Todos los derechos reservados a Yoshihiro Togashi, autor de HxH.
Os dejo esta primera historia con mucha ilusión, un nuevo enfoque de lo que debió haber sido y no fue.
Disfrutad :)
Al final todo ha salido bien.
Sus padres al fin han retirado la alerta sobre él y Alluka. Illumi está lejos él y de su hermana, y Nanika seguirá con ellos un largo tiempo. Y Gon…
Gon está a salvo.
Esa frase se repite en su mente. Una y otra vez.
Gon está a salvo.
Gon está bien.
Gon está vivo.
Pero entonces, ¿por qué se siente tan mal?
Sus dedos aprietan nerviosos su teléfono móvil. Es consciente de que Gon ha despertado hace ya varias horas, pero hasta que su familia no le dio luz verde no ha podido plantearse contactar con él para ver cómo se encontraba. Porque en lo que a él respecta, Killua está ahora de camino a la ciudad tras haber estado buscando la forma de salvarlo, una excusa pobre para justificar su repentina curación. Ahora se encuentran sentados en un banco frente al hospital junto a su hermana Alluka, aguardando la aparición de su amigo.
Con un profundo suspiro, deja caer su cuerpo a peso contra el respaldo de madera del banco. En ese momento sus pensamientos son un torbellino de emociones incontrolables que no quiere enfrentar, pero no puede evitarlo: cada vez que cierra los ojos, su mente se traslada de nuevo en aquel bosque. Y vuelve a recordar aquel nen que era Gon pero al mismo tiempo no lo era. Un nen cargado de pura ira y desesperación que podía consumir por completo todo a su paso. Un nen destructivo, un nen que no era Gon.
Siente cómo un nudo le oprime la garganta.
—¿Por qué tuviste que hacerlo así? —se pregunta en un susurro—. ¿Tan desesperado estabas que no pudiste ni esperarme?
Lo único que quiere es que todo vuelva a la normalidad.
El sonido de su teléfono corta con su línea de pensamientos. Al mirar la pantalla, encuentra que tiene al menos doce llamadas perdidas de Leorio. Sin embargo, sabe bien que no es Leorio el que llama.
Solo deja pasar dos pitidos antes de contestar.
—¡¿KILLUA?! —La voz de Gon reverbera en su tímpano, y su corazón da un vuelco. Tarda unos segundos en encontrar la forma de deshacerse del nudo en la garganta que lo asfixia y poder hablar.
—Ey, Gon… —responde al fin—. ¿Estás-
—¡Killua! ¡¿Dónde estás?! ¡Tenemos que hablar ahora mismo, Kite…! ¡Kite está vivo! Tengo que contártelo todo… ¡Y- y también he visto a Ging! ¡¿Dónde estás, estás bien?!
—Gon, Gon —lo detiene. A su lado, su hermana lo observa con curiosidad—. Estoy en el hospital de Swardani. ¿Dónde estás tú?
—¡En el coche! ¡Leorio me está llevando, vamos para allá! ¡No te muevas!
—… Esperaré aquí.
—Y-y Killua…
—¿Hm? —Aguarda con curiosidad ante el repentino cambio de tono de su amigo.
—… Nada… Nos vemos ahora.
Nada más colgar el teléfono, se cubre los ojos con una mano y una sonrisa de alivio incontenible se extiende por sus labios. Puede notar la alegría en la voz de su hermana al preguntarle si Gon está bien, y una lágrima casi imperceptible se escapa de la comisura de sus ojos al asentir con la cabeza.
Vuelve a ser el Gon de siempre.
Ansioso, Gon cuelga el teléfono de Leorio y se lo devuelve.
—¿Qué tal ha ido? —pregunta él, sin apartar la vista de la carretera mientras se lo guarda de nuevo en su bolsillo. Gon lo mira de reojo con pesar.
—Bueno… No parecía enfadado.
—¡Pues claro que no! —exclama Leorio—. Acabas de salir del coma y de superar un momento tremendamente difícil los dos. ¿Cómo iba a estar enfadado el mocoso contigo?
El chico abre la boca para responder, pero Leorio se le adelanta.
—Mira… No importa qué pasara entre vosotros, ¿de acuerdo? Lo importante es que todo ha salido bien al final. Y Killua es tu mejor amigo. No te preocupes más.
Pero Gon sí está preocupado. Apenas ha pasado un día completo desde que despertó, y ha conocido a Ging al fin, para después enterarse del regreso de Kite y que todos están bien. En ese momento, su cabeza es un cúmulo de emociones en el que se entremezclan alegría, desconcierto y alivio.
Pero hay algo más.
Porque pese a la alegría del momento, lo que todavía recuerda, lo que sigue incrustado en su interior, es aquella terrible sensación, esa ira inmensa, palpable, que lo cegó por completo y lo hizo arder por dentro. Su cuerpo, su mente, su corazón, todo él desintegrándose, quemándole.
También recuerda a Killua, como siempre tras él, aguardando, guardando sus espaldas con esa tranquilidad absoluta. Él siempre ha sido la calma que su tormenta necesitaba. Pero esta vez había cometido un error. Permitió que su tormenta arrasara con todo, incluido a su amigo.
Y eso es lo que más le dolía.
—¿Por qué estás tan nervioso, hermanito?
—No estoy nervioso —murmura Killua, mientras se vuelve a ella con una sonrisa—. Estoy contento. ¡Al fin voy a poder presentarte a Gon! ¡Ya verás, Alluka! —exclama, con falsa felicidad. Pero no es verdad, y tampoco lo es su sonrisa. Alluka sigue viéndolo en sus ojos. La realidad era que los nervios lo carcomen por dentro.
Solo es Gon, ¿qué demonios me pasa?
Alluka niega con la cabeza.
—Hermanito, ¿estás triste porque estás enfadado con Gon?
Su sonrisa se congela.
Y entiende que Alluka ha dado en el clavo.
Por supuesto que estaba enfadado con Gon. ¿Cómo no iba a estarlo?
—¡KILLUA!
Y ahí está él. Killua respira hondo y se vuelve hacia el coche de Leorio que acaba aparcar a unos metros de ellos. La cabeza de Gon asoma por la ventana, y apenas se detiene, salta del coche para salir corriendo hacia él.
¿Cómo no estarlo después de haber seguido adelante sin él?
Killua se levanta del banco con cierta lentitud y da unos pasos hacia delante a su encuentro, haciéndole un gesto a su hermana para que aguarde atrás por ahora.
¿Cómo no iba a estarlo después de haberle hecho pasar los peores días de su vida al creer que lo perdería?
Gon se detiene frente a él. Sus ojos siempre han sido como una ventana abierta para Killua. Ahora, puede ver en ellos de forma clara una mezcla de culpa y preocupación y arrepentimiento. No obstante, una sonrisa tímida se asoma por la comisura de sus labios. Su corazón duda un poco.
¿Cómo no estarlo… después de haber estado apunto de abandonarlo para siempre?
—Te has recuperado —murmura Killua. No es una pregunta, solo constata el hecho. Puede notar cómo Gon se estremece ligeramente ante su tono.
Siempre igual. Siempre soy yo quien limpia tus desastres, pero esta vez…
—Sí… —Se rasca la nuca, y aparta la mirada por un momento, incapaz de sostener la intensidad de la suya.
Killua quiere enfadarse con él. Quiere que se disculpe por todo, por ser un imbécil que no piensa antes de hacer las cosas. Por dejarlo. Por seguir sin él.
Por haberle hecho sentir totalmente solo de nuevo.
…Esta vez tienes que disculparte.
Todo pasa en apenas unas milésimas de segundos. De pronto, el rostro de Gon se arruga, y sus ojos dorados se inundan en un mar de lágrimas como nunca antes Killua lo había visto.
Suspira, sintiendo su fortaleza derrumbarse.
—Gon… —apenas susurra.
—¡KILLUA, LO SIENTO MUCHO! —exclama—. ¡He sido un completo imbecil, no debí decirte todo lo que te dije! ¡Y-yo estaba…! —Se sorbe la nariz—, estaba tan enfadado y tan triste y tan fuera de mi que… —Se detiene apenas por unos segundos, buscando las palabras adecuadas. Finalmente, incapaz, niega con la cabeza. Sus ojos se vuelven a clavar en los de su amigo. En ellos lo único que queda ahora es la más pura sinceridad. Killua lo observa sin decir palabra—. Pero lo que más me duele es que te he hecho daño, Killua, mucho, y es algo que nunca podré perdonarme —concluye, clavando la mirada en el suelo, antes de volver a alzarla hacia él—: …sinceramente, ahora mismo no merezco ser tu amigo…
Algo hace clic en la mente de Killua. ¿Qué es lo que acaba de decir?
Sin pensarlo un segundo, da un paso hacia él y lo abraza con fuerza. Gon no lo duda y le devuelve el abrazo con más fuerza todavía y hunde su rostro en su hombro.
—Gon, pedazo de idiota…. —empieza, con una sonrisa triste, mientras apoya su barbilla en el cuello de su amigo—, eres el mejor amigo que jamás podría imaginar tener. Y no hay forma de que eso pueda cambiar —continúa. En este momento siente sus piernas como gelatina. Es muy consciente de que lo que está a punto de hacer, abrirse a alguien para mostrar su debilidad, es algo que nunca antes ha intentado, siquiera con Gon. Agradece poder decírselo sin tener sus enormes ojos de perrito mirándolo directamente—. Es cierto que me ha dolido mucho todo lo que ha ocurrido… —admite, con un hilo de voz—...pero el no haber sido capaz de lidiar con la situación, de ayudarte… de estar ahí para ti, antes de que ocurriera todo… fue lo peor sin duda. —Suspira con pesar—. Pero da igual que te vayas, que vuelvas a hacer alguna locura absurda, que nos peleemos, yo… —Su mano aprieta con fuerza la espalda de Gon. Le estaba costando horrores pronunciar todas esas palabras en voz alta. No puede evitar bajar la voz, y un leve rubor asoma en sus mejillas—. Escúchame bien porque no te lo repetiré, ¿vale? —Gon asiente en su cuello, completamente atento—. Gon, yo siempre voy a querer estar a tu lado. No importa qué ni quién ni cuándo. Eres la persona más importante para mi y nada puede cambiar eso.
Killua se sorprende a sí mismo al sentirse totalmente tranquilo ahora.
—Así que no se te ocurra volver a soltar algo tan estúpido como que no mereces ser mi amigo, porque te reventaré a golpes, so imbécil.
Gon asiente sin soltarlo todavía, incapaz por primera vez en su vida de decir palabra, cosa que Killua agradece solo esta vez.
Ahora sí, al fin vuelve a estar todo bien.
Madre mía, primera historia que escribo. Espero de verdad que a quienes hayáis llegado hasta aquí la hayáis disfrutado tanto como yo escribiéndola. El desenlace original en la serie era tremendamente flojo, y no podía estarme tranquila hasta escribir mi propia versión.
Muchas gracias por haber leído. Espero seguir contando más historias de estos dos en breve :)
