticia. - Le dijiste que no, así que fue él mismo. Esperó a que cambiaras de opinión, no lo he visto hacer eso con nadie más. - Lo cuál decía mucho de su agrado con el príncipe de los Zoras.
- Pero… - En ningún momento habló. Si, sabía que podía ser desquiciante. - Debió de ser duro. - Dijo finalmente luego de un momento, mirándola con detenimiento antes de mirar a quién ya estaba en el agua otra vez.
- No tienes una idea. - Había sido un verdadero dolor de cabeza. - Puedes pedirle, pero prefiere el lenguaje no verbal. - Y de allí no lo iban a sacar.
Iba a pasar toda la tarde lanzándose de dónde pudiera. No sabía cuál era el encanto, pero era feliz y con eso le bastaba.
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-... usamos esto debería darte más estamina! - Aún no había terminado de desempacar.
Al menos estaba emocionada, aunque la verdad no tenía idea de que-oh. Al menos no era una rana viva esta vez, aunque esto no era exactamente… mejor, en los términos de algo vivo.
- ¿Link? - Si, si, ya se lo comía, solo necesitaba un momento para hacer de cuenta que estaba comiendo otra cosa. - ¡Link! - ¿Qué?, ¿tenía que masticarlo más tiempo? - No puedo creerlo… - ¿Qué?, se lo comió. - Iba a cocinarlo, ¿sabes? - Oh. ¿Entonces ya no servía?, ¿tenía que buscar otra mariposa de esas? - Los efectos no deberían ser inmediatos, ¿pero cómo te sientes?
Nada fuera de lo normal. Aunque no estaría de más beber algo o comer otra cosa para quitarse el sabor. Había comido cosas peores, mucho peores, pero el principio era el mismo. Lastimosamente la cena había que comenzarla, y dudaba mucho que fuera beneficioso para el experimento que consumiera otra cosa mientras estuviera en curso. Ah. Que molestia.
- Quiero pan con chocolate caliente. - Ese era su precio. Un precio muy bajo, pero con que le saciaran su-
- Claro cariño. - Dicho esto, se vio solo.
Se llevó una mano a la mejilla y se preguntó si acaso lo que se acababa de comer tenía efectos alucinógenos.
O contra el estómago. Sentía cosas allí y no sabía cómo describirlas.
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La parte buena de tener a un caballero con sed de sangre y afán en pelear es que no descansaría hasta que todos los oponentes estuvieran en el suelo.
La parte mala de tener a un caballero con sed de sangre y afán en pelear es que no descansaría hasta que todos los oponentes estuvieran en el suelo.
- Es bastante grave. - Murmuró para sí, porque Link aún no sentía nada y no le iba a creer ahora.
No, la mente de Link aún estaba en la pelea. Ni siquiera se había terminado de relajar, seguía buscando oponentes. Lo jalo de la oreja más cercana, en advertencia. No, no lo iba a dejar moverse ahora. No, no iba a combatir más por unos cuantos días. No, no iba a darle bocadillos si no hacía caso.
Cuando comenzará a relajarse, cuando la adrenalina pasará a mejor vida, sentiría de lleno las heridas y el cansancio. Se haría el fuerte, siempre se había hecho el fuerte ahora que lo pensaba, pero no podía engañarla ahora.
- ¿Te divertiste? - Una poción haría maravillas, pero no podía usarlas seguido. Estaría bien con una, pero más le valía hacerle caso y no volver a pelear por unos cuantos días…
Nadie creería que alguien tan pequeño, siendo un hombre, pudiera lanzarse frente a frente a casi cualquier cosa y salir victorioso si no supieran quién era.
No podía culpar a la gente por usar a Link de esta forma, pero tampoco podía verlo bien cuando este era el resultado.
- ¿Suena bien comer en la cama y rascarte detrás de las orejas? - Convido, a sabiendas de que esas eran sus debilidades.
Si la Calamidad hubiera sabido eso, hubiera ganado. En lugar de mandar monstruos a matarlo, hubiera enviado comida y algo que lo dejará inutilizado con buenas caricias en el pelo o en las orejas. Tremendo protector era si una simple merienda podía detenerlo en el sitio dirían unos cuantos.
- ¿Con chocolate caliente?, ¿solo nosotros dos entre las mantas?, ¿no suena bien? - Ojos muy angostos dieron con ella, orejas subiendo en un gesto inconfundible.
Iba a tomar un poco más, pero le gustaba lo que oía. Ya había obtenido su atención completa, eso era todo lo que necesitaba justo ahora.
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- Dejá de malcriar tanto a mi muchacho Link. - Eh, no, lo lamento. - Diosas…
Le caía bien el pequeño, ¿qué podía decir?, y ahora más que a Zelda también le agradaba el pequeño. Y no lo estaba malcriando tanto, solo… solo pasaba mucho tiempo con él, y él pedía trucos. No estaba mal complacerlo, por todo lo que sabía.
Tomó un panecillo y procedió a llevárselo a la boca y hasta allí llegó el intento gracias a que sintió algo apoyarse en su hombro. No llegó a mirar cuando sintió algo húmedo y cálido en su mejilla, fugazmente.
La única razón por la cual no soltó el panecillo era porque no era la primera vez. Era la segunda.
- Tortolitos, vean que se verán lindos y todo, pero hay niños presentes. - ¿Tortoque?, ¿y que tenían que ver los-
Miro a la culpable de su situación, quién solo le sonrió pícaramente. Uh, con que traviesa. Si iba a ponerse con esas…
- Mami, ¿qué están haciendo…?
Se lamió los labios. Podría robarse otro, no estaba nada mal. Más si iba a mirarlo así.
- Juntar los piquitos cariño. O su versión, porque piquitos no tienen. - Piquitos, huh…
Tal vez no debería robar otro. Estaba hablando de la princesa del reino, después de todo. Por una vez… ya está, ya lo había hecho, podía llevarse eso a la tumba sin remordimientos.
Si es que llegaba a la tumba. Ah.
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Cuando dijo que quería ver como esa flor afectaba a los hylians, no se refería a que quería saberlo de inmediato y mucho menos se refería a hacer pruebas sin tener la más mínima documentación disponible. Por todo lo que sabían podía ser venenosa, por las diosas.
- Estás rojo, ¿te sientes bien? - Estaba siendo muy… superficial.
Estaba viendo un sarpullido. Eso era el inicio de un sarpullido. En el cuerpo. Le había agarrado la garganta primero, era en donde más se notaba. El cuello era una zona peligrosa, si agarraba fuerza allí podría asfixiarse.
- No. - Bueno, ahora sí. - Un minuto.
Abrió la boca para preguntar qué planeaba hacer, pero no dijo nada al verlo tomar la tabla Sheikah y buscar algo allí. Una poción, pero no era una que conociera.
- Olvide que no se puede mezclar con… - Señalo una de las frutas que había estado comiendo antes de que ella consiguiera la flor y comentará lo que comentó.
- No lo dije para que fueras de buenas a primeras a comerte algo que no sabemos como te va a caer. - Regaño, golpeándolo ligeramente de la nariz para que viera que era en serio.
- Da sueño, y comezón al tacto, si eso quieres saber. - Quedó quieta, muy quieta.
No recordaba si él había comido esa flor antes. Link había comido muchas cosas, incluyendo piedras, no era como si fuera un secreto…
- Podrías haberme dicho eso en lugar de meterme el susto. - Porque no tenía cómo ayudarlo, no tenía mucha experiencia médica a menos que contará teoría.
- Te hubiera gustado más ver. - En eso tenía punto, pero no de esta manera.
- Por todo lo que sabía esa flor podía ser venenosa. - Allí murió cualquier diversión del asunto.
El silencio que se formó no era incómodo, pero tampoco era uno tranquilo.
- Lo siento. - Obviamente.
- No lo vuelvas a hacer. - Soltó en un suspiro. Gracias a las diosas no pasó nada. - ¿Cuánto tardará en…? - Señaló la piel brotada. Se había detenido, pero no se estaba quitando.
- Días, horas si tengo suerte. - Se encogió de hombros, sin darle más importancia al asunto. - ¿Ven?, da sueño, como te dije. - ¿Perdón?
Luego de unos minutos debajo de la sombra de un árbol, al lado del idiota de su caballero, fue que se dio cuenta de la doble intención.
Si hubiera resultado bien, no tendría queja alguna. Era un buen plan, pero no le resultó como quería, excepto, tal vez, el final.
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- ¡Hey!, ¡pero si es el pequeño salvaje! - ¿En serio?, ¿no tenían un mejor sobrenombre? - ¿Qué tal cariño?, no te habíamos visto en un buen tiempo, estábamos comenzando a preocuparnos. - Epona eligió ese momento para empujarla y luego posarse al lado de su dueño. - ¡Oh!, ¡y con novia!, ¡qué maravilla!
No se creía eso ni por un segundo. Casi todos sabían exactamente quién era Link solo con verlo, Link no dejaba mucho a la imaginación con su proeza, su vestimenta, y las leyendas que habían pasado a ser casi mitos. Todo aquél que supiera de la última leyenda, y es que esas leyendas eran prácticamente casi una canción de cuna, identificaría aquel que presentará las marcas de las 5 razas encima como el último elegido.
Urbosa había dejado una gran marca en la historia sin proponérselo. Aún no estaba segura de cuál fue el propósito, porque el romance no era. Ninguno de los otros campeones, excepto quizás Mipha, lo hizo por romance. Amor sí, romance no. Y dado que el recipiente de tales obsequios ni siquiera sabía del verdadero valor detrás de los mismos…
- Un placer. - Y si sabían quién era Link, sabían quién era ella. - Zelda. - Era solo mera formalidad lo que estaban haciendo a estás alturas.
- Un hermoso nombre para una bella dama, Romeo si que eligió bien. - Oyó perfectamente el "¿Romeo?" de cierto caballero en voz baja. - Mae, un gusto Zelda, pequeño salvaje. - Ugh.
- ¿No tienes un mejor sobrenombre? - No hacía falta restregárselo en la cara a cada rato. Aunque no tenía idea si le molestaba o no.
- ¿Cariño?, ¿muchacho?, ¿chico?, no hay mucho para dónde escoger, y no voy a llamarlo Mudo. - ¿Mudo? - Pero tal vez tú puedas decirnos como se llama tu galán, ¿por favor y gracias…? - Ah. Eso.
Miro a Link, sólo para que Link le devolviera la mirada, sin entender. Por su cara, Link creía que en algún momento debió de decirles. La verdad es que no recordaba si lo hizo o no, y ella creía que no lo hizo con esta petición que era una súplica disfrazada.
- Estoy segura de que te darán bocadillos. - Era una pésima excusa, lo sabía, pero Link debería presentarse a sí mismo.
- Me darán igual. - Cierto, cierto, pero no era el punto. - Mi nombre es Link. - Esto fue con Mae, la recepcionista del momento. - Soy el guardia real encargado de la protección de la princesa Zelda. - Si se le quedo mirando como una idiota por al menos un minuto ante esta presentación nadie podía culparla.
- Ah, Link, Link. Buen nombre. - Redirigió la conversación la mujer sin mucha sorpresa. La única que hubo que no fuera por el nombre fue ante el "guardia real". - Supongo que no querrás tú usual esta vez. ¿Un cuarto para cada-
- No, lo usual está bien. - Y solo porque conocía como podía ser Link, agregó: - Prefiero que estes conmigo a que estés afuera de la puerta haciendo guardia como una estatua. - Y la segunda habitación fuera de adorno porque no la tocaría.
- Princesa-
- Zelda. - No podía ser que aún ahora tuviera que corregirlo.
Por las risas poco disimuladas de Mae, aquí no había nada oculto por más que lo quisieran.
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Incluso los más pequeños del lugar los veían juntos. Ella no estaba ayudando a tales creencias, no con lo informal que era con Link y mucho menos estando tan cerca de su espacio personal. A Link no le importaba, parecía alegrarlo si su lenguaje corporal decía algo, así dijera que no o se quedara en silencio.
- Agradecería que lo llenarán de bocadillos si van a lanzarlo de cacería. - Era una distracción, y era algo que lo hacía feliz. Era un pozo sin fondo.
A dónde se iba todo eso solo las diosas lo sabrían.
- Ah… - Si, sabía que debía de sonar ruda, pero:
- Link ama pelear, lo ama. - En el pasado todos sus compañeros de armas le temían porque era una bestia a pesar de su tamaño y edad. - Lanzarlo es darle una misión que lo divierte, que disfruta, y no se detendrá fácilmente. - Y por ello: - Ama los bocadillos, la distracción le caería de maravilla para que se quede un rato, repose, y caía en cuenta de su estado físico. - Porque de otra forma saldría otra vez, o se iría más rápido del lugar.
Para culminar su punto señaló al idiota que había quedado dormido a medio bocado de carne asada. Sentado.
- Todo lo que le pidieron creo que ya lo hizo. - En una tarde. La carne la había cocinado él mismo, para ambos.
No era la primera vez que pasaba esto. Dudaba que fuera la última. Igual prefería que no pasará.
- Bocadillos. Un baño caliente, algo, por favor y gracias. - Con eso dicho, anunció: - Ahora tengo que asegurarme que la poción haya curado todo. - Porque si había una herida muy grave probablemente no sanó del todo.
Y no daba buena señal que se hubiera dormido mientras comía. A ella no, al menos.
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- Si eso quieres hacer, adelante. - Sería algo aburrido, pero no era como si no hubieran cosas que hacer aquí. - Purah estará encantada de verte. - A el no mucho, Purah le daba dolor de cabeza.
Los niños la amarían, estaba seguro. Por no mencionar que sería bueno. Mucho conocimiento se había perdido, la princesa Zelda podía regresarles algo de eso.
Probablemente se metiera en la casa, nunca había hecho jardinería, y Epona no se molestaría con más tiempo con ella y-Ow ow ow…
- Necesitamos un instructor de defensa personal, por lo menos. - ¿Ah?, ¿un que?
- Los Sheikah. - Eran lo mejor para eso, honestamente. Los demás tenían estilos muy distintos debido a las diferencias de raza, y no sería fácil de explicar desgraciadamente.
Ahora, en qué-Ow ow ow…
- Zelda… - Se quejó, porque eso dolía y no entendía qué quería de él.
Si era para que la cuidara con el montón de niños mientras daba clase, no había problema. Honestamente pensaba que no quería que lo hiciera, pero si no era así… No, no había problema en lo absoluto.
Era su trabajo después de todo.
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Al principio trató de no reírse, pero dejó de intentarlo tan pronto el primer entusiasta terminó en el piso en un dos por tres y casi corriendo por su vida.
En defensa del entusiasta, Link había tomado el desafío como un reto. En otras palabras: se había emocionado. Y eso solo significaba que la bestia que era en combate se había asomado por la ventana a saludar.
Había pasado mucho tiempo desde que la gente se confiaba de que el tamaño de Link lo hacía débil o más vulnerable en lugar de darle agilidad. Por un momento se habían olvidado de quién era Link, un gravísimo error porque ahora eran el hazmerreír del momento.
- Son novatos, no seas tan duro con ellos. - Consoló a las pobres almas en pena.
Link la miró con la cara menos impresionada en existencia, diciéndole claramente que no había hecho nada del otro mundo y de que no apreciaba en lo que lo había metido. Afortunadamente no había enojo, solo resignación.
- Habrá cerdo asado para la cena. - Convidó, a sabiendas de que eso le alegraría el día de todas las decepciones que vendrían.
Más tarde, reflexionando, se dio cuenta que le había dado más ánimo y con ello había provocado que no tuviera piedad con los adultos, a pesar de solo tumbarlos como si fueran molestos sacos de papa.
En algún punto Link tendría que ablandarse con ellos. Con los niños que se habían colado era mucho más cuidadoso en lugar de solo decirles que no. El par de adolescentes incluso tenían más suerte porque los dejaba intentar más veces antes de tumbarlos y no era de golpe, les daba tiempo de prepararse para el impacto.
El problema que veía venir o que ya estaba viendo era el mismo de siempre: el temor ante alguien que era apasionado ante una buena pelea.
Eso le hacía preguntarse cómo rayos lograron controlarlo lo suficientemente para que fuera tan disciplinado si, a la hora de entrenar, nadie quería ir en su contra por la humillación que debía ser un mocoso barriendo el suelo contra adultos, capacitados o no. Y Link no era de comunicación verbal, o verse rodeado de gente por mucho tiempo.
Ya le preguntaría.
°•°•°•°•°•°
- Los tortolitos no tienen pena alguna, ¿eh? - Por inercia miro arriba ante el comentario al aire.
Como era de esperar no había tortolitos en las ramas del árbol. Ni un ave. Nada. Ya le estaba fastidiando la gente hablando de tortolitos cuando ni siquiera había uno cerca. Y más con esos tonitos dulzones o secretivos como si hubiera un secreto no dicho del cual no tenía ni idea.
Fue sacado de su malhumor por algo inconfundible posándose en su mentón por más tiempo del pensado. Tan pronto bajó la cara se vio en otra clase de predicamento. Si es que podía llamarlo así, porque no se iba a quejar.
- Zelda. - Murmuró, sin poder decir más.
Esto… esto era nuevo, pero no se quejaría. Tal vez solo se había quedado dormido, tendría mucho más sentido que se lo estuviera imaginando que a que estuviera pasando.
Cuando salieron de picnic, lo último que pensó fue verse en esta situación. En algún punto se quedó dormido con ella, debajo de ese árbol. En algún punto, comenzó a soñar.
- ¿Está bien contigo? - Murmuraron contra sus labios, rompiendo el hechizo.
No podía hacer eso, era ilegal. Tenía que ser ilegal. Debía de serlo. No podía detenerse ahora.
No sintió culpa alguna por el chillido que ocasionó. No se disculpó tampoco.
Podría pasar toda la tarde en esto, solo en esto, solo con Zelda.
En qué momento se volvió el centro de su mundo, no estaba seguro.
Tal vez fue tan pronto dio con esas esmeraldas que tenía de ojos cuando no era más que un niño.
