Advertencias: Mentes rotas y erotismo.

Inspirado en la canción "Tainted Love" de Marilyn Manson y "Bunny Girl" de 1nonly.


Putrefacto.

Aquella sensación de asfixia ya era normal para él, en cuerpo o alma se reconocía sin libertad y sin carisma, lo dominaba sólo la irritación. Llevaba tanto tiempo muerto en vida que ya ni siquiera le reconfortaba el viento fresco en su piel o la sensación de su propio cabello revolviéndose contra su cara. Sus ojos permanecían vacíos, ajenos al paisaje o a la sal del mar donde él y su pequeña hermana se habían detenido para lanzar los cráneos de sus padres, ocultar la evidencia para siempre. Luego de eso, simplemente habían vuelto a poner marcha en el coche robado de su sicario mientras los abordaba un espeso silencio, encima del ruido del vehículo desplazándose a través de la carretera. Ashley en el asiento del copiloto se había quedado dormida. Le provocaba envidia que pudiese descansar con tanta facilidad cuando él debía aguantarse las horribles pesadillas que cada vez le arrancaban otro trozo de sanidad a su mente, aunque ya no era como si le molestaran tanto como antes, sólo unas cuantas veces que se rendía al insomnio.

Casi como si no hubiera sido un impulso, dejó que sus pupilas profanaran una vez más esos suaves labios que lucieron tan bien con la sangre de sus padres, en el momento que él –con sus manos empapadas– marcó todo el perfil de Ashley y pensó que le gustaría mantenerla así, sucia. Esa misma sangre que los unió para siempre, esa misma sangre que los hizo cometer actos tan ruines, la que provocaría deformaciones genéticas en los hijos de sus hijos si alguna vez cedían a la tentación de cruzar la línea que todavía se dibujaba (¿o quizás "desdibujaba"?) entre los dos.

No era que planeara hacerlo pero ese vistazo a su futura relación sin duda lo trastornó un poco más, pues en realidad no le había provocado asco como bien se esperaría de un buen hermano mayor, no habría sentido a todo su cuerpo calentarse de ser así, aunque tampoco podía aceptarlo por completo. El demonio debía estarse divirtiendo en grande a costa suya, pensarlo le explicaba porqué le dirigió la palabra tan abruptamente en primer lugar, aunque los comentarios de su hermana sin duda fueron el principal detonante para animar a que esa entidad infernal se burlase más directamente. Andrew le debía a su madre esta enfermiza conexión que había forjado con Ashley en primer lugar; ella fue quien le ordenó de pequeño hacerle compañía aun cuando no quería, ella le insistió en cuidarla, tomar el papel que le correspondía como su hermano, todo con el fin de forjar una fraternidad sana como la que se esperaría en esta hipócrita sociedad, excepto que Ashley poseía una condición mental demasiado diferente al de una persona promedio, y no había manera de que algo bueno surgiera de todo aquello.

Su hermana menor se apegó demasiado.

En el presente Andrew se preguntaba cómo fue que nunca se percataron de lo extraña que ella siempre fue. Tal vez todos lo hicieron pero no quisieron verlo, justo como él se negaba a creer que no lo ofrecieron como sacrificio cual cordero en un ritual satánico, esos de los que aparentemente formarían parte de su rutina.

Su madre debió tratar el problema de su hija en cuanto se enteró de lo que le habían hecho a Nina, debió asegurarse de que aquello no empeorara para ningún integrante de esa familia. Aunque Andrew dudaba se pudiese redimir a un psicópata, ¿cuál era el problema con intentarlo? No tenían nada que perder pero su madre optó por cruzar la puerta fácil cuando ya no pudo soportarlo, la cual fue deshacerse de ellos, prácticamente venderlos al gobierno para que experimentaran con ellos a su antojo con la excusa de una contaminación en el agua por parásitos imaginarios. A su madre no le preocupó arruinar la vida de su hijo varón en el proceso, todavía cómplice y culpable del mencionado crimen, pero innegablemente funcional a largo plazo. No le bastaba que intentase disculparse, pues que lo dejara convivir con su obsesiva hermana mientras se drenaba su cordura en esa forzosa cuarentena, fue una de las peores decisiones que sus progenitores pudieron haber tomado, y por ello fue que Andrew ya no sintió remordimiento después de que terminasen su cometido esa noche.

No negaría que había sido un shock enorme enterarse que la pérdida de un alma no mataba a la persona precisamente, de todos modos había decidido no darle demasiadas vueltas a ello por el bien de su temple. Suspiró agobiado. Ya se había resignado a que su vida permanecería atascada, que jamás podría experimentar nada normal y llegaba a cuestionarse si realmente estaría interesado en huir de ello si se le presentaba la oportunidad. Total, la normalidad estaba sobrevalorada. Detuvo el auto en una orilla dispuesto a descansar un poco, ya que no le haría bien compadecerse a sí mismo justo en esos instantes. Su cabeza dolía, palpitando de un modo aberrante. Necesitaba dormir con urgencia.

— ¿Llegamos? —inquirió la voz apenas perceptible de Ashley, cuyos párpados amenazaban con abrirse por completo con cada instintivo parpadear.

—No, sólo me detuve. Vuelve a lo tuyo.

— ¿Estaremos bien durmiendo en medio de la nada?

—Tú dímelo. No sé, seguro que hay otros asesinos en busca de victimas indefensas perdiendo su rumbo en carretera libre ocultos entre la maleza. O mejor, tal vez los espíritus vengativos de nuestros padres muertos vengan por nosotros, aunque dudo que pase teniendo en cuenta que le entregamos sus almas a tu amigo a cambio de validar el poder de tu talismán.

Los dos se desprendieron de los cinturones de seguridad y uno tras otro se trasladaron a los asientos traseros con la intención de dormirse, o simplemente dormitar en el caso del hermano mayor. Una vez ahí ambos se acomodaron en su lado predilecto con más naturalidad de la que les hubiese conferido una experiencia tan corta, manteniendo una distancia casi inexistente.

—Si vas a contarme un cuento de cuna, a la próxima asegúrate de que haya hadas incluidas.

—Sólo duérmete y deja de joder —espetó Andrew con una suave sonrisa, sin ánimos de iniciar un debate sobre la existencia de seres fantásticos además de los demonios. Simplemente le hacía gracia el tema—. No es la primera vez que nos quedamos dormidos en el auto de todos modos.

—Pudimos quedarnos en la casa de nuestros padres, su cama era muy cómoda.

—Oh, no. Yo no iba aguantar más tiempo en ese sitio, no quería arriesgarme a que algún vecino nos atrapara al amanecer.

Sin tener deseos de discutir a este argumento en concreto por el agotamiento que pesaba en sus hombros, Ashley se removió sólo para volver acurrucarse en el asiento, más fue inútil retomar el sueño en esa postura habiendo despertado. Y sin el sonido del motor funcionando para arrullarla sabía que no bastaría, así que se inclinó en dirección a su hermano para recargar la cabeza en su hombro, gesto que Andrew reprobó con un suspiro pero de todas maneras le permitió quedarse ahí, incluso palpó su sien con esa misma mano de manera automática antes de permitirse cerrar los ojos en busca de conciliar el sueño también. No iba admitirlo pero el sonido de la respiración de su hermana lo calmaba, hacía que valiera la pena tanta locura.

—Te amo, Andy —le susurró ella deslizando sus brazos por su cintura, atrapándolo así en un abrazo.

Andrew gruñó en respuesta, decidido a no responderle e ignorar ese odioso sobrenombre como si realmente no hubiera apuñalado sus tímpanos, provocándole un disgusto indigerible en el acto; cero apetitoso como la sopa que Ashley había preparado con los órganos de sus padres. El pensamiento le hizo abrir los ojos, perdiendo los ánimos de soñar y enfrentar los cargos de consciencia que le traería esa depravada experiencia, pues la verdad había vuelto a golpearlo. No compartía las ideas filosóficas de su hermana sobre el consumo de carne humana (para él sólo debía existir la opción en una situación extrema), pero con tantos tabúes rotos en tan poco tiempo, su cerebro luchaba por anestesiarse. Correspondió el abrazo al que no planeaba reaccionar con tal intensidad, temblando de frío, en realidad de miedo. ¿Qué debía empezar a sentir? ¿Qué debía evitar pensar? Ya no lo sabía, estaba desesperado y su hermana menor estaba justo ahí, confiada y frágil entre sus brazos. El monstruo en sus pesadillas, la protagonista de sus desvelos, la causante de su desestabilidad; su razón para vivir.

Tan delgada y pequeña, femenina pero carente de la gracia.

Ella era esa adorable conejita de filosos colmillos y penetrantes ojos fucsia que destaza a otros conejos y los devora sin clemencia, incapaz de sentir empatía por el sufrimiento ajeno, nada más allá que posesión hacia su objeto –su juguete– más valioso; es lo que era él. No, es lo que era Andy, no Andrew. Ni a Ashley ni a Leyley le gustó nunca Andrew, es más, lo aborrecía, a pesar de ser el único que de verdad podía pensar por sí mismo y verla como la más hermosa joya cubierta de toda esa mierda que Andy siempre despreció, el motivo de su separación y muerte. En aquel tiempo quiso protegerla al punto de él volverse dependiente, sellando un pacto que se convirtió en la cuerda que cada amanecer bloqueaba su tráquea, haciéndole desear morir pero también permanecer por Ashley, por su mayor droga, quien lo contaminaba con su simple existir.

Su hermana debió encontrarse en un estado entre la somnolencia y la vigilia, ya que frotó su cara contra su pecho con una sonrisa divertida al sentirlo temblar. Como la típica criatura que causaría un genocidio por vano placer, no dudó un instante lanzarse al abismo para recoger sus restos.

—Sabes que no tengo mucho sueño, puedo escuchar lo que quieras decirme —le susurró con dulzura, un cariño retorcido, peligroso como las caricias que coló bajo el suéter de Andrew con sus dedos finos, helados a causa del ambiente—. Estoy aquí.

—Cállate, sólo… sólo cállate.

—Que perra malagradecida eres, y yo que me desvivo por complacerte.

— ¿Oh, sí? Como si una sola de tus acciones alguna vez hayan sido hechas a mi estricto beneficio.

—Todo lo que he hecho, lo he hecho por ti. Eres tú el que siempre quiere algo diferente.

—Bueno, pues no voy a conformarme con consuelo barato.

—Codicioso, creí que habías decidido echar a perder cualquier avance en nuestro trato.

—Ni se te ocurra sacar el tema —espetó apartándose de ella como si la repugnara otra vez, como si sus entrañas no se hubiesen revuelto ante la mera insinuación, tratando de aferrarse a lo poco de ética que poseía, no era mucha pero bastaría por el momento o al menos debía convencerse.

—Vamos, sólo un piquito —canturreó Ashley tirándose sin el menor pudor sobre sus piernas y estirando los labios hacia arriba en un gesto tonto e infantil pero tentativo.

—Quítate —gruñó Andrew—, saldré a fumar.

—Si tanto necesitas mantener tu boca ocupada, puedes usar mis labios. Te hará menos daño que toda esa mierda de tabaco que consumes. Podrías alcanzar el cielo… o el infierno.

—Por muy poética que te haya salido esa frase, me apetece más el tabaco, muchas gracias.

—Tú te lo pierdes. Luego no vayas suplicar arrodillado, a menos que prefieras esa postura.

—Cierra esa puta boca —declaró para fastidio de Ashley, quien si llegó a planear cederle a Andrew espacio para que emergiera del auto ya no le importó una vez siendo despreciada, él debió darse cuenta ya que no hizo el intento de salir.

—Bien, si no vas a quitar tu gorda cabeza, fumaré aquí y soplaré el humo en tu cara.

Cumpliendo al menos la primera de sus amenazas, Andrew introdujo sus manos en los bolsillos de su pantalón en busca de su cajetilla y mechero, todo ello ejerciendo maniobras incómodas por la falta de cooperación de Ashley, quien contrario a permitirle movilidad se quedó ahí observando detenidamente el rostro contraído de su hermano; la arruga que se formaba en medio de ambas cejas parecía permanente. Su Andy solía reír más. ¿En serio se había marchado para siempre? En ese silencio transitorio la joven se dejó respirar el aroma a cenizas que su hermano se aseguró no le cayeran encima. Ella se descubrió fantaseando con levantarse, robarle el cigarro a Andrew y reemplazarlo con su boca, dándole a respirar su aliento, contemplarse a los ojos y volver al acto; la idea provocó que retorciera las piernas por una repentina incomodidad hormigueando en cierta parte inferior de su cuerpo.

—Andy —trató, más no obtuvo ninguna respuesta—. Andy... —insistió con tono sensual pero el temblor en el ojo izquierdo de su hermano la ayudó comprender que sería inútil convencerlo de responder siquiera con una mirada, por lo menos no esta noche—. Andrew.

— ¿…Qué quieres?

— ¿No quieres…? —Ashley pensó mejor la dirección de sus palabras—. ¿No te gustaría saber qué se siente estar dentro de una mujer? —La oscura mirada que le dedicó Andrew hizo que la hermana menor tragara espeso su saliva, intimidada por esos ojos turquesa a pesar de que no le gustara sentirse de ese modo con el otro; lo normal es que ella tuviera el control—. ¿Qué?

—No pruebes mi paciencia, Ashley. No estamos hablando de esto ahora.

— ¿Pero después sí?

—Vete a la mierda, Ashley.

—Oh, vamos. No puedes hablar en serio.

—Hablo muy en serio —le recalcó con un tono sombrío—. Créeme, no quieres ponerlo sobre la mesa, considerando que tú tienes la culpa del poco contacto femenino que he tenido todos estos malditos años. No quieras atenerte a la suerte.

—Haz tenido contacto conmigo, eso es lo que en verdad importa.

—Ashley…

— ¿No tienes un poco de curiosidad por estar más cerca de mí?

Ashley se llevó una mano al pecho, sobrepasando su escote de manera que removió la tela lo suficiente para descubrir un tramo más de su piel, abriendo la línea del contacto de sus senos, una vista que hizo a Andrew reaccionar, sintiendo a su boca y garganta secarse pero disfrazando su necesidad con irritación al siguiente segundo. Esta era la parte que más odiaba de hacerse cargo de su hermana, el que siempre intentase manipularle, sirviéndose de todas las herramientas posibles para cumplir sus esporádicos caprichos; en ocasiones accedía sin luchar porque no quería estar amargado eternamente, pero sabía que sería contraproducente para su relación aventurarse a la emoción de un nuevo matiz, un nivel más alto. No era porque le importase que se tratara de incesto, se negaba porque no quería sentirse atado a ella más de lo que ya estaba.

—Ashley, no —advirtió con un gruñido, cubriéndose el rostro con su mano libre, el cigarrillo entre sus dedos olvidado, dejándolo desprender motas ardientes que se asemejaban a la ira creciente de Ashley, razón por la que ella se apartó a regañadientes para abrazarse a sus piernas en el otro extremo del asiento, lejos de él, demostrando su ofensa de forma descarada.

—Soy así de atractiva, ¿no?

—No empieces.

—Así es, te gusto tan poco que no puedes considerar ni siquiera una pequeña transacción. Para que te sientas bien, te aseguro que estaba bromeando, ¿de acuerdo? No eres divertido. No sabes lo bien que me hace sentir lo fea que soy para ti.

—Eres linda, Ashley. Tienes una personalidad de mierda y una mentalidad del asco, pero eres atractiva, cualquier chico querría estar con una mujer como tú —dijo, omitiendo deliberadamente la necesidad de afirmar en alto que no permitiría que nadie se le acercara de todos modos.

—Gracias por los ánimos —escupió con sarcasmo.

—Querías mi opinión.

— ¿Entonces por qué me rechazas tanto?

—No creas que porque matamos a nuestros padres somos libres de hacer lo que queramos.

— ¡Excusas! ¡Siempre excusas! ¡Eres un cobarde!

—Sí, di lo que quieras —espetó Andrew lanzando el cigarrillo sobre el cenicero integrado a su puerta antes de darle la espalda a su hermana—. Yo voy a dormir —mintió.

Era consciente de que tales palabras eran una clara evasiva a una conversación arriesgada. Sin embargo, aunque pareció servir un considerable lapso, pronto sintió el cálido cuerpo de Ashley presionarse contra su espalda, consiguiendo que su corazón saltara, acelerando los latidos que se precipitaban contra su pecho mientras descubría cómo una de esas carnosas piernas se entrelazaba con la suya, momentos antes de percibir la respiración ajena justo sobre su oreja, la cual lo hizo estremecerse, así que se mordió el dedo para acallar la fragilidad de su voz.

—No te obligaré, Andrew. Pero… tendrás que romperte en algún momento.

—Eso es lo que quiero hacerte ahora.

— ¿Oh? —El tono burlón de su hermana incitó a Andrew gruñir de nuevo, ayudándose de su enojo para cubrir sus ansias, controlarlas—. Sexy.

— ¿Te quieres unir a papá y mamá? —se burló Andrew entonces, optando por liberar tensión de aquella manera, pues era el método más simple para ello, lo había aprendido durante su encierro en los apartamentos. Podían jugar a ser los humildes y peculiares hermanos, los que eran amigos y se olvidaban de la pila de crímenes que arrastraban por unos segundos de paz.

—No, quiero quedarme aquí contigo.

—Puedes hacerlo, siempre que no actúes como una puta necesitada.

—Mordaces palabras para un cachorrito chillón y asustado del sexo —dijo ella como si se tratara de lo más natural del universo. Andrew se dejó reír por semejante comentario.

—No hables como si supieras mucho.

—Pues enséñame, fuckboy.

—Oh, no dijiste eso —volvió a reír Andrew esta vez con más ganas, siempre era gracioso escuchar a su hermana hablar así, pues esas palabras no sonaban nada estimulantes en su boca.

— ¿No estabas presumiendo hace unos momentos ser todo un pussy destroyer?

—Dios, basta.

—Qué bueno que no es así, habría matado a todas las zorras que se hubiesen atrevido a tocarte.

— ¿Ahora entiendes de lo que estaba hablando antes?

—Me declaro culpable, ¿y adivina qué? ¡No me arrepiento!

—Sé que no lo haces —comentó perdiendo nuevamente las ganas de reír a pesar de la sonrisa que curvaba sus labios.

Cerró los ojos y se negó mirar más a su compañera de viaje, quien inmediatamente después volvió a frotarse contra su espalda, bebiendo de su presencia hasta hundirse en su mente, junto a todas sus fantasías y las angustiantes remembranzas que aturdían a Andrew, el cual se tardó un poco más de lo normal en perder la consciencia por culpa de diversos factores. Entre los que resaltaban sus infinitas dudas relacionadas a su confinamiento en el edificio de apartamentos, donde su familia había vivido por años.

Como cada ocasión que se dejaba divagar en ello, se daba cuenta de cuan extraño era todo lo acontecido. ¿Por qué todo se había incendiado sin dejar rastro de forma tan abrupta? Pues era casi como si todo hubiera sido planeado, que salieran limpios resultaba demasiado conveniente, sin mencionar el asunto del sicario, ¿quién querría matarlos con tanto ahínco? ¿Acaso tenía relación con la compañía de agua? ¿Sería que podía poseer un recuerdo que determinase el comienzo de todo? Su última conversación con su madre le había dejado con esa duda. Ojalá su cerebro no estuviese saturado con todas las vivencias que tuvo con Ashley u ocupado con su siguiente movimiento por el mundo, ya que no era su intención que los atrapase la ley, siempre consideró preferible salir impune.

En medio de todas esas reflexiones fue que sin darse cuenta logró quedarse dormido.

Se sintió abrir los ojos unos minutos después de haberlos cerrado, sólo para encontrarse en su antigua habitación de nuevo. "Ah, dulces y jodidos tiempos" pensó mientras ofrecía una rapida inspección alrededor. Se encontraba en una postura invertida, así que estaba tocando la cabecera de la cama con los pies descalzos, justo como había acostumbrado mientras pasaban sus días muriendo de hambre. De pronto vio entrar a Leyley por la puerta, cosa que era literal ya que era Ashley cuando niña, quien con felicidad infantil corrió a lanzarse a su cama mientras canturreaba una y otra vez ese sobrenombre que tanto aborrecía. Sin embargo, no tuvo ocasión de reprenderla ya que contempló su cuerpo –que hasta entonces se había mantenido adulto– de vuelta al escuálido chiquillo que tanto se esforzaba en enterrar. Verlo desde esta perspectiva era absurdo negarse responder a la pequeña Leyley, aunque lo hizo de mala gana.

—Sí, aquí estoy, ¿qué quieres?

— ¿Sabías que nuestros padres están teniendo sexo? —El tema de conversación lo conmocionó, obteniendo una carcajada por parte de su hermana menor—. ¡Qué asco fue verlos desnudos!

—Espera, ¿los estabas espiando?

—Quería saber porqué nos mandaron a dormir tan temprano e insistieron que no saliéramos de nuestra alcoba. Ahora lo entiendo y la siguiente vez los obedeceré, no quiero oír otra vez esos sonidos asquerosos.

—Dios… —Andrew se cubrió el rostro horrorizado.

—Hablé con algunos niños de mi escuela sobre esto, parece que son cosas que los adultos hacen seguido. El otro día atraparon a mi profesora haciéndolo con el director, ese viejo calvo, ¡en el baño! ¿Puedes creerlo? —Leyley volvió a reír, haciendo un par de especificaciones más sobre el suceso, así que Andy trató bloquear el sonido de su voz cubriéndose las orejas con las palmas, hasta que otro comentario que hizo lo sorprendió—. Cuando seamos adultos, quiero hacer esas cosas contigo. —Turbado giró la cabeza en su dirección sólo para descubrir que Leyley había desaparecido, dejando en su lugar a su Ashley, vistiendo aquella ajustada ropa por la que tantas veces la reprendió hasta que no pudo luchar más. Ella gateó por la cama hasta quedar a escasos centímetros de su cara, inclinándose cada vez más sobre él—. ¿Verdad que me dejarás?

—Yo… no puedo… no es…

— ¿Ni siquiera por lo mucho que me he esforzado en guardarme virgen para ti?

—No digas esas cosas… —Andy desvió la mirada, abochornado—. Nunca ha sido mi intención enjaularte, tú has sido la única que ha querido mantenerme aislado.

—Oh, sí. Esa ocasión sí que me la jugaste, nunca hubiese imaginado que nuestro pacto te permitía conseguir una novia. Por suerte para mí, siempre existen otros métodos para ahuyentar perras resbalosas. Nadie tiene el derecho de quitarme a mi Andy.

Andrew estuvo a punto de reclamarle sobre el desmedido acoso que había ejecutado en su ex Julia, pero el beso que Ashley le dio en la frente lo descolocó. Aquella era una clara señal de adoración, devota siempre a la existencia de Andy, el pequeño niño frágil que tan fácil podía manejar y llevarlo justo hacia donde quería, el inocente e indefenso al que realmente amaba; el solo pensamiento hizo a su sangre hervir de ira. Empujándola sin reparo se levantó de la cama y corrió hacia la puerta, deteniéndose sólo cuando la escuchó llamarle en un tono lastimero.

— ¡No me llames así, maldita sea! ¡Andy está muerto! ¿¡Cuántas veces debo decírtelo para que entiendas!? —Se dio la vuelta, recuperando su verdadera apariencia—. No estoy dispuesto a traerlo de regreso, a menos que de verdad me quieras hartar y así terminar con todo.

—Pero, Andy…

— ¡No me llames así! ¡He dejado de ser tu perro obediente! ¡Soy esto que creaste! ¡Un jodido enfermo como tú! ¿¡No era eso lo que querías conseguir!? —Devolviendo sus pasos hasta la cama donde yacía Ashley visiblemente en shock, la sujetó de una muñeca para acercarla, desesperado de que sus palabras llegaran aunque fuera a la Ashley de sus sueños—. Me has estado moldeando desde que éramos niños, no puedes pretender que sería de aquella manera eternamente. Yo…

Bastó un impulso para que Andrew la liberara e intercambiara el contacto, atrapando sus mejillas entre sus palmas, mirando dentro de sus ojos fucsia hipnotizado, completamente rendido a sus más ocultos anhelos. Esos pensamientos que tantas veces había empujado lejos y acumulado en su ataúd personal ahora desbordándose, pues podía permitirse la depravación mientras permaneciera inconsciente en el mundo real. Debía aprovechar la privacidad que le entregaban los más profundos confines de su mente, dar rienda suelta a sus más bajos instintos antes de que su consciencia decidiera intervenir. Por eso se acercó más y respiró del aliento de Ashley, quien dócilmente cerró los ojos para permitir al magnetismo de sus cuerpos crear corrientes de energía que pronto les erizaron la piel.

—Andrew… —Las manos de Ashley no se quedaron quietas más tiempo, sus dedos se colaron bajo la tela de su suéter para prenderse de su cadera, atrayéndolo a su cuerpo mientras el hermano mayor se estremecía abrumado por la adrenalina—. Al final todo ese alboroto fue un intento barato para absolverte a ti mismo, ¿verdad? Realmente me deseas, no es una sorpresa. Siempre me estás tocando. Siempre estás buscando sentir mi calor. Eres tan perverso como yo.

— ¿De quién crees que es la culpa?

—Claro, es más fácil culpar a los demás que aceptar nuestros demonios.

—Justo como tú lo haces. —La pícara sonrisa de Ashley le arrancó el aliento. Aquí no podía negarse lo mucho que deseaba a su hermana, lo mucho que necesitaba tomar de su cuerpo todo lo que le había sido arrebatado por ella a lo largo de los años, consideraba tal un intercambio justo, se merecía tenerla a su entera disposición al menos en este aspecto de sus vidas—. Mierda… —susurró al darse cuenta del toque caliente directo a su erección—. Ashley…

Andrew no necesitó más que lanzarse hacia enfrente para tirar a su hermana contra la cama, importándole poco el rebote de los resortes, enfocando toda su atención en probar de una buena vez los labios predispuestos abrirse y cerrarse de forma hambrienta contra su boca. Sus pesadas respiraciones no tardaron en hacerse más y más ruidosas, al punto en que toda la habitación se transformó en un espeso espacio negro. Deteniéndose sólo un instante para verse momentáneamente a los ojos, Andrew mordió con fuerza el labio inferior de su hermana, disfrutando escucharla jadear por primera vez antes de que se encontrasen sus lenguas, las cuales se enredaron y alejaron hasta establecer un ritmo vigorizante.

—Joder, Ashley… esto está muy mal…

—Y eso te excita, ¿verdad?

—….

No supo cuánto tiempo se estuvieron besando, ni tampoco en qué momento perdieron los estribos, apenas se dio cuenta del arrebato que sufrieron cuando comenzaron arrancarse prenda por prenda sin dilaciones, sintiendo así el contacto directo de sus pieles entre avariciosas caricias. Andrew sabía que estaba ardiendo mientras penetraba una y otra vez en el interior de Ashley, aferrándose al indescriptible placer que nublaba su cerebro, dejándolo ocurrir hasta su culminación cuando de pronto se vio obligado abrir los ojos de vuelta a la realidad, agitado por lo vívido del sueño.

Lo primero que hizo al despertar fue mirar entre sus piernas para asegurarse de que no hubiese nada que lo delatara, sintiéndose aliviado de que Ashley continuase desmayada a lo largo del asiento también. De no ser porque la conocía bien, habría pensado que era la mujer más pura del universo, incapaz de preparar un estofado de carne humana y comerlo tan felizmente, por desgracia sólo era la imagen que brindaba a cada amanecer. Entonces se le ocurrió que entre más pronto Ashley se dignara a reconocerlo como Andrew, más pronto podría aceptar los avances que ella tanto insistía tener con él.

Deshaciéndose de esos mundanos pensamientos puso a trabajar a sus neuronas, enviando señales al resto de sus extremidades para desperezar todo su cuerpo, entonces comenzar a trazar el plan que habían elegido para continuar su evasión de la ley. Su antiguo motel no estaba lejos de su posición actual, sólo necesitaría encontrar un buen sitio para abandonar el auto, mientras eso sucedía esperaba que Ashley ya se hubiese despertado y estuviera lista para caminar el siguiente tramo. Sólo esperaba que en ese culto al que se había colado por curiosidad de verdad contara con alguien que pudiese venderles identificaciones falsas. Necesitaban recuperar un poco de su vida como civiles cuanto antes. Se trasladó al asiento de piloto y manejó un poco más sobre la carretera sin imaginarse ni un poco qué les deparaba el futuro.

Fin.


Notas Finales: Esto fue lo que logré dilucidar del comportamiento de Andrew en ambos episodios. Y desarrollé el smut entre estos dos dentro de sus sueños porque quiero ver qué va desatar su rompimiento en el canon, si es que se cumple la visión en algún punto. Quiero maquinar lo menos posible porque no tengo idea qué es lo que realmente les espera a estos dos locos. Sospecho del líder del culto que nos presentaron brevemente en el episodio dos. ¿Será que él cumpla un papel importante en el episodio tres? Ha sido el único al que le han brindado un avatar además de la señora Graves después de todo.