Hey Arnold no me pertenece.
Su verdadero ser
Ahora no podía dejar de observarla. Seguía todos sus pasos discretamente, como si fuera un gato cazando un ratón. Ese beso y esa extraña confesión en Industrias Futuro habían hecho que se preguntara que más había en Helga que él no sabía. A pesar de que todo quedo como el calor del momento, creía que todo lo que le había confesado era totalmente verdad. Ya había notado pequeñas señales, pero ahora lo creía más y más. Y ahora se recriminaba por no haberlo notado antes.
Aceptaba que anteriormente solo se fijaba en las chicas por su apariencia y por eso todo fue un desastre con ellas, al darse cuenta de que no eran lo que él pensaba, pero ahora y aunque le diera vergüenza aceptarlo, notaba cuan hermosa era Helga, mucho más que nadie y no solo por fuera, sino que por dentro se hallaba una persona que amaba intensamente, pero que tenía mucho miedo de demostrar esas emociones, de mostrarle al mundo esa alma bella que yace en su interior, por eso actuaba de manera ruda, pero ahora él sabía todo y con eso era suficiente.
Ahora solo tenía que buscar el momento en el que ella estuviera lista para dejar salir un poquito de esos sentimientos hacia él.
Esa tarde, se cumplía una semana desde que salvaron al vecindario, la vio caminar al patio de la escuela y la siguió con cautela, notó que se escondió detrás de unos botes de basura y se acercó lo más que pudo.
—¡Oh, Arnold! No sé cómo seguir fingiendo. Ya te confesé todo, absolutamente todo, pero por miedo a tu rechazo, lo negué nuevamente. ¿Qué más puedo hacer? Sé que tú no me miras como yo a ti. Lo único que me queda es esperar, esperar a tu lado sin que sepas que te protejo, que, así como fui Voz ronca, he hecho otras cosas por ti que aún no sabes y probablemente nunca lo sabrás.
Arnold ya no sabía en qué más pensar, ¿ella había hecho otras cosas por él? ¿cuáles? ¿cuántas? ¿desde cuándo?
Esa noche no pudo dormir, pensando cuáles serían esas cosas de las que Helga hablaba.
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—Arnold…Arnold…hey viejo, ¿me escuchas? ¿qué te ocurre?—le preguntaba Gerald mientras caminaban para ir a jugar béisbol—estás muy distraído.
—No me ocurre na…—pero ahí quedó su frase cuando repentinamente chocó contra alguien.
—¡¿Arnold?!—escuchó la voz de Helga decir.
—¿Helga?—preguntó de la misma manera.
Esperaba que ella le gritara como siempre cuando chocaban, pero en ese momento vio algo pequeño y dorado frente a él y especialmente notó, ¿una foto suya? Intentó recogerlo, pero Helga fue mucho más rápida que él.
—¿Qué era eso?—preguntó sin ocultar su curiosidad.
—¡Nada que te importe!—le gritó.
—Helga, dime qué era.
—¡No!—y levantándose del suelo, corrió rápidamente para huir de él.
Arnold se puso igual de pie, pero solo logró verla alejarse.
—Gerald, ¿tú también viste eso?
—Sí, algo se le cayó, pero no logré ver qué era.
Pero, Arnold estaba seguro de lo que vio. Sonrió. Había descubierto algo más. ¿Eso era lo que siempre ocultaba cuando la llamaba de sorpresa? ¿Era acaso un medallón con una fotografía suya? Era lo único que se le ocurría que fuera. Decidió dejar las cosas por el momento como estaban. Helga aún no estaba lista para admitir sus sentimientos por él. Así que, esperaría y mientras tanto también reflexionaría quien era Helga para él y así darle una mejor respuesta la próxima vez que el calor del momento lo ameritara.
